22 Jul 2014

NICARAGUA: LAGOS Y VOLCANES

Escrito por: lorenzo el 22 Jul 2014 - URL Permanente

Siguiendo mi viaje por Centroamérica, de El Salvador entré en Nicaragua. Me dirigí a la ciudad de León y de repente recordé una película de mi juventud que se titulaba “Nicaragua bajo el fuego”. La película de 1983 que estuvo nominada al oscar y que contaba con grandes actores como Nick Nolte, Ed Harris o Gene Hackman, trataba sobre la cruenta guerra civil del país donde los civiles se sublevaron contra el Ejército y su Presidente Somoza. Y me lo recordó ver en sus calles unos impresionantes murales.

Aunque otros llamaban a la esperanza.

Llegué a León pasando junto a uno de los dos grandes lagos del país, el lago Managua o también llamado por lo nicaragüenses, lago Xolottlan.

Recorriendo la ciudad me sentí muy cerca de casa y es que Nicaragua fue colonia española de 1502 a 1821. El propio nombre de muchas de sus ciudades es de tradición española (León, Granada, etc.). Su idioma, arquitectura (plazas, iglesias, catedrales…) colonial era como pasear por cualquier ciudad de mi país, aunque con un clima tropical.

Visité plazas y catedrales tanto de León como de Granada para pasar al lago más grande del país, el lago Nicaragua o también llamado Cocibolca.

De ahí, un ferry me llevaría a una isla interior del lago Nicaragua llamada Omepete creada por extintos volcanes.

Enseguida que entré a Nicaragua me di cuenta de la competencia que había con sus vecinos Costaricenses. O dicho de otro modo, entre Ticos (ciudadanos de Costa Rica) y los Nicos (los de Nicaragua). Los primeros se jactaban de los segundos por ser un país mucho más desarrollado y rico, pero éstos presumían de ser más auténticos y no haber sucumbido al turismo. Como en muchas de estos debates nacionalistas, ambos bandos tienen parte de la razón.

La isla de Omepete es preciosa y un digno lugar para quedarse de unos cuantos días y disfrutar de actividades al aire libre como caminatas, bicicleta de montaña o simplemente bañarse en las playas del gran lago. Desde el lago y la isla de Omepete las vistas son impresionantes, siempre con el volcán Concepción, majestuoso, presidiendo el lugar.

Y después de unos agradables días en esta isla, soñando con regresar algún día a Nicaragua para adentrarme en su costa del Pacífico, o del Caribe y sus cayos miskitos o islas del Maiz, seguí mi ruta hacia el sur, y me adentré en Costa Rica.

Pero eso será para otro episodio, pues en Costa Rica estuve más tiempo y visité lugares muy, muy interesantes.

Hasta la próxima.

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21 Nov 2013

EL SALVADOR

Escrito por: lorenzo el 21 Nov 2013 - URL Permanente

Explicaba en mis anteriores posts mi viaje por Guatemala y Honduras. Pero no finalizó aquí, en el país hondureño, sino que siguió por toda Centroamérica, o sea, por El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá (a Belize no viajé). Estaba en Copán, Honduras, antes de entrar a El Salvador.

Copán es un pueblo pequeño de unos tres mil habitantes, cerca de la frontera con Guatemala y cerca de él se encuentra uno de los mejores sitios arqueológicos de la cultura maya. En el pueblo de Copán se comía bien y había alojamientos económicos bien acondicionados tipo hostel, donde uno se encontraba con viajeros de todos los lugares.

De Copán me dirigí a El Salvador, fui directamente a las costas del Pacífico, tenía ganas de ver el mar y elegí una playa llamada “El Tunco” cerca de la población de Libertad. En El Tunco era muy fácil alojarse, cerca del mar habían muchos hostels a buen precio, pues se trataba de un lugar muy concurrido por surfistas. Pensé que la costa del Pacífico sería, como su nombre indica, playas en calma para bañarse tranquilamente y mi sorpresa fue que casi todas esas playas estaban constantemente batidas por las olas y que si osabas bañarte te asegurabas unos cuantos revolcones.

En el hostel que me alojé, frente la habitación tenía una linda hamaca y había piscina así que pasé varios días entre la playa, la piscina y la hamaca, leyendo, escribiendo, paseando, y comiendo rico pescado. Pero a los pocos días el cuerpo me pedía aventura y me dirigí a la capital, a San Salvador. Me dijeron que era una ciudad muy peligrosa por la violencia callejera de “las maras”. En concreto la mara salvatrucha es una organización criminal que tiene extensiones internacionales y que causa al país mucho sufrimiento. No obstante pensé que se trataba de una organización donde luchan por territorios por la droga, robos, etc. Y que si pasaba desapercibido podría caminar por la ciudad como cualquier otro ciudadano. San Salvador tiene bonitos edificios coloniales, iglesias y mercados concurridos y bien merece una visita.

Pero para mí los atractivos de El Salvador estaban en el ámbito rural, en los pueblos, muchos de ellos cafetaleros, rodeados de volcanes o montañas de selva tropical. El Salvador, no es un país muy turístico, por lo que pude comprobar y eso dificulta poderte mover por el país para visitar lugares. Cuando un país no es turístico no existen medios de transporte a lugares pintorescos simplemente porque la gente local no acude ahí, se mueve por trabajo y te ves obligado a hacer múltiples combinaciones de transportes para llegar donde deseas.

Pero estando en San Salvador recibí un mail de un amigo que hice en las playas de el Tunco para ir a visitar el valle de las flores pues había encontrado varias personas que también irían y así el minibús nos saldría muy barato. Acepté y nos dirigimos, por una carretera bellísima, junto al volcán Santa Ana a Juayua, un pueblito cafetalero, de bonitas casas.

Aquí desaparecían las rejas de la capital y el ambiente era más puro y relajado. Cuando llegué frente a la Iglesia estaban celebrando misa y pude ver como las mujeres mayores se ponían un pañuelo blanco en la cabeza.

Seguramente sería para protegerse del sol, pero tenían unos bordados muy trabajados y artísticos. El pueblo tenía bellas pinturas en las fachadas y también un animado mercado lleno de colorido.

El olor que todavía siento cuando recuerdo mi paseo por el valle de las flores en El Salvador, no es tanto de flores sino de café.

Intenté explorar más lugares de El Salvador, pues me gustaba que el país fuera tan poco turístico lo que le da una autenticidad única, pero por las dificultades para trasladarse de un lugar a otro y por no querer alquilar un vehículo solo a precios de extranjero, decidí irme hacia Nicaragua. Quizás en otra ocasión pueda conocerte mejor El Salvador, pues dejaste una grata sensación en mí.

Aquí tenéis un documento .PDF con información sobre la Ruta de las Flores y El Salvador: GUIA TURISTICA


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22 Jul 2013

¿AMÉRICA LATINA O ENGLISH AMÉRICA?

Escrito por: lorenzo el 22 Jul 2013 - URL Permanente

Cuando hablamos de América latina o Latinoamérica nos referimos a todos aquellos países americanos donde se habla español y portugués, pero quizás no muchos sepan que en el año 1740 hubo unas batallas donde estaba en juego que en centro y sur América se hablase inglés.

Unas batallas que perdieron los ingleses e incluso prohibieron bajo pena de muerte que se hablase de ellas y que en la actualidad las intentan ridiculizar llamándolas “la batalla de la oreja de Jenkins”, pero en ellas se fraguó el futuro de un continente en la época colonial. Jenkins fue un corsario inglés que fue apresado por los españoles y al que le cortaron la oreja por sus andanzas en el mar Caribe diciéndole que le dijeran a su Rey que le harían lo mismo si seguían operando por allí. Lo cierto es que Jenkins fue al Parlamento inglés con su oreja en la mano los convenció para atacar a los españoles cuando todavía era la “Armada Invencible”, título que se perdió con la batalla de Trafalgar en 1805 donde los ingleses vencieron a franco - españoles.

He recordado estos hechos históricos por mi viaje a Panamá y concretamente a Portobello y también a Cartagena de Indias, una de las ciudades más bonitas de Colombia, dos lugares donde tuvo lugar una de las batallas más trascendente entre británicos y españoles.

Y, aunque ya era conocedor de los hechos anteriormente descritos, disfruté de la reciente lectura de un libro que narra esta historia titulada: "El Héroe del Caribe, la última batalla de Blas de Lezo" de J. Pérez-Foncea.

Los británcos quisieron arrebatar a los españoles su dominio en el Caribe, centro y sur América y para ello convencieron a la Corona de Inglaterra y a su Parlamento para enviar más de treinta mil hombres a batallar contando con el renombrado capitán Edward Vernon que gracias a su amistad con el hermano del primer presidente de los Estados Unidos, Lawrence Whashington, pudo reclutar a cuatro mil hombres de Virginia y también de Jamaica, isla que utilizaron como base de operaciones.

Los españoles tan solo contaban con unos 3 mil hombres, o sea, era una batalla de 10 contra 1, pero la diferencia estuvo en su Teniente General, el “héroe del Caribe”: Don Blas de Lezo y Olabarrieta, un guipuzcuano de la ciudad de Pasajes, cuyo sobrenombre fue primero “patadepalo y más tarde “elmediohombre” pues en batallas anteriores había perdido el brazo derecho, la pierna izquierda y un ojo.

Blas de Lezo no pudo defender Portobello que fue atacada por los ingleses pero Blas de Lezo escribió a Vernon lo siguiente: " Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía".

Pero Lezo hizo de Cartagena todo un fortín inexpugnable a pesar de las diferencias con el Virrey de Nueva Granada, Sebastián de Eslava, que casi arruinan la defensa de la ciudad Colombiana y de toda sud américa.

La valentía, optimismo, inteligencia de este vasco, “el medio hombre” que valió por dos y que puso en ridículo a la Corona Británica. Y digo ridículo porque Vernon se vio ganador antes de finalizar la batalla y envió un correo a Inglaterra diciendo que había ganado. Ello provocó celebraciones nacionales y que se acuñasen monedas a tal efecto. También el Rey Jorge II de Inglaterra en dichas celebraciones cantó por primera vez el famoso: “Dios salve al Rey” (ahora dicen a la Reina, obviamente). Las monedas tenían las siguientes inscripciones: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «El orgullo español humillado por Vernon».

No sé que hicieron con dichas monedas cuando se enteraron en realidad de que perdieron la batalla y que tuvieron que marcharse del lugar para siempre.

Es curioso que en España casi nadie haya oído hablar de Blas de Lezo, incluso en su ciudad natal Pasajes, y que en Inglaterra, donde se perdió dicha batalla y casi todo el continente americano, se hicieran monumentos a Vernon y esté enterrado en la Abadía de Westminster con honores.

Ahora en América Latina se habla español (y portugués en Brasil, tema que serviría para otro capítulo). ¿Qué hubiera pasado si Vernon hubiera derrotado a los españoles en Cartagena de Indias? Quizás sería un continente culturalmente anglófono y quién sabe, tal como están las cosas, quizás les hubiera ido mejor aunque dudo que fueran más felices.

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25 Mar 2013

UN MUNDO PEQUEÑO (viajando por Panamá)

Escrito por: lorenzo el 25 Mar 2013 - URL Permanente

Cuando viajé a Panamá, hace ya unos siete meses, conocí a una persona especial. Se llama Albert Casals, de Barcelona y se alojaba en el mismo hostel al que yo fui, en la pequeña bahía de Portobello. Muchos de los viajeros que allí llegábamos lo hacíamos con la intención de subir a un barco de vela para que nos llevase hasta Cartagena, en Colombia, pasando por el Archipiélago de San Blas, pues ir por tierra de Panamá a Colombia es, en la actualidad, difícil y arriesgado, ya que no hay carreteras y se encuentra la Selva del Darién, donde si no tienes la suerte de que te ayuden los indígenas Kuna, puedes ser víctima de un secuestro o de cosas peores.

Llevaba unos meses viajando desde Guatemala hacia Colombia por toda Centroamérica y, por lo tanto, sin hablar en catalán. Así que enseguida que conocí a Albert no paramos de hablar en catalán. Pero en este caso el idioma no era lo importante, a diferencia de otras veces donde solo encontrarse a un compatriota es todo un suceso feliz, sino que lo especial en este caso fue nuestro tema de conversación: la AVENTURA de viajar, de vivir, de cumplir sueños, de que nada es imposible.

Yo llevaba casi tres años viajando por el mundo, y ALBERT cinco, y sin él pretenderlo ni siquiera planteárselo, me dio una gran lección. Una lección de fuerza, de vencer obstáculos, pero sobretodo de ilusión. Su lema era sencillo: haz en esta vida lo que te haga feliz. Y él viajando era feliz.

En los días que estuvimos en el hostel nos saludábamos por la mañana y luego hablábamos un rato por la noche. Durante el día Albert se quedaba leyendo en una gran terraza con vistas a Portobello y yo me iba a recorrer sus calles, a ver sus Fuertes, construidos por los Españoles “conquistadores” hacía siglos.

Mientras visitaba este lugar precioso de Panamá pensaba en Albert, en cómo había viajado tanto tiempo y por tantos lugares y de la forma en que lo había hecho. Como me explicó en nuestras conversaciones, él viajaba sin dinero. Dormía en los parques o en lugares recogidos de la calle. Tan solo llevaba una pequeña bolsa con un saco de dormir y pocas pertenencias y utilizaba el autoestop.

A los pocos días encontré un barco a vela que iba de Portobello hacia Cartagena de Indias, en cinco días de navegación y que paraba a visitar las islas del Archipiélago de San Blas… y qué “casualidad”, el capitán del barco era también español, un catalán también. Pensé que había algo raro en todas esas coincidencias… pero sabía, por mi experiencia que cuando suceden hay que seguirlas, pues algo bueno pasará.

A la noche siguiente, hablando con Albert, supimos que seríamos compañeros en el barco que nos llevaría hasta Cartagena, una goleta de madera y dos mástiles llamada Gitana III y su capitán sería Marc. En los días de navegación pasábamos muchas noches hablando Marc, Albert y yo, bajo las noches estrelladas. Luego cuando llegábamos a alguna isla nos lanzábamos al agua para nadar o ver peces con nuestras gafas de buceo.

Albert nunca se quedaba atrás y no dejaba de hacer nada por su situación y es que lo más increíble de su vida es que fruto de una enfermedad cuando era pequeño, había quedado impedido de cintura hacia abajo y viajaba en silla de ruedas.

Cuando llegamos a Cartagena de Indias después de cinco días de navegación y de compartir momentos muy bonitos, bajamos todos a tierra: Marc, y su tripulación, unos ingleses que bebieron todo lo que pudieron y más (y eso sería para otro post, como hay gente que desperdicia las buenas experiencias, bebiendo de más y luego no enterándose de nada) y Albert y yo. Al momento de despedirnos cuando ya serían sobre las doce de la noche todos buscamos un hostel para dormir, cuando Albert dijo: “Yo me quedo aquí mismo, en aquel lugar resguardado”, señalando un rincón de una calle. Toda una lección de adaptación… pero Marc no le dejó y se lo llevó al Barco una noche más. Muchos días después de despedirnos pensé en Albert, sobretodo algunas noches mientras dormía en mi cómodo colchón, aunque éste fuera de un viejo hostel destartalado y en una habitación compartida por otros viajeros.

Como dije al principio, por su ilusión por viajar, por vivir, por hacer sencillo lo que a muchos les parece fácil… me dio una gran lección.

Hoy por “casualidad” me enteré que en los cines de Barcelona hay una película (o documental) sobre su vida que se titula: UN MÓN PETIT (MUNDO PEQUEÑO). He visto el tráiler en este enlace web: http://www.monpetitfilm.com

y me he emocionado. Fue una suerte haber coincidido en mi viaje con él y aprender un poco más sobre la actitud que deberíamos tener ante la vida. Todo un ejemplo. Cuando pueda, pues estoy en Chile, intentaré ver esta película, que estoy seguro me encantará.

Buenas noches y buenos viajes.

PD. El título del post i del Documental "Un Mundo Pequeño", me hace reflexionar que quizás sea un poco verdad... pues eso de encontrarnos tres catalanes (Albert, Marc, el capitán del barco) y yo en Portobello, una pequeña bahía de Panamá... es mucha casualidad... o no!

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12 Ene 2013

PAISES VISITADOS

Escrito por: lorenzo el 12 Ene 2013 - URL Permanente

Países visitados en mi "joven" vida. En breve escribiré sobre los países que he recorrido últimamente: El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú, Bolivia y Chile. Hasta pronto.
87 países visitados.

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21 Sep 2012

HONDURAS: MUCHO MÁS QUE CARIBE

Escrito por: lorenzo el 21 Sep 2012 - URL Permanente

Siguiendo nuestra ruta centro americana, cada día un poco más enamorado, de Río Dulce en Guatemala nos adentramos en Honduras. Se podía ir por la costa vía marítima, desde Livingston a Puerto Barrios (en Guatemala) y luego hacia Puerto Cortés (Honduras). Pero aunque las distancias por mar son más cortas, es más rápido y práctico hacer una ruta más larga vía terrestre, pues con un solo autobús te plantas de Río Dulce a San Pedro Sula en Honduras en unas pocas horas. San Pedro Sula es una gran ciudad con poco interés para el viajero. Solo vi multitud de gente arriba y abajo y a cada puerta un vigilante armado hasta los dientes. Cada ventana estaba enrejada y las fachadas con alarmas o alambres de pinchos o electrificados. Vaya, nada inspirador para quedarse, así que sin perder tiempo nos dirigimos a La Ceiba, punto neurálgico hondureño para visitar las preciosas Islas de la Bahía. Estas Islas están formadas por tres Islas: la famosa y turística “Roatán”, Utila y Guanaja. Y más hacia la costa se encuentran los preciosos “Cayo Cochinos”.

Me moría de ganas de bucear y el lugar elegido fue Utila, isla menos turística que Roatán y por tanto con menos “glamour” (cada vez menos me gustan los lugares turísticos que parecen “parques temáticos” tipo Disneyworld, con el mismo tipo de gente, de cadena de restaurantes, de tiendas y todo tan limpito y ordenadito). Utila es la isla de los mochileros o sea, con menos gente y más espontánea. Cual fue mi sorpresa al ver que como todo el mundo iba a bucear a Roatán, los centros de buceo de Utila se “peleaban” por cada posible buceador. Todos sabemos que esas “peleas” entre las empresas pueden acabar en un sustancial beneficio para el consumidor y usuario, ese es el buen funcionamiento de las leyes económicas de la “oferta y la demanda” (a no ser que las empresas se pongan de acuerdo con los precios… como hacen en mi país, y muchos otros con total permisividad de los políticos, operadoras de telefonía, gasolineras, etc…). Ello propició que por dos cientos dólares (unos 156 euros) tuviera un paquete de 10 inmersiones y….lo mejor de todo, alojamiento gratis. Si, habéis leído bien la palabra “gratis”, palabra que pensaba ya estaba en total desuso. En cuanto al buceo tan bueno es en Roatán como en Utila pues se trata de los mismos arrecifes de coral y con la misma fauna marina. Eso también me contó un argentino que conocí que buceó en las dos islas. El buceo en el caribe, como ya he escrito en otros posts, es bueno, no excepcional (considero buceo excepcional el de Galápagos, Indonesia, Maldivas, Australia, etc, o sea en el Indo-Pacífico). Sus aguas son claras, cálidas, con arrecifes en muy buen estado y con mucha vida marina de pequeño y gran tamaño. En las Islas de la Bahía es posible ver al siempre deseado Tiburón Ballena, pero cuando yo estuve no era la temporada de su estancia por estas aguas. Todo no puede ser.

Pero debo confesar que lo mejor para mí fue bucear con alguien a quien quiero. ¿Recuerdan el post anterior? Pues sí, sigo enamorado. Siempre he considerado algo muy especial la actividad de bucear, los que me conocen lo saben muy bien. No es mi intención explicar ahora lo que uno siente cuando bucea, quizás lo haga en alguno de mis posts de reflexión, pero en la mayoría de mis viajes he tenido que bucear con “desconocidos”, compañeros de unos días. Y bucear con tus amigos, no solo es especial sino que convierten el buceo en algo extraordinario. ¿Qué adjetivo utilizar pues para definir lo que sentí al bucear con quien especial? Bueno, comprobarlo y me ayudáis a encontrar el adjetivo en cuestión. Eso si, ella ni se enteró de mi emoción… no me hizo ni caso, iba a la suya… si, suele pasar!!! Aunque debo reconocer que acababa de sacarse el “open water” (primer nivel del título de buceador que otorga PADI) y estaba más pendiente de la persona que nos hacía de guía que de mi… y eso que soy “Dive Master”, que le vamos a hacer, pero como suelo pensar… el feliz en esta vida es el que ama y no el amado, aunque si se dan las dos cosas es “la leche”.

De Utila, sus playas y sus aguas, nos fuimos a conocer los “Cayo Cochinos”. Foto anterior y la de Portada. ¡Qué curioso nombre!, ¿quizás porque en esas diminutas islas los piratas dejaron a “cochinos” a modo de despensas alimenticias para cuando regresaban al menos eso he leído que solían hacer y es bien sabido que estas costumbres arruinaron la flora y la fauna de islas tan maravillosas como las Galápagos o Mauricio (en ésta desapareció la extraña ave del “Dodó” y en Galápagos, tortugas y otros animales autóctonos. Leí recientemente que falleció el solitario Jorge, único ejemplar que quedaba de una de las islas ecuatorianas. Pérdidas por causas humanas irreparables.


Después de cayo cochinos nos fuimos hacia la Moskitia o también conocida como la “Costa de los Mosquitos”. El nombre no le viene por los “mosquitos”, que los hay, sino por los indígenas que habitan estas tierras llamados “miskitos”. Quizás los colonizadores transformaron el nombre por “mosquitos”. En la Moskitia no hay carreteras asfaltadas y para llegar se precisa de un mínimo de dos días y mucha paciencia, pues no hay horarios de transportes. Llegas a un lugar y tienes que esperar a que alguien te lleve hasta el siguiente punto y así muchas veces. De hecho no recomendaban viajar a estos lugares de forma independiente (alguna guía incluso decía que era peligroso ir por tu cuenta). En la Ceiba había agencias que te organizaban el viaje por una sustanciosa cantidad de dólares. Nosotros decidimos ir por nuestra cuenta pues no somos viajeros cándidos temerosos, no es que haya que ser imprudentes tampoco, antes nos informaron de que era una zona segura, pero ya he dicho en alguna ocasión que ciertas guías de viaje desinforman más que aconsejar. Lo cierto es que en esos lugares que dicen “peligrosos” las guías son los más auténticos para viajar, pues no van turistas, solo viajeros interesantes y las gentes suelen ser más acogedoras y amables con los que llegan hasta esos recónditos lugares. Para llegar a Las Marías, en la Moskitia, en pleno bosque lluvioso, un lugar virgen y nada explotado, primero hay que tomar un bus de 3 o 4 horas desde La Ceiba hasta que se acaba el asfalto. Allí hay que esperar a subirse a unas pick-up, los 4x4 con la parte de atrás abierta, hasta que la llenan de mercancías y ocupar una de las plazas. No sale hasta que todo está repleto tanto de personas como de enseres, por tanto no hay hora de salida. Luego, por un camino de tierra y arena de playa, hay 7 horas de ruta. Dicha ruta baja por la costa de Honduras paralela al mar Caribe. Además como no hay a penas infraestructura, los ríos que bajan hacia el mar hay que bordearlos como se pueda o cruzarlos con barcazas sujetas a un cable.

Esta parte de la costa hondureña es mayoritaria garifunas, indígenas de los que ya hablé en el anterior post.

Así se llega hasta la laguna de IBANS, pero el viaje no ha concluido. El pick-up te deja frente a la laguna y debes tomar una pequeña embarcación a motor, en nuestro caso era un tronco vaciado y en 2 horas te deja en la población pequeño poblado garifuna de RAISTA donde hay una pequeña construcción de madera adecuada para que duerman los viajeros que se adentran en esta zona. Poblados vecinos tienen nombres como “Jerusalén”, “Israel”, etc, curioso! Raistá es un bonito lugar, pues es una lengua de unos 100 metros de tierra, más o menos, con frondosa vegetación y árboles frutales como mangos, etc, y que por un lado tiene el mar caribe, playas larguísimas desérticas y por el otro lado tiene el inmenso lago de agua dulce de la laguna Ibans.

Y además suele llover bastante, así que quien tenga fobia al agua, que se aleje de este lugar. Pasamos unas buena estancia en Raistá y al día siguiente tomamos una embarcación similar a la del día anterior, o sea, un tronco vacío que tenía instalado un motor y nos adentramos de la Laguna Ibans al río Plátano

y después de siete horas de ascenso por el río, precioso, salvaje, donde se pueden observar tortugas, castores, algún cocodrilo y muchas aves, se llega al pueblo de Las Marías.

Muchos de los que llegan hasta aquí hacen unas caminatas de varios días hasta el Cerro Azul o el Cerro Báltimor. Nosotros preferimos pasar el tiempo con las gentes de este remoto lugar, como con Joaquín, quien nos dio hospedaje en una humilde casa de madera levantada por altos troncos de madera. Joaquín además tenía una pequeña tienda en Las Marías y con su trabajo está sacando los estudios de tres de sus hijos. Una persona especial.

No obstante allí aprovechamos alguna jornada para recorrer los alrededores, como caminar por bosque húmedo y contemplar la inmensidad de la selva sin ningún asentamiento humano. Selva pura donde todavía pueden encontrarse pumas o tigrillos salvajes y algunos venados.

Río arriba, esta vez sin motor por la escasa profundidad, ayudados de largos palos que había que clavar en el fondo, llegamos a unos misteriosos petroglifos. Unos gravados en unas rocas que al preguntar quién los hizo, nadie sabía, se limitaban a decir: “son muy antiguos”.

A mi me recordaron a símbolos celtas. Aunque se sabe que los piratas ingleses llegaron hasta estas costas del Honduras y ascendieron ríos para abastecerse de agua dulce y alimentos. Unos días después, con pena, nos fuimos de Las Marías, otra vez río abajo hasta Raistá y de regreso a Trujillo y La Ceiba en otro largo viaje. Pero había valido la pena, cansados pero satisfechos nos dijimos que había sido una de las mejores experiencias del viaje. De Trujillo, población caribeña, con bonitas playas en una protegida bahía que fue base de los colonizadores españoles, nos fuimos a La Ceiba para tomar un bus hacia el Lago Yojoa. Un preciso lugar con multitud de atractivos. Nos hospedamos Los Naranjos, concretamente en el www.ddbrewery.com y lo aconsejamos. Desde aquí no solo se puede explorar el lago Yojoa sino también se pueden hacer caminatas a diferentes cataratas, ir a observar aves, explorar el Parque Nacional del Cerro Azul Meambar, ir a unas cuevas cercanas o a las plantaciones de café. Pasamos unos días maravillosos.

Finalmente, decidimos acabar la ruta por Honduras en los restos arqueológicos mayas de Copán, que sin el encanto de Tikal en Guatemala, destacan las bien conservadas estelas mayas (aunque en el recinto arqueológico tienen réplicas y las originales las guardan en un museo que hay que pagar a parte).


Y así dijimos adiós a la aventura hondureña. Mi compañera tenía que irse hacia Chile y yo decidí (como mal novio) seguir mi periplo centro americano por El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Os hablo de estos países en mis siguientes posts. Buenas noches y buenos viajes.


DATOS PRÁCTICOS: Capital de Honduras: Tegucigalpa. Moneda: la Lempira. 25 lempiras equivalen a 1 euro. Dormir cuesta unos 7 u 8 euros en un hostel. Comer la mitad. O sea, es barato para europeos. Es un país seguro fuera de las grandes ciudades, donde con mala suerte podría uno tropezarse con las famosas "maras" o algún delincuente desaprensivo. Vaya como en casi todo el mundo. Pero la gente amabilísima. El destino turístico por excelencia del país es Copán y Roatán. Pero aconsejo descubrir otros lugares como Utila, Cayo Cochinos, la Moskitia o el lago Yojoa. Cualquier pregunta, ya sabéis, suelo contestar todos los mensajes que recibo, aunque sean críticas, pues con las críticas se aprende. El otro día me dijeron que ponía muchas "y" en mis posts y esta vez he sido más comedido. Gracias si habéis llegado a leer hasta aquí.

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08 Sep 2012

GUATEMALA: VIAJAR ENAMORADO

Escrito por: lorenzo el 08 Sep 2012 - URL Permanente

Para mí la palabra “viajar” ya encierra en si misma un “enamoramiento”. Viajas porque te enamora el Planeta en el que vives, te apasiona conocer nuevos horizontes, te motiva conocer personas con otras culturas, navegar otros ríos, subir montañas cubiertas de otros bosques o selvas. Decir “viajar enamorado” así entendido es pues, una redundancia. Pero en Guatemala me enamoré de una mujer maravillosa, así que viajé doblemente enamorado y viajar en esas condiciones es como dejarse transportar por las nubes, moverse entre algodones, sumergirse en un océano de aguas cálidas y dejarse llevar por el caparazón de una tortuga.

Y ello es un aviso para navegantes, pues quizás no sea todo lo objetivo que alguien espere en un Blog de viajes. ¿Pero quien busca objetividad? Como dije al principio, viajar es ser un apasionado y para viajar y amar, debes dejar la razón de lado y abrir tu corazón.

Así que, cuando recorrí los yacimientos mayas en Guatemala y pensé en las noticias que leía sobre el final del mundo en el 2012, pensé: qué más me da que se acabe el mundo ahora mismo si soy la persona más feliz del mundo. Bueno no seamos catastrofistas, es cierto que me sorprendieron los restos arqueológicos mayas,


pero no por ello debía creerme que predijeran un final del mundo y si lo predijeron, mucho menos pensé que acertarían. He viajado por numerosos países del mundo y en el momento en que los mayas construían sus pirámides, otras civilizaciones eran mucho más avanzadas. Estamos hablando de una arquitectura que va del 400 AC al 900 DC y donde Egipcios, Griegos y otras civilizaciones eran muchísimo más avanzadas. A pesar de ello, los Mayas, sin ese contacto con otras civilizaciones más avanzadas, por tanto aislados del mundo que los rodeaba, fueron una civilización adelantada en su entorno. Hay que penetrar en esas selvas del norte de Guatemala para sobrecogerse ante su colosal visión del mundo.

Y para mi la palabra “Tikal” me acompañará siempre.


Para ir a Tikal yo recomendaría quedarse unos días en la isla de Flores, en la provincia del Petén. Flores es un lugar precioso, para relajarse a orillas del lago, bañarse o simplemente holgazanear en una hamaca.

Aunque antes de llegar a Tikal, mi viaje empezó por Antigua, que se llama así por ser la antigua capital de Guatemala. Una ciudad colonial preciosa (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO)

rodeada de diferentes volcanes, aunque el más visible es el “Pacaya”, volcán activo al que se puede ascender. Caminar por las calles empedradas de Antigua, entre sus coloridas fachadas o descansar en alguna de sus plazas resulta embriagador.

De Antigua viajamos hacia el Lago Atitlán y nos hospedamos en un alojamiento precioso junto al lago (islaverdeatitlan.com).

A orillas del lago puedes presenciar el espectáculo de la flora y la fauna del lago y de los volcanes en su horizonte y disfrutar de caminatas alrededor del lago, kayak, jugar al dominó en tu cabaña de madera o simplemente contemplar la luna llena o las estrellas de la noche.

Del Lago Atitlán fuimos hacia Chichicastenango, pueblo famoso por tener uno de los más activos y coloridos mercados de Guatemala y también uno de los más antiguos. Dicho mercado se extiende entre dos blancas iglesias

y las callejuelas de su municipio. Me causó curiosidad como todavía existían esos vendedores de “milagrosas” pócimas que con su gran retórica conseguían una buena concurrencia de locales a su alrededor.

De Chichi, nos dirigimos a Nebaj, un pueblito entre las montañas, hacia el norte, en dirección al Petén. Su plaza principal, así como su entorno rodeado de montañas que atrapaban las nubes al atardecer y algunas de sus cascadas son uno de sus atractivos. De Nebaj viajamos a Cobán para desde aquí visitar dos lugares muy interesantes, como unas grutas junto al río Semuc Chimpei y un tramo especial de este río, donde el río pasa subterráneo mientras parte del agua se filtra hacia la superficie haciendo unas piscinas de aguas cristalinas.

Y de Cobán a Flores y Tikal, de las que he hablado al principio. Tikal, Tikal…. aaay!!! Del Petén nos dirigimos al sur hacia el Caribe, concretamente a Rio Dulce. Allí a orillas del lago Izabal uno puede descubrir muchos atractivos de la zona, desde navegar por dicho extenso lago, encontrar cascadas de agua caliente a orillas del mismo o visitar Livingston, un municipio a orillas del caribe con gran cantidad de población “garifunas” que tan solo se puede llegar vía marítima por un pintoresco viaje en lancha o visitar el castillo de San Felipe. Y de Río Dulce nos dirigiríamos hacia Honduras, pero eso ya pertenece a otro episodio de mi aventura centro americana. Buenas noches y buenos viajes. Y si podéis no dejéis de enamoraros… aunque solo sea por la vida, todo adquiere otra dimensión.

Información Práctica: Capital, Guatemala City (aconsejo, no obstante ir directamente en un shutle bus a la cercana y encantadora ciudad de Antigua); Moneda, el Quetzal, 10 equivalen a 1 euro; Dormir en un hostel vale entre 10 a 15 euros –el transporte, la comida, etc- baratísimos; Excepto algún barrio puntual de Guatemala, viajar por el país es muy seguro, la gente es encantadora, amable, acogedora y dispuesta a ayudar al viajero; Idioma, mayoritario el Español que convive con una riqueza enorme de otros autóctonos como el maya; Religión, católica, pero en gran auge la rama evangelista (todos los autobuses tienen expresiones del estilo “Jesús me salvó o Dios es la vida”, etc. Los autobuses conducen como posesos, suerte que son robustos y estables, son los típicos autobuses amarillos escolares norteamericanos, pero pintados con total fantasía de colores); La zona horaria, es de +8 con España.

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28 Ago 2012

MARRUECOS: DEL DESIERTO AL ATLÁNTICO PASANDO POR VALLES Y MONTAÑAS.

Escrito por: lorenzo el 28 Ago 2012 - URL Permanente

Marruecos me sorprendió. Decidí ir a visitarlo por varios motivos: el primero porque ya llevaba un mes en casa después de haber estado dos años viajando alrededor del mundo y, una vez abrazado a la familia y amigos y satisfacerme de mis sueños culinarios, me empezó a pesar la rutina del día a día en un mismo lugar y eso añadido al pesimismo reinante en España por la situación económica desastrosa a la que nos llevaron nuestros dirigentes que no supieron (o quisieron) corregir, lo que era evidente por algunos profesionales que iba pasar; el segundo motivo es que Marruecos era uno de esos países africanos cercanos a mi país a la que muchas veces había pensado visitar y la tercera importante razón fue encontrar un vuelo de ida y vuelta a Marrakech por unos cien euros. Así que para sacudirme el adormecimiento que ya empezaba a crecer en mí, subí a un avión que me llevó en pocas horas a otro mundo (como suele pasar cuando alguien viaja a África) y me introduje en todo un universo de color y de perfumes embriagadores.

Marrakech es una ciudad fascinante, atrayente, llena de vida, tanto por el día como por la noche, donde uno se divierte tan solo recorriendo sus bazares, zocos,

Tiene cientos de callejuelas laberínticas y estrechas, por donde circulan peatones, bicicletas, motos y toda clase de artefactos con ruedas o sin ellas. Y otras más tranquilas donde puedes observar a un gato sentado en una alfombra o a alguien orando el Corán.

En la plaza central uno puede tomar zumos de naranja bien baratos o comer a un precio módico. Y también puede ver un espectáculo improvisado de música, teatro o de encantamiento de serpientes.

Hay muchos locales con terrazas que se llenan al atardecer para ver la puesta de sol.

y también se puede contemplar como tiñen las telas, en unas pequeñas pozas malolientes donde se introducen hasta más arriba de la cintura, para posteriormente elaborar sus trabajadas alfombras.


En Marrakech era finales de primavera y hacía ya mucho calor. No quiero ni pensar la temperatura del verano. Mejor no ir en esa época. Siempre había pensado que Marruecos era puro desierto pero de camino a Ourzazate (que en bereber significa “sin ruido” “sin confusión” y que es también conocida como “la puerta del desierto”) descubrí que este país me enseñaría alguno de sus secretos. Uno de estos secretos era “el Atlas”, una gran cordillera montañosa que desde Túnez pasa por Argelia y recorre parte de Marruecos. Geográficamente ya conocía el Atlas y había oído hablar de él, pero una cosa es verlo en un mapa y otra recorrerlo y presenciar su importancia en el paisaje y la vida de un país. Hay que tener en cuenta que su altura máxima es de 4.167 metros, en el sudoeste de Marruecos y que hay picos nevados hasta bien entrado el verano y esas nieves son el milagro del agua que da vida a decenas o centenares de valles del Atlas. Visité alguno de esos valles, con nombres tan sugerentes como “el Valle de las Rosas” o “de Dades”, o el “valle del Draa”, donde en medio de la aridez de un desierto sin compasión aparece una explosión de vida exultante y cautivadora.

Recorrer las sinuosas carreteras del Atlas y de estos valles fue una bonita experiencia para mi. A veces mucha gente me pregunta si habiendo viajado tanto y conociendo tantos países todavía consigo emocionarme y mi respuesta siempre es afirmativa.

Muchos países tienen paisajes parecidos. De hecho, Marruecos tiene muchas similitudes con países que ya conozco como Argelia o Egipto, pero cada uno tiene sus particularidades que le dotan de una personalidad propia, algo que, si afinas los sentidos, siempre te fascinará. En Marruecos esa fascinación, en gran medida, me la provocó el Atlas.

¿Y sino alguien podría imaginarse en un territorio dominado por el desierto unas cascadas tan bellas como éstas? Son producto de las montañas del Atlas y su nombre es de Cataratas de Ouzoud.

En los valles que recorrí, los palmerales de dátiles le dotaban de un verdor y un frescor que apreciabas la importancia del agua en un lugar del mundo tan árido y desértico. Hubo momentos en mi viaje que apacigüé el calor sofocante de la ruta con un baño en alguno de los ríos que bañaban esos valles maravillosos, o que descansé en algún oasis de palmeras a modo de gigantes sombrillas naturales para conseguir un poco de sombra. Y después de recorrer diferentes valles, pueblos, me llamó la atención los Kasbah (enormes castillos construidos con la misma tierra roja del desierto) como este magnífico de la fotografía que es la de “Ait Ben Haddou” a 192 km de Marrakesh.

Recorrerlos es como trasladarse a otra época.

Gracias a mis estudios de francés en mis años académicos, me moví con bastante soltura por el país. Con tanta soltura que incluso pude que sobornar a un policía. No me enorgullezco de ello pero en algunos países si no te espabilas te pisotean. El hecho fue que en Marruecos circulan fatal, no respetan ninguna norma de circulación, pero si eres extranjero te miran con otro rasero y en un momento que me quité el cinturón por el calor (y siempre lo llevaba puesto) me pararon y me amenazaban con una multa exageradísima para el país. Con mi francés le dije que no tenía tanto dinero (obviamente no era cierto) a lo que el policía, que ya se debía conocer la excusa, tomó mi permiso de conducir y me dijo que no me lo devolvía hasta que le pagase. Le dije que tenía que sacar dinero en un cajero y luego añadí que era un turista con pocos recursos, que iba a dormir a un camping y que se fijase en el vehículo que tenía, el más barato de todos. Le debí dar pena porque me dijo que cuanto quería pagar, así que me quedé pensando unos segundos y bajé la cantidad en cuatro veces y aceptó. Como era de suponer tomó el dinero y no me hizo ningún documento de denuncia ni nada, fue directamente a su bolsillo.

Así, entre montañas, valles y largas carreteras con espejismos provocados por el calor llegué a Merzouga, en las dunas del desierto y a pocos kilómetros de Argelia, al este de Marruecos.

Allí, entre ese mar de arena anaranjado si que hacía calor. Había horas del día que era imposible salir a la calle. Por eso las posadas del lugar disponen todos de espacios para descansar en la sombra y de alguna piscina donde bañarse cuando el sol está más alto. Para subirme a las dunas del desierto y poder contemplar el océano de arena del Sahara tuve que ir unas horas antes de la puesta del sol y todo así acabé con todos mis recursos de agua y mis fuerzas, pues no es lo mismo caminar sobre suelo firme que sobre la arena que se te hunde a cada paso. No obstante, como muestran las fotografías, el espectáculo valió la pena.

Y por último, de las dunas del desierto, me fui hacia el oeste, recorriendo algún valle más y llegando a la bonita ciudad de Eussauira, a orillas del Atlántico.

Un atrayente lugar de calles estrechas en un recinto amurallado junto al mar y con largas playas por donde caminar.

Una buena despedida del país.

Y después de Marruecos renacería mi fiebre viajera, no tardaría en volverme a ir, en unos escasos diez días rehice mi mochila partiendo hacia Centroamérica, desde allí os relato interesantes aventuras. Os escribo desde Guatemala. Buenas noches y buenos viajes.

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20 Ago 2012

TURQUÍA (SEGUNDA PARTE): MI AMADO MEDITERRÁNEO

Escrito por: lorenzo el 20 Ago 2012 - URL Permanente

Y de esta maravillosa región turca de la Capadoccia, me fui hacia mi amado Mar Mediterráneo que no veía desde que me fui de Cataluña, dos años atrás. El encuentro fue en la ciudad de Antalya y lo primero que hice fue bañarme en sus aguas cristalinas.

Esta es una ciudad preciosa a orillas del Mediterráneo fundada el año 150 AC y tiene un centro histórico llamado “kaleiçi” de estrechas y laberínticas callejuelas a las que se accede por varias puertas, una de ellas, la de Adriano, de gran belleza. Como Antalya forma un golfo al que da su nombre, también se suma la espectacularidad de su entorno, con los picos nevados de los montes Taurus habiendo lugares donde paredes verticales o cascadas caen directamente al mar. Desde Antalya hice dos bonitas excursiones para ver unos restos arqueológicos romanos, uno en Termessos y otro en Aspendos. Éste último tiene uno de los teatros romanos mejor conservados, pero de tener que elegir recomendaría ir a Termessos por su ubicación entre las montañas, en un parque nacional de las montañas Taurus. Ir de forma independiente no es fácil pues el autobús te deja en la carretera principal, a 7 kilómetros de la entrada del lugar, cuando bajé de este autobús, un taxista esperaba que fuera una de sus víctimas y me pidió un precio excesivo para subirme esos 7 kilómetros. Le dije que no aceptaba su diabólica tarifa y empecé a subir caminando. Para disuadirme me siguió con el taxi y a través de la ventanilla bajada me decía cosas como: “es muy lejos…todo es subida y está a 8 km” llegarás arriba muy cansado y muy tarde… y luego tendrás que bajar otra vez”. Intentó rebajar el precio pero incluso así lo encontré abusivo y finalmente se aburrió de mi. La verdad que el camino era caluroso y con una cuesta empinada, pero disfruté del primer kilómetro y medio observando el paisaje e incluso por el silencio del caminar, pude descubrir alguna tortuga. Al rechazar al taxista yo tenía la esperanza de que algún turista me subiese en su coche, pero descubrí que era una carretera muy poco transitada. Pero cuando llevaba unos 2 km. andados pasó un vehículo al que hice autoestop y me subió. Era un matrimonio de alemanes que visitaban el lugar en un coche alquilado. Me fue perfecto y hablando de mi viaje se ofrecieron luego a bajarme. En Turquía es muy fácil y seguro realizar autoestop, lo probé en varias ocasiones y la gente es muy cordial y abierta con el extranjero que los visita. Termesos es espectacular y vale mucho la pena visitarlo.

De Antalya me fui hacia Çirali, a los pies del monte Olimpos, con una bonita y larga playa donde uno puede disfrutar también de dos lugares especiales, uno es la antigua ciuadad romana de Olimpos y otro las fogatas naturales que se forman por orificios en la montaña del volcán Olimpos. Son fugas de gases del interior del volcán que en contacto con el oxígeno se encienden y ya los antiguos navegantes griegos utilizaban como orientación. Lógicamente a los pies de esos pequeños fuegos naturales hubo un antiguo asentamiento pues ¿quien podía rechazar el calor de un fuego permanente?

Siguiendo la ruta Lycia por la costa del Mediterráneo, de Çirali viajé hasta Fethiye, otro puerto natural de aguas cristalinas y bonito paisaje. Además Fethiye tiene diferentes tumbas escavadas en la roca con cierta similitud a las de Petra en Jordania, eso sí, más pequeñas.


Hice una excursión a la ciudad fantasma de Kayacoy (antiguo asentamiento griego que fue abandonado y donde ahora no vive nadie) y a Oluderiz, que tiene una pintoresca playa. De Fethiye me dirigí hacia Marmaris, siguiendo la costa en dirección al norte, hacia Estambul. Marmaris es una bonita ciudad con una gran afición a la navegación y quien me conozca sabrá que tan solo con ver un velero, mi sangre se altera.

Aquí quise conocer la península de Hisaronu, muy cercana a Marmaris, por eso alquile una scooter y la recorrí durante todo un día. Descubrí que esta península es un lugar especial para recorrerla con más calma.

Mi siguiente etapa sería Selçuk, más al norte y en la provincia de Esmirna. Aquí fui a visitar los restos arqueológicos de Efeso, a apenas 3 km y la preciosa península de Dilek, un lugar que es parque natural con bonitas y solitarias playas con la isla griega de Samos frente a ellas.

Desde aquí, no quise perderme la visita de un día a Pamukale, las famosas piscinas calcáreas de formación natural por donde baja un agua azul turquesa

y donde a un paso se encuentran los restos romanos de Hierápolis. Un lugar de una gran belleza.

Ya se me acababa mi periplo por Turquía pues me había fijado un mes para recorrerla y mi último destino sería Çanaçale, otra ciudad a orillas del mediterráneo y al igual que Estambul, otro lugar portuario estratégico por tener parte del territorio en zona asiática y en zona europea. Por ello también fue territorio de guerras desde la antigüedad siendo una de las más famosas la de Troya, que está a pocos kilómetros al sur de la ciudad, en la entrada del estrecho de Dardanelos. Más recientemente, en 1915, tuvo lugar la famosa batalla de Gallipoli en la primera guerra mundial. Intenté ir a visitar Troya, pero como viajo de forma independiente y me llovió los tres días que me quedé en Çanaçale, me quedé con las ganas de recorrer con mis pies, el famoso escenario de Troya que se creyó de la mitología y que descubrió el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann en 1870 guiado por los relatos de Homero. Pero como viajero siempre me digo que es bueno quedarse con las ganas de ver algunos lugares pues eso siempre será un motor de ilusión para regresar. Y de Çanakkale regresé en autobús a Estambul donde volé a Barcelona, cerrando así el círculo al globo terráqueo que dos años antes inicié en Rusia, en la ciudad de Moscú. Pero como leeréis en mi siguiente post, no regresé a Barcelona para quedarme. La “enfermedad” de los viajes ya circulaba por mis venas y arterias y después de disfrutar de la compañía de mi familia y amigos y de los platos más deseados de mi cultura (entre ellos el jamón serrano y el aceite de oliva), lavé la ropa, rehice mi maleta y me marché para otro largo viaje, esta vez en sentido contrario a las agujas del reloj, o sea, hacia el oeste. Mi próximo post os relataré mi viaje por Marruecos y de allí el salto al océano pacífico recalando en Guatemala, donde viviré una bonita inmersión a la cultura maya. Pero eso serán otras historias. Buenas noches y buenos viajes.

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15 Ago 2012

TURQUÍA (PRIMERA PARTE): DE ESTAMBUL A LA CAPADOCCIA

Escrito por: lorenzo el 15 Ago 2012 - URL Permanente

Llegué a Turquía por Estambul, la antigua Constantinopla, ante la imposibilidad de llegar por tierra vía Siria. Estambul me pareció una ciudad fascinante, como limpia, ordenada, moderna e interesante. Me sorprendió pues al venir de Egipto y Jordania, pensé que se parecerían más a éstos países y me encontré con una Turquía más europea que oriental. No obstante, su mayoritaria cultura musulmana y cercanía a países de oriente próximo, como Irán, le otorga una riqueza de contrastes que hace feliz a toda clase de viajeros.


Uno puede comer un estupendo “humus” y “musaka” para luego tomar el tranvía o introducirse en los pasillos laberínticos de un bazar y disfrutar de la esencia de Estambul. Estuve varios días en esta ciudad, famosa “caravanserai” utilizada por los antiguos viajeros que recorrerían la ruta de la seda y los llevaría hasta Xian en China. Los bazares llenos de colorido y perfumes recuerdan a aquellos lugares donde comerciaba Marco Polo.


Navegué por el Bósforo, este bonito estrecho que divide en dos a Estambul, su parte europea y su parte asiática, con el Mar Mármara a un lado y el Mar Negro al otro. Como la anchura del Bósforo es de tan solo 700 metros, al navegarlo se puede disfrutar de la vista de ambas orillas con la bonita arquitectura que se alza ante tus ojos. Este lugar siempre se ha considerado como un lugar estratégico y por ello el emperador romano Constantino el grande fundó aquí su capital en el 330 DC, llamándose Constantinopla. Pero antes ya fue la capital griega de Bizancio en el 667 AC.

Esta historia se puede palpar al navegar el Bósforo y al caminar por sus calles, aunque en la actualidad se haga más patente la influencia del Islam y el poderío del antiguo imperio otomano. No obstante, como decía al principio encontré en Estambul una ciudad moderna, muy europeizada, dando muestras de su potencial económico ascendente. Me hubiera gustado conocer Estambul en otra época (eso me pasa con muchos lugares) en los que busco la esencia perdida por la uniformidad de las costumbres consumistas. De Estambul volé hacia Kayseri, a las puertas de la Capadoccia.

Debo reconocer que el vuelo interno fue muy barato y casi costaba lo mismo que un autobús que tardaba entre 10 a 12 horas. Así desfruté de una de las mejores aerolíneas europeas llamada “turkish airlines”, donde en un vuelo de tres horas y por unos 50 euros, me sirvieron un “snack” con bebida para después pasar al menú con buenos vinos. A ver si Iberia aprende de una vez.

Si Estambul me había gustado, la Capadoccia me cautivaría. Es una región de pintorescos valles en la Anatolia Central, donde se alzan fantásticas formaciones rocosas en forma de chimeneas. Caminar por estos valles, solo, sin turistas, con el silencio del final del invierno en la región, fue como trasladarme al interior de un cuento de hadas. En esas chimeneas de rocas los antiguos habitantes construyeron sus casas y sus templos, existiendo todavía algunas que están habitadas o convertidas en pequeños hoteles. Desde el pueblito de Goreme, donde hice mi “centro de operaciones”, me trasladé a pie y en autobús a toda una serie de valles de una belleza espectacular.

Esta región también estaba entre una encrucijada de las rutas comerciales y por ello sufrió diversas invasiones, de ahí que algunos de sus habitantes construyera verdaderas ciudades subterráneas. Visité la de Derinkuyu, toda una red de pasadizos y estancias en diferentes plantas bajo tierra no apta para claustrofóbicos. En mi próximo post os relato más descubrimientos por Turquía. Buenas noches y buenos viajes.

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