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28Jun, 2009

EL RESTO ES SILENCIO; Carla Guelfenbein.

Escrito por: corto-cortes el 28 Jun 2009 - URL Permanente

Las mujeres muy guapas nunca son felices. Por eso, si se dedican a la literatura, son buenas escritoras.

Ya sé que se trata de dos prejuicios pero no consigo que salgan de mi cabeza y son el motivo por el cual el libro El resto es silencio de la escritora chilena, editado por Planeta, se me ha cruzado mientras leía otro con el que estaba disfrutando mucho.

Tommy es un niño de 12 años. Padece una enfermedad cardiaca congénita. Su padre, Juan Montes, es cirujano cardiovascular especializado en la dolencia de su hijo. Juan esta casado en segundas nupcias con Alma. La primera esposa de Juan falleció.

Tommy, un niño muy sensible, se esconde debajo de una mesa en la que conversan los adultos y se entera de que su madre, Soledad, se suicidó:


- Es uno de los secretos mejor guardados de la familia Montes.

- Pero si soledad era estupenda y se veía siempre tan alegre, tan satisfecha.

- ¡Uf! Las apariencias engañan. Que Soledad pareciera una mujer feliz no significa que lo fuera. De hecho, antes de suicidarse estuvo varios meses en una clínica. En Aguas Claras.

Cuenta el niño:


Al principio recordaba a mama todo el tiempo. Pero un día descubrí que aun cuando pusiera todo mi empeño no podría dejar de crecer, ni tampoco olvidar. Las dos cosas van juntas y no hay forma de desamarrarlas.

Mis recuerdos de ella se parecen a las películas. Hay una imagen que siempre vuelve. Estamos tendidos en el suelo de un cuarto vacío mamá y yo. Ella me abraza. En el techo hay una ventana por donde miramos al cielo. A veces cierro los ojos e imagino que estoy ahí. Aunque siempre termino deseando que sea verdad.

Si mama se quitó la vida significa que no me quería.

(…)

A veces sé lo que es sentirse infeliz, esperar a que llegue la noche para esconderme bajo las sábanas, cerrar los ojos y huir para siempre en la barcaza de Kájef. ¿Es esto lo que sentía mamá?

Carla Guelfenbein bordea el límite de lo admisible en el relato de los sentimientos pero no cae nunca en lo sensiblero por su magistral manejo del lenguaje y su arte a la hora de construir los personajes. El resultado es una impresionante narración de una familia, sus secretos, sus traiciones y sus demonios.

En otro capítulo la narradora es Alma, que mira un álbum de fotos:


La precisión con que Juan había extirpado las imágenes de su mujer me estremeció. Recorrí una a una las hojas del álbum. Esa tarde me planteé una pregunta que habría de volver: ¿qué yacía bajo su apariencia de hombre justo y sosegado? (se refiere a Juan, su marido). Así como había removido las fotografías de su mujer muerta, debía haber otros aspectos de su vida que yo jamás conocería: deseos ocultos, miedos, obsesiones. Quizás yo misma llegaría a ser un espacio en blanco en un álbum de fotografías.

Con esta forma de empezar un libro ¿Quién se resiste a leerlo hasta el final de un tirón?

Esta es la tercera novela de Carla Guelfenbein. La editorial Alfaguara publicó las anteriores: El revés del alma (2003) y La mujer de mi vida (2005).

Fuente fotos: Mer.cl y Planeta.

24Jun, 2009

LA SONRISA ETRUSCA; Jose Luis Sampedro.

Escrito por: corto-cortes el 24 Jun 2009 - URL Permanente

Así comienza La sonrisa etrusca, Alfaguara (reedición de 2009):


En el museo romano de Villa Giulia el guardián de la Sección Quinta continúa su ronda. Acabado ya el verano y, con él, las manadas de turistas, la vigilancia vuelve a ser aburrida; pero hoy anda intrigado por cierto visitante y torna hacia la saleta de Los esposos con creciente curiosidad. «¿Estará todavía?», se pregunta, acelerando el paso hasta asomarse a la puerta.

Está. Sigue ahí, en el banco frente al gran sarcófago etrusco de terracota, centrado bajo la bóveda: esa joya del museo exhibida, como en un estuche, en la saleta entelada en ocre para imitar la cripta originaria.

Sí, ahí está. Sin moverse desde hace media hora, como si él también fuese una figura resecada por el fuego y los siglos. El sombrero marrón y el curtido rostro componen un busto de arcilla, emergiendo de la camisa blanca sin corbata, al uso de los viejos de allá abajo, en las montañas del Sur: Apulia o, más bien, Calabria.

«¿Qué verá en esa estatua?», se pregunta el guardián. Y, como no comprende, no se atreve a retirarse por si de repente ocurre algo, ahí, esta mañana que comenzó como todas y ha resultado tan distinta. Pero tampoco se atreve a entrar, retenido por inexplicable respeto. Y continúa en la puerta mirando al viejo que, ajeno a su presencia, concentra su mirada en el sepulcro, sobre cuya tapa se reclina la pareja humana.

La mujer, apoyada en su codo izquierdo, el cabello en dos trenzas cayendo sobre sus pechos, curva exquisitamente la mano derecha acercándola a sus labios pulposos. A su espalda el hombre, igualmente recostado, barba en punta bajo la boca faunesca, abarca el talle femenino con su brazo derecho. En ambos cuerpos el rojizo tono de la arcilla quiere delatar un trasfondo sanguíneo invulnerable al paso de los siglos. Y bajo los ojos alargados, orientalmente oblicuos, florece en los rostros una misma sonrisa indescriptible: sabia y enigmática, serena y voluptuosa.

Esta novela de Jose Luis Sampedro se publicó por primera vez en 1985 y fue el primer libro que puse en la estantería del salón en la Casa debajo de la almohada.

Quien disfrute leyendo sobre sentimientos no puede dejar este libro a un lado.

Fuente: Alfaguara.

10May, 2009

LA DECISIÓN DE SOPHIE; Epilogo de Javier Gª Sánchez. 2ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 10 May 2009 - URL Permanente

Continúa aquí el extracto del epílogo que Javier García Sánchez hace a la novela de William Styron La decisión de Sophie en la edición de Verticales de bolsillo, 2008:


Artefacto más que novela, decía. De algún modo mientras dura la lectura de esta cautivadora novela nos vemos obligados a actuar como si fuéramos técnicos artificieros, esas personas cuyo trabajo es, por lo general, desactivar explosivos. Otras, hacerlos estallar sin que nadie salga dañado. En mi opinión eso último es lo que logra Sophie en nuestro inconsciente: ya que resulta enormemente complicado “desactivar” Sophie, solo resta la opción de hacer que estalle. Y ahí se da la implosión, maravillosa y aturdidora a un tiempo. Se trata de una explosión de ideas y sensaciones que se producen hacia dentro, hacia lo más remoto de nuestra conciencia.

(…)

Lector ¿eres consciente, lo eres en toda su dimensión, de cómo Styron (el autor) ha ido manipulando (y no se vea una connotación peyorativa en esto, ya que tratándose de ficción es todo lo contrario, un atributo y un logro artístico) tu sensibilidad, tu capacidad de evocación, tus más nobles instintos, y a veces también otros no tan nobles?

(…)

Al ser Auschwitz el auténtico protagonista de la obra (es decir, el Mal), Sophie se nos muestra como una verdadera y meticulosa vivisección del horror en su máxima expresión, pero simultáneamente, y de ahí el milagro de esta novela, todo en ella deviene un cántico al amor, a la belleza, a la vida.

(…)

Sophie lo tiene todo: poesía, psicología, antropología, costumbrismo, filosofía, pero fundamentalmente tiene estilo.

(…)

Sophie, como metanovela o como novela de novelas, demuestra que es precisamente este género (del que muchos “expertos” han vaticinado a lo largo de décadas su inminente, cuando no consumada, defunción) el que puede y debe explicar los hechos y cosas que ninguna otra forma de discurso se ve capaz de abordar. La auténtica Historia, el latido de las civilizaciones no lo contarán los historiadores, ni los psicólogos, o los periodistas. Lo harán los novelistas.

Después de leer la novela, desde mi modesta opinión, estoy de acuerdo con Gª Sánchez.

Otros posts sobre William Styron en este blog:

Styron1 Styron2 Styron3 Styron4 Styron5 Styron6 Styron7 Styron8

Styron9 Styron10 Styron11 Styron12 Styron13 Styron14 Styron15

William Styron.

Fuente: nytimes.com

09May, 2009

LA DECISIÓN DE SOPHIE; Epilogo de Javier Gª Sánchez. 1ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 09 May 2009 - URL Permanente

Se termina esta novela de William Styron (Verticales de bolsillo, 2008) con ganas de más. El epílogo del novelista español Javier García Sánchez es todo un consuelo y al tiempo ayuda a sedimentar los sentimientos experimentados durante la lectura de esta novela.

Empieza así el epílogo de Javier García Sanchez:


Lector acabas de leer una novela, o al menos eso es lo que crees. Y no, en absoluto estoy tratando de confundirte, aunque tal vez lo parezca. Más bien al contrario: intentaré que aclaremos juntos algunos conceptos sobre lo que has leído.

Quizás incluso pienses que has leído una gran novela. Eso, al mismo tiempo, es cierto y no lo es. Creo que te has enfrentado, acaso sin saberlo, a un artefacto endiabladamente perfecto en forma de novela. Has leído no solo una de las obras capitales de la literatura norteamericana, sino posiblemente de las letras universales de cualquier época. Y quiero advertirte aquí de lo siguiente: tal vez pienses que fuiste tú quien manejó el artefacto literario con el nombre de La decisión de Sophie, pero en realidad temo que ha sido justo a la inversa: él te ha manipulado a ti en todo momento, y durante tantas y tantas páginas ha ido forzando o suavizando la presión emocional sobre tus sentidos de modo que ni te has dado cuenta. Pero de eso se trata: has (hemos) sido una especie de juguete entre las redes de su portentosa fantasía.

Piensa un instante, lector, si al acercarte al final de la novela has sentido esa doble sensación que por un lado te aboca a querer saber como concluye la historia y, por otro ibas lamentándote interiormente conforme constatabas, mudo y afligido, que en efecto cada vez estaba más próximo a concluir eso tan especial, y temo inexplicable, que se dio entre tu persona y las vidas de aquellos sobre los que leíste. De ser así, no lo dudes, acabas de leer un clásico, y tal circunstancia, sospecho, se da en muy contadas ocasiones a lo largo de la existencia.

15Abr, 2009

SIEMPRE ALICE; La enfermedad de Alzheimer, 3ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 15 Abr 2009 - URL Permanente

Lisa Genova, doctora en neurología por la Universidad de Harvard, en su novela Siempre Alice, Ediciones B, 2009, da respuesta a la siguiente pregunta:

¿Pierde su dignidad una persona por el hecho de padecer una enfermedad mental?

En este libro, su protagonista Alice Howland es diagnosticada de Alzheimer prematuro a los 50 años. Alice está en el mejor momento de su vida personal y profesional. Sabe lo que se le viene encima y piensa en el suicidio. Muchos capítulos de la novela terminan con el mismo mensaje que Alice ha grabado en su Blackberry:


Alice, responde a las siguientes preguntas:

1.- ¿Qué mes es?

2.- ¿Dónde vives?

3.- ¿Dónde se encuentra tu despacho?

4.- ¿Cuándo nació Anna?

5.- ¿Cuántos hijos tienes?

Si tienes problemas para recordar cualquiera de las respuestas, ve al archivo de tu ordenador llamado “Mariposa” y sigue sus instrucciones de inmediato.

Al final de la novela Alice abre el archivo llamado “Mariposa” y este dice:


Querida Alice:

Tú te escribiste esta carta a ti misma cuando todavía estabas en tu sano juicio Si estás leyendo esto, y no eres capaz de responder a una de las cinco preguntas, es que ya no lo estás.

Tienes la enfermedad de Alzheimer. Has perdido gran parte de ti misma.

(...)

Has vivido una vida extraordinaria y provechosa. Tu esposo y tú habéis tenido tres hijos saludables y maravillosos, a los que habéis amado y criado lo mejor que habéis sabido, y has tenido una notable carrera en Harvard, llena de retos, creatividad, pasión y logros.

(....)

Te quiero y estoy orgullosa de ti, de cómo has vivido y de todo lo que has hecho mientras has podido hacerlo.

Ahora ve al dormitorio y.....

(...)

Por favor confía en mi.

Con amor

ALICE HOWLAND

He suprimido deliberadamente las partes más importantes de la carta que Alice se dirige a sí misma para no desvelar en final de la novela.

Espero que lo disfrutéis como yo.

14Abr, 2009

SIEMPRE ALICE; La enfermedad de Alzheimer. 2ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 14 Abr 2009 - URL Permanente

Lisa Genova relata en su novela Siempre Alice (Ediciones B, 2009) como Alice Howland vive la enfermedad de Alzheimer y como afecta a su familia.

Con la enfermedad ya bastante avanzada piden a Alice que pronuncie el discurso inaugural de la Conferencia Anual de Asistencia Medica contra la Demencia. Para Alice es todo un reto. Ella siempre ha sido una buena oradora pero ahora está enferma y es consciente de que puede olvidar todo en cualquier momento. En primera fila están su marido, sus hijos, y los miembros del grupo de apoyo que ella mismo creó. Alice tiene todo su discurso escrito y lo lee sin apartar la vista del papel.

Transcribo aquí los mejores trozos del discurso:


Buenos días. Soy la doctora Alce Howland. No obstante, mi título no tiene nada que ver con la neurología, ni siquiera con la medicina general. Mi doctorado es el Psicología y Lenguaje. He sido profesora de la Universidad de Harvard durante veinticinco años. Di cursos de Psicología Cognitiva, realicé investigaciones en el campo de la lingüística y pronuncié conferencias por todo el mundo.

Pero no he venido hoy aquí para hablaros como experta en psicología o lenguaje. Estoy aquí para hablaros como experta en la enfermedad de Alzheimer. No trato a pacientes, no realizo análisis clínicos, no estudio mutaciones del ADN, ni aconsejo a pacientes y sus familias. Soy una experta en el tema porque, hace ahora un año me diagnosticaron un Alzheimer prematuro.

Me siento honrada por tener la oportunidad de hablaros hoy aquí para, espero, aportar un poco de comprensión sobre lo que significa vivir con cierto grado de demencia. Aunque todavía soy consciente de lo que esto significa, pronto seré incapaz de expresarlo. Y poco después, ni siquiera seré consciente de que padezco demencia. Así que lo que tengo que decir hoy es oportuno.

(...)

Los senderos neuronales que utilizo para pensar e intentar comprender lo que me dicen y lo que sucede a mí alrededor están contaminados de amiloides. Tengo que luchar conmigo misma para encontrar las palabras que deseo pronunciar, y a menudo me oigo decir las equivocadas. Mi memoria a corto término cuelga de un par de hilos deshilachados.

(...)

A menudo tengo miedo al mañana ¿Y si me despierto y no reconozco a mi esposo? ¿Y si no sé dónde me encentro o ni siquiera me reconozco en el espejo? ¿Cuándo dejaré de ser yo? ¿Es vulnerable a la enfermedad la parte de mi cerebro responsable de mi “yo” personal y único? ¿Son mi espíritu y mi alma inmunes a los estragos del Alzheimer? Yo creo que si.

Soy una esposa, una madre, una amiga, y pronto seré una abuela. Todavía siento, todavía comprendo y creo ser digna del amor y la alegría que conllevan estas relaciones. Sigo siendo una participante activa de esta sociedad. Mi cerebro no funciona correctamente, pero utilizo mis oídos para escuchar incondicionalmente, ofrezco mis hombros para que puedan llorar en ellos y extiendo mis brazos para abrazar a otras personas afectadas y cuyo estado es peor que el mío.

(...)

Por favor no miréis nuestra letra escarlata y nos rechacéis. Miradnos a los ojos, habladnos directamente. No tengáis pánico ni toméis como una afrenta personal que cometamos errores.

Os animo a que nos deis fuerza, a que no nos limitéis. Os animo a que trabajéis con nosotros.

Mis ayeres están desapareciendo y mis mañanas son inciertos, así que ¿para qué seguir viviendo? Podríamos preguntarnos. Yo vivo al día. En algún mañana me olvidaré de que hoy he estado aquí, ante vosotros, y que he dado este discurso. Pero, solo por que en algún mañana me olvide, no significa que no haya vivido cada segundo de este día. Olvidaré este hoy, pero eso no significa que este hoy no importe.

Ya no me piden que dé clases sobre el leguaje en las universidades o conferencias sobre psicología en todo el mundo. Pero hoy estoy aquí, ante vosotros, dando el que espero sea el discurso más influyente de mi vida. Y tengo la enfermedad de Alzheimer.

Muchas gracias.

Debo confesar que en este momento de la lectura sentí caer dos lagrimones por mis mejillas y que no era la primera vez que se humedecían mis ojos con este maravilloso libro.

cerebro con la enfermedad de Alzheimer.

13Abr, 2009

SIEMPRE ALICE; La enfermedad de Alzheimer. 1ª parte.

Escrito por: corto-cortes el 13 Abr 2009 - URL Permanente

La autora de Siempre Alice (Ediciones B, 2009), Lisa Genova, es doctora en ciencias neurológicas por la Universidad de Harvard, USA. Podía haber escrito un nuevo ensayo sobre la enfermedad de Alzheimer, le sobran conocimientos para ello, pero ha elegido escribir una novela. De esa manera consigue explicar las consecuencias sentimentales de esta enfermedad. El Alzheimer afecta al que lo sufre y a la familia. En esta novela, Siempre Alice, la doctora Genova cuanta la historia de Alice Howland y la de su familia desde que le diagnostican la enfermedad, a la temprana edad de 50 años, hasta que, 2 años después, su estado es ya bastante crítico.

Alice Howland, el personaje central de la novela, es profesora de Psicología Cognitiva en Harvard y su marido John es catedrático de Bioquímica. Los dos están capacitados para conocer a fondo los efectos de la enfermedad. Cuando Alice debe hacer los test para medir el avance de la enfermedad los reconoce por que los ha usado en sus clases. John, su marido, entra en contacto con los investigadores que están en vanguardia para encontrar una cura a la enfermedad.

En un principio Alice comienza a tener despistes y a quedarse en blanco en algunas ocasiones. Le diagnostican el mal de Azheimer por descarte. Es decir: no tiene un tumor, no es a causa de la menopausia... por lo tanto es Alzheimer. Alice no se conforma con ese diagnóstico. Quiere saber más.

En esta novela se combinan los sentimientos con información científica bien desmenuzada para que los no iniciados la podamos entender. Nos cuenta, por ejemplo, que cuando se trata de Alzheimer prematuro, como es el caso de Alice, se puede hacer un estudio genético para ver si ha mutado alguno de los tres genes claves. En caso de que así sea, el diagnóstico es cierto e irrebatible. Si se sufre la enfermedad por causas genéticas tus hijos tienen un 50% de posibilidades de padecerlo y así sucesivamente en generaciones posteriores. En caso de padecerlo una de las hijas, la ciencia ya está preparada para escoger un óvulo que no tenga el gen mutado y de ese modo tener la seguridad de una descendencia sana. Podéis imaginaros todo el jugo emocional que la autora le saca a esto que acabo de contar.

En EEUU el libro se publicó con el título Still Alice, es decir “Todavía Alice” o Aún Alice” que describe mejor lo que cuenta la novela. En castellano el título es Siempre Alice, y lo publica Ediciones B.

31Mar, 2009

JOSÉ ANTONIO MARINA; Sentimientos.

Escrito por: corto-cortes el 31 Mar 2009 - URL Permanente

José Antonio Marina en su libro "El Laberinto Sentimental" Anagrama, 1996:

La psicoterapia hace tiempo que se dio cuenta del protagonismo de las creencias en los dramas sentimentales.

(...)

Los libros de divulgación terapeutica -que en su mayor parte suelen se basura bibliográfica- repiten alégremente que todo cambiará si se cambia de manera de pensar. No se dan cuenta de que la estructura psicologica de una creencia no puede confundirse con la estructura psicológica de una opinión. Se puede cambiar de opinión como de peinado. El cambio de creencias es más dificil. Isaak M. Marks, un gran especialista en miedos, ha recordado que los fóbicos no se encuentran mejor cuando se les explica que sus preocupaciones no tienen base alguna. Las opiniones, incluso los conocimientos, se mueven en un territorio más superficial que las creencias.

(...)

Este siglo ha presenciado epidemias de crueldad que nos resulta dificil comprender. En la documentación del proceso de Nüremberg se menciona el caso de comandante del campo de concentración de Janvski, Willhaus que "por simple deporte y para entretenimiento de su mujer y su hija, solía disparar periódicamente desde el balcón de su despacho con un fusil automático sobre los reclusos que trabajaban en los talleres. Algunas veces prestaba el fusil a su mujer, que también disparaba. En algunas ocasiones, y para divertir a su hija de nueve años, Willhaus ordenaba lanzar al aire niños de dos a cuatro años mientras disparaba sobre ellos. Su hija aplaudía y gritaba: "¡Papá, hazlo otra vez!" Y él lo hacia de nuevo". ¿Como es posible tanta insensibilidad? Hay, por supuesto, otros elementos, pero uno de ellos es la creencia básica inculcada en esos sujetos. Si los judíos son tan solo homúnculos, no hay que sentir hacia ellos lo mismo que se siente hacia los seres humanos.

Durante el juicio que se siguió contra el teniente Calley, responsable de la matanza de My-Lay, un trágico suceso de la Guerra e Vietnam en el que se asesinó a hombres, mujeres y niños, el acusado se defendió diciendo: "Se me ordenó dirigirme hacia allá y destruir al enemigo. Era mi tarea de ese día. No me senté a pensar en la mujeres, hombres, niños. Todos eran clasificados por igual, y eso es lo que yo aprendí: a considerarlos estríctamente como enemigos" (T. Tiede, Calley: Solder or Killer?, Nueva York, Pinnacle Books, 1971, p.38).

Los sentimientos, continua Marina, femeninos y masculinos son un buen ejemplo del influjo de las creencias. Obran sobre diferencias biológicas, sin duda, pero introducen entendidos y malentendidos, espectativas, presione, juicios sociales, aprendizajes por observación, adoctrinamientos. Al final, nadie sabe ya lo que es natural y lo que es cultura.

30Mar, 2009

JOSE ANTONIO MARINA; El Laberinto Sentimental.

Escrito por: corto-cortes el 30 Mar 2009 - URL Permanente

En 1996 Anagrama publica El Laberinto Sentimental . En este libro el filósofo y profesor José Antonio Marina intenta desbrozar ese complicado bosque que son los sentimientos.

Escribe Marina en la introducción:


A la gente le gusta sentir. Sea lo que sea”, escribió Virginia Woolf en su diario. Hay que darle la razón y escandalizarse después por habérsela dado. ¿Cómo vamos a desear sentir en abstracto, acríticamente, al por mayor, cuando sabemos que algunos sentimientos son terribles, crueles, perversos o insoportables? La contradicción existe y sospecho que irremediablemente. Nos morimos de amor, nos morimos de pena, nos morimos de ganas, nos morimos de miedo, nos morimos de aburrimiento, y a pesar de la eficacia letal de los afectos, la anestesia afectiva nos da pavor.

Freud erró al pensar que todo lo que hace el ser humano lo hace para aliviar la tensión. No es verdad que aspiremos a esa tranquilidad beatífica. Queremos estar simultáneamente satisfechos e insatisfechos, ensimismados y alterados, en calma y en tensión. Bexton demostró con sus experimentos que somos incapaces de soportar la privación de estímulos mucho tiempo. Somos insaciables consumidores de emociones.

Marina se ha leído la bibliografía disponible, dice. Me parece imposible por que ¿qué libro de narrativa no habla de sentimientos, de alguno al menos?. Pero este autor es de fiar.

Más adelante, para ilustrar como en muchas ocasiones el hombre es un campo de batalla donde unos sentimientos se enfrentan con otros, escribe:


Shakespeare, que se ganó la vida hablándonos –muy bien, por cierto- de los procesos sentimentales, nos proporciona muchos ejemplos de este dinamismo del balance. En el drama de su nombre, Ricardo III encuentra en una calle de Londres a lady Ana, que acompaña el féretro de su esposo asesinado por Ricardo. Al verle Ana le increpa con vehemente elocuencia: “¡Horrible demonio, en nombre de Dios, vete y no nos conturbes más!” Ricardo responde con lisonjas, fingiendo admiración y amor por lady Ana:”Vuestra belleza es la causa que me incitó en el sueño a emprender la destrucción del género humano con tal de que pudiera vivir una hora en vuestro seno encantador.” Ana recela, Ricardo insiste, ella desprecia, él se lamenta, Ana duda pero ya no rechaza, tan solo exclama: “¡ Quién conociera tu corazón!” Ricardo expresa su arrepentimiento y pide a lady Ana que le permita llevar el cadáver de su marido hasta la sepultura. La viuda acepta tan falaz ofrecimiento. Ricardo queda solo en escena sorprendido y orgulloso de su triunfo: “¡Yo, que he matado a su esposo y a su padre, logro cogerla en el momento de odio implacable en su corazón, con maldiciones en su boca, teniendo a Dios y a su conciencia y a ese ataúd contra mí! ¡Y yo sin amigos que amparen mi causa. A no ser el diablo en persona y algunas miradas de soslayo! ¿Y aun la conquisto? ¡El universo contra la nada!”

fuente: Anagrama.