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13Abr, 2011

SYLVİA DE BEJAR; Deseo

Escrito por: corto-cortes el 13 Abr 2011 - URL Permanente

Editorial Planeta publica Deseo, el nuevo libro de Sylvia de Béjar, experta en Sexualidad. En La Vanguardia se puede leer una buena entrevista con la autora.

Separo aquí 2 preguntas y 2 respuestas:

-¿Las mujeres pierden el deseo sexual antes que los hombres o esto es una leyenda urbana?
-(Sonríe)- No es que pierdan el deseo sexual antes, es que lo pierden con “su” hombre. Y creo que lo pierden con su hombre porque el señor que conocían al principio y que se preocupaba por escucharlas, que se interesaba por lo suyo, que le daba importancia a esa relación y que tendía detalles, lo deja de hacer a consecuencia de una larga convivencia. Da por supuesto que ella tiene que ser la que organice la intendencia casera, llevar a los niños al colegio. Normalmente también la carrera que se sacrifica es la de las chicas, y todo eso hace mella. Creías que ese señor era la respuesta a tu vida y ves que no se ajusta a la realidad que tienes.

-Se lo diré de otra forma, ¿las mujeres ponen más expectativas en el amor que los hombres?
-Totalmente, porque somos seres relacionales. A nosotras no nos separa de nuestra madre, es el modelo que tenemos, es un modelo de relación, de cuidado, de empatía, de conversar, de cuando ves una cara rara intentar saber qué ocurre, es todo eso. Y el modelo del chico es "no seas como mamá", a pesar de lo que hemos cambiado. Su modelo es el de "espero que seas independiente, que te labres una vida"…Para ella la relación es número uno, para él puede serlo, pero con todo lo demás, con mi trabajo, con mis amigos, con los hobbies. Eres algo muy importante pero tienes que encajar dentro de todo. Nosotras lo dejamos todo de lado.

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15Mar, 2011

EMMA BOVARY Y MARIO VARGAS LLOSA.

Escrito por: corto-cortes el 15 Mar 2011 - URL Permanente

En su ensayo La orgía perpetua sobre Madame Bovary (de Gustave Flauvert) Mario Vargas Llosa nos cuenta que las novelas que más le gustan son las que combinan rebeldía, violencia, melodrama y sexo. En referencia al primer ingrediente me parece fascinante la defensa que hace de la Bovary como una adelantada a su época que lucha contra tradiciones y convencionalismos. Yo sigo viendo mucho egoísmo, y mucha estupidez, en el personaje de Flaubert pero seguro que Don Mario, que cuando escribió estas palabras había leído ya 6 veces la novela, está en lo cierto y yo no. Escribe Mario Vargas Llosa:

La rebeldía, en el caso de Emma, no tiene el semblante épico que en el de los héroes viriles de la novela decimonónica, pero no es menos heroica. Se trata de una rebeldía individual y, en apariencia, egoísta: ella violenta los códigos del medio azuzada por problemas estrictamente suyos, no en nombre de la humanidad, de cierta ética o ideología. Es porque su fantasía y su cuerpo, sus sueños y sus apetitos, se sienten aherrojados por la sociedad, que Emma sufre, es adúltera, miente, roba, y, finalmente, se suicida. Su derrota no prueba que ella estaba en el error y los burgueses de Yonville-l'Abbaye en lo cierto, que Dios la castiga por su crimen, como sostuvo en el juicio Maitre Sénard, el defensor de la novela (su defensa es tan farisea como la acusación del Fiscal Pinard, secreto redactor de versos pornográficos), sino, simplemente, que la lucha era desigual: Emma estaba sola, y, por impulsiva y sentimental, solía equivocar el camino, empeñarse en acciones que, en última instancia, favorecían al enemigo (Maitre Sénard, con argumentos que debió poner en su boca el propio Flaubert, aseguró en el juicio que la moraleja de la novela es: los peligros de que una muchacha reciba una educación superior a la de su clase). Esa derrota, fatídica por las condiciones en que se planteaba el combate, tiene ribetes de tragedia y de folletín, y ésa es una de las mezclas a las que yo, envenenado, como ella, por ciertas lecturas y espectáculos de adolescencia, soy más sensible.

Pero no es sólo el hecho de que Emma sea capaz de enfrentarse a su medio —familia, clase, sociedad—, sino las causas de su enfrentamiento lo que fuerza mi admiración por su inapresable figurilla. Esas causas son muy simples y tienen que ver con algo que ella y yo compartimos estrechamente: nuestro incurable materialismo, nuestra predilección por los placeres del cuerpo sobre los del alma, nuestro respeto por los sentidos y el instinto, nuestra preferencia por esta vida terrenal a cualquier otra. Las ambiciones por las que Emma peca y muere son aquellas que la religión y la moral occidentales han combatido más bárbaramente a lo largo de la historia. Emma quiere gozar, no se resigna a reprimir en sí esa profunda exigencia sensual que Charles no puede satisfacer porque ni sabe que existe, y quiere, además, rodear su vida de elementos superfluos y gratos, la elegancia, el refinamiento, materializar en objetos el apetito de belleza que han hecho brotar en ella su imaginación, su sensibilidad y sus lecturas. Emma quiere conocer otros mundos, otras gentes, no acepta que su vida transcurra hasta el fin dentro del horizonte obtuso de Yonville, y quiere, también, que su existencia sea diversa y exaltante, que en ella figuren la aventura y el riesgo, los gestos teatrales y magníficos de la generosidad y el sacrificio. La rebeldía de Emma nace de esta convicción, raíz de todos sus actos: no me resigno a mi suerte, la dudosa compensación del más allá no me importa, quiero que mi vida se realice plena y total aquí y ahora. Hay sin duda una quimera en el corazón del destino ambicionado por Emma, sobre todo si se lo convierte en patrón colectivo, en proyecto humano. Ninguna sociedad podrá ofrecer a todos sus miembros una existencia semejante, y, de otra parte, es evidente, para que la vida en comunidad sea posible, que el hombre debe resignarse a embridar sus deseos, a limitar esa vocación de trasgresión que Bataille llamaba el Mal. Pero Emma representa y defiende de modo ejemplar un lado de lo humano brutalmente negado por casi todas las religiones, filosofías e ideologías, y presentado por ellas como motivo de vergüenza para la especie. Su represión ha sido una causa de infelicidad tan extendida como la explotación económica, el sectarismo religioso o la sed de conquista entre los hombres. Al cabo del tiempo, sectores cada vez más amplios —ahora hasta la Iglesia— han llegado a admitir que el hombre tenía derecho a comer, a pensar y expresar sus ideas libremente, a la salud, a una vejez segura. Pero todavía, como en los tiempos de Emma Bovary, se mantienen los mismos tabúes —y en esto la derecha y la izquierda se dan la mano— que universalmente niegan a los hombres el derecho al placer, a la realización de sus deseos. La historia de Emma es una ciega, tenaz, desesperada rebelión contra la violencia social que sofoca ese derecho.

"Woman in Palace" Irving Penn.

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21Ene, 2011

THEODORA ROOSEVELT KEOGH & PATRICIA HIGHSMITH

Escrito por: corto-cortes el 21 Ene 2011 - URL Permanente

La biografía de Patricia Highsmith, CIRCE 2010, me ha descubierto una escritora muy interesante. Se trata de Theodora Keogh. Roosevelt de soltera porque era nieta del presidente de los EEUU. La primera reseña que hizo Patricia Highsmith fue de un libro suyo.

Joan Schenkar, autora de la biografía dice de Theodora Keogh:


Acabó escribiendo novelas de una percepción sensorial tan aguda, una combinación de Collette y de L. P. Hartley, que el compositor y escritor de diarios Ned Rorem la recuerda del Paris de los años 50 como "la mejor pluma de EEUU; sin duda la mejor pluma femenina"

Sigo leyendo:


En abril de 1950 Pat hace su reseña para la revista Saturday Review. Su primer trabajo crítico y uno de los más favorables que escribió jamás. La novela con la que estaba tan entusiasmada, cosa nada habitual en ella, era una obra subversiva con el tipo de heroína que tenía que atraer a Pat: Una preadolescente andrógina que va a un colegio privado del Upper East Side de Manhattan, lleva encima una navaja, sueña con ser amamantada por leones, chantajea a su profesora de historia lesbiana, se escapa con una pandilla de chicos rebeldes del puerto y mantiene una relación muy poco paterno-filial con el padre de una de sus amigas. En la última frase de su reseña de "Meg" no deja lugar a dudas sobre lo mucho que la heroína de la novela le recordaba a ella misma: "Es un personaje tan admirable, con sus rodillas magulladas, sus jerséis sucios y su visión arrogante del mundo que una se pone a recordar su propia infancia y piensa que ojalá hubiera conservado intactos más rasgos de Meg".

Meg (1950) fue la primera novela de Theodora Keogh. Escribió 8 más hasta que en 1962 dejó la literatura. Todas las novelas tienen personajes turbios y excéntricos o con experiencias difíciles, como los de las novelas de Patricia Highsmith. En una de ellas, The fascinator (1954) una chica joven termina en la cama de un escultor enfermo. En otra, Gemini (1961), se aborda el incesto entre hermanos gemelos. Y en The other girl (cosiderada una “lesbian pulp novel”) trata la relación homosexual entre mujeres.

En su novela The Doubled Door el personaje principal está inspirado en George de Cuevas (que era chileno y su nombre verdadero era Jorge Cuevas Bartholin). Jorge era coreógrafo y empresario de ballet. Dirigió el famoso Grand Ballet du Marquis de Cuevas y aunque homosexual se casó con una nieta de John D. Rockefeller I (fundador de la Stándard Oil).

Theodora, antigua bailarina, con muy mala leche, escribe que su personaje solo era capaz de cumplir con sus deberes matrimoniales si, mientras, pensaba en un chico indio muy moreno que camina por la Place Vendôme.

Theodora se casó y se divorció varias veces. Cuando su primer marido la engaño con Marie-Laure de Noailles a ella no le quedó otro remedio que liarse con su chofer. Vivió una temporada en el famoso Chelsea Hotel donde compartía habitación con un Margay (una especie de pantera sudamericana). El animal una noche que su dueña se acostó muy borracha le arrancó parte de una oreja a mordiscos. Theodora murió en 2008 a los 88 años.

Estoy buscando sus libros. Seguiremos informando.

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07Dic, 2010

IDINA SACKVILLE; Pasiones en Kenia.

Escrito por: corto-cortes el 07 Dic 2010 - URL Permanente

Los caminos que te llevan a un buen libro son, a veces, inescrutables. Leyendo un buen artículo de Diego A. Manrique sobre Vida, las memorias de Keith Richards (guitarrista de los Rolling Stones), me entero que quien le ha hecho de negro era su amigo James Fox el autor de Pasiones en Kenia. En inglés “White Mischief”.

Este libro se llevó al cine y cuando vi la peli me dije que yo quería ser expatriado en un lugar muy alejado de España. Lo conseguí pero, por supuesto, mi vida no está siendo como la de los protagonistas del film y de la novela. En el libro se cuenta, con la técnica del reportaje novelado (al estilo de Truman Capote en A sangre fría), la investigación del asesinato de Josslyn Hay, Earl of Erroll, uno de los nobles que vivieron en Kenia en lo que se llamó Happy Valley, un grupo elitista de colonos que destacó por su abuso de las drogas y de las fiestas de sexo salvaje en los años 20’s y 30’s del siglo pasado. En la parte menos salvaje de la pandilla se integró Karen Blixen autora de Memorias de Africa. Fox se metío en esta investigacıón de la mano del gran Cyril Connolly y publicaron un artículo en The Sunday Times Magazine titulado Christmas at Karen. Fox viendo que no solo se trataba de un asesinato sino de describir la vida de un grupo de ingleses inmorales y excéntricos en una de las colonias decidió escribir el libro.

Josslyn Hay fue el tercer marido de Idina Sackville, luego tuvo otros dos más. Idina fue una de las más destacadas damas en el Happy Valley. Con su marido frecuentaba el centro de reunión de aquellos expatriados, el Muthaiga Country Club y en su casa, que llamó “Clouds” y estaba situada en lo alto del Rift Valley, dio fiestas en las que se practicaba el intercambio de parejas y se esnifaba cocaína. Inspiró personajes en los libros de Nancy Mitford y Evelyn Waugh. Idina era, además, prima de la poeta Vita Sackville-West.

En 2008, Frances Osborne, bisnieta de Idina Sackville publicó The Bolter intrigada por tanta leyenda sobre su antepasada. Cuenta Osborne:

Treinta años después de su muerte, Idina entró en mi vida como un rayo de electricidad. A toda página en la mitad superior de la portada de la sección de reseñas del Sunday Times había una fotografía de una mujer que estaba rodeada por un par de colmillos de elefante, las puntas casi se tocaban por encima de su cabeza. Llevaba un vestido de seda, zapatos de tacón alto y un sombrero de fieltro con una gran flor de seda prendida en una de sus amplias y ondulantes alas. Tenía la cabeza inclinada casi imperceptiblemente, la barbilla hacia adelante, y aunque la mitad superior de su cara estaba en penumbra yo sentía como si estuviera mirandome. Sentí deseos de unirme a ella en la calurosa, seca y polvorienta África.

(…)

Idina había llevado a su tercer marido a Kenia, donde su vida se disolvió en una espiral de fiestas, bebida y sexo. Ella daba la bienvenida a sus invitados mientras se daba un baño de ónix verde, luego se vestía delante de ellos. Intercambiaban las parejas con juegos como soplar una pluma y ver a quien le cae. Las fiestas duraban todo el fin de semana y el domingo por la tarde, muy educada, despedía a sus invitados desde el porche ondeando la mano mientras ellos, amontonados en los coches, se marchaban. Acariciaba a su perro y decía: "Adiós queridos, volved pronto," Como si solo hubieran estado en una fiesta para niños.

La cama de Idina era conocido como "el campo de batalla." Ella fue, dijo James Fox, autor de Pasiones en Kenia, la "sacerdotisa” del infame y malvado grupo de colonos conocido como el Valle Feliz. Y se casó y se divorció un total de cinco veces.

(...)

Hubo un marido cazador que, un tanto inconveniente, trató de disparar a cualquiera que él sospechara que podría ser su amante. Conoció a un tal Emmanuele en Portugal y lo llevó al otro lado del Sahara, hasta su casa en Kenia. Se quedó durante varios meses. (…),. Con este novio, sin embargo, no se casó.

Incluso antes de que el escritor Michael Arlen hubiera cambiado el nombre Idina Sackville por el de Iris Storm que fue la trágica heroína de The Green Hat, su retrato de la década de 1920s, interpretada por Greta Garbo en A Woman of Affairs, la versión en cin mudo del libro, Idina había sido pintada por Orpen y fotografiada por Beaton. Molyneux diseñó algunos de sus mejores trajes para ella. Cuando Molyneux tuvo dificultades financieras, Idina le ayudó. A cambio él la enviaría parte de su colección cada temporada.

(…)

Sin embargo, detrás de este duro trabajo y de vida de alta sociedad había una profunda tristeza.

(...)

En las palabras de Iris Storm, el personaje de Michael Arlen: "Hay un algo en nosotros que no está satisfecho. No sé lo que es, pero sé que está ahí. El mejor regalo en la vida es la capacidad de soñar con una vida mejor".

Idina soñaba con una vida mejor. Cada vez que reinventa su vida con un nuevo marido, ella creía que, en esta ocasión, podría hacer que sucediera. Sin embargo, esa mejor vida, de manera frustrante permaneció fuera de su alcance. Finalmente encontró el coraje de parar y mirar hacia atrás. Pero, para entonces, ya era demasiado tarde.

En su lecho de muerte dijo: “nunca debí dejar a Euan,". Tenía una fotografía de él junto a su cama. Treinta años después de aquel primer divorcio pidió que uno de sus nietos, de otro matrimonio, llevase su nombre, Euan. Su hija, la madre del niño, que nunca había conocido al ex marido del que su madre estaba hablando, se sintió obligada.

Al final de su vida estaba claro que había continuado amando profundamente a Euan Wallace. Sin embargo, ella lo había dejado. ¿Por qué?

La pregunta no me deja descansar.

The Bolter está publicado por VINTAGE. Que yo sepa no hay versión en castellano.

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09Nov, 2010

HİROMİ KAWAKAMİ; Algo que brilla como el mar.

Escrito por: corto-cortes el 09 Nov 2010 - URL Permanente

Editorial Acantilado ha publicado dos novelas de la escritora Hiromi Kawakami (Tokio, 1958). La primera, El cielo es azul, la tierra blanca, 2009, cuenta la historıa de una mujer solitaria que conoce a un viejo maestro. Entre ellos surge una relación muy especial. La segunda Algo que brilla como el mar es una novela de iniciaciòn. Midori es un adolescente y vive los cambios propios de esa edad: Amistad, sexo, familia.... Kawakami escribe de maravilla, como Murakami, dice las cosas màs profundas de la forma más sencilla:

Por cierto, en aquella época mi madre se refería a sí mis­ma como «mamá». Ahora, en cambio, cuando habla de sí misma dice «yo».

—Eres un chico muy arisco, Midori. Si yo fuera joven, nunca me enamoraría de alguien como tú—suele decirme con toda la tranquilidad del mundo.

No me molesta que mi madre se refiera a sí misma como «yo» y no parezca mi madre. Sólo me hace sentir vagamente incómodo que se esfuerce tanto en no parecer una madre.

Por otro lado, tengo el presentimiento de que hay algo de mí que también incomoda a mi madre. Seguro que le molesta que todo lo que me pasa me parezca simplemen­te normal.

Para mí, todo entra en la categoría de «normal», incluso aquella pelea que tuve con Hanada, de la que salí con un dedo inflamado porque quise darle un puñetazo en el estó­mago que él esquivó ágilmente y mi puño se estrelló contra un poste de electricidad; o la primera vez que conseguí ha­cer el amor con Mizue Hirayama después de tres intentos frustrados. De todos modos, a mi madre no le cuento todo lo que me pasa, por supuesto.

—Aunque el mismísimo Godzilla apareciera en la colina que hay detrás de tu colegio, a ti te parecería lo más normal del mundo—me reprocha ella, con un suspiro.

—Detrás de mi colegio no hay ninguna colina.

—No tienes sentimientos.

—No es una cuestión de sentimientos.

—Los chicos de tu edad no sois capaces de comprender la belleza y la tristeza que encierra la figura de Godzilla.

—No es verdad. A mí Godzilla me gusta bastante.

—Tiene una cola digna de admiración.

—Sí, esa cola de reptil le da un aire especial.

Mi madre y yo nos desviamos del tema, como si nada, y acabamos perdiendo el hilo de la conversación.

«Como si nada» es una expresión que suele utilizar Mi­zue Hirayama.

—Tú y tu madre lo hacéis todo como si nada—me dijo un día Mizue, con un deje de emoción en la voz.

—¿Como si nada?

—Sí. ¿No te parece misterioso?

Misterioso. Siempre he pensado que Mizue tiende a creer que posee la razón universal. El caso es que mi ma­dre y yo, para bien o para mal, no tenemos una relación tan intrigante como ella piensa.

—Yo nunca me he sentido incómodo frente a mis pa­dres—repuso Hanada, que estaba sentado con la espalda apoyada en la valla de la azotea. A la hora de comer, Mizue, Hanada y yo tomábamos el sol en la azotea del pabellón de clases especiales del colegio. A diferencia de los demás pa­bellones, allí casi nunca había nadie.

—Los padres son criaturas de otra especie, ¿verdad? —prosiguió Hanada, animadamente.

Quizá tuviera razón. Puede que los padres y las madres sean criaturas de otra especie, como la mía:

Mi madre siempre se perfuma después de desayunar. «Este perfume huele a flores blancas—dice—. Ni amari­llas ni violetas, sino blancas».

A mi madre le quedan muy bien las gafas de sol.

A mi madre le gusta más el filete de ternera rebozado que el filete de cerdo.

A mi madre le gusta el sumo, y se lamenta porque última­mente ya no hay luchadores con enormes barrigas.

A mi madre no se le da bien coser. Se le resisten especial­mente los botones. En cambio, es una artista de los dobla­dillos. Cuando empezaba a coser los trapos que tenía que llevarme al colegio, no podía parar. Una vez, cosió veinti­cinco trapos de golpe y tuvimos una discusión porque pre­tendía que me los llevara todos al colegio al día siguiente.

Mi madre no ha estado nunca casada. De hecho, me tuvo a mí sin haberse casado.

—Pues a mí la madre de Midori no me parece una cria­tura de otra especie—dijo Mizue Hirayama.

—Yo creo que es la excepción, aunque es una persona que parece nadar a contracorriente de la sociedad—le res­pondió Hanada a Mizue, encogiéndose de hombros. Ha­nada sigue teniendo la misma constitución corpulenta que cuando éramos niños.

—A mí me cae bien. Quizá por eso Midori esté tan enma­drado—añadió Mizue, con un profundo suspiro.

Era un día soleado. Al mediodía, Mizue y yo solíamos subir a la azotea. No había gente, pero sí muchos cuervos y palomas. Hanada llegaba más tarde. Mizue Hirayama extendió la bolsa vacía del bollo con sa­bor a melón y la dobló.

—La verdad es que me apetecía más un bollo de curry, pero he tenido que aguantarme y comer el de melón.

—¿Por qué no has comido el bollo de curry?

—Es que estoy a dieta.

—¿Tanta diferencia de calorías hay?

—Muchísima.

—¿Por qué las chicas os emperráis en hacer dieta?

—Porque nos gusta comprobar que somos capaces de hacerla.

Mizue Hirayama y yo hablábamos apoyados en la valla. Yo hablaba despacio, mientras que ella articulaba las pala­bras velozmente. Los cuervos volaban por encima de nues­tras cabezas.

—Veo que te gustan los cuervos.

—Pero odio las palomas—dijo ella.

Mizue tenía muy claro lo que le gustaba y lo que no. A mí, en cambio, no me gustaba ni me disgustaba práctica­mente nada, del mismo modo que casi todo lo que me ocu­rría entraba en la categoría de lo «normal».

—¿Es verdad que estás muy enmadrado?—me pregun­tó Hanada.

—A mí no me lo parece—le respondí cautelosamente. No me gustaba la palabra «enmadrado». No por el signi­ficado, sino por la sonoridad de la palabra en sí. Cuando Mizue utilizó esa palabra me sorprendí, aunque no refle­jé mi asombro.

Aún no sabia cómo reaccionar cuando una chica utili­zaba una palabra que no me gustaba. ¿Debía expresarle mi disconformidad con mucho tacto, o quizá debía darle a conocer mi punto de vista y pedirle que dejara de utilizar esa palabra? ¿Sería más adecuado cambiar de tema? Esta­ba convencido de que, fuera cual fuera mi reacción, no po­dría evitar que Mizue se enfadara conmigo. Los enfados de Mizue me daban miedo, porque no tenía ni idea de cómo apaciguar su cólera.

—Yo no entiendo a las mujeres. Ni a las jóvenes, ni a las maduras, ni a las viejas—dijo Hanada, y Mizue rió.

Hanada tenía un poder de atracción innato. Su corpu­lento físico, su profunda voz y sus grandes ojos redondos estaban llenos de atractivo. Si yo hubiera dicho algo pare­cido, estoy convencido de que Mizue se habría enfadado conmigo. Pero como fue Hanada quien lo dijo, ella se echó a reír a carcajadas.

Unas cuantas palomas revoloteaban a nuestro alrededor, picoteando las migajas de pan.

—Hace buen día—dijo Mizue, dando puntapiés a las pa­lomas despreocupadamente.

—Un día precioso—corroboró Hanada.

Yo guardé silencio.

Cuando sonó el timbre que indicaba el comienzo de la quinta hora de clases, los alumnos del patio empezaron a entrar en los pabellones de las aulas normales. Imitando a Mizue, intenté ahuyentar a las palomas con la punta del zapato, pero ellas eran más rápidas y no conseguí alcanzar ninguna. Mizue y Hanada se echaron a reír. Malhumora­do, pateé el suelo con el pie, y los pájaros levantaron el vue­lo todos a la vez.

Las piernas de Mizue resplandecían exuberantes bajo la luz del sol. «Quiero hacer el amor con Mizue—pensé inten­samente—. Quiero hacerlo, quiero hacerlo, quiero hacer­lo con desesperación», pensé. Aquella idea había surgido con la misma fuerza con que el agua brota de una fuente.

Pero no podía hacerlo.

—¿Por qué no vamos a algún sitio esta tarde?—propuso Mizue Hirayama. Mi corazón empezó a latir más deprisa, porque sabía que mi madre y mi abuela no estaban en casa.

—Vale—le respondí, con fingido desinterés.

Mizue rió bajo la luz del sol que inundaba la azotea.

—¿Te apuntas, Hanada?—le pregunté con un susurro.

—Pues no lo sé—repuso Hanada, desperezándose. Es­taba medio adormilado en el suelo de la azotea, y el sol ba­ñaba su cuerpo robusto.

—Vamos todos juntos—dijo Mizue.

—Qué rollo—respondió Hanada, y Mizue se acercó a él. «Si se acerca tanto, Hanada le verá las bragas por debajo de la falda», pensé yo. Pero no dije nada.

—Vente con nosotros, Hanada—insistió Mizue.

Todo está bien en la Tierra.

De repente, me vinieron a la memoria unas palabras que mi madre solía decir en ciertos momentos:

El año está en primavera

y el día está en el alba,

del alba son las siete.

La colina está perlada de rocío,

la alondra va en vuelo,

el caracol está en el rosal.

Dios está en su cielo.

Todo está bien en la Tierra.

En aquel momento, sin saber por qué, me acordé de aquella poesía que mi madre recitaba, a veces en un mur­mullo y otras veces en voz alta. «Hoy tampoco podre­mos hacer el amor desesperadamente», me lamenté para mí mismo. Seguro que no podríamos hacerlo nunca más. Todo estaba bien en la Tierra, y Mizue Hirayama exhibía su encantadora sonrisa.

Hay pocas cosas en la vida que me gusten más que una buena novela de iniciaciòn.

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28Jun, 2010

RASPUTIN; Caricias y cariño.

Escrito por: corto-cortes el 28 Jun 2010 - URL Permanente

La libido femenina tiene poco en común con la masculina. Las imágenes, lo visual, juegan un papel primordial en la excitación sexual de un hombre. Por regla general eso no es tan importante para las mujeres. Estas responden a otros estímulos. Ellas se excitan con mayor facilidad gracias al cariño y a la seguridad. Por eso un hombre al mismo tiempo cariñoso y poderoso puede volver loca a una chica, o la puede traer de vuelta a la cordura en caso de estar psicológicamente enferma.

Sigmund Freud demostró el poder sanador del sexo cuando este se practica de forma cariñosa, es decir, por medio del contacto físico vía besos y caricias.

Grigori Rasputin, (Rusia 1869- 1916), sin conocer los estudios de Freud, llegó a la misma conclusión por propia experiencia. Con todos sus excesos y terribles defectos, siendo uno de los misóginos más grandes de la historia, Rasputin fue, quizás debido a su disfunción eréctil, uno de los mejores amantes de los últimos siglos.

Acabo de leer Rasputin, el diario secreto de Alexandr y Daniil Kotsiubinski editado por Melusina en 2005 y traducido del ruso por Jorge Ferrer Diaz. (En Rusia se publicó en 2003). Los autores hacen en la primera parte del libro un análisis psicológico del personaje con base en los archivos rusos y ayudados de la opinión de eminentes psiquiatras. Nos cuentan cómo llegó a influir en los zares y a obtener un gran poder que le permitió quitar y poner ministros. La segunda parte es un amplio extracto de los diarios que Rasputin dictó a su secretaria.

Desmontan los autores, en la 1ª parte, la imagen de Gran Follador que teníamos de él:

Pag. 52:

El análisis detallado de los testimonios que han llegado hasta nosotros no dejan lugar a dudas: el verdadero Grigori Rasputin era un sujeto con una potencia sexual gravemente disminuida, cuyo modelo de comportamiento estaba dedicado totalmente a la máxima ocultación de esa deficiencia, que se le hacía todavía más insoportable por cuanto la suya era una personalidad histeroide, radicalmente necesitada de un amor inmediato y total por parte de todos y de todo. Además, Rasputin no se esforzaba simplemente en compensar –es decir, ocultar, velar- su carencia, sino que por el contrario, quería “sacar un clavo con otro” o, dicho según la terminología médica, “hipercompensarse”. En lugar de admitir su discapacidad sexual y, por lo tanto, administrar en la medida de lo posible sus relaciones con las mujeres, Grigori pretendía dominarlas totalmente llevando esa pretensión a dimensiones verdaderamente industriales, convirtiendo así una discapacidad psicofísica que parecía fatal en una poderosísima arma de expansión erótica.

En las primeras páginas del libro se demuestra que Rasputin padecía una enfermedad mental que pudo ser la responsable de su disfunción eréctil. No era del todo impotente, tuvo varios hijos, pero en un gran tanto por ciento de las ocasiones en que mantuvo contacto carnal con mujeres no llegó a haber penetración. Ese problema lo llevó a concentrarse en las caricias que practicaba durante horas llevando a las señoras al climax al final de lo que acababa siendo un masaje erótico en toda regla.

Una de las las admiradoras del “padre Grigori” afirmó que “Rasputin era alguien muy especial capaz de ofrecer a una mujer tales sensaciones que hacen que nuestros hombres no valgan nada.”

Pag. 57

Otra de sus amigas, Xenia, que contaba 18 años en el momento de los hechos cuanta:


Grigori me ordenó que lo desvistiera. Así lo hice. Después me ordenó desvestirme. Me quité la ropa. Se acostó en la cama ya preparada para acogerlo y me dijo: “ven y acuéstate conmigo, cariñito”. Yo … obedecí … y me acosté a su lado. …comenzó a besarme. Lo hacía de tal forma que no quedó un solo punto de mi cara que no hubieran cubierto sus labios. Me besaba, como suele decirse, chupándome, lo que me producía ahogos.

En la página 65 se incluye el testimonio de la viuda de un oficial que se unió al grupo de admiradoras de Rasputin tras la depresión en que cayó tras el suicidio de su marido. Después de trabar relación con el monje, los síntomas depresivos remitieron: “Me acariciaba y me decía que estaba libre de pecado… y poco a poco se fue generando en mi una sensación de plena salvación… de que estaba con él en el paraíso (…). Sus besos, palabras y miradas apasionadas constituían para mí una prueba de la pureza de mi amor por él.

En la página 71 el doctor Isaev dice:

“ Este planteamiento psicoterapéutico, como diríamos ahora, en ocasiones servía efectivamente al objetivo de de superar las barreras psicológicas y neuróticas que impedían a las mujeres alcanzar una descarga orgásmica”.

Muchas señoras estuvieron eternamente agradecidas a Rasputin por que había conseguido que llegasen al orgasmo y que además lo habíera hecho sin penetración, con lo que entendían que no habían sido infieles a sus maridos.

Gracias a sus caricias y masajes eróticos curó la histeria de muchas mujeres (entre ellas la propia zarina) y llegó a tener un grupo de seguidoras que lo adoraban como si fuera un ser con poderes extraordinarios. Pero no solo las curó a ellas sino que algunos hombres disfrutaron de sus técnicas amatorio/terapeúticas.

Uno de ellos fue un príncipe, Felix Yusupov, del que estaba enamorado. Según este libro Rasputin era bisexual y lo demuestra con datos bastante fiables. Felix Yusupov terminó asesinando al starets a causa del excesivo poder que adquirió y de que, decían, fue espía de los alemanes.

Los hombres tenemos por lo general en nuestro subconsciente el miedo a la impotencia. Por eso, debido a esta causa o simplemente al egoísmo, tendemos a consumar la penetración cuanto antes, no vaya a ser que aquello se afloje y quedemos mal. Normalmente quedamos fatal con la otra persona porque no conseguimos adaptarnos a los tiempos de la libido del otro sexo. El hombre eyacula y obtiene la recompensa pero ¿y ella? Una buena relación sexual no debe tener la penetración como objetivo máximo. Lo importante es el placer del otro, o de la otra. Hay un placer del que se habla poco y es el placer de dar placer. De eso saben mucho, desde hace miles de años, los asiáticos, y los occidentales deberíamos tomar nota.

Rasputin llevado por sus problemas psicológicos descubrió que acariciando obtenía más poder que imponiendo. Se encontró con que gracias a unas caricias conseguía más influencia que con una pistola. Este libro es, además de un documento histórico de primer orden, un manual sobre sexo impagable.

Rasputin y Corto Maltés.

Rasputin

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04May, 2010

RANXEROX; Liberatore y Tamburini.

Escrito por: corto-cortes el 04 May 2010 - URL Permanente

Este personaje de comic fue ideado por Stafano Tamburini (1955-1986) y Andrea Pazienza (1956-1988) ambos dibujantes italianos y los dos fallecidos a causa de una sobredosis de heroína. Fue, sin embargo, el ilustrador Tanino Liberatore, amigo de los anteriores, quien lo lanzó como el primer ciberpunk de la historia de la contracultura europea.

Su nombre inicial fue Rank Xerox pero la compañía de fotocopiadoras amenazó a los dibujantes con un juicio y le cambiaron el nombre a Ranxerox.

Se publicó en 1978, por primera vez, en la revista italiana Cannibale. Un año después salta a la revista de comic y cultura alternativa Frigidaire que fundaron Tamburini, Pazienza, Liberatore y Matioli entre otros.

En 1981 asciende a la primera división del comic cuando es publicado en la revista francesa L’Écho des Savanes. Ya se sabe que nadie triunfa en el comic si no te publica una revista francesa.

Los principales personajes son el robot Ranxerox y su novia Lubna que siendo menor de edad está aficionada a los peores vicios. En estas historietas, que en los años 80 y 90 editó en España la revista El Vibora, se puede asistir a todo lo políticamente incorrecto: violencia, drogas, sexo…con toda la intensidad con que se vivió aquello en los años 80`s. Todo ocurre en un futuro parecido al imaginado en la película Blade Runner.

Ediciones La Cúpula acaba de editar una recopilación de todo lo publicado de Ranxerox incluyendo, al final del libro, las ilustraciones que Liberatore realizó en los años 90. Se le ha dado el nombre Ranx Integral y tiene 196 páginas.

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11Abr, 2010

TUS GANAS DE VIVIR ME HORRORIZAN; Robert Crumb.

Escrito por: corto-cortes el 11 Abr 2010 - URL Permanente

Así se titula la recopilación de la correspondencia entre los años 1958 y 1977 del dibujante de comics Robert Crumb (Pensilvania, EEUU, 1943) que edita en 2010 DOLMEN.

El 29 de septiembre de 1961 desde Dover, Delaware, escribe a su amigo Marty. Tiene 18 años.

Pag. 174.

Opina sobre Hal Foster (dibujante de Tarzán y Príncipe Valiente):


Lo único que no me gusta de Hal Foster es esa rigidez que mencionabas, es muy rígido… Creo que era mejor hace año, su trabajo era más suelto (¿existe esa palabra?), más expresivo, creo… Como la mayoría de los dibujantes de tiras, ha caído en la rutina… Pero aun hace fondos muy buenos y escenas panorámicas. En cuanto a su texto, me parece bastante estereotipado, y un poco anticuado, pero está bien de vez en cuando… A veces Foster da con algo de belleza o verdad.

La nueva hornada de artistas debe criticar a la anterior, a los clásicos. Siempre ocurre lo mismo. Lo divertido es que, entre líneas, se percibe la profunda admiración que a sus 18 años Crumb tenía por Foster.

Más adelante en la misma carta:

Así que piensas que esta sociedad se está volviendo más liberal sobre el sexo, ¿eh? Por supuesto tienes razón, y gracias a Dios… Los tabús sobre el sexo del siglo diecinueve y antes eran dañinos de alguna manera… Todo el miedo y la vergüenza innecesaria que provocaron. Es estúpido que el ser humano intente ocultar el sexo. Hacerlo parecer lo que no es… otro ejemplo de cómo el hombre intenta huir de la realidad. Si, se oye mucho hoy día que todos nos estamos corrompiendo porque el sexo se está volviendo más abierto. Mi opinión al respecto es disfruta todo el sexo que puedas (solo se vive una vez), siempre que no perjudiques a nadie, incluido tú mismo. Parece que esta regla se puede aplicar a todo… Haz lo que quieras siempre que no perjudiques a nadie. Para ser sincero soy bastante vergonzoso… sé que es estúpido, pero creo que es el resultado de las actitudes de mis padres hacia el sexo…siempre nos intentaron ocultar las cosas de la vida cuando éramos pequeños. Siempre que alguien decía algo sobre sexo, reaccionaban escandalizados. Aprendí las cosas de la vida de un crio en la escuela. Mi madre ya no es así, pero hasta hoy, jamás he oído a mi padre decir una palabra sobre sexo.

Esto echa luz sobre las obsesiones de Crumb, que continuamente mete en sus dibujos.

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09Abr, 2010

MALDITOS; Luis Antonio de Villena.

Escrito por: corto-cortes el 09 Abr 2010 - URL Permanente

Al revés que mucha gente, aprecio más al novelista que al poeta. Las obras en prosa que más me han gustado de Luis Antonio de Villena (Madrid 1951) son Divino 1994 y Madrid ha muerto 1999. En esta última ya relató el mismo mundo que en Malditos, solo que con menos distancia temporal, algo muy necesario para contar algo vivido.

Malditos, Bruguera 2010 retrata lo que fue el Madrid inmediatamente anterior a la movida poniendo en letras las sensaciones de una juventud golfa y despreocupada. ¿hay otra juventud?

Pag 86.


Tengo hoy, con todo, la alada sensación, de que allí ninguno teníamos nada que hacer y que la noche era aromada y leve sobre nuestras vidas, como tantas veces… El privilegio que siempre parece ocioso de la juventud.

Pag 89.


…una ciudad veraniega poblada por adolescentes, estetas, macarras y pirados. Una ciudad como la perspectiva matinal de la Gran Vía de Antoñito Lopez, con algo de mugre y algo más de opaco brillo, porque España era todavía un país pringoso, pero nosotros y tantos más, estábamos llenos de sueños que recorrían unicornios y princesas de Golconda, vaqueros como Sal Mineo y James Dean, y rebeldes con todos los adornos estelares de la noche y de la vida…Una ciudad en la que todo era posible aunque nada lo pareciera.

Utiliza Villena como eje central la figura de Emilio Jordán un alter-ego de Eduardo Haro Ibars, poeta, escritor, periodista, letrista de grupos de rock como la Orquesta Mondragón y Gabinete Caligari (“Pecados más dulces que un zapato de raso”, ¡Qué tiempos!).

Los personajes son en su mayoría reconocibles. El narrador es claramente el propio autor, aunque me imagino habrá adornado alguna de sus aventuras. (Si no fuera así: enhorabuena Don Luis). Reconozco que tengo ventaja por que me leí hace unos años, en 2005, Los pasos del caído, la magnífica biografía de Haro Ibars con la que J. Benito Fernandez fue finalista del premio Alfaguara de ensayo. (Este autor también ha publicado una biografía del poeta Leopoldo Mª Panero, amigo de Eduardo, personaje de Malditos y pieza clave para entender lo que fue el submundo intelectual de la segunda mitad de los 70’s).

La prosa de Villena muestra con belleza y elegancia lo más sórdido de aquellos días de drogas, sexo y rock & roll. Sexo, especialmente, hay mucho en el libro.Y de todos tipos, homosexual y del otro, y del otro, y ... Los años previos al sida fueron así. Tristemente la enfermedad luego se llevó a los mejores, o a los peores, que casi siempre son los mismos.

El retrato de personajes es portentoso:

Pag 94.


Nacho parecía un naufrago en los confines de no sabemos qué Patagonia, un tipo que fumaba porros y bebía sorbitos de güisqui sin cesar, perorando leyendas o historias que sonaban a mantras tibetanos rayados y sinsentido.

Pag. 122


Samuel era un chico alto, siempre sonriente y optimista, con el pelo a lo afro, y vestido con camisolas de gasa hippy. Era madrileño y había vivido un par de años en Londres, de donde trajo la idea de moldear el bar aquel. Un rincón libre. Creo que no estudió nada después del Bachillerato y era, ¿diré como nosotros?, un contumaz aspirante a la vida. Vivir a tope, hasta donde se llegara (eso no tenía importancia), el caso era prescindir de las fronteras. No mirar límites, jamás pensarlos. Creo que tenía 24 años y su madre le hacía a ratos de tutora de una niñita que había tenido con una chiquita inglesa, que al parecer andaba entonces por las playas de Goa, buscando la plenitud de las estrellas y del infinito cielo de las luminarias. Le mandaba a Samuel (con besos para la niña)algunas fotos bonitas, con palmeras y monos y playas delirantes… Y pese a sus rollitos con tías, todos decían que Samuel era gay y que bastaba ponerle alegre –como fuera- para que le saliera la pluma. Era cierto (lo de gay, no la pluma) pero a él le daba plenamente lo mismo. Era libre, como he dicho.

Yo viví tangencialmente la resaca de aquellos años, recién llegado del pueblo a Madrid. Tuve aun tiempo de conocer a alguno de estos chicos malditos, aunque ya en decadencia. Las descripciones de Villena unas veces me llenan de júbilo nostálgico y otras me producen dolor de estómago; no todas las experiencias de aquellos años fueron buenas.

Me genera ternura la defensa que Luis Antonio de Villena continúa haciendo, con lo que ha llovido, de las posturas y actitudes libertarias. Llama la atención la defensa del padre del protagonista que no es otro que el periodista Eduardo Haro Tegclen que perdió a varios hijos victimas del sida o la heroína.

Hay que leer este libro escuchando repetidamente la canción de Mott the Hoople, compuesta por David Bowie “All the young dudes”.

Y como dice la página web del autor: “Además, Villena es noble. Javier Marías -actual monarca del Reino de Redonda- le otorgó en 1999 el título de Duke of Malmundo.”

Eduardo Haro Ibars y Lirio fotografiados por Alberto Garcia Alix.

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13Ene, 2010

INVISIBLE; Paul Auster.

Escrito por: corto-cortes el 13 Ene 2010 - URL Permanente

En el funeral de Carlos Berlanga, (fundador de Alaska y los Pegamoides y de Dinarama y fallecido hace unos años a los 42) su padre, el director de cine Luis Gª Berlanga, muy emocionado, se abrazó a Pedro Almodóvar, amigo del difunto, y le dijo: “Pedro, no todo está permitido”. Durante los años 80´s, igual que en los 60´s, se vivieron aires de libertad y se predicó que todo se podía hacer, que había que romper las ataduras de la sociedad conservadora y retrógrada. En muchos casos se fue demasiado lejos. Hay cosas que no se pueden hacer, y quien las hace sufre, en vida, las consecuencias. Algunos intelectuales suelen utilizar la palabra “tabú” en sentido peyorativo para designar acciones éticamente aberrantes. Cuando dicen eso es un tabú todos entendemos que solo los mojigatos deben respetar esa prohibición. Pues algunas de esas normas son de mucha utilidad para pasar por la vida sin malos rollos. Hay cosas que no se pueden hacer y Auster en su novela Invisible (Anagrama 2009) explica las indeseables consecuencias que trae romper alguno de esos tabús.

La novela de Auster esta dividida en 4 partes. La primera me decepciona pues me recuerda demasiado a la fabulosa novela de William Styron La decisión de Sophie: triángulo formado por joven estudiante, hombre raro que lo mismo elogia al joven como lo insulta cuando pierde los papeles, y chica atractiva con pasado que se odia a si misma y se refugia en el sexo. Pero Auster siempre merece una 2ª oportunidad y sigo leyendo. La segunda parte da un giro de 180 grados, y lo hace de forma totalmente coherente, perfectamente argumentada, con la utilización de esos recursos que solo los grandes escritores tienen. A partir de ese momento no puedo soltar el libro y lo engullo de un tirón. (282 páginas).

AdamWalker, el joven estudiante y protagonista, se encuentra en medio de una crisis a sus 20 años, ¿consecuencia de su situación familiar o del asesinato del que ha sido téstigo? Al fallecer su hermano se había jurado ser buena persona pero…¿Podemos perdonar a Adam por lo que ha hecho? ¿Es víctima de su familia o merece el infierno psicológico en el que dice vivir?

Pag. 124


Tu vida y tú sois imposibles (se dice Adam), y te preguntas cómo demonios te las has arreglado para encontrarte en ese callejón sin salida de desesperación y odio hacia ti mismo.

Mi opinión es que Adam necesita sentirse vivo, huir de la ansiedad generada por el sufrimiento familiar, por su pasado (ya lo tiene a los 20 años) y solo lo consigue transgrediendo, haciendo lo prohibido. La escritura le sirve de confesionario. ¿Se encuentra el perdón escribiendo? Solo cambiaría una cosa de esta novela, debería llamarse “Confesión”.

El sexo, muy presente en la novela, es una forma de olvido, de alivio, de dejar de ser las personas que en realidad son los que lo practican. Los encuentros íntimos están muy bien resueltos, algo nada fácil, y me parecen excitantes. Al final de todos esos actos sexuales, sin embargo, siempre siento un regusto amargo, algo así como el mal sabor que el sexo sin amor deja en las mujeres.

Pag. 168


Se pregunta si las palabras no serán un elemento esencial de la sexualidad, si hablar no es en definitiva una forma más sutil de acariciar, y si las imágenes que bailan en nuestra cabeza no son igual de importantes que los cuerpos que acariciamos.

(…)

El folleteo es el dios y el redentor, la única salvación en la tierra.

Adam quiere resucitar, “reinventarse”. Hay un momento en la novela en que, asistiendo en el cine a una resurrección, se echa llorar y no sabe si es por su deseo de que su hermano vuelva a la vida o es él mismo el muerto que quiere revivir.

Auster no habla del pecado. Se refiere a las consecuencias de hacer lo que no se debe, a la culpa que te hace infeliz, al miedo, no al infierno, sino a descubrir que no eres la persona que creías ser, a darte cuenta de que eres egoísta y que no tienes escrúpulos y puedes utilizar a las personas más queridas para acallar esa voz que la ansiedad te mete en el cerebro.

Mi madre me decía muy a menudo: “Que Dios no te conceda todo aquello que deseas”. Llevar a la práctica tus más íntimos deseos en algunos casos puede ser muy peligroso. La ansiedad que intentas apagar revive con mucha más fuerza años después. Adam Walker lo sabe.

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