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25Nov, 2009

LA CENSURA CINEMATOGRAFICA EN ESPAÑA; Alberto Gil.

Escrito por: corto-cortes el 25 Nov 2009 - URL Permanente

Alberto Gil, periodista especializado en cine, viajes y medio ambiente, ha pasado 2 años investigando en el Archivo General de la administración y en los fondos de la Filmoteca Nacional para conocer en profundidad qué fue la censura en el cine desde 1939 hasta 1978. Los resultados de su estudio los publica en un entretenido e interesante libro Ediciones B con el titulo La censura cinematográfica en España.

El libro cuenta historias a veces divertidas y la mayoría de las veces absurdas y tristes.

Pag 54


Los censores cuidaban mucho los modelos masculinos en la pantalla y, con gran sagacidad, captaron los riesgos que encerraba un personaje como Tarzán , que ya había inspirado varias películas.

Una de ellas fue La gran aventura de Tarzán protagonizada por Gordon Scott que llegó a España en 1960 con vocación de “película familiar”. La censura no admitió que fuera para todos los públicos con argumentos de distintos tipos.

El peor fue:


la admiración física hacia el arquetipo masculino, puede dañar psíquicamente a los adolescentes poco diferenciados, acentuando su complejo de timidez o de angustia sexual, desviando peligrosamente su atención de la sexualidad femenina.”

A alguno de estos ilustres censores le traicionaba claramente el subconsciente.

La obsesión con la homosexualidad se cebó, cómo no, en la maravillosa película de Billy Wilder Con faldas y a lo loco.

Página 63:


Los censores tuvieron varios encontronazos con Billy Wilder. El humor irreverente y a la vez festivo del director no hacía juego con la censura que se tomaba en serio incluso a sí misma. Pero entre todas la películas del inteligente realizador, la que tuvo un recibimiento más airado fue Con faldas y a lo loco. La provocativa sensualidad de Marilyn Monroe y el hecho de que los protagonistas masculinos, Jack Lemmon y Tony Curtis, vistan de mujer en la mayor parte de la película eran dos razones de peso para impedir su proyección.

El primer visionado del film, traducido originalmente como Una Eva y dos Adanes, fue en 1960 y desencadenó respuestas fulminantes de los censores. Los comentarios eran del estilo: “Prohibida aunque solo sea por subsistir la veda de maricones”, “de las que no tienen cura”, “crudísimas escenas de erotismo y pornografía”, etcétera.

Uno de los informes ofrecía las claves de la inquina provocada por la comedia de Wilder: “El equívoco sexual, socialmente considerado, fomenta la corrupción. La frontera natural de los sexos debe observarse públicamente dejando al misterio de la intimidad esta lacra. Tal es la única objeción que puede hacerse a esta divertidísima película pero objeción demasiado fuerte porque los dos protagonistas masculinos se sostienen vestidos de mujer y “encajados” en lo femenino durante diez rollos (de los 13 del montaje), con tal perfección que superan las pruebas de fuego, cuales baños de mar en traje de baño con otras muchachas (sin que estas adviertan el cambiazo) y cuantas se derivan de la convivencia en hoteles, trenes e incluso lecho”

Y concluía: “Todo ello implica una fuerte invitación a la valentía o descaro social de los homosexuales. ¡¡Hasta un noviazgo!! Pero hay algo más grave aún: en tanto la proyección queda desplegada a toda vela para los maricas, aparece cortada, cortadísima, en cuantas secuencias se dedican a la sexualidad del hombre normal. Secuencias pornográficas protagonizadas por Marilyn.

La mente censora imagina que hubo escenas “pornográficas” protagonizadas por Marilyn y se suprimieron por ser un film a favor de la causa homosexual. ¡Qué cosas! Al menos reconoce el censor que se trata de una película “divertidísima”. En eso estamos de acuerdo.

Fuente foto: movie critic.

20May, 2009

JOHN CHEEVER; Diarios, 2.

Escrito por: corto-cortes el 20 May 2009 - URL Permanente

Vuelvo a abrir al azar los diarios de John Cheever (1912-1982) en la edición en castellano de EMECÉ.

Pág. 437. Finales de la década de los setenta.


La franqueza absoluta no es una de mis características, pero trataré de tenerla para describir la siguiente sucesión de acontecimientos. Solitario, con la soledad agravada por los viajes, los cuartos de hotel, la mala comida, las presentaciones de libros y la superficialidad de los besamanos, me enamoré de M. (*) en un cuarto de hotel de sordidez inusual. Su aire de seriedad y responsabilidad, las gafas de miope y su apostura serena despertaron en mí un amor profundo, y a la noche siguiente lo llamé desde California para expresarle mis sentimientos. Nos escribimos cartas de amor durante tres meses, y cuando volvimos a vernos, nos quitamos la ropa y nos comimos mutuamente la lengua. Nos encontramos dos veces más, una para pasar unas horas en un motel, la otra para pasar veinte minutos desnudos antes de una comida para directivos a la que yo estaba invitado. Durante un año seguí pensando en él, sumido en el mayor desconcierto. Creía que se me había revelado la homosexualidad y que iba a tener que pasar el resto de mi vida en triste convivencia con un hombre. Mi vida apareció retratada ante mí como una impostura sexual. Hace poco, cuando volvimos a encontrarnos, (…) creo que descubrí con verdadero placer que ninguno de los dos estábamos premeditados a agotar los papeles que representábamos. Recuerdo la aguda falta de interés con que contemplé su desnudez por la mañana. (…) Ronqué y me tiré pedos con tranquilidad y buen humor, lo mismo que él. Me encantaba sentirme libre de la censura y la responsabilidad que había sentido con algunas mujeres. (…). Estaba resuelto a no permitir que una sociedad procreadora destruyera este amor. Al comer con unos amigos que hablaban de su tediosa carrera libertina, pensaba: soy gay, soy gay, por fin me he liberado. Duró poco tiempo.

Interrogarse constantemente sobre los impulsos sexuales propios me parece autodestructivo. Uno puede sentirse excitado al ver una hoja de acabo, un manzano, un cardenal macho en una mañana de primavera, entre otras cosas. Debemos pensar que nuestros genitales, aunque profundamente arraigados en nuestra vida erótica y sentimental, suelen ser bastante irresponsables. Su discreción, higiene y gratificación depende de nosotros. Si no fuera por nuestra sensatez, su vida sería más breve que la de una mariposa.

(*) M. es Max Zimmer, un joven profesor a quien Cheever conoció durante una visita a la Utah University en 1977, poco después del final de su intermitente relación con la actriz Hope Lange. Cheever y Zimmer fueron amantes hasta la muerte del primero. Zimmer ofició como secretario, cocinero chofer y, por supuesto, amante y fue admitido en sus funerales por Mary Cheever y sus hijos como parte de la familia. Cheever lo consideró el hombre de su vida.

Esta nota aclaratoria, como el resto de notas del libro, está redactada por Rodrigo Fresán.

John Cheever se especializó en el relato, que publicó, en su mayoría, en la revista New Yorker.

Los libros de Cheever me producen tristeza pero no puedo dejar de leerlos.

Fuente: amsaw.org

19May, 2009

JOHN CHEEVER; Diarios. 1.

Escrito por: corto-cortes el 19 May 2009 - URL Permanente

Abro al azar los diarios del escritor John Cheever (Massachusets 1912- New York 1982)

Pág. 81. Estamos a finales de los años cuarenta del siglo XX.


Sentado en las piedras frente a casa, mientras bebo whisky escocés y leo a Esquilo, pienso en nuestras aptitudes. Cómo recompensamos nuestros apetitos, conservamos la piel limpia y tibia y satisfacemos anhelos y lujurias. No aspiro a nada mejor que estos árboles oscuros y esta luz dorada. Leo griego y pienso que el publicista que vive enfrente tal vez haga lo mismo; que cuando la guerra nos da un respiro, hasta la mente del agente publicitario se inclina por las cosas buenas. Mary está arriba y dentro de poco iré a imponer mi voluntad. Ésa es la punzante emoción de nuestra mortalidad, el vínculo entre las piedras mojadas por la lluvia y el vello que crece en nuestros cuerpos. Pero mientras nos besamos y susurramos, el niño se sube a un taburete y engulle no sé que arseniato sódico azucarado para matar hormigas. No hay una verdadera conexión entre el amor y el veneno, pero parecen puntos en el mismo mapa.

El niño vomita. A la ciudad el domingo por la noche en busca de un antídoto. Para el drugstore de la esquina, la noche del domingo es la hora más gloriosa. Los competidores más prósperos están cerrados. Es la única tienda iluminada en toda la calle. El revoltijo del escaparate, un retrato de Pitágoras, Venus con corsé, irrigadores y perfumes, se prolonga al interior del local. Es como una tienda de antigüedades farmacéuticas, un depósito de mujeres de cartón que se embadurnan de bronceador, bosques de cartón que anuncian jabón con aroma de pino, anaqueles y cestos llenos de manteles de plástico y pistolas de juguete, y también una especie de hogar, porque la esposa del farmacéutico atiende un mostrador de bebidas; es una mujer limpia, de expresión temerosa, y en el estante que tiene detrás ha colocado fotografías de sus tres hijos, todos con uniforme.

Cuando salimos del drugstore cae la noche estival y la calle está casi desierta. En ese momento aparecen los gamberros de dos en dos, impregnados de olor a marihuana y aullando como lobosa la luna nueva. Nos parecen extraños, ¿Cómo incluirlos en el cuadro? Grecia, un niño envenenado, susurros en la cama. Realmente son extraños, depredadores, ciertamente peligrosos, ladrones de coches y rateros; ponen en peligro nuestras ideas más arraigadas, incluso nuestra autoestima, nuestros derechos de propiedad, nuestro poder de amar, nuestras leyes y placeres. Diría que nuestra única relación con ellos es el desdén o el desconcierto, pero deberían estar en los prados oscuros de un país sumido en los dolores del autodescibrimiento.

Volvemos de noche y por primera vez percibimos el aroma de la madreselva. El niño se siente mal, pero reanudamos nuestros susurros; apaga la luz. Entonces soñé que seducía a L.E., y créeme que fue difícil; y no comprendo la caprichosa lascivia de la mente adormilada.

Cuando John Cheever murió, dejó tras de sí veintinueve cuadernos de notas que empezó a escribir en los años cuarenta, y continuó durante más de tres decenios.
Tal como se revela en este libro, la esencia de Cheever fue, en realidad, un muestrario de ambigüedades. Quería a su familia, pero se sentía extremadamente solo; se odiaba por su afición a la bebida, pero durante gran parte de su vida dependió de ella; amaba a las mujeres, pero también a los hombres. La incongruencia entre sus impulsos significaba, por un lado, una desviación que él consideraba parte de la riqueza de la vida y, por otro, una contradicción que amenazaba con destruirlo.

Los diarios de John Cheever estan editados por EMECÉ , 2004, con notas de Rodrigo Fresán.

Fuente: EMECÉ.

19Abr, 2009

LAS HERMANAS MITFORD, 1ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 19 Abr 2009 - URL Permanente

David Mitford, lord Redesdale, y Sydney Bowles tuvieron seis hijas y un hijo. Eran aristócratas ingleses a principios del siglo XX. Las nuevas leyes que se dictaron en aquella época obligaban, a la mayoría de las grandes familias de la nobleza, a vender propiedades para poder pagar los altos impuestos de sucesión. Eso les hizo padecer crisis financiera continua al tiempo que mantenían su vida de nobles. Sus hijas se codearon con lo mejor y lo peor de la intelectualidad y la política de su tiempo. Fueron amigas de Hitler, Churchill, Goebbels, De Gaulle, Faulkner, Wallis Simpson, Evelyn Waugh, Lytton Strachey, Dora Carrinton y John F.Kennedy, entre muchos otros. Tuvieron una vida muy ajetreada. Mucho.

Entre las seis hermanas hubo una comunista, dos fascistas, varias escritoras, una lesbiana, varios divorcios, incontables amantes, y dos intentos de suicidio.

La historia de las hermanas Mitford es a pesar de todo muy divertida.

La editorial CIRCE publicó en 2003 el libro Las hermanas Mitford, de Annick Le Floc´hmoan. Tengo en mis manos la 2ª edición. Mención aparte merecen las fotos incluidas en esta edición que permiten apreciar la impresionante belleza de todos los integrantes de esta peculiar familia.

La hermana mayor, Nancy, además de publicar varios libros y muchos artículos en revistas como Vogue o Tatler, tuvo una vida sentimental muy complicada.

Nancy a sus 24 años se enamora de Hamish Saint-Clair. Sus amigos y su familia le previenen en su contra. Era jugador y bebedor y bastante “ligero de cascos”. Tom Mitford llegó a decirle a su hermana Nancy que no le convenía por que además de sus vicios era homosexual. Para demostrárselo le dice que él mismo, Tom, había tenido un asunto con él cuando eran compañeros en el colegio de Eton. Nancy no hace caso y, romántica incurable, piensa y escribe que el amor lo cambiara. Hamish no cambia: Un día “la ama profundamente y al siguiente la ignora”

En la página 92 se cuenta como en un momento de crisis, por que Hamish no esta dispuesto a casarse, aparece un joven alto y rubio, Sir Hugh Smiley, oficial de los granaderos de la guardia y con ingresos “confortables”. Se le declara:


Enumera todos sus atributos: es rico, posee una gran mansión y tiene intención de entrar en el Parlamento. Nancy, a quien la petición pilla de sorpresa, no sabe que responder. La perspectiva de una vida tranquila, libre de apuros económicos, la tienta. Se imagina a sí misma rodeada de crios rubitos, en una soberbia casa. Vestida por los mejores modistos. Cubierta de joyas. Su madre, al enterarse de de la proposición de matrimonio, le advierte de inmediato: “ Si no te casas con sir Hugh, acabarás siendo una solterona. ¿No te das cuenta de que ya tienes 28 años?” Nancy está a punto de aceptar. Por puro cansancio. Pero no llega a decir que sí. “Espere a que acabe mi nuevo libro y le daré una respuesta”, termina por murmurarle a sir Hugh. Sus hermanas pequeñas, Jessica y Debo, bailan alrededor de ella: “¡Cásate, cásate con él!” . “Este joven es muy amable y simpático- le escribe entones a Mark, su confidente- Pero ¿me imaginas cargando con unos niños rubios pero estúpidos? Desde luego vestiría ropa muy elegante, y enseguida me echaría varios amantes. Pero ¿no es mejor conservar el orgullo y vivir con dignidad en la pobreza?”. Sir Hugh la abruma con sus cartas. La colma de cumplidos. Nancy decide ver de nuevo a Hamish. Este se ha enterado de la propuesta de matrimonio y se muestra de lo más dolido. Incluso –que milagro- le hace un regalo a Nancy, un anillo de la casa Cartier. Ella no cabe en sí de gozo, piensa que Hamish al fin se ha enmendado. Que más da, entonces, que sir Hugh le haya rogado quedar una vez mas en el Café e París. Nancy acude a la cita pero se toma la molestia de prevenir antes a Hamish. Mientras el oficial le pide de nuevo a Nancy que se case con él, el joven vanidoso (Hamish), sentado varias mesas más allá, comienza a burlarse de él en voz alta. El granadero se levanta de golpe, furioso y le espeta a Nancy: “Acabará usted siendo una solterona”. “Entonces me fui con Hamish al Slipskin, un nuevo club nocturno bastante horrible” le cuenta cuenta Nancy a Mark, su confidente.

Cuando ya tiene 29 años, después de comprobar que Hamish no tenía solución, se casa Peter Rodd. Este era muy del estilo de Hamish. Viven épocas de poco dinero y otras de mucho. Parece ser que Rodd llega a obtener dinero chantajeando a su propio padre:


Sir Rennell Rod ( padre de Peter) fue, en sus años de juventud en Oxford, amigo de Oscar Wilde, al que dedicó un libro de poemas. “A mi amigo del alma”, fue la dedicatoria que salió impresa. Poco después, Wilde era encerrado en la cárcel de Reading, condenado por homosexualidad y el ambicioso Rennell Rodd se mordía las uñas de miedo. La tirada de su obra era de pocos ejemplares, pero si alguien abría uno por casualidad, su reputación podría verse amenazada. Años después su hijo Peter descubrió el secreto y se puso a buscar los escaso ejemplares que existían del libro, para revendérselos, muy caros, a su padre. Éste los ocultaba en un baúl o los quemaba.

Nancy Mitford intentó suicidarse una vez y fue la autora de libros como A la caza del Amor, Amor en clima frío y La Bendición publicados en España por Libros del Asteroide.

Una de las excentricidades más divertidas de Nancy Mitford es que llamaba "Susan" a sus cinco hermanas. Decía que le era imposible acordarse de tantos nombre. Ninguna de sus hemanas se llamaba Susan.

Las Hermanas Mitford está publicado por CIRCE.

Las hermanas Mitford, faltando Deborah.

Fuente:adn.es

17Abr, 2009

SUSAN SONTAG; Sobre el oficio de escribir.

Escrito por: corto-cortes el 17 Abr 2009 - URL Permanente

Se acaban de publicar en EEUU los diarios de juventud de la escritora Susan Sontag (Nueva York 1933-2004). La edición la ha realizado su hijo, el también escritor David Rieff. A finales de 2009 Mondadori los publica en España.

Sontag sobre arte y escritura:


12/3/61
Darme cuenta de los “lugares muertos” de los sentimientos —hablando sin sentir nada. (Esto es muy diferente de mi vieja auto-repugnancia por hablar sin saber nada.)

El escritor debe ser cuatro personas:

1) el loco, el obsesivo
2) el idiota
3) el estilista
4) el crítico

[El escritor:]

1) provee el material
2) lo deja salir
3) es gusto
4) es inteligencia

un gran escritor tiene todos los 4 —pero puedes aun ser un buen escritor únicamente con 1) y 2); son los más importantes.

9 Dic. 1961
El miedo de envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo ahora la vida que uno desea. Es el equivalente de un sentido.

Yo escribo para definirme a mí misma —un acto de autocreación— parte del proceso de desarrollo —en un diálogo conmigo misma, con escritores que admiro vivos y muertos, con los lectores ideales.

Julio 27, 1964
Arte = una manera de entrar en contacto con la locura propia.

El escritor Jorge Edwards escribe sobre estos diarios en Letras Libres:


El prólogo de Rieff (hijo de Susan Sontag) a la recopilación de anotaciones personales de su madre es fuera de serie, atrevido y conmovedor. Confiesa que decidió hacer él la edición antes de que la hiciera otro, y reconoce que hay cosas en estos diarios y libros de apuntes que son “una fuente de dolor” para él, y muchas que habría preferido no conocer y no dar a conocer a otros. Sin embargo, piensa el lector, no conocerlas habría significado no conocer de verdad, en todas sus debilidades y sus grandezas, a la autora, que llegó a ser, al final de su recorrido, uno de los grandes personajes y uno de los mitos intelectuales femeninos de la literatura del siglo XX. En otras palabras, las anotaciones de la joven Sontag no podían perderse, y en ese caso, era mejor que las diera a conocer él mismo, con fidelidad, con amor filial auténtico y con instantes inevitables de incomodidad.

Fuente: www.history.ucsb.edu/.../SontagNov1974Cr.jpg

16Abr, 2009

SUSAN SONTAG; Sobre Amor y Sexo.

Escrito por: corto-cortes el 16 Abr 2009 - URL Permanente

Se acaban de publicar en EEUU los diarios de la escritora Susan Sontag (Nueva York 1933-2004). La edición la ha realizado su hijo, el también escritor David Rieff. A finales de 2009 Mondadori los publica en España.

Sontag sobre Amor y Sexo:


2 de enero de 1959
Pobre pequeño ego, ¿cómo te sientes hoy? No muy bien, me temo —más bien maltratado, adolorido, traumatizado. Olas cálidas de vergüenza y todo eso. Nunca he tenido ninguna ilusión de que ella estuviera enamorada de mí, pero asumí que yo le gustaba.

Nov. 19 de 1959
La llegada del orgasmo ha cambiado mi vida. Estoy liberada, pero esa no es la manera de decirlo. Más importante: ha cerrado y limitado mis posibilidades, ha hecho las alternativas claras y definidas. Ya no estoy ilimitada, esto es: nada.

La sexualidad es el paradigma. Antes mi sexualidad era horizontal, una línea infinita capaz de ser subdividida infinitamente. Ahora es vertical; es arriba y sobre, o no es nada.

El orgasmo enfoca. Siento un deseo sexual por escribir. La llegada del orgasmo no es la salvación sino más bien el nacimiento de mi ego. No puedo escribir hasta que encuentre mi ego. El único tipo de escritor que puedo ser es aquel que se expone a sí mismo… Escribir es gastarse a sí mismo, jugarse a sí mismo. Pero hasta ahora ni siquiera me gustaba el sonido de mi propio nombre. Para escribir tengo que amar mi nombre. El escritor está enamorado de sí mismo… y hace sus libros a partir de ese encuentro y de esa violencia.

Nov. 20 de 1959
Nunca he sido tan exigente de nadie como lo soy de I. Me da celos toda la gente que ella ve, me duele cada minuto que se aleja de mí. Pero no cuando yo la dejo y sé que ella está aquí. Mi amor la quiere incorporar totalmente, devorarla. Mi amor es egoísta.

Hoy I fue del trabajo a encontrarse con Inez en el San Remo. Ann Morrissett estaba ahí. Después, el Cedar Bar. Llegó a la casa a las 12:00; yo estaba dormida… Vino a la cama, me contó de las conversaciones de esa noche, a las 2:00 me pidió apagar la luz, se quedó dormida. Yo estaba paralizada, muda, con los ojos inflamados de lágrimas, yo fumé, ella durmió.

Mi deseo de escribir está conectado con mi homosexualidad. Necesito la identidad como un arma, para estar a la altura del arma que la sociedad apunta contra mí.

No justifica mi homosexualidad. Pero me dará —creo— una licencia.

Apenas me estoy dando cuenta qué tan culpable me siento de ser gay. Con H creí que no me molestaba, pero me estaba engañando a mí misma. Le dejo saber a otras personas que H es mi vicio, y que aparte de ella yo no sería gay o por lo menos no lo sería principalmente.

Ser gay me hace sentir más vulnerable.

Agosto 8
Lunes por la mañana

Duele entonces amar. Es como darte a ti misma para ser desollada y sabiendo que en cualquier momento la otra persona tan sólo se irá llevándose tu piel.

.

Julio 27, 1964
Arte = una manera de entrar en contacto con la locura propia.

Nov. 8
Durante 2/3 partes de [la obra de teatro] Private potato patch de Greta Garbo, yo quería ser Garbo (la estudié; quería asimilarla, aprender de sus gestos, sentir como ella sentía) —entonces, hacia el final comencé a quererla a ella, a pensar en ella sexualmente, a querer poseerla. El deseo siguió a la admiración —hacia el final. ¿Es la secuencia de mi homosexualidad?


Susan Sontag.

09Abr, 2009

JAMES ELLROY; Una juventud jodida.

Escrito por: corto-cortes el 09 Abr 2009 - URL Permanente

En la segunda parte de Mis rincones oscuros de James Ellroy, (ZETA bolsillo, Ediciones B) el autor cuenta, como si de un desahogo ante el psiquiatra se tratara, su vida después del asesinato de su madre cuando él tenía 10 años.

No se puede salir indemne de una experiencia similar y menos si además el asesinato se precede de un divorcio no amistoso 4 años antes:


Su vida se convirtió en una escaramuza continua. Ella atacaba su holgazanería; él, su consumo de alcohol noche tras noche. Las trifulcas eran estrictamente verbales y la ausencia de violencia física las hacía aun más prolongadas. Discutían en tono mesurado, rara vez alzaban la voz y nunca gritaban. No rompían jarrones ni se lanzaban platos. La ausencia de gestos teatrales disimulaba el hecho de que la voluntad de razonar y reconciliarse era inexistente por ambas partes. Libraban una guerra contenida. Se llevaban el uno al otro al estado mezquino y despreciable de quien se siente perpetuamente agraviado. El odio entre ellos aumentó con los años hasta alcanzar, en su momento culminante el nivel de una furia sorda.

Ellroy pasa a ser el “desquiciado” en el colegio. Es el chico raro. Se saca los mocos, se ríe sin motivo y pinta cruces gamadas por todos los rincones. Escribe Ellroy:


Era el típico ejemplo de “si no puedes amarme, repara en mí” que aparece en todos los libros de texto de psicología infantil.

Se junta con lo peor de cada casa, llega a formar parte de grupos neonazis, se obsesiona con la homosexualidad después de varias experiencias de mutua masturbación con un compañero, consume drogas y alcohol, en grandes cantidades y roba de forma compulsiva.

No se quita de su cabeza la imagen de su madre y la convierte en motivo de fantasías sexuales. Llega a pensar que lo que le ocurre es un castigo de Dios por excitarse pensando en su madre.

Pasa por la cárcel y por el psiquiátrico. La escritura lo salva. Aficionado desde pequeño a la literatura sobre crímenes, comienza a escribir y a publicar. Otro caso de carne de cañón para el manicomio salvado por el arte.

James Ellroy comenzó a ser conocido de forma masiva en 1997 cuando Hollywood llevó la cine una de sus mejores novelas L.A. Confidential, película interpretada por una mágica Kim Basinger y por Russell Crowe.

No desvelo lo que ocurre en la 3ª parte de la novela por que contar el resultado de la investigación sería mucho más feo que las cosas que hacía Ellroy cuando era joven.

Fuente; www.estudioenescarlata.com