El 9 de julio de 1808 José rebasó el Bidasoa rumbo a Madrid para ser proclamado rey, al tiempo que Napoleón había reunido a duras penas en Bayona un puñado de indignos representantes de la Nación, movidos por el miedo o el servilismo, para concluir una constitución que habría sido la primera de España, si hubiese cumplido los requisitos formales imprescindibles en un proceso constituyente.
Mientras, en el país, nos dice Gabriel H. Lovett, «el grueso de la jerarquía aristocrática y eclesiástica española, en el mes de mayo de 1808, por regla general o aceptaron la desposesión de los Borbones y se mostraron dispuestos a colaborar con Napoleón, o, en el mejor de los casos, se opusieron con tibieza a lo que se había hecho en Bayona, pero no con el ímpetu suficiente como para lanzarse a una lucha real a favor de Fernando», y cita como ejemplo de sumisión servil a Napoleón la actitud del cardenal Luis de Borbón, arzobispo de Toledo y primo de Carlos IV, que se puso a la total disposición del francés.
José I llegó a Madrid el 20 de julio. En los balcones había alguna que otra colgadura, mas bien escasas, colocadas a destiempo y desgana. Lo que ha sido muy habitual en nuestra historia. La proclamación del nuevo rey tuvo lugar nada menos que el día de Santiago, portó en el cortejo el pendón real el conde de Campo Alenge quién también lo tremoló en el arco de Palacio al grito de «¿Castilla, Castilla, Castilla, por el rey nuestro señor, que Dios guarde, don José Napoleón I!»
No hay noticias de que el pueblo pusiera reparos a las celebraciones gratuitas de buñoladas, aguaduchos y músicas por las esquinas y alguna que otra comedia ramplona. No faltaron las corridas de toros los días 27 y 30 con participación de los mejores toreros de la época: Alfonso Alarcón y Juan Núñez, alias 'Sentimientos' que fue empitonado en el último festejo. Lo más lamentable es que apenas repuesto de su cogida tuvo que compaginar su recuperación con la reclamación del pago acordado. En el Archivo municipal de Madrid se custodia un documento que dice: «Señores: Juan Núñez, 'Sentimientos', torero y primer espada, vecino de esta Corte, con el debido respeto, a VV.SS. expone que, habiendo trabajado en las corridas que esta villa celebró a la proclamación de nuestro augusto soberano don José I, y habiéndole quedado a deber 2.700 reales de dichas corridas, y hallándose en la más extrema miseria, con una dilatada familia de su mujer, tres hijos y dos sobrinitos de corta edad, y el no habérsele pagado las corridas que se han celebrado, en las que salió herido, además el no cobrar hace ocho meses la pensión de 24 reales que tenía por S.M., y no teniendo el menor recurso, es por lo que suplica a VV. SS. tengan a bien mandar se me paguen los dichos 2.700 reales que de dichas corridas me resultan debidas. Gracia que además, por justicia, espero y de ella recibiré merced. Madrid, 13 de abril de 1809. Firmado: Juan Núñez 'Sentimientos'. Sorprende no este escrito sino su tremenda actualidad, pareja al famoso 'Vuelva usted mañana' de Mariano José de Larra.
Las fuentes documentales permiten perfilar, a veces con sorpresa, este momento histórico. Las frecuentes cartas del rey José I a su hermano certifican su inteligencia y dan cuentan de la clara percepción que tuvo de la realidad del conflicto. El 24 de julio escribía: "El estado de Madrid sigue siendo el mismo; la emigración continúa en todas las clases, hasta los criados del duque del Parque le han abandonado, y le escriben que se han alistado en el ejército español... Sólo los Consejos de Indias y Estado han prestado juramento hasta hoy... Todas las provincias están ocupadas por el enemigo, que anda por todas partes... tengo por enemigo una nación de doce millones de habitantes, bravos y exasperados hasta lo último. Si Francia puso en armas un millón de hombres en los primeros años de la revolución, ¿por qué España, todavía, más unánime en su furor y en su odio, no podrá movilizar 500.000 hombres muy aguerridos en tres meses? La gente honrada no está mucho más por mí que la canalla. No Sire, estáis en un error: vuestra gloria se eclipsará en España».
Efectivamente, el 2 de mayo y Bailén desestabilizaron la ocupación francesa y frustraron la ficción napoleónica de paz y contento, lo que precipitó los errores de Napoleón en el fondo y forma, que no cesaron de crecer como una bola de nieve hasta consumar la gran equivocación que fue para él el 'affaire de l'Espagne', y aunque tuviera el proyecto de hacer de España una gran nación incurrió en la imperdonable decisión de obviar la opinión de los españoles.
Los proyectos y abundantes realizaciones reformistas de José I tendrían que aguardar muchos años, los mismos en los que el poder se consolidó en los estamentos, que en realidad nunca lo perdieron, aunque no habían dudado en comulgar con el ideario napoleónico. La voz de la razón y del conocimiento voltea hechos añicos las historietas y eslóganes insensatos.
