13Nov, 2009
MOTIVACIÓN PARA GANAR; Lev Tolstói.
La motivación es algo imprescindible para ganar. El mejor equipo o el mejor ejército, si no está convencido de que va a ganar lo más normal es que pierda. En el deporte está comprobado y en el fútbol, juego en que 11 pares de piernas con espíritu de lucha pueden más que la mejor estrategia, aun más. El Alcorcón, equipo de 2ªB acaba de eliminar al, en teoría, mejor Real Madrid de la historia, ganando 4-0 en el partido de ida (de esta noticia no me alegro). El ejemplo más claro de que la motivación mueve montañas es el del F.C. Cartagena, el popularmente conocido como “Efesé”. Un equipo recién ascendido, formado por jóvenes sin experiencia y veteranos a punto de jubilarse es líder de la 2ª división por encima de equipos como
Tolstói lo sabía bien. Pongo a disposición de directores de redes de ventas, comandantes de infantería y entrenadores de fútbol el siguiente fragmento de Guerra y Paz.
El conde Pierre Bezujov, que quiere incorporarse al ejército, acaba de llegar al frente donde al día siguiente se librará la batalla decisiva de Borodino. Le han enseñado todas las posiciones de las tropas y ha ido a visitar a su amigo el príncipe Andréi Bolkonski que ya no está en el Estado Mayor y ahora dirige un regimiento en primera fila..
Página 1122 de la edición del Taller de Mario Muchnik:
Nadie (dice Bolkonski) puede conocer la fuerza relativa de las tropas. Créeme –continuó,- si algo dependiera de las órdenes de los Estados Mayores, yo me habría quedado allí y daría órdenes en vez de tener el honor de servir aquí, en el regimiento, con estos señores (sus hombres). Porque creo firmemente que el día de mañana depende de nosotros, y no de ellos…El éxito en una batalla no ha dependido ni dependerá nunca de las posiciones, del armamento, del número; menos que nada, de las posiciones. -Entonces, ¿de qué? - Del sentimiento que hay en mí, en él- y señaló a Timojin- y en cualquier soldado. (…) Vence la batalla quien está firmemente decidido a ganarla. ¿Por qué perdimos la batalla de Austerlitz? Nuestras bajas eran casi iguales a las francesas; pero nos dijimos demasiado pronto que habíamos perdido la batalla y la perdimos; y nos lo dijimos por que allí ya no había motivo para luchar. Todos querían dejar lo antes posible el campo de batalla: “Hemos perdido, ¡huyamos, pues!”. Si hubiésemos aguantado hasta la noche, Dios sabe que hubiera ocurrido. Pero mañana no lo diremos. Tú hablas de nuestras posiciones, de que el flanco izquierdo es débil, de que el derecho está demasiado extendido; pero todo eso son tonterías: nada de eso tiene importancia. ¿Qué nos espera mañana? Cien millones de casualidades diversas que tendrán que resolverse en un solo instante; se decidirá si somos nosotros los que hemos de huir o ellos, quienes han de matar o morir. Todo lo demás es un juego. Los que te han acompañado en tu visita al as posiciones no solo no contribuyen a la marcha general de las cosas, sino que las obstaculizan. Lo único que los ocupa son sus pequeños intereses. (…) Te voy a decir (habla Bolkonski) lo que sucederá mañana: cien mil rusos y cien mil franceses se han juntado para combatir, y el hecho es que esos doscientos mil hombres lucharán, y el que lo haga con más furor y se reserve menos será el vencedor. Y si quieres te diré que, mañana, pase lo que pase y por mucho que embrollen las cosas los de allá arriba, ganaremos; mañana, pase lo que pase, ¡ganaremos la batalla! (…) (Continua Bolkonski) Una cosa haría si tuviera poder para ello: no haría prisioneros. ¿Para qué? Resulta demasiado caballeresco. (…) Los franceses son mis enemigos, considero que todos son delincuentes. (…) Si son enemigos, no pueden ser amigos, digan lo que digan en Tilsitt.(*)
Es impresionante la convicción de Andrei Bolkonski. Lo tiene claro. No quiere tomar prisioneros. La noche antes de la batalla no hay derechos humanos ni trato humanitario a prisioneros que valga. Así no hay quien pierda.

Quien juega al fútbol con esa actitud ganará la mayoría de los casos al equipo de futbolistas millonarios y acomodados.
(*) Tratado de Tilsitt.
Nota: Los entre paréntesis son míos.
12Nov, 2009
DIVERSIÓN EN TIEMPOS DE GUERRA; Lev Tolstói.
Me parece muy interesante como reacciona la mente cuando se encuentra en situaciones límite. Algunos psicólogos dicen que la depresión es una enfermedad de sociedades acomodadas. El índice de depresiones, e incluso de suicidios, es más bajo en los países pobres de África que en la opulenta Europa. He leído que en los campos de concentración nazis los judíos no se suicidaban. La explicación psicológica es que cuando la vida está en una situación tan extrema el instinto de supervivencia se impone de forma clara.
En el cine y en algunos libros recuerdo una situación que siempre me ha parecido contradictoria: ciudades en guerra y personas que pueden fallecer al día siguiente víctimas de un bombardeo que disfrutan intensamente la vida hasta el último segundo. Recuerdo una película (no recuerdo el título) en la que sus protagonistas bailaban y se besaban sin parar mientras las sirenas que avisaban de los ataques de la aviación enemiga no paraban de sonar. Como si bailasen al ritmo de dichas sirenas.
Lev Tolstói, quien si no, lo explica con su maestría habitual en Guerra y Paz.
El ejército de Napoleón se acerca a Moscú y los rusos tienen miedo de que la ciudad caiga en manos francesas.
Pagina1.084 de la edición del Taller de Mario Muchnik.
Al acercarse el enemigo, la opinión de los moscovitas sobre su propia situación, lejos de hacerse más seria, cobró, por el contrario frivolidad, como sucede siempre a las personas que ven un gran peligro. Cuando el peligro se va aproximando, dos voces hablan en el corazón del hombre con la misma fuerza: una pide, muy razonablemente, que se reflexiones sobre la naturaleza del peligro y la manera de evitarlo. La otra, con más razón todavía, dice que es demasiado penoso, demasiado torturante pensar en el peligro cuando el hombre no puede prevenirlo todo y salvarse, de manera que es mucho mejor volver la espalda a las cosas penosas, hasta que estas lleguen, y pensar en las agradables. Si está solo, el hombre escucha casi siempre la primera voz; en cambio, cuando se encuentra en sociedad, sigue la segunda. Y eso era lo que sucedía a los habitantes de Moscú. Nunca se había divertido tanto la gente como aquel año.

06Oct, 2009
TOLSTÓI; y la religión.
Tolstói (1828-1910) no dejó, durante toda su vida, de preguntarse sobre la existencia de dios. El escritor ruso fue un hombre muy inteligante y honesto en sus reflexiones y convicciones. En toda fe religiosa hay un salto en el vacío que la RAZÓN no respalda. Ese agujero de la razón lo resuelve Tolstói con la necesidad de dar un sentido a la vida y aceptando la inferioridad de la inteligencia human para comprender la divinidad.
En 1874 en una hoja suelta que con buen criterio Selma Ancira (editora y traductora) ha incluido en sus diarios (editados por Acantilado) escribe:
Tras haber vivido casi 50 años, me he convencido de que la vida terrenal no tiene nada que ofrecer y todo hombre inteligente que considere la vida terrenal con seriedad - los trabajos, los miedos, los reproches las luchas- acabará preguntándose: ¿por qué?, por una locura; ese hombre se levantará la tapa de los sesos y Hartmann y Schopenhauer tendrán razón. Pero Schopenhauer ha permitido sentir a la gente que hay algo que le impide suicidarse. El objetivo de mi libro es justamente ese algo. ¿Qué nos hace vivir?. La religión.
La editorial Nortesur acaba de editar el libro del escritor ruso Maxim Gorki (1868-1936) Recuerdos de Tolstói, Chejov y Andréiev 1927. En este volumen Gorki al que se consideró el gran escritor de la revolución rusa relata sus encuentros con estos monstruos de las letras.
En la pagina 18 escribe Gorki sobre Tolstói:
En su diario, que me dejó leer, me sorprendió un aforismo extraño: "Dios es mi deseo".
Hoy al devolverle el cuaderno, le he preguntado qué era aquello.
- Un pensamiento inacabado -dijo mirando la página con los ojos entornados- Tal vez quise decir: Dios es mi deseo de concebirlo... No, no es esto...
Se rió, enrolló la libreta y la guardó en el ancho bolsillo de su blusa. Sus relaciones con Dios son muy confusas, pero a veces me recuerdan las de "dos osos en la misma madriguera".
Más adelante, en la página 41, cita Gorki una reflexión de Tolstói:
¿Qué significa saber? Sé que soy Tolstói, que soy escritor, que tengo una mujer, hijos, el pelo canoso, la cara fea y con barba: todo esto lo refleja mi pasaporte. No dice nada en cambio de mi alma. Del alma solo se una cosa: que ansía la cercanía de Dios. ¿Y qué es Dios? Es aquello de lo que mi alma forma parte. Y ya está. A quien ha aprendido a reflexionar le cuesta creer, pero vivir en Dios solo es posible a través de la fe. Tertuliano dijo: "El pensamiento es el mal".
Recuerdo ahora cuando en su novela Guerra y Paz el príncipe Pierre Bezujov, lleno de dudas existenciales después de batirse en duelo, se encuentra en una posada del camino entre San Petersburgo y Moscú al que luego sería su maestro en la masonería. Este, ante su falta de fe religiosa, le dice al príncipe que como pretende con su mente humana comprender a Dios. Además le sugiere que primero debe limpiar su alma de egoismo y solo cuando realmente ame se pregunte de nuevo por Dios.
Un amigo mio, con dudas de fe, consultó con un cura. Este le respondió que por eso se le llama fe. Si se pudiera tener la certeza de la existencia de Dios entonces se llamaría de otro modo.

Fuentes: Acantilado, Nortesur.
28Sep, 2009
LEV TOLSTÓI; Europeos.
En Guerra y Paz de Lev Tolstói el principal estratega del ejército ruso que se enfrenta a Napoleon Bonaparte en la guerra de 1812 es el general Pfull, un alemán. El autor aprovecha el perfil que hace del alemán para, con ironía, describir a los europeos de la época. Ironía y verdad.
El príncipe Andrei, gracias a sus recuerdos de Austerlitz, tuvo bastante con esta breve entrevista para hacerse una clara idea de Pfull: era uno de esos hombres siempre seguros de si mismos, dispuestos a defender sus ideas hasta el martirio, que solo se encuentran entre los alemanes, precisamente por que basan su seguridad tan solo en la idea abstracta, en la ciencia, o sea en el saber imaginario de la verdad absoluta. El francés se muestra seguro de sí porque cree irresistible toda su persona, en cuerpo y alma, lo mismo para los hombres que para las mujeres. El inglés tiene esa seguridad porque es ciudadano del estado mejor organizado del mundo y por que, como inglés, sabe siempre lo que tiene que hacer y que todo cuanto haga como inglés estará bien hecho, sin discusión alguna. El italiano está seguro de sí mismo porque es emotivo y se olvida con frecuencia de sí y de los demás. El ruso goza de esa seguridad por que no sabe nada ni quiere saberlo, y porque no cree que se pueda llegar a saber algo por completo. El alemán es el más seguro de sí, y de la manera peor, más firme y antipática, porque imagina conocer la verdad: una ciencia que él mismo ha inventado y que constituye su verdad absoluta.

19Sep, 2009
LEV TOLSTÓI; Pacificista.
El ruso Lev Tolstói (1828-1910) además de un gran escritor ( Guerra y Paz, Anna Karenina...)fue un pacifista profundo. El 6 de enero de 1853 tiene 24 años y se encuentra en Grozni (actualmente capital de Chechenia) en la guerra del Caucaso con su hermano Nikolai que es militar y escribe en su diario:
Hubo un desfile absurdo. Todos beben, sobre todo mi hermano, y para mi es muy desagradable. La guerra es algo tan injusto y tan malo que quienes combaten tratan de asfixiar en su interior la voz de la conciencia. ¿Estoy haciendo bien? Señor, dame la luz y perdoname si hago mal.
En Guerra y Paz, que escribe 15 años después, razona con profundidad su postura pacifista. En la Primera parte del Libro Tercero, en la pagina 877 de la edición del Taller de Mario Muchnik comenta el inicio de la guerra franco-rusa de 1812:
El 12 de junio los ejércitos de la Europa occidental cruzaron las fronteras de Rusia y la guerra comenzó; es decir; se produjo un acontecimiento contrario a la rezón y a toda la naturaleza humana.
(...)
¿Que motivó tan extraordinario suceso? ¿Cuales fueron sus causas? Los historiadores, con ingenua convicción, aseguran que las causas fueron: la ofensa inferida al duque de Oldenburgo, el fracaso del bloqueo continental, la ambición de Napoleon, la firmeza de Alejandro (el Zar de Rusia), los errores de los diplomáticos, etcétera.
(...)
A Medida que profundizamos en la búsqueda de sus razones y analizamos cada una separadamente, o la serie de todas ellas, nos parecen igualmente justas en si mismas e igualmente falsas por su nulidad en comparación con la magnitud de los hechos y por su insignificancia para darles origen (sin la participación de las demás causas concordantes). El hecho de que Napoleon se negara a retirar sus tropas del otro lado del Vístula y a devolver los territorios de Oldenburgo tiene para nosotros idéntico valor que el deseo o la desgana del primer cabo francés de reengancharse, pues si ese cabo no hubiera querido continuar en el servicio, y si otros y otros miles de cabos y soldados franceses lo hubieran imitado, el ejército de Napoleon no habría sido tan poderoso y la guerra habría sido imposible.
40 años después, poco antes de morir, el 7 de septiembre de 1910 escribe una carta a Gandhi (1):
Recibí su revista Indian opinion y me alegró leer lo que allí se escribe sobre quienes practican la no-resistencia. Me gustaría comunicarle las ideas que me suscitó esa lectura.
Cuanto más vivo, y especialmente ahora que siento con tanta agudeza la cercanía de la muerte, quiero comunicar a los demás algo que percibo de manera muy aguda y que, en mi opinión, es de una enorme gravedad. Se trata de aquello que suele llamarse la no-resistencia, pero que en realidad no es otra cosa que la doctrina del amor no desfigurada por falsas interpretaciones. Que el amor, es decir la aspiración de las almas humanas a la unión, y que la actividad que se desprende de esa aspiración es la única y suprema de la vida humana es algo que todo hombre sabe y siente en le fondo de su alma (con mayor claridad puede verse en los niños); lo sabe y lo siente mientras no se enreda en doctrinas falsas del mundo. Esta ley ha sido proclamada por todos los sabios del universo, hindues, chinos, judíos, griegos y romanos.
(1) En los años decisivos para su formación intelectual Gandhi leyó a Tolstói en quien encontró en quien encontró a un guía para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no-violencia.
Fuentes.
Guerra y paz, Taller de Mario Muchnik. 2006.
Lev Tolstói, Diarios (1847-1894), Acantilado. 2002.
Lev Tolstói, Correspondencia, Acantilado. 2008.
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