12Nov, 2009
DIVERSIÓN EN TIEMPOS DE GUERRA; Lev Tolstói.
Me parece muy interesante como reacciona la mente cuando se encuentra en situaciones límite. Algunos psicólogos dicen que la depresión es una enfermedad de sociedades acomodadas. El índice de depresiones, e incluso de suicidios, es más bajo en los países pobres de África que en la opulenta Europa. He leído que en los campos de concentración nazis los judíos no se suicidaban. La explicación psicológica es que cuando la vida está en una situación tan extrema el instinto de supervivencia se impone de forma clara.
En el cine y en algunos libros recuerdo una situación que siempre me ha parecido contradictoria: ciudades en guerra y personas que pueden fallecer al día siguiente víctimas de un bombardeo que disfrutan intensamente la vida hasta el último segundo. Recuerdo una película (no recuerdo el título) en la que sus protagonistas bailaban y se besaban sin parar mientras las sirenas que avisaban de los ataques de la aviación enemiga no paraban de sonar. Como si bailasen al ritmo de dichas sirenas.
Lev Tolstói, quien si no, lo explica con su maestría habitual en Guerra y Paz.
El ejército de Napoleón se acerca a Moscú y los rusos tienen miedo de que la ciudad caiga en manos francesas.
Pagina1.084 de la edición del Taller de Mario Muchnik.
Al acercarse el enemigo, la opinión de los moscovitas sobre su propia situación, lejos de hacerse más seria, cobró, por el contrario frivolidad, como sucede siempre a las personas que ven un gran peligro. Cuando el peligro se va aproximando, dos voces hablan en el corazón del hombre con la misma fuerza: una pide, muy razonablemente, que se reflexiones sobre la naturaleza del peligro y la manera de evitarlo. La otra, con más razón todavía, dice que es demasiado penoso, demasiado torturante pensar en el peligro cuando el hombre no puede prevenirlo todo y salvarse, de manera que es mucho mejor volver la espalda a las cosas penosas, hasta que estas lleguen, y pensar en las agradables. Si está solo, el hombre escucha casi siempre la primera voz; en cambio, cuando se encuentra en sociedad, sigue la segunda. Y eso era lo que sucedía a los habitantes de Moscú. Nunca se había divertido tanto la gente como aquel año.

21Sep, 2009
EL SEÑOR MARX NO ESTÁ EN CASA; Ibsen Martinez. Suicidio de Eleanor Marx.
Sobre Carlos Marx ( Treveris 1818- Londres 1883, pensador socialista autor de El Capital e inspirador del marxismo) se ha escrito de todo. Entre los textos más disparatados está el libro Marx y Satán del sacerdote rumano Richard Wurmbrand en que defiende las relaciones de Marx con el satanismo. Esta teoría es también apoyada por Robert Payne en su biografía del pensador titulada El desconocido Karl Marx. Estos libros llevan a algunos enemigos del marxismo a insinuar que Marx pudo entregar al demonio la vida de sus dos hijos, Edgar y Francisca, muertos prematuramente, a cambio de la dominación del mundo a través de sus ideas.
Dos de las hijas de Marx, Eleanor y Laura, se suicidaron, y claro, no faltan los libros que culpen al filósofo de esas muertes.
Dando una nueva vuelta a la tuerca, el guionista de telenovelas venezolano Ibsen Martinez ha escrito El señor Marx ya no vive aquí donde alimenta la idea de que el suicidio de Eleonor Marx fue debido a una relación incestuosa con su padre.
Eleonor fue educada con mucha dedicación por su padre. A los tres años recitaba pasajes de Shakespeare y a los 16 acompañaba a su padre a reuniones internacionales como secretaria, hablaba con fluidez Inglés, Alemán y Francés. Tradujo al inglés El capital y Madame Bovary (de Flaubert). Para los hombres no fue tan inteligente. Se enamoró del médico Edward Aveling, que además de un afamado anatomista era un mujeriego empedernido. En 1895 Aveling enferma de gravedad y la hija de Marx pasa meses sin moverse de su lado. Una vez recuperado, al doctor le faltó tiempo para liarse con una joven actriz de 22 años, Eva Frye. Cuando Engels, compadre y correligionario de Marx, falleció dejó una buena suma a Eleonor. Ese dinero hizo que Aveling volviera con ella. Transcurridos tres años empeoró y pasó por una cirugía de urgencia tras la cual confesó a Eleonor que se había casado en secreto con la joven actriz y que a su salida del hospital se iría a vivir con ella. Poco después, el 31 de marzo de 1898, Eleonor se suicidó envenenándose con ácido prúsico. Aveling murió 5 meses después.
Hay quien encuentra en este desengaño amoroso la causa del suicidio.
También hay otra teoría, un tanto psicoanalítica, que encuentra el motivo en el disgusto que se llevó cuando supo que Freddie, el supuesto hijo de Engels era en realidad hijo natural de Karl Marx , su admiradísimo padre. Parece que Marx tuvo este hijo extramatrimonial con la criada y su amigo Engels, haciéndole un gran favor, asumió la paternidad para evitar el escándalo.
Ibsen Martinez cuenta que fue su psicoanalista ( la de Ibsen) la que, después de conocer los datos del suicidio de Eleanor, diagnosticó que era debido a abusos sexuales por parte de su padre. Martinez además se apoya en cartas de Eleanor a algunas amigas en las que dice que fue desflorada por un gran hombre del socialismo. Estoy seguro de que la novela es, al menos, divertida. La publicará, en breve , en España
La otra hija, Laura Marx y su marido el cubano Pablo Lafargue, al que no soportaba su suegro y que quería fundir la revolución marxista con el hedonismo (1), se suicidaron el 1911 pero esta es otra historia.
Si don Carlos levantara la cabeza…
(1) Pablo Lafargue escribió un libro titulado Elogio de la pereza en el que decía:
“El fin de la revolución no es el triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad, y demás embustes con que se engaña a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse”.
Para él, el trabajo no era el objetivo máximo de la clase obrera: era el placer. Nadie debería trabajar más de tres horas
“holgazaneando y gozando el resto del día y de la noche. En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica”.

Fuente foto: prodavinci.com
28Jun, 2009
EL RESTO ES SILENCIO; Carla Guelfenbein.
Las mujeres muy guapas nunca son felices. Por eso, si se dedican a la literatura, son buenas escritoras.
Ya sé que se trata de dos prejuicios pero no consigo que salgan de mi cabeza y son el motivo por el cual el libro El resto es silencio de la escritora chilena, editado por Planeta, se me ha cruzado mientras leía otro con el que estaba disfrutando mucho.
Tommy es un niño de 12 años. Padece una enfermedad cardiaca congénita. Su padre, Juan Montes, es cirujano cardiovascular especializado en la dolencia de su hijo. Juan esta casado en segundas nupcias con Alma. La primera esposa de Juan falleció.
Tommy, un niño muy sensible, se esconde debajo de una mesa en la que conversan los adultos y se entera de que su madre, Soledad, se suicidó:
- Es uno de los secretos mejor guardados de la familia Montes. - Pero si soledad era estupenda y se veía siempre tan alegre, tan satisfecha. - ¡Uf! Las apariencias engañan. Que Soledad pareciera una mujer feliz no significa que lo fuera. De hecho, antes de suicidarse estuvo varios meses en una clínica. En Aguas Claras.
Cuenta el niño:
Al principio recordaba a mama todo el tiempo. Pero un día descubrí que aun cuando pusiera todo mi empeño no podría dejar de crecer, ni tampoco olvidar. Las dos cosas van juntas y no hay forma de desamarrarlas. Mis recuerdos de ella se parecen a las películas. Hay una imagen que siempre vuelve. Estamos tendidos en el suelo de un cuarto vacío mamá y yo. Ella me abraza. En el techo hay una ventana por donde miramos al cielo. A veces cierro los ojos e imagino que estoy ahí. Aunque siempre termino deseando que sea verdad. Si mama se quitó la vida significa que no me quería. (…) A veces sé lo que es sentirse infeliz, esperar a que llegue la noche para esconderme bajo las sábanas, cerrar los ojos y huir para siempre en la barcaza de Kájef. ¿Es esto lo que sentía mamá?
Carla Guelfenbein bordea el límite de lo admisible en el relato de los sentimientos pero no cae nunca en lo sensiblero por su magistral manejo del lenguaje y su arte a la hora de construir los personajes. El resultado es una impresionante narración de una familia, sus secretos, sus traiciones y sus demonios.
En otro capítulo la narradora es Alma, que mira un álbum de fotos:
La precisión con que Juan había extirpado las imágenes de su mujer me estremeció. Recorrí una a una las hojas del álbum. Esa tarde me planteé una pregunta que habría de volver: ¿qué yacía bajo su apariencia de hombre justo y sosegado? (se refiere a Juan, su marido). Así como había removido las fotografías de su mujer muerta, debía haber otros aspectos de su vida que yo jamás conocería: deseos ocultos, miedos, obsesiones. Quizás yo misma llegaría a ser un espacio en blanco en un álbum de fotografías.
Con esta forma de empezar un libro ¿Quién se resiste a leerlo hasta el final de un tirón?
Esta es la tercera novela de Carla Guelfenbein. La editorial Alfaguara publicó las anteriores: El revés del alma (2003) y La mujer de mi vida (2005).

Fuente fotos: Mer.cl y Planeta.
16May, 2009
KLAUS MANN; Encuentro en el infinito. 2ª parte.
Encuentro en el infinito, novela de Klaus Mann que publicó en 2007 la editorial El Nadir, relata la vida de un grupo de personas en Berlín y Paris en los años 30´s. El protagonista, Sebastián a sus veinticinco años vive intensamente: viajes, drogas, París, Niza, Fez….
En la página 65 se describe el ambiente de uno de los cabarets de Berlín:
En El Dominó Rojo reinaba una intensa actividad. En la parte delantera del establecimiento, la sala de fiestas propiamente dicha, no quedaba ni una mesa libre y tuvieron que sortear las parejas de bailarines para llegar a uno de los palcos laterales. Un hombrecito calvo les recibió con múltiples reverencias y tan pronto como se hubieron sentado, les trajo corriendo la carta de espumosos. Como no se decidieron enseguida, se retiró levemente ofendido para mezclarse con los bailarines, dando saltitos y gritos de júbilo, tirando serpentinas y tocando animoso su trompetilla de papel de colores infantiles. La sala lucía una tenue luz roja y una gran cantidad de fruslerías, abanicos y farolillos chinos en la pared –“exactamente como los catetos se imaginan un cabaret”, afirmó Darmstädter-. Era del tipo mixto. Había parejas de muchachos bailando y el que pegaba chillidos tras la barra llevaba el pelo teñido de alheña, pero las putas con sus clientes eran mayoría. En los palcos se sentaban abogados y fabricantes de medias ilustrados que habían propuesto enseñar a sus esposas los desenfrenos de Berlín. (…) La americana borracha cabalgaba sobre la baranda del palco agitando con entusuiasmo su copa de espumoso. Parecía un dibujo carnavalesco de 1910. - ¡Venid! ¡Venid! –gritaba al azar hacia el gentío de los bailarines. Estaba convencida de que era así como había que comportarse en la vieja y pecaminosa Europa. (…) A su lado se tambaleaba, riéndose desaforadamente, una muchacha bellísima con el pelo teñodo de rojo carmesí y una boca tan indecentemente grande, blanda y lujuriosa que Richard Darmstädter sugirió la conveniencia de que la cubrieran con un pequeño delantal. La joven se llamaba Olly y era muy conocida en el ambiente de los bajos fondos que se codeaban con los círculos intelectuales.
Hay diversas teorías sobre el motivo del suicidio de Klaus Mann. La mía, modesta, pero la mía, es que no pudo soportar que su padre, Thomas Mann, premio Nobel de Literatura y gran pope de las letras germánicas del siglo XX, no reconociera en su hijo a su digno heredero literario.
Cuando Klaus murió, Thomas Mann le escribió a Hermann Hesse: "Mis relaciones con él fueron difíciles y no exentas de un sentimiento de culpabilidad dado que mi existencia desplegaba una sombra sobre la suya. Él trabajaba muy rápido y muy fácilmente; eso explica los errores y las negligencias de sus libros".
Encuentro en el Infinito está publicada por El Nadir en 2007.

Fuente: El Nadir y Letras Libres.
15May, 2009
KLAUS MANN; Encuentro en el infinito. 1ª parte.
Extraños tiempos estos en que los periódicos regalan películas. Gracias a este amor desinteresado por los lectores he vuelto a ver Cabaret, dirigida por el gran Bob Fosse (impagable es su autobiografía cinematográfica All that Jazz) e interpretada por Liza Minelli y Michael York, ambos en lo mejor de su carrera. Me quedo con ganas de más. No encuentro la novela Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood en que está basada la película, pero me dice un amigo alemán que el escritor Klaus Mann, hijo del premio Nobel de literatura Thomas Mann, vivió a fondo (quizás demasiado a fondo) aquellos ambientes del Berlín de los años 30´s. y lo cuenta en sus libros.
Klaus Mann tiene libros publicados recientemente, en español, en 7 editoriales. Uno de los mejores es Encuentro en el infinito que la editorial valenciana El Nadir publicó en 2007. Mann escribe este libro cuando tiene 26 años y su personaje central, Sebastián, es claramente su álter ego:
Pág. 46
Sebastián era libre. Era el único gran lujo que se permitía, y era el más grande que uno podía concederse en estos tiempos. Conocía los aprietos económicos, pero nunca eran tan graves, nunca tan desastrosos como para poner en serio peligro su libertad. No tenía pretensiones y era astuto; pese a toda su desidia y mansedumbre era muy flexible. Los demás se complacían en ayudarle y él se complacía en dejarse ayudar. No tenía padres, ambos habían muerto cuando aún era un niño. Se había criado con una vieja pariente en una pequeña ciudad del sur de Alemania; con dieciséis años había llegado a Berlín. Con dieciséis años escribía ya para un periódico matutino críticas de películas, así como pequeños reportajes sobre conferencias, fiestas públicas y accidentes callejeros. Escribir le resultaba fácil; tan fácil que nunca había tomado esa actividad completamente en serio. Más en serio se tomaba la lectura, que le resultaba más difícil. Había destruido varios comienzos de novela. “Soy demasiado joven –decía-. Primero tengo que reunir el material”. Había vivido en diversos ambientes, aunque sobre todo en un excéntrico ambiente intelectual. Le habían regalado muchas experiencias, ya que entablaba fácil amistad tanto con mujeres como con hombres jóvenes; sin embargo, había sido demasiado cauteloso para aprovechar por completo este caudal de vivencias. Esperaba experiencias aún más grandes. Entretanto iba viviendo, con curiosidad y paciencia. Tenía veinticinco años.
Klaus Mann nace en 1906 y se suicida el 21 de mayo de 1949. Escribió nueve novelas y dos versiones de su autobiografía, además de poesía, ensayo y numerosos artículos periodísticos. En 1925, con diecinueve años, publicó sus primeros trabajos literarios, entre ellos La danza piadosa, primera novela en lengua alemana de claro contenido homosexual. En su juventud destacó por su vida frívola, estaba dispuesto a apuntarse a cualquier experimento, todo lo nuevo lo excitaba. Sin embargo, al final de sus días, fue uno de los más valerosos, entre los intelectuales que se enfrentaron al nazismo.
¿Han visto una portada más bonita?

Fuente: El Nadir.
19Abr, 2009
LAS HERMANAS MITFORD, 1ª parte.
David Mitford, lord Redesdale, y Sydney Bowles tuvieron seis hijas y un hijo. Eran aristócratas ingleses a principios del siglo XX. Las nuevas leyes que se dictaron en aquella época obligaban, a la mayoría de las grandes familias de la nobleza, a vender propiedades para poder pagar los altos impuestos de sucesión. Eso les hizo padecer crisis financiera continua al tiempo que mantenían su vida de nobles. Sus hijas se codearon con lo mejor y lo peor de la intelectualidad y la política de su tiempo. Fueron amigas de Hitler, Churchill, Goebbels, De Gaulle, Faulkner, Wallis Simpson, Evelyn Waugh, Lytton Strachey, Dora Carrinton y John F.Kennedy, entre muchos otros. Tuvieron una vida muy ajetreada. Mucho.
Entre las seis hermanas hubo una comunista, dos fascistas, varias escritoras, una lesbiana, varios divorcios, incontables amantes, y dos intentos de suicidio.
La historia de las hermanas Mitford es a pesar de todo muy divertida.
La editorial CIRCE publicó en 2003 el libro Las hermanas Mitford, de Annick Le Floc´hmoan. Tengo en mis manos la 2ª edición. Mención aparte merecen las fotos incluidas en esta edición que permiten apreciar la impresionante belleza de todos los integrantes de esta peculiar familia.
La hermana mayor, Nancy, además de publicar varios libros y muchos artículos en revistas como Vogue o Tatler, tuvo una vida sentimental muy complicada.
Nancy a sus 24 años se enamora de Hamish Saint-Clair. Sus amigos y su familia le previenen en su contra. Era jugador y bebedor y bastante “ligero de cascos”. Tom Mitford llegó a decirle a su hermana Nancy que no le convenía por que además de sus vicios era homosexual. Para demostrárselo le dice que él mismo, Tom, había tenido un asunto con él cuando eran compañeros en el colegio de Eton. Nancy no hace caso y, romántica incurable, piensa y escribe que el amor lo cambiara. Hamish no cambia: Un día “la ama profundamente y al siguiente la ignora”
En la página 92 se cuenta como en un momento de crisis, por que Hamish no esta dispuesto a casarse, aparece un joven alto y rubio, Sir Hugh Smiley, oficial de los granaderos de la guardia y con ingresos “confortables”. Se le declara:
Enumera todos sus atributos: es rico, posee una gran mansión y tiene intención de entrar en el Parlamento. Nancy, a quien la petición pilla de sorpresa, no sabe que responder. La perspectiva de una vida tranquila, libre de apuros económicos, la tienta. Se imagina a sí misma rodeada de crios rubitos, en una soberbia casa. Vestida por los mejores modistos. Cubierta de joyas. Su madre, al enterarse de de la proposición de matrimonio, le advierte de inmediato: “ Si no te casas con sir Hugh, acabarás siendo una solterona. ¿No te das cuenta de que ya tienes 28 años?” Nancy está a punto de aceptar. Por puro cansancio. Pero no llega a decir que sí. “Espere a que acabe mi nuevo libro y le daré una respuesta”, termina por murmurarle a sir Hugh. Sus hermanas pequeñas, Jessica y Debo, bailan alrededor de ella: “¡Cásate, cásate con él!” . “Este joven es muy amable y simpático- le escribe entones a Mark, su confidente- Pero ¿me imaginas cargando con unos niños rubios pero estúpidos? Desde luego vestiría ropa muy elegante, y enseguida me echaría varios amantes. Pero ¿no es mejor conservar el orgullo y vivir con dignidad en la pobreza?”. Sir Hugh la abruma con sus cartas. La colma de cumplidos. Nancy decide ver de nuevo a Hamish. Este se ha enterado de la propuesta de matrimonio y se muestra de lo más dolido. Incluso –que milagro- le hace un regalo a Nancy, un anillo de la casa Cartier. Ella no cabe en sí de gozo, piensa que Hamish al fin se ha enmendado. Que más da, entonces, que sir Hugh le haya rogado quedar una vez mas en el Café e París. Nancy acude a la cita pero se toma la molestia de prevenir antes a Hamish. Mientras el oficial le pide de nuevo a Nancy que se case con él, el joven vanidoso (Hamish), sentado varias mesas más allá, comienza a burlarse de él en voz alta. El granadero se levanta de golpe, furioso y le espeta a Nancy: “Acabará usted siendo una solterona”. “Entonces me fui con Hamish al Slipskin, un nuevo club nocturno bastante horrible” le cuenta cuenta Nancy a Mark, su confidente.
Cuando ya tiene 29 años, después de comprobar que Hamish no tenía solución, se casa Peter Rodd. Este era muy del estilo de Hamish. Viven épocas de poco dinero y otras de mucho. Parece ser que Rodd llega a obtener dinero chantajeando a su propio padre:
Sir Rennell Rod ( padre de Peter) fue, en sus años de juventud en Oxford, amigo de Oscar Wilde, al que dedicó un libro de poemas. “A mi amigo del alma”, fue la dedicatoria que salió impresa. Poco después, Wilde era encerrado en la cárcel de Reading, condenado por homosexualidad y el ambicioso Rennell Rodd se mordía las uñas de miedo. La tirada de su obra era de pocos ejemplares, pero si alguien abría uno por casualidad, su reputación podría verse amenazada. Años después su hijo Peter descubrió el secreto y se puso a buscar los escaso ejemplares que existían del libro, para revendérselos, muy caros, a su padre. Éste los ocultaba en un baúl o los quemaba.
Nancy Mitford intentó suicidarse una vez y fue la autora de libros como A la caza del Amor, Amor en clima frío y La Bendición publicados en España por Libros del Asteroide.
Una de las excentricidades más divertidas de Nancy Mitford es que llamaba "Susan" a sus cinco hermanas. Decía que le era imposible acordarse de tantos nombre. Ninguna de sus hemanas se llamaba Susan.
Las Hermanas Mitford está publicado por CIRCE.

Las hermanas Mitford, faltando Deborah.
Fuente:adn.es
15Abr, 2009
SIEMPRE ALICE; La enfermedad de Alzheimer, 3ª parte.
Lisa Genova, doctora en neurología por la Universidad de Harvard, en su novela Siempre Alice, Ediciones B, 2009, da respuesta a la siguiente pregunta:
¿Pierde su dignidad una persona por el hecho de padecer una enfermedad mental?
En este libro, su protagonista Alice Howland es diagnosticada de Alzheimer prematuro a los 50 años. Alice está en el mejor momento de su vida personal y profesional. Sabe lo que se le viene encima y piensa en el suicidio. Muchos capítulos de la novela terminan con el mismo mensaje que Alice ha grabado en su Blackberry:
Alice, responde a las siguientes preguntas: 1.- ¿Qué mes es? 2.- ¿Dónde vives? 3.- ¿Dónde se encuentra tu despacho? 4.- ¿Cuándo nació Anna? 5.- ¿Cuántos hijos tienes? Si tienes problemas para recordar cualquiera de las respuestas, ve al archivo de tu ordenador llamado “Mariposa” y sigue sus instrucciones de inmediato.
Al final de la novela Alice abre el archivo llamado “Mariposa” y este dice:
Querida Alice: Tú te escribiste esta carta a ti misma cuando todavía estabas en tu sano juicio Si estás leyendo esto, y no eres capaz de responder a una de las cinco preguntas, es que ya no lo estás. Tienes la enfermedad de Alzheimer. Has perdido gran parte de ti misma. (...) Has vivido una vida extraordinaria y provechosa. Tu esposo y tú habéis tenido tres hijos saludables y maravillosos, a los que habéis amado y criado lo mejor que habéis sabido, y has tenido una notable carrera en Harvard, llena de retos, creatividad, pasión y logros. (....) Te quiero y estoy orgullosa de ti, de cómo has vivido y de todo lo que has hecho mientras has podido hacerlo. Ahora ve al dormitorio y..... (...) Por favor confía en mi. Con amor ALICE HOWLAND
He suprimido deliberadamente las partes más importantes de la carta que Alice se dirige a sí misma para no desvelar en final de la novela.
Espero que lo disfrutéis como yo.

28Mar, 2009
WILLIAM STYRON; Sentimiento de culpa
“Su muerte no pudo ser más horrible: en pleno paroxismo del dolor. Un caluroso día de julio, siete meses más tarde, dejó de existir sumida en el estupor de la morfina, después de que yo me pasara una noche entera contemplando aquel débil rescoldo en la fría y humeante habitación y pensando, horrorizado, en la posibilidad de que mi descuido de aquel día fuera la causa de una larga decadencia de la que mi madre nunca se recuperaría. Culpa. Odiosa culpa. Corrosiva como la salmuera. Como sucede con el tifus, uno puede llevar dentro de sí toda la vida la toxina de la culpa. Mientras me retorcía sobre el duro y húmedo colchón el dolor del remordimiento atravesó mi pecho como una lanza de hielo en el momento en que el recuerdo me trajo de nuevo la expresión de terror que apareció en los ojos de mi madre aquella tarde, y volví a preguntarme si el sufrimiento que le causé no aceleró de algún modo su muerte y si ella llegó a perdonarme alguna vez.”
Así describe William Styron, en la página 508 de La Decisión de Sophie (Verticales de Bolsillo, 2008), el sentimiento de culpa de Stingo ( alter-ego del escritor) que olvidó, por unas horas, a su madre, ya incapacitada por la enfermedad, en un frío sótano. La madre de Styron murió de cáncer siendo él muy joven. Igual le ocurre a la madre de Stingo en la novela.
En Esa Visible Oscuridad Styron concluye que la principal causa de la depresión que casi le lleva al suicidio fue la temprana muerte de su madre. El escritor se sorprende al releer su obra y descubrir que su subconsciente había pintado ya en sus personajes, incluso en los primeros, los traumas que, 30 años después, lo llevaron a la enfermedad mental. En el texto que inicia este “post” tenemos un ejemplo. Puede que Styron en su subconsciente se sintiese culpable de la muerte de su madre igual que le pudo ocurrir a Nicholas Hughes hijo de Sylvia Plath que se ha suicidado hace 10 días ( ver el “post” de anteayer en este “blog”).
26Mar, 2009
SUICIDIO DEL HIJO DE SYLVIA PLATH
El día 16 de marzo de 2009 se quitó la vida Nicholas Hughes. Tenía 46 años. Era biólogo marino e hijo de los poetas Sylvia Plath y Ted Hughes. Era soltero y no tenía hijos.
Cuando Nicholas tenía un año su madre, Sylvia, les preparó el desayuno e él y a su hermana Frieda y metió la cabeza en el horno para suicidarse. Lo consiguió. Su padre, Ted, que entonces ya se había separado de Sylvia había dejado embarazada a Assia Wevil. Esta última se suicidó 4 años después utilizando el mismo método que Sylvia, solo que esta vez mató también a su hijo de 4 años.
Con el reciente suicido de Nicholas los periódicos británicos insisten en relatar los últimos descubrimientos de la psiquiatría que supuestamente demuestran que muchas enfermedades mentales, entre ellas la depresión y el trastorno bipolar, son genéticas. Con lo que acaba de hacer Nicholas los partidarios de las causas biológico-químicas de la enfermedad mental se apuntan un tanto. En mi modesta opinión mantengo mis dudas.
Sylvia Plath era inmadura y por lo tanto egoísta. Ted Hughes era fundamentalmente egoísta. El suicidio generalmente es un acto de egoísmo, más si se tiene descendencia. El suicida manda un mensaje claro al subconsciente de sus hijos: “Ni por vosotros vale la pena vivir”. Lo peor es que el hijo del suicida suele desarrollar un claro sentimiento de culpa. Nicholas Hughes sentía que con su nacimiento se agudizó el sufrimiento de su madre. Además sabía que su padre destruyó el último cuaderno de los diarios de Sylvia para que sus hijos no tuvieran que soportar lo escrito en el. Aunque Ted Hughes mantuvo una buena relación con su hijo hasta que murió de cáncer en 1999, es muy posible que nunca revelara lo que escribió Sylvia en ese último cuaderno. En estos caso es peor no saber. Nicholas fue víctima del egoísmo de sus padres, no de la genética.
Sylvia Plath dejó escrito que su hijo era “el niño dorado que el mundo matará y comerá”. Además pidió: “deja a este ileso”. Como si el cuidado de su hijo no fuera cosa suya.
Posdata: El día 22 de octubre de 2008, con motivo de la publicación en España de la poesía completa de Sylvia Plath publiqué un “post” en este “blog” con el titulo: SYLVIA PLATH y TED HUGHES; Poesía Suicidio y Amor. Al final del “post” escribí: “¡LOS NIÑOS!” . Era mi grito pidiendo atención para esos hijos. Inútil.
Perdón por la autocita.

Nicholas Hughes hace 10 años en el funeral de su padre con su madrastra
y su hermana Frieda.
Fuente:www.Mirror.co.uk.
24Mar, 2009
WILLIAM STYRON; Depresión. 2ª parte.
En su libro Esa Visible Oscuridad, 2009, La otra orilla. William Styron describe su experiencia con la depresión. Su enfermedad llegó a ser tan profunda que estuvo cerca del suicidio. En esos días Styron escribía de forma esporádica en un cuaderno sus impresiones y había relacionado mentalmente la destrucción del cuaderno con su suicidio. Una noche en la que hay invitados a cenar se levanta en silencio de la mesa y decide que ha llegado al momento en que no puede resistir mas. Decide deshacerse del cuaderno y escribir una nota de despedida, algo que no consigue hacer:
“Pero hasta unos pocas palabras llegaron a parecerme tediosas y abandoné todos mis intentos, resolviendo marcharme en silencio. Muy entrada una noche amargamente helada, cuando comprendí que no podía superar el día siguiente, me senté en el salón de casa, muy abrigado para aguantar el frío; algo había pasado con la caldera. Mi esposa se había ido a la cama y yo me había obligado a ver una película en la que una joven actriz, que había representado un papel en una obra mía, aparecía en una pequeña parte. En una parte de la película, ambientada en el Boston de finales del siglo XIX, los personajes caminaban por un corredor en un conservatorio de música, más allá de cuyas paredes, acompañada de músicos invisibles, llegaba una voz de contralto, un inesperadamente vertiginoso fragmento de la Rapsodia para contralto de Brahms. Aquel sonido, ante el cual, como ante toda música – en realidad, como ante todo placer- yo, aletargado, no había reaccionado, durante meses, se me clavó en el corazón como una daga y, en una corriente de veloces recuerdos, pensé en todas la alegrías que la casa había conocido: los niños que habían hecho carreras en las habitaciones, las celebraciones, el amor y el trabajo, el descanso honestamente ganado, las voces y el movimiento, la perenne tribu de los perros y los gatos y los pájaros, “risas y talento y suspiros, / y trajes y rizos”. Comprendí que todo eso era más de lo que yo era capaz de abandonar, así como también que lo que me había propuesto hacer con tanta deliberación superaba lo que podía infligir a esos recuerdos y, sobre todo, tan próximos a mí, a aquellos con quienes esos recuerdos estaban vinculados. Y con la misma precisión comprendí que no podía cometer aquella profanación de mi mismo. Recurrí a un último destello de cordura para percibir las terroríficas dimensiones del abismo mortal en que me había precipitado. Desperté a mi mujer y no se tardó en hacer algunas llamadas telefónicas. Al día siguiente ingresé en el hospital”
Styron, en la descripción de su propia tentativa de suicidio, habla del poder salvador de la música. En La Decisión de Sophie, publicado 14 años antes, hay varios episodios en los que la música hace renacer al personaje central. Ver “post” de 8 de marzo de 2009 en este mismo blog.

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