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22Jun, 2011

HITCH-22; Las memorias de Christopher Hitchens

Escrito por: corto-cortes el 22 Jun 2011 - URL Permanente

Hace algo así como 10 años leí un libro de Christopher Hitchens que me sorprendió mucho. Se titulaba Juicio a Kissinger. Lo publicó en castellano Anagrama en 2002, pero yo lo leí antes en portugués, en una edición que compré en el aeropuerto de Sao Paulo. Yo entonces pensaba, como la mayoría de los habitantes informados de la tierra, que Henry Kissinger era un buen hombre, un buen político. No obstante le habían concedido el premio Nobel de la paz. En aquel libro Hitchens acusaba a Kissinger nada más y nada menos que de criminal de guerra internacional. Desde entonces Hitchens ha cambiado en muchas ocasiones de opinión. Hoy ya no es el marxista radical que fue hace 30 años pero sigue siendo honesto, guste o no lo que diga. En la revista Vanity Fair americana se pueden leer mensualmente sus reflexiones y acaba de editarse en España su libro de memorias con un ingenioso título que es un homenaje a aquella gran novela Catch-22 de Joseph Heller. Poco tiempo después de la publicación en inglés de estas memorias el autor fue diagnosticado de cáncer.

Un extracto del prologo de estas memorias:

Delante de mí tengo una hermosa edición de Face to Face, la elegante revista que reciben los socios de la National Portrait Gallery de Londres. Contiene los habituales anuncios de futuros actos y exposiciones. La página que ha atraído y atrapado mi mirada es la que llama la atención sobre una exposición que empieza el 10 de enero de 2009, titulada «Martin Amis y amigos». La muestra presentará la obra de una talentosa fotógrafa llamada Angela Gorgas, que fue amante de Martin entre 1977 y 1979. En la página hay una fotografía hecha en París en 1979. Muestra, de izquierda a derecha, a mí, a James Fenton y a Martin, apoyados en una balaustrada que domina la ciudad de París. Recuerdo bien el momento: fue tras una comida decente en algún lugar de Montmartre y mirábamos la horrible arquitectura de tarta de bodas del Sacré Coeur por encima de los torneados hombros de Angela. (Quizá eso explique la expresión dispépsica de mi rostro.) En el texto que acompaña la imagen, aparentemente escrito por Angela, figura la siguiente frase sobre la ocasión en que conoció por primera vez al cautivador joven Amis:

“Martin era director literario del New Statesman, donde trabajaba con el difunto Christopher Hitchens y Julian Barnes, que estaba casado con Pat Kavanagh, por entonces agente literaria de Martin.”

Así que ahí está, negro sobre blanco, la expresión fea y sin adornos que un día será indiscutiblemente cierta. No está al alcance de todo el mundo leer sobre su propia muerte, y menos cuando se anuncia de pasada y con un tono tan flemático. En el momento en que escribo estas líneas, en los meses finales de 2008, tras haber recibido esta nota de recuerdo del futuro, ese futuro todavía contiene la inauguración de la exposición y la publicación de estas memorias.

(...)

En algunos sentidos, la fotografía que me muestra con Martin y James es del «difunto Christopher Hitchens». En todo caso, es de otra persona, o de alguien que en realidad no existe en la misma forma corpórea. Las células y moléculas de mi cuerpo y cerebro se han sustituido y han disminuido (respectivamente). El joven relativamente esbelto que miraba el futuro se ha metamorfoseado en una persona bastante corpulenta que sabe, con pena pero también con resignación, que cada día representa cada vez más y se sustrae de cada vez menos. Mientras escribo estas palabras, tengo exactamente el doble de la edad del chico de la imagen. El placer ocasional del paso de los años —mirar hacia atrás y reflexionar sobre lo lejos que ha llegado uno— es rápidamente modificado por la idea que surge inmediatamente después, sobre el relativo poco tiempo que queda. Siempre supe que había nacido en una lucha que iba a perder, pero ahora lo «sé» de una forma más objetiva y subjetiva que entonces. Cuando el obturador se cerró en París esperaba y trabajaba por el derrocamiento del capitalismo. Cuando me senté a escribir esto, después de que con el capitalismo me fuera algo mejor de lo que nunca esperé, los mercados financieros se habían desplomado, casi el mismo día en que cumplía cincuenta y nueve años y medio, y por tanto podía utilizar mis «fondos para la jubilación» administrados por Wall Street. Mi viejo marxismo regresó mientras contemplaba el «trabajo muerto» que se había acumulado en esa cuenta, lo veía despilfarrado en una victoria del capital financiero sobre el capital industrial, observaba la vieja dicotomía entre valor de uso y valor de cambio, y veía de nuevo la victoria de los monopolistas que «hacen» dinero sobre aquellos que solo tienen el poder de ganarlo. Decididamente, era interesante encontrarme actuarialmente extinto en el último trimestre del mismo año que también me había «eliminado» desde un punto de vista más literario y artístico.

(...)

Jano es el nombre que dieron los romanos a la deidad tutelar que vigilaba las puertas y, por tanto, miraba hacia los dos lados. Las puertas de sus templos se mantenían abiertas en tiempos de guerra, el momento en que las ideas de la contradicción y el conflicto reinan con más naturalidad. Las guerras más intensas son las guerras civiles, del mismo modo que los conflictos más vívidos y desgarradores son internos, y lo que espero hacer a continuación es dar una idea de cómo es luchar en dos frentes al mismo tiempo, intentar mantener ideas opuestas vivas en la misma mente e incluso mostrar dos caras distintas al mismo tiempo.

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08Mar, 2011

CLAUDE LANZMANN; Memorias

Escrito por: corto-cortes el 08 Mar 2011 - URL Permanente

Gracias a Arcadi Espada he empezado a leer las memorias de Claude Lanzmann que Seix Barral acaba de publicar en castellano con el título La liebre de la Patagonia. Este señor, que nació en Francia en 1925, ha sido héroe de la resistencia contra los nazis con 17 años, director de la revista Les temps modernes de Sartre, amante de Simone de Beauvoir y director de películas, la más conocida , de 8 horas de duración, Shoah, el mejor documento gráfico sobre el Holocausto. Un hombre de acción. Por esos motivos empecé a leer este libro. Avanzando en la lectura me entero de que los padres de Lanzmann se casaron sin apenas conocerse y tuvieron muy mala relación desde el primer día. Lanzmann recuerda cuando, teniendo él 7 años, una noche vio a su padre sentado delante de la puerta de entrada a su casa con un cuchillo de cocina en la mano. Esperaba a su madre. Cuando esta entró le dijo: “Eres un cobarde, no te atreves a utilizarlo”. El padre dejo el cuchillo, saco un revolver y disparó en otra dirección. Lanzmann recuerda lo que costó tapar los agujeros que dejaron las balas. Otro día su padre, a empujones y cogiéndola por el pelo, intenta hacer entrar en casa a su madre. Ella se resiste, consigue zafarse del hombre y sale corriendo. En aquella época, cuando estos terribles hechos ocurrieron, Lanzmann tenía 7 años, su hermano Jacques 6 y su hermana Evelyne 4. Cuando dos años después, a la vuelta del colegio, se encontró la casa vacía y una nota manuscrita de su madre diciendo que no podía aguantar más, que se marchaba, el pequeño Claude sintió alivio en lugar de pena. Aquello fue un descanso porque tal como iban las cosas temía que acabaran en un asesinato o en un suicidio. La madre le dijo en numerosas ocasiones, durante su vida adulta, que un día le contaría como empezaron aquellas peleas con su padre. “Al final de su vida cumplió su amenaza” escribe. Él, según relata, ya sospechaba lo que su madre le iba a contar. Parece ser que la noche de bodas el padre después de desvirgarla intentó sodomizarla. Es impactante que el autor, de manera implícita, disculpe a su progenitor diciendo que muchas mujeres siguen siendo unas mojigatas por no aceptar otra forma de practicar el sexo que la conocida como la postura del “misionero”. Unas páginas más adelante, como de pasada, cuenta que su hermana, la que imaginas, por su edad, menos consciente de las peleas familiares, se suicidó a los 34 años.

Estoy en la pagina 114 y resulta que me aburro con las descripciones de las acciones de guerrilla contra los nazis y me interesa más conocer las consecuencias psicológicas que la mala relación de sus padres tuvieron sobre su personalidad, su carácter y sus relaciones amorosas. ¿Qué culpa tuvo esa falta de amor en el suicidio de la hermana? Lanzmann no escribió estas memorias sino que las dictó. Esta forma de componer su historia tiene la desventaja del desorden cronológico que a veces sufre el lector, pero tiene la ventaja de la espontaneidad; Parece, por lo que llevo leído, que Lanzmann deja fluir libremente lo que hay en su cabeza, tal como lo recuerda y da la impresión de que corrige o censura poco. Esto, unido a que a los 85 años conserva intactas sus facultades mentales, me lleva a pensar que más adelante encontraré reflexiones sobre los efectos en su propia vida de aquellas graves desavenencias conyugales de sus padres.

Seguiremos informando.

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14Feb, 2011

MARK TWAIN; Autobiografía

Escrito por: corto-cortes el 14 Feb 2011 - URL Permanente

Mark Twain (1835-1910), (realmente se llamaba Samuel Langhorne Clemens), pidió que sus memorias no se publicasen hasta 100 años después de su muerte. Sus herederos no le hicieron caso y publicaron (en 1924, 1940 y 1959) versiones censuradas o mutiladas de sus escritos. Ahora se publican en su integridad. El primer volumen está cosechando gran éxito en los EEUU. Es este extracto que publica La nación se puede leer el relato de un divertido incidente matrimonial:

Viernes 9 de febrero de 1906

El comentario de Susy sobre mi lenguaje subido de tono me perturba [...]. Durante los primeros diez años de mi vida de casado, mantuve un discreto y constante control de mi lengua mientas estaba en la casa, y salía y recorría cierta distancia cuando las circunstancias me excedían y me obligaban a buscar alivio. Atesoraba el respeto y la aprobación de mi esposa muy por encima del respeto y la aprobación del resto de la raza humana. Temía el día en que ella descubriera que yo no era más que un sepulcro blanqueado, cargado de lenguaje reprimido. Durante diez años fui tan cuidadoso que no dudaba de que mi represión era exitosa. Por lo tanto era casi tan feliz con mi culpa como si hubiera sido inocente.

Pero finalmente un accidente me dejó al desnudo. Una mañana fui al baño a arreglarme, y por descuido dejé la puerta entornada unos centímetros. Era la primera vez que no tomaba la precaución de cerrarla correctamente. Conocía perfectamente la necesidad de hacerlo sin falta, porque afeitarme siempre era para mí un verdadero suplicio que me ponía a prueba, y rara vez podía superarlo sin recurrir a alguna manifestación verbal. Esta vez me encontraba desprotegido, sin siquiera sospecharlo. No tuve problemas extraordinarios con mi navaja en esa ocasión, y pude arreglármelas tan sólo con refunfuños y gruñidos indecorosos, pero que no eran ruidosos ni enfáticos... nada de exclamaciones ni aullidos. Después me puse una camisa. Mis camisas son un invento mío. Están abiertas atrás, y allí se abotonan... cuando tienen botones. Esta vez el botón faltaba. Mi temperamento ascendió varios grados en un segundo, y mis comentarios subieron de tono de manera acorde, tanto en volumen como en vigor de expresión. Pero no me preocupé, porque la puerta del baño era sólida y supuse que estaba bien cerrada. Abrí la ventana de un tirón y arrojé la camisa afuera. Cayó sobre los arbustos, donde la gente en camino hacia la iglesia podría admirarla si lo deseaba: había tan sólo unos quince metros de hierba entre la camisa y los transeúntes. Todavía gruñendo como un trueno distante, me puse otra camisa. También le faltaba el botón. Subí los decibeles de mi lenguaje para enfrentar la emergencia, y arrojé la nueva camisa por la ventana. Estaba demasiado furioso -demasiado enloquecido- para examinar la tercera, así que directamente me la puse con gran irritación. Una vez más le faltaba el botón, y la camisa salió por la ventana detrás de sus camaradas. Luego me incorporé, reuní todas mis reservas, y solté la lengua como en una carga de caballería. En medio de mi gran ataque, advertí la puerta entreabierta y quedé paralizado.

Me llevó un buen rato terminar mi arreglo personal. Alargué ese tiempo innecesariamente tratando de decidir qué era lo mejor que podía hacer dadas las circunstancias. Traté de concebir la esperanza de que la señora Clemens estuviera dormida, pero sabía que no era así. No podía huir por la ventana. Era angosta y sólo adecuada para que salieran las camisas. Finalmente, tomé la decisión de entrar despreocupada y descaradamente al dormitorio con el aire de una persona que no ha hecho absolutamente nada. Recorrí con éxito la mitad del trayecto. No dirigí la mirada hacia ella, porque eso no me daba seguridad. Es muy difícil dar la apariencia de que uno no ha hecho nada cuando los hechos son exactamente opuestos, y a medida que avanzaba sentía que mi confianza se evaporaba. Apunté hacia la puerta de la izquierda porque era la que estaba más lejos de mi esposa. Nadie la había abierto desde el día que se construyó la casa, pero ahora me parecía un refugio providencial. La cama era esta misma en la que ahora estoy acostado, y dictando estas historias cada mañana con total serenidad. Era este mismo armazón veneciano elaboradamente tallado -el más cómodo que existió nunca, con espacio suficiente para toda una familia, y cantidad de ángeles tallados en sus columnas espiraladas y su cabezal y su listón a los pies para dar tranquilidad y sueños placenteros a los durmientes-. Tuve que detenerme en la mitad de la habitación. No tenía la fuerza necesaria para seguir adelante. Creía estar atravesado por una mirada acusadora... y que incluso los ángeles tallados me traspasaban con ojos poco amigables. Todos conocen la sensación que se tiene cuando uno está convencido de que, a sus espaldas, alguien lo mira con fijeza. Hay que volver el rostro... nadie puede evitarlo. Yo me volví. La cama estaba colocada tal como está ahora, con los pies donde debería estar la cabecera. Si hubiera estado colocada como debería, la altura del cabezal me hubiera protegido. Pero el listón de los pies no era suficiente protección, porque me dejaba al descubierto. Estaba expuesto. Completamente desprotegido. Me volví porque no pude evitarlo... y mi recuerdo de lo que vi aún es vívido después de todos los años transcurridos.

Sobre las almohadas vi la cabeza negra... vi esa cara joven y bella, y vi en esos hermosos ojos algo que nunca antes había visto. Centelleaban y relampagueaban con indignación. Sentí que me desmoronaba. Sentí que me reducía a la nada bajo esa mirada acusadora. Permanecí en silencio ante ese fuego desolador durante casi un minuto, diría... Pareció un tiempo muy, muy largo. Después los labios de mi esposa se separaron, y de ellos brotó... el último comentario que yo había hecho en el baño. El lenguaje era perfecto, pero la expresión era aterciopelada, poco práctica, como de aprendiz, ignorante, inexperta, cómicamente inadecuada, absurdamente débil y totalmente incompatible con ese gran lenguaje. Nunca en mi vida había escuchado algo tan desafinado, tan poco armonioso, tan incongruente, tan inapropiado como esas poderosas palabras cantadas al son de una música tan débil. Traté de no reírme, porque era una persona culpable que necesitaba con urgencia piedad y clemencia. Traté de no soltar la carcajada, y lo logré... hasta que ella dijo, con la mayor gravedad: "Ahí tienes, ahora sabes cómo suena".

Entonces estallé; el aire se llenó de mis fragmentos, y se los oía pasar zumbando. Dije: "¡Oh, Livy, si suena así jamás volveré a hacerlo!"

Y entonces ella también rompió a reír. Ambos nos convulsionamos de risa y seguimos riéndonos hasta que estuvimos físicamente exhaustos y espiritualmente reconciliados.

Traducción: Mirta Rosenberg

Más información en ADN Cultura

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09Dic, 2010

TENNESEE WILLIAMS; Diarios y locura.

Escrito por: corto-cortes el 09 Dic 2010 - URL Permanente

Hace unos años leí las memorias (editadas por Bruguera) del dramaturgo Tennesse Williams. Me pareció un libro divertido y muy interesante. Williams relataba fríamente y con poco detalle el alcoholismo de su padre, la locura de su hermana Rose y sus problemas con las drogas y la depresión. Se detenía, sin embargo, al contarnos sus viajes, sus relaciones con los artistas de Hollywood, su trabajo de escritor y sus amores. Sobre la enfermedad mental de su hermana llega a bromear:

Pág. 70

A mi regreso a casa, Rose sufrió su primera crisis mental de carácter manifiesto…

La recuerdo entrando en mi pequeño dormitorio y diciendo: “Muramos todos juntos.”

La proposición no me seducía en lo más mínimo.

Pág. 376

Williams comenta a su hermana, ya una mujer madura, un posible viaje a Inglaterra y bromea diciéndole que puede presentarle a la reina.

Rose contestó: “ La reina de Inglaterra soy yo.”

Imagino que cuando se vive en un mundo de ensueño resulta agradable ser su reina.

Rose adopta a menudo un aire majestuoso que parece completamente natural. Cuando entra en un restaurante saluda con la mano o cumplimenta con un breve cabeceo a desconocidos.

Esta noche reclamaban especialmente su atención los niños con que nos cruzábamos en nuestro corto paseo por el parque. Los saludaba gozosa con la mano, y ellos le correspondían.

- ¿Quién era ese chiquillo Rose?

- Mi hijo –me respondió.

(¿El heredero de la corona de Inglaterra?)

(…)

Y ¿he mencionado su actual convencimiento de que mamá (¿la reina madre?) se encuentra entre los pacientes de Stoney Lodge (sanatorio mental de Rose)? Tatiana dice que al encontrarse con esa madre inventada le da una palmadita en la espalda y saluda: “Hola mamá.” Y sin recibir respuesta ni esperarla, continúa su camino.

Williams no estaba frivolizando, solo, siendo educado. La educación es hacer la vida fácil a los demás. T. W. tuvo una vida muy dura y por educación y elegancia intentaba que el lector de sus memorias no reviviera los desagradables momentos que sembraron su vida. Utilizo “sembraron” con toda la intención porque esos traumas lo llevaron, o mejor lo obligaron, a escribir sus maravillosas obras de teatro: “Un tranvía llamado deseo”, “La gata sobre el tejado de zinc caliente” y “El zoo de cristal” son algunos ejemplos.

Como hace 2 días dijo Mario Vargas Llosa en Estocolmo, se escribe para poner un orden en el caos que es la vida. T. W. es uno de los mejores ejemplos. Margaret, la gata, de su obra de teatro“La gata sobre el tejado…” lo dice muy claramente en el primer acto:


Cuando algo se te graba en la memoria o en la imaginación, la ley del silencio no sirve, es como cerrar con lave la puerta de una casa en llamas. Para olvidar que está ardiendo. El fuego no se apaga si no nos enfrentamos a él. Silenciar una cosa solo la magnífica. Crece y se enquista con el silencio se vuelve maligna…

En mi querida librería Robinson Crusoe 389 (C/ Istiklal, Istanbul) encontré hace dos semanas una joya. Se trata de la edición de los diarios de Tennesse Williams. Con el título de Notebooks la editorial Yale University Press publicó (en Ingles) el trabajo de Margaret Bradham Thorton.. En más de 800 páginas Margaret transcribe los diarios y en sus 1090 notas nos ayuda a entender todas y cada una de las entradas situándolas histórica y biográficamente. La Sra. Thorton rescata abundantes fotos y cartas que amplían información sobre lo que, de puño y letra, escribió T.W. en sus cuadernos. La primorosa edición además nos regala, en muchas páginas, las frases originales que el dramaturgo garabateo con esa letra tan personal.

En unas memorias se pueden suavizar ciertas cosas, en un diario se escribe a bocajarro, en caliente. T.W. pone blanco sobre negro sus sentimientos y traumas según le salen de su subconsciente. El dramaturgo no se preocupaba de si aquello lo iba a leer alguien. Sus cuadernos eran una forma de desahogo como lo eran sus obras teatrales, la pintura, el sexo y la natación, todo lo cual practicaba por necesidad: Había que sacar fuera toda aquella ansiedad.

La enfermedad mental de Rose, su hermana es, en mi opinión, lo que más marcó psicológicamente a T. W.:

En la nota 65 pág.40:

Rose Isabel Williams (1909-96) la hermana de T. W. era mayor que él solo 16 meses. De niños estuvieron muy unidos. Desde su adolescencia mostró signos de depresión profunda y conducta errática. Aunque empezó a ver a psiquiatra en 1930 su conducta no mejoró. Con la enfermedad su relación con T.W. se deterioró. Como T.W. también tenía una relación difícil con su padre. Diagnosticada en 1937 con Demencia precoz (termino con que se empezó a llamar lo que ahora conocemos como Esquizofrenia) Rose fue sometida a tratamiento de Shock con Insulina y a lobotomía prefrontal en 1943. Rose estuvo internada toda su vida. T.W. intento, en las temporadas de mejoría, llevarla a vivir con él.

T. W. basó muchos de sus personajes en su hermana: La Blanch de “Un tranvía llamado deseo” y Hannah de “La noche de la Iguana” son los ejemplos más conocidos.

En la nota 294 de la pág. 176 se transcribe un informe médico sobre Rose de agosto de 1939:


No trabaja. Manifiesta manía persecutoria. Sonríe cuando cuenta los complots que organizan contra ella para matarla. Hable de forma libre y con un discurso irrelevante. Tiene alucinaciones auditivas. Se masturba con frecuencia y presenta delirios somáticos, los cuales tienen una explicación sexual. Su memoria ara recuerdos remotos es nula. Buen apetito. Bien alimentada.

El lunes 25 de enero de 1937 pág. 73 (T.W. tiene 25 años) escribe:

Tragedia. Escribo esta palabra conociendo todo el significado que tiene. No tenemos muertes en nuestra familia pero poco a poco esta ocurriendo algo mucho más feo y terrible que la muerte. Ahora ya no tenemos más remedio que verlo, que reconocerlo. Solo pensarlo me produce un dolor sordo. ¡Un horror!

Tengo exámenes finales pero no puedo estudiar. Su (se refiere a su hermana) presencia en casa es un …Ahora debo dejar de escribir y empezar a estudiar Griego. Oh, por supuesto, el Griego es tan importante justo ahora.

En la nota 115, que se refiere a la entrada de ese día, la editora nos cuenta que T.W. escribe bajo el efecto de los problemas que su hermana está ocasionando por su estado mental. Sus padres, intentando que mejore, la han mandado a casa de la tía Ella a pasar las navidades. A la vuelta debieron pasar toda la noche en la estación debido a las inundaciones y eso ha alterado mucho a Rose.

El mismo día 25 de enero de 1937 Edwina (la madre de T.W.) le cuenta a sus padres la situación en una carta:

…La última vez que la llevé al Dr. Alexander le dijo que lo que necesitaba era casarse. Ha estado desvariando con el asunto del “sexo” desde entonces. Anoche pasé mucha vergüenza cuando Tom (T.W) y Dakin (hermano pequeño) tuvieron que escuchar todo aquello que Rose dijo. Se pusieron tan nerviosos que no sé cómo van a afrontar los exámenes finales que tienen esta semana.

(…)

Vivir en la misma casa con Cornelius (padre de T. W.) ya es bastante duro. Vivir con los dos (Cornelius y Rose) bajo el mismo techo es terrible y podría terminar ocurriendo algo irremediable.

En otra carta fechada el 11 de mayo de 1937, Edwina (nota 162 pág. 90) cuenta a sus padres una de las visitas que hizo con T.W. al sanatorio a ver a Rose. Edwina cuenta que la impresión que aquello causó en Tom fue tan dura que teme que pueda acabar como Rose y manifiesta que no podría soportar tener a dos de sus hijos allí dentro.

T. W., a su vez, temía terminar como su hermana.

El día 13 de junio de 1937 escribe:


Hoy quería haber ido a nadar pero mi madre me recordó que tengo la nariz magullada. Cabreado y aburrido. Me pregunto si terminaré como Rose. Dios lo prohíba. Mi obra va mal. ¿Es que nunca conseguiré escribirla? Debo dar un largo paseo esta tarde e intentar recobrar mi aplomo espiritual. Al menos hoy no hay “blue devils” (se puede referir a la tristeza).

El día 24 de junio de 1937 se confirma el diagnostico de Rose como enferma mental.

Escribe ese día T.W.:

Si yo fuera capaz de mantener mi equilibrio mental me podría considerar un hombre afortunado.

Me pregunto cómo conseguiré sobrevivir este verano. ¿Con el mismo viejo método de compromiso y evasión?

El miércoles 17 de noviembre de 1938 escribe:

Visité el sanatorio y vi a Rose. Ella esta como medio dormida. Estaba tranquila y se sentó con nostros en una habitación soleada llena de flores. Contestaba “si” a todo lo que le preguntábamos, parecía confundida. Algunas veces sus ojos se llenaban de lágrimas, igual que los míos. Solo aquel perrito la mantenía pendiente. De golpe dıjo: “! No me puedo creer que esté vivo! Se refería al perrito. Supongo que aquella expresión se debe a que ella sempre ha estado preocupada por su merte. Extraño, triste.

No he visto a nadie últimamente –una vida un tanto sonámbula- ¡Quizás tengo algo de la enfermedad de mi hermana?!

El miércoles 20 de diciembre de 1939, pág. 177, escribe:


He visitado a Rose en el sanatorio –¡horrible, horrible! Habla de forma tan obscena – se rie y dice obscenidades continuamente. Mi madre insistió en que entrase, aunque estaba asustado y quería quedarme fuera. El doctor nos dijo que no había esperanza que lo único que podía ocurrir era que empeorase. Fue una prueba terrible, sobre todo desde que temo ese mismo fin para mi mismo. Vida. Vida, cuan incomprensible y brutal puedes llegar a ser. ¿Por qué? Esta pregunta es demasiado vieja. No se deben repetir estas viejas preguntas excepto en el arte donde podemos darles, posiblemente, una forma de expresión poética. Pero ahora todo parece feo e inútil. Despues de todo su (el de Rose) subconsciente desnudo no parece más feo que los pensamientos ocultos de otros. Y, ¿el sexo es malo? No esencialmente. Pero cuando el sexo está separado de la razón parece algo viscoso y mugriento. Debe ser terrible no ser capaz de razonarlo. Pobre criatura loca. Ojalá esto no te aterrorizara tanto y no te hiciera parecer tan asustado.

T. W. comienza a tener pesadillas con su hermana y las transcribe en sus diarios.

El día 6 de diciembre de 1948 escribe:

Entonces me volví a dormir y soñé con ella otra vez. En un determinado momento yo estaba tumbado en su cama, una cama color marfil: pero no fue un sueño incestuoso, aunque me siento perdido cuando intento explicarlo. Yo estaba de pie, desnudo. Oí pasos y salte dentro de la cama, me di cuenta de que era la cama de mi hermana. Ella entró en a habitación, me habló enfadada y tiró de la cubierta. Yo luchaba para no dejar al descubierto mi desnudez. Ella se apartó enfadada mientras yo aproveché para ponerme rápidamente de pie. Entonces me desperté.

Leyendo las entradas en sus diarios comprendes de dónde vienen los temas de la obra de T.W. Algunos críticos acusaron a Tennesee Williams de melodramático. La lectura de este libro deja bien claro la profundidad y verdad su arte. Como él escribió: “hay algunas preguntas que no se deben repetir excepto en el arte donde podemos darles una expresión poética”. Tennesee Williams se mantuvo cuerdo hasta el final gracias a su escritura. a su arte.

Liz Taylor & Paul Newman en "Una gata sobre el tejado de zinc..."

Vivien Leigh & Marlon Brando en "Un tranvía llamado deseo".

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06Jun, 2010

LOQUILLO; Barcelona ciudad.

Escrito por: corto-cortes el 06 Jun 2010 - URL Permanente

Ya lo decía en aquella maravillosa canción, Rock & Roll Star:


Me verás en los carteles para hacerte irme detrás.

Te creerás que soy alguien con un toque especial.

Soy un chico de la calle que vive su canción.

Así fue y así sigue siendo. Jose Mª Sanz Beltrán, alias Loquillo, nacido en Barcelona en 1960, siempre se creyó lo que cantaba. Además es una persona inteligente y por eso no acabó muerto por sobredosis en algún callejón de Las Ramblas. A Loquillo, como al personaje de su gran canción Todo el mundo ama a Isabel, (compuesta por Sabino Mendez) le gusta mucho la vida y eso es algo que no olvida. Ahora hace repaso de esa vida suya, centrándose en su adolescencia y juventud, en Barcelona Ciudad publicado por Ediciones B.

Hace unos días lo contaba Diego A. Manrique, el mejor crítico español de música, en la reseña de este libro de memorias en EL PAÍS:


En nuestro rock, nadie se trabaja la automitificación como José María Sanz. (…)Pero ¿quién puede resistirse a embellecer un autorretrato? En otras páginas, sí que reconoce torpezas adolescentes en relación con el sexo, en contra de su imagen actual de ladykiller. Una vez despojada de sus afeites, Barcelona ciudad es la historia de un pillo, que busca y aprovecha las oportunidades, convirtiéndose en radiofonista, periodista, figurante televisivo y cara conocida de la Barcelona de la Transición, aun antes de grabar un disco.

En la página 22 cuenta su primer contacto con un mundo del que se enamoró:


Rebelde sin causa en programa doble: James Dean, enfundado en una cazadora roja, me envía un mensaje alto y claro y hace que olvide el título de la película que va continuación.

Exploro como un buscador de oro las marquesinas de los cines cercanos, como aquel que tiene nombre de película de Hanks: El Dorado, es mi pasatiempo favorito entre clase y clase.

American Graffiti se estrena en el cine Rex; su frase publicitaria se graba en mi cabeza como una señal luminosa:

“¿Donde estabas tú en el 62?”

¿Qué quiere decir? ¿Cuál es la solución al jeroglífico?

Cuando al fin consigo verla en el cine Gayarre, de la calle de Sants, cambia mi vida.

Es la señal, se conectan todos los circuitos que hasta entonces funcionaban por separado; es para mí el momento de ser como ellos, un joven rebelde que descubre la vida a ritmo de r’n’r y cultura pop.

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17May, 2010

MI MADRE; Richard Ford.

Escrito por: corto-cortes el 17 May 2010 - URL Permanente

Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) publicó en EEUU este libro (Anagrama 2010) sobre su madre en 1988. Había tenido mucho éxito con El periodista deportivo, 1986 (inicio de una trilogía protagonizada por su alter-ego Frank Bascombe que completaría con las novelas El día de la independencia 1985 y Acción de gracias 2009) y había conseguido su objetivo de dedicarse profesionalmente a la escritura. Más tarde demostró tener un mundo literario dentro de su cabeza (consiguió los premios Pulitzer y PEN/Faulkner en 1995) y recurrió a fragmentos de su vida para plasmar ese mundo, vía ficción, en las hojas de sus libros. Entonces:

¿Por qué un autor consagrado a la ficción siente en determinado momento el impulso o la necesidad de elaborar un documento íntimo?

Esta es la pregunta que se hace el crítico Robert Saladrigas en su reseña del 28 de abril de 2010 en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia.

El maestro Saladrigas cree que es debido al sentimiento de culpa.

Después de leer este librito, estoy de acuerdo con el crítico barcelonés. Entiendo que lo que Richard Ford necesita es analizar su parte de culpa en la infelicidad de su madre.

Pág. 43.


(…) todas las cartas que el destino le había dado: una infancia desgraciada, la muerte de mi padre, yo, su propia incapacidad para saltar por encima de todo eso hacia una vida mejor. Era una prueba más de fracaso, una más de las muchas que, creo, sentía que había tenido en la vida.

Una lectura rápida puede llevar a pensar que se trata de un ajuste de cuentas: Ford cuenta como su abuela hizo pasar a su madre por su hermana (de ella) cuando deja a su marido y se va a vivir con un hombre mucho más joven. También nos relata como una noche él se presenta en el piso del novio de su madre (un hombre casado) y la encuentra a ella dentro. Después de este episodio su madre, ya viuda, no volvió a tener relaciones con ningún hombre como amante. Pero todos estos desahogos no son más que un reconocimiento de los hitos de la infelicidad de su madre y de su insatisfacción por llevar una vida incompleta. Ford necesita saber hasta que punto él, que al morir su padre de forma prematura, fue la persona más cercana a su madre, fue culpable de esa vida triste.

Pág. 54.


En parte se trataba de su elección; en parte, de su propio carácter, de cómo contemplaba su vida sin mi padre, con él muerto y tanta vida por vivir de una manera nada ideal. En lo más profundo siempre estaba resignada. Nunca podía sondearla sin chocar en ese punto, un punto en el que simplemente ya no se esperaba nada. Esto no quiere decir que, una vez transcurrido suficiente tiempo, mi madre fuera infeliz. Ni que nunca riera. Ni que no viera la vida como vida, que no se recuperara o no volviera a encontrarse consigo misma. Hacía todo eso, sí. Pero no del todo, no como una madre, como cualquier madre, que disimula ante su hijo único que la ama. Yo siempre la veía así. Siempre sentía eso. Siempre me parecía, cómo decirlo, ¿descontenta de la vida?, ¿resistiéndose a la vida? Siempre deseaba que se abandonase más de lo que parecía capaz de hacerlo; pues en la mayoría de los sentidos mi propia vida parecía impulsarme hacia adelante, y n quería que no sucediera lo mismo con la de ella. (…) durante todos los años posteriores a la muerte de mi padre, veintiuno, su vida nunca pareció plenamente volcada en algo.

Al final en la penúltima página, la 78, escribe Ford algo que para mi es muy significativo:


Ella sabía que yo la quería porque se lo dije bastantes veces. Yo sabía que ella me quería. Esto es lo único que ahora me importa, lo único que debe importar.

Destaco “porque se lo dije bastante veces”. Entre líneas leo que el autor no está del todo seguro de que su madre fuera consciente de su amor por ella. El autor teme que sus actos hacia su madre no estuvieron a la altura de los de un buen hijo y por eso mete esa coletilla: “porque se lo dije”.

Para finalizar me gustaría copiar una gran frase que casi cierra el libro:


Pero de alguna manera, hizo (su madre) para mí posibles mis afectos más verdaderos, como los que una gran obra literaria conferiría a su lector devoto.

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04May, 2010

FERIA DEL LIBRO ANTIGUO Y DE OCASIÓN; Madrid.

Escrito por: corto-cortes el 04 May 2010 - URL Permanente

Ayer estuve en la feria del libro antiguo y de ocasión de Madrid, en el paseo de Recoletos, (continuación del Paseo de la Castellana). Puedes encontrar en ella libros usados, descatalogados, nuevos poco vendidos y rebajados, comics viejos… Hay que tener paciencia y buscar. Yo la tuve y pude comprar dos libros, no usados, de John Irving (La novia imaginaria, Tusquets, 1997 y Libertad para los osos, Tusquets 1992), cada uno por 9 €. También encontré, por 5 €, la segunda parte de las memorias del editor y poeta Carlos Barral, Los años sin escusas que editó en 1978 Barral editores. Me dijo la librera que la primera parte es muy difícil conseguirla.

Nota: En pocos días Tusquets publica en España la última novela de Irving, La última noche en Twisted River.

Portada de Libertad para los osos Portada de La novia imaginaria

Carlos Barral

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15Abr, 2010

JUAN CRUZ; Egos revueltos y Julio Cortazar.

Escrito por: corto-cortes el 15 Abr 2010 - URL Permanente

En el capítulo que titula Toco tus labios en Aix-en-Provence Juan Cruz (Puerto de la Cruz, Canarias, España 1948), editor y periodista, escribe sobre el escritor argentino Julio Cortazar y su novela Rayuela:


Leí Rayuela en 1967, en el Colegio Mayor San Fernando de La Laguna. Fui muy feliz entonces.

Si Tres tristes tigres (de Cabrera Infante) se escribió bailando, o cantando, Rayuela se escribió para bailar, o para escuchar música acariciando, o tocando, toco tus labios, era un motto del libro, lo leíamos como si estuviéramos rezando, y no sabíamos todavía explicar por qué pero ese libro entró en nosotros como un aire salvaje y pacífico a la vez, como si estuviera esperando a una multitud de fumadores, de bebedores, de noctámbulos que quisieran hacer en las habitaciones lo mismo que hacían Oliveira y La Maga. Humo y amor, una atmósfera.

Luego conocí a La Maga, o a quien decían que era La Maga, cerca de St. John’s Wood, en Abbey Road, precisamente donde aquella mujer Edith Aron, tenía un apartamento chico y caliente en le que nos invitó (a Pilar, a mi: un asado de carne, fruta, café, conversación) a almorzar y nos ensañó papeles de su historia: Cortazar cuando le quiso, y hasta que no le quiso, nada, en absoluto, Cortazar la traicionó, le quitó la posibilidad de traducir sus cuentos al alemán, fue infiel, ,malo, vino aquí a pedir perdón, entró por esa puerta, enorme como era no cubría todo el marco de la puerta, se agachó, estuvo hablando, pero lo que hizo fue imperdonable, decía ella. Había una herida allí; flotaba la idea de que Cortazar se había convertido también en un nombre imperdonable. Yo me acordé de las pecas de Cortazar, de su risa huidiza, mientras ella hablaba, y mientras ella hablaba yo recordaba aquel libro: la pintura, el jazz, Rocamadour, el sueño, la imposibilidad de conciliar el sueño, París, y Buenos Aires, las calles del Barrio Latino, la Rue de Seine, las noches interminables, el sonido de las conversaciones, el alcohol, el llanto del niño, Mondrain, la pintura, los argentinos, los juegos de las calles, La Maga y Oliveira buscándose, perdiéndose. Una novela que se lee y se baila, una novela que ya vive contigo.

Edith tenía (tiene) los ojos grandes y penetrantes, te miraba como si tú hubieras tenido algo que ver con aquella conspiración que ahora ella denunciaba y que la tuvo como víctima. (…)

Ella dijo:

- Yo no soy La Maga.

“Te dirá que no es La Maga” Lo dijo. En la entrevista que le hice lo decía y no lo decía al mismo tiempo; en algún momento parecía un personaje del libro y a veces parecía que quería tachar el libro.

Recordé cuando leía el libro y aun no había conocido a Julio Cortazar. Los libros no tienen protagonistas: el lector es el protagonista de los libros; en ese libro todos éramos Rayuela, el libro entero. Eso sentí aquellas noches de 1967.

Este libro de memorias de editor, Egos revueltos, editado por Tusquets, es muy entretenido. Juan Cruz sabe mucho de escritores, los ha disfrutado y sufrido. No lo cuenta todo, claro. Y, como dice el crítico de La Vanguardia Masoliver Ródenas, con algunos no se atreve, por ejemplo con Javier Marías. También es cierto que de los muertos cuenta más que de los vivos. Pero todo eso no importa, el libro es magnífico, te deja con ganas de más pero eso no le hace perder valor.

En una entrevista con Nora Viater en revista Ñ responde Juan Cruz a la pregunta ¿Por qué se escribe?:

Se escribe, primero, como decía Mario Vargas Llosa, para escapar de la pena. Y no siempre es así. En todo caso, mientras se escapa de la pena, el escritor (en general) estima que va escalando montañas, y eso le añade autosatisfacción a su empeño de huida. Sin ego es imposible escribir, pero hay que manejarlo con la inteligencia de la humildad.

Julio Cortazar.

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12Abr, 2010

INSTINTO DE MUERTE; Jacques Mesrine.

Escrito por: corto-cortes el 12 Abr 2010 - URL Permanente

Jacques Mesrine, ladrón de bancos y asesino, fue declarado enemigo público nº1 de Francia en los años setenta. En 1973 escribió su autobiografía en la cárcel. En 1979 cayó muerto por el efecto de 18 balas en su cabeza. Ahora la editorial Pepitas de Calabaza edita este libro de memorias en castellano.

En la página 373 Mesrine está en un piso con su chica, Francine, a la que llama “Pico Bello”. Ha sido encontrado por la policía:


Había caído en la trampa. Solo les quedaba esperar mi salida. Si lo hubiese hecho, habría muerto con toda certeza.

(…)

Había descorchado una botella de champán y estaba escuchando un disco de James Brown. A mi lado, “Pico Bello” se ponía cariñosa. Al arrastrarme a la danza del amor, me estaba ofreciendo, sin saberlo, el último placer de un condenado.

(…)

El comisario Leclerc y el comisario Broussard, al mando de sus hombres, se ocupaban de todos los detalles para no dejarme ninguna posibilidad de huida. El sustituto del fiscal y el equipo de gases lacrimógenos estaban presentes. Los pisos vecinos habían sido ocupados por gente especializada. En cada balcón se hallaba dispuesta un arma para abatirme si intentaba salir. En el jardín, otros hombres permanecían ocultos entre los setos.

Nos adormecimos después de hacer el amor. Llamaron a la puerta. Era la portera. (…) La policía le había pedido que subiera para comprobar si me encontraba en casa. Eran las 8 de la tarde y volví a tumbarme en la cama. Estaba completamente relajado cuando llamaron violentamente a la puerta.

- ¡Policía! ¡Abra!

“Mierda, no puede ser”, pensé abalanzándome sobre mis armas, dos Colt 45 y una metralleta. Francine seguía dormida.

- Está rodeado…Segundo aviso…Ríndase.

Pensé en disparar una ráfaga contra la puerta. Todas las luces estaban apagadas.

(…)

El comisario Broussard al otro lado de la puerta, después de identificarse pasándole su tarjeta de dentidad por la ranura le pregunta:


- ¿Cuáles son tus intenciones, Jacques?

- Esta vez creo que me he caído con todo el equipo.

- Sí, no tienes escapatoria.

- Escucha, poli. Hay una chica conmigo. No ha participado en nada. Si tú…

(…)

La poli no había previsto aquello. Les podía hacer creer que era hija de un hombre importante y así intentar salir con ella como rehén. Pero nunca he actuado contra mis principios sirviéndome de una mujer como escudo. Solo deseaba ahorrarle el sufrimiento de la cárcel.

- Escucha Broussard…Sé que eres un tipo correcto. Por mi no hace falta negociar, pero la chica no tiene nada que ver. Si me das tu palabra de que no la retendrás más de 24 horas y que después recobrará la libertad, me rindo. De lo contrario tendréis que venir a buscarme.

Durante un momento escuché a Broussard hablarles a otras personas.

- De acuerdo Jacques… Te doy mi palabra…pero solo si ella no está perseguida por algún delito.

(…)

Dentro de unos minutos perdería para siempre mi libertad. No era el momento de lanzarse a la desesperada. (…) Se puede escapar de una cárcel, pero no de un cementerio. (…) La brigada había hecho bien su trabajo y aceptaba la partida como buen jugador. Miré a “Pico Bello” y le dije:

- Prepara el champan y también mi maleta.

Después la cogí con ternura entre mis brazos:

- Nos lo hemos pasado bien los dos. No tienes que preocuparte de nada. Broussard mantendrá su palabra.

(…)

- ¡Eh Broussard!

- ¿Qué quieres?

- Tienes fama de ser el más duro entre los duros.

- Tú tampoco te andas con chiquitas.

- ¿Sabes que me fastidia mucho tener que rendirme?

- No lo dudo.

- Me gustaría comprobar si eres tan engreído como dicen. ¿Serías capaz de presentarte ante mí sin armas y sin chaleco antibalas en el momento en que abra la puerta?

- ¿por qué? ¿Quieres jugar al tiro al blanco conmigo?

- No, pero si estás ahí es porque alguien me ha traicionado. Quisiera que me detuvieras arriesgándote un poco.

- Y tú, Jacques, ¿dónde tendrás las armas?

- En el suelo…Mira las voy a descargar.

(…)

- ¿Qué garantías me das?

- Mi palabra…Solamente mi palabra.

Ahí se ven los polis con clase. Frente a frente ya no estaban el enemigo público nº 1 y el patrón de la brigada antiatracos, sino dos hombres, dos duros que conocen el valor de la palabra dada.

(…)

- De acuerdo, Jacques…No llevo nada encima.

Mesrine se entrega.

Después me volví hacia Francine:

- ¿quieres servirnos el champan?

Con las copas llenas, brindé con Broussard, Leclerc y el sustituto del fiscal. No teníamos nada que decir.

- Llévenselo- dijo Leclerc.

Un libro interesantísimo por que nos permite conocer de 1ª mano la forma de pensar de un criminal.

La historia de Mesrine también ha sido llevada al cine.

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08Abr, 2010

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD; Memorias. Verano.

Escrito por: corto-cortes el 08 Abr 2010 - URL Permanente


Las fronteras de la infancia suelen coincidir con las del verano. Yo, al menos, nunca he logrado situarlas de otra manera en el territorio general de la memoria, como si lo más notable que me hubiese ocurrido cuando era niño permaneciera enmarcado en un campo estival o en una playa radiante de la Andalucía atlántica o en los tórridos atajos callejeros de Jeréz. Las otras imágenes infantiles, por muy copiosas que sean, perseveran en la evocación dentro de un relieve mucho más desvaído y una tonalidad mucho menos acusada, con lo que han terminado por adquirir cierta condición de subalternas. Incluso teniendo instintivamente a desplazarlas de ese núcleo de sensaciones imborrables que determinan la densidad del recuerdo.

Así empieza Tiempo de guerras perdidas, su primer libro de memorias, José Manuel Caballero Bonald, (Jerez de la frontera 1926) unos de los últimos grandes señores de las letras de este país.

Seix Barral publica ahora La novela de la memoria una recopilación que incluye además La costumbre de vivir, libro autobiográfico que llega hasta 1975.

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