25 May 2008
Oteiza: El artista es un tramposo
"...El arte no es para los museos, es para el hombre.
El arte ha concluido del modo más terrible, eramos desde la prehistoria cuatro tipos de hombre o culturas, y todo esto ha muerto.
Prehistoria: el hombre es hombre cargado de asombros, miedos, buscando protecciones y minimiza todo lo que le rodea. la cultura de este hombre es una cultura del cielo.
Neolítico: la cultura de la tierra. El agricultor.
Edad Media: La cultura de las religiones (Oriente, Occidente)
Después Guerra del 14, cuando se creyó que no iba a haber más guerras, que el hombre iba a ser feliz, esta cultura de la esperanza desaparece y deja paso a la actual cultura, la
Cultura norteamericana: cultura de la destrucción, destruye los cuatro hombre que había en cada hombre de nosotros..."
Sobre este blog
Zanganeando por las esquinas.
hirimotuLos Budas y los Cristos nacen completos. Ni buscan el amor ni lo dan, porque ellos son el amor. Pero nosotros, que nacemos una y otra vez, debemos descubrir el significado del amor, debemos aprender a vivirlo como la flor vive su belleza.
Henri Miller - Insomnio
La muerte es un intento de resolver conflictos no tomando ninguna decisión. Al igual que todas las demás soluciones imposibles que el ego propugna, ésta tampoco resultará [...] Cuando tu cuerpo, tu ego y tus sueños hayan desaparecido, sabrás que eres eterno. Tal vez piensas que esto se logra con la muerte, pero con la muerte no se logra nada porque no es nada. Todo se logra con la vida, y la vida
forma parte de la mente y se encuentra en la mente.
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo
Solo he tenido tiempo para ver el video de Oteiza y la canción de Raimon. Espero ponerme al día en breve.
Como siempre, unas entradas muy interesantes. Siempre despiertas mi curiosidad y estoy aprendiendo a conocer a personajes que tenía olvidados o perdidos.
Un abrazo.
El lobo Quirce dijo
¿Sólo un comentario...? ¡Qué pena!
De cualquier modo, al lobo estepario le ha costado encontrar este blog. Ha sido una movidilla, pero pondrá remedio a este olvido.
LOS ARTISTAS DE LA CUEVA Y OTEIZA
Las rocas de nieve se derriten y el valle diminuto cobra vida por la generosa agua del cielo -cumbres blancas coberteras de las inexpugnables montañas-, por el regalo caluroso de la llama circular que hay en el cielo, por el insondable misterio de millones de semillas que germinan, por el aire, el sonido y el instinto... El anciano cazador camina renqueante, mas aun inválido, se llega hasta la bocana de aquella gruta. Hay cierta tensión en el ambiente y el clan se muestra temeroso. ¿Habrá celebración..., quizás éxito en la caza?
Hoy el chamán es más que un líder: es el dador de felicitad, de confort; también dirige la armonía de aquella tribu y sí, penetra en la oscura caverna mitológica, arrastrando no sólo su pierna herida -huellas perennes de cien batallas cinegéticas que ya ha olvidado- sino otros bultos extraños a los presentes: artes para conseguir fuego, algunas astillas, raíces secas de tubérculos, algunas piedras redondas, hongos y bolsitas con polvo divino que hará milagros.
Se mantuvo el viejo guerrero oculto en la bóveda agrandada de aquella oquedad durante tres lunas. Incógnita rotunda. Leyenda repetida en primavera. Razón de ser de cualquier tribu. El lobo Quirce siempre ignorará el evento, su fórmula, la ceremonia: él sólo era el perro de la aldea, que se acerca al umbral del templo, junto a los siete guerreros que iniciarán la campaña de caza de aquel ciclo. Escena repetida desde tiempos mágicos que no olvidan los seres del grupo humano que hoy es protagonista.
Jodido can irredento, oportunista y falaz, que hoy le lavan en el río lindero pues es necesidad que el grupo muestre, no sólo sus mejores armas, sino el mejor aspecto y compostura. Limpio y adiestrado, pegado a la potente imagen del primer hombre de la aldea, reciben ambos al anciano que sale de la cueva. No retroceden, ni dan impresión de miedo, pero saben -razón y memoria en el fuerte guerrero; puro instinto de lobo en el cánido amigo- que el chaman se ha transformado y les dará fortuna y vigor durante un tiempo.
Brilla la mirada de aquel brujo, que se mueve grácil, juvenil, despierto. Ya no es el inválido cazador de ayer; se ha transformado: danza de locura, su glotis conforma sones musicales de enigma, su piel se ha transformado en cien colores atractivos. El lobo lo sabía: conocía aquellos hongos secos, las raíces, la datura, la belladona..., pero no aulló, ni quiso crear desconcierto en el grupo humano. Entraron los siete primeros cazadores y pasaron otras tres lunas...
Fue un período fructífero en la aldea, con abundante alimento, ya en frutillas selectas, raíces, pesca y caza. Vuelve el hechicero a recogerse en la ancestral gruta sagrada, para poner orden, limpieza y algún enigma en silencio. Fabrica nuevos polvos con huesos cenicientos o quemados. Los grumos de arcilla roja son pacientemente molidos. Sangre de cérvido, sebo, látex pegajoso, amarillo o blanco, de selectas plantas, viruta de cuarcita con mezcla de plateada pirita, hulla socavada en algún sitio, yema de huevo, brillo de orines -urea-, ramas finas, cálamos, brochas de cerda, platillos, más pigmentos..., una hoguera. Le acompañan nuevos guerreros, quizás los de la anterior estación, con el mismo fin: nuevas danzas, brebajes salutíferos, música y armas. La luz de la fogata mágica refleja vívidas sombras en la bóveda, en las irregulares paredes de la cueva: ellos sólo tiene que imaginar la presa y apenas rasgan los paramentos de arenisca, algunos trazos oblicuos, líneas metálicas de rojo simulan la visión de un bisonte; pinceladas grises, con sombras negras, hacen visionar un bello alce. Más allá, caballos cimarrones, una gacela... en la esquina quebrada de esa cueva. Es necesario recrear la mágica caza del mañana y se afanan brujo y cazadores en replicar sus flechas, jabalinas, arcos, tiralanzas, arpones, trampas y otros ardides necesarios. Apoyan sus manos certeras en el arte venatorio junto al simple templo y el chamán sopla un polvillo negruzco de gracia sobre ellas; será su suerte..., tal vez su desgracia. Es la vida salvaje del entorno y aunque el lobo Quirce no lo observa, ya lo intuye su instinto y su recuerdo. Quedan huellas…
¿Cielo…? ¡No, qué va! La vida silvestre del clan está en la tierra, su arte rupestre, su aliento, es terrenal, sin duda. Guerreros del olvido, cazadores de huellas, danzarines y músicos, Son los primeros “colocaos” de la historia, gestantes de cultura y reputados artistas cavernarios. ¿Artistas tramposos? ¡No, qué va!, utileros de trampas..., cazadores.
Vuelve el Lobo a firmes más humanos; son tierras movedizas de opinión dispar, de diatribas y un algo de polémica. Quirce no está muy seguro en tal biotopo, pero acierta a conformar algunas frases: Jodido cascarrabias, divino escultor, ¿por qué te graban? Si estás cabreado al tener noticias de que no habrá Alhóndiga y los prohombres vascos censuran ¿evitan? tu opinión negativa sobre el Guggenheim. Cuatro sentencias mal hilvanadas no hacen tesis, ya fueran éstas en historia, evolución, arte o artistas. Calder y Moore te aman… y te perdonan. Morris, Heizer o Smithson nunca te olvidan. La Hiri lo sabe, pero es polémica y gusta de provocar al insolente cánido.
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