21 Ago 2008
La hipocresía es el verdadero deporte olímpico
Uno, entusiasta del baloncesto, decidió, sin embargo, no seguir las Olimpiadas, en recuerdo (ya sé, absolutamente ridículo) de las víctimas de la represión en el Tibet, represión que constituyó el verdadero acto de inauguración de los Juegos chinos.
Cuando el Comité Español ordenó a “sus” deportistas que “no se metieran en política”, orden que sólo fue cuestionada por alguien que pidió “un jamón”, me ratifiqué en mi postura, en el sentido de que disfrutar con el maravilloso espectáculo deportivo ignorando las gravísimas violaciones de los derechos humanos que lo rodean (incluso que lo hacían posible) constituía un acusado ejercicio de hipocresía.
Ahora acabo de confirmarlo: Los santones del olimpismo han decidido que nada turbe la burbuja… ni siquiera un espantoso accidente de aviación: han prohibido que la bandera de España ondee a media asta en la Villa Olímpica. (Prohibición que ha sido sumisamente acatada, faltaría…)
Como decía un amigo que me acompañaba al fútbol y se largaba antes de acabar cuando el partido era soporífero: “¡Tío, marchamos, que jueguen pa unu menos…!”
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Agueda dijo
Lo del Comite Olimpico no tiene nombre.
No entiendo como se les permite ordenar a la gente, sean deportistas o no, lo que pueden o no pueden decir o hacer.
Y todo el mundo traga sin problemas.
Increible
Copiando dijo
Sin embargo lo que suele describirse como “trágicas circunstancias” siempre congrega posturitas. Uno, por ejemplo, se queja de que el Comité Internacional Olímpico modere las formas del luto de los deportistas españoles, en aplicación de la teoría y práctica de la tregua (hoy burbuja) olímpica. Lo extraordinario es que se trata del hombre que en aplicación de los mismos principios prohibió solemnemente a los deportistas españoles cualquier manifestación política, es decir y por ejemplo, la denuncia de los miles de muertos, encarcelados y exiliados por la dictadura china. Hoy dice que él trató de convencer a los dirigentes olímpicos de la necesidad de salir de la burbuja: ¡pero sólo para el luto, hélas!…, patriótico y por estricta causa de accidente, bien sûr! Otro caso postural se ha dado ante un partido de fútbol que enfrentaba ayer a España y Dinamarca. «Los daneses se empeñaron», van cubriéndose las espaldas. ¿Qué necesidad tendrían de cubrírsela si no fuera por la postura? Basta con preguntarse cuántas personas dejaron de ver por televisión el partido de fútbol a causa de los muertos de Barajas.
Arcadi Espada, Diarios, 22 agosto 2008
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