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13Sep, 2009

SAUL BELLOW; Hombre en suspenso.

Escrito por: corto-cortes el 13 Sep 2009 - URL Permanente

Asi comienza Dangling man ( en castellano: Hombre en suspenso) la primera novela que en 1944 publicó Saul Bellow que nació en 1915 en Québec (Canadá) dos años después de que sus padres, emigrantes, llegaran desde San Petersburgo, Rusia. Bellow obtuvo el premio Nobel de literatura en 1976 y falleció en Massachussets en 2005 despues de escribir algunos de los mejores libros del siglo XX..


Diciembre 15, 1942

Hubo un tiempo en que la gente tenía el hábito de hablarse frecuentemente a sí misma y no se avergonzaba de llevar un registro de sus experiencias íntimas. Pero llevar un diario es considerado hoy en dia una suerte de complacencia excesiva para consigo mismo, una debilidad y algo de mal gusto. Porque ésta es una época de rudeza. Hoy, el código del atleta, del muchacho duro - según mi parecer, una herencia americana del caballero inglés -, esa peculiar mezcla de esfuerzo, ascetismo y rigor, cuyos orígenes algunos hacen remontarse a Alejandro el Grande, tiene más fuerza que nunca. ¿ Tiene usted sentimientos ? Hay maneras correctas e incorrectas de manifestarlos. ¿ Tiene usted una vida interior ? Ella no atañe a nadie aparte de usted mismo. ¿ Tiene usted emociones ? Estrangúlelas. Todos obedecen este código hasta cierto punto. Y éste admite cierta clase de sinceridad, una rectitud cautelosa. Pero tiene un efecto inhibitorio en la verdadera sinceridad. La mayoría de los asuntos serios están vedados a los rudos. Éstos carecen de práctica en introspección y, por consiguiente, están muy mal preparados para tratar con oponentes a los cuales no pueden enfrentarse a tiros, como si se tratase de caza mayor, ni aventajar en audacia.

Si se topa usted con dificultades, luche con ellas en silencio, ordena uno de los mandamientos. ¡ Al diablo con esto ! Es mi intención hablar de las mías, y si dispusiera de tantas bocas como brazos tiene Siva y les diera trabajo permanente, ni aún así podría hacerme justicia a mí mismo.

En mi actual estado de desmoralización, he considerado necesario llevar un diario - es decir, hablar conmigo mismo -, y ello no me hace sentirme ni autocomplaciente ni culpable en lo más mínimo. Los rudos encuentran compesaciones a su silencio: pilotan aviones o torean, mientras que yo raras veces abandono mi habitación.

Fuente: Penguin.com