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23Jul, 2009

TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA; Mario Vargas Llosa.

Escrito por: corto-cortes el 23 Jul 2009 - URL Permanente

En este libro editado por Alfaguara en 2006, Vargas Llosa ( Arequipa, Peru 1936) relata los encuentros y desencuentros en diferentes ciudades ( Londres,Tokio, Paris, Madrid…) de una pareja a lo largo de más de 40 años. De paso se cuenta la vida bohemia en Paris, la de los hippies en Londres…Todos los libros de Vargas Llosa me gustan mucho pero éste es algo especial para mí. Estoy buscando en mi pasado que pudo ocurrirme y con quien para que este libro me llegue tan adentro. Buceo en mi diario a la caza de la experiencia que tanto me marcó y que hace que me identifique con lo leido en esta novela.

Comienza así:


I. Las chilenitas

Aquél fue un verano fabuloso. Vino Pérez Prado con su orquesta de doce profesores a animar los bailes de Carnavales del Club Terrazas de Miraflores y del Lawn Tenis de Lima, se organizó un campeonato nacional de mambo en la Plaza de Acho que fue un gran éxito pese a la amenaza del Cardenal Juan Gualberto Guevara, arzobispo de Lima, de excomulgar a todas las parejas participantes, y mi barrio, el Barrio Alegre de las calles miraflorinas de Diego Ferré, Juan Fanning y Colón, disputó unas olimpiadas de fulbito, ciclismo, atletismo y natación con el barrio de la calle San Martín, que, por supuesto, ganamos.

Ocurrieron cosas extraordinarias en aquel verano de 1950. Cojinoba Lañas le cayó por primera vez a una chica —la pelirroja Seminauel— y ésta, ante la sorpresa de todo Miraflores, le dijo que sí. Cojinoba se olvidó de su cojera y andaba desde entonces por las calles sacando pecho como un Charles Atlas. Tico Tiravante rompió con Ilse y le cayó a Laurita, Víctor Ojeda le cayó a Ilse y rompió con Inge, Juan Barreto le cayó a Inge y rompió con Ilse. Hubo tal recomposición sentimental en el barrio que andábamos aturdidos, los enamoramientos se deshacían y rehacían y al salir de las fiestas de los sábados las parejas no siempre eran las mismas que entraron. «¡Qué relajo!», se escandalizaba mi tía Alberta, con quien yo vivía desde la muerte de mis padres.

Fuente. Alfaguara.

17Jul, 2009

FANNY HILL; John Cleland.

Escrito por: corto-cortes el 17 Jul 2009 - URL Permanente

Esta novela erótica se publicó por primera vez en Londres, en 1749. Fue la primera novela prohibida por la censura de los EEUU en 1819. Su autor, John Cleland (Surrey, 1709-1789) fue diplomático británico (destinado en Bombay, India, donde pasó 12 años), soldado, escritor y periodista. Las deudas le hicieron pasar una temporada en la cárcel. Para Fanny Hill se inspiró en la vida real de una prostituta amiga suya llamada Fanny Murray. Eliminó de la historia lo más desagradable.

La obra cuenta la iniciación en la prostitución de una joven inglesa. De los burdeles pasó a ser amante de varios hombres y conoció el amor romántico de la mano del joven y rico Charles. La sociedad de la época se escandalizó mucho por el hecho de que Fanny termine siendo una burguesa felizmente casada. Todos esos que se escandalizaron, pienso, tuvieron que leer toda la novela para llegar al final y conocer el destino de la protagonista: “¡Qué escándalo!”

Me gusta el calor, detesto el frío. Para mi son pocos los 40º C de los que disfrutamos. Para subir la temperatura aquí os dejo un trocito de esta estimulante novela que Tusquets editó dentro de su educativa colección La Sonrisa Vertical:


Extracto de la 2ª carta.

[Fanny y el señor Barville]

Poco tuvo que hacer entonces, como no fuera soltar los lazos de mis enaguas y levantarlas, junto con mi camisa, hasta el ombligo, donde las sujetó suavemente para poder levantarlas aún más a su gusto. Luego, mirándome con lo que parecía un gran deleite, me tendió de cara al banco; yo esperaba, no sin miedo y temblor, que me amarrara, como había hecho yo con él, y me sujetara las manos, pero me dijo que de ninguna manera deseaba asustarme innecesariamente con esa restricción: aunque pretendía poner a prueba mi constancia, el demostrarlo lo dejaba a mi voluntad, y por lo tanto yo tendría plena libertad para levantarme en cuanto sintiera que el dolor era demasiado intenso. No podéis imaginar cuán amarrada me sentí al permitírseme permanecer suelta, y cuánto ánimo me infundió esa confianza que él ponía en mí. Tanto es así que, en lo más profundo de mi corazón, ya no me importó cuánto podría sufrir mi carne para estar a la altura de esa confianza.

Todas mis partes traseras, medio desnudas, estaban ahora completamente a su merced. Empezó por mantenerse a cierta distancia, deleitándose con la visión de la postura en que me coloqué y de todos los secretos que le mostraba así, totalmente expuesta. Entonces se lanzó ansioso hacia mí para cubrirme todas esas partes de besos antes de aferrarse a la vara y dar con ella golpecitos suaves a las masas de carne que tengo detrás, que no me lastimaban lo más mínimo, hasta que poquito a poco empezó a darle azotes más fuertes para hacerles subir el color. Por el calor que sentía allí comprendí, antes de que él me lo dijera, que estaban emulando el color rosado natural de mis otras mejillas. Cuando se hubo divertido admirándolas y jugueteando de ese modo con ellas, empezó a darme azotes cada vez más enérgicos, de tal forma que tuve que apelar a todo mi aguante para no gritar o por lo menos quejarme. Finalmente, me pegó con tal furia que me sangré tras más de un latigazo, y al verla tiró la vara, corrió hacia mí, besó las gotas que brotaban y chupó las heridas para aliviar un poco mi dolor. Pero levantándome ahora sobre las rodillas y manteniéndomelas apartadas, aquella parte de mí que no ha sido hecha para el dolor, sino para el placer, obtuvo su parte de sufrimientos, porque apuntando hábilmente dirigió la férula de tal modo que las puntas agudas de la vara cayeron allá, de un modo tan doloroso que no pude por menos que estremecerme y retorcerme de dolor, con lo que mis contorsiones por fuerza mostraron mi cuerpo en una variedad de posturas y de ángulos muy apropiados para deleitar su mirada; pero seguí aguantándolo todo sin gritar. Entonces me dejó descansar, y se precipitó sobre ese parte cuyos labios y alrededores acababan de sentir su crueldad y, a modo de desagravio, les aplicó su propia boca; entonces empezó a abrirlos y cerrarlos, a estrujarlos, a revolver el vello que los cubría, y todo ello dando muestras de un arrobamiento apasionado, de un entusiasmo que delataban un gran placer, hasta que volviendo a tomar la férula, alentado por mi pasividad, y enfurecido por esa extraña afición al goce, hizo que mi pobre posterior pagara lo indómito de su caso; porque ahora no le dio cuartel, pues el traidor me flageló de tal modo que estaba a punto de desfallecer cuando se interrumpió. Y seguí sin soltar una sola queja ni expresar la menor protesta; pero dentro de mí misma tomé la decisión más seria de mi vida: que jamás volvería a exponerme a semejantes padecimientos.

PD: Inolvidables son las páginas en las que su amiga Phoebe inicia a Fanny en el amor lésbico. .


Eric Stanton.

Fuente: Tusquets editores.

14May, 2009

HANIF KUREISHI; “Algo que contarte”. 2ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 14 May 2009 - URL Permanente

La nueva novela de Hanif Kureishi, Algo que contarte, que publicó en abril de 2009 Anagrama comienza así:


Los secretos son mi moneda particular: trafico con ellos para vivir. Los secretos del deseo, de lo que la gente quiere de verdad, y de lo que más miedo le da. Los secretos de por qué el amor es difícil, el sexo complicado, la vida un dolor y la muerte tan cercana y no obstante aparcada bien lejos. ¿Por qué el placer y el castigo están estrechamente relacionados? ¿Cómo hablan nuestros cuerpos? ¿Por qué nos ponemos enfermos? ¿Por

qué deseas fracasar? ¿Por qué es tan difícil soportar el placer? Una mujer acaba de salir de mi consulta. Dentro de veinte minutos llegará otra. Arreglo los cojines del diván analítico y me relajo en la butaca entre un silencio diferente, tomando un té, sopesando imágenes, frases y palabras de la conversación y también las vinculaciones y pausas entre ellas.

Como hago con frecuencia estos días, empiezo a pensar en el trabajo, los problemas a los que me enfrento, y cómo todo esto se convirtió en mi vocación, mi disfrute y mi sustento. Me resulta todavía más misterioso al pensar que mi trabajo empezó con un crimen –hoy es el aniversario, pero ¿cómo se señala una cosa así?–, seguido de la marcha definitiva de Ajita, mi primer amor.

Soy psicoanalista. En otras palabras, lector de mentes y de símbolos. Algunas veces me llaman loquero, curandero, detective, abrepuertas, rebuscabasuras, o simplemente charlatán de feria o farsante. Trabajo como un mecánico de coches, tumbado sobre la

espalda, manejando las cosas de abajo, lo que hay bajo la historia fantasías, deseos, mentiras, sueños, pesadillas..., el mundo debajo del mundo, las palabras verdaderas bajo las falsas. Me tomo en serio las cosas intangibles más extrañas; me meto en sitios donde

el lenguaje no puede entrar, o donde se detiene –lo «indescriptible»–, y además lo hago a primera hora de la mañana.

Llamando al dolor con otras palabras, escucho a personas que hablan de cómo el deseo y la culpa les incomodan y aterrorizan, de los misterios que perforan un agujero en el yo y deforman e incluso dejan el cuerpo impedido, las heridas de la experiencia reabiertas por el bien del alma al ser reconstruida.

En lo más profundo, la gente está más loca de lo que se quiere creer. Descubres que tienen miedo de ser comidos y que les alarma su deseo de devorar a otros. También imaginan, en el curso ordinario de las cosas, que van a explotar, implosionar, disolverse

o ser invadidos. Su vida diaria está empapada de temores como que sus relaciones amorosas implican, entre otras cosas, un intercambio de heces y orina.

A mí, ya antes de que todo esto empezase, siempre me gustó el cotilleo, un requisito esencial para mi trabajo. Ahora lo oigo y escucho en grandes cantidades, un río de efluvios humanos fluye hacia mi interior día tras día, año tras año. Como tantos otros

modernos, Freud daba trato de privilegio a los detritos; se le podría considerar el primer artista de lo «encontrado», que extrae un significado de lo que normalmente se desecha. Es un trabajo sucio, esto de trabar conocimiento con lo humano tan de cerca.

Fuente : www.faber.co.uk y Anagrama.