Hay 13 artículos con el tag madre en el blog Una Casa Debajo de la Almohada. Otros artículos en Comunidad El Pais clasificados con madre

06Sep, 2011

CUANDO CAE LA NOCHE; Michael Cunningham

Escrito por: corto-cortes el 06 Sep 2011 - URL Permanente

¿Es posible que un hombre de 40 años, casado y con una hija, que siempre se considero heterosexual, se enamore, de repente, de un chico de 25 años, que además es su cuñado?

Puede la otra tendencia sexual estar agazapada en el subconsciente, y salir a la superficie cuando uno menos se lo espera?

Michael Cunningham en su nueva novela, Cuando cae la noche (Lumen, 2011), nos da respuesta a estos interrogantes.

Me enamoré de Michael Cunningham, como escritor, después de quedar deslumbrado por la película Las horas. Esta maravillosa cinta está basada en el libro de mismo nombre, escrito por Cunningham en 1999. La peli es buena, pues la novela es mejor. Tan buena que le valió a su autor el premio Pulitzer de ficción de aquel año.

Después, claro, me leí sus dos novelas anteriores: Carne y Sangre y Una casa al final del mundo. Lo que más me gustó es la capacidad del autor de meterse en la cabeza, en la mente, de los personajes. Las descripciones desde el punto de vista psicológico de los chicos que se mueven por estas novelas son de un detalle (sin llegar a aburrir) y una exactitud que llegan a producir mucha envidia en el lector. Envidia porque se percibe en el autor una capacidad poco frecuente de conocer a la raza humana.

Después de Las horas publicó Specimen days que leí en inglés y me gustó bastante poco. En España se publicó con el nombre de Días Memorables.

5 años después nos llegó Cuando cae la noche. La empecé a leer con miedo por la mala experiencia de su anterior novela y con confianza, al tiempo, por el buen sabor de boca dejado por las tres primeras.

Debo decir que Cunningham ha vuelto a lo mejor de su escritura. El autor es homosexual. Ello me generaba el miedo al comenzar la lectura, a que me quisiera vender como lector esa fantasía (¿o realidad?) que muchos homosexuales tienen de que todos los heteros somos homos en potencia. Pues nada de eso. Cunningham con esa capacidad suya para retratar personas reales, totalmente humanas y creíbles, te permite entrar en la cabeza de un hombre infeliz e insatisfecho que se enamora de golpe. ¿Se enamora de un hombre? ¿Se enamora de la belleza? ¿Se enamora del amor que ya no hay en su matrimonio? Para saber lo que ocurre, deben leer ustedes la novela. Novela que les recomiendo sin ningún tipo de reticencias.

Una muestra del buen hacer de Cunningham:


No quiere que Dizzy se vea con una chica, porque, por decirlo de algún modo, quiere poseer a Dizzy del mismo modo en que quiere poseer el arte. Quiere la inteligencia retorcida de Dizzy, y su autodestrucción, y que… este allí, en su casa, no quiere que lo desperdicie con nadie, y menos con una chica que puede darle algo que Peter no puede. Dizzy se está convirtiendo –Peter no es idiota, estará loco, pero no es idiota- en su obra de arte preferida, una performance, si se quiere, y quiereañadirlo a su colección, quiere ser su dueño y su confidente.

Aclaración: Peter es el protagonista. A sus 42 años es dueño de una galería de arte y está casado con Rebecca, directora de una revista de arte. Viven en Nueva York y Dizzy, hermano veinteañero de Rebecca, drogadicto y con mucho encanto, pasa unos días con ellos.

Cunningham es homosexual pero – esto no hace falta decirlo, pero va por los que aun tienen prejuicios- como buen escritor sabe contar de maravilla los abismos y pequeños infiernos diarios de un matrimonio heterosexual. Me permito incluir a continuación este párrafo donde con maestría describe una marcante característica de la madre de Peter, el protagonista:


La madre de Peter es una gran conversadora a su manera. Se las arreglaba para quejarse casi sin parar y no parecer trivial ni protestona. Era más majestuosa que arisca, la habían enviado a vivir en este mundo desde otro mejor y evitaba caer en la mezquindad recurriendo a la resignación en lugar de a la bilis, dando a entender, cada hora de su vida, que si ponía objeciones a casi todo lo que hacía y a casi todas las personas a las que conocía era porque presidía una utopía y sabía por experiencia que todo podía ser mucho mejor. Lo que más anhelaba del mundo era vivir bajo la égida de un dictador benévolo que fuese exactamente como ella, pero diferente, pues si alguna vez legase a gobernar tendría que renunciar a su derecho a quejarse y ¿Qué haría sin ese derecho?

Recomiendo a todos los maridos que, después de años de matrimonio, estén hartos de las repetidas y constantes quejas de su esposa sobre lo divino y lo humano, lean dos veces el párrafo anterior e intenten ver a su parienta desde el mismo prisma que el autor mira a su personaje. Todo sea por la convivencia.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

09Feb, 2011

A LA CAZA DE LA MUJER; James Ellroy.

Escrito por: corto-cortes el 09 Feb 2011 - URL Permanente

Algo raro me ocurre con la novela negra. En muchas ocasiones, consciente de que me pierdo algo bueno, he intentado disfrutar con este género y no lo he conseguido. Solo he pasado un buen rato con algún libro de Dennis Lehane y con algún otro de Patricia Highsmith. Me ocurre lo mismo con el vino tinto. He probado el mejor Vega Sicilia y sigo prefiriendo una cerveza Mahou. Ya sé que muchos buenos lectores (peor si al tiempo son amantes del vino) me acusarán de sacrílego, pero, créanme, más lo siento yo.

Por este motivo el libro que más me gusta de James Ellroy es Mis rincones oscuros, Ediciones B. En esta novela el autor narra la investigación del asesinato de su propia madre y aprovecha para darnos algunos datos (la mayoría inquietantes cuando menos) de su infancia y juventud.

Hoy se publica A la caza de la mujer (En inglés "Hilliker Curse", por el apellido de su madre)en la editorial Mondadori. En este su último libro Ellroy nos cuenta sus memorias, es decir, sus neuras y obsesiones. Ellroy no necesitaba volver a su vida y menos ponerla por escrito. Lo hace porque es la única forma de acallar por unos días la ansiedad que no lo deja relajarse y ser feliz. Ellroy se tumba en el diván y nosotros tenemos la suerte de poder asistir a la terapia:

Jean Hilliker (su madre) le daba al bourbon y ponía los conciertos de Brahms a todo volumen. Armand Ellroy (su padre) estaba suscrito a revistas de escándalos y de chicas. Yo pasaba dos días a la semana con él. Me dejaba mirar por su ventana delantera y trastear con los prismáticos. Llegó mi noveno cumpleaños. Mi madre me regaló un traje nuevo para ir a la iglesia. Mi padre me preguntó qué quería. Le dije que unas gafas de rayos X. Las había visto anunciadas en un tebeo. Se rió y dijo que muy bien. Mandó un dólar por correo. Alivié trabajosamente la espera haciendo listas de todas las chicas de la escuela y de la iglesia que vería desnudas. Discurrí maneras de fijar las gafas a mi periscopio de juguete con cinta adhesiva. Aquello me proporcionaría acceso instantáneo a ventanas. Esperé. Marzo, abril, mayo del 57. Final de primavera hasta el verano. No supe nada del pedido. Tuve que confiar en el honor y el buen hacer del fabricante. La espera descarriló mi vida de fantasías. Salí despedido en nuevas direcciones. Me colaba en el armario de la ropa de mi madre. Me encantaba el olor de su ropa interior y de sus uniformes de enfermera. Birlaba los prismáticos de mi papá y espiaba a una vecina. La vi llevarse la mano debajo de la blusa y subirse la tira del sujetador.

(...)

Mis padres desafiaban cualquier intento de clasificación. Jean Hilliker llegó a Los Ángeles a finales de 1938. Ganó un concurso de belleza, no superó una prueba de pantalla y regresó a Chicago. Vivía en un piso grande con otras cuatro enfermeras. Una lesbiana marimacho dirigía el cotarro. Jean se quedó embarazada, intentó hacerse ella misma un raspado y sufrió una hemorragia. Un médico amigo le arregló el desaguisado. Luego tuvo un lío con él, lo dejó y se casó con un tipo rico. El matrimonio número uno fracasó pronto. Jean se acordó de lo bien que pintaba Los Ángeles y cogió un autobús. Un amigo conocía a un chochito llamado Jean Feese. Jean F. estaba casada con un bala perdida muy guapo llamado Ellroy. Se conocieron, se enamoraron, se arrejuntaron. Mi padre dejó a la Jean número uno. La Jean número dos se quedó embarazada en el 47. En agosto de ese año se casaron. Un embarazo complicado auguraba mi vida arrebatadamente turbulenta y cartografiada en la memoria.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

11Ene, 2011

PATRICIA HIGHSMITH; Joan Schenkar.

Escrito por: corto-cortes el 11 Ene 2011 - URL Permanente


Algún día quiero escribir sobre una chica que lleva a su madre (o a su tía, o a su tutora) a la cama, accede a hacerle caso en todo (…), le prepara amablemente una taza de leche caliente, le promete que no volverá a hablar con su novio nunca más y, entonces, con una sonrisa en el rostro, clava las tijeras en el pecho de la madre y las gira.

Patricia Highsmith 1942

Si leo este texto antes de conocer la biografía que tengo entre manos, y sin fijarme en la fecha, hubiera pensado que la vieja cascarrabias lo había escrito para vender aún más sus novelas. Pero Patricia Highsmith escribió esto cuando tenía 21 años y aun no era famosa. Vaya.

La biografía a la que me refiero es la que la autora teatral Joan Schenkar, tras 7 años de trabajo en los que leyó más de 8.000 páginas de cuadernos y diarios y rastreó la intrincada vida de la escritora, acaba de publicar en castellano gracias a CIRCE (la mejor editorial en lo referente a biografías y memorias). En este libro se puede apreciar, entre otras muchas cosas, como fue la relación de la escritora con su madre. Dedicaré otro post a este asunto.

Schenkar se ha tomado la molestia y ha realizado un trabajo maestro. Ha seguido –lo cuenta en la introducción- el modelo propuesto por Virginia Woolf que decía en sus cuadernos (citado por Hermione Lee en la biografía de la Woolf por Vintage books) que la biografía es un “arte bastardo” y que la mejor forma de escribir una vida “sería separar las dos clases de verdades”: la “cascara” (los hechos) y el “átomo” (a vida interior del sujeto). Según Woolf, tendría que haber una lista con los “hechos” recogidos “en orden”, que iría seguida de la “vida”, escrita como si fuera ficción. Patricia Highsmith estaba convencida, escribe Schenkar, de que había fuerzas oscuras en su “sangre” que dirigían su vida y fuerzas aún más oscuras en su subconsciente que daban forma a su arte. Además intentaba controlar esas fuerzas haciendo listas, elaborando esquemas y contando compulsivamente (en novelas, diarios y cuadernos). De esta forma, según la autora de la biografía, conseguía vivir a diario las dos clases de “verdad” de Virginia Woolf.

Schenkar, en los anexos del libro, cumple con la tarea de reflejar la primera “verdad”, los hechos. Para ello: 1) incluye una extensa cronología de la vida de PH (27 págs.), 2) reproduce un mapa de Manhattan donde sitúa 28 domicilios que tuvieron importancia en su vida y otras 22 direcciones donde situó alguna escena de sus novelas. 3) reproduce 6 de sus papeles escritos a mano entre los que podemos ver el esquema para un guión de comic y, alucinen, un ranking en el que puntúa y compara a sus amantes según diferentes criterios. (Ha borrado los nombres propios para no ofender a las señoras. (Era lesbiana casi pura). El resto del libro lo dedica a la segunda “verdad”.

Morboso como soy, envidio a la autora de esta biografía por tener acceso a esos cuadernos y diarios. Parece ser que la madre del Talentoso Mr. Ripley no ahorraba detalles al describir sus encuentros sexuales. En la introducción, Schenkar, intentando explicar lo difícil que le fue ser objetiva al realizar su trabajo, cuenta que conoció a alguna de las amantes de la Highsmith y pone un ejemplo:


Una de mis agentes teatrales, ya fallecida –una mujer mayor, brillante y distinguida cuando la conocí en los años 80-, había sido amante de Patricia Highsmith cuarenta años antes de convertirse en mi agente, algo de lo que yo no tenía conocimiento. Una soleada tarde, en los Archivos Literarios Suizos de Berna (donde está guardado el material sobre PH), abrí un diario de Highsmith al azar y me encontré con una descripción de su tórrida aventura muy rica en detalles físicos explícitos. Es una descripción que aún estoy deseando olvidar..

Uno está empezando a entender de donde sale un personaje como Mr. Ripley.

Patricia Highsmith a sus 20 años. Foto del libro.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

30Oct, 2010

AUTORRETRATO; Édouard Levé.

Escrito por: corto-cortes el 30 Oct 2010 - URL Permanente

Mi abuela ha perdido la cabeza y cuando mi madre dedicó una tarde a ordenar sus papeles encontró una carpeta que tenía pegada una etiqueta que decía: “Carpeta vacía”. M madre abrió la carpeta y no encontró nada en ella. Me he acordado de esto al leer el comienzo de Autorretrato de Édouard Levé donde escribe “Una antepasada mía tenía la manía de guardar cosas, cuando murió encontraron una caja de zapatos en la que una etiqueta con una cuidada caligrafía rezaba: «Chismes inútiles».

He descubierto esta joya de libro, que editó 451 editores en 2009, al leer la reseña que ayer le hacía el gran Juan Maleherido.

Levé fue fotógrafo, pintor y escritor. Su último libro se llama Suicidio, también editado por 451 editores, y se lo envió a su editor 3 días antes de quitarse la vida a los 42 años.

Así empieza el autorretrato de Levé:


De adolescente creía que la vida, instrucciones de uso me ayudaría a vivir, y Suicidio, instrucciones de uso, a morir. He pasado tres años y tres meses en el extranjero. Prefiero mirar a la izquierda.Un amigo mío disfruta con la traición. El final de un viaje me deja el mismo regusto triste que el final de una novela. Olvido lo que me desagrada. Es posible que haya hablado sin saberlo con alguien que ha matado a alguien. Voy a mirar en los callejones sin salida. Lo que hay al final de la vida no me da miedo. En realidad no escucho lo que me dicen. Me sorprende que me pongan un apodo sin conocerme apenas. Me cuesta un tiempo darme cuenta de que alguien se porta mal conmigo, tan sorprendente me parece que me pase algo así: el mal es en cierto modo irreal. Archivo. A los dos años hablé con Salvador Dalí. La competición no me estimula. Describir mi vida con precisión me llevaría más tiempo que vivirla. Me pregunto si, al hacerme viejo, me volveré reaccionario. Cuando me siento con las piernas desnudas sobre escay, mi piel no resbala, rechina. He engañado a dos mujeres, se lo dije: a una le dio igual, a la otra no. Bromeo con la muerte. No me gusto. No me detesto. No me olvido de olvidar. No creo que exista Satán. Mi ficha policial está en blanco. Me gustaría que las estaciones durasen una semana. Prefiero aburrirme solo que acompañado. Recorro lugares vacíos y como en restaurantes desiertos. En cuestión de alimentación, prefiero lo salado a lo dulce, lo crudo a lo cocido, lo duro a lo blando, lo frío a lo caliente, lo aromático a lo inodoro. No puedo escribir tranquilo si no tengo nada comestible en el frigorífico. Puedo pasar con facilidad sin alcohol y sin tabaco. En un país extranjero, dudo si reírme o no cuando mi interlocutor eructa en medio de una conversación. Me fijo en las canas de la gente que todavía no está en edad de tenerlas. Es preferible que no lea los manuales técnicos de medicina, sobre todo los pasajes en los que se describen los síntomas de algunas enfermedades: veo cómo proliferan en mí a medida que descubro su existencia. La guerra me parece tan irreal que me cuesta creer que mi padre haya estado en una. Vi a un hombre cuya parte izquierda de la cara no expresaba lo mismo que la parte derecha. No estoy seguro de que me guste Nueva York. Yo no digo «A es mejor que B», sino «prefiero A a B». No dejo de comparar. Cuando vuelvo de viaje, el mejor momento no es ni el paso por el aeropuerto ni la llegada a casa, sino el trayecto en taxi que los une: todavía es viaje, pero ya no del todo. Desafino al cantar, de ahí que no cante. Como soy gracioso, se creen que soy feliz. Espero no encontrarme nunca una oreja en un prado. Las palabras no me gustan más que un martillo o un tornillo. No conozco a los chicos verdes. En los escaparates de los países anglosajones leo «sale» (‘rebajas’) en francés (‘sucio’). No puedo dormir con una persona que se mueva, que ronque, que respire fuerte o que tire de las sábanas. Puedo dormir abrazado a una persona que no se mueva. Se me ocurrió la idea de un Museo del Sueño. Tiendo, por comodidades del lenguaje, a llamar «amigo» a gente que no lo es, no se me ocurre otra palabra con la que calificar a esas personas que conozco, que me caen muy bien, pero con las que no he establecido ningún vínculo en particular. En el tren, sentado en el sentido contrario a la marcha, no veo las cosas llegar sino irse. No preparo mi jubilación. Considero que la mejor parte de un calcetín es el tomate. No le presto atención a la cantidad de dinero de mi cuenta bancaria. Mi cuenta bancaria rara vez está en números rojos. Los documentales Shoah, Numéro zéro, Mobutu, roi du Zaïre, Urgences, Titicut Follies y La conquête de Clichy me han marcado más que la mejor de las ficciones. Las películas ready-made proyectadas por Jean-Marc Chapoulie me han hecho reír más que la mejor de las comedias. He intentado suicidarme en una ocasión, he intentado intentar suicidarme en cuatro ocasiones. El sonido lejano de un cortacésped en verano me trae buenos recuerdos de la infancia. No suelo tirar cosas. Una antepasada mía tenía la manía de guardar cosas, cuando murió encontraron una caja de zapatos en la que una etiqueta con una cuidada caligrafía rezaba: «Chismes inútiles». No creo que la sabiduría de los sabios llegue a perderse. Se me ocurrió el proyecto de un libro-museo de la escritura vernácula en el que se copiarían, clasificados en categorías, mensajes escritos a mano por desconocidos: anuncios de animales perdidos, justificaciones puestas en los parabrisas dirigidas a los guardias para no pagar el parquímetro, llamamientos desesperados en busca de testigos, indicaciones de cambio de propietario, mensajes de oficina, mensajes domésticos, mensajes dirigidos a uno mismo. Al escuchar a un anciano contarme su vida pensé: «Este hombre es un museo de sí mismo». Al escuchar hablar al hijo de un militante afroamericano y de una socióloga francesa pensé: «Este hombre es un ready-made». Al ver a un hombre macilento pensé: «Es un fantasma de sí mismo». Mis padres iban al cine todos los viernes por la noche hasta que compraron el televisor. Me gusta el sonido sincero de las bolsas de papel, pero no el revoloteante de las bolsas de poliuretano. He oído, pero no he visto, una fruta caer de una rama. Los nombres propios me fascinan porque desconozco su significado. Tengo un amigo que, cuando invita a gente a su casa, no pone bandejas en la mesa, solo los platos ya servidos, como en los restaurantes, de repetir, por lo tanto, ni hablar. He vivido varios años sin prestación social alguna. Me puedo sentir más incómodo con alguien amable que con alguien cruel. Los malos recuerdos de mis viajes son más divertidos de contar que los buenos. Que un niño me llame «señor» me desconcierta. La primera vez que vi a gente hacer el amor delante de mí fue en un club de intercambio de parejas. No me masturbo delante de una mujer. Me masturbo menos con imágenes delante que con recuerdos.Nunca me he arrepentido de decir lo que realmente pensaba. Las historias de amor me aburren. No cuento mis historias de amor. Hablo poco de las mujeres con las que estoy, pero me gusta que mis amigos me hablen de las suyas. Una mujer vino a reencontrarse conmigo en un país lejano después de un mes y medio sin vernos, no la había echado de menos, en unos instantes comprendí que ya no la quería. En la India viajé una noche entera en un autocar con un suizo al que no conocía de nada, atravesamos las llanuras de Kerala, le conté más cosas por iniciativa propia en unas horas que a mis mejores amigos en años, sabía que no volvería a verlo, era una oreja sin consecuencias. Puedo ponerme suspicaz. Ver fotografías antiguas me convence de que el cuerpo evoluciona. Reprocho lo que me reprochan. No soy un rácano, admiro el gasto justo. Algunos uniformes me gustan, no por lo que encarnan sino por su sobriedad funcional. En una ocasión le anuncié una buena nueva que me concernía a una persona a la que quiero, y me di cuenta con estupor de que se había puesto celosa. No me gustaría que mis padres fuesen famosos. No soy guapo. No soy feo. Desde algunos ángulos, moreno y con camisa negra, puedo verme guapo. Me veo más a menudo feo que guapo. Los momentos en que me veo guapo no coinciden con aquellos en que quiero estarlo. Me veo más feo de perfil que de frente. Me gustan mis ojos, mis manos, mi frente, mi culo, mis brazos, mi piel, no me gustan mis muslos, mis pantorrillas, mis orejas, la curvatura de la parte posterior de mi cuello, los agujeros de mi nariz vistos desde abajo, sobre mi sexo no tengo ninguna opinión formada. Tengo la cara torcida. La parte izquierda de mi cara no se parece a la parte derecha. Me gusta mi voz cuando me levanto después de haber bebido o estando con gripe. No tengo necesidad de nada. No intentaría ligar con alguien que llevase sandalias de hebillas. No me gustan los dedos de los pies. Me gustaría no tener uñas. Me gustaría no tener barba para no tener que afeitarme. No voy buscando honores, no respeto las distinciones, soy indiferente a las recompensas. Siento debilidad por la gente rara. Le tengo simpatía a la gente desgraciada. No me gusta el paternalismo. Me siento más cómodo entre viejos que entre jóvenes. Puedo hacerle innumerables preguntas a la gente a la que creo que no voy a volver a ver. Un día me pondré unas botas de vaquero negras con un traje de terciopelo morado. El olor del estiércol me recuerda una época pasada, mientras que el olor a tierra húmeda no me remite a ningún periodo en particular. No soy capaz de retener los nombres de las personas a las que me acaban de presentar. No me avergüenzo de mi familia pero no la invito a mis inauguraciones. A menudo he querido. Me quiero menos de lo que me han querido. Me sorprende que me quieran. No me creo guapo porque una mujer sí me vea así. Soy irregularmente inteligente. Mis estados amorosos se parecen entre sí, y se parecen a los de los demás, mis trabajos en cambio no se parecen entre sí, o no se parecen a los de los demás. Hay algo que me hace gracia de la desgracia de un amor que se acaba. No hago fondo común con nadie. Un amigo me hizo fijarme en que cuando los invitados llegaban a mi casa yo tenía cara de alegría, pero también cuando se iban. Empiezo, más que acabo. Me cuesta menos llegar a la casa de la gente que irme. No sé cortar a un interlocutor que me aburre. Me abalanzo sobre los bufés gratuitos hasta asquearme. Hago bien la digestión. Me gusta la lluvia de verano. Los fracasos de los demás me ponen más triste que los míos. Los fracasos de mis enemigos no me alegran. No llego a entender por qué la gente hace regalos estúpidos. No llevo bien lo de los regalos, ni hacerlos ni recibirlos, a no ser que acierten, cosa poco habitual. El amor me reporta placeres enormes pero me lleva demasiado tiempo.

Una fotografía de Édouard Levé

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

21Ene, 2010

LA HABITACIÓN AZUL; Yasmine Allas.

Escrito por: corto-cortes el 21 Ene 2010 - URL Permanente

Nikki acaba de perder a su madre y va a visitar a Otto, su padre, al que no ve desde hace 22 años, cuando ella tenía 9. Otto vive con cientos de osos de peluche, todos ellos correctamente vestidos, con su nombre y fecha de nacimiento. Otto habla con sus osos a los que llama sus muchachos y entre ellos hay categorías. Son más importantes los más antiguos y Nikki aprende que solo llevándose bien con eso osos veteranos puede acceder a su padre.

La madre de Nikki se ha suicidado:

Pag. 26.


-¿Cuál fue la causa de la muerte de tu madre?- preguntó después de un breve silencio.

Lo miré perpleja.

-Tomó demasiados somníferos.

-Suicidio – gruñó.

-Se los había recetado el médico de cabecera. Se iba guardando todas las pastillas que él le prescribía. Le gustaba la muerte, no pasaba ni un solo día sin que representara su vida y el momento de su muerte como si fuera una obra de teatro. Todos los días lo mismo. Y me pedía que le diera mi opinión. Casi siempre lo hacía en broma o con frivolidad o ambas cosas a la vez. Pero si había pasado una mala noche lo representaba con tanto realismo que a menudo me veía obligada a cerrar los ojos y taparme los oídos. Tenía mucho talento.

Cuando Nikki va al cementerio, lleva flores y una cesta de picnic con comida. En una de sus visitas encuentra a Hedwig una mujer que le pide que escriba su vida. Le dice que para hacerlo bien “es cuestión de saber escuchar”. (pag. 37)

Dice Hedwig (pag 46):


- ¡Oh, Dios! Por donde empiezo si todos los recuerdos me asaltan al mismo tiempo? Sandalia Trenzada, Medina, Dientesdeajo, Piespalnos, el doctor Nausea, Warmoog, Nura, Suuban, Mo. Vuelvo a tenerlos a todos delante de mi, los huelo, los siento.

- Hedwig, Hedwig, respira hondo y cuéntame lo que recuerdas.

- Medina, Warmoog –murmuró.

- Hedwig, empieza por el principio, por favor, y dime quienes son esas personas. Mientras tanto serviré la comida –propuse de nuevo.

Pero ella volvió a negar con un gesto.

-No puedo empezar a contarte mi historia sin hablarte primero de mi abuelo, mi abuela y todos los demás; ellos son el código secreto para acceder a mi habitación oscura, Nikki.

Asentí sumisa y me recliné en el asiento.

Hedwig le dice a Nikki que el hecho de que exista no significa que esté viva. Le cuenta su historia, sus historias. Hedwig, en realidad, es la hija de una prostituta que vive en una habitación debajo de la cama de su madre. Solo ve los zapatos de los clientes. Hedwig piensa que es la hermana pequeña de su madre porque eso le ha contado.

En este libro parece como si alguien (la autora, o alguien más) quisiera digerir traumas infantiles a través de la imaginación y la escritura. Un libro maravilloso.

Yasmine Allas, de origen Somali, es una famosa actriz holandesa que ha tenido mucho éxito con los tres libros que ha escrito.

La habitación azul está editado por Lumen y sale a la venta en febrero 2010.

Yasmine Allas.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

11Ene, 2010

LA NARIZ DE CLEOPATRA; Judith Thurman.

Escrito por: corto-cortes el 11 Ene 2010 - URL Permanente

Algunas personas maduran contra el padre o la madre. Ya saben, aquello de matar al padre. Del mismo modo muchos escritores escriben contra el padre o la madre. De este modo la mala relación con el progenitor se convierte, a veces sin consciencia de ello, en el motor de la obra.

Judith Thurman ha publicado durante 20 años en The New Yorker artículos largos sobre todo tipo de personajes: Malraux, Ana Frank, Madame Pompadour o Leni Riefenstahl.

Llama mucho la atención las referencias que hace a su madre, “Alice”, en la introducción a La nariz de Cleopatra, recopilación de artículos que acaba de publicar Duomo dentro de su colección de ensayo Perímetro.

Pag. 12.


Hay muchos modos en que una mujer puede perderse, y el tema ha pasado a ser una de mis especialidades. La primera de mis mujeres perdidas fue mi madre, Alice, que nació a dos manzanas de la casa de piedra caliza de Yorkville donde he criado a mi hijo. Por lo general confiaba tan poco en sí misma como una fugitiva, cosa que en cierto sentido era: una fugitiva de la vida que podría haber tenido. Pero había un episodio en su juventud que le gustaba recordar, en especial cuando yo ya le había servido su segunda copa de jerez, sentada ante la mesa de su inmaculada cocina en Queens, bajo el tubo fluorescente. Al margen de la historia, el placer que esto le proporcionaba (sus placeres eran contados) causaba una fuerte impresión.

(…)


Alice tenía más de 40 años cuando nací y, dado que necesitaba volverse invisible por largos periodos, se sentía afortunada de haber tenido una única y apacible hija que pudiera inquietarla. A los ocho años, la edad de mi abuelo cuando se escapó de casa, empecé a escribir versos. En la creencia de que estas cancioncillas rítmicas podrían un día tener interés para la posteridad, mi madre las copiaba con su caligrafía de institutriz y las guardaba en una carpeta de anillas. Pero entonces hizo algo que aun no logro explicarme. Escribió por su cuenta media docena de poesías y, como un deshonesto tahúr, las mezcló con las otras. Imitaban mi lenguaje, pero su ingeniosa sencillez no podía ser un producto infantil, pues un niño no se desprende del lastre de un exceso de conocimientos para alcanzar la simplicidad, sino que deja escapar lo poco que sabe.

No hace falta leer entre líneas. Judith Thurman también ha escrito dos biografias. Una sobre la gran Karen Blixen también llamada Isak Dinesen (la de Memorias de Africa) y otra sobre Colette.

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

11Abr, 2009

ALBERTO BEVILACQUA; Traducir sentimientos. 2ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 11 Abr 2009 - URL Permanente

Alberto Bevilacqua (Parma, 1934) es escritor, poeta, guionista y director de cine. En sus 74 años de vida ha escrito más de 30 libros en prosa, 13 libros de poesía y dirigido ocho películas. Escribe El que te traicionaba en 2006 cuando ya es un maestro y domina el arte de narrar como pocos.

Escribe acerca de la belleza en las mujeres:


Existen dos clases de belleza femenina. La primera, vistosa, pero parecida a otras, y estática. La segunda, por el contrario, maleable y maliciosa, un juego de reflejos que estimula la imaginación.

Lisa, personaje central de la novela, le cuenta sus pensamientos de embarazada a su hijo:


Tu siempre serás parte de mí ¿no? Comenzaste a existir como una parte de mí, y yo me abrazaba el vientre y te decía “Quizás hoy, hijo mío, te estoy haciendo los ojos, y debo hacértelos bien, de un color que las mujeres admiren, y con una vista que te permita ver el mundo incluso en medio de un mar de niebla... Hoy estoy haciéndote el corazón."

Lisa, una mujer con una grandísima sensibilidad, dice a su hijo:


Recuerdas cuando nos pasábamos un caramelo de miel de tu boca a la mía y yo aprovechaba para preguntarte: “¿Hay alguna mujer con la que puedas hacer esto?”

100 páginas después el hijo confiesa que no cree en el amor y lo hace comparando el amor puro e incondicional que su madre sintió por su padre con lo que él siente cuando cree que se está enamorando:


Se comporta así por que yo me la estoy inventando. Soy yo, que a través de ella, alimento el lugar común del amor.

Me recuerda a lo que alguien que me quiere me dijo la primera vez que me vio sufrir por amor: No estas enamorado de esa chica, te has enamorado del amor.

En el libro de Bevilacqua caben muchas cosas, como en las buenas novelas. Al final de libro el narrador hace un viaje a Buenos Aires en el que tiene una relación sexual con una extremeña llamada Blanca y aprovecha para dar una clase magistral de sexualidad:


El Eros de Oriente contempla que el hombre haga el amor con una vocación religiosa, moral, más que sexual, para provocar el mayor número posible de orgasmos a su compañera, gozando con ella de un unísono psíquico, mientras la eyaculación es considerada “una pequeña muerte”. El nirvana de los hindúes la extinción de sentir amorosamente a la mujer.

Fuente: sapino.it

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

07Abr, 2009

JAMES ELLROY; Mis rincones oscuros. 1ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 07 Abr 2009 - URL Permanente

El amigo James Ellroy me ha sacado del engaño. Yo era víctima de un prejuicio. Pensaba que los personajes de novela negra no tienen profundidad, que eran arquetipos, es decir: el policía borracho pero de buen corazón, la chica guapa y enamoradiza pero tonta etc.. Prefería leer otras novelas en busca de descripciones psicológicamente profundas.

Después de leer Mis rincones oscuros de James Ellroy (ZETA bolsillo, EdicionesB) pido público perdón a los amantes de este tipo de narrativa con los que tanto he discutido.

James Ellroy con casi 50 años decide investigar el asesinato de su propia madre y lo cuenta en este libro. Jean Ellroy es asesinada en 1958 cuando su hijo, el autor, tiene solo 10 años.

Este libro tiene 3 partes muy bien delimitadas: 1ª La investigación policial de la época, 1958, del asesinato. No se encuentra al culpable. 2ª la historia, contada en primera persona de la infancia y juventud de Ellroy, el autor. Y la 3ª La investigación que el autor y Bill Stoner, policía jubilado, emprenden 40 años después.

En la 1ª parte impresiona, y mucho, la frialdad con la que el autor cuenta los detalles de la labor policial y forense con el cuerpo sin vida de su madre:


El ayudante del forense cogió el bisturí y efectuó una profunda incisión de quince centímetros en el abdomen de la víctima. Abrió la incisión con los dedos, introdujo un termómetro en el hígado y midió una temperatura de treinta y cinco grados. Calculó que la muerte se había producido entre las tres y las cinco de la madrugada.

Si alguien sigue leyendo este “post” le ahorro las descripciones de índole ginecológico/sexual sobre el estado de la víctima. Al leer, en la segunda parte de la novela, la vida del autor se entiende esta forma de afrontar el asunto.

Mañana: más.

James Ellroy

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

05Abr, 2009

JOYCE CAROL OATES; Mamá.

Escrito por: corto-cortes el 05 Abr 2009 - URL Permanente

Así comienza Mamá de Joyce Carol Oates que Alfaguara publica en abril de 2009.


La última vez que ves a alguien y no sabes que será la última vez. Y todo lo que ahora sabes, ojalá lo hubieras sabido entonces... Pero no lo sabías, y ahora es demasiado tarde. Y te dices: «¿Cómo iba a saberlo? No podía saberlo».

Te lo dices.

Ésta es la historia de cuánto echo en falta a mi madre. Algún día, de una forma única, será también tu historia.

Día de la madre

Nueve de mayo de 2004. Uno de esos días de primavera contradictorios: muy soleados pero no muy cálidos.

(…)

En el 43 de Deer Creek, la casa de mis padres, en la que mamá vivía sola ahora que papá había muerto, había demasiados vehículos aparcados en la entrada y junto al bordillo.

El Land Rover de mi cuñado, el viejo Caddie negro de mi tía Tabitha, que parece un coche fúnebre; éstos eran previsibles, pero había otros, entre los que se encontraba un coche deportivo de color rojo carmín muy pegado al suelo que tenía forma de misil.

¿A quién conocía mamá que condujera semejante coche? Al diablo si quería conocerle. (Tenía que ser un él, por supuesto.) Mi madre siempre me estaba presentando a «solteros disponibles». Desde que yo estaba liada con un hombre no disponible.

Era muy propio de mamá invitar a personas ajenas a la familia el día de la Madre. Era muy propio de mamá invitar a su casa a personas que eran prácticamente extraños.

Aparqué al otro lado de la calle. Me había puesto a silbar. Era algo que parecía hacerme bajar la adrenalina, silbar cuando corría el peligro de sobreexcitarme. Mi padre silbaba

mucho cuando estaba en casa.

El día de la Madre: llevaba a mamá un regalo tan delicado, tan ligero, que parecía no pesar, sino estar recostado sobre mis brazos extendidos como algo dormido. Había pasado una media hora frustrante envolviéndolo en papel de aluminio con dibujos del arco iris, con cuerdas de múltiples colores entrecruzadas sobre el aluminio en lugar de cinta; yo tenía claro el aspecto alocado-divertido-extraño que quería darle al regalo, pero había tenido que conformarme con aquella mezcla de new age y jardín de infancia. Me había tomado medio día libre en el trabajo con la idea de encontrar un regalo apropiado para mi madre, que era un enigma para sus hijas adultas pues al parecer no necesitaba nada. Al menos, nada que nosotras pudiéramos ofrecerle.

[...]

—¡Ooooh, Nikki! ¿Qué has hecho con tu pelo?

Fue lo primero que me dijo. Antes de que hubiera cruzado el umbral y entrado en la cocina. Antes de abrazarme echándose atrás con aquella expresión suya de desconcierto.

Recordaría el modo en que la voz de mamá ascendió al pronunciar pelo como el grito que lanza un pájaro cazado en pleno vuelo.

Fuente: www.alfagura-santillana.es

Loredano

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

06Feb, 2009

MI FAMILIA Y OTROS ANIMALES; Gerald Malcolm Durrell

Escrito por: corto-cortes el 06 Feb 2009 - URL Permanente

ASÍ COMIENZA ESTE MARAVILLOSO LIBRO DE DURRELL:


"Esta es la historia de cinco años que mi familia y yo pasamos en la isla griega de Corfú. En principio estaba destinada a ser una descripción levemente nostálgica de la historia natural de la isla, pero al introducir a mi familia en las primeras páginas del libro cometí un grave error. Una vez sobre el papel, procedieron de inmediato a tomar posesión de los restantes capítulos, invitando además a sus amigos. Sólo a través de enormes dificultades, y ejercitando considerable astucia, logré reservar aquí y allí alguna página que poder dedicar exclusivamente a los animales.
En el texto que sigue he intentado dibujar un retrato de mi familia preciso y ajustado a la realidad; aparecen tal como yo los veía. Para explicar, empero, algunos de sus rasgos más curiosos, debo señalar que cuando fuimos a Corfú todos éramos aún bastante jóvenes: Larry, el mano mayor, tenía veintitrés años; Leslie, diecinueve; Margo, dieciocho; y yo, el benjamín, me hallaba en la tierna e impresionable edad de los diez años. De la de mi madre no hemos estado nunca muy seguros, por la sencilla razón de que no recuerda su fecha de nacimiento; todo lo que sé decir es que era lo bastante mayor como para tener cuatro hijos. Mi madre también insiste en que explique que es viuda, porque según su sagaz observación, nunca se sabe lo que puede pensar la gente."

Compartir

  • Eskup
  • Tuenti
  • Meneame
  • Bitacoras
  • iGoogle
  • My Yahoo
  • My Live

Contacto:
casa.almohada@gmail.com

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

Texto

Para contactar directamente con Corto:
casa.almohada@gmail.com