12 Ene 2008
Visita al basurero de occidente
LA CIUDAD china de Guiyu se ha convertido en el vertedero electrónico de EEUU, Japón o Corea del Sur. El periodista se topa con un paisaje de pesadilla que supera lo imaginable. Reciclan material tóxico por una fortuna: tres euros al día
JUAN P. CARDENAL. Guiyu (China)
CIUDAD-VERTEDERO. En Guiyu, 192.000 personas, el 80% de la población, se dedican al reciclaje de basura electrónica.
Inconfundibles, penetrantes y mezclados aromas dulzones, acres y del todo metalizados impregnan el aire que se respira. Son la tarjeta de bienvenida de una ciudad llamada veneno. Por Chen Gui Lu, la arteria principal de la ciudad, decenas de camiones y carromatos recorren entre el caos y a toda velocidad los últimos centenares de metros antes de su destino. Van atiborrados de viejas máquinas electrónicas, provenientes de EEUU, Japón o Corea del Sur, listas para su descomposición y reciclaje manual: ordenadores, teléfonos móviles, impresoras y transformadores, pero también fotocopiadoras, televisores, aires acondicionados o microondas. Toneladas de plásticos y metales reciclables envuelven de vida y de muerte a la ciudad.
Una vez descargada la mercancía, miles de personas por toda la ciudad se adherirán a una cadena perfecta de reciclaje incontrolado. Sin precaución de ninguna clase, separarán materiales, quemarán plásticos y paneles de circuitos impresos, y hasta trajinarán con productos químicos para extraer los metales, con el único y bien pagado objetivo de revender a la industria las materias primas recuperadas.
Un engranaje que libera parcialmente al primer mundo de sus desechos electrónicos, pero que envenena las entrañas de la urbe y cuyas consecuencias pueden llevar directamente a la muerte a muchos de sus habitantes. La ciudad, o mejor dicho, el vertedero electrónico, se llama Guiyu, provincia de Guangdong, sur de China.
Junto a la entrada de un taller situado a pie de calle, Zhen Hua lleva cuatro horas inhalando los humos tóxicos que despiden los metales soldados a los paneles de circuitos impresos. Los quema sobre una plancha metalizada ardiente para primero ablandar y luego extraer todos y cada uno de sus componentes e ir apilándolos por tipos en distintas cajas. El ventilador que tiene enfrente le lanza el humo hacia sus pulmones. «Estoy acostumbrado porque trabajo nueve horas al día respirando humos tóxicos», asegura entre resignado y divertido, mientras separa con alicates un puñado de condensadores. Por 60 horas de trabajo semanales y 85 míseros euros al mes de sueldo, Zhen Hua expone a su salud a un gravísimo riesgo.
Otras 192.000 personas, el 80% de la población de Guiyu, dedicadas a los mismos menesteres, corren el mismo peligro. De ellas, 100.000 son emigrantes de las provincias interiores más pobres de China.Las conclusiones de un estudio médico realizado a estos emigrantes en Guiyu por la Facultad de Medicina de la Universidad de Shantou (Guangdong) dan fe de lo contaminante del trabajo. El 88% de los estudiados presentaban, tras exponerse diariamente al material electrónico, «nuevas enfermedades o una salud deteriorada». La mayoría, males relacionados con la piel, el sistema nervioso, el respiratorio o el digestivo.
De ellos, «el 93% mostraban síntomas como vértigo o dolores de cabeza» por la inhalación de humos. Más aún, una mayoría de los que incineran los paneles de circuitos impresos y manipulan plásticos, tienen eccemas, dermatitis o herpes. Otros, según la citada investigación, sufrían gastritis crónica o úlceras. Eso, sin hablar de los afectados por piedras en el riñón en un número mayor al que sería normal, quizás por consumo indirecto de agua contaminada. Un atroz cuadro médico global en el que los niños son las primeras víctimas.
Frente a los almacenes, calle por calle, grupos de trabajadores separan carcasas de plásticos, cables y piezas electrónicas varias, todo a golpe de martillo, llave inglesa o destornillador. A sabiendas que la ley es ahora más severa, trabajan cubiertos por lonas y con discreción, con pocas concesiones u hostilidad con los extranjeros.
VIGILADOS POR TELEVISION
Lo que se intuye fuera es mucho más obvio una vez en el interior de los almacenes. En uno de ellos, tres jóvenes en silencio trabajan bajo dos monitores que recogen las imágenes de un circuito interno y casero de televisión. En las pantallas, se distingue a sendas trabajadoras quemando paneles electrónicos en algún otro habitáculo del almacén.
Tras la pertinente ceremonia del té y una conversación preñada de buenas intenciones, un empresario accede a enseñar las entrañas de su almacén a su falso comprador. Tras atravesar una nave con montañas de chatarra japonesa, alcanza una habitación trasera, parcialmente aireada, donde ilegalmente arden plástico y metales.«Fuera no podemos quemar, por lo que lo hacemos dentro y controlamos a los trabajadores a través de los monitores», advierte el empresario.
Los humos por la incineración de plásticos -quema que se realiza para detectar a través del olor de qué plástico se trata- emiten dioxinas extremadamente cancerígenas, porque se intercalan en las cadenas de ADN, y son fuente de numerosas enfermedades respiratorias. Por su parte, la quema de metales provoca la inhalación de humos provenientes de estaño, plomo, bario, cadmio, cobre, berilio y otros metales, todos extremadamente tóxicos.
Tantos años de contaminación impune han dejado Guiyu bajo mínimos medioambientales. Tanto, que sus habitantes deben comprar cubas de agua para consumir porque el río de la localidad es un auténtico pozo negro. En su ribera y junto a una granja de patos, se acumulan centenares de metros de basura descontrolada, que se quema permanentemente provocando un espeso humo negro.
El caudal, que luce un sospechoso color negro verdoso, está plagado de metales pesados que han contaminado también el suelo y las aguas subterráneas. Según Greenpeace, el suelo de Guiyu contiene una concentración de bario 10 veces más alta que la admitida por la
Agencia de Protección Medioambiental como crítica. La de estaño, es
152 veces más alta; la de plomo, 212 veces; y la de cromo, 1.338 veces.
Como Zhen Hua, muchos otros habitantes de Guiyu intentan sobrevivir dejándose la salud en esta industria de ejecución tan primitiva y dañina. Las cosas ya no son como hace tres años, cuando en Guiyu imperaba la ley de la selva y los camiones cargados de basura electrónica llegaban de madrugada, sin parar y en caravana, según recuerdan los lugareños. Ahora, pese a que las autoridades locales han legislado para frenar los desmanes medioambientales, al menos 200 camiones descargan en Guiyu cada día.
La organización ecologista Greenpeace en China estima que el 80% de la basura electrónica mundial se exporta a Asia y que el 90% de esa cantidad acaba en China en ciudades-vertedero como Guiyu. Aquí, según Greenpeace, se manipularon un millón de toneladas de residuos electrónicos en 2003.
Con tanto material, hay trabajo para casi todos. Especialmente para emigrantes como Zhao Lin Shun, que cada amanecer agarra su bicicleta destartalada para recorrer la ciudad y ofrecer sus servicios en cualquier almacén para descargar la chatarra. Por cada camión que vacía, para lo que invierte unas cuatro horas, le pagan unos dos euros. Gana 100 euros de media al mes -hasta 200 si hay mucho trabajo-, pero sufre lo indecible en los meses malos, cuando no puede sacar adelante a una familia de mujer y tres hijos con apenas 60 euros. «Con esa cantidad es imposible vivir; por eso cuando tengo tiempo y me falta el dinero, también me dedico a reciclar», asegura Zhao.
SALUD DE CRISTAL
Con 34 años, un castigado aspecto físico delata su salud de cristal.«Mi cuerpo está débil y sufro desmayos. También tengo dolor de cabeza y tos. Incluso escupo sangre». Desde que llegó a la ciudad hace cuatro años, ha pasado por el hospital al menos una vez cada mes. Y ya que en la comunista China la sanidad se paga religiosamente, en ocasiones tuvo que apretar los dientes entre las cuatro paredes de su maltrecho hogar porque no podía pagar el médico. «Sé que es un veneno para mi cuerpo, pero no tengo otra opción», remata en su casa, rodeado de su mujer y tres hijos de entre ocho meses y 14 años.
De miserias como la de Zhao, se aprovechan los empresarios locales para armar un beneficioso negocio. Por la compra de la chatarra electrónica pagan cantidades relativamente pequeñas. Sin maquinaria específica -la descomposición de los materiales se realiza a mano- sin requisitos de seguridad ni medioambiente, todo el proceso recae en la mano de obra más barata. Por una jornada laboral de nueve o 10 horas, pagan entre 1,7 y tres euros. Una vez reciclados los materiales, las ventas a la industria reportan grandes dividendos a los empresarios.
Tanto dinero ha entrado en la ciudad que ha cambiado por completo su fisonomía en una década. «Hace 10 años, cuando empezó todo, no había edificios altos ni asfalto en las calles. Sólo existía un colegio. Era una población agrícola que plantaba arroz y maíz y la gente era básicamente pobre», dice un taxista, testigo de la evolución de Guiyu.
Ahora, la urbe está repleta de edificaciones nuevas, con 12 escuelas de primaria y cuatro de secundaria, todo un lujo en la China rural.
También hay ya muchos ricos que hacen alarde de ello: consumen productos de marca y fuman cigarrillos Furong, los más caros del mercado. Y ya que el éxito hay que digerirlo, gastan como el que más.
Al calor del dinero fresco, ha brotado toda una ciudad paralela donde hay hoteles, restaurantes, nuevos comercios y karaokes.En un país donde la prostitución llega a todos los rincones, tampoco faltan las jóvenes emigrantes insinuándose en los hoteles, karaokes o peluquerías. Son una segunda y triste oleada de emigrantes, carne necesitada con edades vergonzantes, que completan el círculo de un «enriquecimiento glorioso» que habría hecho temblar al mismísimo Deng Xiaoping.
Una ciudad próspera pero en la que los ricos no quieren vivir.Advertidos por los problemas de contaminación de Guiyu, los empresarios insisten en que es el centro del negocio, pero envían a sus hijos fuera de la ciudad. «Muchos viven con sus familias en otras ciudades como Shantou, a kilómetros de aquí», asegura un vecino.
«El Gobierno local se encuentra en una situación difícil. Quizás una solución sería crear una industria de reciclaje a gran escala con buen nivel tecnológico», asegura Lai Yun, responsable de la campaña de Greenpeace China en Guiyu. Con todo, no arroja toda la culpa sobre la cabeza de las autoridades chinas. «Es obvio que la mayoría de la basura electrónica llega a China desde países que quieren librarse de su propia contaminación, como Japón o EEUU. El verdadero crimen no está en la inclinación de los trabajadores en labrarse una vida y un futuro, sino en el nulo compromiso de esos países por hacerse cargo de sus desechos tóxicos», concluye Lai Yun.
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Zanganeando por las esquinas.
hirimotuLos Budas y los Cristos nacen completos. Ni buscan el amor ni lo dan, porque ellos son el amor. Pero nosotros, que nacemos una y otra vez, debemos descubrir el significado del amor, debemos aprender a vivirlo como la flor vive su belleza.
Henri Miller - Insomnio
La muerte es un intento de resolver conflictos no tomando ninguna decisión. Al igual que todas las demás soluciones imposibles que el ego propugna, ésta tampoco resultará [...] Cuando tu cuerpo, tu ego y tus sueños hayan desaparecido, sabrás que eres eterno. Tal vez piensas que esto se logra con la muerte, pero con la muerte no se logra nada porque no es nada. Todo se logra con la vida, y la vida
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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Caminito dijo
Hiri, solo paso a saludarte y desearte un buen fin de semana!! Depués volveré a este post que en cuanto he leído la introducción quiero leérmelo con mucha tranquilidad.
Ahora, me tengo que ir.
Un fuerte abrazo y hasta dentro de un ratito!!
lola-gj47 dijo
Muy interesante documental...y la conclusión siempre la misma ...las consecuencias las pagan los más desraciados..o marginados sociales...Los ricos no tienen que acudir al vertedero...
hirimotu dijo
Yo me quedé de piedra cuando lo leí por primera vez. Es una aberración lo que estamos haciendo.
Besos y gracias por los comentarios, se agradece la amabilidad en estos tiempos que corren con la comunidad llena de insultos e imporperios.
Odys dijo
Un artículo sobrecogedor, Hiri, gracias por mostrárnoslo. Un beso.
Caminito dijo
Sobrecogedor. "El verdadero crimen no está en la inclinación de los trabajadores en labrarse una vida y un futuro, sino en el nulo compromiso de esos países por hacerse cargo de sus desechos tóxicos», concluye Lai Yun." Por ahí deberíamos empezar.
Un abrazo y gracias por el artículo tan necesario y detallado que has traído.
Nelly dijo
Muy interesante, si demasiado... pero que sigue? tenemos los hechos, vemos el problema, sabemos las consecuncias, se espera y predice que estamos destruyendo el mundo, entonces lo siguiente es presentar propuestas... soy estudiente de informatica en México y estoy investigando para presentar un protocolo de investigacion "Alternativas para el manejo eficiente de la compubasura y aparatos deficientes, para la proteccion de la salud y el medio ambiente en las instituciones de educacion superior"...Espero que alguna persona se interese por este tema... Agradeceria que pudieran poner comentarios, en los cuales incluyan propuestas para tratar con mayor importancia estos temas... No podemos pelear contra las grandes potencias como EE UU pero podemos ser la pequeña diferencia de mejorarar el ambiente y si se convence una persona mas con este comentario, epero que convenza a otra persona mas, así formar una cadena...Gracias
NEMESIS dijo
HEY LA NETA TMBN KISIERA QUE PUBLICARAN LO KE PROPONEN INSTITUCIONES IMPORTANTES COMO LA ONU PARA APOYAR ESTA SITUACION YA QUE ES OBVIO QUE EL GOBIERNO CHINO NO PUEDE CON ESTO......................................................
SALUDOS
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