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18Nov, 2011

PILAR DONOSO (HIJA DE JOSÉ DONOSO) SE HA SUICIDADO

Escrito por: corto-cortes el 18 Nov 2011 - URL Permanente

Así comienza "Correr el tupido velo" (Alfaguara, 2010), la biografía (con base en los 64 cuadernos de los diarios dejados por el escritor chileno) que Pilar escribió de su padre:

Han pasado diez años de la muerte de mi padre y su sombra aún deambula por todas partes: al caminar en las calles, al abrir un clóset, al subir la escalera, al mirar hacia el horizonte.

Una vez este padre tan presente me dijo:

—Uno logra ser uno mismo cuando los padres se mueren. Qué mentira. No ha sido así en mi caso; ahora he tenido que hacerme cargo de su vida mucho más que cuando vivía.

No puedo liberarme de su cadena opresora. ¿Seré yo también un personaje de sus novelas? La ficción y la realidad vuelven a mezclarse, como cuando era una niña y pude creerle, por mucho tiempo, que los yogures colgaban de los árboles y que había unos con sabor a frutilla y otros a durazno; o que, al hablar de una persona cualquiera, yo podía llegar a creer que era una tía muy lejana que venía a visitarnos; o bien que un personaje de una de sus novelas era un amigo de su infancia.

En mi casa era imposible diferenciar esa línea tenue entre la ficción y la realidad, y aún ahora me cuesta distinguirla. Al leer sus diarios no puedo sino confirmar que él, más allá de su arte como novelista, tenía una seria disfunción respecto de la realidad.

Leo y releo y reconozco tantas cosas... me río, lloro, me enrabio, perdono, vuelvo a llorar; me decepciono, lo enaltezco y nuevamente lo perdono porque lo quise inmensamente.

Ser padre es algo normalmente impuesto; él, en cambio, tomó esa opción, me adoptó y me dio generosamente aquello que, como padres, a veces nos negamos por no habernos liberado de nuestras propias historias.

Ante todo, mi padre era escritor. Cuando los días en que la muerte ya no pertenecía al mundo de la fantasía —su presencia lo rondaba por la casa de Galvarino Gallardo— enfrentamos juntos el hecho de que llegaba el fin. Le pregunté qué quería que dijera su epitafio y me contestó:

Escritor. No quiero nada más. Eso he sido.

Sostenía que muchos de los novelistas latinoamericanos contemporáneos, en su búsqueda de estatus, se transforman en figuras públicas, como tribunos, como políticos; él, en cambio, se consideraba simplemente un escritor.

Voy a tratar de contar esa historia —que es la mía en relación a él, finalmente— sin pretender un análisis literario de su obra, ni menos uno psicológico de su compleja personalidad. Será, más bien, la visión de una hija-niña, hija-adolescente, hijamujer que lo acompañó, lo admiró, lo amó y lo odió. De modo que no esperen objetividad alguna; son los recuerdos de ese fantasma que me persiguen y me perseguirán por siempre.

Debo aclarar que mi padre me designó como su biógrafa, pero yo no era la única a quien confirió este título honorífico. También se lo pidió a Esther Edwards, a su sobrina Claudia Donoso, a su amigo el escritor Fernando Sáez, y quizás a muchos otros. En pos de esta tarea que emprendí seriamente, nos juntábamos tres días a la semana para grabar nuestras conversaciones.

En realidad, más que diálogos fueron sesiones sobre lo que él quería contar y no necesariamente acerca de lo que yo preguntaba o quería saber. Estas reuniones metódicas nos dieron la oportunidad de intercambiar recuerdos, ideas estéticas, incluso ideológicas; nos escuchamos como nunca y como nunca nos encontramos. En esas conversaciones, además de sus diarios, cartas y ensayos, está sustentada esta biografía.

Este relato es, de un modo muy personal, una manera de liberarme, de ahuyentar a su fantasma. Mi padre me contó una vez algo que probablemente la mayoría de los lectores debe conocer: Virginia Woolf se preguntaba por qué el recuerdo de su madre no había dejado de obsesionarla a sus cuarenta y cuatro años de vida. Entonces escribió Al faro y el fantasma de su madre dejó de perseguirla. Por supuesto, no es mi intención hacer una comparación de ese tono y proporciones, pero sí de mi propio proceso de liberación.

En un artículo de mi padre encuentro una opinión muy personal sobre este tipo de textos. Biografías, cartas, semblanzas, recuerdos, crónicas, que si se publican son o académicas o ñoñas o mundanas. Somos una raza extrovertida y efusiva, pero temerosa, pudorosa, que no se entera de la verdad (como sí lo hacen los ingleses cuando deciden hacerlo). Así las figuras de nuestra cultura siguen siendo monumentales, nunca humanas, y los elementos contradictorios y a veces hasta vergonzosos con que se construyó la obra genial permanecen velados.

No sé en qué categoría caerían mis escritos para él. Desde luego no en lo académico, pero quizás tampoco en lo ñoño o mundano. Espero que no. En mi personal búsqueda por rescatarlo en su intimidad, en su profundo y particular mundo sin límites, he recurrido a sus cartas, de las que guardó siempre copia, tanto de las que escribió como de las que recibió; también a sus ensayos y, especialmente, a sus diarios, en los cuales jamás guardó secreto alguno. Con esto debemos aprender la lección de que jamás hay que destruir papeles, que los archivos y las colecciones son sagrados, no sólo por cuanto iluminan el pasado, sino también porque proyectan el futuro.

Mis recuerdos se inician muy temprano y quizás simplemente estén asociados a fotografías. Pero si bien éstos comienzan alrededor de los tres años, empezaré esta historia, mi propia historia, desde el matrimonio de mis padres. Incluso creo que será necesario explicar ciertas experiencias previas de mi padre que lo llevaron a dejar Chile por diecisiete años y que lo marcaron definitivamente para ser quien fue.

La historia que quiero contar no es «la historia de José Donoso», sino la de una hija en la búsqueda interminable por saber quiénes fueron sus padres, sean biológicos o adoptivos.

Es la búsqueda de la identificación, del entendimiento de quién es uno y del inevitable conflicto que esto implica.

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14Oct, 2010

LORD BYRON MANIACO-DEPRESIVO; Según Kay Redfield Jamison.

Escrito por: corto-cortes el 14 Oct 2010 - URL Permanente

Un buen libro te lleva a otro libro. Ayer comentaba aquí Byron la divertida biografía que el Príncipe de Lampedusa escribió sobre el poeta escocés. Este libro editado en castellano por Nortesur casi parece un libro de aventuras. Su autor describe de forma muy amena la vida del poeta. Incluso cuando se refiere a sus extravagantes parientes, lo hace da tal forma que hasta te caen bien.

Hace años leí la autobiografía de Kay R. Jamison, Una mente inquieta, editada por Tusquets. En este libro su autora, psiquiatra de profesión, describe su propio calvario como enferma mental. Tiene otro libro, Marcados con fuego, editado por Fondo de cultura Económica en el que analiza las enfermedades mentales que padecieron escritores como Virginia Wolff, Edgar Allan Poe o Lord Byron, entre otros. La doctora Jamison nos ofrece una descripción de Lord Byron desde un punto de vista muy diferente al de Lampedusa.

Sobre Lord Byron se atreve a afirmar, con datos, que claramente padeció la enfermedad maniaco-depresiva:

Pág. 152.


Byron sufrió enormemente por su “predisposición al dolor”, y a veces temió volverse loco. Escribió y habló sobre el suicidio, y adoptó un estilo de vida que hacía probable un temprano fin; desde el punto de vista médico, sus síntomas, la historia psiquiátrica de su familia y el curso de su enfermedad encajan muy bien en la pauta de la enfermedad maniaco-depresiva.

Sigue Jamison:

Muchos de los críticos de Byron han sostenido que muchos de los temas sobre los que escribió, especialmente sus torturados estados emocionales, eran puro melodramatismo, protagonismo y pose. Aquí sostenemos que, de hecho, Byron ejerció un notable control sobre su existencia problemática y a veces dolorosa, y que tuvo un estilo insólitamente expresivo, un talento y un valor poco comunes para jugar con las cartas que le tocaron en la vida.

(…)

Su desastroso modo de administrar sus finanzas era similar a su promiscuidad episódica, su ira violenta, su impetuosidad, su inestabilidad, su amor a correr riesgos, su poco juicio y su extrema irritabilidad, todo lo cual constituye un clásico comportamiento maniaco. Aunque no hay pruebas de que Byron padeciera alucinaciones y delirios, estos no son componentes indispensables del diagnóstico de manía. La irritabilidad y las rabietas de Byron muchas veces se manifestaban en el contexto de su comportamiento melancólico, lo que coincide con el diagnóstico de los estados mixtos ( la coexistencia de síntomas de manía y de depresión).

A partir de la pág. 154 nos habla de los antecedentes familiares:


Por último, lo que es especialmente grave en una enfermedad genética, [la autora defiende que esta enfermedad es genética algo, en mi opinión no demostrado] Byron tuvo una historia familiar notable por sus suicidios (que se pueden relacionar más con la enfermedad maniaco-depresiva que con ninguna otra), violencia, irracionalidad, extravagancias financieras y melancolía recurrente (…). El propio Byron fue el primero en creer en la base constitucional de su enfermedad y su temperamento: “Es ridículo”, le hizo notar a Lady Blessington, “decir que no heredamos nuestras pasiones al igual que otros trastornos”

La doctora Jamison describe las rarezas (por ser benévolo) de los familiares de Byron. Aunque por parte de madre, los Gordon, hay buenos ejemplos, para mi gusto el peor fue su propio padre al que apodaban “Mad Jack” o “Jack el loco”.

Pág. 157:


John Byron (“Mad Jack”) no tardó en contraer el mismo tipo de deudas de juego y los mismos problemas financieros y en sobrepasar el grado de disipación de su tío, el malvado Lord. Encantador, bien parecido y entusiasta, sirvió algún tiempo en América al cuerpo de Guardias de Coldstream, antes de regresar al torbellino social de Londres. Allí conoció a la esposa del futuro duque de Leeds, heredera de un título. Después de un escándalo y un divorcio se casaron y se fueron a vivir a Francia, donde tuvieron varios hijos; la única que sobrevivió a la infancia fue Augusta, la media hermana del poeta y su gran amor. (Como era tradicional en la familia Byron, Augusta se casó con su primo hermano, John Leight, quien tuvo enormes problemas financieros y contrajo muchas deudas de juego. Dos de sus tres hijos y dos de sus hijas también tuvieron graves dificultades económicas. [Además, por lo menos uno de sus hijos, descrito como “desequilibrado mental”, tuvo que ser internado]) Cuando murió su esposa Jack el Loco, después de acumular todavía más deudas, volvió a Inglaterra y se casó con otra heredera, esta vez escocesa, Catherine Gordon de Gight. Se apresuró también a gastar esta segunda fortuna, y poco después de nacer su hijo, George Gordon (Lord Byron) regresó a Francia para escapar de sus acreedores. Murió joven, disoluto, alcohólico y víctima de sus “inestables estados de ánimo, de sus apetitos sensuales, de una tristeza y de una alegría salvajes”* y probablemente por la vía del suicidio.

*Jamison se apoya en el libro de Moore: “Lord Byron: Accounts rendered

Kay R. Jamison, de hecho, usa una frase de Lord Byron para titular su libro. En la introducción de su primer capítulo escribe:


“Todos los del oficio estamos locos” dijo Lord Byron de sí mismo y de sus compañeros poetas. “A algunos les da por la alegría, a otros por la melancolía, pero todos estamos más o menos marcados”.

Lord Byron.

John "Mad Jack" Byron.

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10Abr, 2009

ALBERTO BEVILACQUA; El que te traicionaba. 1ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 10 Abr 2009 - URL Permanente

De este autor italiano (Parma, 1934) solo conocía un libro: A través de tu cuerpo, sobre D.H. Lawrence y su esposa, que cuenta una historia real con mucho sexo por medio, editado por Bruguera. Gracias a esta editorial he leído El que te traicionaba.

Se trata de la narración en primera persona del hijo de Lisa y Marco. Esta pareja se conoce en el puente que une los dos barrios enfrentados de un pueblo de Italia en los años 30. Lisa pertenece a la parte pobre y comunista y Marco a la parte rica y fascista. En aquellos años, en Italia, las diferencias entre unos y otros eran muy acentuadas. Marco es héroe de la aviación, piloto de motos de competición y lo que más importa para la vida de su hijo, el narrador, un mujeriego empedernido.

Marco al conocer el embarazo de Lisa no quiere reconocer al niño ni casarse con la madre. Lisa lucha contra todos por tener a su hijo y al final consigue incluso que su hombre vuelva. Pero Mario nunca dejará al resto de las mujeres.

Lisa sufre profundas depresiones a lo largo de su vida. El narrador intenta racionalizar todo lo ocurrido, encontrar explicación a lo que él ha sufrido a través de la historia de sus padres.

El hijo se queja de que nunca pudo contar sus problemas a su madre a causa de su enfermedad. Una vez muerta Lisa, el hijo escucha las cintas que dejó grabadas y, de otra manera, establece el diálogo que nunca tuvo con ella. Ahora habla con su madre muerta.

Para intentar humanizar a su padre lee a escondidas las libretas que forman su diario al que llamó Diario de Sentimientos. En esas libretas encuentra las justificaciones del padre a su actitud y la comprensión y la disculpa de su madre.

Pone los pelos de punta la sinceridad con la que escribe Bevilacqua. No puedes dejar de pensar que está escribiendo sobre su vida. Sospechas que entre sus padres ocurrió lo que entre Lisa y Mario. Bevilacqua parece que con este libro se quita de encima, o lo intenta, un trauma que lo ha acompañado toda su vida. Igual que lo hace Amos Oz en Una historia de Amor y Oscuridad.

Escribe Bevilacqua en la página 22:


Mi padre ha sido el factor desencadenante de cada uno de los aspectos de nuestra vida, de muchas verdades y mentiras, de muchas ilusiones y derrotas. Ha sido cono un pequeño Dios, positivo y negativo, que no nos ha dejado en paz hasta que llegó el momento en que sufrió la humillación definitiva. Y aunque consiguió soportar lo que le tocaba, no sin dificultades, nunca pudo luchar contra la enfermedad de mi madre. Estaba atrapad por sus obsesiones y para llegar a aceptarlo necesitó que ocurriera todo lo que ocurrió.


Alberto Bevilacqua
Fuente; flickr.com

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08Mar, 2009

WILLIAM STYRON; Montaña Rusa.

Escrito por: corto-cortes el 08 Mar 2009 - URL Permanente

Cuando el lector acepta la propuesta planteada por el escritor en las primeras páginas de la novela lo mejor que puede hacer es dejarse llevar. El lector ha firmado un pacto con el autor. Este último lo va a conducir a través de un nuevo mundo (su novela) y durante 800 páginas al lector le interesa aceptar las reglas marcadas por su guía. Si el escritor es bueno y la novela vale la pena el lector bajará al infierno, subirá al cielo y hará el amor con mujeres maravillosas. Sufrirá, llorará y gozará cuando lo hagan los personajes de la novela.

Eso me está ocurriendo a mi, dócil lector, al que William Styron esta llevando a través del mundo creado para “La Decisión de Sophie”.

Una vez que Stingo, Nathan y Sophie se hacen amigos esta última le cuenta, en un pequeño resumen, lo que ha sido su vida desde que los alemanes tomaron su Cracovia natal (Polonia). Le relata, de forma concisa pero intensa, el asesinato de su marido y su padre, su sentimiento de culpa y su intento de suicidio. Yo, el lector, sé que es un triste aperitivo (quedan aún más de 600 paginas de trozos de vida), pero no puedo evitar entrar, de la mano de Sophie, en la más oscura habitación del dolor.

Dos páginas después Sophie ya le esta explicando como llegó a EEUU y como empezó a rehacer su vida, le habla de su pasión por la música y le relata su experiencia, a los pocos días de llegar a Nueva York cuando en verano, en el parque, escucha un concierto:


“Como el concierto para violín de Beethoven interpretado una noche por Yehudi Menuhin con tan voraz apasionamiento y tanta ternura que, allí sentada, casi en el borde exterior del anfiteatro, un poco estremecida bajo las destellantes estrellas, experimentó una serenidad y una sensación de consuelo que la sorprendieron, junto con la certeza de que había cosas por las que valía la pena vivir y de que le sería posible recuperar los trozos dispersos de su vida y reunirlos de nuevo para volver a ser ella misma”

¿Qué me ha ocurrido? Estoy mareado. ¿Como puede ocurrirme esto en 10 páginas?

El autor me ha hecho bajar al infierno del sufrimiento y poco después me ha llevado en volandas hasta el más alto de los sentimientos de exaltación. Me he sentido renacer gracias al violín de Menuhin junto con la guapa polaca.

Más adelante sufre una depresión debido a algo muy grave que le ocurre en el metro y tras una semana sin salir de la cama el escuchar la Sinfonía Concertante de Mozart se conmueve de tal forma que decide salir de la cama y volver a la lucha por rehacer su vida. Styron lo explica mucho mejor que yo, claro.

Me siento como en una montaña rusa. Me gusta. Mi guía cumple lo prometido. Sufro lloro, gozo, me excito. Estoy leyendo una NOVELA. Gracias señor Styron. Donde quiera que esté.

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26Feb, 2009

HACIA EL AMANECER; Michael Greenberg.

Escrito por: corto-cortes el 26 Feb 2009 - URL Permanente

"El 5 de julio de 1996 mi hija se volvió loca", así comienza Hacia el amanecer, memorias de Michael Greenberg (escritor y cronista de la ciudad de Nueva York) centradas en la enfermedad bipolar de su hija Sally.

Ayer salía a la venta el libro, editado por Seix Barral, y en EL PAÍS se publicaba la entrevista que Elvira Lindo hizo al autor.

Cuenta Lindo que:


“Sally no fue el primer miembro de la familia Greenberg que padeció un tipo de trastorno Mental. Antes que ella, el escritor creció con Steven, su hermano, un sociópata que vive escondiéndose de las miradas ajenas.

En el momento en que la enfermedad de Sally hace su violenta aparición, Michael siente algo parecido a la culpabilidad sanguínea, y es su madre, uno de los personajes más enigmáticos de esta historia, quien le quita esa idea de la cabeza de una manera brutal: "Sally y Steven", le dice, "no padecen el mismo tipo de locura. Steven es así porque yo no lo quise, no lo quise nunca", confiesa la madre en una conversación que hiela la sangre.

Lindo: ¿Qué tipo de reacción tuviste, le pregunto, cuando ella te reveló ese capítulo familiar tan perturbador?

Greenberg:"Mi madre es tan especial, una especie de Catherine Deneuve de Brooklyn..." -se ríe- "sí, entiendo lo que dices, una madre que no quiere a un hijo es considerada un monstruo, una mujer al estilo de April, la madre de Revolutionary road, pero yo sentí que confiándome esa experiencia tan dolorosa también para ella me estaba haciendo un gran favor, quería que yo me desprendiera de cualquier responsabilidad sobre la enfermedad de mi hija, deseaba dejarme claro que mi hermano estaba desquiciado a consecuencia de una falta total de amor y que, sin embargo, lo de mi hija era una enfermedad inevitable. A pesar del shock le estoy agradecido".

Lo que cuenta sobre su madre, esa confesión de no amar a su hijo, me lleva a dudar sobre si la enfermedad de Sally es biológica/química, en ese caso no habría responsabilidad de la familia, o si es producto de una cadena familiar de desamor. (Greenberg está divorciado de la madre de su hija). Soy consciente de que me faltan datos. Un divorcio, solamente, no desencadena una enfermedad mental. También sé que planteo, de nuevo, el viejo dabate entre los psiquiatras y los psicólogos: La enfermedad mental ¿tiene fundamentalmente causas biológicas o principalmente causas culturales?. También podría ocurrir que en este caso se diera una mezcla de las dos causas.

Acabo de comprar el libro. Para resolver mis dudas solo puedo leerlo. Espero llegar a una conclusión, que transcribiré aquí puntualmente.

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17Ene, 2009

MUSICA BLANCA; Cristina Cerezales Laforet.

Escrito por: corto-cortes el 17 Ene 2009 - URL Permanente

Carmen Laforet se hizo muy famosa cuando en 1944, a los 22 años, ganó el premio Nadal con su primera novela “Nada”. Dos años después se casó con Manuel Cerezales, crítico literario y periodista con el que tuvo 5 hijos. En los años setenta comienza a sufrir depresiones, se separa de su marido, empieza a encerrarse en su propio mundo y a escribir cada día menos.

“Mi madre era una persona con necesidad de intimidad absoluta. Su fama le hizo sufrir tremendamente”

Dice su hija Cristina Cerezales Laforet que en 2003 publicó “Puedo contar contigo” donde recoge las cartas que se enviaron su madre y Ramón J. Sender.

Ahora Destino publica la biografía novelada que la hija hace de la madre. En los últimos años de la vida de Carmen Laforet, enferma de Alzheimer, su hija Cristina la visitaba en la residencia donde estaba recluida y utilizando un álbum de fotos familiares fueron repasando su vida. Me llama la atención la mención especial que Cristina Cerezales hace a una imagen de su padre:

“Entre esas caras reconoce a su ex marido, mi padre, a quien no nombraba desde hacía veinte años, y le dedica un recuerdo de juventud, de amor”.

Emociona pensar en la necesidad que una hija tiene de confirmar la existencia de amor entre sus padres separados. Conmueve más si se sabe que cuando la madre (Carmen Laforet) tenía trece años falleció su madre y su padre, el arquitecto canario Eduardo Laforet, se casó con otra que le dio un hijo varón. Parece que Carmen Laforet llegó a Barcelona huyendo de los celos de la madrastra. ¿Se heredan los traumas familiares?

“Con esta obra cierro un ciclo y quedo en paz” termina diciendo la hija de Carmen.

El titulo "Musica Blanca" sale de Alessandro Baricco.

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01Dic, 2008

AMOS OZ; Su madre y los libros.

Escrito por: corto-cortes el 01 Dic 2008 - URL Permanente

Cuenta Amos Oz en "Una historia de amor y oscuridad" (Siruela) que siendo niño su madre, en el autobus camino de la consulta del médico, le dijo que los libros, como las personas, cambian pero la diferencia es que los libros no te abandonan, no te traicionan.

La madre de Amos Oz se suicidó cuando el escritor aún no había cumplido 10 años.

Oz escribe este libro cuando tiene 60 años. Estremece leer el recuerdo cariñoso que Oz tiene de su madre.

Mi opinión es que "Una historia de amor y oscuridad" Siruela es un intento de sacarse de la cabeza y del corazón el suicidio de su madre. Puede que gracias a este libro el niño Oz consiga, 50 años después, perdonar a sus padres: A su madre por abandonarlo y a su padre, al que considera, en parte, culpable del suicidio, por sus aventuras fuera del matrimonio.

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19Nov, 2008

MARTIN AMIS; Experiencia. (Anagrama)

Escrito por: corto-cortes el 19 Nov 2008 - URL Permanente

En el comienzo de este libro Martin Amis da a entender que la muerte de su padre, el famoso escritor Kingsley Amis, es lo que le motiva a escribir estas memorias.

Escribe M. Amis:"Alguién ya no está aquí. La figura mediadora, el padre, el hombre que está entre el hijo y la muerte, ya no está; y ya nada volverá a ser lo mismo."

El libro es claramente un ajuste de cuentas con su padre al que llama por su nombre:

"Sentí un inmenso e instantaneo dolor cuando Kingsley, que había declarado que le había gustado mi primera novela, dijo luego que no pudo con la segunda"

Su padre debío ser un misógino de cuidado. M. Amis cita una frase del libro "Jake`s thing" de su padre: " Ellas no quieren decir lo que dicen, no utilizan el lenguaje para el dircurso sino para prolongar su personalidad; toman todo desacuerdo como oposición, si, eso es lo que hacen, incluso la más brillante de ellas, y eso implica el final de la busqueda de la verdad, que es en definitiva de lo que todo se trata."

Kingley Amis se separó de su mujer y madre de Martin. Cuando este último se divorcia años despues escribe:"Solo a él (a su padre) era capaz de hablarle de lo que yo les estaba haciendo a mis hijos. Por que él me lo había hecho a mi en otro tiempo"

Esta frase me parece de una gran crudeza. El hijo es consciente del daño que hace a sus propios hijos separandose pero de alguna forma lo justifica en el sufrimiento que su propio padre le causó haciendo lo mismo años atrás.

Hay muchos y buenos libros sobre la relación padre/hijo. Recuerdo, por ejemplo, "Patrimonio" de Philip Roth.

Melusina acaba de publicar "De padres e hijos" de Emil Hakl. Este libro recrea las conversaciones entre un padre y un hijo sobre temas como el amor, las mujeres, la política y la familia.

La familia Amis.

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