12 May 2008

El despilfarro epidemiológico

Escrito por: Luis Medina el 12 May 2008 - URL Permanente

El pasado 24 de marzo se celebró el Día Mundial de la Tuberculosis. Todos sabemos del renacimiento y crecimiento de la enfermedad romántica en todo el mundo. En otra ocasión hablaré de ello. Hoy sólo quiero centrarme en uno de los muchos datos publicados con motivo de esta efemérides de la concienciación sobre la enfermedad. Según los datos delInstituto Nacional de Estadística (INE), en España se producen cada año aproximadamente 6.000 nuevos casos de tuberculosis. Cabe esperar que esta cifra sea la correcta, puesto que se trata de una enfermedad de declaración obligatoria, pero la realidad parece negar el cumplimiento de la norma. En varias ocasiones he hablado de ello conJulio Ancoechea, presidente de la SEPAR, y Joan Caylá, miembro de esta sociedad científica y epidemiólogo de la Agencia de Salud Pública de Barcelona. Y ambos desmienten la oficialidad: las cifras reales se aproximan al doble de lo publicado por el INE y, lo que es más inquietante aún, no se sabe cuántas personas mueren en España a causa de la tuberculosis.
Está claro que la epidemiología continúa siendo -ad eternum- una de las más importantes asignaturas pendientes de la sanidad pública española. Saber es poder, decía el sabio. Pero parece que la sabiduría de los gestores sanitarios deja mucho que desear. Ignorar la importancia de la epidemiología para la gestión de un hospital, y por ende del sintema sanitario, es inexcusable.
La epidemiología hospitalaria, de existir, permite por sí sola hacer previsiones reales - y se subraya reales- de ingresos de pacientes, intervenciones quirúrgicas, pruebas diagnósticas, gasto farmacéutico, etc. Sobre esta base los presupuestos se ajustarían a la realidad y no a suposiciones fundamentadas en el gasto anterior, en el que han de incluirse las consabidas repeticiones de pruebas diagnósticas, los errores de medicación y otros dislates propios de la falta de coordinación y la condición obsoleta de las tecnologías de la información utilizadas en la sanidad pública.
Esto es algo que las clínicas privadas tienen resuelto, motivadas como están por la cuenta de resultados y por el rendimiento de cuentas continuo ante la superioridad administrativa. El criterio es optimizar el uso de la dotación presupuestaria bajo la estricta vigilancia de un control de calidad que afecta a todos los ámbitos del centro y las prestaciones sanitarias que se ofrece a los clientes. Todo debe ser coste-eficaz y coste-eficiente, dos directrices básicas en la economía de la salud que en nuestro país apenas se tiene en cuenta. ¡Y para qué hablar de aspectos igualmente importantes como, por ejemplo, el coste por proceso o el coste por patología!
En mis treinta años de ejercicio profesional son muchas las ocasiones en que he tenido que hacer la pregunta sobre la morbimortalidad en España de una enfermedad. Y muy raramente he obtenido una respuesta que no fuese una estimación o la traspolación a nuestro país de datos procedentes generalmente de Estados Unidos. Tampoco el Centro Nacional de Epidemiología me ha dado respuestas satisfactorias a este tipo de demandas. Parece que lo que prima en nuestro sistema sanitario es la cuenta de la vieja o el ojo del buen cubero.
La eficacia de la gestión debe comenzar por implantarse en los propios servicios. Pero cuando hablo de este tema con médicos amigos todos ellos sueles argüir que necesitarían una persona dedicada exclusivamente a pasar los datos a un ordenador y que no la pueden pagar. La verdad es que se sorprenderían de lo que podrían pagar con el ahorro obtenido al gestionar su servicio con el procesado de unos pocos datos contenidos en las historias clínicas.
Se trata, simplemente, de aplicar al sistema público criterios de gestión privada, tal y como se ha hecho en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, con notable y reconocido éxito. No es cuestión de dejar la gestión en manos de empresas privadas, sino de cambiar el modelo implementando los criterios economicistas de la empresa privada. Simplificar la burocratización del sistema, intensificar el seguimiento de las historia clínicas y los pacientes, fomentar la investigación sobre resultados de salud, implantar la farmacoeconomía, identificar errores prevenibles ... en definitiva, racionalizar la gestión.

1 comentario Escribe tu comentario

miabuelapepa dijo

me resisto toavia a leer sobre estos temas, pero igual me enganchas

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La Divina Proporción

Soy simplemente un observador que, por trabajo, evalúa constantemente el ámbito de la salud y la ciencia biomédica. A veces encuentro cosas curiosas. Otras,dolorosas. Otras, simplemente indignantes. Por ello he bautizado a este blog con una referencia al número áureo, presente de forma perpetua en la naturaleza, desgranado por el arte -como lo hicieron Leonardo, Gaudí y muchos otros- y conceptuado por Fibonacci en una serie matemática. Para mí representa el equilibrio y la belleza de lo perfectamente imperfecto, la siempre necesaria reparación de errores, camino de la perfección.

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