06 Oct 2008

Alvaro Salvador. Poesía

Escrito por: mimarve el 06 Oct 2008 - URL Permanente

Desde Correos de la Vega, Pilar García nos trae al granadino Álvaro Salvador, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Granada, cuya obra La Canción del Outsider ha sido galardonada con el XI Premio de Poesía Generación del 27.

La obra de Álvaro Salvador ha sido reconocida ya con otros premios; Su obra de teatro Don Fernando de Córdoba y Válor, Abén Humeya, fue galardonada en l980 con el premio Ciudad de Granada y en 1981 con el Hermanos Machado de Sevilla. En 2002 le fue concedido el Premio Casa de las Américas de Ensayo por su trabajo El impuro amor de las ciudades.

Poemas de Álvaro Salvador

Efectivamente, vivir no es tan difícil
sobre todo
y
dentro de ti.

Inscripción en la última necrópolis
(Ilíberis MCMLXXIII)

es mi tierra:
llanto de soleá deshabitada jarcha
MUERTA
(ni siquiera bosteza la palabra)

El impostor

¿Qué beso fue su beso?
¿El que te dió?
¿O el que luego escribió
que te había dado?

El padre

El tendría por entonces mi misma edad de ahora
y recuerdo su mano apretando la mía
al cruzar, los domingos, la calle hasta la iglesia.
Después, mi mano olía durante varias horas
a jabón de lavanda y rubio americano.

Solíamos deambular las mañanas soleadas
por céntricos jardines o estrechas callejuelas
y él parecía no tener un rumbo prefijado,
desconocer adrede el destino final de aquellos pasos
que me brindaba a mí, su hijo más pequeño,
con la alegría sin norte de un muchacho.

Al final, el camino siempre nos conducía
a un gran café del centro, hermoso y concurrido.
Y allí me transformaba, feliz explorador de un territorio íntimo,
en héroe sideral o enmascarado rey de los pigmeos
mientras él repasaba lentamente el periódico
o hablaba apasionado con algunos amigos
de temas misteriosos que yo nunca acababa de entrever
más allá de sus risas
y la expresión profundamente viva de unos rostros
tiernos y cariñosos al dirigirse a mí.

Más tarde, al retirarnos,
siempre con la sorpresa de un truco inesperado
aparecía en su mano un crujiente paquete
lleno de dulces frescos para tomar en casa.

Otras veces, recuerdo, en tardes de verano
solíamos caminar a la luz del crepúsculo
y su mirada de hombre, madura, ensombrecida
por unos pensamientos que yo no comprendía
pero que adivinaba próximos,
cercanos a una suerte de tristeza muy honda,
me acercaba a mí mismo
a la intuición de una edad mayor,
poderosa y extraña como sus palabras.

Se marchó una mañana dorada de Diciembre
-como aquellas mañanas azules de mi infancia-
hace ya veinte años.
Y, sin embargo, aún en los días más serenos
puedo escuchar su voz con un escalofrío,
oír como resuena, amable, enronquecida,
en mi propia garganta.

A veces veo sus ojos
en mis ojos sin brillo.
Y la mano de mi hijo,
anidada en mi mano,
me hace sentir de nuevo
el amor de su mano.

29 Sep 2008

Las malas prácticas urbanísticas

Escrito por: mimarve el 29 Sep 2008 - URL Permanente

“Las malas prácticas urbanísticas están amparadas por la ley en muchos casos”

Entrevista a José Antonio Cabrera. Abogado. Publicada por Correos de la Vega (Granada)

Ejerce, o ha ejercido, en bastantes casos relacionados con el urbanismo salvaje. Desde la acusación de presuntas irregularidades urbanísticas contra el alcalde de Atarfe, hasta la denuncia contra el anterior alcalde de Gójar por denegar información, pasando por las defensas de Lola Iglesias Maiztegui, concejal de IU en Alhama de Granada o de algunos jóvenes relacionados con el colectivo “Hartos del cemento”

- De toda tu experiencia en los temas de irregularidades urbanísticos que has abordado. ¿Qué podrías destacar?

La absoluta indefensión en las que nos encontramos los ciudadanos ante el poder del dinero. Y que estamos muy lejos de que el urbanismo sostenible sea una prioridad para las autoridades, legisladores, etc.

- ¿Te da la sensación de que estos temas tienen la mayoría de las veces impunidad?

Sí, casi siempre. Las malas prácticas urbanísticas están amparadas por la ley en muchos casos. Por tanto, nosotros remamos contra corriente. La ley favorece lo contrario de lo que defendemos en muchos casos.

- Se habla mucho de participación ciudadana, pero ¿se puede ejercer en la práctica en el opaco urbanismo?

Actualmente, en este momento, hay un repliegue por parte de la Junta de Andalucía dirigido a impedir la participación ciudadana, habiéndose dado casos en que los propios funcionarios se niegan a adoptar resoluciones impuestas a dedo desde el poder, como ejemplo el caso de Atarfe, apoyado en todo momento por la Junta de Andalucía, a pesar de las irregularidades clamorosas cometidas.

Aparte de esto destacaría la negativa de algunos ayuntamientos a dar cualquier tipo de información sobre urbanismo local, actuando de forma caciquil y contraria a las leyes urbanísticas. Es el caso del colectivo ESCAPATE cuando intentó informarse sobre el macroproyecto Milenarium en el ayuntamiento de Gójar con el gobierno anterior.

Además, cuando intentas rebelarte contra este estado de cosas, e incluso consigues tumbar proyectos que atentan contra el medio ambiente, te viene después la venganza desde el poder en forma de “demanda contra el honor”, como fue el caso de la denuncia ante el juzgado del alcalde de Alhama contra la concejal Lola Iglesias Maiztegui. Afortunadamente salió absuelta en una primera instancia.

- ¿Es la lucha de los colectivos la de David contra Goliat pero sin honda?

Indudablemente nos están poniendo las cosas cada día más difíciles. El Gobierno autonómico está dispuesto a acabar con todas nuestras voces críticas, para eso ha dictado un decreto para legalizar miles de irregularidades y amordaza las voces de los que pretenden alegar, arrinconándolos y dejándonos prácticamente sin ningún derecho.

- ¿A qué administraciones señalarías con el dedo?

En general a todas las administraciones, puesto que el urbanismo humanista, el que tiene en cuenta a las personas y al medio ambiente no es ninguna prioridad para los poderes económico y político. Por tanto, y en estos tiempos de crisis económica, que ellos mismos han creado, va a ser muy difícil que haya un cambio de la situación en Andalucía. Al contrario que en otros lugares donde se aprovecha la crisis para modificar costumbres y hábitos contrarios a los principios más elementales de convivencia entre las personas y respeto a la naturaleza.

21 Sep 2008

El primer día. Relato de Concha Casas

Escrito por: mimarve el 21 Sep 2008 - URL Permanente

Desde Correos de la Vega vuelven los relatos. De nuevo Concha Casas. nos hace disfrutar con sus historias. Disfrutadlos.

Relato de la semana

“Sonó la sirena, el momento crucial llegaba. Todos sus compañeros se precipitaron hacia las escaleras con sus bocadillos en la mano. Increíblemente al llegar a la puerta, la mayoría de ellos ya los habían devorado. Pero el suyo, debido a lo rápidamente que lo envolvió su madre, a lo nervioso que estaba o a los empujones que unos a otros se iban dando, acabó estampándose sobre el tercer escalón y pisoteado en repetidas ocasiones.”


El primer día

Concha Casas


Le pareció inmenso el patio. Lleno de polvo, de los juegos de los niños y de los padres que en ese primer día los acompañaban. Él estaba solo, su hermana pequeña había amanecido con fiebre y su madre había ido al médico con ella. “Ya eres grande”, le dijo,”puedes ir solo”. Le dio su bocadillo, envuelto deprisa, y un beso también rápido y apresurado, su hermanita no dejaba de llorar.

A pesar de ser ya un “hombrecito”, como le decían todos, se sintió muy solo aquel primer día. Tanto, que las lágrimas, a pesar de su intento por reprimirlas, se empeñaban en asomar a sus ojos.

Los demás niños a su alrededor no paraban de jugar y charlar, todos se conocían de otros cursos.

Por fin tocó el silbato y un profesor fue dando la relación de cursos y alumnos. La algarabía cesó por un momento, pero apenas fue un espejismo. La voz del profesor apenas se escuchaba a través de la potente megafonía.

La angustia se apoderó de él. ¿Y si no oía su nombre? ¿y si se quedaba solo y perdido en ese inmenso patio?

-“¿A qué curso vas?”.

Giró la cabeza hacia la voz, ésta provenía de un niño de su misma edad, sonriente y afectivo

-“A quinto”, respondió tímidamente

-“Yo también” contestó, parecía encantado. “Nos toca con Mª Ángeles, es un poco malilla pero es buena. Lo que pasa es que se enfada y nos chilla porque dice que no la escuchamos... ¡Jaime espérame!

Su ángel protector –así lo sintió él-, desapareció tan de improviso como había aparecido, pero el solo hecho de haber cruzado unas palabras con él, le ayudó a alejar los fantasmas de la soledad.

Entró en la que sería su clase durante todo el curso siguiente. Le gustó, enormes ventanales se asomaban al patio que acababa de abandonar y un sol magnífico se adentraba casi hasta su pupitre.

Echó un vistazo a su alrededor, su amigo estaba muy cerca de él, apenas dos pupitres hacia la izquierda. Al cruzarse sus miradas le sonrió.

Mª Ángeles le gustó, le pareció cercana. Sintió que iba a ser un buen curso. Cada año, según la impresión del primer día valoraba el posible resultado final. No solía equivocarse, y su intuición le decía que iba a ser un buen año.

Abrieron los cuadernos, le encantaba la sensación de los libros y libretas nuevas, su tacto, su olor. Cada año se prometía a sí mismo que llegarían igual a final de curso, pero inevitablemente olvidaba sus buenos propósitos en el segundo tema.

Buscó a su alrededor observando a sus compañeros, intentando descubrir cual sería su grupo este año. No lo dudó, sin duda el niño que se había acercado a él. Se llamaba Luis, averiguó enseguida. Y como si sus pensamientos hubiesen servido de conjuro, éste se volvió hacia él, “en el recreo tenemos partido, vas con nosotros”

Se sintió feliz y preocupado a la vez. Tenía que demostrar que era bueno, que sus pases eran fundamentales para encajar el balón en la portería. Se jugaba mucho en ese partido.

Sonó la sirena, el momento crucial llegaba. Todos sus compañeros se precipitaron hacia las escaleras con sus bocadillos en la mano. Increíblemente al llegar a la puerta, la mayoría de ellos ya los habían devorado. Pero el suyo, debido a lo rápidamente que lo envolvió su madre, a lo nervioso que estaba o a los empujones que unos a otros se iban dando, acabó estampándose sobre el tercer escalón y pisoteado en repetidas ocasiones.

Bueno, era de mortadela y no le gustaba especialmente, además así no perdería el tiempo, tenía que concentrarse en ese partido. Era fundamental para él

- ¿Cómo te llamas? - le preguntó Luis

- José,- contestó él..

- Vas de delantero, cuidado con El Pintor,- dijo señalando a un fornido niño que le sacaba dos cabezas,- hace unas entradas de lo más guarras, ten cuidado que no te pille

“Bien”, pensó. Llevaba toda su vida jugando de delantero. Su antiguo profesor de gimnasia le decía que tenía pies voladores. Solo tenía que demostrar lo que tan bien sabía hacer.

En medio de una inmensa algarabía se inició el partido. En apenas unos segundos era uno más de su equipo, Sus compañeros le pasaban y le hablaban como si lo conocieran desde siempre: “¡Jose, a mi!¡ Jose te va, píllala!

Le pasaron el balón en el momento exacto. Estaba situado hacia la mitad del campo contrario. Concentró todas sus energías en la portería. Tenía que llegar hasta ella y marcar el gol que sin duda lo convertiría en uno más por derecho propio y para siempre.

Regateó a todos los que intentaron arrebatarle la bola, y de repente lo vio venir. El Pintor con toda su artillería pesada desplegada, avanzaba hacia él como una apisonadora. Esperó a tenerlo enfrente y cuando le iba entrar, saltó con el balón entre los pies, haciendo la famosa tijereta que tan bien se le daba y por la que tantas felicitaciones había recibido siempre.

Aprovechando la sorpresa que ésta causó en su contrincante y en todos sus compañeros en general hizo una rápida y ágil escapada en solitario, y con un certero trallazo de su izquierda encajó el balón en lo más profundo de la red.

¡¡¡GOOOOOOLLLLLL!!!!!, resonó en todos los rincones del patio. Sus compañeros se abalanzaron sobre él aplastándolo con su alegría.

Cuando de nuevo volvieron a clase, ya era uno más de ellos. Subía pleno y satisfecho. Ningún bocadillo en el mundo lo hubiese llenado tanto como la felicidad que sentía en ese momento. Luis, su amigo, lo rodeó por los hombros. Ya no era el nuevo. Había marcado sin duda uno de los goles más importantes de su vida.

15 Sep 2008

Verde, de Benjamín Prado

Escrito por: mimarve el 15 Sep 2008 - URL Permanente


Pilar García, de Correos de la Vega: Voz de Colectivos por Otra Granada, nos ha enviado una nueva entrega de poesía.

En este primer contacto aparece Verde, de Benjamín Prado.

Rincón poético-cultural

Acerca de Benjamín Prado

Nacido en 1961, en Madrid, Benjamín Prado saltó al ruedo literario con su primera novela Raro (1995), que logró un extraordinario éxito en España y algunos países latinoamericanos. Antes, en los años 80 colaboró con diversas publicaciones y escribió la canción Cuando aprieta el frío con el cantautor Joaquín Sabina en su disco El hombre del traje gris.

Después de Raro publica , Nunca le des la mano a un pistolero zurdo y Dónde crees que vas y quién te crees que eres. También publica algunos libros de poesía entre los que se encuentran Iceberg.

Benjamín Prado obtuvo el XIV Premio Andalucía de Novela 1999 por su libro No sólo el fuego.

Verde
Benjamín Prado

Los hombres que detienen el corazón del lince,

los que apagan las selvas con el fuego,

los que arrojan al mar el cáncer del petróleo,

los que venden la piel del leopardo,

los que compran la estatua de marfil,

malditos sean.

Los que ocultan el sol en torres de cemento,

los que transforman bosques en ceniza,

los que llevan el agua de la muerte a las nubes

y el óxido a los ríos

malditos sean.

Los que derriban árboles en nombre del dinero,

los que cazan ballenas en nombre del mercado,

los que hieren la atmósfera en nombre del futuro,

malditos sean.

Que sus vasos se llenen de cicuta,

que sus anillos de oro se conviertan en víboras,

que las monedas ardan en sus manos.

Maldito sea su mundo de luz envenenada,

su silencio sin lluvia,

su oxígeno sombrío.

Maldito sea su mundo sin peces ni madera,

su horizonte de escombros,

su amanecer sin pájaros.

Hay que acabar con ellos,

enemigos del verde,

cómplices de la ciénaga,

sicarios de la bruma.

Hay que acabar con ellos,

exterminar su plaga.

Hay que acabar con ellos

en nombre de la vida.

Benjamín Prado. Iceberg.

Ed. Visor Libros, Madrid, 2002

13 Sep 2008

A vueltas con José I

Escrito por: mimarve el 13 Sep 2008 - URL Permanente

Parece que el 200 aniversario de la denominada Guerra de la Independencia, y pronto de las Cortes de Cádiz, están fomentando la aparición de artículos e investigaciones sobre aquel periodo histórico, poco conocido en general y bastante oculto bajo el manto de leyendas, hisotorietas y propaganda.
Tras la publicación del artículo de Francisco Gil Craviotto, el diario Ideal se ha hecho eco de un nuevo artículo, en este caso de Emilio Atienza.
Como buen aficionado por la Historia, me hago eco también de esta nueva aportación al acercamiento a una época concreta y apasionante de nuestro pasado histórico.

Publicado en Diario Ideal de Granada: 13.09.2008

CON motivo de la publicación de la 'Historia General de las Civilizaciones' dirigida por M. Crouzet (1958), Jaime Vicens Vives afirmaba el entusiasmo que la Historia despertaba en las multitudes. La realidad confirma este interés creciente en el ámbito de la cultura y sobre todo de las relaciones sociales, las realizaciones artísticas, económicas y los logros institucionales, en fin, lo que llamamos la Historia total, construida a partir del análisis riguroso de los testimonios de toda naturaleza que nos han dejado en sus distintos momentos las Civilizaciones, siempre desde el supremo mandato del respeto a la verdad de los hechos históricos. Es por ello que en este año de conmemoraciones de los avatares napoleónicos en relación con España, se están produciendo publicaciones que aportan nuevas luces hacia el período. Una de estas obras ha movido al escritor granadino F. Gil Craviotto a la reflexión (IDEAL, 2.9.2008) sobre la figura de José I. Se preguntaba si el perfil que de este personaje se ajusta al que la historia nos ha transmitido. Acrecentó sus dudas y certezas la lectura de la obra de Francisco Luis Díaz Torrejón que con el título de 'José Napoleón I en el Sur de España' se ocupa no sólo del viaje que éste giró a Andalucía sino también de su obra y sus proyectos para España, propios de un monarca ilustrado, en nada ajustado al estereotipo que durante decenios se ha perfilado de él. Coincido en el rigor y lo mucho que aporta Torrejón en ésta y otras obras suyas a un reinado y a un momento en el que lo más que ha estudiado han sido las briegas militares, y a pesar de ello tenemos aún muchas sombras pendientes de iluminar. Es evidente que la lectura de sus 'Cartas josefinas' y de la más arriba citada nos llevan a cuestionarnos muchas cosas sobre un momento histórico cuando menos complejo y necesitado de investigación. Un escritor tan poco dudoso en su patriotismo como fue Ramón Mesonero Romanos valora positivamente no ya sus intenciones sino sus realizaciones, resultado del desenvolvimiento lógico del programa liberal de José I. Veamos algunos aspectos relacionados con el comienzo de su andadura en España.

El 9 de julio de 1808 José rebasó el Bidasoa rumbo a Madrid para ser proclamado rey, al tiempo que Napoleón había reunido a duras penas en Bayona un puñado de indignos representantes de la Nación, movidos por el miedo o el servilismo, para concluir una constitución que habría sido la primera de España, si hubiese cumplido los requisitos formales imprescindibles en un proceso constituyente.

Mientras, en el país, nos dice Gabriel H. Lovett, «el grueso de la jerarquía aristocrática y eclesiástica española, en el mes de mayo de 1808, por regla general o aceptaron la desposesión de los Borbones y se mostraron dispuestos a colaborar con Napoleón, o, en el mejor de los casos, se opusieron con tibieza a lo que se había hecho en Bayona, pero no con el ímpetu suficiente como para lanzarse a una lucha real a favor de Fernando», y cita como ejemplo de sumisión servil a Napoleón la actitud del cardenal Luis de Borbón, arzobispo de Toledo y primo de Carlos IV, que se puso a la total disposición del francés.

José I llegó a Madrid el 20 de julio. En los balcones había alguna que otra colgadura, mas bien escasas, colocadas a destiempo y desgana. Lo que ha sido muy habitual en nuestra historia. La proclamación del nuevo rey tuvo lugar nada menos que el día de Santiago, portó en el cortejo el pendón real el conde de Campo Alenge quién también lo tremoló en el arco de Palacio al grito de «¿Castilla, Castilla, Castilla, por el rey nuestro señor, que Dios guarde, don José Napoleón I!»

No hay noticias de que el pueblo pusiera reparos a las celebraciones gratuitas de buñoladas, aguaduchos y músicas por las esquinas y alguna que otra comedia ramplona. No faltaron las corridas de toros los días 27 y 30 con participación de los mejores toreros de la época: Alfonso Alarcón y Juan Núñez, alias 'Sentimientos' que fue empitonado en el último festejo. Lo más lamentable es que apenas repuesto de su cogida tuvo que compaginar su recuperación con la reclamación del pago acordado. En el Archivo municipal de Madrid se custodia un documento que dice: «Señores: Juan Núñez, 'Sentimientos', torero y primer espada, vecino de esta Corte, con el debido respeto, a VV.SS. expone que, habiendo trabajado en las corridas que esta villa celebró a la proclamación de nuestro augusto soberano don José I, y habiéndole quedado a deber 2.700 reales de dichas corridas, y hallándose en la más extrema miseria, con una dilatada familia de su mujer, tres hijos y dos sobrinitos de corta edad, y el no habérsele pagado las corridas que se han celebrado, en las que salió herido, además el no cobrar hace ocho meses la pensión de 24 reales que tenía por S.M., y no teniendo el menor recurso, es por lo que suplica a VV. SS. tengan a bien mandar se me paguen los dichos 2.700 reales que de dichas corridas me resultan debidas. Gracia que además, por justicia, espero y de ella recibiré merced. Madrid, 13 de abril de 1809. Firmado: Juan Núñez 'Sentimientos'. Sorprende no este escrito sino su tremenda actualidad, pareja al famoso 'Vuelva usted mañana' de Mariano José de Larra.

Las fuentes documentales permiten perfilar, a veces con sorpresa, este momento histórico. Las frecuentes cartas del rey José I a su hermano certifican su inteligencia y dan cuentan de la clara percepción que tuvo de la realidad del conflicto. El 24 de julio escribía: "El estado de Madrid sigue siendo el mismo; la emigración continúa en todas las clases, hasta los criados del duque del Parque le han abandonado, y le escriben que se han alistado en el ejército español... Sólo los Consejos de Indias y Estado han prestado juramento hasta hoy... Todas las provincias están ocupadas por el enemigo, que anda por todas partes... tengo por enemigo una nación de doce millones de habitantes, bravos y exasperados hasta lo último. Si Francia puso en armas un millón de hombres en los primeros años de la revolución, ¿por qué España, todavía, más unánime en su furor y en su odio, no podrá movilizar 500.000 hombres muy aguerridos en tres meses? La gente honrada no está mucho más por mí que la canalla. No Sire, estáis en un error: vuestra gloria se eclipsará en España».

Efectivamente, el 2 de mayo y Bailén desestabilizaron la ocupación francesa y frustraron la ficción napoleónica de paz y contento, lo que precipitó los errores de Napoleón en el fondo y forma, que no cesaron de crecer como una bola de nieve hasta consumar la gran equivocación que fue para él el 'affaire de l'Espagne', y aunque tuviera el proyecto de hacer de España una gran nación incurrió en la imperdonable decisión de obviar la opinión de los españoles.

Los proyectos y abundantes realizaciones reformistas de José I tendrían que aguardar muchos años, los mismos en los que el poder se consolidó en los estamentos, que en realidad nunca lo perdieron, aunque no habían dudado en comulgar con el ideario napoleónico. La voz de la razón y del conocimiento voltea hechos añicos las historietas y eslóganes insensatos.

11 Sep 2008

La leyenda del judío errante

Escrito por: mimarve el 11 Sep 2008 - URL Permanente

Un nuevo artículo de mi admirado Francisco Gil Craviotto en el que comenta un libro de Fernando de Villena

La leyenda del judío errante en Fernando de Villena

FERNANDO de Villena, a más de exquisito y prolífero poeta, con libros tan inolvidables como El Mediterráneo, es también un reputado narrador, tanto en relato corto como en novela. Ahí están, como demostración, sus libros Relox de Peregrinos -premio Ciudad de Jaén-, El fantasma de la Academia, El hombre que delató a Lorca, Sueño y destino, Una vida en el siglo XX, Iguazú, Leffa La lista es mucho más larga, pero yo sólo he traído a la palestra aquellos títulos que, por una razón u otra, me han producido más impacto. En todas estas obras Fernando de Villena demuestra sus grandes dotes de narrador, unidas a una asombrosa cultura y a un enciclopédico conocimiento del pasado, sobre todo del pasado clásico, tanto griego como romano. Leyendo sus libros siempre me acuerdo de esta memorable frase de Juan Ramón Jiménez: «Es en la prosa donde se puede ver al auténtico escritor». Si esta aseveración es válida para cualquiera de las obras de Villena, lo es especialmente para la última de ellas, El testigo de los tiempos, recientemente publicada por la prestigiosa editorial Quadrivium de Gerona, que dirige con acierto el intelectual cordobés Pedro López Navarro.

La novela parte de la leyenda del judío errante, que estuvo muy en boga en tiempos pasados y que nuestro autor, durante su infancia, debió oír más de una vez a sus mayores: cuando Jesús iba con la cruz a cuestas, camino del Calvario, tropezando aquí y cayéndose allá, vino a dar en la puerta del taller de un zapatero, quien al verlo que rozaba sus dominios, se apresuró a empujarle al tiempo que le gritaba: «¿Tú, falso profeta, sigue tu camino y no envilezcas con tu aliento mi taller!». Jesucristo lo miró con tristeza y le dijo: «Yo sigo mi camino, porque así está escrito, pero tú andarás el tuyo hasta la consumación de los siglos». Fue así, según la leyenda, como este hombre que empujó a Jesús, se convirtió en el eterno andador de caminos, siempre errando de una ciudad a otra, sin gozar jamás del ansiado reposo.

Aceptada la leyenda y aceptado también que este zapatero, desde ahora convertido en perpetuo judío errante, sepa escribir con un mínimo de calidad, ya tenemos el andamiaje de una formidable novela histórica que va de la crucifixión y muerte de Jesús hasta el momento actual. Pero, ay, llevar a cabo tal empresa no tiene nada de fácil: el proyecto exige un profundo conocimiento, tanto de la Historia como de lo que Unamuno dio en llamar la intrahistoria, así como unas dotes de narrador y un sentido crítico de los aconteceres que no todo el mundo posee. Si Fernando de Villena ha salido airoso de este reto que un día debió imponerse a sí mismo, es porque a sus indudables conocimientos históricos -tanto la historia grande cómo la menuda- une una gran habilidad para la narración.

El primer problema que debió plantearse nuestro autor, necesariamente, tuvo que ser el del lenguaje. ¿Con qué lengua se va a expresar un hombre del siglo primero de nuestra era que decide contar su vida y andanzas -sobre todo andanzas- en estos comienzos del XXI? Fernando de Villena ha optado por un lenguaje ligeramente arcaizante, no exento de algún que otro cultismo -quizás demasiados para un zapatero-, y un relato contado en primera persona. Este estilo arcaizante y este relato en primera persona le dan al libro el deseado sello de verosimilitud indispensable en toda novela. ¿Están ya todos los ingredientes para comenzar? Aún no. Antes de poner a su protagonista en camino y llevarlo por todas las encrucijadas de la Historia, Fernando de Villena tuvo que enfrentarse a otro indudable problema: ¿Qué hacer con las leyendas y fabulaciones populares? Decidió tenerlos en cuenta. Un mínimo de lógica abogaba en su favor: si el libro está basado en una leyenda, ¿cómo desechar las otras? Esta aceptación del aporte popular, llegado el momento, permitirá a nuestro autor pasear a su protagonista por la corte del rey Arturo y hacerle asistir a encarnizados combates entre caballeros andantes.

Resueltos todos estos problemas nuestro autor pudo echar a andar a su protagonista. A través de él el lector va a visitar numerosas ciudades y lugares: Jerusalén, Atenas, Alejandría, Cartago, Roma, Constantinopla También va a ir pasando por todas las situaciones y profesiones que el lector más imaginativo pueda concebir: hortelano, anacoreta, preceptor de príncipes, esclavo, preso de una mazmorra, cruzado contra los musulmanes, fabulador, médico, peregrino, vendedor de remedios curativos, etc. etc. Pero siempre dispuesto a tomar el petate e iniciar un nuevo camino que jamás sabe a donde le llevará ni cuando terminará. Esta eterna diáspora no impide que, aquí, allá y acullá, nuestro eterno y errante judío no encuentre el alivio de algún esporádico amor que, ay, siempre será breve y pasajero. En las páginas finales del libro nuestro hombre, después de patearse las tierras y ciudades del Nuevo Mundo, al cabo de los siglos, viene a dar con sus huesos en Granada, una Granada que él nos la describe así:

«Granada, que cuando yo llegué era un lugar íntimo, casi secreto, con su apabullante hermosura intacta todavía, se iba a convertir en otra ciudad muy diferente: una ciudad de moda donde resultaba casi imposible visitar la Alhambra por las masas de turistas; una ciudad incómoda de autos y entregada a las manos de los especuladores que fueron trocando sus jardines en bloques de cemento; una ciudad en permanente enajenación donde todo era la vida fácil, la embriaguez colectiva, la cultura descafeinada y el cerrar de ojos a lo que ya estaba encima».

A pesar de todo, será en esta ciudad de especuladores y ejecutivos con alma de ladrillo, donde nuestro errante personaje hace definitiva parada y, al cabo de algunos años de estudios teológicos, termina cura. Ha llegado al fin para el eterno caballero errante el ansiado reposo y con él el final del libro. Relatar aquí los pormenores de ese final sería tanto como privar al lector del placer de saborearlo con sus propios sentidos.

02 Sep 2008

¿Era José I como nos lo han presentado hasta ahora?

Escrito por: mimarve el 02 Sep 2008 - URL Permanente

EN este 2008, que ya llevamos más que medio andado, se cumplen exactamente doscientos años de la proclamación de José Bonaparte como rey de España. Todo fue obra de su hermano, el emperador Napoleón, magníficamente ayudado por la constante idiotez de los reyes de España, Carlos IV y Fernando VII, sobre todo este último, de quien dijo Tayllerand que tan sólo estaba dotado para hacer encaje de ganchillo. El reinado de José I coincide con la llamada guerra de la Independencia (1808-1813) y la imagen que después nos ha quedado a los españoles de aquel rey y su efímero reinado está concienzudamente deformada por los vencedores de aquella guerra. Ni el rey estaba tuerto, como pretendían sus enemigos, ni era tahúr y jugador de naipes y mucho menos aficionado a empinar el codo, como quieren hacernos creer quienes le propinaron el apodo de 'Pepe Botella'.Ya se sabe que la historia siempre la cuenta el vencedor y a José Bonaparte, en la gran película de la Historia, le tocó el papel del vencido.

¿Cómo era, cómo pensaba y actuaba aquel rey ilustrado, amigo de las bellas artes y las letras, el único rey con título universitario que ha tenido España? En estos albores del siglo XXI, lejos del encono de la guerra y con dos siglos por medio, tenemos la perspectiva suficiente para contemplar, sin fanatismos ni las presiones políticas del momento, la figura de tan denigrado personaje. Un historiador actual, Francisco Luis Díaz Torrejón, originario de Osuna (Sevilla) y desde tiempo ha residente en Granada, se ha acercado a José I y, siempre fiel a las fuentes de la época, tanto españolas como francesas, nos ha dejado en dos libros sucesivos, 'Cartas josefinas' y 'José Napoleón I en el Sur de España', una imagen nueva y muy trabajada de este efímero y controvertido personaje. Tan trabajada que, en cada uno de estos dos libros el lector se va a encontrar con más de mil notas de pie y una bibliografía que sobrepasa los doscientos libros consultados. Esta sobredosis de investigación y erudición histórica no atenúa en modo alguno la amenidad del relato, siempre servido con un estilo sobrio y actual, que hace, como muy bien señala en el prólogo de una de una de estas obras Jean René Aymes, de la universidad París III-Sorbona, que las páginas de Díaz Torrejón se lean con el placer de una novela.

A través de estos dos libros nuestro historiador consigue desterrar del lector la vieja imagen que la España negra y cavernícola había logrado forjar de este rey: un hombre débil, tuerto y borracho, de una inteligencia de subnormal, llevado y traído como un pelele por los mariscales de Napoleón. Díaz Torrejón echa por tierra estos tópicos y, a través de estos dos libros, nos ofrece la figura de un rey activo, culto, moderno, generoso, preocupado por su país y deseoso de hacerse querer por los españoles. Sólo un pequeño detalle como muestra de este deseo de identificación con lo español: cuando en marzo de 1810 llega a Granada se encuentra con la bandera francesa ondeando en todos los edificios oficiales. Inmediatamente el rey José da orden de que sea sustituida por la bandera española. Otra nota muy a su favor: una de sus primeras actuaciones fue la supresión de la Inquisición. ¿Se acabaron en España las fatídicas hogueras inquisitoriales!

Díaz Torrejón echa por tierra todos los vicios y defectos que la España nacionalista y borbónica había vertido sobre el rey y, fiel a la realidad, saca a relucir uno nuevo y muy conocido de sus contemporáneos que, ¿cosa extraña!, aquellos que tanto denigraron su figura intentaron siempre callar: su pasión por las mujeres. La explicación de nuestro historiador no puede ser más verosímil: en un país tan eminentemente machista como el nuestro, sacar a relucir el lado erótico del rey habría sido una manera de hacerle propaganda. Díaz Torrejón trae con humor a sus páginas algunas de aquellas aventuras. Especialmente ilustrativa es la de la marquesa de Montehermoso, que produjo una chispeante coplilla que corrió por todos los mentideros de la villa y corte. Decía así:

La dama de Montehermoso

tiene un tintero

donde moja su pluma

José Primero.

El rey, siempre generoso, premió al marido de la dama con toda clase de honores y títulos. Sabía perfectamente, por sus años de reinado en Nápoles, que no hay nada como un cornudo agradecido.

Si la imagen de José I aparece muy mejorada en estos dos libros -también es mucho más verosímil y creíble-, no ocurre igual con la de su hermano Napoleón, que en todo momento nos resulta orgulloso, dictatorial, insoportable. Algo parecido ocurre con sus mariscales y generales, cuyas tropas entran a saco en los pueblos y ciudades de España. La semilla de concordia y bondad que José va sembrando por donde pasa muy pronto queda aventada por la conducta de la soldadesca francesa y el descaro y prepotencia de los mariscales de Napoleón, entre los que destaca, junto al cuñado de Napoleón, Murat, el inaguantable Soult.

El primero de estos libros, 'Cartas josefinas', publicado, en edición impecable, por Falcata de Sevilla, sobrepasa las trescientas páginas; el segundo, 'José Napoleón I en el Sur de España', obra incluida en la colección Mayor de Caja Sur, Córdoba, llega a las cuatrocientas. Este último libro se halla enriquecido con diez o doce planchas de la época, la mayoría de ellas, ay, excesivamente oscurecidas. Es, sin la menor duda, el único pero que se le puede poner al libro.

22 Jun 2008

La fotografía. Relato de Concha Casas

Escrito por: mimarve el 22 Jun 2008 - URL Permanente

Desde Correos de la Vega (Granada), me remiten un nuevo relato:

El relato de hoy se titula La fotografía. De este relato Concha nos dice: “Habla de cómo cambian los sentimientos apenas sin darnos cuenta y como al hacerlo en ocasiones nos sorprenden tanto, que convulsionan nuestra vida”. Os dejamos con La fotografía, que posiblemente habite en las cajas de música de muchos hogares.


La fotografía

Concha Casas

Buscaba las llaves del buzón. Como de costumbre no tenía ni idea de donde podían estar. No le escribía nadie y para recoger las facturas del banco con abrirlo una vez al mes tenía más que de sobra. No estaba en los cajones, ni en la estantería de la entrada, de manera que buscó en cualquier sitio que fuese susceptible de albergar tan diminuto objeto.

Encima de la cómoda del cuarto había una caja, una pequeña cajita de música que ya ni siquiera sonaba y en un acto reflejo la abrió. Desde su interior una fotografía llamó su atención. Eran su marido y ella. La tomó en sus manos hipnotizada por esa joven pareja que volvía desde su pasado. Sorprendida observó la expresión de felicidad que ambos ofrecían. Se miraban mutuamente y estaban extasiados el uno frente al otro. Es más incluso tenían entrelazadas sus manos y en ese gesto se traslucía tal ternura, que un tremendo escalofrío recorrió su espalda.

¡Dios! ¿dónde se había perdido ese amor que ni el paso de los años había logrado borrar de esa vieja foto?

Por unos momentos volvió a ser aquella joven enamorada que miraba con ese supremo deleite. Recordó las risas, los besos, las promesas de amor eterno e incluso la firme creencia en la inmortalidad de ese sentimiento que entonces los unía. ¿dónde se había quedado todo eso?¿en que momento del camino desapareció esa luz brillante que iluminaba esos jóvenes rostros?

Un nudo se hizo en su pecho y la invadió una infinita tristeza. Volvieron a su mente inolvidables momentos, aquellos primeros pasos hacia lo desconocido que cualquier relación encierra, con esa aureola de tacto, delicadeza y armonía que todo lo envuelve. Esas manos entrelazadas como si sostuvieran a la más delicada criatura... y en cierto modo así era. En aquel momento sostenían el amor con toda la fuerza e intensidad que esa palabra encierra. Es evidente que después no supieron cuidarlo.

¿Qué pasó? Posiblemente la llegada de los hijos, las nuevas obligaciones, las responsabilidades... excusas, todas ellas pertenecientes al pasado. Un pasado que era el futuro de esa fotografía. Nunca lo hubieran creído si entonces se lo hubiesen dicho. No había amor más intenso que el suyo, ni sueños más auténticos.

De nada servía buscar culpables, cada uno tendría su versión sobre el tema pero la realidad era que de aquello no quedaba nada o casi nada que aunque no es lo mismo, es casi igual.

Tampoco podía decir que no se quisieran, eso sería falso. Pero también quería a su gato del que sin duda alguna recibía más caricias y más ternura. Quizás hasta más conversación, al menos cuando hablaba con el minino sentía que la escuchaba con el mayor interés, cosa que con su marido estaba muy lejos de sentir. Siempre que se dirigía a él, este le contestaba entre condescendiente o harto, según el estado de ánimo con el que llegara a casa.

¿Eran una mera costumbre?. Desgraciadamente empezaba a sospechar que sí. Ni siquiera cuando salían con los amigos llegaban a tener ni el más ligero cruce de palabras. Él se rodeaba de los maridos de las mujeres con las que ella se entretenía. Como mucho al volver a casa comentaban lo que habían dicho unos u otros, pero poco más.

Hacía tiempo que ni siquiera hacían el amor. Lo fueron espaciando poco a poco, pero en esta ocasión casi ni recordaba cuando fue la última vez . Para ser franca, tampoco lo deseaba, como casi todo entre ellos se había convertido en algo rutinario e incluso aburrido. Evidentemente para los dos. ¿Tendría una amante? Antes era muy fogoso y no dejaba pasar más de dos o tres noches... Quizás sencillamente no tenía ni ganas, ni fuerzas... como ella.

Había olvidado el objeto de su búsqueda, pero al ir a dejar la fotografía vio que la diminuta llave que la había llevado a ella estaba allí. La cogió y volvió a dejar la foto en su sitio de donde nunca debió salir, solo le había dejado tristeza y desolación.

Cerró la puerta tras de si y bajó al buzón. Contra todo pronóstico había una carta dentro. Sorprendida la cogió. Estaba dirigida a ella. Miró el remite pero no había en él nada escrito. La abrió entre presurosa y nerviosa mientras volvía a casa y tras cerrar la puerta desdobló el papel que contenía dentro. Una hoja cayó al suelo, se agachó a recogerla y entre sorprendida e incrédula comprobó que era una fotocopia de la foto que acababa de ver. Se dispuso a leer el contenido de la misiva. Era la letra de su marido, no cabía duda. El corazón le latía tanto que sentía que iba a escaparse de su cuerpo.

“Querida mía. Si has recogido esta carta es que has encontrado la llave ... y la foto. Buscando mis gemelos la abrí el otro día y me causó el mismo impacto que supongo habrá hecho en ti, por eso metí dentro la llave del buzón, para que entendieras lo que he decidido hacer. Quizás el encabezamiento de esta carta te haya sorprendido tanto como todo lo demás ¿cuánto tiempo hacía que no te llamaba querida mía? ¿qué nos ha pasado desde que nos hicieron esa foto? Llevo varios días pensando en esto pero creo que por muy doloroso que nos resulte será lo mejor para los dos.

Me voy. Cuando sepa donde me instalaré definitivamente , te lo haré saber. Ya arreglaremos las cosas, pero de momento necesito salvar el sentimiento que un día nos unió. Me voy para que podamos volver a ser amigos, para que podamos volver a hablarnos como si no nos debiéramos nada el uno al otro. Sabes que escribir nunca ha sido lo mío pero espero que entiendas lo que trato de decirte. Me voy en nombre del amor que esos dos jóvenes de la fotografía se profesaron un día. Y espero y deseo que algún día podamos a volver a mirarnos a los ojos, aunque no con la misma intensidad que en foto pero al menos franca y abiertamente. Hasta siempre “

11 Jun 2008

Nuestras plantas: El Romero

Escrito por: mimarve el 11 Jun 2008 - URL Permanente

Romero

(Rosmarinus officinalis)

Javier Egea- Ecologistas en Acción

PARTES UTILIZADAS: Las sumidades floridas y hojas desecadas.

PRINCIPIOS ACTIVOS: Aceite esencial (alcanfor, borneol, canfeno, cineol, limoneno y pineno), ácidos fenólicos (caféico, clorogénico y rosmarínico), flavonoides (apigenol y derivados del luteolol), principios amargos diterpénicos (carnosol, rosmadial y rosmanol) y ácidos triterpénicos (ursólico y alcoholes triterpénicos alfa y beta amirina y betulósido).

PROPIEDADES: Acción tonificante, antioxidante, antiséptica, aperitiva, carminativa, colagoga, colerética, diurética, emenagoga, espasmolítica, estimula el sistema nervioso central, corazón y circulación; expectorante,
fungistática y hepatoprotectora. En uso externo, analgésica, antiinflamatoria, cicatrizante, estimula el cuero cabelludo y es rubefaciente y vulneraria. Indicada en amenorrea, astenia, colecistitis, dismenorrea, dispepsia hiposecretora, disquinesia hepatobiliar y jaqueca asociada, espasmo gastrointestinal, hepatitis, hipercolesterolemia, hipotensión, inapetencia y meteorismo. Externamente indicada en alopecia, dermatitis seborréica, eccemas, heridas, inflamación osteoarticular, insuficiencia venosa, mialgia, neuralgia y reúma. Contraindicada si hay obstrucción de las vías biliares y precaución en caso de hipertensión... ¡Casi ná!

MODO DE EMPLEO: Infusión, extracto seco, extracto fluido, aceite esencial, jarabe y jugo de la planta fresca. En uso externo baño, lavado o compresa sobre herida o zona dolorida, irrigación vaginal, fricciones antirreumáticas y sobre el cuero cabelludo, y gargarismos

10 Jun 2008

Imágenes de la granja I. Carnero

Escrito por: mimarve el 10 Jun 2008 - URL Permanente

Ejemplar de Carnero. Raza lojeña.

A los urbanitas les suele resultar curiosa la observación en directo de la vida animal, tanto salvaje como domesticada.

En las ciudades estamos hartos de ver vehículos pero la vida natural apenas si se puede observar, sólo por televisión (los documentales de la 2?).

Loja es un pueblo de tamaño medio (algo más de 20.000 habitantes), con un extenso término municipal en el que abundan los terrenos agrícolas, las sierras (con poblaciones de cabra montés, jabalíes, y muchos conejos y perdices...), el bosque mediterráneo, un poquito de vega (muy deteriorada por la ocupación de construcciones) y los ríos. Además del paso del Genil existen 4 hermosos ríos que nacen y mueren en su término municipal y en los que existen varios criaderos de truchas y esturiones.

Por tanto como vecino de Loja el campo y la vida natural no me es ajena ni distante. No soy un urbanita propiamente dicho, pero aún así me fascina observar y vivir la naturaleza.

Una forma de observarla de cerca es a través de la visita al cortijo de un amigo que cría ovejas, cerdos, pollos, pavos...

Reconozco que se trata de un trabajo arduo, duro y sacrificado... y por supuesto poco rentable. Los precios en origen están por los suelos y el precio del alimento y los gastos de veterinarios, vacunas, etc. apenas deja margen de ganancia, cuando no da pérdidas.

Afortunadamente como visitante, con mis hijos, estos problemas son ajenos y quedan a un lado frente al placer de la observación de tanta vida, domésticada pero no enjaulada, que pulula por todos los terrenos del cortijo, entre sierra y olivos (de producción de aceite ecológico eso sí), compartiendo territorio con conejos (muy abundantes en la finca), perdices... Y según me cuenta mi amigo, con las visitas nocturnas de las zorras, que aniquilan de vez en cuando alguna gallina, e incluso de los jabalíes, alguno de cuyos machos le dejó preñada el año pasado a una hembra que dió a luz un hermoso cerdo híbrido de jabalí.

Según se cuenta, los jabalíes suelen andar por las noches kilómetros y kilómetros en busca de alimento, y en este caso hembras, desde sus lugares de refugio. Al parecer en la zona se han convertido ya en una especie bastante habitual.