28Jul, 2009
MARIO VARGAS LLOSA; Madame Bovary.
El escritor peruano/español Mario vargas Llosa escribe interesantes ensayos sobre literatura. En 2008 Alfaguara ha publicado el último Viaje a la ficción sobre el autor uruguayo Juan Carlos Onetti. Yo tengo un cariño especial a
Escribe Vargas Llosa.
Siempre he tenido por cierta la frase que se atribuye a Oscar Wilde sobre un personaje de Balzac: «The death of Lucien de Rubempré is the great drama of my life» *. Un puñado de personajes literarios han marcado mi vida de manera más durable que buena parte de los seres de carne y hueso que he conocido. Aunque es verdad que cuando personajes de ficción y seres humanos son presente, contacto directo, la realidad de estos últimos prevalece sobre la de aquéllos —nada tiene tanta vida como el cuerpo que se puede ver, palpar—, la diferencia desaparece cuando ambos tornan a ser pasado, recuerdo, y con ventaja considerable para los primeros sobre los segundos, cuya delicuescencia en la memoria es sin remedio, en tanto que el personaje literario puede ser resucitado indefinidamente, con el mínimo esfuerzo de abrir las páginas del libro y detenerse en las líneas adecuadas. En ese círculo heterogéneo y cosmopolita, pandilla de fantasmas amigos que se renueva según las épocas y el humor —hoy mencionaría, deprisa, a: D’Artagnan, David Copperfield, Jean Valjean, el príncipe Pierre Bezukhov, Fabrizio del Dongo, a los terroristas Cheng y The Professor, a Lena Grove y al penado alto—, ninguno más persistente y con el cual haya tenido una relación más claramente pasional que Emma Bovary. Esa historia puede contribuir, quizás, a ilustrar con un ejemplo mínimo las relaciones tan discutidas y enigmáticas de la literatura y la vida. (…) En el verano de 1959 llegué a París con poco dinero y la promesa de una beca. Una de las primeras cosas que hice fue comprar, en una librería del barrio latino, un ejemplar de Madame Bovary en la edición de Clásicos Garnier. Comencé a leerlo esa misma tarde, en un cuartito del Hotel Wetter, en las inmediaciones del museo Cluny. Ahí empieza de verdad mi historia. Desde las primeras líneas el poder de persuasión del libro operó sobre mí de manera fulminante, como un hechizo poderosísimo. Hacía años que ninguna novela vampirizaba tan rápidamente mi atención, abolía así el contorno físico y me sumergía tan hondo en su materia. A medida que avanzaba la tarde, caía la noche, apuntaba el alba, era más efectivo el trasvasamiento mágico, la sustitución del mundo real por el ficticio. Había entrado la mañana —Emma y Léon acababan de encontrarse en un palco de la ópera de Rouen— cuando, aturdido, dejé el libro y me dispuse a dormir: en el difícil sueño matutino seguían existiendo, con la veracidad de la lectura, la granja de los Rouault, las calles enfangadas de Tostes, la figura bonachona y estúpida de Charles, la maciza pedantería rioplatense de Homais, y, sobre esas personas y lugares, como una imagen presentida en mil sueños de infancia, adivinada desde las primeras lecturas adolescentes, la cara de Emma Bovary. Cuando desperté, para retomar la lectura, es imposible que no haya tenido dos certidumbres como dos relámpagos: que ya sabía qué escritor me hubiera gustado ser y que desde entonces y hasta la muerte viviría enamorado de Emma Bovary.
*
« La muerte de Lucien de Rubempré es el drama de mi vida » . Lucien de Rubempré es un personaje de Las ilusiones perdidas de Balzac.

fuente foto: estereototal.com
23Jul, 2009
TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA; Mario Vargas Llosa.
En este libro editado por Alfaguara en 2006, Vargas Llosa ( Arequipa, Peru 1936) relata los encuentros y desencuentros en diferentes ciudades ( Londres,Tokio, Paris, Madrid…) de una pareja a lo largo de más de 40 años. De paso se cuenta la vida bohemia en Paris, la de los hippies en Londres…Todos los libros de Vargas Llosa me gustan mucho pero éste es algo especial para mí. Estoy buscando en mi pasado que pudo ocurrirme y con quien para que este libro me llegue tan adentro. Buceo en mi diario a la caza de la experiencia que tanto me marcó y que hace que me identifique con lo leido en esta novela.
Comienza así:
I. Las chilenitas Aquél fue un verano fabuloso. Vino Pérez Prado con su orquesta de doce profesores a animar los bailes de Carnavales del Club Terrazas de Miraflores y del Lawn Tenis de Lima, se organizó un campeonato nacional de mambo en Ocurrieron cosas extraordinarias en aquel verano de 1950. Cojinoba Lañas le cayó por primera vez a una chica —la pelirroja Seminauel— y ésta, ante la sorpresa de todo Miraflores, le dijo que sí. Cojinoba se olvidó de su cojera y andaba desde entonces por las calles sacando pecho como un Charles Atlas. Tico Tiravante rompió con Ilse y le cayó a Laurita, Víctor Ojeda le cayó a Ilse y rompió con Inge, Juan Barreto le cayó a Inge y rompió con Ilse. Hubo tal recomposición sentimental en el barrio que andábamos aturdidos, los enamoramientos se deshacían y rehacían y al salir de las fiestas de los sábados las parejas no siempre eran las mismas que entraron. «¡Qué relajo!», se escandalizaba mi tía Alberta, con quien yo vivía desde la muerte de mis padres.

Fuente. Alfaguara.
17Jun, 2009
SUSANA FORTES; Querido Corto Maltés.
El suplemento EL CULTURAL, del periódico EL MUNDO, tiene una sección en la que cada semana un escritor cuenta como consiguió publicar su primer libro. Casi siempre es divertida la crónica de la edición de esas primeras obras. En el último número es la escritora Susana Fortes (Pontevedra 1959) la que cuenta de forma muy amena las peripecias para editar Querido Corto Maltés, su primera novela, que vio la luz en 1994 en Tusquets:
Hay escritores que ya nacieron recitando a Dante, convencidos de que el suyo sería un destino literario. Desde luego no es mi caso. Llegué a esto por error, como a casi todo en la vida. Con siete u ocho años escribir se me antojaba un trabajo pesadísimo. Hay que tener en cuenta que me crié con un montón de hermanos alrededor de un fuerte Comansi, en una época en la que ser sioux o cheyenne era un asunto muy serio. Durante el verano bajábamos a desayunar en pijama con una cinta alrededor de la frente y una pluma en la cresta. Si alguna pitonisa gallega me hubiera augurado entonces un futuro de escritora, la hubiera asaetado sin piedad con las cuatro flechas sagradas de la nación cheyenne. Lo que yo quería no era escribir novelas, sino deslizarme a lo Jim Hawkins por el cabo que llevaba desde mi cuarto hasta la playa para convertirme en todos los personajes de los libros que leía: Josephine March en Mujercitas, Mowgly, la hermana mayor de los Hollyster, una princesa austro-húngara, Alicia en el país de las Maravillas… y fue por ese camino como una tarde de temporal acabé encontrándome, cara a cara, con el marinero de mi primera novela, Querido Corto Maltés. Ya no era ninguna cría y de mi época
cheyenne sólo me quedaba las rodillas descalabradas y una cicatriz de cuatro centímetros en la sien. Escribir seguía pareciéndome un oficio demasiado sedentario, apto sólo para gente sumisa a la ley de la gravedad como Cela o Torcuato Luca de Tena. Sin embargo leía a destajo. Acababa de regresar con unos amigos de un viaje por
Tiempo después leí la convocatoria del premio Nuevos Narradores de 1994. Me presenté como quien juega a la ruleta. Ese verano hubo marejada fuerte en el estrecho y al volver de las vacaciones, yo había cambiado de casa, de ciudad y de casi todo. No les fue fácil dar conmigo. Ganar en la primera apuesta es como si el Numancia llega a
La fiesta de entrega del Premio tuvo lugar en el Hispano. Millás actuó como maestro de ceremonias, pero el muy bellaco no me avisó del lío en el que me estaba metiendo. De haber sabido cómo eran estas cosas, no hubiera dado un paso sin mi guardia de arqueros cheyennes, pero no lo sabía y acudí desarmada. Ley de vida. Cuando llegó el momento de pronunciar unas palabras de agradecimiento, estuve a punto de largarme, porque la vida social me pone bastante borde. Pero entonces alguien abrió encima de la barra un cómic de Hugo Pratt con una viñeta en la que estaba Corto Maltés fumando uno de sus cigarrillos Tre Stelle, con la chaqueta colgada a la espalda.
-Vamos, Flaca-me dijo, guiñándome un ojo- te sacaré de ésta.
Y hasta hoy.
Hace unos días ha llegado a las tiendas la última novela de Susana Fortes, Esperando a Robert Capa, editorial Planeta 2009:
París 1935. Robert Capa y Gerda Taro. El amor, la guerra y la fotografía marcaron sus vidas. Eran jóvenes, antifascistas, guapos y asilvestrados. Lo tenían todo. Y lo arriesgaron todo. Crearon su propia leyenda y fueron fieles a ella hasta sus últimas consecuencias.

30Abr, 2009
PARÍS por Klauss Mann.
En la página 191 de la 1ª edición que ALBA publicó en 2007 de Cambio de rumbo, libro de memorias de Klaus Mann:
¿Por qué se enamora uno de esta ciudad de París? Pues por la palidez nacarada que transfigura a veces los árboles y las estatuas del Jardín de Luxemburgo; por la sagrada solidez con la que está plantada Nôtre Dame en la tierra de la Île de France; por el aroma de anís, vino tinto y Coty en los pequeños bistrots, y por la conmovedora elegancia del terciopelo raido con la que nos reciben ciertos restaurantes y cabarets como si fueran bellezas marchitas; por el mundillo del vicio de Montmartre, teatra y miserable, por las simpáticas pretensiones de Montparnasse; por la Madeleine y los ruidosos cafés de los grandes bulevares, por las encantadoras voces roncas de las putas y las duquesas (¡París, je t`aime!, canta la indestructible Mistinguette); por los deliciosos brioches y la soberbia mousse au chocolat (tampoco esta nada ma la creme de marrons) y por los Campos Elisios; por las galerías de arte de la Rue de la Boëtie y la absurda grandeza de la torre Eiffel, por la vista desde el Sacré Coeur; por las babas au rhum de Rumpelmeyer en la Rue de Rivoli, y por el maravilloso olor en Les Halles, donde muy de mañana las frutas y las verduras resplandecen y huelen mejor que las montañas luminosas y perfumadas de rosas, claveles, lilas y jacintos. Se ama París por la esbelta columna de la Plaza Vendôme, por los libros en rústica amarillos, los innumerables gatos y los innumerables monjes; se ama esta ciudad por los burdeles y por el Boulevard St. Germain y por los múltiples hoteles baratos y por que en todas partes te sirven vino en la comida, un petit vin rosé, incluso en la taberna más barata; es imposible no amar París, pues todo recuerda allí a Balzac (¿quién es ese joven allá en la barra, no se llama Rastignac?), a Luis XIV, a Offenbach, a Proust, a los Ballets Rusos, a Danton y a Heinrich Heine. (...) Por eso se ama París, no por las “aventuras”. Berlín, Shanghai y Nueva York son a lo mejor ciudades de aventuras, pero no París. París es extremadamente civilizado, escéptico, elegante, equilibrado, en absoluto excéntrico. La vida nocturna en El Cairo, Chicago, Budapest o Nápoles es “aventurera” es decir sucia y criminal; pero la vida nocturna de París es una parte integrante, natural y arónica, de la vida parisiense. ¿Hay bajos fondos en París? Quizás, pero no tienen un papel llamativo. En todo caso a nadie se le ocurriría que una decente prostituta y su diligente proxeneta forman parte de los “bajos fondos”. La esfera de lo sexual, en todos sus aspectos e incluso en sus más exóticas manifestaciones, se treta en esta ciudad con una mezcla de realismo, y de clemencia casi religiosa, característica de la relación que toda civilización madura mantiene con el Eros.
Klaus Mann Hijo primogénito de Thomas Mann (premio Nobel de literatura, 1929), Klaus Mann nació en Múnich en 1906. Su primera colección de relatos, Vor dem Leben [Antes de la vida], y su primera obra teatral, Anja und Esther, vieron la luz en 1925. Un año después publica Novela de niños. Ya instalado en Estados Unidos publica: Mefisto (1936) y El volcán (1939). En 1942 publica sus memorias en inglés,The Turning Point, que al acabar la guerra revisaría y ampliaría en alemán, con el título de Cambio de rumbo(Der Wendepunkt). Se suicidó en 1949. Fuente Alba.

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