19Nov, 2009
EN DEFENSA DEL PROFESOR. Albert Camus.
En su artículo del sábado pasado en EL PAÍS Fernando Savater defendía que se conceda a los profesores el estatuto de autoridad pública. Cita algunas frases de la carta de Albert Camus a su profesor, el señor Germain. Esta fue la primera carta que escribió Camus después de que le fuera concedido el premio Nobel. La carta íntegra dice:
París, 19 de noviembre de 1957.
Querido señor Germain:
Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.
Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Lo abrazo con todas mis fuerzas.
Albert Camus.
El maestro escribe a Camus:
Mi pequeño Albert:
He recibido, enviado por ti, el libro Camus, que ha tenido a bien dedicarme su autor, el señor J.-Cl.Brisville.
Soy incapaz de expresar la alegría que me has dado con la gentileza de tu gesto ni sé cómo agradecértelo. Si fuera posible, abrazaría muy fuerte al mocetón en que te has convertido y que seguirá siendo para mí "mi pequeño Camus".
Todavía no he leído la obra, salvo las primeras páginas. ¿Quién es Camus? Tengo la impresión de que los que tratan de penetrar en tu personalidad no lo consiguen. Siempre has mostrado un pudor instintivo ante la idea de descubrir tu naturaleza, tus sentimientos. Cuando mejor lo consigues es cuando eres simple, directo. ¡Y ahora, bueno! Esas impresiones me las dabas en clase. El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y éstas se presentan constantemente. Una respuesta, un gesto, una mirada, son ampliamente reveladores. Creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. Tu cara expresaba optimismo. [...]
He visto la lista en constante aumento de las obras que te están dedicadas o que hablan de ti. Y es para mí una satisfacción muy grande comprobar que tu celebridad (es la pura verdad) no se te ha subido a la cabeza. Sigues siendo Camus: bravo. [...]
Hace ya bastante tiempo que no nos vemos.
Antes de terminar, quiero decirte cuánto me hacen sufrir, como maestro laico que soy, los proyectos amenazadores que se urden contra nuestra escuela. Creo haber respetado, durante toda mi carrera, lo más sagrado que hay en el niño: el derecho a buscar su verdad. Os he amado a todos y creo haber hecho todo lo posible por no manifestar mis ideas y no pesar sobre vuestras jóvenes inteligencias. Cuando se trataba de Dios (está en el programa), yo decía que algunos creen, otros no. Y que en la plenitud de sus derechos, cada uno hace lo que quiere. De la misma manera, en el capítulo de las religiones, me limitaba a señalar las que existen, y que profesaban todos aquellos que lo deseaban. A decir verdad, añadía que hay personas que no practican ninguna religión. Sé que esto no agrada a quienes quisieran hacer de los maestros unos viajantes de comercio de la religión, y para más precisión, de la religión católica. En la escuela primaria de Argel (instalada entonces en el parque Galland), mi padre, como mis compañeros, estaba obligado a ir a misa y a comulgar todos los domingos. Un día, harto de esta constricción. ¡metió la hostia "consagrada" dentro de un libro de misa y lo cerró! El director de la escuela, informado del hecho, no vaciló en expulsarlo. Esto es lo que quieren los partidarios de una "Escuela Libre" (libre... de pensar como ellos). Temo que, dada la composición de la actual Cámara de Diputados, esta mala jugada dé buen resultado. Le Canard enchaîné ha señalado que, en un departamento, unas cien clases de la escuela laica funcionan con el crucifijo colgado en la pared. Eso me parece un atentado abominable contra la conciencia de los niños. ¿Qué pasará dentro de un tiempo? Estas reflexiones me causan una profunda tristeza.[...]
Recuerda que, aunque no escriba, pienso con frecuencia en todos vosotros.
Mi señora y yo os abrazamos fuertemente a los cuatro. Afectuosamente vuestro.
Las cartas aparecen en El primer hombre. Albert Camus. Tusquets, 1994.
La educación es el principal problema que tenemos en España.

Albert Camus.
16May, 2009
KLAUS MANN; Encuentro en el infinito. 2ª parte.
Encuentro en el infinito, novela de Klaus Mann que publicó en 2007 la editorial El Nadir, relata la vida de un grupo de personas en Berlín y Paris en los años 30´s. El protagonista, Sebastián a sus veinticinco años vive intensamente: viajes, drogas, París, Niza, Fez….
En la página 65 se describe el ambiente de uno de los cabarets de Berlín:
En El Dominó Rojo reinaba una intensa actividad. En la parte delantera del establecimiento, la sala de fiestas propiamente dicha, no quedaba ni una mesa libre y tuvieron que sortear las parejas de bailarines para llegar a uno de los palcos laterales. Un hombrecito calvo les recibió con múltiples reverencias y tan pronto como se hubieron sentado, les trajo corriendo la carta de espumosos. Como no se decidieron enseguida, se retiró levemente ofendido para mezclarse con los bailarines, dando saltitos y gritos de júbilo, tirando serpentinas y tocando animoso su trompetilla de papel de colores infantiles. La sala lucía una tenue luz roja y una gran cantidad de fruslerías, abanicos y farolillos chinos en la pared –“exactamente como los catetos se imaginan un cabaret”, afirmó Darmstädter-. Era del tipo mixto. Había parejas de muchachos bailando y el que pegaba chillidos tras la barra llevaba el pelo teñido de alheña, pero las putas con sus clientes eran mayoría. En los palcos se sentaban abogados y fabricantes de medias ilustrados que habían propuesto enseñar a sus esposas los desenfrenos de Berlín. (…) La americana borracha cabalgaba sobre la baranda del palco agitando con entusuiasmo su copa de espumoso. Parecía un dibujo carnavalesco de 1910. - ¡Venid! ¡Venid! –gritaba al azar hacia el gentío de los bailarines. Estaba convencida de que era así como había que comportarse en la vieja y pecaminosa Europa. (…) A su lado se tambaleaba, riéndose desaforadamente, una muchacha bellísima con el pelo teñodo de rojo carmesí y una boca tan indecentemente grande, blanda y lujuriosa que Richard Darmstädter sugirió la conveniencia de que la cubrieran con un pequeño delantal. La joven se llamaba Olly y era muy conocida en el ambiente de los bajos fondos que se codeaban con los círculos intelectuales.
Hay diversas teorías sobre el motivo del suicidio de Klaus Mann. La mía, modesta, pero la mía, es que no pudo soportar que su padre, Thomas Mann, premio Nobel de Literatura y gran pope de las letras germánicas del siglo XX, no reconociera en su hijo a su digno heredero literario.
Cuando Klaus murió, Thomas Mann le escribió a Hermann Hesse: "Mis relaciones con él fueron difíciles y no exentas de un sentimiento de culpabilidad dado que mi existencia desplegaba una sombra sobre la suya. Él trabajaba muy rápido y muy fácilmente; eso explica los errores y las negligencias de sus libros".
Encuentro en el Infinito está publicada por El Nadir en 2007.

Fuente: El Nadir y Letras Libres.
15May, 2009
KLAUS MANN; Encuentro en el infinito. 1ª parte.
Extraños tiempos estos en que los periódicos regalan películas. Gracias a este amor desinteresado por los lectores he vuelto a ver Cabaret, dirigida por el gran Bob Fosse (impagable es su autobiografía cinematográfica All that Jazz) e interpretada por Liza Minelli y Michael York, ambos en lo mejor de su carrera. Me quedo con ganas de más. No encuentro la novela Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood en que está basada la película, pero me dice un amigo alemán que el escritor Klaus Mann, hijo del premio Nobel de literatura Thomas Mann, vivió a fondo (quizás demasiado a fondo) aquellos ambientes del Berlín de los años 30´s. y lo cuenta en sus libros.
Klaus Mann tiene libros publicados recientemente, en español, en 7 editoriales. Uno de los mejores es Encuentro en el infinito que la editorial valenciana El Nadir publicó en 2007. Mann escribe este libro cuando tiene 26 años y su personaje central, Sebastián, es claramente su álter ego:
Pág. 46
Sebastián era libre. Era el único gran lujo que se permitía, y era el más grande que uno podía concederse en estos tiempos. Conocía los aprietos económicos, pero nunca eran tan graves, nunca tan desastrosos como para poner en serio peligro su libertad. No tenía pretensiones y era astuto; pese a toda su desidia y mansedumbre era muy flexible. Los demás se complacían en ayudarle y él se complacía en dejarse ayudar. No tenía padres, ambos habían muerto cuando aún era un niño. Se había criado con una vieja pariente en una pequeña ciudad del sur de Alemania; con dieciséis años había llegado a Berlín. Con dieciséis años escribía ya para un periódico matutino críticas de películas, así como pequeños reportajes sobre conferencias, fiestas públicas y accidentes callejeros. Escribir le resultaba fácil; tan fácil que nunca había tomado esa actividad completamente en serio. Más en serio se tomaba la lectura, que le resultaba más difícil. Había destruido varios comienzos de novela. “Soy demasiado joven –decía-. Primero tengo que reunir el material”. Había vivido en diversos ambientes, aunque sobre todo en un excéntrico ambiente intelectual. Le habían regalado muchas experiencias, ya que entablaba fácil amistad tanto con mujeres como con hombres jóvenes; sin embargo, había sido demasiado cauteloso para aprovechar por completo este caudal de vivencias. Esperaba experiencias aún más grandes. Entretanto iba viviendo, con curiosidad y paciencia. Tenía veinticinco años.
Klaus Mann nace en 1906 y se suicida el 21 de mayo de 1949. Escribió nueve novelas y dos versiones de su autobiografía, además de poesía, ensayo y numerosos artículos periodísticos. En 1925, con diecinueve años, publicó sus primeros trabajos literarios, entre ellos La danza piadosa, primera novela en lengua alemana de claro contenido homosexual. En su juventud destacó por su vida frívola, estaba dispuesto a apuntarse a cualquier experimento, todo lo nuevo lo excitaba. Sin embargo, al final de sus días, fue uno de los más valerosos, entre los intelectuales que se enfrentaron al nazismo.
¿Han visto una portada más bonita?

Fuente: El Nadir.
30Abr, 2009
PARÍS por Klauss Mann.
En la página 191 de la 1ª edición que ALBA publicó en 2007 de Cambio de rumbo, libro de memorias de Klaus Mann:
¿Por qué se enamora uno de esta ciudad de París? Pues por la palidez nacarada que transfigura a veces los árboles y las estatuas del Jardín de Luxemburgo; por la sagrada solidez con la que está plantada Nôtre Dame en la tierra de la Île de France; por el aroma de anís, vino tinto y Coty en los pequeños bistrots, y por la conmovedora elegancia del terciopelo raido con la que nos reciben ciertos restaurantes y cabarets como si fueran bellezas marchitas; por el mundillo del vicio de Montmartre, teatra y miserable, por las simpáticas pretensiones de Montparnasse; por la Madeleine y los ruidosos cafés de los grandes bulevares, por las encantadoras voces roncas de las putas y las duquesas (¡París, je t`aime!, canta la indestructible Mistinguette); por los deliciosos brioches y la soberbia mousse au chocolat (tampoco esta nada ma la creme de marrons) y por los Campos Elisios; por las galerías de arte de la Rue de la Boëtie y la absurda grandeza de la torre Eiffel, por la vista desde el Sacré Coeur; por las babas au rhum de Rumpelmeyer en la Rue de Rivoli, y por el maravilloso olor en Les Halles, donde muy de mañana las frutas y las verduras resplandecen y huelen mejor que las montañas luminosas y perfumadas de rosas, claveles, lilas y jacintos. Se ama París por la esbelta columna de la Plaza Vendôme, por los libros en rústica amarillos, los innumerables gatos y los innumerables monjes; se ama esta ciudad por los burdeles y por el Boulevard St. Germain y por los múltiples hoteles baratos y por que en todas partes te sirven vino en la comida, un petit vin rosé, incluso en la taberna más barata; es imposible no amar París, pues todo recuerda allí a Balzac (¿quién es ese joven allá en la barra, no se llama Rastignac?), a Luis XIV, a Offenbach, a Proust, a los Ballets Rusos, a Danton y a Heinrich Heine. (...) Por eso se ama París, no por las “aventuras”. Berlín, Shanghai y Nueva York son a lo mejor ciudades de aventuras, pero no París. París es extremadamente civilizado, escéptico, elegante, equilibrado, en absoluto excéntrico. La vida nocturna en El Cairo, Chicago, Budapest o Nápoles es “aventurera” es decir sucia y criminal; pero la vida nocturna de París es una parte integrante, natural y arónica, de la vida parisiense. ¿Hay bajos fondos en París? Quizás, pero no tienen un papel llamativo. En todo caso a nadie se le ocurriría que una decente prostituta y su diligente proxeneta forman parte de los “bajos fondos”. La esfera de lo sexual, en todos sus aspectos e incluso en sus más exóticas manifestaciones, se treta en esta ciudad con una mezcla de realismo, y de clemencia casi religiosa, característica de la relación que toda civilización madura mantiene con el Eros.
Klaus Mann Hijo primogénito de Thomas Mann (premio Nobel de literatura, 1929), Klaus Mann nació en Múnich en 1906. Su primera colección de relatos, Vor dem Leben [Antes de la vida], y su primera obra teatral, Anja und Esther, vieron la luz en 1925. Un año después publica Novela de niños. Ya instalado en Estados Unidos publica: Mefisto (1936) y El volcán (1939). En 1942 publica sus memorias en inglés,The Turning Point, que al acabar la guerra revisaría y ampliaría en alemán, con el título de Cambio de rumbo(Der Wendepunkt). Se suicidó en 1949. Fuente Alba.

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