Hay 4 artículos con el tag imaginación en el blog Una Casa Debajo de la Almohada. Otros artículos en La Comunidad clasificados con imaginación

31Oct, 2009

VLADIMIR NAVOKOV; Profesor.

Escrito por: corto-cortes el 31 Oct 2009 - URL Permanente

Ediciones B está reeditando antiguos libros que merecen, por su calidad, una nueva oportunidad. Uno de ellos es Curso de literatura europea del escritor ruso/americano Vladimir Navokov (San Petersburgo 1899 – Montreux 1977).

El autor de Lolita fue profesor de literatura en una universidad americana y sus alumnos lo recuerdan con cariño y admiración.

Lo cuenta en la introducción John Updike (escritor estadounidense recientemente fallecido y eterno candidato al Nobel) cuya esposa fue alumna de Navokov.

Así opinaban sus alumnos:


Navokov fue un gran profesor, no porque enseñara la materia bien, sino por que daba ejemplo e inculcaba en sus estudiantes una actitud profunda y afectuosa hacia ella.

Navokov empezaba el curso con las palabras: “los asientos están numerados. Desearía que cada uno eligiese un sitio y lo conservase siempre. Lo digo por que quiero asociar vuestras caras y vuestros nombres. ¿Estáis todos a gusto con el que habéis elegido? Bien. No habléis, no fuméis, no hagáis punto, no leáis el periódico, no durmáis y , por el amor de Dios, tomad apuntes.

La mujer de Updike recuerda:


Yo sentía que podía enseñarme a leer. Estaba convencida de que podía darme algo que me duraría toda la vida… y me lo dio.

Recuerda también el dogma central de aquellas clases de Navokov:


El estilo y la escritura son la esencia del libro; las grandes ideas son idioteces.

Decía el propio Navokov en sus clases:


Hay al menos dos clases de imaginación en el caso del lector. Veamos, pues, cual de las dos es la más idónea para leer un libro. En primer lugar está el tipo, bastante modesto por cierto, que busca apoyo en emociones sencillas y es de naturaleza meramente personal (hay diversas subespecies en este primer apartado de lectura emocional). Sentimos con gran intensidad la situación expuesta en el libro porque nos recuerda algo que nos ha sucedido a nosotros o a alguien a quien conocemos o hemos conocido. O el lector aprecia el libro sobre todo por que evoca un país, un paisaje, un modo de vivir que él recuerda con nostalgia como parte de su propio pasado. O bien, y esto es lo peor que puede hacer el lector, se identifica con uno de los personajes. No es este tipo modesto de imaginación el que yo quisiera que utilizasen los lectores.

Así que ¿Cuál es el auténtico instrumento que el lector debe emplear? La imaginación impersonal y la fruición artística. Tiene que establecerse, creo, un equilibrio armonioso y artístico entre la mente de los lectores y la del autor. Debemos mantenernos un poco distantes y gozar de este distanciamiento a la vez que gozamos intensamente –apasionadamente, con lágrimas y estremecimientos- de la textura interna de una determinada obra maestra. Por supuesto es imposible ser totalmente objetivo en estas cuestiones. Todo lo que vale la pena es en cierto modo subjetivo. (…) Lo que quiero decir es que el lector debe saber cuando y donde refrenar su imaginación; lo hará tratando de dilucidar el mundo específico que el autor pone a su disposición.

(…)

Si el aspirante a lector carece por completo de pasión y paciencia –pasión de artista y paciencia de científico- difícilmente gozará con la gran literatura.

La literatura no nació el día en que el chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando “el lobo, el lobo” con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando “el lobo, el lobo” sin que le persiguiera ningún lobo. El que le pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.

10Jul, 2009

AMOS OZ; Versos de vida y muerte.

Escrito por: corto-cortes el 10 Jul 2009 - URL Permanente

El escritor Amos Oz (Jerusalem, Israel, 1939) ha explicado en algunos de sus libros como escribe y como trabaja su imaginación a la hora de desarrollar una historia. En su novela Versos de vida y muerte, editado por Siruela, un escritor se mueve entre personas desconocidas a las que inventa vidas:


Por eso el autor se sentará en un pequeño café a tres o cuatro manzanas del centro social dedicado a Shunia Shore donde se celebrará la velada literaria. El espacio del café le resultará agobiante y oscuro, asfixiante, y por tanto, bastante apropiado para él en esos momentos. Se sentará ahí e intentará concentrarse en estas cuestiones (siempre llega a todas partes treinta o cuarenta minutos antes, y tiene que buscar algo que hacer hasta que llega la hora). Una camarera cansada, vestida con una minifalda y sacando pecho, intentará en vano limpiar su mesa con una bayeta: la superficie de formica continuará estando algo pegajosa incluso después de secarla. Quizá la bayeta no estuviera limpia.

El autor observará entre tanto las piernas de la camarera, unas bonitas piernas macizas, aunque con los tobillos ligeramente gruesos. Luego echará un vistazo a su cara, una cara agradable, luminosa, con las cejas juntas y el pelo recogido con una goma roja. Al autor le llegará un olor a sudor y a jabón, el olor de una mujer cansada. A través de la falda se le marcan las bragas. Sus ojos quedan amarrados ahora a ese contorno insinuado: la ligera asimetría a favor del muslo izquierdo le parece fascinante. Ella advertirá su mirada palpando sus piernas, sus muslos, sus caderas, y suspirará con expresión de asco y de súplica: Basta, por favor, basta ya.

(…)

Mientras espera la tortilla, el autor se imagina el primer amor de esa camarera (decide que se llame Riki): cuando apenas tenía dieciséis años se enamoró del portero suplente del grupo Bnei Yehuda, Charlie, que una vez, un día de lluvia, apareció en su Lancia delante del salón de belleza donde ella trabajaba y se la llevó a pasar tres días en un hotel de Eilat (su tío era uno de los socios de ese hotel). Charlie también le regaló en Eilat un elegante vestido de fiesta, como el de una cantante griega, un vestido con lentejuelas de plata y todo, pero al cabo de dos semanas la abandonó y volvió a ese mismo hotel, en esta ocasión con la dama de honor de la reina de los mares. En cambio Riki, durante los ocho años y los cuatro hombres que pasaron por ella desde entonces, no dejó de soñar que algún día volvería: pasaba por fases en las que parecía como muy enfadado con ella, daba miedo, era peligroso, como si fuese a perder el juicio, y ella estaba aterrada, con un susto de muerte, y entonces, de repente, recuperaba la cordura, la perdonaba, se mostraba contento con ella como un niño, la abrazaba, la llamaba Gogog, la besaba en el cuello, le hacía cosquillas con su cálida respiración, en el colmo de la ternura le abría los labios con la punta de la nariz, lo que producía en su cuerpo una especie de corrientes cálidas como la miel, y de pronto la hacía volar por los aires con fuerza, la hacía volar como un cojín, hasta que ella gritaba mamá, pero siempre la cogía justo en el último momento y la abrazaba, para que no se cayese. Le gustaba hacerle cosquillas con la punta de la lengua, suave y lentamente, durante mucho tiempo, detrás de las orejas y dentro de las orejas y un poco también en la nuca, donde nacen los cabellos más finos, hasta que la miel comenzaba a removerse.

Charlie jamás le levantó la mano y jamás la maltrató. Fue el primero que la enseñó a bailar agarrados y a ponerse un minúsculo bikini, y también le enseñó a tumbarse desnuda al sol, boca abajo, a cerrar los ojos, a imaginar todo tipo de azules, y fue el primero que le mostró lo que los pendientes largos con una piedra verde le hacían realmente a su cara y a su cuello.

(…)

Entre un hombre y una mujer la amistad es algo que no trae cuenta: si entre ellos hay una descarga eléctrica, entonces no puede haber amistad. Y si entre ellos no hay una

descarga eléctrica, entonces no puede haber nada. Pero entre las mujeres, sobre todo entre dos mujeres que ya han soportado bastante sufrimiento y crueldad de los hombres, y tal vez mucho más entre dos mujeres que han sufrido por el mismo...

Amos Oz es el autor de uno de los 5 mejores libros que he leido en los últimos 10 años; Una historia de amor y oscuridad editada por Siruela. Es una novela, en gran parte autobiográfica, en la que el autor indaga en la historia de su familia y en la de su país los motivos de su madre para suicidarse.

Fuente: Editorial Siruela.

05Ene, 2009

AMOS OZ; Imaginación.

Escrito por: corto-cortes el 05 Ene 2009 - URL Permanente

Cuenta Oz en las páginas 504 y 505 de "Una historia de amor y oscuridad" Siruela que cuando está esperando en una cola o un aeropuerto juega a inventarse historias entre las personas que ve. Dice que ya lo hacía de pequeño en los cafés a los que lo llevaban sus padres mientras estos hablaban con escritores y otros intelectuales. Solo que entonces, cuando la historia llegaba al punto de la relación íntima abandonaba rápidamente el asunto y pasaba a inventarse algo de otra persona. De mayor, dice: "Ahora ya no me quedo aterrado en el umbral de los dormitorios sino que entro flotando y miro sin ser visto"

Más adelante escribe: "En una tienda, por ejemplo, en la cola que avanza ante la caja: delante de mi hay una mujer no muy alta, de unos 45 años, rellena y muy atractiva por que algo en su forma de estar, en la expresión de su cara, indica que ya lo ha experimentado todo y no se inquieta por nada, ni siquiera lo más extraño puede sobresaltarla, tan solo provocarle cierta curiosidad divertida. Mientras que detrás de mí hay un joven soldado de unos 20 años, triste, clavandole la mirada al contorno de la mujer, que lo sabe. Por tanto me aparto a un lado para no taparla, les dejo una habitación libre con una alfombra mullida, les bajo las persianas, me apoyo en la puerta de la habitación desde dentro y la escena toma forma, con todo detalle, con el tono cómico de la tímida excitación de él y la nota conmovedora de la ternura y bondad de ella. Hasta que la cajera me obliga a despertar alzando la voz: Si por favor. Con un acento que no es exactamente ruso sino de una de las repúblicas asiáticas. Y ya estoy en Samarcanda, en la hermosa Bujará: camellos con dos jorobas, mezquitas de piedra rojiza y salas de oración circulares, con sensuales cúpulas y tapizadas con placenteras alfombras, me acompañan mientras salgo con la cesta de la compra en la mano"

26Sep, 2008

Escrito por: corto-cortes el 26 Sep 2008 - URL Permanente

Siempre pensé que la imaginación vive debajo de la almohada. Estoy convencido de que todas las ficciones salen de alli.

Cuando no vives en el mundo que habías soñado necesitas crear tu mundo secreto. En ese lugar mental no hay sufrimiento ni hace frio. Escribimos para entender la realidad pero sobretodo para escapar de ella.

En este blog quiero escibir sobre los libros que nos ayudan a construir una Casa Debajo de la Almohada.