20 Sep 2008

“La mejor forma de vencer la tentación es caer en ella” (más Albert Rams)

Escrito por: hirimotu el 20 Sep 2008 - URL Permanente

Dejarse caer...

Había oído la expresión anteriormente, pero nunca cobró sentido real para mi hasta que no se la escuché a Claudio Naranjo. Y fue un gran insight en su día, una de esas veces que te parece “entender” lo que debe ser ese insigth del que hablan los libros... Que se trata más de perder que de ganar, que la cosa es más de soltar que de retener. Más, vaya, de caer que de esquivar. Siendo ese no-esquivar un caer mirando; en todo caso cayendo, atravesando y conteniendo, respirando, expresando y aprendiendo... Que sin esa caída - sin esos momentos de parada y de caos; de vacío y de horror vacui; de noche oscura, de agujero, de sentirse perdido, de vuelta o pliegue sobre uno mismo... - es muy difícil ese clic que le puede llegar a dar otro sentido a la vida.

Sutil y extraña caída, pues, que supone una cesión, pero no una concesión. Una cesión de presunto poder o potencia o control. Poder vivir y elaborar la experiencia de “dejarse llevar” por la vida. Permitir que el cuerpo asista con la suficiente lentitud y blandura, sin tener que hacer nada en particular, pero sin dejar de poner la atención ahí – y en eso no conceder, this is the question - las veces que sea necesario, a la Experiencia de No Poder: de no poder hacer que aquello cambie, de no poder controlar completamente o como hasta entonces el transcurso de un acontecimiento; de no poder dejar de pensar, sentir o hacer algo. O al contrario. O de no poder conseguir que a un@ le “quieran más” o “ser otro, u otra o más o menos (que) ”...
Poder no-poder. Experiencia de no poder que, como toda experiencia, podríamos decir que se compone de conducta y atención; es decir de acción ( que incluye eventualmente la no - acción) y de presencia. Y el tomar nota o hacerse cargo de eso en la vida. Por lo tanto evoca un proceso de digestión.
Así pues, en otro lenguaje, algo así como una no-concesión en el sentido de no concederse a uno mismo la autoindulgencia automática que uno-frente-al-espejo sabe que es trampa, se note o no desde afuera. Un sucumbir a la derrota (del ego conocido) mientras el testigo permanece activo como la luz de emergencia en un apagón, asistiendo y, en lo posible, registrando (aprendiendo de) el proceso.
Caída que evoca que el asunto principal en el Camino, en el camino de andar conociéndose uno mismo (...y a Dios: la gnosis, el ”conocimiento”, el saber/ sabor), quizá no sea tanto la subida (“apenas un suspiro, un instante...” volviendo a Naranjo) como la bajada, a veces toda una eternidad. Conocimiento del vacío como espacio, como tiempo y como actitud; apertura a lo silencioso, experiencia de la quietud, atención al proceso de rotura, de resquebrajamiento, de crisis... y de “nada”. Mu : esa expresión que en el zen se utiliza para nombrar, entre otras cosas, la experiencia de no palabras, más el matiz interjectivo del “¡cállate¡”.
Caer ahí y dejarse vencer que es dónde, como canta el trovador “ quizás empiece la playa enamorada, que no sabe de la larga espera y abre los brazos, no fuera que la ola quisiese quedarse esa vez...”.
Dejarse aniquilar por el arrebato del amor, por la faná como dicen los sufíes; en concreto por el arrebato y el arrobamiento de ese tipo de amor que quema, “mata” y - ¡ encima ¡, claro - engorda.... Lo de engorda quiere evocar aquí la aceptación de lo disfórico como parte esencial de la vida, a la misma altura, ni mayor ni menor, que lo eufórico.
Ir pasando entonces de crudo a cocido, permaneciendo enardecido y presente, ebrio de pasión y sobrio de apasionamiento. Difícil y antigua paradoja ésta. La embriaguez sobria, la sobria ebrietas. Esa cosa tan difícil de combinar: estar desapasionadamente apasionado, sobriamente embriagado, sostenidamente disuelto o blando, dirigidamente hacia ningún lugar, templado hacia fuera e hirviendo por dentro... a la vez.

Entreteniéndose. Entre – teniéndose, sos- teniéndose entre un@ mism@ y la llama u olla hirviendo; en ese país, en ese paisaje que se configura entre ambos lugares y espacios, en cada aquí y ahora, en cada instante. Entreteniéndose entonces en dejar quemar internamente la llama, y aprendiendo a gozarsufrir de y a sostenerse en eso ( en “eso”), en el puro estar ahí, en lugar de transformarlo siempre en otra cosa ( pensamiento, sentimiento o acción, a los que castigamos así tratándolos respectivamente de rollo, de número o de actividad)
Que la pasión con Pasión se cura. Pero la pasión, el pathos, es también la patología, aquello de lo que uno padece. Es inevitable hasta cierto punto. Así que ir depurando la propia patología mientras uno va produciendo sentimientos, pensamientos o/y acciones, o sea mientras va viviendo en lo personal y trabajando en lo profesional, quizás sea un buen camino para vivir la vida. Algunos lo depuran tanto que convierten su estar en obra de arte, en un arte del estar. Y algunos todavía en un arte de ser. Pero eso ya suele ser otro asunto...
Albert Rams

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

gilermez04 dijo

Tambien se dice lo de:"tirarse al barro"
Salud

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Lo que dicho de otra forma: No hay tentación mala, si no la conoces.

Un abrazo.

guendy2 dijo

Hasta pronto Hiris.
Un beso
SALUD

glhoria dijo

EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES NO?.

UN ABRAZO

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Los Budas y los Cristos nacen completos. Ni buscan el amor ni lo dan, porque ellos son el amor. Pero nosotros, que nacemos una y otra vez, debemos descubrir el significado del amor, debemos aprender a vivirlo como la flor vive su belleza.
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La muerte es un intento de resolver conflictos no tomando ninguna decisión. Al igual que todas las demás soluciones imposibles que el ego propugna, ésta tampoco resultará [...] Cuando tu cuerpo, tu ego y tus sueños hayan desaparecido, sabrás que eres eterno. Tal vez piensas que esto se logra con la muerte, pero con la muerte no se logra nada porque no es nada. Todo se logra con la vida, y la vida
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