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&lt;font face=georgia&gt;&lt;font size=3&gt;Hay pel&#237;culas en las que es imposible dejar de sonre&#237;r. Me sucede con muchos musicales cl&#225;sicos, en particular las pel&#237;culas de Fred Astaire y Ginger Rogers, por no hablar de &lt;em&gt;Singin' in the Rain&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;My Fair Lady,&lt;/em&gt; por poner algunos ejemplos. Y siempre hay en ello una voluntaria y placentera suspensi&#243;n del escepticismo y una gustosa entrega al disfrute incondicional. Desde una escena al inicio de esta deliciosa &lt;em&gt;Julie &amp; Julia,&lt;/em&gt; en la que Meryl Streep y Stanley Tucci comparten un lenguado que les proporciona una experiencia casi m&#237;stica, confieso haber quedado desarmado y cautivo.

Tal vez sea cierto que era extremadamente dif&#237;cil conseguir que cuajara un sufl&#233; en el que se presentan en paralelo dos historias tan dispares como la de la magn&#237;fica autora de un libro fundamental para la cultura culinaria norteamericana, interpretada por una gloriosa Meryl Streep, y la de una jovencita no muy satisfecha con su vulgar trabajo de teleoperadora, que emprende un proyecto parasitario sobre la obra de la primera. Lo cierto es que la actriz elegida para interpretar a Julie, Amy Adams, es ciertamente adorable, y hace un magn&#237;fico trabajo, pero era inevitable que la actriz m&#225;s veterana se la terminara comiendo con patatas.

Los maridos de ambas protagonistas ejercen su apoyo moral ante los monoman&#237;acos proyectos de sus esposas y resultan convincentes y cre&#237;bles en su obligado segundo plano.

Y las im&#225;genes, a falta de poder saborear la sucesi&#243;n de recetas que se nos muestran tantalizadoramente, son francamente sugestivas. Una grat&#237;sima celebraci&#243;n de los placeres de la buena mesa y del trabajo bien hecho.

Julie &amp; Julia. Escrita y dirigida por Nora Ephron; basada en &#8220;My Life in France&#8221; de Julia Child con Alex Prud&#8217;homme, y &#8220;Julie &amp; Julia&#8221; de Julie Powell; director fotograf&#237;a, Stephen Goldblatt; montaje de Richard Marks; m&#250;sica de Alexandre Desplat; dise&#241;o de producci&#243;n, Mark Ricker; producida por Ms. Ephron, Laurence Mark, Amy Robinson y Eric Steel; distribuida por Columbia Pictures. Duraci&#243;n: 2 horas 3 minutos. Con Meryl Streep (Julia Child), Amy Adams (Julie Powell), Stanley Tucci (Paul Child), Chris Messina (Eric Powell), Jane Lynch (Dorothy McWilliams), Linda Emond (Simone Beck), Erin Dilly (Judith Jones) y Frances Sternhagen (Irma Rombauer). En ingl&#233;s, con un pellizco de franc&#233;s.</body>
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    <title>Julie &amp; Julia (2009)</title>
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&lt;font face=georgia&gt;&lt;font size=3&gt;Estoy convencido de que suele sucumbirse entre la cr&#237;tica a la tentaci&#243;n de hacer la vista gorda ante los defectos de las producciones espa&#241;olas resultonas (o que s&#243;lo causan verg&#252;enza ajena en dosis inferiores a lo habitual) porque se cree en el fondo que es pr&#225;cticamente imposible superar nuestra gen&#233;tica e inescapable median&#237;a, y no debemos ponernos estupendos aplicando los mismos criterios de exigencia que merecen las pel&#237;culas procedentes de industrias en las que no es un fen&#243;meno especialmente singular la producci&#243;n de obras que pueden ser calificadas de maestras. Pero, cuando la cr&#237;tica sucumbe a tal tentaci&#243;n, aparte de generar decepci&#243;n en el p&#250;blico, que compara lo que ha le&#237;do antes y lo que puede ver despu&#233;s, y escepticismo sobre la honestidad intelectual de quienes escriben de cine entre nosotros, lo m&#225;s grave es que se est&#225; contribuyendo en gran medida a que el cine espa&#241;ol jam&#225;s salga de su general ineptitud.

&lt;em&gt;Celda 211&lt;/em&gt; me parece una pel&#237;cula llena de elementos admirables. Son muy efectivas las escenas de violencia ca&#243;tica: son extraordinariamente cre&#237;bles y generan innegable angustia. Luis Tosar siempre me ha parecido una presencia con un poder de convicci&#243;n fuera de lo normal. Siempre me ha gustado en todas las pel&#237;culas que le he visto. Aqu&#237; hace una interpretaci&#243;n que, si no es perfecta, no lo es tanto por su culpa sino por los clamorosos defectos del gui&#243;n. Igualmente me parece muy logrado el ritmo con el que la creciente tensi&#243;n se va ense&#241;oreando del relato para convertirse en uno de los motores m&#225;s implacables de la tragedia.

Pero no creo que nos merezcamos tener que aceptar como inevitables los sempiternos borrones de nuestro cine. &#191;Tan dif&#237;cil es encontrar actores un poco presentables? &#191;Por qu&#233; tenemos que resignarnos a la eterna presencia de Antonio Resines, que parece haberse convertido en un actor imprescindible cuando es de una mediocridad apabullante? Este se&#241;or no ha sabido actuar en su vida y dudo mucho que vaya a aprender ahora. Y &#233;l no es el peor. &#191;De d&#243;nde ha salido ese presunto actor que interpreta al primer negociador? &#191;C&#243;mo se le ocurre al director poner fin a la pel&#237;cula con las palabras de este abochornante aficionado?

El gui&#243;n, que habr&#237;a hecho mejor en dejar la historia confinada en el interior de la c&#225;rcel, pues las referencias pol&#237;tico-hist&#243;ricas resultan harto discutibles, s&#243;lo demuestra, para mi frustraci&#243;n, lo que podr&#237;a haber sido en una escena casi insignificante y que es lo &#250;nico que me ha convencido de &#233;l. Tras explicar Apache a Malamadre que de las autoridades s&#243;lo pod&#237;an aspirar a lograr algo de tapadillo, sin que se reconociera abiertamente tal concesi&#243;n, le pregunta Malamadre si &#233;l alguna vez logr&#243; algo de las autoridades, a lo que Apache no contesta. Es extraordinaria la tensi&#243;n que se genera con ese silencio, pues el p&#250;blico est&#225; enterado de detalles que Malamadre desconoce y resulta ir&#243;nico que &#233;ste no se d&#233; cuenta de los aprietos en que ha puesto al otro recluso. Por desgracia, no hay mucho as&#237; en la pel&#237;cula. Al contrario, lo que m&#225;s abunda es la brocha gorda y la deshonestidad narrativa.

Me referir&#233; al que considero el ejemplo m&#225;s evidente. Antonio Resines, que interpreta a un brutal funcionario que no duda en apalear a los presos para extraerles informaci&#243;n, es denunciado por un compa&#241;ero y es suspendido de sus funciones. Lo cual no le impide a continuaci&#243;n ejercer de antidisturbios a las puertas de la c&#225;rcel, donde se encarga de apalear a la mujer embarazada del protagonista. Los reclusos tienen acceso a unas im&#225;genes de televisi&#243;n que captan con un tel&#233;fono m&#243;vil en las que puede verse claramente, entre los cientos de personas que participaban en la refriega, al funcionario-antidisturbios y a la mujer embarazada. Para mayor claridad, el primero se sube la visera para que las c&#225;maras puedan inmortalizarlo m&#225;s c&#243;modamente. Y los presos puedan ver al culpable. &#191;Inveros&#237;mil? Pues esperen un poco. A continuaci&#243;n, el funcionario-antidisturbios maltratador de embarazadas es convencido, aunque lo hayan suspendido y no tenga obligaci&#243;n de hacerlo, para que act&#250;e ahora de negociador con los reclusos que han asistido a su actuaci&#243;n televisiva. &#191;Adivinan lo que har&#225;n los presos con &#233;l? &#191;Adivinan qui&#233;n le rebanar&#225; la car&#243;tida? De acuerdo, ese personaje era odioso. Pero insultar la inteligencia del espectador con esa concatenaci&#243;n de disparates que acabo de resumir y titilar sus bajos instintos con esas efusiones de sangre es una explotaci&#243;n obscena y es un claro reconocimiento de la bancarrota moral de los responsables de la historia.

&lt;em&gt;Celda 211.&lt;/em&gt; Direcci&#243;n y gui&#243;n: Daniel Monz&#243;n. Producci&#243;n: &#193;lvaro Agust&#237;n, Juan Gordon, Emma Lustres, Borja Pena. Autor del libro original: Francisco P&#233;rez Gandul. Gui&#243;n: Jorge Guerricaechevarr&#237;a. Cinematograf&#237;a: Carles Gusi. M&#250;sica original: Roque Ba&#241;os. Montaje: Cristina Pastor. Dise&#241;o de producci&#243;n: Ant&#243;n Laguna. Producci&#243;n ejecutiva: Pilar Benito, Elena Manrique y Javier Ugarte. Sonido: Sergio Burman. Con Luis Tosar: Mala Madre. Carlos Bardem: Apache. Alberto Ammann: Juan Oliver. Marta Etura: Elena. Antonio Resines: Utrilla. Luis Zahera. Vicente Romero: Tachuela. Manuel Mor&#243;n: Almansa. F&#233;lix Cubero: Germ&#225;n. Jes&#250;s Carroza: Elvis. Manolo Solo: Director de la c&#225;rcel. Fernando Soto: Armando Nieto. Juan Carlos Mangas: Cal&#237;gula. Joxean Bengoetxea: El Profe. Antonio Dur&#225;n 'Morris'. David Selvas: Due&#241;as. Jes&#250;s Del Caso: M&#233;dico. Patxi Bisquert. Xavier Est&#233;vez: Jefe de los Geos. Pedro Piqueras: Presentador. Hilario Pino: Presentador. En espa&#241;ol. Cines Princesa, Madrid.</body>
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    <title>Celda 211 (2009)</title>
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&lt;FONT face=georgia&gt;&lt;FONT size=3&gt;No es que Carlos Boyero sea santo de mi devoci&#243;n: no me entusiasma su estilo, propenso a la zafiedad, ni me identifico con muchas de las cosas que dice. Pero reconozco que, demasiadas veces, y m&#225;s bien a mi pesar, s&#237; que comparto algunas de sus filias y fobias. No negar&#233;, por ejemplo, que siento el mismo rechazo que &#233;l por el cine de arte y ensayo, por Almod&#243;var y por los pesti&#241;os del cine iran&#237; tipo Abbas Kiarostami. Cuando uno tiene que o&#237;r constantemente de boca de amigos y conocidos los obligatorios elogios multiculturales de las cinematograf&#237;as ex&#243;ticas y la fulminante censura en bloque, no menos obligatoria, del cine norteamericano comercial, llegan como un soplo de aire fresco los desahogos boyeriles. Lo que no comparto con el cr&#237;tico principal de este peri&#243;dico es su incomprensible devoci&#243;n por esa &lt;EM&gt;Pagafantas&lt;/EM&gt; que tanto se me atragant&#243; a m&#237; cuando la vi movido por otra cr&#237;tica extremadamente positiva de Jordi Costa (que tengo que decir que me gusta m&#225;s que el n&#250;mero uno). Y porque no me parece en principio fiable el criterio de los dem&#225;s (igual que el m&#237;o les parecer&#225; a ellos, sin duda), no le he hecho demasiado caso cuando en la edici&#243;n del peri&#243;dico de ayer pon&#237;a de vuelta y media una pel&#237;cula de un director como Sam Mendes, que tanto me ha hecho disfrutar antes con &lt;EM&gt;American Beauty, Road to Perdition&lt;/EM&gt; y &lt;EM&gt;Revolutionary Road&lt;/EM&gt; &lt;EM&gt;(Jarhead&lt;/EM&gt; me gust&#243; bastante menos). Ojal&#225; le hubiera hecho caso esta vez y me habr&#237;a ahorrado esta &lt;EM&gt;Away We Go,&lt;/EM&gt; cuya existencia carece de la m&#225;s m&#237;nima justificaci&#243;n al alcance de mi capacidad de comprensi&#243;n, por mucho que haya recibido cr&#237;ticas m&#225;s o menos elogiosas en EE UU. He de decir que los cargantes personajes protagonistas est&#225;n tan alejados de nada con lo que me pueda identificar m&#237;nimamente, y el cat&#225;logo de secundarios est&#225; tan superpoblado de casos patol&#243;gicos que inducen principalmente a la grima, que uno se siente tentado de repetir, como Burt le espeta a una tarada objetora de los carritos para beb&#233;s: "I reject your unbelievable bullshit". Por favor, m&#225;s pel&#237;culas como &lt;EM&gt;American Beauty,&lt;/EM&gt; aunque a muchos norteamericanos les parezca obra de un turista que desconoce la sociedad que finge analizar&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;FONT face=georgia&gt;&lt;FONT size=3&gt;, y menos bobadas como esta.

Away We Go. Dirigida por Sam Mendes; escrita por Dave Eggers y Vendela Vida; direcci&#243;n de fotograf&#237;a, Ellen Kuras; montaje de Sarah Flack; m&#250;sica de Alexi Murdoch; dise&#241;o de producci&#243;n, Jess Gonchor; producida por Edward Saxon, Marc Turtletaub y Peter Saraf; distribuida por Focus Features. Duraci&#243;n: 1 hora 37 minutos. Con John Krasinski (Burt), Maya Rudolph (Verona), Jeff Daniels (Jerry), Carmen Ejogo (Grace), Jim Gaffigan (Lowell), Maggie Gyllenhaal (L N), Josh Hamilton (Roderick), Allison Janney (Lily), Melanie Lynskey (Munch), Chris Messina (Tom), Catherine O&#8217;Hara (Gloria) y Paul Schneider (Courtney). En ingl&#233;s.&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;

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    <title>Away We Go (2009)</title>
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&lt;font face=georgia&gt;&lt;font size=3&gt;He estado leyendo con inmenso placer estos d&#237;as esta trist&#237;sima historia, debida al gran Honor&#233; de Balzac, creador de un universo novelesco sin parang&#243;n en la historia de la literatura y padre del realismo en la novela. En ella, la protagonista caer&#225; v&#237;ctima de la inmoderada pasi&#243;n de su padre por el dinero. Como no podr&#237;a mejorarlas, traducir&#233; del franc&#233;s algunas palabras de Martine Reid incluidas en la introducci&#243;n a la edici&#243;n que he manejado:

&lt;blockquote&gt;Iron&#237;a y melancol&#237;a se disputan las primicias  del relato as&#237; como sus conclusiones. Ambas le dan su dimensi&#243;n singular, su espesor afectado. Hacen de &#233;l tambi&#233;n, en relaci&#243;n directa con esta est&#233;tica nueva definida por Victor Hugo en el prefacio de &lt;em&gt;Cromwell,&lt;/em&gt; una novela &lt;em&gt;rom&#225;ntica&lt;/em&gt; en la que lo sublime se al&#237;a con lo grotesco, en la que encontramos tantos motivos de risa como de llanto. El dinero, del que la avaricia de Grandet es a un tiempo s&#237;ntoma y epifen&#243;meno, gangrena la trama novelesca y la materia sem&#225;ntica seg&#250;n un principio que se desprende en Balzac tanto de la observaci&#243;n como de la convicci&#243;n. Ocupa a partir de aqu&#237; la vida, las ocupaciones y los pensamientos de todos; conforma la condici&#243;n humana de la Francia del siglo XIX. Los efectos de esta situaci&#243;n son quiz&#225; catastr&#243;ficos (el autor se toma la molestia de intervenir a estos efectos en dos ocasiones), son sin duda inevitables. Desaparece una cierta Francia; se difumina una cierta manera de vivir. As&#237; lo quiere un tiempo emplazado bajo el signo del progreso y de la metamorfosis.

Todo el genio de Balzac est&#225; aqu&#237;, en la aguda percepci&#243;n de una &#233;poca, de un medio y un lugar, en el arte supremo de mezclar lo real y su estela de detalles verdaderos con el g&#233;nero novelesco, que los utiliza para sus propios fines, que los inmortaliza al transformarlos. Novela de la espera y del sacrificio, cuadro de costumbres confinadas de provincias y de los goces secretos del "hombre de pasi&#243;n", &lt;em&gt;Eug&#233;nie Grandet&lt;/em&gt; conserva el poder de seducci&#243;n de las grandes novelas. Como ellas, ense&#241;a (en el doble sentido de mostrar e instruir), enternece y divierte; como ellas, no debe dejar de encantar.&lt;/blockquote&gt;</body>
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&lt;font face=georgia&gt;&lt;font size=3&gt;Siento una doble melancol&#237;a tras acabar de ver las cinco temporadas de esta serie verdaderamente memorable. Por un lado, el punto de destino de las carreras de los personajes principales deja un sabor agridulce por la iron&#237;a profunda que destilan sus ca&#237;das o sus ascensos profesionales. Pero tambi&#233;n me sume en una intensa melancol&#237;a comparar el modo en que esta serie ha sido capaz de hacer un repaso ampl&#237;simo de las m&#225;s variadas facetas de la vida de una ciudad como Baltimore (los cuerpos policiales, la judicatura, la delincuencia, la ense&#241;anza, el periodismo, la pol&#237;tica, los sindicatos y las mafias de estivadores, etc.) con un respeto escrupuloso por la verosimilitud y un realismo pasmosamente convincente, y lo lejos que estamos en Espa&#241;a de hacer nada que se le parezca ni de lejos. Le vienen a uno innumerables ejemplos a la cabeza en los que la ficci&#243;n espa&#241;ola refleja los mundos profesionales de un modo tan chapucero e inepto que uno preferir&#237;a que no se viera jam&#225;s en pantalla a un solo personaje en su ambiente de trabajo para no sufrir verg&#252;enza ajena. Para que no se me acuse de hablar a bulto, citar&#233; por ejemplo una pel&#237;cula como &lt;em&gt;La flaqueza del bolchevique.&lt;/em&gt; Quien la haya visto entender&#225; a qu&#233; me refiero cuando digo que los guionistas espa&#241;oles deber&#237;an abstenerse de mostrar a sus personajes en el trabajo si no son capaces de asesorarse m&#237;nimamente sobre lo que la gente de verdad suele hacer en esos ambientes, en vez de tratar de adivinarlo tontamente. O deber&#237;an ver &lt;em&gt;The Wire&lt;/em&gt; y que se les cayera la cara de verg&#252;enza.</body>
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    <body>&lt;A href="http://farm3.static.flickr.com/2617/4074592301_daf06a3385.jpg"&gt;&lt;IMG style="WIDTH: 500px; HEIGHT: 375px; CURSOR: hand" border=0 alt="" src="http://farm3.static.flickr.com/2617/4074592301_daf06a3385.jpg"&gt;&lt;/A&gt;

&lt;FONT face=georgia&gt;&lt;FONT size=3&gt;De igual modo que en la temporada anterior Major Colvin, desenga&#241;ado por la poca efectividad de la lucha contra las drogas seg&#250;n el modelo ideol&#243;gico imperante, decide poner en pr&#225;ctica un experimento que es visto por sus superiores jer&#225;rquicos y pol&#237;ticos como una legalizaci&#243;n &lt;EM&gt;de facto&lt;/EM&gt; aunque localizada del narcotr&#225;fico, lo que le acarrea su jubilaci&#243;n anticipada con una pensi&#243;n limitada, en esta cuarta temporada, vi&#233;ndose en la necesidad de suplementar su escasa pensi&#243;n con un trabajo como educador, una vez m&#225;s su heterodoxia (inevitable corolario de su inquebrantable honestidad y su esencial decencia humana) lo conduce a una nueva experiencia de mero sentido com&#250;n que se dar&#225; de bruces con la correcci&#243;n pol&#237;tica, que no es capaz de ver, en un proyecto que s&#243;lo pretende poder encauzar las vidas de algunos estudiantes con serios problemas de adaptaci&#243;n, m&#225;s que un ejemplo del nefando pecado de lo que los sacerdotes de la ortodoxia educativa llaman "tracking", que vendr&#237;a a ser en este caso el que se ofrezca un tratamiento diferenciado a los estudiantes conflictivos, sac&#225;ndolos de las clases normales en las que ni ellos obtienen nada de provecho ni permiten que sus compa&#241;eros puedan alcanzar el rendimiento al que podr&#237;an aspirar sin las permanentes distorsiones que introducen los primeros. Como la psicopedagog&#237;a ha impuesto como un principio irrenunciable la idea de que ha de someterse a una id&#233;ntica educaci&#243;n a todos los estudiantes, sin distinciones de ning&#250;n tipo, y considera insidiosamente cualquier posibilidad de ofrecer algo distinto a los estudiantes que ni aprenden ni dejan aprender a sus compa&#241;eros como una intolerable "segregaci&#243;n", est&#225; claro que cualquiera que ose poner en cuesti&#243;n ese prejuicio, como sucede aqu&#237;, se ver&#225; tratado como un hereje o un apestado. Pero este aspecto en el que me he detenido no es m&#225;s que uno m&#225;s de los m&#250;ltiples elementos argumentales que forman parte de esta cuarta temporada, llena de inter&#233;s sociol&#243;gico y de valores humanos. Si en las primeras temporadas la visi&#243;n parec&#237;a mayormente c&#237;nica, con sutiles gui&#241;os que nos permit&#237;an entrever las corrientes de simpat&#237;a a veces oculta bajo la capa de causticidad con la que suelen disimular sus emociones las personas de aguda inteligencia y poca inclinaci&#243;n a las efusiones sentimentales, en esta temporada a veces he notado un cierto deslizamiento hacia cierto almibaramiento autocomplaciente, que siempre se ha tenido el tacto de mantener severamente limitado por la m&#225;s estricta verosimilitud. En otro orden de cosas, me ha encantado la historia de la lucha por la alcald&#237;a.&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;</body>
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    <title>The Wire - 4&#170; Temporada (2006)</title>
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    <body>&lt;a href="http://farm3.static.flickr.com/2720/4101574820_3202a8965b.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 364px;" src="http://farm3.static.flickr.com/2720/4101574820_3202a8965b.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;

&lt;font face=georgia&gt;&lt;font size=3&gt;Tal vez est&#233; empezando a sufrir una rara variedad del s&#237;ndrome de Estocolmo musical, pero lo cierto es que las obras de Crist&#243;bal Halffter a las que hemos asistido esta noche han conseguido, si no gustarme, al menos s&#237; parecerme levemente atractivas y no tan indigestas como en un principio me tem&#237;a.

El concierto ha comenzado con una pieza de un humor delicioso: &lt;em&gt;Circus Polka&lt;/em&gt; de Stravinski. Perm&#237;taseme la desfachatez de calificar esta m&#250;sica como cubista: en el sentido de que las distorsiones m&#225;s o menos geom&#233;tricas del material sonoro no impiden al oyente poder reconstruir las piezas del rompecabezas en su propia &#237;dem y apreciar los lineamientos originales por detr&#225;s o a contrapelo de las percepciones directas. Esta analog&#237;a pict&#243;rica creo que no es menos impertinente para esta pieza de Stravinski que para la &#250;ltima del concierto, la obra celebratoria del compositor espa&#241;ol.

El concierto para violonchelo me ha parecido lo suficientemente interesante como para que no me haya sentido ni por un instante tentado de desentenderme y ocuparme mentalmente de mis propios asuntos. Lo cierto es que la buena interpretaci&#243;n del solista y el hecho de que la orquesta, a pesar de su nutrida composici&#243;n, sea utilizada ahorrativamente y con extrema discreci&#243;n, han contribuido no poco a que haya seguido, tal vez m&#225;s intrigado que seducido, pero con gran inter&#233;s, su particular andadura sonora. Lo mismo me ha sucedido con la obra &lt;em&gt;De ecos y sombras,&lt;/em&gt; basada en un soneto de Lupercio de Argensola. Supongo que la lectura previa de las notas al programa de mano, a cargo de &#193;lvaro Guibert, particularmente atinadas y bien escritas, han contribuido a una mayor predisposici&#243;n a la receptividad por mi parte. La &#250;ltima pieza es una celebraci&#243;n que a pesar de su brillantez no me ha parecido que logre alcanzar una satisfactoria emulsi&#243;n entre sus dispares elementos constitutivos. Pero se deja o&#237;r con agrado. S&#243;lo me sobran las casta&#241;uelas: no lo puedo remediar, pero el espa&#241;oleo acaba con mi paciencia.

Orquesta y Coro Nacionales de Espa&#241;a
Crist&#243;bal Halffter, director
I
Igor Stravinsky (1882-1971)
Circus Polka: Composed for a Young Elephant
Crist&#243;bal Halffter (1930)
Concierto para violonchelo y orquesta n&#250;m. 2, &#171;No queda m&#225;s que el silencio&#187;
I. El grito deja en el viento una sombra de cipr&#233;s
II. Vine a este mundo con ojos y me voy sin ellos
Asier Polo, violonchelo
II
Crist&#243;bal Halffter
De ecos y sombras (Encargo OCNE)
Crist&#243;bal Halffter
Preludio para Madrid 92
Mireia Barrera, directora CNE
Auditorio Nacional, Madrid.</body>
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    <title>Stravinski: Circus Polka. Crist&#243;bal Halffter: Concierto de violonchelo n&#186; 2, De ecos y sombras y Preludio para Madrid 92 (Orquesta y Coro Nacionales)</title>
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&lt;font face=georgia&gt;&lt;font size=3&gt;&lt;em&gt;American Pastoral&lt;/em&gt; es uno de esos raros casos en los que un texto combina perfectamente una alta calidad art&#237;stica con una m&#225;xima legibilidad. Mucha de la mejor literatura norteamericana contempor&#225;nea suele huir por suerte de esa cansina plaga experimental que ha convertido tantas veces la literatura del pasado siglo en una absurda competici&#243;n para ver qui&#233;n era el m&#225;s original, perdiendo de vista la importancia de lo narrado, que termina siendo algo secundario que se subordina al sagrado &#237;dolo del estilo, cuanto m&#225;s rec&#243;ndito, mejor.

Hace unos meses, por poner un caso, estuve leyendo &lt;em&gt;La regi&#243;n m&#225;s transparente,&lt;/em&gt; de Carlos Fuentes, algunas de cuyas obras hab&#237;a le&#237;do con placer (en especial &lt;em&gt;La muerte de Artemio Cruz).&lt;/em&gt; De la lectura de &lt;em&gt;La regi&#243;n m&#225;s transparente,&lt;/em&gt; el placer qued&#243; abolido para m&#237; desde el primer instante. Al margen de las dificultades del idioma, mayores, debo confesar, de las que me supone leer a Roth en ingl&#233;s, nunca me abandon&#243; la sensaci&#243;n de no estarme enterando de gran cosa. Y lo que consegu&#237;a entender, por lo general me tra&#237;a bastante sin cuidado. Todo me resultaba ajeno, rebuscado, impenetrable.

Leer &lt;em&gt;American Pastoral&lt;/em&gt; o la tambi&#233;n estupenda &lt;em&gt;Exit Ghost,&lt;/em&gt; la &#250;ltima novela que hab&#237;a le&#237;do de este autor, es en cambio para m&#237; un placer de principio a fin. No es s&#243;lo que el novelista tenga con el lector la cortes&#237;a de la claridad (muchas veces sospecho que las oscuridades no esconden necesariamente profundidad, sino m&#225;s bien una clara voluntad de borrar las pistas, o directamente de &lt;em&gt;despistar).&lt;/em&gt; Da igual que una novela se desarrolle en Espa&#241;a, en M&#233;xico o Nueva Jersey: si los personajes est&#225;n bien construidos, si los di&#225;logos son veros&#237;miles e inteligentes, si el talento del autor pone sus estrategias narrativas al servicio de la historia y no al rev&#233;s, el lector se da cuenta de que est&#225; explorando un territorio si no conocido, al menos s&#237; reconocible, los mecanismos de la identificaci&#243;n con los personajes funcionan, y lo que les sucede a &#233;stos lo podemos asumir como propio, pues somos conscientes de los hilos invisibles que los unen con nuestra propia experiencia. Si luego el autor se permite hacer virguer&#237;as como la de que esta historia tan extremadamente absorbente no sea en realidad m&#225;s que la construcci&#243;n especulativa del alter ego de Philip Roth, Nathan Zuckerman, a partir de unos m&#237;nimos datos sobre la vida del verdadero protagonista facilitados por el hermano de &#233;ste al escritor en una reuni&#243;n de antiguos alumnos; si luego el autor es capaz de jugar con un tiempo narrativo que no se reconstruye linealmente, sino dando saltos hacia el pasado, y no por un capricho ni por af&#225;n de asombrar, sino por motivos perfectamente evidentes, sin duda dar&#225; satisfacci&#243;n a los que van de lectores sofisticados a los que s&#243;lo entusiasma el m&#225;s-dif&#237;cil-todav&#237;a. Pero todas esas sutilezas no est&#225;n ah&#237; para llamar la atenci&#243;n sobre s&#237; mismas. Desempe&#241;an siempre un papel funcional perfectamente justificado.

Por hablar de los saltos temporales. Es normal en esta novela que, en mitad de una escena, muchas veces a ra&#237;z de algo que surge inesperadamente en un di&#225;logo (el &#250;ltimo, entre las cuatro parejas que cenan juntas, en una larga escena absolutamente magistral, est&#225; lleno de ejemplos), se d&#233; un abrupto salto atr&#225;s para presentarnos un detalle del pasado (con esas digresiones nos vamos haciendo a lo largo de la novela una imagen extremadamente precisa de los personajes principales). Pero siempre queda perfectamente clara la raz&#243;n de ese salto temporal: es la invasi&#243;n de la conciencia del protagonista por una imagen, una sensaci&#243;n, un recuerdo, desencadenados por una palabra o un gesto, que se ense&#241;orean instant&#225;neamente del presente, anulando las percepciones inmediatas. Todos sabemos que esas intromisiones del pasado en el presente nos asedian constantemente. A nadie pueden despistar. Por eso dejamos de buena gana que Philip Roth juegue con nosotros, fluctuando entre el presente y el pasado. Y nunca sentimos que est&#233; buscando demostrarnos lo inteligente que es. Es algo tan evidente para quien lee esos fabulosos di&#225;logos con los que llena su novela, que para qu&#233; rizar m&#225;s rizos para fingir mayor profundidad. Como dec&#237;a Jorge Guill&#233;n, lo profundo es el aire.</body>
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    <title>Philip Roth: American Pastoral</title>
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&lt;font face=georgia&gt;&lt;font size=3&gt;Mitsuko Uchida, a quien conoc&#237;a en disco fundamentalmente como int&#233;rprete de Mozart, es en realidad, como ha quedado palmariamente demostrado esta noche, una pianista de gran versatilidad, capaz de enfrentarse a pr&#225;cticamente todo el repertorio sin ideas preconcebidas y con una ductilidad admirable en el enfoque. Parad&#243;jicamente, donde menos me ha convencido ha sido precisamente en Mozart y en Beethoven; pero sus interpretaciones de Alban Berg y de Schumann me han dejado bastante boquiabierto de admiraci&#243;n. Es notable c&#243;mo consigue hacer sonar una m&#250;sica tan cerebral y renovadora de lenguaje como la Sonata de Berg de modo que reconozcamos inequ&#237;vocamente en ella lo mucho que la enlaza con la tradici&#243;n, y no dejamos de tener por un instante la sensaci&#243;n de que, por mucho que el idioma musical se haya transformado radicalmente, esta m&#250;sica sigue habl&#225;ndonos b&#225;sicamente de lo mismo que la de Schumann, y en realidad los medios expresivos no son en el fondo tan distantes. Pero donde m&#225;s me ha conmovido la pianista de origen japon&#233;s es en la Fantas&#237;a de Schumann, obra de unas dimensiones y un nivel de exigencia t&#233;cnica y expresiva con el que ha cumplido con creces.

Wolfrang Amadeus Mozart (1756-1791)
Rondo en la menor K 511
Alban Berg (1885-1935)
Sonata para piano op. 1
Ludwig van Beethoven (1770 - 1827)
Sonata para piano n&#186; 28 en la mayor, op.101
R. Schumann (1810- 1856)
Fantasia en do, op. 17
Mitsuko Uchida, piano
Auditorio Nacional, Madrid.</body>
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    <title>Mitsuko Uchida: Obras de Mozart, Beethoven, Berg y Schumann</title>
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&lt;FONT face=georgia&gt;&lt;FONT size=3&gt;Mis gustos musicales son b&#225;sicamente viscerales, pues carezco de una formaci&#243;n lo bastante s&#243;lida como para poder fundamentar mis juicios en algo m&#225;s fiable que la respuesta instintiva de mis tripas. As&#237; pues, no pretendo enga&#241;ar a nadie fingiendo unos conocimientos musicales que en realidad no tengo. Una vez aclarado este punto, he de decir que el concierto de esta noche, que era en esencia un homenaje al m&#250;sico Crist&#243;bal Halffter, de quien hemos podido escuchar dos obras bien diferentes, me ha parecido especialmente ilustrativo para entender los oscuros criterios que dirigen las reacciones de mis tripas ante las distintas variedades de m&#250;sica m&#225;s o menos contempor&#225;nea a la que he de enfrentarme.

Ha empezado el programa con una m&#250;sica por la que siempre me he sentido particularmente atra&#237;do, intrigado e incluso fascinado: la producida por la llamada Segunda Escuela de Viena, dirigida por Arnold Schoenberg y cuyos miembros m&#225;s sobresalientes junto al maestro fueron Alban Berg y Anton Webern. De este &#250;ltimo, de quien conozco en disco la integral de su obra que grab&#243; Pierre Boulez, me gusta especialmente por su capacidad de sugerencia, el inter&#233;s de sus propuestas expresivas, y sobre todo por la extraordinaria concisi&#243;n en la que se manifiesta su rara inspiraci&#243;n. No es una m&#250;sica f&#225;cil, como no lo es tampoco la de Berg (salvo tal vez su Concierto para viol&#237;n, que es comprensiblemente una pieza favorita del gran p&#250;blico) o la de Schoenberg, una vez abandonada su primera adscripci&#243;n postrom&#225;ntica, cuando a trav&#233;s de un inicial expresionismo crom&#225;tico de car&#225;cter atonal, lleg&#243; al desarrollo dodecaf&#243;nico m&#225;s radical de series sin repeticiones de notas. Pero mis tripas siempre me han dado indicaciones de la excelencia de esta m&#250;sica, y ella siempre me produce un disfrute que ni yo mismo soy capaz de explicarme racionalmente. Estas Seis piezas para gran orquesta, de una brevedad y una sutileza admirables son una clara demostraci&#243;n de que la expresividad nunca ha hecho buenas migas con la grandilocuencia. A pesar de utilizar una orquesta bien nutrida, lo cierto es que estas piezas usan por lo general un reducido n&#250;mero de instrumentistas a la vez, con lo que logra crear unas atm&#243;sferas infinitamente m&#225;s sugerentes que si hubiera perseguido m&#225;s el efectismo y la ampulosidad. Menos es m&#225;s.

Tengo a Crist&#243;bal Halffter por un m&#250;sico extremadamente inteligente y profundo, y no dudo de que sus obras est&#225;n construidas con una sabidur&#237;a y una competencia profesional m&#225;s all&#225; de cualquier duda. Ahora bien, esta primera obra, el Concierto para piano y orquesta, me ha parecido un t&#233;trico magma de cacofon&#237;as aleatorias, que lo mismo habr&#237;a dado tocarlo de atr&#225;s adelante o barajar sus partes a la buena de Dios: no creo que se notara ninguna diferencia. Pero yo qu&#233; s&#233;.

A continuaci&#243;n, el Don Juan de Richard Strauss es una m&#250;sica brillant&#237;sima, como todas las obras program&#225;ticas basadas en obras literarias del magn&#237;fico m&#250;sico alem&#225;n, y hoy ha sido tocada con contagiosa energ&#237;a por la orquesta dirigida por Carlos Kalmar.

A Ralph Vaughan Williams, los m&#250;sicos de vanguardia supongo que lo considerar&#225;n un reaccionario que vivi&#243; a espaldas del desarrollo musical de su propio tiempo. Pero mucho me temo que de aqu&#237; a un par de siglos (si queda humanidad en alg&#250;n planeta que a&#250;n no hayamos devastado) esta preciosa Fantas&#237;a seguir&#225; escuch&#225;ndose con inmenso placer, pues al margen de que sea su lenguaje m&#225;s o menos avanzado o est&#233; a la altura de su tiempo, es una m&#250;sica cuya belleza tiene un inmenso poder para conmover. Y eso creo que le da infinitamente m&#225;s probabilidades de permanencia que las que tiene el Concierto de piano de Halffter.

Y por &#250;ltimo, otra obra de Crist&#243;bla Halffter, el Tiento del primer tono y batalla imperial, que ya s&#237; que tengo que decir que me ha gustado mucho y que ello se debe fundamentalmente a su utilizaci&#243;n de m&#250;sicas de Antonio de Cabez&#243;n y Juan Bautista Cabanilles, de un modo parecido a como Vaughan Williams utilizaba en la pieza anterior una m&#250;sica de Thomas Tallis como punto de partida. El hecho de que las pretensiones invasoras de las t&#233;tricas cacofon&#237;as de aire contempor&#225;neo que por momentos amenazan con apoderarse de la obra no logren finalmente imponerse a los aires m&#225;s tradicionales introducidos por las m&#250;sicas del pasado es la verdadera raz&#243;n de que mis v&#237;sceras no se rebelen contra esta m&#250;sica. Que alguien capaz de orquestar con tanta competencia como puede observarse en esta pieza, se haya empe&#241;ado, como tantos de sus contempor&#225;neos, en infligirnos unas m&#250;sicas que muchos sentimos como una agresi&#243;n, me deja sumido en la m&#225;s absoluta perplejidad.

Orquesta Nacional de Espa&#241;a
Carlos Kalmar, director
I
&lt;strong&gt;Anton Webern&lt;/strong&gt; (1883-1945)
&lt;strong&gt;Seis piezas para gran orquesta&lt;/strong&gt;, opus 6b (versi&#243;n 1928)
I. Langsam
II. Bewegt
III. M&#228;&#223;ig
IV. Sehr m&#228;&#223;ig
V. Sehr langsam
VI. Langsam
&lt;strong&gt;Crist&#243;bal Halffter&lt;/strong&gt; (1930)
&lt;strong&gt;Concierto para piano y orquesta&lt;/strong&gt; (1987-88) (Primera vez ONE)
Nicolas Hodges, piano
II
&lt;strong&gt;Richard Strauss&lt;/strong&gt; (1864-1949)
&lt;strong&gt;Don Juan&lt;/strong&gt;, opus 20
&lt;strong&gt;Ralph Vaughan Williams&lt;/strong&gt; (1872-1958)
&lt;strong&gt;Fantas&#237;a sobre un tema de Thomas Tallis&lt;/strong&gt;
&lt;strong&gt;Crist&#243;bal Halffter
Tiento del primer tono y batalla imperial&lt;/strong&gt;
Auditorio Nacional, Madrid.</body>
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    <title>Anton Webern: Seis piezas para gran orquesta. Crist&#243;bal Halffter: Concierto para piano y orquesta y Tiento de primer tono y batalla imperial. Richard Strauss: Don Juan. Ralph Vaughan Williams: Fantas&#237;a sobre un tema de Thomas Tallis (Orquesta Nacional)</title>
    <updated-at type="datetime">2009-11-08T09:33:45Z</updated-at>
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