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01 May 2008

La inmortalidad es mortal

Escrito por: lmconsulting el 01 May 2008 - URL Permanente


 Es una paradoja biológica. Quizás un recurso de la naturaleza para mantener la vida. Probablemente por esta razón todas las células del organismo se renuevan constantemente. Todas y cada una de ellas han de morir de forma cíclica para que otras que ellas mismas generan ocupen su lugar y se mantenga así la vida. Sin embargo, en algún momento, por razones que espero algún día determinen los investigadores, unas pocas células deciden que esto no va con ellas y que no quieren morir. Rompen lo que los biólogos llaman el ciclo celular y se hacen inmortales. Entonces se reproducen a sí mismas con esta característica, pero, al no morir, su número crece y crece de forma irreversible y forman un tumor: es el cáncer. Y es mortal, a no ser que, de un modo u otro, se logre erradicar a estas células y con ellas a su intransigencia con el hecho natural de morir. Por esta razón se dice que la única curación posible del cáncer es la cirugía, por que la quimioterapia y la radioterapia nunca las matan a todas. Cuando un cáncer es operable el pronóstico es bueno. Las células díscolas están encapsuladas exclusivamente en el tumor y basta quitarlas de ahí y tirarlas a la basura, reforzando la acción con unas sesiones de radiación y fármacos antitumorales, por si alguna de ellas hubiese querido despistarse y eludir el castigo. Pero, si no se las descubre antes, la estrechez a la que se ven sometidas en el limitado espacio del tumor, incita a que algunas de ellas busquen la amplitud en otros recónditos rincones del organismo creando nuevas colonias. Son las metástasis. Entonces el cáncer ya no es operable y las posibilidades de erradicar del organismo a todas las células inmortales se reducen dramáticamente hasta resultar incluso imposible. Basta que haya alguna superviviente para que la maniobra vuelva a comenzar y antes o después llegue la muerte del ser que las alberga. No obstante, hay que advertir que algunas de estas células son drogodependientes. Las que conforman la próstata, por ejemplo, dependen de un suministro hormonal continuo. En este caso, se les cambia la orientación sexual y se las alimenta con hormonas femeninas -estrógenos para más señas-. De este modo se logra esterilizarlas y se evita su reproducción. Ya no se muere por su causa. Es curioso cómo históricamente el sueño de la inmortalidad es una obsesión de los "malos". Hay muchas películas y libros sobre este tema y la trama es siempre la misma. Los "buenos" siempre han puesto el secreto a buen recaudo sin utilizarlo. Los "malos", sin embargo, lo acaban encontrando y justo cuando tienen ya su inmortalidad entre las manos, mueren y quedan enterrados junto a su obsesión para el resto de los tiempos ... hasta que aparezca otro "malo" con ansias de inmortalidad: el cáncer que se reactiva. Pero lo interesante de este tema es la reversibilidad de la hipótesis inicial. Si la inmortalidad causa la muerte, la mortalidad de las células trae consigo la superviviencia ... Y si todo fuese perfecto y no hubiese errores genéticos cada vez que las células se replican a sí mismas antes de morir, entonces los seres vivos serían inmortales. La inmortalidad de las células mata el organismo al que pertenece, pero su muerte le confiere la inmortalidad. ¡Fantástica paradoja! Entonces, ¿por qué envejecemos y finalmente morimos? En primer lugar, hay que decir que la Naturaleza crea su perfección a base de pequeñas imperfecciones. Y luego hay que hablar en términos de sociobiología, una ciencia poco conocida pero realmente interesante en la que me inició el ya fallecido José Antonio Jáuregui en dos entrevistas que le hice para El Mundo. Las células son parte de un tejido o de un órgano específico del organismo y, en consecuencia, están diseñadas para cumplir una función concreta. Lo mismo ocurre con los seres vivos: son parte integrante de un organismo superior al que conocemos como ecosistema o, en el caso de los seres humanos, sociedad. Pero todo en el Universo se rige por las mismas normas, por las mismas leyes, muchas de ellas aún no descubiertas o comprendidas. Una de ellas es que todo nace, se reproduce y muere en un proceso de renovación permanente. Es el ciclo celular aplicado en un contexto universal y al que los seres humanos tampoco pueden escapar. Y este ciclo vital es esencial para el crecimiento evolutivo y, en términos sociales, el desarrollo. Por otra parte, las células -léase los individuos que conforman la sociedad- intercambian constantemente información con su entorno; interaccionan con el medio ambiente. Y esto modifica la información contenida en su ADN: para bien o para mal evolucionan de maneras diferentes en función de esa relación social. En el cáncer esto lo estudia la epigenética. Y esas células se reproducen con esa nueva información. Y nuevamente nos topamos con la paradoja biológica de la inmortalidad. En la parte exterior de las células hay unos filamentos a los que se conoce como telómeros. Sobre ello trabaja desde hace muchos años la investigadora del CNIO María Blasco y ha descubierto que las células que adquieren la inmortalidad y causan el cáncer tienen los telómeros más cortos. Pero lo curioso es que, conforme se desarrolla el proceso de envejecimiento, los telómeros también se acortan. Y ambos caminos llevan al mismo final. Pero la investigación se encamina a encontrar la manera de modificar estos procesos. ¿Qué pasaría si se descubre un fármaco que permita evitar el cambio de tamaño de los telómeros? La respuesta apresurada nos llevaría a concluir que ya no habría células inmortales y que se evitaría el proceso de envejecimiento: ¿hablaríamos de la inmortalidad? Seguro que no. La Naturaleza ha escondido ese secreto en un lugar inaccesible. Sabemos que los telómeros se acortan, pero no por qué razón. Y es más que probable que las células encuentren otro camino para mantener el ciclo natural de la vida, sea para alcanzar su inmortalidad o para llevarnos al envejecimiento. Y siempre habrá que encontrar la razón de la razón ... Pese a todo, no podemos negar que la inmortalidad existe. El problema es que es mortal. 

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La Divina Proporción

Soy simplemente un observador que, por trabajo, evalúa constantemente el ámbito de la salud y la ciencia biomédica. A veces encuentro cosas curiosas. Otras,dolorosas. Otras, simplemente indignantes. Por ello he bautizado a este blog con una referencia al número áureo, presente de forma perpetua en la naturaleza, desgranado por el arte -como lo hicieron Leonardo, Gaudí y muchos otros- y conceptuado por Fibonacci en una serie matemática. Para mí representa el equilibrio y la belleza de lo perfectamente imperfecto, la siempre necesaria reparación de errores, camino de la perfección.

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