14Jul, 2009
ROSA SALA ROSE; Traductora y ensayista.
Rosa Sala Rose nace en Barcelona en 1969. Hija de madre alemana y padre catalán se licencia en Filología alemana y se especializa en los grandes autores en esa lengua: Goethe, del que tradujo su autobiografía, Poesía y Verdad, Thomas Mann del que tradujo La voluntad de ser feliz y otros relatos…
Como ensayista publicó en 2003 en la editorial Acantilado Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo y en 2008 , Lili Marleen, canción de amor y muerte, editorial Global Rythm, donde analiza los orígenes de la famosa canción de
Rosa, además, da conferencias y colabora en medios como
http://rosasalarose.blogspot.com/2009/07/bruno-manz-y-la-conspiracion-judia.html
Espero que lo disfrutéis, yo estoy enganchado a su blog.
09Jul, 2009
CEES NOOTEBOOM; Tumbas de poetas.
Cees Nooteboom, que ha viajado por todos los continentes visita en este libro publicado por Siruela a sus «muertos amados» allá donde se encuentren para entablar diálogos con ellos, para verificar sus palabras, su inmortalidad. Peregrinó a la tumba de Neruda en Chile, a las de Vallejo y Cortázar en París, a la de Antonio Machado en Collioure, a la de Stevenson en Samoa y a la de Kawabata en Japón; a las de Keats y Shelley en Roma, en el «cementerio de los extranjeros», donde también reposan el hijo de Goethe y uno de los hijos de Wilhelm von Humboldt; a las de Thomas Mann, James Joyce y Elias Canetti en Zurich; a las de Balzac, Proust y Nerval en el cementerio de Père Lachaise de París; a las de Brecht y Hegel, que están enterrados en un pequeño camposanto en Berlín. Nooteboom recoge en este libro sus reflexiones:
¿Quién yace en la tumba de un poeta? El poeta, desde luego, no, eso es bien sabido. El poeta está muerto, de lo contrario no tendría una tumba. Pero el que está muerto ya no es nadie, por lo tanto tampoco está en su tumba. Las tumbas son ambiguas. Conservan algo y, sin embargo, no conservan nada. Naturalmente, esto se puede decir de todas las tumbas, pero cuando se trata de las tumbas de los poetas con eso no está todo dicho. En su caso hay algo diferente. La mayoría de los muertos callan. Ya no dicen nada. Literalmente, ya lo han dicho todo. Pero no sucede así con los poetas. Los poetas siguen hablando. A veces se repiten. Esto ocurre cada vez que alguien lee o recita un poema por segunda o centésima vez. Pero hablan también para quienes todavía no han nacido, para unas personas que aún no han vivido cuando ellos escriben lo que escriben. ¿Por qué visitamos la tumba de alguien a quien no hemos conocido en absoluto? Porque aún nos dice algo, algo que sigue resonando en nuestros oídos, que hemos retenido e incluso no hemos olvidado, que nos sabemos de memoria y de vez en cuando repetimos, en voz baja o en voz alta. Con alguien cuyas palabras siguen estando presentes para nosotros mantenemos una relación, del tipo que sea. Por esa razón, no es imprescindible visitar su tumba. Cuando se trata de tumbas, todo es irracional. Llevamos flores a nadie, arrancamos los hierbajos para nadie y aquel por quien vamos no sabe que estamos allí. Sin embargo, lo hacemos. En algún rincón secreto de nuestro corazón albergamos la idea de que esa persona nos ve y se da cuenta de que seguimos pensando en ella. Pues eso es lo que queremos; queremos que los muertos reparen en nosotros, queremos que sepan que seguimos leyéndoles, porque ellos siguen hablándonos. Cuando nos hallamos al lado de sus tumbas, sus palabras nos envuelven. La persona ya no existe, pero las palabras y los pensamientos permanecen. Podemos al menos rememorar. Cada visita a la tumba de un poeta es una conversación en la cual la respuesta ya está ahí mucho antes que todo lo que nosotros mismos pudiéramos decir. Es una paradoja. Algo se ha dicho ya, pero sin que se haya formulado una pregunta. Hemos venido a dar nuestra aquiescencia, a estar cerca de las palabras que ya se han dicho. El que escribió esas palabras murió, pero las palabras mismas siguen viviendo. Podríamos pronunciarlas en voz alta, como si se las dijéramos a otros. Por eso vamos allí: para oír esas palabras en el silencio de la muerte y a pesar de la muerte.
Cees Nooteboom es holandes de
Nooteboom ha dicho recientemente:
Uno de los aspectos más curiosos de hacerse mayor, escribe, es que los tiempos en los que todo era enormemente importante y tenía grandes consecuencias se han quedado, por fortuna, atrás. Los amigos van muriendo y el cuerpo a veces se niega a cooperar, pero para une escritor envejecer tiene algunas ventajas, ya que casi todo evoca un recuerdo.

03Jun, 2009
ARTISTAS Y OFICINISTAS
Hace una semana, en la plaza de toros de Las Ventas, una señora con 40 años de afición a la fiesta decía: “Los toreros ya no vienen con ilusión, parecen oficinistas de 9 a 5”.
Los toreros actuales, en su mayoría, tienen su vida, separada de los toros, y luego torean por la tarde, algunas tardes. El resultado se está viendo en las plazas.
¿Es compatible el arte con una vida normal? ¿Se puede ser artista a tiempo parcial?
Me centraré en el mundo de los libros.
Thomas Mann escribía en una carta a Hermann Hesse que su hijo Klauss, “Trabajaba muy rápido y muy fácilmente; eso explica los errores y las negligencias de sus libros”. Mann, el padre, escribió y en segundo plano vivió. Mann, el hijo, vivió y después escribió. Puede apreciarse la diferencia entre la obra literaria de uno y de otro.
Hal Foster, el dibujante del Príncipe Valiente, dedicaba 65 horas semanales a dibujar. La última página dibujada por Foster de Príncipe Valiente es la nº 2244, cuando ya ha cumplido 87 años. Habían pasado 43 años desde la primera tira. Los dibujantes de comics actuales ya no dibujan cada viñeta como si de un cuadro se tratase, como hacía Foster con el Príncipe Valiente. Los dibujantes actuales tienen familias de las que cuidar y otras cosas que hacer además de dibujar.
Gunter Grass, escritor alemán, del que Alfaguara acaba de publicar La caja de los deseos, la segunda parte de sus memorias, declaraba en una entrevista a El País:
Y yo mismo me llamo padre incapaz, deficiente. Es muy lógico que, siendo padre de ocho hijos distintos, de madres diferentes también, a pesar de todo el amor, la simpatía, de las relaciones cariñosas, esta sensación de que soy un padre incapaz o deficiente aparezca una y otra vez. En gran parte era un padre ausente. Estaba allí recluido, escribiendo.
Un escritor no escribe para vivir sino que vive para escribir. Ya lo decía Gabriel Gª Márquez en el título de la primera parte (¿y última?) de su autobiografía: Vivir para contarla. Por este motivo, Gunter Grass cuenta en su autobiografía cosas que sus hijos le han pedido que no publique. Para el premio Nobel alemán es más importante su obra que sus hijos, que su vida. ¿Es un egoísta Grass?. No, es un escritor.
Buenos escritores como Amos Oz y William Styron cuentan que después de 10 horas de trabajo diario solo tienen 2 o 3 cuartillas aptas para incluir en una novela. Si además hay que leer, y dormir y comer ¿de donde salen horas en el día para la familia? Y no solo es una cuestión de tiempo. Lo principal es poder vaciar la mente del escritor de lo que está escribiendo para preocuparse por los suspensos de su hijo o por la gripe de su hija.
Un artista, sin poder evitarlo, solo vive para su obra. Si está casado será un mal marido. Si tiene hijos será un mal padre. No puede uno dedicarse al Arte por las mañanas y luego, por la tarde, hacer la vida de una persona normal. Estamos cansados de leer en la prensa las quejas de los familiares de los grandes artistas sobre el egoísmo de estos. No es egoísmo, es incapacidad para hacer algo diferente a su obra. Véase el ejemplo de Picasso. Quien se dedica al Arte lo hace por necesidad. Un torero de verdad no puede vivir sin torear, igual que un escritor podrá vivir sin publicar, pero no si escribir. Los hijos que reclaman contra su padre artista tienen todo el derecho a hacerlo, pero les irá mejor si intentan entender la naturaleza mental del señor que les tocó como progenitor.
Alice Munro, la escritora canadiense de casi 80 años, anunció que dejaba la escritura. En una entrevista que La Vanguardia publicaba recientemente comentaba por que había vuelto a escribir:
El trabajo me estaba resultando demasiado duro y pensé que me había llegado la hora de llevar la vida de una señora normal. ¡Y lo hice! Por unos seis meses. Salí a almorzar con amigas, me dediqué a la jardinería, a la caridad. Fue horrible. Después me di cuenta de que ya no sirvo para una vida normal: he escrito tantos años que no sé hacer nada más.
Más adelante, en la entrevista, Munro comenta cuando con 20 años y bebes recién nacidos iniciaba su obra:
Los bebés finalmente dormían la siesta, quisieran o no, y entonces yo me ponía a escribir. No estaba pensando en ellos. Estaba pensando en mí. Quizá habrían sido más felices si yo les hubiese dedicado más tiempo y menos a mi literatura, no lo sé. Pero para mí no era una opción, sentía que tenía que luchar por ese espacio propio donde no era ni mujer ni madre.
José Tomás, el torero, es un artista y salvo el partidillo de fútbol-sala, que juega de vez en cuando, no piensa en otra cosa que en los toros. Aunque le pese.

Fuente: images-eu.amazon.
16May, 2009
KLAUS MANN; Encuentro en el infinito. 2ª parte.
Encuentro en el infinito, novela de Klaus Mann que publicó en 2007 la editorial El Nadir, relata la vida de un grupo de personas en Berlín y Paris en los años 30´s. El protagonista, Sebastián a sus veinticinco años vive intensamente: viajes, drogas, París, Niza, Fez….
En la página 65 se describe el ambiente de uno de los cabarets de Berlín:
En El Dominó Rojo reinaba una intensa actividad. En la parte delantera del establecimiento, la sala de fiestas propiamente dicha, no quedaba ni una mesa libre y tuvieron que sortear las parejas de bailarines para llegar a uno de los palcos laterales. Un hombrecito calvo les recibió con múltiples reverencias y tan pronto como se hubieron sentado, les trajo corriendo la carta de espumosos. Como no se decidieron enseguida, se retiró levemente ofendido para mezclarse con los bailarines, dando saltitos y gritos de júbilo, tirando serpentinas y tocando animoso su trompetilla de papel de colores infantiles. La sala lucía una tenue luz roja y una gran cantidad de fruslerías, abanicos y farolillos chinos en la pared –“exactamente como los catetos se imaginan un cabaret”, afirmó Darmstädter-. Era del tipo mixto. Había parejas de muchachos bailando y el que pegaba chillidos tras la barra llevaba el pelo teñido de alheña, pero las putas con sus clientes eran mayoría. En los palcos se sentaban abogados y fabricantes de medias ilustrados que habían propuesto enseñar a sus esposas los desenfrenos de Berlín. (…) La americana borracha cabalgaba sobre la baranda del palco agitando con entusuiasmo su copa de espumoso. Parecía un dibujo carnavalesco de 1910. - ¡Venid! ¡Venid! –gritaba al azar hacia el gentío de los bailarines. Estaba convencida de que era así como había que comportarse en la vieja y pecaminosa Europa. (…) A su lado se tambaleaba, riéndose desaforadamente, una muchacha bellísima con el pelo teñodo de rojo carmesí y una boca tan indecentemente grande, blanda y lujuriosa que Richard Darmstädter sugirió la conveniencia de que la cubrieran con un pequeño delantal. La joven se llamaba Olly y era muy conocida en el ambiente de los bajos fondos que se codeaban con los círculos intelectuales.
Hay diversas teorías sobre el motivo del suicidio de Klaus Mann. La mía, modesta, pero la mía, es que no pudo soportar que su padre, Thomas Mann, premio Nobel de Literatura y gran pope de las letras germánicas del siglo XX, no reconociera en su hijo a su digno heredero literario.
Cuando Klaus murió, Thomas Mann le escribió a Hermann Hesse: "Mis relaciones con él fueron difíciles y no exentas de un sentimiento de culpabilidad dado que mi existencia desplegaba una sombra sobre la suya. Él trabajaba muy rápido y muy fácilmente; eso explica los errores y las negligencias de sus libros".
Encuentro en el Infinito está publicada por El Nadir en 2007.

Fuente: El Nadir y Letras Libres.
15May, 2009
KLAUS MANN; Encuentro en el infinito. 1ª parte.
Extraños tiempos estos en que los periódicos regalan películas. Gracias a este amor desinteresado por los lectores he vuelto a ver Cabaret, dirigida por el gran Bob Fosse (impagable es su autobiografía cinematográfica All that Jazz) e interpretada por Liza Minelli y Michael York, ambos en lo mejor de su carrera. Me quedo con ganas de más. No encuentro la novela Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood en que está basada la película, pero me dice un amigo alemán que el escritor Klaus Mann, hijo del premio Nobel de literatura Thomas Mann, vivió a fondo (quizás demasiado a fondo) aquellos ambientes del Berlín de los años 30´s. y lo cuenta en sus libros.
Klaus Mann tiene libros publicados recientemente, en español, en 7 editoriales. Uno de los mejores es Encuentro en el infinito que la editorial valenciana El Nadir publicó en 2007. Mann escribe este libro cuando tiene 26 años y su personaje central, Sebastián, es claramente su álter ego:
Pág. 46
Sebastián era libre. Era el único gran lujo que se permitía, y era el más grande que uno podía concederse en estos tiempos. Conocía los aprietos económicos, pero nunca eran tan graves, nunca tan desastrosos como para poner en serio peligro su libertad. No tenía pretensiones y era astuto; pese a toda su desidia y mansedumbre era muy flexible. Los demás se complacían en ayudarle y él se complacía en dejarse ayudar. No tenía padres, ambos habían muerto cuando aún era un niño. Se había criado con una vieja pariente en una pequeña ciudad del sur de Alemania; con dieciséis años había llegado a Berlín. Con dieciséis años escribía ya para un periódico matutino críticas de películas, así como pequeños reportajes sobre conferencias, fiestas públicas y accidentes callejeros. Escribir le resultaba fácil; tan fácil que nunca había tomado esa actividad completamente en serio. Más en serio se tomaba la lectura, que le resultaba más difícil. Había destruido varios comienzos de novela. “Soy demasiado joven –decía-. Primero tengo que reunir el material”. Había vivido en diversos ambientes, aunque sobre todo en un excéntrico ambiente intelectual. Le habían regalado muchas experiencias, ya que entablaba fácil amistad tanto con mujeres como con hombres jóvenes; sin embargo, había sido demasiado cauteloso para aprovechar por completo este caudal de vivencias. Esperaba experiencias aún más grandes. Entretanto iba viviendo, con curiosidad y paciencia. Tenía veinticinco años.
Klaus Mann nace en 1906 y se suicida el 21 de mayo de 1949. Escribió nueve novelas y dos versiones de su autobiografía, además de poesía, ensayo y numerosos artículos periodísticos. En 1925, con diecinueve años, publicó sus primeros trabajos literarios, entre ellos La danza piadosa, primera novela en lengua alemana de claro contenido homosexual. En su juventud destacó por su vida frívola, estaba dispuesto a apuntarse a cualquier experimento, todo lo nuevo lo excitaba. Sin embargo, al final de sus días, fue uno de los más valerosos, entre los intelectuales que se enfrentaron al nazismo.
¿Han visto una portada más bonita?

Fuente: El Nadir.
30Abr, 2009
PARÍS por Klauss Mann.
En la página 191 de la 1ª edición que ALBA publicó en 2007 de Cambio de rumbo, libro de memorias de Klaus Mann:
¿Por qué se enamora uno de esta ciudad de París? Pues por la palidez nacarada que transfigura a veces los árboles y las estatuas del Jardín de Luxemburgo; por la sagrada solidez con la que está plantada Nôtre Dame en la tierra de la Île de France; por el aroma de anís, vino tinto y Coty en los pequeños bistrots, y por la conmovedora elegancia del terciopelo raido con la que nos reciben ciertos restaurantes y cabarets como si fueran bellezas marchitas; por el mundillo del vicio de Montmartre, teatra y miserable, por las simpáticas pretensiones de Montparnasse; por la Madeleine y los ruidosos cafés de los grandes bulevares, por las encantadoras voces roncas de las putas y las duquesas (¡París, je t`aime!, canta la indestructible Mistinguette); por los deliciosos brioches y la soberbia mousse au chocolat (tampoco esta nada ma la creme de marrons) y por los Campos Elisios; por las galerías de arte de la Rue de la Boëtie y la absurda grandeza de la torre Eiffel, por la vista desde el Sacré Coeur; por las babas au rhum de Rumpelmeyer en la Rue de Rivoli, y por el maravilloso olor en Les Halles, donde muy de mañana las frutas y las verduras resplandecen y huelen mejor que las montañas luminosas y perfumadas de rosas, claveles, lilas y jacintos. Se ama París por la esbelta columna de la Plaza Vendôme, por los libros en rústica amarillos, los innumerables gatos y los innumerables monjes; se ama esta ciudad por los burdeles y por el Boulevard St. Germain y por los múltiples hoteles baratos y por que en todas partes te sirven vino en la comida, un petit vin rosé, incluso en la taberna más barata; es imposible no amar París, pues todo recuerda allí a Balzac (¿quién es ese joven allá en la barra, no se llama Rastignac?), a Luis XIV, a Offenbach, a Proust, a los Ballets Rusos, a Danton y a Heinrich Heine. (...) Por eso se ama París, no por las “aventuras”. Berlín, Shanghai y Nueva York son a lo mejor ciudades de aventuras, pero no París. París es extremadamente civilizado, escéptico, elegante, equilibrado, en absoluto excéntrico. La vida nocturna en El Cairo, Chicago, Budapest o Nápoles es “aventurera” es decir sucia y criminal; pero la vida nocturna de París es una parte integrante, natural y arónica, de la vida parisiense. ¿Hay bajos fondos en París? Quizás, pero no tienen un papel llamativo. En todo caso a nadie se le ocurriría que una decente prostituta y su diligente proxeneta forman parte de los “bajos fondos”. La esfera de lo sexual, en todos sus aspectos e incluso en sus más exóticas manifestaciones, se treta en esta ciudad con una mezcla de realismo, y de clemencia casi religiosa, característica de la relación que toda civilización madura mantiene con el Eros.
Klaus Mann Hijo primogénito de Thomas Mann (premio Nobel de literatura, 1929), Klaus Mann nació en Múnich en 1906. Su primera colección de relatos, Vor dem Leben [Antes de la vida], y su primera obra teatral, Anja und Esther, vieron la luz en 1925. Un año después publica Novela de niños. Ya instalado en Estados Unidos publica: Mefisto (1936) y El volcán (1939). En 1942 publica sus memorias en inglés,The Turning Point, que al acabar la guerra revisaría y ampliaría en alemán, con el título de Cambio de rumbo(Der Wendepunkt). Se suicidó en 1949. Fuente Alba.

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