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23Nov, 2009

LA NOCHE DE LOS TIEMPOS; Antonio Muñoz Molina;1.

Escrito por: corto-cortes el 23 Nov 2009 - URL Permanente

Los muchísimos libros de historia escritos sobre la Guerra Civil española han contado lo que ocurrió pero no han llegado a explicar porque hace más de 70 años nos matamos unos a otros de aquella forma tan animal.

Un libro de historia no puede, o no debe, meterse en la mente para analizar los motivos que lo llevan a uno a asesinar a sangre fría a su vecino. Por ello necesitamos novelas si queremos entender a nuestros abuelos.

Los españoles de hoy somos así debido a la herencia genética y cultural de nuestros padres y abuelos. Si yo quiero llegar a conocerme bien necesito entender porque mis antepasados actuaron así. En mi mente se celebra un largo juicio en el que los españoles de hace 70 años son los imputados. Después de saber lo que la historia cuenta verifico que me faltan pruebas para dictar sentencia. Se me escapan las razones últimas de aquel odio.

La última novela de Antonio Muñoz Molina, La noche de los tiempos, Seix Barral, 2009, me ofrece pruebas, espero que sean las que necesito. He leído cinco reseñas del libro y coinciden en que el autor hace una descripción de los años anteriores a la guerra y profundos análisis psicológicos de personajes clave en aquella triste historia. Además cuenta una historia de amor que contrastará, estoy seguro, con el odio imperante y me permitirá entender con más claridad lo ocurrido.

Cuatro de las reseñas que he leído, después de ensalzar la novela como la obra cumbre del autor, critican su excesiva extensión (958 páginas). Todas las personas somos complicadas. Siempre es difícil, si no imposible, explicar de forma completa los motivos que llevan a actuar. Pero si las acciones son de tipo matar a tu hermano entonces hacen falta muchas palabras, y grandes dotes como escritor, para describir los porqués.

Llevo 200 páginas de la novela de Muñoz Molina. De momento no le sobra ni una letra. Me emociona el reto tan grande que ha asumido como suyo el autor. La tarea le puede llevar a una gran novela o a un terrible fracaso.

Los retratos psicológicos son magistrales. En la página 61 está hablando sobre Moreno Villa, pintor y poeta de la Residencia de Estudiantes, amigo de Lorca y Juan Ramón Jimenez pero que no triunfó como ellos:


Otros más jóvenes que él se le habían acercado queriendo aprender de su experiencia y al cabo de no mucho tiempo lo habían dejado atrás sin agradecer lo que le debían: el ejemplo de su pintura y el de su conocimiento del arte moderno; el de su poesía que fue innovadora antes que la de nadie y cuya huella no reconocida estaba tan presente en los que ahora brillaban más que él. Hubiera querido que nada de eso le importara: su propio resentimiento le irritaba más que el éxito de los otros, ligeramente amargo para él incluso cuando lo consideraba merecido. Le daba tristeza no estar a la altura de lo mejor de sí mismo; no conformarse con el noble estoicismo del personaje que imaginaba, otro Moreno Villa igual de desengañado pero con el corazón mucho más sereno, poeta ya casi secreto, pintor tan ajeno a la celebridad como aquel Sánchez Cotán a quien él tanto admiraba, y que había pasado la vida culminando recónditas obrar maestras en su celda de cartujo, o como Juan Gris, persistiendo en su arte riguroso a pesar de la pobreza, a pesar del ruido del triunfo obsceno de Picasso.

Intentar entender y explicar los porqués de la guerra civil no es fácil. La tarea de Muñoz Molina tiene mucho mérito. De momento disfruto, totalmente atrapado, de la mejor novela que he leído en los últimos 10 años.

Me quedo con esa frase genial: “Le daba tristeza no estar a la altura de lo mejor de sí mismo.” ESO ES ESCRIBIR.

Seguiré informando.

31Oct, 2009

VLADIMIR NAVOKOV; Profesor.

Escrito por: corto-cortes el 31 Oct 2009 - URL Permanente

Ediciones B está reeditando antiguos libros que merecen, por su calidad, una nueva oportunidad. Uno de ellos es Curso de literatura europea del escritor ruso/americano Vladimir Navokov (San Petersburgo 1899 – Montreux 1977).

El autor de Lolita fue profesor de literatura en una universidad americana y sus alumnos lo recuerdan con cariño y admiración.

Lo cuenta en la introducción John Updike (escritor estadounidense recientemente fallecido y eterno candidato al Nobel) cuya esposa fue alumna de Navokov.

Así opinaban sus alumnos:


Navokov fue un gran profesor, no porque enseñara la materia bien, sino por que daba ejemplo e inculcaba en sus estudiantes una actitud profunda y afectuosa hacia ella.

Navokov empezaba el curso con las palabras: “los asientos están numerados. Desearía que cada uno eligiese un sitio y lo conservase siempre. Lo digo por que quiero asociar vuestras caras y vuestros nombres. ¿Estáis todos a gusto con el que habéis elegido? Bien. No habléis, no fuméis, no hagáis punto, no leáis el periódico, no durmáis y , por el amor de Dios, tomad apuntes.

La mujer de Updike recuerda:


Yo sentía que podía enseñarme a leer. Estaba convencida de que podía darme algo que me duraría toda la vida… y me lo dio.

Recuerda también el dogma central de aquellas clases de Navokov:


El estilo y la escritura son la esencia del libro; las grandes ideas son idioteces.

Decía el propio Navokov en sus clases:


Hay al menos dos clases de imaginación en el caso del lector. Veamos, pues, cual de las dos es la más idónea para leer un libro. En primer lugar está el tipo, bastante modesto por cierto, que busca apoyo en emociones sencillas y es de naturaleza meramente personal (hay diversas subespecies en este primer apartado de lectura emocional). Sentimos con gran intensidad la situación expuesta en el libro porque nos recuerda algo que nos ha sucedido a nosotros o a alguien a quien conocemos o hemos conocido. O el lector aprecia el libro sobre todo por que evoca un país, un paisaje, un modo de vivir que él recuerda con nostalgia como parte de su propio pasado. O bien, y esto es lo peor que puede hacer el lector, se identifica con uno de los personajes. No es este tipo modesto de imaginación el que yo quisiera que utilizasen los lectores.

Así que ¿Cuál es el auténtico instrumento que el lector debe emplear? La imaginación impersonal y la fruición artística. Tiene que establecerse, creo, un equilibrio armonioso y artístico entre la mente de los lectores y la del autor. Debemos mantenernos un poco distantes y gozar de este distanciamiento a la vez que gozamos intensamente –apasionadamente, con lágrimas y estremecimientos- de la textura interna de una determinada obra maestra. Por supuesto es imposible ser totalmente objetivo en estas cuestiones. Todo lo que vale la pena es en cierto modo subjetivo. (…) Lo que quiero decir es que el lector debe saber cuando y donde refrenar su imaginación; lo hará tratando de dilucidar el mundo específico que el autor pone a su disposición.

(…)

Si el aspirante a lector carece por completo de pasión y paciencia –pasión de artista y paciencia de científico- difícilmente gozará con la gran literatura.

La literatura no nació el día en que el chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando “el lobo, el lobo” con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando “el lobo, el lobo” sin que le persiguiera ningún lobo. El que le pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.

30Oct, 2009

LA HIJA DEL CORREGIDOR; Andrea Vitali.

Escrito por: corto-cortes el 30 Oct 2009 - URL Permanente

La divertida historia que el autor italiano cuanta en esta novela (miscelanea, 2009)de fácil lectura gira en torno a unas bragas. La hija del corregidor (alcalde) de un pueblo italiano de 1931 quiere unas bragas diferentes a las que usan las mujeres decentes y se las encarga a la dueña de la mercería. Esta se lo cuenta al cura en confesión, y este se lo dice a la madre de la chica, esposa del corregidor. Don Agostino Meccia, que así se llama el alcalde tiene en su poder unas bragas de ese tipo. La única vez que fue de putas pidió a la chica que lo atendió que le diera aquella prenda. Por ello supone que esa ropa íntima solo la usan las prostitutas.

Además sucede que don Agostino quiere pasar a la historia como lo hicieron sus antepasados y se empeña en construir un aeropuerto en el pueblo. Pero todo le sale mal.

Como si no tuviera suficientes problemas resulta que su hija se ha enamorado del hijo de la mujer que hace muchos años lo dejó plantado en el altar. Pero ocurren aun más cosas. Todas juntas describen la vida de este pueblo que Vitali relata con mucho talento.

Con este libro me he reído de forma ruidosa como no me ocurría desde que leí las aventuras de Don Camilo, aquel cura italiano que se peleaba con Peppone, el alcalde comunista, en aquellas inolvidables novelas escritas por Giovanni Guareschi.

Los personajes secundarios de La hija del corregidor están muy bien resueltos:

Mirabile que se encarga de la elección de los textos y de la selección de actores para el teatro del pueblo propone a Dulú (la telefonista del locutorio del pueblo) el papel principal de la obra “La reina de los espejos”.

Mirabile y Dulú están, solos, en la casa de ella ensayalando:

Página 150.


Para aquella escena, Addolorata (Dulú) se había preparado a conciencia. Como se trataba de una escena nocturna, la reina insomne, corroída por las dudas, se había peinado como si se acabara de la cama y se había puesto un camisón.

Con la emoción del recitado, en un momento dado se le había caído un tirante y le asomó media teta.

En aquel preciso momento el maestro Mirabile entró en ebullición.

Estaban en el punto en que la reina, tras presentar el espejo al público, debía hacer lo propio con el cetro. Pero Dulú se lo había olvidado.

Se quedó inmóvil.

-Cogeré un cucharón, servirá igual- dijo.

-No te muevas. Espera –le sugirió el maestro Mirabile, con la voz entrecortada.

Estaba fuera de sí.

Se le acercó y, susurrando, le dijo:

-Coge este cetro.

Y guió la mano de la actriz.

Addolorata al principio no entendía.

Se encontró en la mano aquel artefacto turgente y húmedo y lo retuvo en la mano un instante, con lo que Mirabile se hizo ilusiones y, sin pensárselo dos veces, la aferró por las nalgas.

Fue entonces cuando Dulú reaccionó. Y con la mano, apretando fuerte, dobló el órgano hacia abajo, lo que al maestro le provocó un dolor desgarrador.

22Sep, 2009

UNA MAÑANA PERDIDA; Gabriela Adamesteanu.

Escrito por: corto-cortes el 22 Sep 2009 - URL Permanente

Dedicado a Caperucita.

La escritora rumana Gabriela Adamesteanu (Târgu Ocna, 1942) publicó su mejor novela, Una mañana perdida, cinco años antes de la caida del régimen comunista de Ceausescu. En ella relata la vida en Rumanía durante el siglo XX. Las 562 páginas, que ahora edita Lumen en España, cuentan una mañana en la vida de Vica, una mujer pobre e hipocondríaca de más de 70 años. Durante unas horas Vica visita a varios vecinos y en sus conversaciones recuerdan su vida y la de su país.

En una entrevista que le hacen a la autora en EL PAÍS comenta a propósito de la siguiente frase de la novela: “El marido, que sepa de ti solo de cintura para abajo…”


No sólo los hombres tienen esa idea de usar a las mujeres, ellas también tienen esa imagen cínica y no le ceden la parte más importante de su cuerpo, la mente y el corazón. Sentencias que pueden parecer cínicas pero que a lo mejor son sólo pragmáticas".

Estos son los primeros párrafos de este libro:

La calle Coriolan

En otras épocas, ¿habría estado ella así, días enteros sin moverse de casa, como ahora? ¡Ni muerta! Habría sentido que se le caía la casa encima. Se las arreglaba lo mejor que podía y, ¡hala!, a la calle. Hoy visitaba a uno, mañana a otro: iba de casa en casa; pero volver a la suya con las manos vacías, eso sí que nunca; andaba de palique con todo el mundo, se enteraba de todo; después de tanto estar con el mudo del marido, le entran a una ganas de salir pitando… Nunca tuvieron grandes temas de conversación, pues, al fin y al cabo, ¿de qué se puede hablar con los hombres?

—El marido, que sepa de ti solo de cintura para abajo… —dice, y la cuñada, al escucharla, se encrespa.

—Cállate, Vica, ¡qué bruta! Te está oyendo el chico… Ya estás vieja, y dale que dale con tus guarrerías…

—Y si me oye, ¿qué? Pues que oiga. ¿Acaso le queda mucho para seguir pegado a tus faldas? No te preocupes, que yo he estado en buenas casas y sé cómo hablan las señoras… Y en todas partes nos entendíamos muy bien, todos me tenían cariño y aprecio, madame Ioaniu, por ejemplo, cómo nos reíamos… con ella y con Ivona…

Una muda esa cuñada suya: ni con sacacorchos le arrancas una palabra. Pobre de su hermano, toda la vida siguiéndole la corriente, que así son los hombres, se dejan llevar por la mujer. Solo al testarudo de su hombretón ella nunca ha podido sacarle de lo suyo.

(…)

Así era su marido: gruñón; lo que es ella, no, su carácter era distinto, había salido a mamá, alegre como ella; ¡ay!, cómo le hubiera gustado que le tocase una pareja igual, alguien a quien le gustara reír… Los hay también de esta laya, pero tienen otros defectos, en este mundo todos los hombres son iguales, ni pensar que haya unos mejores que otros…

Pero, quién iba a creerlo, ahora cada vez se le hace más duro salir de casa. Sin embargo, siquiera una o dos veces al mes, coge su talega de cuero (esa que le regaló madame Daniel), la llena con todo lo que encuentra a mano, se pone varios jerséis, se coloca la dentadura, se tapa la cabeza con dos pañolones, se calza la boina tiesa

que se hizo con los restos de un gabán viejo (de eso ya van nueve años), la asegura atándola con una bufanda, y se las pira. O eso es lo que dice su marido:

—Conque otra vez te las piras, ¿eh?… —rezonga desde la cama, debajo de las mantas amontonadas sobre el edredón, donde yace con la cabeza envuelta en un jersey de ella, viejo y andrajoso, desde que se le ha perdido la gorra descolorida que se ponía siempre al acostarse. Habla jadeando entre palabra y palabra, es gordo y alto, pesa más de cien kilos. La piel del cuello le cuelga flácida, pero sus mejillas se ven rozagantes, casi sonrosadas, y en ellas la barba sin afeitar de varios días crece áspera y cana.

»… tú y tu maldita costumbre de no parar en casa… siempre volando a casas ajenas y no paras en la tuya.

—¡Déjame ya! —exclama ella.

(…)

Tampoco hace caso de lo que le está diciendo él. Que siga refunfuñando cuanto quiera, pedazo de boquirrasgado, que hable solo, para sí mismo, palabra de varón es una sinrazón, como solía decirle a madame Ioaniu… y cómo le divertía esto a la vieja… Lo que es Vica, ya aprendió a apañárselas: apenas siente que el marido está a punto de desvariar y soltar su rollo, ella se mete en la sala, y que el diablo os lleve a ti, a tu madre y a tu padre, y a toda tu parentela, masculla entre dientes…

Fuente foto: multimedia.fnac

21Sep, 2009

EL SEÑOR MARX NO ESTÁ EN CASA; Ibsen Martinez. Suicidio de Eleanor Marx.

Escrito por: corto-cortes el 21 Sep 2009 - URL Permanente

Sobre Carlos Marx ( Treveris 1818- Londres 1883, pensador socialista autor de El Capital e inspirador del marxismo) se ha escrito de todo. Entre los textos más disparatados está el libro Marx y Satán del sacerdote rumano Richard Wurmbrand en que defiende las relaciones de Marx con el satanismo. Esta teoría es también apoyada por Robert Payne en su biografía del pensador titulada El desconocido Karl Marx. Estos libros llevan a algunos enemigos del marxismo a insinuar que Marx pudo entregar al demonio la vida de sus dos hijos, Edgar y Francisca, muertos prematuramente, a cambio de la dominación del mundo a través de sus ideas.

Dos de las hijas de Marx, Eleanor y Laura, se suicidaron, y claro, no faltan los libros que culpen al filósofo de esas muertes.

Dando una nueva vuelta a la tuerca, el guionista de telenovelas venezolano Ibsen Martinez ha escrito El señor Marx ya no vive aquí donde alimenta la idea de que el suicidio de Eleonor Marx fue debido a una relación incestuosa con su padre.

Eleonor fue educada con mucha dedicación por su padre. A los tres años recitaba pasajes de Shakespeare y a los 16 acompañaba a su padre a reuniones internacionales como secretaria, hablaba con fluidez Inglés, Alemán y Francés. Tradujo al inglés El capital y Madame Bovary (de Flaubert). Para los hombres no fue tan inteligente. Se enamoró del médico Edward Aveling, que además de un afamado anatomista era un mujeriego empedernido. En 1895 Aveling enferma de gravedad y la hija de Marx pasa meses sin moverse de su lado. Una vez recuperado, al doctor le faltó tiempo para liarse con una joven actriz de 22 años, Eva Frye. Cuando Engels, compadre y correligionario de Marx, falleció dejó una buena suma a Eleonor. Ese dinero hizo que Aveling volviera con ella. Transcurridos tres años empeoró y pasó por una cirugía de urgencia tras la cual confesó a Eleonor que se había casado en secreto con la joven actriz y que a su salida del hospital se iría a vivir con ella. Poco después, el 31 de marzo de 1898, Eleonor se suicidó envenenándose con ácido prúsico. Aveling murió 5 meses después.

Hay quien encuentra en este desengaño amoroso la causa del suicidio.

También hay otra teoría, un tanto psicoanalítica, que encuentra el motivo en el disgusto que se llevó cuando supo que Freddie, el supuesto hijo de Engels era en realidad hijo natural de Karl Marx , su admiradísimo padre. Parece que Marx tuvo este hijo extramatrimonial con la criada y su amigo Engels, haciéndole un gran favor, asumió la paternidad para evitar el escándalo.

Ibsen Martinez cuenta que fue su psicoanalista ( la de Ibsen) la que, después de conocer los datos del suicidio de Eleanor, diagnosticó que era debido a abusos sexuales por parte de su padre. Martinez además se apoya en cartas de Eleanor a algunas amigas en las que dice que fue desflorada por un gran hombre del socialismo. Estoy seguro de que la novela es, al menos, divertida. La publicará, en breve , en España La Otra Orilla.

La otra hija, Laura Marx y su marido el cubano Pablo Lafargue, al que no soportaba su suegro y que quería fundir la revolución marxista con el hedonismo (1), se suicidaron el 1911 pero esta es otra historia.

Si don Carlos levantara la cabeza…

(1) Pablo Lafargue escribió un libro titulado Elogio de la pereza en el que decía:

“El fin de la revolución no es el triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad, y demás embustes con que se engaña a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse”.

Para él, el trabajo no era el objetivo máximo de la clase obrera: era el placer. Nadie debería trabajar más de tres horas

“holgazaneando y gozando el resto del día y de la noche. En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica”.

Fuente foto: prodavinci.com

16Sep, 2009

IGNACIO MARTINEZ DE PISON; Partes de guerra.

Escrito por: corto-cortes el 16 Sep 2009 - URL Permanente

En enero de 2009, RBA Editores publicó Partes de guerra. Este libro consiste en una recopilación de relatos sobre la guerra civil española realizada por el escritor Ignacio Martinez de Pisón (Zaragoza 1960) .

Los escritores de los que se incluye un relato son: Aldecoa, Atxaga, Aub, Ayala, Barea, Calders, Campos, Chaves, Nogales, Delibes, Fernández Santos, García Hortelano, García Pavón, García Serrano, Jordana, León, Anglada, Méndez Ferrín, Matute, Neville, Novás, Calvo, Olmedo, Pereira, Pinilla, Quiñones, Rivas, Rodoreda, Segovia, Sender, Talens, Trapiello, Zúñiga.

El más interesante es el de Ramón José Sender , La lección, que solo se había publicado el 18 de julio de 1938 en Voz de Madrid y que hasta esta recopilación no había sido incluido en libor alguno. El relato comienza así:


El capitán Hurtado era el único oficial profesional que teníamos en Peguerinos en 1936. No acababa de salir de su asombro ante las milicias. Veía que las virtudes civiles daban un excelente resultado en el campo de batalla, y eso debía de contradecir los principios de su ciencia militar. Tenía un gran respeto por la combatividad y el valor de los milicianos, pero no comprendía políticamente la democracia, y a los que querían hablarle de las libertades populares les contestaba con un gesto impaciente: “Para cuatro días que uno va a vivir, dejadme en paz con vuestras tonterías”. Los milicianos se reían y movían lentamente la cabeza. Pero la disposición de Hurtado para el trabajo de guerra al lado de unos hombres cuya ideología no comprendía les era simpática a todos.
-Con vosotros -solía decir Hurtado a los milicianos- se puede ir a todas partes.
Eso les halagaba.
Aquel día Hurtado llamó a cinco hombres elegidos entre los más decididos. Cuatro muchachos y un viejo. éste era tipógrafo. Entre los otros había un ingeniero industrial, un metalúrgico y dos albañiles. El tipógrafo protestaba siempre porque no tenía tiempo para nada. Desde hacía tres días trataba en vano de leer un discurso del líder sindical de su organización, que había sido publicado en folleto y que llevaba consigo todo sucio y arrugado.


Para leer el cuento completo:

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/24631/La_leccion

Martinez de Pisón ha escrito novela, ensayo y cuentos. Entre sus novelas destacan Carreteras Secundarias 1996, El Tiempo de las Mujeres, 2003 y Dientes de Leche, 2008.

Fuente foto; rbalibros.



12Sep, 2009

CORAZÓN TAN BLANCO; Javier Marías.

Escrito por: corto-cortes el 12 Sep 2009 - URL Permanente

Así comienza Corazón tan blanco de Javier Marías:


No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.

Fuente foto: impacdublinaward.ie


07Jul, 2009

MUÑOZ MOLINA; La Novela.

Escrito por: corto-cortes el 07 Jul 2009 - URL Permanente

Escribe Antonio Muñoz Molina, novelista, en el suplemento cultural Babelia (El País) de 4 de julio de 2009, sobre la novela:


Una novela es la libertad. El acto físico de abrirla es tan simple, tan rotundo, tan cargado de sentidos posibles, como el de abrir una puerta, una puerta de salida y una puerta de entrada. Hasta la tapa del libro parece una puerta que se abre. Salimos de algo y entramos en algo, cruzamos un umbral que se despliega entre nuestras manos, y al principio, como en algunos lugares misteriosos, nos encontramos en la sombra, y sólo gradualmente se acostumbran los ojos a la nueva claridad que irradia del interior del libro. En la casa de veraneo de sus abuelos Proust se encerraba a leer en un retrete con una pequeña ventana desde la que veía el campanario del pueblo. Juan Carlos Onetti leía de niño encerrado en un armario, a la luz de una linterna, acompañado por un gato al que acariciaba tan silenciosamente como pasaba las páginas, y decía que la causa de su mala vista era haber gastado los ojos leyendo en aquel refugio. Muchas tardes de verano yo he leído en un granero lleno de trigo recién cosechado, y en el tacto del papel había residuos del polvo de la trilla.

Pero no siempre logra uno ese estado de encierro gustoso, de inmersión en aguas muy profundas, ese fervor de libertad en el interior de una novela. Tan necesarias como el libro en sí son las circunstancias: muchas páginas y mucho tiempo por delante, sin distracciones, sin estorbos, con un grado de concentración que según nos dicen cada vez es más difícil, pero sin el cual la experiencia integral de la novela no llega a cumplirse.

(…)

La libertad de la novela es también nuestra potestad de entrar en ella sin obligaciones ni prejuicios y decidir soberanamente si seguiremos leyendo o la dejaremos al cabo de unas páginas, porque en ese reino privado no obedecemos a nadie ni nos dejamos coaccionar por la opinión de otros que parezcan saber más y ni siquiera por la presión inmensa de lo que parece gustarle a todo el mundo. De nuestras preferencias o rechazos soberanos no tenemos que dar cuenta a nadie. La novela existe para nosotros en ese espacio de intimidad que nos protege tras la puerta cerrada de la lectura.

En el fondo, empezar a leer se parece mucho a empezar a escribir: es encontrar un hilo y seguirlo, escuchar una voz y dejarse hechizar y guiar por ella

.

(…)

03Jul, 2009

LA CASA DE LOS SIETE PECADOS; Mari Pau Dominguez. 2ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 03 Jul 2009 - URL Permanente

Continúo destacando fragmentos del libro de Mari Pau Dominguez, La casa de los siete pecados.

Pecado:


La tentación. Nos puede vencer sólo con mirarnos. (...)

La casa tenía siete chimeneas, sí. Y demostraba poder albergar más de un pecado.(...)

Porque leer las confesiones de otra persona no puede ser más que una usurpación, una apropiación de sentimientos que no deberían ser dominio de nadie más que de quien los siente.

Pasado.


Tenía que resolver su batalla con los recuerdos que aquellos papeles acababan de transferirle; elegir entre el lastre de ese pasado, de repente tan próximo, y el futuro que le requería y le invitaba a liberarse de inútiles resentimientos.

Este trozo que sigue puede resumir la obsesión de Felipe por la religión, el pecado, su temor de Dios, su amor por Elena:


Estaba el rey observando orgulloso un nuevo cuadro que acababa de adquirir a El Bosco “Mesa de los pecados capitales” donde aparecían entre otras muchas cosas los 7 pecados capitales representados en escenas de la vida cotidiana de Flandes:

El pecado. Su significación preocupaba profundamente al rey, sobre todo a raíz de la relación con Elena y de su muerte. De entre los peores, el que a él golpeaba en su conciencia: el pecado de la lujuria, que no en vano es el primero de los 7 pecados capitales. Estaba escenificado en el cuadro por dos parejas de amantes a las que divertía un bufón tirado a cuatro patas en actitud un tanto obscena dispuesto a ser azotado por otro hombre, con la secuencia rodeada de instrumentos musicales abandonados por el suelo.

Felipe reparó embelesado en las esquinas de la obra, en las que se disponían cuatro reducidos círculos compuestos de figuraciones alegóricas de las postrimerías con las que la Iglesia Católica recordaba los efectos que el pecado tiene sobre la vida eterna: la Muerte, el Juicio Final, el Infierno y la Gloria.

El Infierno. La más espantosa de las cuatro representaciones, en el ángulo inferior izquierdo. La representación más terrorífica y tenebrosa, descrita con una tétrica tonalidad rojiza. Mostraba siete maneras distintas en que los réprobos eran sometidos a los más horribles castigos por haber cometido alguno de los pecados capitales. En el infierno particular de Felipe también imperaban las tinieblas y prevalecía la ausencia de Dios como una magna certidumbre. Una cárcel de tormento y aflicción. El territorio de los ángeles del Diablo. Lo peor del Infierno es que en él de nada sirve el arrepentimiento, que una vez en él ya no cabe esperanza posible. Por eso la salvación es el fin último de la vida humana, lo que le da sentido. Así parecía expresarlo el cuadro.

Por cierto la Casa de las siete chimeneas es en la actualidad, sede del Ministerio de Cultura. Curioso.

Mari Pau Dominguez (Barcelona, 1963) es periodista. Fue una de las chicas Hermida en el magazine televisivo “Por la mañana” de finales de los 80´s. Luego presentó el telediario de TVE y actualmente colabora en el programa “Queremos hablar” de Punto Radio. Ha publicado siete libros. Su última novela es El diamante de la reina (2008). Está casada con el periodista Paco Lobato (“Quien sabe donde”).

La casa de los siete Pecados está editada por Grijalbo del grupo editorial Random House Mondadori.

Mari Pau Dominguez.

02Jul, 2009

LA CASA DE LOS SIETE PECADOS; Mari Pau Dominguez. 1ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 02 Jul 2009 - URL Permanente

Novela histórica ambientada en el siglo XVI, durante el Reinado de Felipe II, nos descubre los entresijos de la corte. El rey, totalmente enganchado a su amante, una dama de palacio que cuida a sus hijas, se debate entre la pasión y la lujuria que siente por esta y la culpa que lo atormenta. Comenzamos leyendo un libro con un rey cargado de orgullo y poder. Acaba derrotado por un gran sentimiento de culpa. Sus continuas infidelidades acaban siendo un estorbo en su matrimonio con Anna de Austria, sobrina suya, que ha venido para casarse con él y ser la madre de sus hijos varones. Debido a las intrigas, cotilleos y rumores, Anna comienza a sospechar sobre la infidelidad de su esposo. Se trata de una historia de deseos frustrados, una lucha entre el deber y el querer en el Madrid de la época. La escritora hace una muy buena definición de este Madrid del siglo de oro: sus arcos, sus calles, sus edificios, la historia política,….y de la Casa de Las Siete Chimeneas, las historias de esta, sus fantasmas

Lo podría definir como un libro ligero (en el mejor sentido), intrigante, que te engancha en una historia de amoríos a la vez que te relata la historia política y religiosa. Muy bien narrado y muy bien documentado.

Hay varias frases y párrafos que me han llamado la atención:

Lujuria:


Elena. El rugido del placer. Razón única de la perdición. Deseo verdadero de rendirse a la atracción de lo que se sabe prohibido y castigado. Solo ella, a escondidas, reinaba en el cuerpo de Felipe, ansiosa de corresponderle, otorgándoles entrada a sus rincones.

¿Se os ocurre mayor reino que el de los sentimientos?”, “Elena era el acantilado del placer. Pero también el barranco de la perdición.

Poder:


Felipe le estaba dejando claro desde el principio como eran las relaciones políticas en su corte. Solo el rey, y nadie más que él, indicaba e imponía su criterio.

Muerte.

La respuesta serpenteaba entre los huecos de las siete chimeneas de la casa del matrimonio Zapata. Lo que había en Madrid era un rey con el alma oscura, llena de ocultos temores y obsesiones que no podría afrontar.

La ausencia de Elena se estaba convirtiendo en agonía. Aunque muerta, él la perseguía como si ilusoriamente viviera y pudiese darle alcance. Parecía que el Rey la amara más desde que falleció, tal vez porque la muerte, en su irreversibilidad, nos hace desear lo que se ha llevado porque es propio del ser humano desear lo inaccesible.

Moral y culpa:


Dicen, que difícilmente se puede gozar de descanso en la vida eterna cuando antes de morir nos corroe el remordimiento por acciones indebidas. ¿Imagináis de qué podría tratarse en el caso de esa mujer?

El tiempo que una mala noticia tarda en ser asimilada depende del temple de quien la recibe, pero sobre todo de las ganas que éste tenga de aprovecharla en su propio beneficio, como era el caso.

Pero el tiempo que estaba a punto de extinguirse. El tiempo, que nada perdona y que a veces ofende. El tiempo, vana esperanza para don Juan. El tiempo, que a veces conduce al a muerte sin quererlo.

La entrada en el santuario del pecado al que podía haberse visto encaminada ella misma si un destello de su conciencia no lo hubiera impedido casi al borde del precipicio. Un destello que iluminó su cordura sin aplacar el íntimo temblor que todavía embargaba su entraña de mujer.