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14Oct, 2009

SOFIA ANDRÉIEVNA TOLSTAYA; Victima del Gran Hombre.

Escrito por: corto-cortes el 14 Oct 2009 - URL Permanente

Leo con creciente interés los diarios de Lev Toltói, Diarios (1847 -1894), editorial Acantilado. En la década de 1880, cuando el gran escritor ruso ya ha publicado sus dos obras cumbre, Guerra y Paz y Anna Karenina, y ha conseguido la tan deseada gloria literaria, las entradas en sus cuadernos denotan una ansiedad cercana a la depresión. Las disputas y desencuentros con su mujer y su hijo mayor son continuos.

El día 3 de mayo de 1884 escribe:


…encontré una carta de mi esposa. Pobre, ¡cómo me odia! Señor, ayúdame. Si es necesaria una cruz, pues una cruz que me aplaste, que me destroce. Pero estos tirones del alma son espantosos, no solo pesados y dolorosos, sino difíciles. ¡Ayúdame!

El 7 de Julio de 1884 escribe:


Ella seguirá siendo hasta mi muerte una rueda de molino atada a mi cuello y al de los niños. (…) debo aprender a no ahogarme con una piedra al cuello.

El día 18 de Julio de 1884, después de que su mujer de a luz al último de sus 13 hijos que moriría de tuberculosis pocos años después, escribe:


Si alguien dirige los actos de nuestra vida, quiero hacerle un reproche. Esto es demasiado duro y despiadado. Despiadado con respecto a ella. Veo que a una velocidad vertiginosa se dirige a su ruina y a sufrimientos morales espeluznantes.

Muchos analistas de la vida y obra de Tolstói describieron a su esposa como una desequilibrada que perjudicó al escritor. Vladimir Chertkov (1854-1936), amigo y secretario del escritor, que fue conocido como el líder de los tolstoistas, llega a acusar a Sonia Tolstoya de ser la causante de la muerte de su esposo.

Tengo la suerte de tener en mi mesilla de noche, junto a los diarios del padre de las letras rusas, el libro de Gorki Recuerdos de Tolstói, Chejov y Andreiev, 1927 editado por NORTESUR en 2009. La parte dedicada a Tolstói ocupa casi la mitad del libro y se divide en tres secciones. La 1ª son anotaciones breves sobre el maestro, la 2ª una larga carta, que en realidad es un artículo largo, provocado por la huida y muerte del habitante de Yasnaia Polaina. Y la 3ª es una defensa de Sofía Andréieva Tolstaya, esposa del escritor a la que se criticó como la mala de la película.

En la página 95 escribe:


Ser el único amigo íntimo de Lev Tolstói, su mujer, la madre de sus numerosos hijos y la señora de su casa es, indiscutiblemente, un papel difícil y de gran responsabilidad. ¿Es posible negar que Sofia Tolstaya ha vista y ha comprendido mejor y más profundamente que nadie hasta que punto un genio se siente agobiado y angustiado en la atmósfera de la vida cotidiana, en la frecuentación de gente insustancial?

(…)

Convivir con un escritor que revisa hasta 7 veces las pruebas de un libro, y que en cada ocasión lo reescribe casi por entero, en un estado de dolorosa enervación que obliga a compartir con los suyos; convivir con el creador de un mundo inmenso que no existía con anterioridad a él…¿Seríamos capaces de comprender todas las inquietudes de una existencia tan extraordinaria?

Gorki pide un respeto para la mujer que convivió con un genio tan difícil de tratar. Además acusa a un montón de supuestos seguidores del maestro de oportunistas y manifiesta que solo Sofia Tolstaya fue capaz de preservar la obra del escritor de tales malas influencias.

Sofia Andréieva Tolstaya intentó suicidarse al final de su vida. Debía estar totalmente agotada.

Tolstói y Gorki.

Fuentes: espaidellibres.files, Acantilado, Nortesur.

17Sep, 2009

SAM SAVAGE; El lamento del perezoso.

Escrito por: corto-cortes el 17 Sep 2009 - URL Permanente

Sam Savage, por las fotos, debe tener más de 70 años. Nació en Carolina del Norte (EEUU). Hijo de un abogado y una aficionada a la poesía inició la redacción de varias novelas pero nunca las terminó. Estudió filosofía, dio clases en Harvard y terminó su tesis en París donde vivió de forma intermitente en los 60´s y 70´s. Allí conoció a su segunda mujer y tuvo problemas con el alcohol. A su vuelta a Estados Unidos se dedica a la carpintería, a arreglar bicicletas y a criar niños. En 2006 se encuentra solo en los bosques de Carolina del Sur, no habla con nadie. Un día entra en un supermercado y al intentar saludar al dependiente no le sale la voz. Por hacer algo se sienta en su mesa y empieza a escribir. Habían pasado 40 años desde la última vez que lo intentó. Le sale su éxito mundial, su primera novela, Firmin, (Seix-Barral, 2008). La escribe de golpe, sin esquema previo, “como si hubiera estado escrita dentro mío y me limitase a verterla”.

Firmin cuenta la historia de una rata que vive en una librería de Boston y aprende a leer devorando un libro. Firmin quiere ser sus héroes de libro y bailar con Ginger Rogers. En EEUU no entendieron lo que contaba Savage. “El sentido práctico y la mentalidad realista que imperan aquí provocó que la reacción natural fuera decir: Un momento, pero si las ratas no pueden hablar, ni tampoco leer” dice el autor decepcionado.

Tuvo que triunfar en Europa para que algunos compatriotas lo leyeran.

Ahora publica su segunda novela El lamento del perezoso ( Seix-Barral, 2009) que cuenta la historia de Andrew Whittaker solitario casero de un edificio en ruinas y director de una triste revista literaria sin fondos. Escribe cartas con las que va construyéndose una personalidad variable que lo distingue del hombre insignificante que es.

Dice Savage:

“ Firmin y Andrew Whittaker están muy cerca. Los dos están condenados al fracaso por que son como hipótesis científicas que pretenden resistir incólumes frente a nuevos descubrimientos que las deslegitiman”

“Cuanto más viejo, más desconcertado me siento. Es preferible la sensación de perplejidad a la de certeza, por que si estás en lo cierto es que estás equivocado. Ahora sé menos, mis creencias languidecen. Soy menos sabio, siempre que en la ignorancia no radique la auténtica sabiduría. De aquí que pueda escribir”

Fuente: Cultura/s (La Vanguardia), Seix Barral.

13Sep, 2009

SAUL BELLOW; Hombre en suspenso.

Escrito por: corto-cortes el 13 Sep 2009 - URL Permanente

Asi comienza Dangling man ( en castellano: Hombre en suspenso) la primera novela que en 1944 publicó Saul Bellow que nació en 1915 en Québec (Canadá) dos años después de que sus padres, emigrantes, llegaran desde San Petersburgo, Rusia. Bellow obtuvo el premio Nobel de literatura en 1976 y falleció en Massachussets en 2005 despues de escribir algunos de los mejores libros del siglo XX..


Diciembre 15, 1942

Hubo un tiempo en que la gente tenía el hábito de hablarse frecuentemente a sí misma y no se avergonzaba de llevar un registro de sus experiencias íntimas. Pero llevar un diario es considerado hoy en dia una suerte de complacencia excesiva para consigo mismo, una debilidad y algo de mal gusto. Porque ésta es una época de rudeza. Hoy, el código del atleta, del muchacho duro - según mi parecer, una herencia americana del caballero inglés -, esa peculiar mezcla de esfuerzo, ascetismo y rigor, cuyos orígenes algunos hacen remontarse a Alejandro el Grande, tiene más fuerza que nunca. ¿ Tiene usted sentimientos ? Hay maneras correctas e incorrectas de manifestarlos. ¿ Tiene usted una vida interior ? Ella no atañe a nadie aparte de usted mismo. ¿ Tiene usted emociones ? Estrangúlelas. Todos obedecen este código hasta cierto punto. Y éste admite cierta clase de sinceridad, una rectitud cautelosa. Pero tiene un efecto inhibitorio en la verdadera sinceridad. La mayoría de los asuntos serios están vedados a los rudos. Éstos carecen de práctica en introspección y, por consiguiente, están muy mal preparados para tratar con oponentes a los cuales no pueden enfrentarse a tiros, como si se tratase de caza mayor, ni aventajar en audacia.

Si se topa usted con dificultades, luche con ellas en silencio, ordena uno de los mandamientos. ¡ Al diablo con esto ! Es mi intención hablar de las mías, y si dispusiera de tantas bocas como brazos tiene Siva y les diera trabajo permanente, ni aún así podría hacerme justicia a mí mismo.

En mi actual estado de desmoralización, he considerado necesario llevar un diario - es decir, hablar conmigo mismo -, y ello no me hace sentirme ni autocomplaciente ni culpable en lo más mínimo. Los rudos encuentran compesaciones a su silencio: pilotan aviones o torean, mientras que yo raras veces abandono mi habitación.

Fuente: Penguin.com

10Sep, 2009

LEV TOLSTÓI; Diarios.

Escrito por: corto-cortes el 10 Sep 2009 - URL Permanente

Lev Tostói (Yásnaia Poliana, 1828 - Astapovo, 1910), autor de Guerra y Paz y Anna Karenina, entre otras) a sus 19 años está obsesionado con que su vida tenga un sentido. Desea desarrollar al máximo sus capacidades como persona y para ello se impone reglas de comportamiento muy estrictas. Conocedor de sus debilidades diseña objetivos muy detallados que debe conseguir en cortos periodos de tiempo. Tolstói se juzga con mucha severidad y para ello, y todo lo anterior, inicia en 1847 la escritura de un diario.

Tolstói es humano, antes que nada, y cae continuamente en las tentaciones del ocio y la carne.

El 16 de junio de 1847 escribe.

¿Llegaré algún día a no depender de ninguna circunstancia exterior? En mi opinión eso es alcanzar un nivel alto de perfección, puesto que, en el hombre que no depende de ninguna influencia ajena, el espíritu, por sus propias exigencias, aventaja forzosamente a la materia y solo entonces el hombre alcanza su designio. Comienzo a acostumbrarme a la primera regla * que me impuse y ahora me impongo otra, la siguiente: considera la sociedad femenina como un disgusto inevitable de la vida en sociedad y, en la medida de lo posible, mantente alejado de las mujeres. Porque, en realidad, ¿de donde nos vienen la lujuria, la voluptuosidad, la frivolidad en todo y otros muchos vicios sino de las mujeres? ¿Quien tiene la culpa de que nos privemos de los sentimientos que nos son innatos: la valentía, la firmeza, la sensatez, la justicia, etcétera, si no las mujeres? La mujer es más sensible que el hombre, por eso a lo largo de las épocas de virtud las mujeres han sido mejores que nosotros, pero en nuestra época depravada y corrupta son peores que nosotros.

La primera regla que se impone es: "Lleva a cabo todo lo que hayas decidido llevar a cabo".

Tolstói solo tenía 19 años. Guerra y Paz la empezó a escribir con 37 años y la terminó con 41.

Editorial Acantilado ha publicado recientemente los diarios, en dos volúmenes y la correspondencia. Todo seleccionado, comentado y traducido por Selma Ancira.

Fuente: Acantilado.

09Sep, 2009

GUERRA Y PAZ; y Amor.

Escrito por: corto-cortes el 09 Sep 2009 - URL Permanente

Leer Guerra y Paz, de liev Tolstói , es un placer continuo. En la pagina 770 de la edición del Taller de Mario Muchnick, describe con maestría ese relámpago que ocurre dentro de uno cuando se da cuenta de que se ha enamorado.

La situación económica de la familia Rostov es delicada y por ello la condesa ha buscado un buen partido para su hijo Nikolái. Llega la navidad y los jóvenes de la casa y los criados se disfrazan, se montan en trineos y de noche salen al campo. Sonia, sobrina de la condesa, esta enamorada de su primo Nikolái desde los 12 años pero su tia no ve con buenos ojos dicha relación. Nikolái, hasta ahora, no ha prestado mucha atención a Sonia más atento a la vida militar. Sonia se ha pintado un bigote con corcho quemado y está disfrazada de soldado.

Fuera seguía haciendo el frío de antes; el aire estaba inmóvil; la luna era la misma pero había mayor claridad; su luz era tan intensa y arrancaba tantos destellos en la nieve que no se sentían deseos de mirar al firmamento para ver las verdaderas estrellas. El cielo estaba oscuro y desabrido, mientras que en la tierra todo era alegría.

"¡Tonto de mi! ¿que estuve esperando hasta ahora?", seguía diciéndose Nikolái.

Nikolái sabe que Sonia se dirige sola al granero y ...

Nikolái vestía su disfraz; sus cabellos esban enredados y sonreía feliz, con una sonrisa nueva para ella. Sonia corrió hacia él.

Parece otra, pero es siempre la misma" pensó Nikolái, mirando el rostro de la muchacha, iluminado de lleno por la luna. Pasó sus manos por las pieles que cubrían la cabeza de Sonia, la abrazó, la estrechó contra su pecho, beso sus labios sombreados por el bigote que olía a corcho quemado. Sonia lo besó en los labios y, desprendiendo sus pequeñas manos, encuadro en ellas sus mejillas.

"¡Sonia...! ¡Nikolái!", se dijeron.

Se acercaron corriendo al granero y regresaron a la casa, cada uno por un camino diferente.

(...)

Después Natasha, hermana de Nikolái , que se ha dado cuenta de que algo ha ocurrido, deja que Sonia y su hermano vuelvan en le mismo trineo.

Nikolái, sin preocuparse de adelantar a nadie, llevaba el trineo con mesura y de vez en cuando miraba fijamente a Sonia, buscando a través de las cejas y el bigote, a la extraña claridad de la luna, en esa luz que todo lo cambia, la Sonia de otros tiempos y la de ahora, de quien había decidido no separarse ya más. La contemplaba con insistencia; al recordar el olor de corcho quemado mezclado con la sensación de los besos, respiraba a pleno pulmón el aire helado, y mirando la tierra que iba huyendo a los lados del trineo, y el cielo brillante, de nuevo se sentía transportado a un país de maravilla.

Tolstoi me transmite mejor el amor sentido por Nikolái con la sensación de irmontado en el trineo, con la bocanada de aire helado que llena sus pulmones, con la luna y su luz casi irreal, que con "la sensación de los besos" o los abrazos.

Debe ser que como buen escritor consigue despertar en mi todas aquellas sensaciones que viví tantas veces.

¡¡¡Hurra por Tolstoi!!!

08Sep, 2009

TRILOGÍA MILLENIUM; Stieg Larsson.

Escrito por: corto-cortes el 08 Sep 2009 - URL Permanente

No he leído las tres famosísimas y leidísimas novelas del autor sueco, ya sabéis, Los hombres que no amaban a las mujeres etc…Diferentes prejuicios me han tenido apartado de estos tres libros:

1º Lo voluminoso de la trilogía, más de 2.100 páginas.

2º El éxito superventas. (Que esto me haya influido me avergüenza mucho).

3º Los han devorado personas cercanas que no cogían un libro desde hacía más de 20 años.

4º Le tengo manía (injustificada) a la novela negra y de misterio.

Durante el último año he leído diferentes opiniones a favor y en contra, algunas muy autorizadas. Dos ejemplos encontrados: El escritor Alejandro Gándara los ponía a parir en su blog El Escorpión pero al tiempo, un suplemento cultural tan reputado como Cultura/s (de La Vanguardia), en la pluma de Sergio Vila Sanjuan, elogiaba la trilogía y la equiparaba a novelas de primer nivel.

¿Qué hacer?

El domingo Mario Vargas Llosa me sacó de dudas en un artículo en EL PAÍS titulado “Lisbeth Salander debe vivir”. Si Don Mario dice que es buena, es buena. Punto.

Destaco el principio:


Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo, todo aquello que el lector inocente (el "lector-hembra" lo llamaba Cortázar para escándalo de las feministas) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa.

¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. ¿Qué mejor prueba que la novela es el género impuro por excelencia, el que nunca alcanzará la perfección que puede llegar a tener la poesía? Por eso es posible que una novela sea formalmente imperfecta, y, al mismo tiempo, excepcional. Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado.

Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.

Para quien quiera leer el artículo completo:

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Lisbeth/Salander/debe/vivir/elpepiopi/20090906elpepiopi_11/Tes

02Sep, 2009

NOVELAS; Muñoz Molina.

Escrito por: corto-cortes el 02 Sep 2009 - URL Permanente

Antonio Muñoz Molina, uno de los mejores escritores en castellano, vuelve a defender la novela. El día 15 de agosto, en Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS, publicaba un artículo titulado “Largas novelas de Agosto”. No me resisto a la tentación de copiar algunas de sus frases. Decoran con su sabiduría este blog. Gracias maestro.


En el verano, en su cima plácida de agosto, el mismo aire puede remover las hojas de los árboles y las páginas del libro que leemos a su sombra, de modo que estamos simultáneamente en el mundo y fuera de él, en la intemperie gustosa con olor a mar o a cloro de piscina y a crema bronceadora y en la interioridad hospitalaria de la literatura. A los niños antiguos nos decían que nos quedaríamos amarillos de tanto leer, nos auguraban a veces un porvenir de enfermedad y trastorno por culpa de aquella afición, y no les faltaban sus razones. En estos días de agosto leer al sol sobre una toalla de colores o a la sombra fresca de un toldo en una terraza o en un jardín tiene algo de la inmediata felicidad física de sumergirse en el agua, de darse una caminata con el primer fresco del día. La sed de la lectura se sacia tan a largos tragos como la del agua límpida después del ejercicio. La dulzura de no hacer nada durante muchas horas se confunde con el ligero mareo de haber leído y leído sin sobresalto. Sobre la tipografía tupida de la novela que aún va a durarnos muchos días se recorta la silueta móvil y precisa de una hoja de higuera. Los murmullos del bosque del libro se corresponden con los de la palmera a cuya sombra hemos dispuesto la butaca. La vela del navío imaginario que atraviesa los mares restalla ahora mismo en la lona del toldo, mientras a una cierta distancia chocan invisibles contra el suelo las pelotas de tenis.

(…)

Estar plenamente en un sitio, en un cierto momento, en una terraza cerca de las pistas de tenis o en un jardín junto a una piscina o en una tumbona frente al mar; y al mismo tiempo estar en el mundo densamente habitado y también ilusorio de una novela, entregado a ella, queriendo avanzar y queriendo que no acabe, una novela que exija el ejercicio sostenido de las mejores facultades intelectuales y que prodigue a cambio la recompensa de un hallazgo decisivo sobre la experiencia humana contado con la cercanía y la inminencia de un cuento primitivo.

Muñoz Molina cuenta después en este artículo, que había dejado de leer novelas cansado de “sus trampas previsibles, sus anzuelos para reclamar y sostener la atención, sus simetrías disimuladas por imitaciones torpes de los despropósitos y las discontinuidades de la vida” pero que hace tres veranos se volvió a enamorar del género gracias a dos novelas: “Ulises” de James Joyce y “Vida y destino” de Vasili Grossman.

Os recomiendo el artículo entero. Podéis acceder pinchando aquí:

http://www.elpais.com/articulo/semana/Largas/novelas/agosto/elpepuculbab/20090815elpbabese_6/Tes

01Sep, 2009

GUERRA Y PAZ; Pensar la vida.

Escrito por: corto-cortes el 01 Sep 2009 - URL Permanente

Hace unos años, siendo adolescente y sintiendome muy angustiado, encontré consuelo en los Evangelios. Abría el libro sagrado al azar y siempre tenía la sensación de que lo leido estaba escrito para mi. Lo mismo me ocurre con las grandes novelas.

En la página 713 de la edición del Taller de Mario Muchnik de GUERRA Y PAZ escribe Tolstói:


La ociosidad, según la tradición bíblica, la falta de todo trabajo, era la condición que aseguraba la felicidad, el bienestar del primer ser humano antes de su caida. El gusto por la ociosidad no ha cambiado en el hombre después de su caida, pero la maldición sigue pesando sobre él, y no solo porque debamos ganar el pan con el sudor de nuestra frente, sino porque nuestra naturaleza moral nos prohibe estar ociosos y tranquilos al mismo tiempo. Una voz secreta nos dice que por estar ociosos somos culpables. Si el hombre pudiese hallar un estado en el que, sin dejar de ser ocioso, supiese que es útil y que cumple con su deber, habría recuperado una parte de la felicidad primitiva.

Todos los veranos me hago el propósito de permanecer al menos 2 semanas totalmente ocioso, haciendo solo lo que me apetezca. Nunca lo consigo. Solo cuando fui niño disfruté de esa ausencia de esfuerzo sin sentirme culpable y ansioso. No sé si se trata de una maldición bíblica o de la educación recibida, pero no puedo refocilarme en la molicie del ocio, como decía aquel falangista.

El parrafo anterior de Guerra y Paz sirve de introducción a una reflexión muy acertada sobre la vida militar.

Continúa escribiendo Tolstói:


Hay todo un estamento, el militar que goza de semejante estado de ociosidad obligatoria e irreprochable y en ello reside y residirá el principal atractivo del servicio de la armas.

Nikolái Rostov, uno de los personajes centrales de la novela de Tolstói, es oficial del Ejército donde se siente muy feliz. Su madre le manda cartas pidiendole ayuda en la gestión de los problemas económicos de la familia. Al leer esas cartas Nikolái teme que quieran sacarlo de un ambiente (el militar) donde, libre de todas las complicaciones de la vida, se halla tranquilo y feliz.


Conozco con profundidad la vida militar. En el Ejército, o en la Armada, todo esta reglamentado, no tienes que preocuparte por nada. Obedecer las normas es lo más facil. Lo complicado son las cuestiones domésticas, las de la vida civil. Resolver los problemas de la vida familiar, que nunca tienen una única solución, es mucho peor que obedecer una orden de un superior. En la milicia los compañeros solo tienen una cara, la amable. Si eres una persona normal, lo comun es llevarse bien con todo el batallón. Es más facil convivir con 40 tios dentro de un submarino que con una cuñada en un mes de agosto.


Guerra y paz demuestra que su autor fue una de esa escasas personas que pensó con profundidad su vida y la de los demás. Aunque escrita a mediados del siglo XIX plantea los problemas que todo hombre (o mujer) vivirá a lo largo de su existencia ocurra esta en el siglo que ocurra.

Fuente foto: bookcoverarchive.com

23Jul, 2009

TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA; Mario Vargas Llosa.

Escrito por: corto-cortes el 23 Jul 2009 - URL Permanente

En este libro editado por Alfaguara en 2006, Vargas Llosa ( Arequipa, Peru 1936) relata los encuentros y desencuentros en diferentes ciudades ( Londres,Tokio, Paris, Madrid…) de una pareja a lo largo de más de 40 años. De paso se cuenta la vida bohemia en Paris, la de los hippies en Londres…Todos los libros de Vargas Llosa me gustan mucho pero éste es algo especial para mí. Estoy buscando en mi pasado que pudo ocurrirme y con quien para que este libro me llegue tan adentro. Buceo en mi diario a la caza de la experiencia que tanto me marcó y que hace que me identifique con lo leido en esta novela.

Comienza así:


I. Las chilenitas

Aquél fue un verano fabuloso. Vino Pérez Prado con su orquesta de doce profesores a animar los bailes de Carnavales del Club Terrazas de Miraflores y del Lawn Tenis de Lima, se organizó un campeonato nacional de mambo en la Plaza de Acho que fue un gran éxito pese a la amenaza del Cardenal Juan Gualberto Guevara, arzobispo de Lima, de excomulgar a todas las parejas participantes, y mi barrio, el Barrio Alegre de las calles miraflorinas de Diego Ferré, Juan Fanning y Colón, disputó unas olimpiadas de fulbito, ciclismo, atletismo y natación con el barrio de la calle San Martín, que, por supuesto, ganamos.

Ocurrieron cosas extraordinarias en aquel verano de 1950. Cojinoba Lañas le cayó por primera vez a una chica —la pelirroja Seminauel— y ésta, ante la sorpresa de todo Miraflores, le dijo que sí. Cojinoba se olvidó de su cojera y andaba desde entonces por las calles sacando pecho como un Charles Atlas. Tico Tiravante rompió con Ilse y le cayó a Laurita, Víctor Ojeda le cayó a Ilse y rompió con Inge, Juan Barreto le cayó a Inge y rompió con Ilse. Hubo tal recomposición sentimental en el barrio que andábamos aturdidos, los enamoramientos se deshacían y rehacían y al salir de las fiestas de los sábados las parejas no siempre eran las mismas que entraron. «¡Qué relajo!», se escandalizaba mi tía Alberta, con quien yo vivía desde la muerte de mis padres.

Fuente. Alfaguara.

17Jun, 2009

SUSANA FORTES; Querido Corto Maltés.

Escrito por: corto-cortes el 17 Jun 2009 - URL Permanente

El suplemento EL CULTURAL, del periódico EL MUNDO, tiene una sección en la que cada semana un escritor cuenta como consiguió publicar su primer libro. Casi siempre es divertida la crónica de la edición de esas primeras obras. En el último número es la escritora Susana Fortes (Pontevedra 1959) la que cuenta de forma muy amena las peripecias para editar Querido Corto Maltés, su primera novela, que vio la luz en 1994 en Tusquets:


Hay escritores que ya nacieron recitando a Dante, convencidos de que el suyo sería un destino literario. Desde luego no es mi caso. Llegué a esto por error, como a casi todo en la vida. Con siete u ocho años escribir se me antojaba un trabajo pesadísimo. Hay que tener en cuenta que me crié con un montón de hermanos alrededor de un fuerte Comansi, en una época en la que ser sioux o cheyenne era un asunto muy serio. Durante el verano bajábamos a desayunar en pijama con una cinta alrededor de la frente y una pluma en la cresta. Si alguna pitonisa gallega me hubiera augurado entonces un futuro de escritora, la hubiera asaetado sin piedad con las cuatro flechas sagradas de la nación cheyenne. Lo que yo quería no era escribir novelas, sino deslizarme a lo Jim Hawkins por el cabo que llevaba desde mi cuarto hasta la playa para convertirme en todos los personajes de los libros que leía: Josephine March en Mujercitas, Mowgly, la hermana mayor de los Hollyster, una princesa austro-húngara, Alicia en el país de las Maravillas y fue por ese camino como una tarde de temporal acabé encontrándome, cara a cara, con el marinero de mi primera novela, Querido Corto Maltés.

Ya no era ninguna cría y de mi época cheyenne sólo me quedaba las rodillas descalabradas y una cicatriz de cuatro centímetros en la sien. Escribir seguía pareciéndome un oficio demasiado sedentario, apto sólo para gente sumisa a la ley de la gravedad como Cela o Torcuato Luca de Tena. Sin embargo leía a destajo. Acababa de regresar con unos amigos de un viaje por la Bretaña francesa. Mar. Barcos. Final del verano. Desde la bahía de Morbihan escribí una postal: “Mañana plateada de bruma y salitre. Sobre la mesa un café noir. Corto Maltés no está conmigo”. Así empieza la novela. Siempre fui un peligro escribiendo postales. Pero ya no tiene remedio.

Tiempo después leí la convocatoria del premio Nuevos Narradores de 1994. Me presenté como quien juega a la ruleta. Ese verano hubo marejada fuerte en el estrecho y al volver de las vacaciones, yo había cambiado de casa, de ciudad y de casi todo. No les fue fácil dar conmigo. Ganar en la primera apuesta es como si el Numancia llega a la Champions. Lo demás es largo de contar, pero baste decir que mi editora me entregó el manuscrito lleno de correcciones en rojo, como los exámenes que están suspensos. Lo hizo sin apenas mirarme, fumando un puro. Beatriz de Moura. Qué mujer.

La fiesta de entrega del Premio tuvo lugar en el Hispano. Millás actuó como maestro de ceremonias, pero el muy bellaco no me avisó del lío en el que me estaba metiendo. De haber sabido cómo eran estas cosas, no hubiera dado un paso sin mi guardia de arqueros cheyennes, pero no lo sabía y acudí desarmada. Ley de vida. Cuando llegó el momento de pronunciar unas palabras de agradecimiento, estuve a punto de largarme, porque la vida social me pone bastante borde. Pero entonces alguien abrió encima de la barra un cómic de Hugo Pratt con una viñeta en la que estaba Corto Maltés fumando uno de sus cigarrillos Tre Stelle, con la chaqueta colgada a la espalda.

-Vamos, Flaca-me dijo, guiñándome un ojo- te sacaré de ésta.

Y hasta hoy.

Hace unos días ha llegado a las tiendas la última novela de Susana Fortes, Esperando a Robert Capa, editorial Planeta 2009:


París 1935. Robert Capa y Gerda Taro. El amor, la guerra y la fotografía marcaron sus vidas. Eran jóvenes, antifascistas, guapos y asilvestrados. Lo tenían todo. Y lo arriesgaron todo. Crearon su propia leyenda y fueron fieles a ella hasta sus últimas consecuencias.