25 Mar 2013
UN MUNDO PEQUEÑO (viajando por Panamá)
Cuando viajé a Panamá, hace ya unos siete meses, conocí a una persona especial. Se llama Albert Casals, de Barcelona y se alojaba en el mismo hostel al que yo fui, en la pequeña bahía de Portobello. Muchos de los viajeros que allí llegábamos lo hacíamos con la intención de subir a un barco de vela para que nos llevase hasta Cartagena, en Colombia, pasando por el Archipiélago de San Blas, pues ir por tierra de Panamá a Colombia es, en la actualidad, difícil y arriesgado, ya que no hay carreteras y se encuentra la Selva del Darién, donde si no tienes la suerte de que te ayuden los indígenas Kuna, puedes ser víctima de un secuestro o de cosas peores.
Llevaba unos meses viajando desde Guatemala hacia Colombia por toda Centroamérica y, por lo tanto, sin hablar en catalán. Así que enseguida que conocí a Albert no paramos de hablar en catalán. Pero en este caso el idioma no era lo importante, a diferencia de otras veces donde solo encontrarse a un compatriota es todo un suceso feliz, sino que lo especial en este caso fue nuestro tema de conversación: la AVENTURA de viajar, de vivir, de cumplir sueños, de que nada es imposible.
Yo llevaba casi tres años viajando por el mundo, y ALBERT cinco, y sin él pretenderlo ni siquiera planteárselo, me dio una gran lección. Una lección de fuerza, de vencer obstáculos, pero sobretodo de ilusión. Su lema era sencillo: haz en esta vida lo que te haga feliz. Y él viajando era feliz.
En los días que estuvimos en el hostel nos saludábamos por la mañana y luego hablábamos un rato por la noche. Durante el día Albert se quedaba leyendo en una gran terraza con vistas a Portobello y yo me iba a recorrer sus calles, a ver sus Fuertes, construidos por los Españoles “conquistadores” hacía siglos.
Mientras visitaba este lugar precioso de Panamá pensaba en Albert, en cómo había viajado tanto tiempo y por tantos lugares y de la forma en que lo había hecho. Como me explicó en nuestras conversaciones, él viajaba sin dinero. Dormía en los parques o en lugares recogidos de la calle. Tan solo llevaba una pequeña bolsa con un saco de dormir y pocas pertenencias y utilizaba el autoestop.
A los pocos días encontré un barco a vela que iba de Portobello hacia Cartagena de Indias, en cinco días de navegación y que paraba a visitar las islas del Archipiélago de San Blas… y qué “casualidad”, el capitán del barco era también español, un catalán también. Pensé que había algo raro en todas esas coincidencias… pero sabía, por mi experiencia que cuando suceden hay que seguirlas, pues algo bueno pasará.
A la noche siguiente, hablando con Albert, supimos que seríamos compañeros en el barco que nos llevaría hasta Cartagena, una goleta de madera y dos mástiles llamada Gitana III y su capitán sería Marc. En los días de navegación pasábamos muchas noches hablando Marc, Albert y yo, bajo las noches estrelladas. Luego cuando llegábamos a alguna isla nos lanzábamos al agua para nadar o ver peces con nuestras gafas de buceo.
Albert nunca se quedaba atrás y no dejaba de hacer nada por su situación y es que lo más increíble de su vida es que fruto de una enfermedad cuando era pequeño, había quedado impedido de cintura hacia abajo y viajaba en silla de ruedas.
Cuando llegamos a Cartagena de Indias después de cinco días de navegación y de compartir momentos muy bonitos, bajamos todos a tierra: Marc, y su tripulación, unos ingleses que bebieron todo lo que pudieron y más (y eso sería para otro post, como hay gente que desperdicia las buenas experiencias, bebiendo de más y luego no enterándose de nada) y Albert y yo. Al momento de despedirnos cuando ya serían sobre las doce de la noche todos buscamos un hostel para dormir, cuando Albert dijo: “Yo me quedo aquí mismo, en aquel lugar resguardado”, señalando un rincón de una calle. Toda una lección de adaptación… pero Marc no le dejó y se lo llevó al Barco una noche más. Muchos días después de despedirnos pensé en Albert, sobretodo algunas noches mientras dormía en mi cómodo colchón, aunque éste fuera de un viejo hostel destartalado y en una habitación compartida por otros viajeros.
Como dije al principio, por su ilusión por viajar, por vivir, por hacer sencillo lo que a muchos les parece fácil… me dio una gran lección.
Hoy por “casualidad” me enteré que en los cines de Barcelona hay una película (o documental) sobre su vida que se titula: UN MÓN PETIT (MUNDO PEQUEÑO). He visto el tráiler en este enlace web: http://www.monpetitfilm.com
y me he emocionado. Fue una suerte haber coincidido en mi viaje con él y aprender un poco más sobre la actitud que deberíamos tener ante la vida. Todo un ejemplo. Cuando pueda, pues estoy en Chile, intentaré ver esta película, que estoy seguro me encantará.
Buenas noches y buenos viajes.
PD. El título del post i del Documental "Un Mundo Pequeño", me hace reflexionar que quizás sea un poco verdad... pues eso de encontrarnos tres catalanes (Albert, Marc, el capitán del barco) y yo en Portobello, una pequeña bahía de Panamá... es mucha casualidad... o no!
12 Ene 2013
PAISES VISITADOS
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21 Sep 2012
HONDURAS: MUCHO MÁS QUE CARIBE
Siguiendo nuestra ruta centro americana, cada día un poco más enamorado, de Río Dulce en Guatemala nos adentramos en Honduras. Se podía ir por la costa vía marítima, desde Livingston a Puerto Barrios (en Guatemala) y luego hacia Puerto Cortés (Honduras). Pero aunque las distancias por mar son más cortas, es más rápido y práctico hacer una ruta más larga vía terrestre, pues con un solo autobús te plantas de Río Dulce a San Pedro Sula en Honduras en unas pocas horas. San Pedro Sula es una gran ciudad con poco interés para el viajero. Solo vi multitud de gente arriba y abajo y a cada puerta un vigilante armado hasta los dientes. Cada ventana estaba enrejada y las fachadas con alarmas o alambres de pinchos o electrificados. Vaya, nada inspirador para quedarse, así que sin perder tiempo nos dirigimos a La Ceiba, punto neurálgico hondureño para visitar las preciosas Islas de la Bahía. Estas Islas están formadas por tres Islas: la famosa y turística “Roatán”, Utila y Guanaja. Y más hacia la costa se encuentran los preciosos “Cayo Cochinos”.
Me moría de ganas de bucear y el lugar elegido fue Utila, isla menos turística que Roatán y por tanto con menos “glamour” (cada vez menos me gustan los lugares turísticos que parecen “parques temáticos” tipo Disneyworld, con el mismo tipo de gente, de cadena de restaurantes, de tiendas y todo tan limpito y ordenadito). Utila es la isla de los mochileros o sea, con menos gente y más espontánea. Cual fue mi sorpresa al ver que como todo el mundo iba a bucear a Roatán, los centros de buceo de Utila se “peleaban” por cada posible buceador. Todos sabemos que esas “peleas” entre las empresas pueden acabar en un sustancial beneficio para el consumidor y usuario, ese es el buen funcionamiento de las leyes económicas de la “oferta y la demanda” (a no ser que las empresas se pongan de acuerdo con los precios… como hacen en mi país, y muchos otros con total permisividad de los políticos, operadoras de telefonía, gasolineras, etc…). Ello propició que por dos cientos dólares (unos 156 euros) tuviera un paquete de 10 inmersiones y….lo mejor de todo, alojamiento gratis. Si, habéis leído bien la palabra “gratis”, palabra que pensaba ya estaba en total desuso. En cuanto al buceo tan bueno es en Roatán como en Utila pues se trata de los mismos arrecifes de coral y con la misma fauna marina. Eso también me contó un argentino que conocí que buceó en las dos islas. El buceo en el caribe, como ya he escrito en otros posts, es bueno, no excepcional (considero buceo excepcional el de Galápagos, Indonesia, Maldivas, Australia, etc, o sea en el Indo-Pacífico). Sus aguas son claras, cálidas, con arrecifes en muy buen estado y con mucha vida marina de pequeño y gran tamaño. En las Islas de la Bahía es posible ver al siempre deseado Tiburón Ballena, pero cuando yo estuve no era la temporada de su estancia por estas aguas. Todo no puede ser.
Pero debo confesar que lo mejor para mí fue bucear con alguien a quien quiero. ¿Recuerdan el post anterior? Pues sí, sigo enamorado. Siempre he considerado algo muy especial la actividad de bucear, los que me conocen lo saben muy bien. No es mi intención explicar ahora lo que uno siente cuando bucea, quizás lo haga en alguno de mis posts de reflexión, pero en la mayoría de mis viajes he tenido que bucear con “desconocidos”, compañeros de unos días. Y bucear con tus amigos, no solo es especial sino que convierten el buceo en algo extraordinario. ¿Qué adjetivo utilizar pues para definir lo que sentí al bucear con quien especial? Bueno, comprobarlo y me ayudáis a encontrar el adjetivo en cuestión. Eso si, ella ni se enteró de mi emoción… no me hizo ni caso, iba a la suya… si, suele pasar!!! Aunque debo reconocer que acababa de sacarse el “open water” (primer nivel del título de buceador que otorga PADI) y estaba más pendiente de la persona que nos hacía de guía que de mi… y eso que soy “Dive Master”, que le vamos a hacer, pero como suelo pensar… el feliz en esta vida es el que ama y no el amado, aunque si se dan las dos cosas es “la leche”.
De Utila, sus playas y sus aguas, nos fuimos a conocer los “Cayo Cochinos”. Foto anterior y la de Portada. ¡Qué curioso nombre!, ¿quizás porque en esas diminutas islas los piratas dejaron a “cochinos” a modo de despensas alimenticias para cuando regresaban al menos eso he leído que solían hacer y es bien sabido que estas costumbres arruinaron la flora y la fauna de islas tan maravillosas como las Galápagos o Mauricio (en ésta desapareció la extraña ave del “Dodó” y en Galápagos, tortugas y otros animales autóctonos. Leí recientemente que falleció el solitario Jorge, único ejemplar que quedaba de una de las islas ecuatorianas. Pérdidas por causas humanas irreparables.
Después de cayo cochinos nos fuimos hacia la Moskitia o también conocida como la “Costa de los Mosquitos”. El nombre no le viene por los “mosquitos”, que los hay, sino por los indígenas que habitan estas tierras llamados “miskitos”. Quizás los colonizadores transformaron el nombre por “mosquitos”. En la Moskitia no hay carreteras asfaltadas y para llegar se precisa de un mínimo de dos días y mucha paciencia, pues no hay horarios de transportes. Llegas a un lugar y tienes que esperar a que alguien te lleve hasta el siguiente punto y así muchas veces. De hecho no recomendaban viajar a estos lugares de forma independiente (alguna guía incluso decía que era peligroso ir por tu cuenta). En la Ceiba había agencias que te organizaban el viaje por una sustanciosa cantidad de dólares. Nosotros decidimos ir por nuestra cuenta pues no somos viajeros cándidos temerosos, no es que haya que ser imprudentes tampoco, antes nos informaron de que era una zona segura, pero ya he dicho en alguna ocasión que ciertas guías de viaje desinforman más que aconsejar. Lo cierto es que en esos lugares que dicen “peligrosos” las guías son los más auténticos para viajar, pues no van turistas, solo viajeros interesantes y las gentes suelen ser más acogedoras y amables con los que llegan hasta esos recónditos lugares. Para llegar a Las Marías, en la Moskitia, en pleno bosque lluvioso, un lugar virgen y nada explotado, primero hay que tomar un bus de 3 o 4 horas desde La Ceiba hasta que se acaba el asfalto. Allí hay que esperar a subirse a unas pick-up, los 4x4 con la parte de atrás abierta, hasta que la llenan de mercancías y ocupar una de las plazas. No sale hasta que todo está repleto tanto de personas como de enseres, por tanto no hay hora de salida. Luego, por un camino de tierra y arena de playa, hay 7 horas de ruta. Dicha ruta baja por la costa de Honduras paralela al mar Caribe. Además como no hay a penas infraestructura, los ríos que bajan hacia el mar hay que bordearlos como se pueda o cruzarlos con barcazas sujetas a un cable.
Esta parte de la costa hondureña es mayoritaria garifunas, indígenas de los que ya hablé en el anterior post.
Así se llega hasta la laguna de IBANS, pero el viaje no ha concluido. El pick-up te deja frente a la laguna y debes tomar una pequeña embarcación a motor, en nuestro caso era un tronco vaciado y en 2 horas te deja en la población pequeño poblado garifuna de RAISTA donde hay una pequeña construcción de madera adecuada para que duerman los viajeros que se adentran en esta zona. Poblados vecinos tienen nombres como “Jerusalén”, “Israel”, etc, curioso! Raistá es un bonito lugar, pues es una lengua de unos 100 metros de tierra, más o menos, con frondosa vegetación y árboles frutales como mangos, etc, y que por un lado tiene el mar caribe, playas larguísimas desérticas y por el otro lado tiene el inmenso lago de agua dulce de la laguna Ibans.
Y además suele llover bastante, así que quien tenga fobia al agua, que se aleje de este lugar. Pasamos unas buena estancia en Raistá y al día siguiente tomamos una embarcación similar a la del día anterior, o sea, un tronco vacío que tenía instalado un motor y nos adentramos de la Laguna Ibans al río Plátano
y después de siete horas de ascenso por el río, precioso, salvaje, donde se pueden observar tortugas, castores, algún cocodrilo y muchas aves, se llega al pueblo de Las Marías.
Muchos de los que llegan hasta aquí hacen unas caminatas de varios días hasta el Cerro Azul o el Cerro Báltimor. Nosotros preferimos pasar el tiempo con las gentes de este remoto lugar, como con Joaquín, quien nos dio hospedaje en una humilde casa de madera levantada por altos troncos de madera. Joaquín además tenía una pequeña tienda en Las Marías y con su trabajo está sacando los estudios de tres de sus hijos. Una persona especial.
No obstante allí aprovechamos alguna jornada para recorrer los alrededores, como caminar por bosque húmedo y contemplar la inmensidad de la selva sin ningún asentamiento humano. Selva pura donde todavía pueden encontrarse pumas o tigrillos salvajes y algunos venados.
Río arriba, esta vez sin motor por la escasa profundidad, ayudados de largos palos que había que clavar en el fondo, llegamos a unos misteriosos petroglifos. Unos gravados en unas rocas que al preguntar quién los hizo, nadie sabía, se limitaban a decir: “son muy antiguos”.
A mi me recordaron a símbolos celtas. Aunque se sabe que los piratas ingleses llegaron hasta estas costas del Honduras y ascendieron ríos para abastecerse de agua dulce y alimentos. Unos días después, con pena, nos fuimos de Las Marías, otra vez río abajo hasta Raistá y de regreso a Trujillo y La Ceiba en otro largo viaje. Pero había valido la pena, cansados pero satisfechos nos dijimos que había sido una de las mejores experiencias del viaje. De Trujillo, población caribeña, con bonitas playas en una protegida bahía que fue base de los colonizadores españoles, nos fuimos a La Ceiba para tomar un bus hacia el Lago Yojoa. Un preciso lugar con multitud de atractivos. Nos hospedamos Los Naranjos, concretamente en el www.ddbrewery.com y lo aconsejamos. Desde aquí no solo se puede explorar el lago Yojoa sino también se pueden hacer caminatas a diferentes cataratas, ir a observar aves, explorar el Parque Nacional del Cerro Azul Meambar, ir a unas cuevas cercanas o a las plantaciones de café. Pasamos unos días maravillosos.
Finalmente, decidimos acabar la ruta por Honduras en los restos arqueológicos mayas de Copán, que sin el encanto de Tikal en Guatemala, destacan las bien conservadas estelas mayas (aunque en el recinto arqueológico tienen réplicas y las originales las guardan en un museo que hay que pagar a parte).
Y así dijimos adiós a la aventura hondureña. Mi compañera tenía que irse hacia Chile y yo decidí (como mal novio) seguir mi periplo centro americano por El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Os hablo de estos países en mis siguientes posts. Buenas noches y buenos viajes.
DATOS PRÁCTICOS: Capital de Honduras: Tegucigalpa. Moneda: la Lempira. 25 lempiras equivalen a 1 euro. Dormir cuesta unos 7 u 8 euros en un hostel. Comer la mitad. O sea, es barato para europeos. Es un país seguro fuera de las grandes ciudades, donde con mala suerte podría uno tropezarse con las famosas "maras" o algún delincuente desaprensivo. Vaya como en casi todo el mundo. Pero la gente amabilísima. El destino turístico por excelencia del país es Copán y Roatán. Pero aconsejo descubrir otros lugares como Utila, Cayo Cochinos, la Moskitia o el lago Yojoa. Cualquier pregunta, ya sabéis, suelo contestar todos los mensajes que recibo, aunque sean críticas, pues con las críticas se aprende. El otro día me dijeron que ponía muchas "y" en mis posts y esta vez he sido más comedido. Gracias si habéis llegado a leer hasta aquí.
08 Sep 2012
GUATEMALA: VIAJAR ENAMORADO
Para mí la palabra “viajar” ya encierra en si misma un “enamoramiento”. Viajas porque te enamora el Planeta en el que vives, te apasiona conocer nuevos horizontes, te motiva conocer personas con otras culturas, navegar otros ríos, subir montañas cubiertas de otros bosques o selvas. Decir “viajar enamorado” así entendido es pues, una redundancia. Pero en Guatemala me enamoré de una mujer maravillosa, así que viajé doblemente enamorado y viajar en esas condiciones es como dejarse transportar por las nubes, moverse entre algodones, sumergirse en un océano de aguas cálidas y dejarse llevar por el caparazón de una tortuga.
Y ello es un aviso para navegantes, pues quizás no sea todo lo objetivo que alguien espere en un Blog de viajes. ¿Pero quien busca objetividad? Como dije al principio, viajar es ser un apasionado y para viajar y amar, debes dejar la razón de lado y abrir tu corazón.
Así que, cuando recorrí los yacimientos mayas en Guatemala y pensé en las noticias que leía sobre el final del mundo en el 2012, pensé: qué más me da que se acabe el mundo ahora mismo si soy la persona más feliz del mundo. Bueno no seamos catastrofistas, es cierto que me sorprendieron los restos arqueológicos mayas,
pero no por ello debía creerme que predijeran un final del mundo y si lo predijeron, mucho menos pensé que acertarían. He viajado por numerosos países del mundo y en el momento en que los mayas construían sus pirámides, otras civilizaciones eran mucho más avanzadas. Estamos hablando de una arquitectura que va del 400 AC al 900 DC y donde Egipcios, Griegos y otras civilizaciones eran muchísimo más avanzadas. A pesar de ello, los Mayas, sin ese contacto con otras civilizaciones más avanzadas, por tanto aislados del mundo que los rodeaba, fueron una civilización adelantada en su entorno. Hay que penetrar en esas selvas del norte de Guatemala para sobrecogerse ante su colosal visión del mundo.
Y para mi la palabra “Tikal” me acompañará siempre.
Para ir a Tikal yo recomendaría quedarse unos días en la isla de Flores, en la provincia del Petén. Flores es un lugar precioso, para relajarse a orillas del lago, bañarse o simplemente holgazanear en una hamaca.
Aunque antes de llegar a Tikal, mi viaje empezó por Antigua, que se llama así por ser la antigua capital de Guatemala. Una ciudad colonial preciosa (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO)
rodeada de diferentes volcanes, aunque el más visible es el “Pacaya”, volcán activo al que se puede ascender. Caminar por las calles empedradas de Antigua, entre sus coloridas fachadas o descansar en alguna de sus plazas resulta embriagador.
De Antigua viajamos hacia el Lago Atitlán y nos hospedamos en un alojamiento precioso junto al lago (islaverdeatitlan.com).
A orillas del lago puedes presenciar el espectáculo de la flora y la fauna del lago y de los volcanes en su horizonte y disfrutar de caminatas alrededor del lago, kayak, jugar al dominó en tu cabaña de madera o simplemente contemplar la luna llena o las estrellas de la noche.
Del Lago Atitlán fuimos hacia Chichicastenango, pueblo famoso por tener uno de los más activos y coloridos mercados de Guatemala y también uno de los más antiguos. Dicho mercado se extiende entre dos blancas iglesias
y las callejuelas de su municipio. Me causó curiosidad como todavía existían esos vendedores de “milagrosas” pócimas que con su gran retórica conseguían una buena concurrencia de locales a su alrededor.
De Chichi, nos dirigimos a Nebaj, un pueblito entre las montañas, hacia el norte, en dirección al Petén. Su plaza principal, así como su entorno rodeado de montañas que atrapaban las nubes al atardecer y algunas de sus cascadas son uno de sus atractivos. De Nebaj viajamos a Cobán para desde aquí visitar dos lugares muy interesantes, como unas grutas junto al río Semuc Chimpei y un tramo especial de este río, donde el río pasa subterráneo mientras parte del agua se filtra hacia la superficie haciendo unas piscinas de aguas cristalinas.
Y de Cobán a Flores y Tikal, de las que he hablado al principio. Tikal, Tikal…. aaay!!! Del Petén nos dirigimos al sur hacia el Caribe, concretamente a Rio Dulce. Allí a orillas del lago Izabal uno puede descubrir muchos atractivos de la zona, desde navegar por dicho extenso lago, encontrar cascadas de agua caliente a orillas del mismo o visitar Livingston, un municipio a orillas del caribe con gran cantidad de población “garifunas” que tan solo se puede llegar vía marítima por un pintoresco viaje en lancha o visitar el castillo de San Felipe. Y de Río Dulce nos dirigiríamos hacia Honduras, pero eso ya pertenece a otro episodio de mi aventura centro americana. Buenas noches y buenos viajes. Y si podéis no dejéis de enamoraros… aunque solo sea por la vida, todo adquiere otra dimensión.
Información Práctica: Capital, Guatemala City (aconsejo, no obstante ir directamente en un shutle bus a la cercana y encantadora ciudad de Antigua); Moneda, el Quetzal, 10 equivalen a 1 euro; Dormir en un hostel vale entre 10 a 15 euros –el transporte, la comida, etc- baratísimos; Excepto algún barrio puntual de Guatemala, viajar por el país es muy seguro, la gente es encantadora, amable, acogedora y dispuesta a ayudar al viajero; Idioma, mayoritario el Español que convive con una riqueza enorme de otros autóctonos como el maya; Religión, católica, pero en gran auge la rama evangelista (todos los autobuses tienen expresiones del estilo “Jesús me salvó o Dios es la vida”, etc. Los autobuses conducen como posesos, suerte que son robustos y estables, son los típicos autobuses amarillos escolares norteamericanos, pero pintados con total fantasía de colores); La zona horaria, es de +8 con España.
28 Ago 2012
MARRUECOS: DEL DESIERTO AL ATLÁNTICO PASANDO POR VALLES Y MONTAÑAS.
Marruecos me sorprendió. Decidí ir a visitarlo por varios motivos: el primero porque ya llevaba un mes en casa después de haber estado dos años viajando alrededor del mundo y, una vez abrazado a la familia y amigos y satisfacerme de mis sueños culinarios, me empezó a pesar la rutina del día a día en un mismo lugar y eso añadido al pesimismo reinante en España por la situación económica desastrosa a la que nos llevaron nuestros dirigentes que no supieron (o quisieron) corregir, lo que era evidente por algunos profesionales que iba pasar; el segundo motivo es que Marruecos era uno de esos países africanos cercanos a mi país a la que muchas veces había pensado visitar y la tercera importante razón fue encontrar un vuelo de ida y vuelta a Marrakech por unos cien euros. Así que para sacudirme el adormecimiento que ya empezaba a crecer en mí, subí a un avión que me llevó en pocas horas a otro mundo (como suele pasar cuando alguien viaja a África) y me introduje en todo un universo de color y de perfumes embriagadores.

Marrakech es una ciudad fascinante, atrayente, llena de vida, tanto por el día como por la noche, donde uno se divierte tan solo recorriendo sus bazares, zocos,

Tiene cientos de callejuelas laberínticas y estrechas, por donde circulan peatones, bicicletas, motos y toda clase de artefactos con ruedas o sin ellas. Y otras más tranquilas donde puedes observar a un gato sentado en una alfombra o a alguien orando el Corán.

En la plaza central uno puede tomar zumos de naranja bien baratos o comer a un precio módico. Y también puede ver un espectáculo improvisado de música, teatro o de encantamiento de serpientes.
Hay muchos locales con terrazas que se llenan al atardecer para ver la puesta de sol.

y también se puede contemplar como tiñen las telas, en unas pequeñas pozas malolientes donde se introducen hasta más arriba de la cintura, para posteriormente elaborar sus trabajadas alfombras.

En Marrakech era finales de primavera y hacía ya mucho calor. No quiero ni pensar la temperatura del verano. Mejor no ir en esa época. Siempre había pensado que Marruecos era puro desierto pero de camino a Ourzazate (que en bereber significa “sin ruido” “sin confusión” y que es también conocida como “la puerta del desierto”) descubrí que este país me enseñaría alguno de sus secretos. Uno de estos secretos era “el Atlas”, una gran cordillera montañosa que desde Túnez pasa por Argelia y recorre parte de Marruecos. Geográficamente ya conocía el Atlas y había oído hablar de él, pero una cosa es verlo en un mapa y otra recorrerlo y presenciar su importancia en el paisaje y la vida de un país. Hay que tener en cuenta que su altura máxima es de 4.167 metros, en el sudoeste de Marruecos y que hay picos nevados hasta bien entrado el verano y esas nieves son el milagro del agua que da vida a decenas o centenares de valles del Atlas. Visité alguno de esos valles, con nombres tan sugerentes como “el Valle de las Rosas” o “de Dades”, o el “valle del Draa”, donde en medio de la aridez de un desierto sin compasión aparece una explosión de vida exultante y cautivadora.
Recorrer las sinuosas carreteras del Atlas y de estos valles fue una bonita experiencia para mi. A veces mucha gente me pregunta si habiendo viajado tanto y conociendo tantos países todavía consigo emocionarme y mi respuesta siempre es afirmativa.
Muchos países tienen paisajes parecidos. De hecho, Marruecos tiene muchas similitudes con países que ya conozco como Argelia o Egipto, pero cada uno tiene sus particularidades que le dotan de una personalidad propia, algo que, si afinas los sentidos, siempre te fascinará. En Marruecos esa fascinación, en gran medida, me la provocó el Atlas.
¿Y sino alguien podría imaginarse en un territorio dominado por el desierto unas cascadas tan bellas como éstas? Son producto de las montañas del Atlas y su nombre es de Cataratas de Ouzoud.
En los valles que recorrí, los palmerales de dátiles le dotaban de un verdor y un frescor que apreciabas la importancia del agua en un lugar del mundo tan árido y desértico. Hubo momentos en mi viaje que apacigüé el calor sofocante de la ruta con un baño en alguno de los ríos que bañaban esos valles maravillosos, o que descansé en algún oasis de palmeras a modo de gigantes sombrillas naturales para conseguir un poco de sombra. Y después de recorrer diferentes valles, pueblos, me llamó la atención los Kasbah (enormes castillos construidos con la misma tierra roja del desierto) como este magnífico de la fotografía que es la de “Ait Ben Haddou” a 192 km de Marrakesh.
Recorrerlos es como trasladarse a otra época.
Gracias a mis estudios de francés en mis años académicos, me moví con bastante soltura por el país. Con tanta soltura que incluso pude que sobornar a un policía. No me enorgullezco de ello pero en algunos países si no te espabilas te pisotean. El hecho fue que en Marruecos circulan fatal, no respetan ninguna norma de circulación, pero si eres extranjero te miran con otro rasero y en un momento que me quité el cinturón por el calor (y siempre lo llevaba puesto) me pararon y me amenazaban con una multa exageradísima para el país. Con mi francés le dije que no tenía tanto dinero (obviamente no era cierto) a lo que el policía, que ya se debía conocer la excusa, tomó mi permiso de conducir y me dijo que no me lo devolvía hasta que le pagase. Le dije que tenía que sacar dinero en un cajero y luego añadí que era un turista con pocos recursos, que iba a dormir a un camping y que se fijase en el vehículo que tenía, el más barato de todos. Le debí dar pena porque me dijo que cuanto quería pagar, así que me quedé pensando unos segundos y bajé la cantidad en cuatro veces y aceptó. Como era de suponer tomó el dinero y no me hizo ningún documento de denuncia ni nada, fue directamente a su bolsillo.
Así, entre montañas, valles y largas carreteras con espejismos provocados por el calor llegué a Merzouga, en las dunas del desierto y a pocos kilómetros de Argelia, al este de Marruecos.
Allí, entre ese mar de arena anaranjado si que hacía calor. Había horas del día que era imposible salir a la calle. Por eso las posadas del lugar disponen todos de espacios para descansar en la sombra y de alguna piscina donde bañarse cuando el sol está más alto. Para subirme a las dunas del desierto y poder contemplar el océano de arena del Sahara tuve que ir unas horas antes de la puesta del sol y todo así acabé con todos mis recursos de agua y mis fuerzas, pues no es lo mismo caminar sobre suelo firme que sobre la arena que se te hunde a cada paso. No obstante, como muestran las fotografías, el espectáculo valió la pena.
Y por último, de las dunas del desierto, me fui hacia el oeste, recorriendo algún valle más y llegando a la bonita ciudad de Eussauira, a orillas del Atlántico.
Un atrayente lugar de calles estrechas en un recinto amurallado junto al mar y con largas playas por donde caminar.

Una buena despedida del país.

Y después de Marruecos renacería mi fiebre viajera, no tardaría en volverme a ir, en unos escasos diez días rehice mi mochila partiendo hacia Centroamérica, desde allí os relato interesantes aventuras. Os escribo desde Guatemala. Buenas noches y buenos viajes.
20 Ago 2012
TURQUÍA (SEGUNDA PARTE): MI AMADO MEDITERRÁNEO
Y de esta maravillosa región turca de la Capadoccia, me fui hacia mi amado Mar Mediterráneo que no veía desde que me fui de Cataluña, dos años atrás. El encuentro fue en la ciudad de Antalya y lo primero que hice fue bañarme en sus aguas cristalinas.
Esta es una ciudad preciosa a orillas del Mediterráneo fundada el año 150 AC y tiene un centro histórico llamado “kaleiçi” de estrechas y laberínticas callejuelas a las que se accede por varias puertas, una de ellas, la de Adriano, de gran belleza. Como Antalya forma un golfo al que da su nombre, también se suma la espectacularidad de su entorno, con los picos nevados de los montes Taurus habiendo lugares donde paredes verticales o cascadas caen directamente al mar. Desde Antalya hice dos bonitas excursiones para ver unos restos arqueológicos romanos, uno en Termessos y otro en Aspendos. Éste último tiene uno de los teatros romanos mejor conservados, pero de tener que elegir recomendaría ir a Termessos por su ubicación entre las montañas, en un parque nacional de las montañas Taurus. Ir de forma independiente no es fácil pues el autobús te deja en la carretera principal, a 7 kilómetros de la entrada del lugar, cuando bajé de este autobús, un taxista esperaba que fuera una de sus víctimas y me pidió un precio excesivo para subirme esos 7 kilómetros. Le dije que no aceptaba su diabólica tarifa y empecé a subir caminando. Para disuadirme me siguió con el taxi y a través de la ventanilla bajada me decía cosas como: “es muy lejos…todo es subida y está a 8 km” llegarás arriba muy cansado y muy tarde… y luego tendrás que bajar otra vez”. Intentó rebajar el precio pero incluso así lo encontré abusivo y finalmente se aburrió de mi. La verdad que el camino era caluroso y con una cuesta empinada, pero disfruté del primer kilómetro y medio observando el paisaje e incluso por el silencio del caminar, pude descubrir alguna tortuga. Al rechazar al taxista yo tenía la esperanza de que algún turista me subiese en su coche, pero descubrí que era una carretera muy poco transitada. Pero cuando llevaba unos 2 km. andados pasó un vehículo al que hice autoestop y me subió. Era un matrimonio de alemanes que visitaban el lugar en un coche alquilado. Me fue perfecto y hablando de mi viaje se ofrecieron luego a bajarme. En Turquía es muy fácil y seguro realizar autoestop, lo probé en varias ocasiones y la gente es muy cordial y abierta con el extranjero que los visita. Termesos es espectacular y vale mucho la pena visitarlo.
De Antalya me fui hacia Çirali, a los pies del monte Olimpos, con una bonita y larga playa donde uno puede disfrutar también de dos lugares especiales, uno es la antigua ciuadad romana de Olimpos y otro las fogatas naturales que se forman por orificios en la montaña del volcán Olimpos. Son fugas de gases del interior del volcán que en contacto con el oxígeno se encienden y ya los antiguos navegantes griegos utilizaban como orientación. Lógicamente a los pies de esos pequeños fuegos naturales hubo un antiguo asentamiento pues ¿quien podía rechazar el calor de un fuego permanente?
Siguiendo la ruta Lycia por la costa del Mediterráneo, de Çirali viajé hasta Fethiye, otro puerto natural de aguas cristalinas y bonito paisaje. Además Fethiye tiene diferentes tumbas escavadas en la roca con cierta similitud a las de Petra en Jordania, eso sí, más pequeñas.
Hice una excursión a la ciudad fantasma de Kayacoy (antiguo asentamiento griego que fue abandonado y donde ahora no vive nadie) y a Oluderiz, que tiene una pintoresca playa. De Fethiye me dirigí hacia Marmaris, siguiendo la costa en dirección al norte, hacia Estambul. Marmaris es una bonita ciudad con una gran afición a la navegación y quien me conozca sabrá que tan solo con ver un velero, mi sangre se altera.
Aquí quise conocer la península de Hisaronu, muy cercana a Marmaris, por eso alquile una scooter y la recorrí durante todo un día. Descubrí que esta península es un lugar especial para recorrerla con más calma.
Mi siguiente etapa sería Selçuk, más al norte y en la provincia de Esmirna. Aquí fui a visitar los restos arqueológicos de Efeso, a apenas 3 km y la preciosa península de Dilek, un lugar que es parque natural con bonitas y solitarias playas con la isla griega de Samos frente a ellas.
Desde aquí, no quise perderme la visita de un día a Pamukale, las famosas piscinas calcáreas de formación natural por donde baja un agua azul turquesa
y donde a un paso se encuentran los restos romanos de Hierápolis. Un lugar de una gran belleza.
Ya se me acababa mi periplo por Turquía pues me había fijado un mes para recorrerla y mi último destino sería Çanaçale, otra ciudad a orillas del mediterráneo y al igual que Estambul, otro lugar portuario estratégico por tener parte del territorio en zona asiática y en zona europea. Por ello también fue territorio de guerras desde la antigüedad siendo una de las más famosas la de Troya, que está a pocos kilómetros al sur de la ciudad, en la entrada del estrecho de Dardanelos. Más recientemente, en 1915, tuvo lugar la famosa batalla de Gallipoli en la primera guerra mundial. Intenté ir a visitar Troya, pero como viajo de forma independiente y me llovió los tres días que me quedé en Çanaçale, me quedé con las ganas de recorrer con mis pies, el famoso escenario de Troya que se creyó de la mitología y que descubrió el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann en 1870 guiado por los relatos de Homero. Pero como viajero siempre me digo que es bueno quedarse con las ganas de ver algunos lugares pues eso siempre será un motor de ilusión para regresar. Y de Çanakkale regresé en autobús a Estambul donde volé a Barcelona, cerrando así el círculo al globo terráqueo que dos años antes inicié en Rusia, en la ciudad de Moscú. Pero como leeréis en mi siguiente post, no regresé a Barcelona para quedarme. La “enfermedad” de los viajes ya circulaba por mis venas y arterias y después de disfrutar de la compañía de mi familia y amigos y de los platos más deseados de mi cultura (entre ellos el jamón serrano y el aceite de oliva), lavé la ropa, rehice mi maleta y me marché para otro largo viaje, esta vez en sentido contrario a las agujas del reloj, o sea, hacia el oeste. Mi próximo post os relataré mi viaje por Marruecos y de allí el salto al océano pacífico recalando en Guatemala, donde viviré una bonita inmersión a la cultura maya. Pero eso serán otras historias. Buenas noches y buenos viajes.
15 Ago 2012
TURQUÍA (PRIMERA PARTE): DE ESTAMBUL A LA CAPADOCCIA
Llegué a Turquía por Estambul, la antigua Constantinopla, ante la imposibilidad de llegar por tierra vía Siria. Estambul me pareció una ciudad fascinante, como limpia, ordenada, moderna e interesante. Me sorprendió pues al venir de Egipto y Jordania, pensé que se parecerían más a éstos países y me encontré con una Turquía más europea que oriental. No obstante, su mayoritaria cultura musulmana y cercanía a países de oriente próximo, como Irán, le otorga una riqueza de contrastes que hace feliz a toda clase de viajeros.
Uno puede comer un estupendo “humus” y “musaka” para luego tomar el tranvía o introducirse en los pasillos laberínticos de un bazar y disfrutar de la esencia de Estambul. Estuve varios días en esta ciudad, famosa “caravanserai” utilizada por los antiguos viajeros que recorrerían la ruta de la seda y los llevaría hasta Xian en China. Los bazares llenos de colorido y perfumes recuerdan a aquellos lugares donde comerciaba Marco Polo.
Navegué por el Bósforo, este bonito estrecho que divide en dos a Estambul, su parte europea y su parte asiática, con el Mar Mármara a un lado y el Mar Negro al otro. Como la anchura del Bósforo es de tan solo 700 metros, al navegarlo se puede disfrutar de la vista de ambas orillas con la bonita arquitectura que se alza ante tus ojos. Este lugar siempre se ha considerado como un lugar estratégico y por ello el emperador romano Constantino el grande fundó aquí su capital en el 330 DC, llamándose Constantinopla. Pero antes ya fue la capital griega de Bizancio en el 667 AC.
Esta historia se puede palpar al navegar el Bósforo y al caminar por sus calles, aunque en la actualidad se haga más patente la influencia del Islam y el poderío del antiguo imperio otomano. No obstante, como decía al principio encontré en Estambul una ciudad moderna, muy europeizada, dando muestras de su potencial económico ascendente. Me hubiera gustado conocer Estambul en otra época (eso me pasa con muchos lugares) en los que busco la esencia perdida por la uniformidad de las costumbres consumistas. De Estambul volé hacia Kayseri, a las puertas de la Capadoccia.
Debo reconocer que el vuelo interno fue muy barato y casi costaba lo mismo que un autobús que tardaba entre 10 a 12 horas. Así desfruté de una de las mejores aerolíneas europeas llamada “turkish airlines”, donde en un vuelo de tres horas y por unos 50 euros, me sirvieron un “snack” con bebida para después pasar al menú con buenos vinos. A ver si Iberia aprende de una vez.
Si Estambul me había gustado, la Capadoccia me cautivaría. Es una región de pintorescos valles en la Anatolia Central, donde se alzan fantásticas formaciones rocosas en forma de chimeneas. Caminar por estos valles, solo, sin turistas, con el silencio del final del invierno en la región, fue como trasladarme al interior de un cuento de hadas. En esas chimeneas de rocas los antiguos habitantes construyeron sus casas y sus templos, existiendo todavía algunas que están habitadas o convertidas en pequeños hoteles. Desde el pueblito de Goreme, donde hice mi “centro de operaciones”, me trasladé a pie y en autobús a toda una serie de valles de una belleza espectacular.
Esta región también estaba entre una encrucijada de las rutas comerciales y por ello sufrió diversas invasiones, de ahí que algunos de sus habitantes construyera verdaderas ciudades subterráneas. Visité la de Derinkuyu, toda una red de pasadizos y estancias en diferentes plantas bajo tierra no apta para claustrofóbicos. En mi próximo post os relato más descubrimientos por Turquía. Buenas noches y buenos viajes.
27 Jul 2012
JORDANIA: DESIERTOS, CAÑONES Y ENIGMAS
Después de viajar por Israel, como expliqué en el anterior post, pasé a Jordania, fácil de cruzar por la frontera de Eilat en el golfo de Aqaba. Jordania tiene salida al Mar Rojo y por ello es también un buen destino de buceo, no obstante yo ya había buceado en Dahab, en Egipto y preferí centrarme en los desiertos que ofrece el país jordano. Por eso de Aqaba me dirigí rápidamente hacia el valle de Wadi Rum, en pleno desierto. Aquí se acaba literalmente el desierto en medio de las dunas de arena. Dormí en una tienda de campaña sobre la arena del desierto y al día siguiente fui a caminar por el precioso valle sobre la arena anaranjada y entre paredes que se levantaban verticales y que me custodiaban. Pronto el valle se abría y las formaciones rocosas se volvían caprichosas. Por allá se alzaba un enorme arco de triunfo esculpido por el viento y los años. En una de las paredes se abría un cañón de paredes estrechas donde a duras penas penetraba la luz y por el que cabía el cuerpo de una persona. Eran rendijas en las rocas realizadas por la poca agua que llegaba a ese lugar. De Wadi Rum me dirigí a Petra, uno de los lugares más bonitos de Jordania, pero asimismo el más turístico y por ende, el más caro. Jordania no es un país barato. En relación a su país vecino de Egipto es mucho más caro y los servicios no son mejores que éste. Israel es caro pero los servicios son del estándar europeo. Solo decir que entrar en Petra, que es un lugar Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO vale unos 55 euros. Como intento evitar a las muchedumbres fui a visitar Petra a última hora de la tarde y a primera de la mañana. Había mucha menos gente y la luz a esas horas es más bonita. Cuando se llenaba de gente me marchaba y es que hay personas que quieren llegar a Petra a caballo emulando a Harrison Ford en la película de Indiana Jones, toda una turistada. Pero si uno escoge bien la hora puede disfrutar del lugar con más silencio, soledad y (para mi) más autenticidad, cosa difícil hoy día en los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad. Al final deberé huir de estos lugares que por muy bonitos que sean no me acaban de dejar un buen sabor de boca.
Y después de Jordania volé hacia Turquía, pues me pareció muy arriesgado pasar por tierra, ya que eso hubiera supuesto cruzar Siria y desgraciadamente son malos tiempos para este país que vive una guerra civil. Así pues, os vuelvo a escribir desde Estambul, en Turquía.
29 May 2012
ISRAEL Y PALESTINA: COMO EN UNA MONTAÑA RUSA
Dejé Egipto y Eilat (sur de Israel) con un sol resplandeciente y una temperatura agradable y llegué a Jerusalén con un cielo gris, lluvia y mucho frío. Las predicciones decían que nevaría. Quien me conozca sabe que no me gusta el frío así que no tuve un buen recibimiento en la ciudad Santa de Jerusalén. Si a ello le unimos los altos precios por todo, al principio pensé que fue un error venir aquí. Pero como he titulado este post, mi estancia en Israel me hizo sentir como si fuera subido en una montaña rusa, sentí fuertes sensaciones, de exultante alegría pero también de enorme tristeza. No hubo términos medios.
Como expliqué en el anterior post, la entrada en el país ya fue una linda lección y al llegar a Jerusalén el alto nivel de vida y el frío me noquearon. Pero, el día siguiente amaneció nevando. Nevaba en Jerusalén y ello fue portada en muchos de los periódicos del mundo, pues no debe ser muy habitual. Odio el frío pero, como a la mayoría de los niños, me gusta la nieve.
Salí del Abraham Hostel (muy acogedor y céntrico) temprano y decidí visitar el Museo de Jerusalén por la mañana y quedé impresionado. En este día las emociones me subirían hasta lo alto de la montaña rusa. Debo reconocerlo, es uno de los museos más bonitos que he visitado y eso que he estado en los más reconocidos del mundo. No solo tiene una amplia colección dedicada a la cultura Judía (incluso con sinagogas a tamaño real de diferentes partes del mundo) sino que su pinacoteca es imprescindible además de sus salas dedicadas a la cultura de los cinco continentes. Y en el exterior tiene un bonito edificio que acoge las sagradas escrituras encontradas en el Mar Muerto.
A la tarde pasee, por la parte vieja de Jerusalén, entre las murallas, con los tejados y las calles estrechas blanquecinas por la nieve.
Pero de repente, como sucede con todas las montañas rusas del mundo… después de subir y subir… hay que descender a toda velocidad. Y me entristecieron mucho de Israel los controles policiales que había en toda la ciudad antigua de Jerusalén y no solo en la ciudad antigua, sino en todas las calles y esquinas. Parecía un país en guerra y no exagero con mis palabras. Cientos y cientos de jóvenes armados hasta los dientes. Jóvenes chicos y chicas de unos veinte años que parecían “rambos” guerreros con ametralladoras y pistolas. Quizás a alguien le de seguridad esa visión, pero a mi, que no me gustan las armas, me entristecieron y no me sentí a gusto. Subía a un autobús, a un tranvía, caminaba por la calle y siempre veía a varios jóvenes armados y con sus armas bien visibles. Para mi fue triste y deprimente.
A veces es imposible hablar de un viaje por Israel sin caer en la tentación de mencionar algo sobre su situación actual y su historia. Algo intenté aprender cuando estuve allí, pues ese es una de mis intenciones cuando viajo. Y por ello quise ir a Palestina, aunque en la frontera me preguntaron y les dije que no iría. Como expliqué en post anterior, puedo ser tonto pero no gilipollas (perdón).
Si algo me confirmó mi viaje por Israel y Palestina es que la historia la escriben los vencedores. En Jerusalén, incluso en su maravilloso museo, te explican lo mal que lo pasó el pueblo judío en su historia (y revisten esta afirmación con grandes verdades claro, sino nadie les creería. Nadie puede negar que hayan sufrido la “diáspora” o lo que es lo mismo, el exilio y dispersión de todo el pueblo judío alrededor del mundo y tampoco se puede negar la persecución y castigo que han sufrido por regímenes antisemitas) pero con esa superioridad moral que te otorga el haber sido una “gran víctima” no se puede aplastar los derechos humanos del pueblo palestino, pueblo que ocupaba esas tierras antes de que un organismo internacional decidiera “ad hoc” que en esas tierras debían residir los “hijos de Israel”. En Palestina vi el miedo, la pobreza, el dolor, los muros y alambres de separación. Y visitando los lugares donde nació y vivió Jesús me pregunté que pensaría si levantase la cabeza. Creo que diría que no hemos aprendido nada y que así nos va. En lugar de vernos y tratarnos como hermanos todos los seres humanos (que es realmente lo que somos) no paramos de competir entre nosotros, por pertenecer a una determinada raza o posición, por acumular tierras, bienes materiales que nos darán poder frente a los demás, etc. Unas conductas que no solo crea grandes desigualdades entre nosotros y nos hace menos solidarios, sino que también genera odio, injusticias y muerte. Pero en los países poderosos, en los que se deciden que todas esas cosas puedan o no ocurrir, no hacemos nada. Si USA, Israel, Francia, Inglaterra, etc… tienen bombas atómicas, no pasa nada. Pero si Irán quiere tenerlas, la cosa cambia, hay que aplastarlos. En lugar de trabajar por el desarme global, por que los Derechos Humanos sean una realidad en todo el mundo, por cosas básicas, como que no haya nadie que muera de hambre en el mundo, nosotros, nos entretenemos con smartphones, twitters, y la llegada del verano. No tenemos solución y aunque cualquiera de nosotros tiene parte de la responsabilidad, traspaso la mayor parte de ella a las personas que tienen el poder de decidir y no han hecho ni hacen nada para que el mundo cambie un poquito. Y es que las personas sencillas, humildes, de la calle y que se esfuerzan en su día a día, son personas buenas. Sean de donde sean. Mi viaje por todo el mundo me lo ha confirmado. En la “peligrosa” Caracas una familia me acogió como uno más de la casa, en Africa, desde Johannesburgo a El Cairo, pasando por Sudán, recibí sonrisas, amabilidad y hospitalidad. Y como no, por mi ruta conocí a israelíes con los que entablé amistad y es que como individuos mostramos lo mejor de nosotros mismos. ¿Pero que sucede cuando nos manipulan y nos hacen creer en el miedo? Nos venden seguridad y por ella, como sociedad, cometemos las mayores atrocidades.
La fotografía muestra una de las entradas a la ciudad antigua de Jerusalén pero es demostrativa de lo que afirmé anteriormente sobre las armas, sino fíjense en el joven de tejanos y gorro que viene por la izquierda... ¿que carga a sus hombros?
Siento mi discurso “político”. Siempre he dicho que este es un blog de viajes y no quiero hablar de otras cosas, pero viajar por Israel y Palestina me hizo pensar en todas esas cosas y por ello me sentí como subido en una montaña rusa. Todos esos pensamientos y además paseando por Belén, por donde nació Jesús, un “tipo” que vivió y murió para darnos un mensaje que estamos tirando al retrete. Como Francisco de Asís, fueron revolucionarios en su tiempo pero que sus ideas ahora solo sirven para quedar bien, para decir que uno cree en ellos pero sin dar el mínimo ejemplo.
Después de visitar Jerusalén y Belén (Israel y Palestina) bajé hacia el sur por el Mar Muerto. Como hacía tanto frío no me bañé en el mismo. En el hostel vi fotos de turistas que simulaban leer el periódico mientras se bañan en las aguas del mar muerto y es que resulta que sus aguas tienen tal densidad de sal que se puede flotar con gran facilidad. Y así, con la visión de ese mar y sus desérticas tierras que lo rodean pasé a Jordania, un fascinante país del que os hablaré en mi próximo post. Buenas noches y buenos viajes.
22 May 2012
ISRAEL (1ª PARTE): UNA LECCIÓN DE HUMILDAD
Después de Egipto mi intención era subir por Jordania e Israel camino hacia Turquía, la puerta de Europa y de aquí hacia casa. Tenía pocas esperanzas de entrar en Israel, por dos motivos: el primero y más importante por tener mi pasaporte con una vigencia inferior a los seis meses, e Israel es un país que tiene fama de ser muy estricto con estos requisitos (ya intenté renovar mi pasaporte en la Embajada española de El Cairo, pero no me ayudaron al respecto). El segundo motivo era que en mi viaje había pasado por países “sospechosos” para los Israelíes, como Sudán. Por eso decidí viajar primero hacia Jordania y de allí intentar la entrada a Israel. Así pues, me dirigí hacia Nuweiba, en la península del Sinaí de Egipto, desde donde parte un ferry todos los días hacia Aqaba, en Jordania. Pero al llegar por la mañana, me dijeron que el ferry estaba completo y debía esperar al día siguiente a la tarde. Ya que me veía en la tesitura de esperar un día y medio en Nuweiba pensé que podía probar suerte en cruzar de Egipto a Israel, pues había una frontera terrestre en Eilat,a pocos quilómetros de Nuweiba. La frontera Egipcia era todo lo contrario a la Israelí. En la Egipcia costaba ver un funcionario, es más debías buscarlo tu para que te sellase el pasaporte. En la Israelí hay muchos funcionarios y todos armados hasta los dientes. Como iba totalmente convencido de que no me iban a dejar pasar y que debería regresar a Nuweiba para tomar el ferry a Jordania, iba muy tranquilo, y esta actitud en una frontera ayuda mucho. Mientras hacía cola para pasar al país veía como a todos les sellaban el pasaporte sin problemas y se marchaban hasta que llegaron a mí. Al ver tantos sellos en mi pasaporte tardó un poco hasta que llegó la pregunta que me esperaba: ¿Ha visitado usted Sudán y Tanzania? Sí, claro respondí. Pues siéntese allí. Después de una espera una agente israelí me sometió a un duro y largo interrogatorio en una pequeña habitación. Con mi pasaporte en mano me preguntó de todo, no solo sobre mi viaje sino sobre mi vida personal. Pero de pronto sentí que había una esperanza y que podría entrar en Israel, y es que en todo el interrogatorio no me dijeron en ningún momento que mi pasaporte no tenía la validez de seis meses. Y también que, a pesar de haber visitado países que no eran del gusto de Israel, como Sudán, lo había hecho como fruto de cruzar de sur a norte todo el continente Africano y no por “motivos ocultos”. Después de un largo rato esperando me dejaron entrar en Israel. Eilat no me gustó. Es una ciudad sin personalidad, artificial, como un parque temático destinado al turismo Israelí, con grandes cadenas hoteleras junto al mar rojo. Y es que mientras en el resto de Israel hace un frío que pela en invierno, en Eilat luce el sol y el Mar Rojo invita a todo tipo de actividades acuáticas. Una vez me vi dentro de Israel tuve que improvisar, pues como dije antes, no pensé que iba a conseguir entrar y no llevaba nada preparado. Pensé que mi práctica viajera me había dotado de todos los conocimientos prácticos para salir airoso de una situación así, pero no, cuando más confiado estás, viene un taxista y te da una lección de humildad y te dice que en la vida del viajero todavía hay mucho que aprender y estar alerta en todo momento. Cometí un error de principiante, cuando ya llevaba más de 25 países a mis espaldas y muchas batallas con todo tipo de truhanes que pretenden aliviarte tu cartera. Al entrar en Israel y ver que era tan civilizada y moderna, le pregunté a “un personaje” que había cerca de la frontera, donde estaba la estación de autobús para ir a Jerusalén. El individuo en cuestión resultó ser un taxista. Algún día dedicaré uno de mis posts a esta especie humana que para el viajero independiente suele ser alguien a evitar. Me dijo que la estación de buses estaba lejos y que él sabía los horarios y que el siguiente autobús a Jerusalén salía en 20 minutos, que si me llevaba llegaría a tiempo sino debería quedarme en Eilat. Ya dije antes que me confié y eso significa que le creí y no solo le creí sino que me subí a su taxi sin preguntar el precio. Craso error, pues el hábil taxista no puso el taxímetro. En muchos países del mundo, los taxis no tienen taxímetro y debes negociar el precio antes de subirte si no quieres llevarte un susto de muerte al finalizar el trayecto. Era tal mi emoción de haber entrado en Israel que me olvidé de toda mi experiencia viajera. Al llegar a la estación de autobuses con las prisas de que perdía el último autobús a Jerusalén, el taxista me pidió una cantidad desorbitada para el trayecto que habíamos hecho pero como “estaba siendo tan amable” (me habló que adoraba mi ciudad “Barcelona”, etc.) me ablandó el corazón y decidí pagar lo que me pidió. Pero ahí no acabó su “estafa”, pues antes de bajarme del taxi me pregunta “inocente”: ¿Cómo pagarás el autobús? ¿Si quieres te cambio la moneda que lleves por Shequels –la moneda israelí-? Y accedí. A los pocos minutos me daría cuenta de todos los errores que había cometido. En primer lugar había un autobús por menos de un euro que te llevaba desde la frontera a la estación de autobuses, por lo que no debía haberme gastado unos 12 euros en un taxi por un trayecto relativamente corto. En segundo lugar salían continuamente autobuses para Jerusalén, no siendo cierto que si perdía el que el taxista me dijo me debiera quedar en Eilat, es más, el que el me dijo lo perdí igualmente porque ya estaban todos los asientos vendidos y tuve que esperar igualmente al siguiente. En tercer lugar, en ese tiempo de espera averigüé en la estación de autobuses el cambio oficial de la moneda y me di cuenta que el taxista me había timado con unos 20 euros, al cambio, cuando el me decía que me cambiaba sin “ánimo de lucro” sino para hacerme un favor. Ahora entiendo como aquel taxista tenía como taxi un mercedes último modelo.
Por un momento casi me entra una depresión, ¿cómo me había pasado eso a mi, un viajero experimentado que había cruzado selvas, desiertos, mares y montañas? ¿yo que me las había tenido con todo tipo de piratas y estafadores? La respuesta es que al entrar en Israel me confié, confié en esa persona y cuando viajas antes de confiar debes contrastar la información que te dan. Si tan solo hubiera preguntado a alguien más en la frontera de Eilat como ir a la estación de autobuses seguro que me habría enterado de que había una parada de autobús allí mismo, y que para cambiar dinero podía hacerlo en un establecimiento oficial o sacar directamente con mi tarjeta en un cajero, y de los horarios de los autobuses, etc. Y es que la sorpresa de entrar en Israel me cegó e hizo olvidarme de toda mi experiencia. Para mi fue una lección de humildad, cuando llevaba casi dos años dando la vuelta al mundo me creía atesorar la experiencia suficiente para no dejarme timar, y al menor despiste, caí en el truco más tonto y de viajero candoroso Pero como hago en situaciones similares, el disgusto me dura poco, porque me lo tomo como una lección más para seguir aprendiendo, también porque al fin y al cabo me supuso la pérdida de unos 30 o 40 euros, que no es la muerte de nadie. . Así que de nuevo alegre y contento subí a un autobús que me llevó de la soleada Eilat a la gélida Jerusalén.

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