22Oct, 2009
LEV TOLSTÓI; Amor al prójimo y felicidad.
En las novelas de Tolstoi (Yásnaia poliana, Rusia, 1828 – 1910) hay numerosas e intencionadas lecciones morales. En algunos casos se convierten en auténticas reflexiones filosóficas. Leyendo sus diarios (1847 -1894), Acantilado, entiendes la procedencia de tales sermones.
Desde que empieza a escribir sus diarios con 17 años hasta su muerte el asunto del Amor al prójimo y la relación con Dios son los temas principales. En tercer lugar se sitúa su trabajo y a continuación las relaciones con su esposa y las mujeres en general.
El autor de Guerra y paz vivió en continua ansiedad y se repetía a si mismo que para ser feliz hay 1º que amar al prójimo, 2º trabajar insistentemente ( llegó a segar sus campos y a coser botas) y 3º buscar la verdad.
A pesar de tan buenas intenciones no llegó a alcanzar esa ansiada felicidad. Lo cuenta Maxim Gorka en su libro Recuerdos de Tolstói, Chejov y Andreiev 1935 editorial NORTESUR:
Pag 53.
Pero él nunca estuvo bien, nunca y en ninguna parte, estoy convencido: ni sumergido “en libros de sabiduría”, ni “a lomos de un caballo”, ni “sobre un pecho de mujer” experimentó de pleno los placeres del “paraíso terrenal”. Es demasiado cerebral para ello y conoce demasiado bien la vida y a los hombre. Valgan como prueba otras palabras suyas: “El califa Abderramán contó catorce días felices en su vida, mientras que yo, seguramente, no sumaría tantos. Y todo porque nunca he vivido –no se hacerlo- para mí mismo, para mi alma, sino derrochándome en los otros”
De estas palabras de Tolstói recogidas por Gorki podría parecer que el genio ruso estaba convencido de que amaba al prójimo como él mismo se imponía. Su hijo no estaba de acuerdo.
En los diarios de Tolstói en su entrada del día 4 de junio de 1884 cuenta una discusión con su hijo mayor “Seriozha”. El padre argumenta que el escepticismo conduce a la infelicidad si el hombre no vive de acuerdo con sus ideales. Acusa al hijo directamente de eludir sus responsabilidades y este arremete contra el escritor acusándolo de no hacer nada, de solamente hablar.
Escribe Tolstói a continuación (pag. 263):
Esto me ofendió de manera muy dolorosa. Es igual que su madre, malo e insensible. Me hizo mucho daño.
Más adelante en el año 1899, ya con 61 años, escribe Tolstói en sus diarios (pag. 331):
28 de noviembre. Leí que la vida es amor, y que cuando la vida es amor, es gozo, bienestar. Sí, al parecer todo lo que se necesita, lo único que se necesita es amar, saber amar, acostumbrarse a amar a todo el mundo siempre, desacostumbrarse a no amar a quien quiera que sea en su presencia o en su ausencia. Pensé: pero si esto es algo que yo sé, he escrito al respecto, se supone que creo en eso. ¿Por qué no lo hago? ¿Por qué no vivo solo de eso? La vida que llevo, toda, no es sino un tâtonnement (marcha a tientas) y lo que hay que hacer es basar toda la vida firmemente en esto: buscar, desear, hacer una sol cosa –el bien a los hombres-, amar e incrementar en ellos el amor, y disminuir en ellos la falta de amor.
La explicación la termina ofreciendo 36 años después Gorki, que tuvo la suerte de compartir muchas jornadas con el autor de Anna Karenina, en su libro Recuerdos de Tolstói, Chejov y Andreiev 1935 editorial NORTESUR:
Pag. 56, refiriendose a Tolstói:
Él es un hombre que busca a Dios no para sí mismo, sino para los demás, para que lo dejen a él, al hombre, en la tranquilidad del desierto que ha elegido.
La conclusión de Gorki es durísima. En el fondo, como artista y genio, Tolstói no soportaba a la gente “vulgar”, que para él eran casi todos. Piensa que nadie está a su altura. Los otros lo aburren soberanamente y lo que quiere es que lo dejen solo. Lo más triste es que solo tampoco es feliz.

14Oct, 2009
SOFIA ANDRÉIEVNA TOLSTAYA; Victima del Gran Hombre.
Leo con creciente interés los diarios de Lev Toltói, Diarios (1847 -1894), editorial Acantilado. En la década de 1880, cuando el gran escritor ruso ya ha publicado sus dos obras cumbre, Guerra y Paz y Anna Karenina, y ha conseguido la tan deseada gloria literaria, las entradas en sus cuadernos denotan una ansiedad cercana a la depresión. Las disputas y desencuentros con su mujer y su hijo mayor son continuos.
El día 3 de mayo de 1884 escribe:
…encontré una carta de mi esposa. Pobre, ¡cómo me odia! Señor, ayúdame. Si es necesaria una cruz, pues una cruz que me aplaste, que me destroce. Pero estos tirones del alma son espantosos, no solo pesados y dolorosos, sino difíciles. ¡Ayúdame!
El 7 de Julio de 1884 escribe:
Ella seguirá siendo hasta mi muerte una rueda de molino atada a mi cuello y al de los niños. (…) debo aprender a no ahogarme con una piedra al cuello.
El día 18 de Julio de 1884, después de que su mujer de a luz al último de sus 13 hijos que moriría de tuberculosis pocos años después, escribe:
Si alguien dirige los actos de nuestra vida, quiero hacerle un reproche. Esto es demasiado duro y despiadado. Despiadado con respecto a ella. Veo que a una velocidad vertiginosa se dirige a su ruina y a sufrimientos morales espeluznantes.
Muchos analistas de la vida y obra de Tolstói describieron a su esposa como una desequilibrada que perjudicó al escritor. Vladimir Chertkov (1854-1936), amigo y secretario del escritor, que fue conocido como el líder de los tolstoistas, llega a acusar a Sonia Tolstoya de ser la causante de la muerte de su esposo.
Tengo la suerte de tener en mi mesilla de noche, junto a los diarios del padre de las letras rusas, el libro de Gorki Recuerdos de Tolstói, Chejov y Andreiev, 1927 editado por NORTESUR en 2009. La parte dedicada a Tolstói ocupa casi la mitad del libro y se divide en tres secciones. La 1ª son anotaciones breves sobre el maestro, la 2ª una larga carta, que en realidad es un artículo largo, provocado por la huida y muerte del habitante de Yasnaia Polaina. Y la 3ª es una defensa de Sofía Andréieva Tolstaya, esposa del escritor a la que se criticó como la mala de la película.
En la página 95 escribe:
Ser el único amigo íntimo de Lev Tolstói, su mujer, la madre de sus numerosos hijos y la señora de su casa es, indiscutiblemente, un papel difícil y de gran responsabilidad. ¿Es posible negar que Sofia Tolstaya ha vista y ha comprendido mejor y más profundamente que nadie hasta que punto un genio se siente agobiado y angustiado en la atmósfera de la vida cotidiana, en la frecuentación de gente insustancial? (…) Convivir con un escritor que revisa hasta 7 veces las pruebas de un libro, y que en cada ocasión lo reescribe casi por entero, en un estado de dolorosa enervación que obliga a compartir con los suyos; convivir con el creador de un mundo inmenso que no existía con anterioridad a él…¿Seríamos capaces de comprender todas las inquietudes de una existencia tan extraordinaria?
Gorki pide un respeto para la mujer que convivió con un genio tan difícil de tratar. Además acusa a un montón de supuestos seguidores del maestro de oportunistas y manifiesta que solo Sofia Tolstaya fue capaz de preservar la obra del escritor de tales malas influencias.
Sofia Andréieva Tolstaya intentó suicidarse al final de su vida. Debía estar totalmente agotada.

Tolstói y Gorki.
Fuentes: espaidellibres.files, Acantilado, Nortesur.
06Oct, 2009
TOLSTÓI; y la religión.
Tolstói (1828-1910) no dejó, durante toda su vida, de preguntarse sobre la existencia de dios. El escritor ruso fue un hombre muy inteligante y honesto en sus reflexiones y convicciones. En toda fe religiosa hay un salto en el vacío que la RAZÓN no respalda. Ese agujero de la razón lo resuelve Tolstói con la necesidad de dar un sentido a la vida y aceptando la inferioridad de la inteligencia human para comprender la divinidad.
En 1874 en una hoja suelta que con buen criterio Selma Ancira (editora y traductora) ha incluido en sus diarios (editados por Acantilado) escribe:
Tras haber vivido casi 50 años, me he convencido de que la vida terrenal no tiene nada que ofrecer y todo hombre inteligente que considere la vida terrenal con seriedad - los trabajos, los miedos, los reproches las luchas- acabará preguntándose: ¿por qué?, por una locura; ese hombre se levantará la tapa de los sesos y Hartmann y Schopenhauer tendrán razón. Pero Schopenhauer ha permitido sentir a la gente que hay algo que le impide suicidarse. El objetivo de mi libro es justamente ese algo. ¿Qué nos hace vivir?. La religión.
La editorial Nortesur acaba de editar el libro del escritor ruso Maxim Gorki (1868-1936) Recuerdos de Tolstói, Chejov y Andréiev 1927. En este volumen Gorki al que se consideró el gran escritor de la revolución rusa relata sus encuentros con estos monstruos de las letras.
En la pagina 18 escribe Gorki sobre Tolstói:
En su diario, que me dejó leer, me sorprendió un aforismo extraño: "Dios es mi deseo".
Hoy al devolverle el cuaderno, le he preguntado qué era aquello.
- Un pensamiento inacabado -dijo mirando la página con los ojos entornados- Tal vez quise decir: Dios es mi deseo de concebirlo... No, no es esto...
Se rió, enrolló la libreta y la guardó en el ancho bolsillo de su blusa. Sus relaciones con Dios son muy confusas, pero a veces me recuerdan las de "dos osos en la misma madriguera".
Más adelante, en la página 41, cita Gorki una reflexión de Tolstói:
¿Qué significa saber? Sé que soy Tolstói, que soy escritor, que tengo una mujer, hijos, el pelo canoso, la cara fea y con barba: todo esto lo refleja mi pasaporte. No dice nada en cambio de mi alma. Del alma solo se una cosa: que ansía la cercanía de Dios. ¿Y qué es Dios? Es aquello de lo que mi alma forma parte. Y ya está. A quien ha aprendido a reflexionar le cuesta creer, pero vivir en Dios solo es posible a través de la fe. Tertuliano dijo: "El pensamiento es el mal".
Recuerdo ahora cuando en su novela Guerra y Paz el príncipe Pierre Bezujov, lleno de dudas existenciales después de batirse en duelo, se encuentra en una posada del camino entre San Petersburgo y Moscú al que luego sería su maestro en la masonería. Este, ante su falta de fe religiosa, le dice al príncipe que como pretende con su mente humana comprender a Dios. Además le sugiere que primero debe limpiar su alma de egoismo y solo cuando realmente ame se pregunte de nuevo por Dios.
Un amigo mio, con dudas de fe, consultó con un cura. Este le respondió que por eso se le llama fe. Si se pudiera tener la certeza de la existencia de Dios entonces se llamaría de otro modo.

Fuentes: Acantilado, Nortesur.
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