29 Sep 2011

BRASIL: ULTIMAS MARAVILLAS ANTES DE IRME

Escrito por: lorenzo el 29 Sep 2011 - URL Permanente

Después del Estado de Minas Gerais me fui a la capital de Brasil, Brasilia y de allí, más al norte, en el Estado de Goias, al Parque Nacional de la Chapada dos Veadeiros. No os escribiré sobre esta etapa del viaje, pues Brasilia no me interesó casi nada (a no ser que te encante la arquitectura, Brasilia no parece Brasil y si te gusta la arquitectura antes mejor ir a Barcelona y conocer lo que hizo el genio de Gaudí). Y sobre el PN de la Chapada es interesante pero prefiero dedicar mi último post de Brasil a tres lugares impresionantes a los que fui después. No obstante en el Álbum de Fotos he puesto de ambos sitios.

El primer lugar fue El Pantanal, en el Mato Groso. Un lugar inmenso de humedales y zonas que se inundan con las lluvias y que rebosa de vida. Allí hay “fazendas” privadas donde puedes dormir, comer, hacer safaris, etc., pero de precio elevado.

Yo encontré un campamento con todo incluido (comidas, dormir, excursiones y traslados al Pantanal) por 40 euros diarios, eso sí había que dormir en una hamaca, pero no me importó en absoluto. Allí hice excursiones nocturnas con 4x4, a caballo, en barca, pesca de pirañas y a pie por el Pantanal.
Fueron cuatro días geniales en un lugar especial. Pero como todo no puede ser, no vi el jaguar con el que encabezo este post, aunque si sus huellas en el barro y así, como en la foto, me lo imaginé observándome entre la maleza.

El segundo lugar donde fui después del Pantanal fue a Bonito, que a decir verdad, el pueblo no tiene nada de bonito aunque se llame así, pero su entorno y alrededores sí que son realmente bonitos.

Tiene una peculiar formación geológica que hace que sus ríos sean de aguas cristalinas y haya cuevas y cavernas con estalactitas y estalagmitas impresionantes. Así como otras inundadas donde se puede bucear. En Bonito disfruté del snorkel en el Rio de la Plata, donde pude ver muchísimos peces con una claridad nunca vista,

incluso había momentos en que dudaba si había o no agua.

También visité alguna caverna con algún lago de agua azul turquesa

y, como no, también bucee en una de esas cavernas y fue una experiencia especial. Adentrarse en la selva a pie, viendo tucanes y guacamayos azules, y de pronto ver una laguna con agua transparente y bucear allí, rodeado de la espesa vegetación y la luz zenital colándose en la caverna, fue mágico.

Y la tercera “perla” de Brasil (aunque ésta deba compartirla con Argentina) fueron las Cataratas de Iguazú.

Todo el mundo dice que son las más grandes y bonitas del mundo comparándolas con las cataratas Victoria en Zimbabwe y las Niágara en USA, pero para mi no se trata de cuales son más grandes o más altas, la belleza es algo muy subjetivo que depende de muchos factores. Realmente las Cataratas de Iguazú son impresionantes y de gran belleza, aunque el ser tan turísticas les resta un poco de encanto. Pasarelas y más pasarelas con tanta gente fotografiándolas me hace quedarme con las Cataratas Victoria, o el Salto del Ángel en Venezuela, o incluso con otras más desconocidas como las Epupa Falls de Namibia, donde tienes un contacto más íntimo y personal.


No obstante, debo reconocer que cuando me encontré frente a ellas me quedé sin habla, con la boca abierta, anonadado. Es una obra majestuosa de la naturaleza y un lugar que me alegré mucho de conocer.

Y desde Iguazú, me dirigí a Sao Paolo para tomar un avión que me llevaría a Cape Town, en Sudáfrica. Me voy de Brasil con mucha pena, pues han sido tres meses muy felices. Pero se que tan solo ponga un pie en África, mi corazón, que debe tener memoria de los sentimientos, me empezará a latir más deprisa y es que en África también he sido muy, muy feliz en viajes anteriores. Así que os escribo desde allí, desde el continente negro. Hasta pronto.

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20 Sep 2011

BRASIL (6ªParte): LA FIEBRE DEL ORO EN BRASIL

Escrito por: lorenzo el 20 Sep 2011 - URL Permanente

Cuenta la historia que un sirviente mulato fue a beber a un río cercano a la actual Ouro Preto, en el Estado de Minas Gerais de Brasil, cuando vio una arenilla mineral de color oscuro que se guardó en el bolsillo. Resultó ser oro negro (en portugués “ouro preto”) y así nació en los años 1700 la fiebre del oro en el centro de Brasil.

Pero esta historia guarda muchas más historias. Por ejemplo la de “chico –Rei”. Resulta que un terrateniente de estas tierras necesitaba esclavos para sacar oro de sus minas. Alguien capturó a un grupo de africanos y se los vendió al terrateniente, resultando ser todos pertenecientes a una tribu entera junto con su Rey. El Rey y los súbditos de la Tribu trabajaron sin cesar hasta que el monarca consiguió, primero su libertad y la de su hijo y luego la de todos sus súbditos. Así nació la leyenda de chico Rei, un héroe para los afrobrasileños.

Antes de llamarse Ouro Preto, la que fue capital del Estado de Minas Gerais, se llamaba Vila Rica. En la época de la fiebre del oro, a principios del siglo XVIII, se sacaban grandes cantidades del preciado metal que pagaron toda clase de lujos. Vinieron los mejores arquitectos que construyeron la ciudad al estilo colonial portugués, junto a grandes Iglesias barrocas. Trajeron preciados materiales de Inglaterra y de la India. En esta época, Vila Rica, la actual Ouro Preto tenía sobre los 110.000 habitantes, mientras que Río de Janeiro tenía 20.000 y Nueva York 50.000. Ello destaca la importancia de Ouro Preto como motor económico de mediados del siglo XVIII en Brasil.

El oro bajaba de las montañas hacia el mar, por una Estrada Real, que todavía puede recorrerse, llegando a Paraty, una preciosa ciudad. No obstante, más adelante, la ruta se desviaría hacia Río de Janeiro.

En Minas Gerais, pueden descubrirse pueblos preciosos, rodeados de montañas a una altitud de unos mil metros, donde por las mañanas y las noches hay que abrigarse y eso también se agradece después de viajar por el caluroso Brasil.

Los pueblos que yo recorrí fueron Tiradentes, Sao Joao do Rei, Ouro Preto y Paraty.

Tiradentes es un pueblo más pequeño que los demás y eso le otorga un encanto especial. Su nombre tiene una historia curiosa, pues “Tiradentes” en castellano significa “sacamuelas”. Resulta que le pusieron este nombre en honor a un Teniente que tenía grandes habilidades dentales y que promovió el espíritu revolucionario (pues en esta época en Francia se fraguaba la Revolución Francesa) que en esta región se denominó “inconfidencia mineira”. Lógicamente Portugal, que recibía un buen pellizco del oro que de aquí se extraía, acalló este movimiento llevando al exilio en Africa a sus precursores y, concretamente a “Tiradentes” lo mandaron descuartizar en una plaza de Río de Janeiro.

La belleza de Tiradentes dejo que la describan las fotografías anteriores que acompaño. Excepto las dos primeras que son de Ouro Preto.A veces más vale una imagen que mil palabras.

De Tiradentes tomé un antiguo tren a vapor del siglo XIX que hacía el trayecto hacia Sao Joao do Rei. Un interesante paseo que te traslada a otros tiempos por esta región de Minas Gerais. Se llamaba "Maria Fumasa" (María la fumadora) por el humo que desprendía.

Sao Joao do Rei también tiene un centro histórico muy bonito, aunque la ciudad ha crecido demasiado dispersándose demasiado. Aquí abajo más imágenes de Sao Joao do Rei.

Pero para mí, la ciudad colonial más bonita y donde me encontré muy a gusto, con sus calles empedradas, con empinadas subidas y bajadas, con bonitas iglesias en cualquier esquina y casas de colores, fue Ouro Preto. Sus calles invitaban a paseos románticos a soñar en otros tiempos con sus fachadas de colores pastel y sus claros cielos azules. Ya he dicho que las dos primeras fotografías del post son de Ouro Preto. Ahora os muestro alguna más.

Y finalmente hablaré de Paraty, que era el último lugar donde llegaba el oro antes de partir vía marítima, y que yo fui la primera que visité, pues venía de Río de Janeiro.

Paraty también me gustó mucho pero quizás era la más turística de todas, pues desde allí salen muchas excursiones hacía islas cercanas. Sus calles son preciosas y por la noche tiene la particularidad que algunas de sus calles se inundan por la subida de la marea.

En Paraty coincidí con unas fiestas de la “cachaça”, el famoso licor brasileño que extraen de la caña de azúcar y con la que se elaboran las sabrosas caipiriñas. Una tarde que salí a pasear a la luz de los faroles por las calles de Paraty, antes de irme a dormir, empecé a oír tambores. Pensé que no estaba en Salvador, pero en Brasil es fácil escuchar todo tipo de percusiones en las calles, así que hacía allí me dirigí y empecé a ver circular a gigantes y cabezudos moviéndose al ritmo de la música. Cantaban algo relacionado con la cachaça pero que no llegué a entender del todo. Los seguí hasta que llegaron a un recinto donde bailaron y pude degustar la famosa cachaça destilada en estado puro. Y con esa “alegría” en el cuerpo me fui a “mis humildes aposentos” a dormir como un tronco.

Pido disculpas si tardan en publicarse mis posts, pero ya estoy en Africa y desde aqui es mas dificil entrar en el Blog y publicar ademas ultimamente el Blog del Pais no funciona muy bien y no me deja acceder, pero tengo ya otros posts escritos: los ultimos sobre Brasil y el primero sobre mi entrada en Africa. Hasta pronto pues.

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08 Sep 2011

BRASIL (5ªParte): RIO DE JANEIRO E ISLA GRANDE, DOS MARAVILLAS DE BRASIL

Escrito por: lorenzo el 08 Sep 2011 - URL Permanente

Desde Salvador de Bahía quería adentrarme en el interior de Brasil, en la provincia de Minas Gerais, en bonitos pueblos coloniales rodeados de montañas, pero al viajar en autobús tenía mala combinación desde Salvador, y en cambio mucho mejor desde Río de Janeiro más al sur. Como Salvador y Río son importantes ciudades de Brasil y muy turísticas pude encontrar un vuelo muy barato. Así, sobre la marcha, cambié la ruta. Bajaría a Río de Janeiro para luego subir hacia Minas Gerais, dirección a Brasilia.

De Río de Janeiro también me habían hablado muy mal respecto a la seguridad y también llegué al anochecer. Pero por suerte me fue fácil llegar al hostel que estaba en la calle de atrás de la playa de Copacabana.

Panorámica Playa Ipanema.

A Río la llaman la ciudad maravillosa y muchos la catalogan en una de las ciudades más bonitas del mundo. No entraré yo en esa discusión… pues está claro que es Barcelona, pero es cierto que Río de Janeiro es afortunada por su el entorno natural donde está ubicada, entre selva tropical, enormes formaciones rocosas, como el famosísimo “Pan de Azúcar” y largas playas con fabulosas olas y fina arena. Y es una de las ciudades donde no me importaría vivir unos años.

Subiendo al Pao de Açúcar.

Durante los días que estuve en Río subí al monte Corcovado, donde está el Cristo Redentor más grande del mundo (bien, he leído que en Polonia acaban de construir uno mayor), y donde hay las mejores vistas de la ciudad con el Pan de Azúcar al fondo.

Subir al Pan de Azúcar, sobretodo al atardecer, también te da otra preciosa perspectiva de la ciudad de Río de Janeiro.

Pasear por el paseo de sus largas playas es otra encantadora afición de los cariocas (carioca es el gentilicio de los habitantes de Río y significa "roca", cuando vi la ciudad lo entendí) y de sus visitantes. El fin de semana cierran el tráfico de la calle junto al paseo de las playas y todos se dedican a ir en bicicleta, hacer footing o simplemente caminar. Claro, otros prefieren jugar a voleibol en la arena de la playa o hacer surf, dos grandes aficiones en Río.

Pero como las ciudades me cansan, por muy fabulosas que sean, me dirigí a una isla preciosa a tres horas de Río, la maravillosa Isla Grande. Que lugar más bonito. Después de tanto asfalto, tráfico y ruido, ir a parar a este remanso de paz fue todo un acierto. En Isla Grande solo se puede llegar en Ferry y no circulan vehículos, así que hay que ir a todos sitios a pie o en barca. Yo opté por caminar y la Isla me sorprendió.

Existen muchos senderos entre espesa selva tropical, senderos exigentes que suben y bajan por la ondulada orografía de la isla, pero que realizas encantado al pasar bajo altas palmeras o entre cañas de bambú. Y cuando llevas un buen rato caminando el sendero va a parar a una playa maravillosa.

En cuatro días no pude ver toda la isla, pues como su nombre bien indica, es grande. Pero fue suficiente para que me conquistara.

Y de aquí me fui a una precisa ciudad llamada Paraty, pero prefiero hablar de ella en el siguiente post que dedicaré a las ciudades coloniales fruto de las minas de oro y de la provincia de Minas Gerais. Hasta entonces pues.

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03 Sep 2011

BRASIL (4ªParte): SALVADOR DE BAHIA...LA MAGIA DE AFRICA EN BRASIL.

Escrito por: lorenzo el 03 Sep 2011 - URL Permanente

De regreso del paraíso, o sea, de la isla de Fernando de Noronha, aterricé en Recife, una inmensa ciudad con pocos atractivos para este viajero que os escribe. Por eso me fui a una pequeña joya que se encuentra a escasos seis kilómetros de Recife. Esta joya se llama: Olinda. Parece mentira que tan cerca de la gran urbe de Recife se encuentre un lugar tan bonito y con tanto encanto como Olinda. Aquí pase unos días muy agradables y tranquilos antes de irme a Salvador de Bahia, de la que había oído opiniones para todos los gustos. Para algunos, la ciudad por excelencia de Brasil, para otros un lugar decadente con problemas de drogas, robos y otros tipos de delincuencia.

Llegué a Salvador cuando había anochecido (en Brasil sobre las seis y media de la tarde) y me dirigí al hostel con los ojos bien abiertos. Enseguida se me acercó algún muchacho local ofreciendo su ayuda (por supuesto, después de tanto viajar ya se distinguir que tipo de “ayudas” son o no son altruistas y ésta era de las del segundo caso). La rechacé, pero me seguía hablándome de los lugares por los que pasaba. Se estaba trabajando la propina…pero bastó una pequeña explicación para que me dejara como un caso perdido. Le dije: ¿tu crees que si tuviera dinero vendría caminando cargado con la mochila buscando el hostel? Si tuviera dinero vendría en taxi. Me miró y al ver claro que no tenía nada que sacar me dejó tranquilo. Así llegué a un entrañable y bonito hostel en el centro del Pelourinho, llamado Laranjeiras. Me gustó este nombre que en portugués proviene de Naranjas. Fruta que me encanta. El Pelourinho es la zona más bonita de Salvador de Bahía. Es el casco histórico de la ciudad que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Es un barrio realmente bonito, colonial y con las fachadas pintadas de vivos colores y las calles empedradas.

Pero lo mejor de Salvador de Bahía no es eso. Lo mejor es su cultura africo-brasileña que transmiten sus calles. Con esas mujeres bahianas,

o los bailes de capoeira que pueden verse en cualquier plaza, o los rituales de candomblé que también pude contemplar. No me alargaré explicando que es la capoeira o el candomblé, pero ambos tienen fuertes raíces africanas.

Pero lo mejor de Salvador, para este aprendiz de viajero, son las batucadas. Había oído hablar de ellas, incluso sabía que Michael Jackson gravó en Salvador con un grupo de batucadas una famosa canción titulada: “They dont care about you” (quien quiera puede disfrutar de este video en youtube). Pero como todo en la vida…nada mejor que vivirlo en directo, verlo y oírlo por uno mismo. Tuve suerte, pues no hay batucadas todos los días y al segundo de estar allí, salí a la tarde a pasear por el Pelourinho y empecé a oír tambores en una de las calles. Con unos amigos españoles que hice en el hostel, nos dirigimos para allá y fue increíble, como el ritmo de los tambores se te mete en el cuerpo y te hace bailar sin poder resistirte. Y eso sería el inicio de una mágica tarde-noche, de música, baile y caipirinyas por las calles de Salvador.

Sentado en las escaleras de una bonita plaza de Salvador, observando como anochecía y se iluminaban los antiguos faroles de sus calles, viendo la luna llena que aparecía sobre las coloridas fachadas pensé… a Michael le hubiera gustado volver aquí. Que cosas más tontas pasan a veces por la cabeza de este viajero. Quizás la explicación sea que Salvador te transmite tanta vida… y el mito M. Jackson lo vivió tan intensamente… que ahora… bueno ahora no creo que pueda vivir nada intensamente… es lo que tiene la muerte. Os recomiendo encarecidamente ver el video que antes he citado…, vereis a un mito de la música en el pelourinho de Salvador de Bahía junto a la batucada cantando intensamente...quizás así me entenderéis.

Siento no tener más y mejores fotografías de Salvador de Bahía y de la batucada… pero por razones de seguridad no saqué ningún día la cámara reflex y tampoco estuve muy pendiente de las fotos…. Quizás fue el encanto de la vida de Salvador que me hipnotizó.

Y nos vemos en el próximo post que será desde Río de Janeiro. Hasta pronto.

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26 Ago 2011

BRASIL (3ªParte): ISLA DE FERNANDO DE NORONHA...Belleza!

Escrito por: lorenzo el 26 Ago 2011 - URL Permanente

La isla de Fernando de Noronha está a unos 400 kilómetros de la costa de Brasil. Es como la cresta de un volcán que se eleva en medio del océano atlántico y es un lugar precioso que me recordó a alguna isla de las Galápagos, lo que es mucho decir, pues tengo a las Islas Galápagos como las más bonitas que he visto nunca. Pues en Fernando de Noronha me sentí feliz ante tantas playas tan bellas y estéticas, con aguas cristalinas, con farallones de roca volcánica junto a las playas, con cientos de tortugas en sus aguas y diversas clases de tiburones que podía ver con unas simples gafas de snorkel.

Ir a Fernando de Noronha es caro pero pensé que estando tan cerca, ya en Brasil, tenía que hacer el esfuerzo por visitarlas y el esfuerzo (económico) valió la pena y lo compensó con creces. Y digo que la visita a esta isla brasileña es caro pues los vuelos son más caros que cualquier otro viaje por Brasil. Cuando llegas a Noronha te hacen pagar una tasa por cada día que te vas a quedar en la isla (y lo averiguan con tu vuelo de regreso). Una semana sale por unos 150 euros, pero si uno se queda un mes le sale por unos 1500 euros, pues la cuota es progresiva, o sea, más euros contra más días te quedas. Además no puedes quedarte en la isla a no ser que te cases con alguien de allí. Luego los alojamientos son también caros así como la comida que toda tiene que llegar de fuera. No obstante, yo encontré alojamiento en una casa privada de una mujer que alquilaba habitaciones y como podía utilizar su cocina, así gasté menos de lo esperado…


No obstante, lo que ahorré de esta forma me lo gasté buceando… y allí bucear era carísimo, sobre unos 70 euros cada inmersión. Solo hice cuatro, pero tuve suficiente para disfrutar de los fondos marinos de Fernando de Noronha.

Que la isla sea tan inaccesible económicamente (cosa que critico pues muchas personas no podrán visitar esta joya de Brasil) tiene sus efectos positivos y es que en la isla hay poquísima gente. Caminas por las playas y parece que estás tu solo. Yo estuve en muchas bañándome y tomando el sol y en toda la mañana no vi a nadie. Eso te hace disfrutar de sus aguas, de sus playas y sus aguas de una forma muy intensa.

No se borrarán de mi memoria playas y bahías con nombres como: Do Sancho, Dos Porcos, Dos Irmaos, Do Leao, Golfinhos, etc… Por cierto, en la isla vive una comunidad inmensa de delfines (que allí llaman “golfinhos”) de tipo rotador o tornillo. Se llaman así porque cuando saltan del agua hacen un salto giratorio en el aire muy espectacular. Pude verlos en acción sobre y bajo el agua. Increíble Fernando de Noronha. Si buscáis una isla paradisíaca por el mundo, esta podría merecer este calificativo.

Los brasileños tienen una expresión muy característica, que es: i Belleza !. La dicen todo el tiempo, como nosotros diríamos: “bueno”, o los latinos dicen “chévere” o los ingleses: “nice”. Pues en Noronha, esta bonita expresión: BELLEZA, tiene todo su sentido, y la utilizan más que otros lugares.

Y de aquí me voy a Olinda y Salvador de Bahía… desde allí os escribo… belleza!

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19 Ago 2011

BRASIL (2ªParte): MÚSICA, COLOR Y PAISAJES

Escrito por: lorenzo el 19 Ago 2011 - URL Permanente

Después de Belem do Para donde finalicé el viaje por el río Amazonas me dirigí a Sao Luis, una bonita ciudad colonial (su centro histórico), con calles empedradas, casas coloniales pintadas de color pastel.

Muchas fachadas también estaban bellamente embaldosadas, tanto era así, que decidí tomar fotografías de esas ventanas (janelas, en portugués) tan bonitas.


Por la tarde y noche, en Sao Luis se empezaba a escuchar música por las calles, alguien tocaba en directo frente algún bar o junto a unas escaleras. Paseando también oía salir música por alguna ventana y como allí las puertas están abiertas, subí y descubrí que estaban ensayando “capoeira” y te dejaban sentarte y presenciar sus ensayos. La “capoeira” es una mezcla entre arte marcial y baile tradicional de los esclavos. Éstos la iniciaron como arte marcial pero por su prohibición y represión la camuflaron como baile y así ha llegado hasta nuestros días. Otro día por la noche pude ver como celebraban una fiesta del buey en las calles. Ya había oído hablar de esas fiestas, pues en Parintins, a orillas del Amazonas, se celebra en junio uno de esas fiestas y es la segunda fiesta más famosa de Brasil después de los Carnavales. Estas fiestas tienen su origen en el culto por la tierra y su trabajo con las mezclas evidentes de música, color y baile de que se ha ido enriqueciendo. Se disfrazan de buey y todo se convierte en una gran fiesta.

Calles de Alcántara.

De Sao Luis visité un pequeño pueblo llamado “Alcántara” en una excursión de medio día. Se accede a este pueblo en ferry, pero tuve la suerte que estaba completo y, por el mismo precio, se podía ir en un catamarán… a vela. Fue una agradable sorpresa volver a navegar a vela ya que desde el Caribe no lo hacía y me encantó durante una hora volver ha moverme por la fuerza del viento. Por cierto, Alcántara resultó ser un bonito pueblo con mucho colorido y arquitectura colonial.

Después me fui a visitar el Parque Nacional de los Llençois de Maranhenses, un lugar precioso. “Llençois” en portugués significa sábanas y es que el lugar en una inmensidad de dunas de arena blanca, que en su interior alberga maravillosos lagos de agua dulce y cristalina.


Dichas dunas discurren junto al océano atlántico por el este y por unos ríos al oste. Durante dos días pude recorrer y conocer un poco este Parque que fue una de las cosas más bonitas que vi.

De Sao Luis me fui hasta Fortaleza, que a pesar de que es famosa por sus playas, a mi me resultó fea y sin interés. Pero tuve que parar allí pues llegué en autobús después de muchas horas. Me fue bien para descansar y preparar mis siguientes etapas en el viaje. Cuando viajas por tu cuenta y durante tanto tiempo siempre tienes que dedicar días a planificar la ruta, reservar vuelos o transportes o lugares donde dormir… y siempre aprovecho a estar en algún lugar “anodino” para realizar estas tareas, de hecho en Fortaleza hice una de mis mejores “inversiones” en mi ruta por Brasil, que fue comprar los vuelos hacia Fernando de Noronha.

Vista aérea de Natal.

Después de Fortaleza me dirigí a Natal y Pipa, dos lugares más interesantes que Fortaleza, como destino de playa.

Playa de Natal con el Morro do Careca al fondo.

Sobretodo me gustó Pipa, con bonitas y más tranquilas playas, alguna de ellas, como “madeira” donde puedes bañarte con los “golfinhos” (delfines) si deciden acercarse lo suficiente a ti.

Yo tuve uno a pocos metros. Pipa es mucho mas tranquila que Natal y uno puede disfrutar más de las playas sin encontrar tanta gente.

Panorámica playa Pipa.

Y mi siguiente etapa de viaje fueron las Islas de Fernando de Noronha, pero les dedico mi siguiente post, pues se merecen uno para ellas solas. Hasta la próxima.

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07 Ago 2011

BRASIL (1ªParte): LA AMAZONIA

Escrito por: lorenzo el 07 Ago 2011 - URL Permanente

Me es muy difícil escribir un post, que debe ser algo breve, claro y directo, sobre un lugar por el que he viajado durante más de un mes y donde he tenido experiencias intensas. Y es que esta región del Planeta, bañada por uno de los ríos más caudalosos y largos del mundo te hace vivir profundamente cada momento. Es una región de la Tierra que se ha mitificado con el paraíso, por la inmensidad de vida que contiene en su interior, por su exultante verdor, por la gran cantidad de agua que alberga, pero que cuando estás junto a la Selva amazónica es lo más alejado al paraíso. Pero extrañamente te atrae.

La misma sensación me produce los desiertos o algunas islas remotas. Me atraen poderosamente, me arrastran como si de un imán se tratase y cuando estoy ante su majestuosidad me quedo fascinado pero pronto me hacen ver que allí es más fácil perecer que sobrevivir.


Al estar junto a la selva amazónica navegando sus ríos uno se da cuenta quien es y de donde viene. Uno no está hecho a ese calor húmedo y pegajoso, ni tu sangre que atrae a todos los insectos y mosquitos, la mayoría de ellos transmisores de enfermedades mortales. Y si sobrevives a los bichos más pequeños, todavía tendrás que luchar contra anacondas gigantes y otra clase de serpientes, a los tigres (como aquí llaman a los pumas y jaguares), a los cocodrilos y otros peces que se introducen en tu cuerpo cuando te bañas.

La selva amazónica no es un paraíso pero, como muchos desiertos, me atrae y a la vez me inquieta.

Para conocerla un poco mejor, cuando llegué a Manaos, en Brasil, desde Venezuela me fui hacia la “triple frontera”, 1.500 kilómetros río Amazonas arriba. La triple frontera es una ciudad donde se encuentran: Tabatinga (de Brasil), Leticia (de Colombia) y la isla de Santa Rosa (de Perú). En Leticia estuve una semana, me encontré muy a gusto, quizá por ser colombiana. Allí me encontré con viajeros españoles y con mi amigo Jaime que vino de España para recorrer el Amazonas conmigo. Fue una suerte para mi este encuentro pues pude pedirle que me trajera unos libros sobre El Amazonas y en un mes me los leí todos. Por eso también se me hace difícil sintetizar tantas emociones en tan poco espacio. Son libros que recomiendo encarecidamente, para quien quiera conocer un poco más esta parte del mundo. Son: “El precio del paraíso”, de Manuel Leguineche; “El río de la desolación”, de Javier Reverte; “El Río” de Wade Davis; “La Vorágine” de José Eustasio Rivera, y quise leerme, pero no tuve acceso a el, “El sueño del Celta” de Mario Vargas Llosa. Al que si pude acceder y me gustó releer fue al gran maestro Joseph Conrad, en el Corazón de las Tinieblas.

Con este viaje por la Amazonía y la lectura de estos libros uno aprende que la riqueza de esta región no es solo de agua y vida natural. La riqueza también era, y es, humana. Pero que como todos los lugares ricos de la Tierra, son exprimidos y masacrados por el más fuerte del momento y en el Amazonas hubo mucho sufrimiento y muerte. El descubrimiento del caucho y su utilización para hacer neumáticos de automóvil, a finales del siglo XVIII y en el siglo XIX, constituyó una de los más vergonzantes episodios de dolor y destrucción de la historia por parte los países ricos a una de las zonas más frágiles del planeta. No hemos aprendido la lección, pues en la actualidad tenemos los mismos episodios igual de vergonzantes, por productos como el petróleo, el coltán, la madera, etc. Pero como casi siempre, se valora más la riqueza económica que la humana y así nos va. Se destruyeron tribus con sus lenguas, sus costumbres y su sabiduría sobre la selva. Y es que la Selva, como los desiertos, si no las conoces te puede matar en semanas, pero si aprendes lo que la gente de allí sabe, puedes vivir en libertad y en consonancia con la tierra. Cada planta, arbusto u hoja de árbol sirve para curar todo tipo de males y enfermedades. La tierra es muy fértil, tanto que dicen que si tiras un lápiz crecerá un árbol. Pero esa sabiduría se está perdiendo. En Brasil pude ver como dan ayudas económicas a ciertas tribus para que vayan a vivir a la ciudad y aprendan el portugués. Así dejan sus comunidades indígenas y pierden su cultura y tradiciones. Pronto llevan un teléfono móvil y ven la televisión. Eso lo puede ver en Atalaya do Norte, un pequeño pueblo, a tres días en barca por el estrecho río Jabarí. Todavía llevaban tatuajes en la cara pero ya empezaban a hablar en portugués y a abandonar sus comunidades.

El resto de mi viaje transcurrió en lentos barcos que descendían el río Amazonas haciendo paradas en diferentes ciudades. Dormíamos en hamacas, unas doscientas personas bastante apretadas.

Tardé unos 8 días en recorrer el tramo desde Leticia, Manaos y a Santarem. Aquí me relajé en un precioso lugar llamando Alter do Chao, en unas playas preciosas que se forman a orillas del río Tapajós y también caminé por esta linda floresta. Luego descendí hasta Belem do Para y de allí finalicé mi viaje en la desembocadura del Amazonas, en una isla llamada, Isla de Marajó.

Me gustaría escribiros sobre como es la selva y este poderoso río, pero si me lo permitís me ayudaré de las palabras de Conrad que describió una selva y un río similar (él lo hizo por el río Congo).

Navegando por el Amazonas, observaba la costa, “observar la costa mientras se desliza ante el barco, es como pensar en un enigma. Allí está ante ti, sonriente, ceñuda, insinuante, grandiosa, mezquina, insípida o salvaje, y siempre muda, con aire de estar susurrando: ven y descúbreme”.

Navegar aquel río “era como regresar a los más tempranos orígenes del mundo, cuando la vegetación se agolpaba sobre la tierra y los grandes árboles eran los reyes. Un arroyo seco, un gran silencio, un bosque impenetrable. El aire era cálido, espeso, pesado, perezoso. No había júbilo alguno en la brillantez de la luz del sol”.

“La corriente fluía mansa y rápidamente, pero una muda inmovilidad cubría los márgenes. Los árboles vivientes, aprisionados por las enredaderas y por cada uno de los arbustos vivientes de la maleza, podrían haber sido convertidos en piedras, hasta la rama más delgada, hasta la hoja más liviana”.

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