26 Jun 2014

Los bancos de madera del Parque Norte

Escrito por: mamoya2 el 26 Jun 2014 - URL Permanente

Camino por el Parque Norte al mediodía, cuando un sol tibio proyecta en el suelo las sombras de los bancos de madera. Voy hacia la estatua de Lorenzo Cárdenas, que está en la parte más alta, cerca de La Paz. Un poco antes está la de León Felipe. Recuerdo mis paseos de hace 25 años, con mi hija acabada de nacer. En los bancos de madera hay algo que intento descifrar, que sobresale del halo de melancolía que siento al mirarlos. El tiempo los ha erosionado, y están cargados de esa especial vivacidad que da la madurez, las arrugas intensificadas por conversaciones y por estaciones. La madera ha sido escanciada por la luz y por la lluvia, y ahora son un libro abierto que cada cual lee a su manera. Los cuatro rascacielos parecen cuatro enormes guardianes, y buscando el ángulo adecuado consigo fotografiar la estatua de Lorenzo Cárdenas entre dos de ellos. El presidente mexicano se convierte en lo que fue: un gigante de humanidad que acogió a muchos españoles exiliados. Después camino hacia abajo, de regreso a la calle que me ha de llevar a La Vaguada. Paso por delante del Parque de Bomberos, ese edificio de color rojo que llama la atención y que permanece también invariable. No sé cómo estaré yo, o cómo me podría comparar con el de hace 25 ó 30 años. Uno va caminando y caminando, y ojalá que el camino sea largo y hermoso para todos, viejo amigos.

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23 Jun 2014

Al lado de los otros

Escrito por: mamoya2 el 23 Jun 2014 - URL Permanente

Qué se siente al salir a la calle desde el metro, qué se siente al caminar por la zona peatonal de Fuencarral desde Gran Vía al Café Comercial. Qué quiere decir estar a un lado de la cosas, no en el centro, porque visto desde el centro parece que el mundo es el Mundo y no el mundo, y se expande con simetría, sin matices. En el centro me he de quedar solo por fuerza, y huyo en silencio como si me alejara sin remedio en un acto voluntario al que me empuja mi tendencia a las orillas. En el Café Comercial hay personas que hablan por el placer de hablar, y un hombre lee el periódico con la ayuda de una lupa. Una niña lee un libro que ha seleccionado de la pequeña biblioteca que hay al lado de una ventana. Yo también soy uno de los que buscan en esta compañía anónima lo más desconocido de mí mismo, lo que soy capaz de sentir al lado de los otros, melancólicamente.

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22 Jun 2014

Un globo

Escrito por: mamoya2 el 22 Jun 2014 - URL Permanente

Desde el autobús veo la ciudad como si estuviera superponiendo el presente al pasado, pero sin querer tergiversar ni un solo rincón con la nostalgia. La vida de cada cual es única, y transcurre en un mundo que cambia ininterrumpidamente. Me bajo en la parada de metro de Gregorio Marañón, y me doy cuenta de que hasta hoy nunca la había utilizado. El Paseo de La Castellana, la suave transición entre los árboles y los edificios oficiales, las esculturas que se parecen a las que había hace tres décadas, y una fotografía en la que aparezco con alguna convicción, quizás lleno de dudas: todo esto me viene a la memoria, y me envuelvo con algún gesto fugaz, una mano de alguien que me indica el camino, un gesto dedicado a la fugacidad de la existencia. Y ahora, de golpe, al pasar por delante de Embasy, un globo de colores se eleva hacia el cielo, y yo lo observo, joven aún, con ellas al lado, sorprendidos, sin saber nada aún, sin prever el futuro, melancólicamente dispuestos a seguir, a seguir, a seguir.

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21 Jun 2014

El sabor de un albaricoque

Escrito por: mamoya2 el 21 Jun 2014 - URL Permanente

La experiencia no nos puede dar a conocer la verdad, pero está a nuestro alcance, y es un punto de partida. Pienso en todo lo que he aprendido -y quizás no aprendido nunca del todo, un leve esbozo de lo que vi, o de lo que viví- y en las preguntas que me sugiere el mundo que me rodea: en la frutería la vendedora me ofrece un albaricoque, y me lo como poco a poco, y entonces empiezo a recordar, a tensar mi memoria con todos los sabores de albaricoque que he ido conociendo. El placer también reside en el recuerdo, en la formación adquirida gracias al resto de sabores de los que he disfrutado. Qué sencillo todo, si este sabor de una fruta en su luminosa sazón fuera el sabor central de la vida. Pero por desgracia no es así. Sentados ya en la cafetería, empezamos a hablar de ideología, de educación, de relaciones sociales y políticas. La reiteración de algunas obsesiones no soluciona los enigmas, pero hay que insistir, a sabiendas de que ninguna experiencia conduce a la verdad, quizás porque la verdad es inalcanzable, o quizás porque la emoción del sabor de un albaricoque puede llegar a serlo todo, al menos durante un instante.

Madrid, 21 de junio

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09 Jun 2014

Piedad, que no me encuentre sin voces y rostros

Escrito por: mamoya2 el 09 Jun 2014 - URL Permanente

En el desván empezamos a seleccionar lo que vale la pena conservar. Amontonamos lo que consideramos inútil, y enseguida se llenan varias cajas: papeles, sobre todo. La mayoría de los libros han de ser salvados, por muy mal que estén. Los bordes raídos, las tapas algo humedecidas. ¿Por qué acabaron en el desván? ¿Tan sólo porque no cabían en un estante en la librería? Ahora son supervivientes. Mis apuntes y libros de estudiante; los libros de aquella colección RTVE que se vendían a 25 pesetas; bastantes ejemplares de la colección Reno. Todo libro merece ser conservado, y me invade un sentimiento de culpa por haberlos dejado así, en el olvido, durante tanto tiempo. El alma se apaga, de Lajos Zilahy, La busca, de Pío Baroja, Variaciones, de Álvaro Pombo. ¿Por qué tuvieron que acabar en el olvido? Su recuperación es una acción de justicia. Lajos Zilahy ha sido olvidado, mientras que Sandor Marai ha sido recuperado. Pío Baroja ha sido siempre un valor seguro, y tengo sus Obras Completas, pero este ejemplar de la vieja colección RTVE no merece ser postergado. Los poemas de Álvaro Pombo son tan buenos como sus novelas, y los leí en su momento, y los recuerdo aún. Mi hermano y yo seguimos con este trabajo de seleccionar, que se parece a lo que hacían el cura y el barbero, hace siglos: salvar lo que ha de ser salvado de la destrucción del tiempo, que es implacable. El olvido ha de ser muy selectivo, y es mejor recordar. Otra vez Salvatore Quasimodo, a quien leo lentamente desde hace unos días: 'Piedad, que no me encuentre / sin voces y rostros / en la memoria un día'.

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08 Jun 2014

Este arrullo leve, casi limpio

Escrito por: mamoya2 el 08 Jun 2014 - URL Permanente

Hay chopos sin río, y también nos ofrecen el murmullo de sus hojas. Esta mañana, al levantarme, he podido saborear esta sutil ternura que parece venir de las profundidades de la memoria, de cuando recorría en bicicleta, al amanecer, los caminos de los alrededores de Roa de Duero. Cinco árboles nos devuelven a lo vivido con el roce de sus hojas, y hay algo solemne en esta experiencia que parece provenir de lo más liviano. Alejados de su entorno natural, cinco chopos en un jardín parecen exiliados de la naturaleza, y aún así su presencia es un estímulo para que exploremos nuestra memoria. Cuán dichoso se puede ser a pequeños sorbos, sin necesidad de recurrir a las grandes palabras: felicidad, esperanza, que a veces nos limitan son su imposibilidad y su desconsuelo.

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07 Jun 2014

Trinos

Escrito por: mamoya2 el 07 Jun 2014 - URL Permanente

De madrugada, los pájaros cantan como si fueran solistas de un extraño concierto que sin embargo no es música sino ritmo azaroso que nos envuelve y nos alegra, como un salto de agua muy suave pero muy ramificado que cae desde las rocas del camino. Mirar lo que nos rodea mientras escuchamos con atención ese trino entremezclado y múltiple puede llegar a enternecernos sin haberlo previsto. Hay descubrimientos mínimos que nos provocan una sensación de plenitud que sabe a milagro.

Motivo: 'Espejo' de Salvatore Quasimodo. ....'Y todo sabe a milagro; / y soy esa agua de nube / que hoy refleja en las acequias / más azul su trozo de cielo, / ese verde que rompe la corteza / y sin embargo anoche no existía.'

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21 Mar 2014

Lo que al instante se convierte en pasado

Escrito por: mamoya2 el 21 Mar 2014 - URL Permanente

Llego de noche a Madrid. La oscuridad otorga a las cosas que me rodean un halo de misterio, como si no pudiera reconocerlas. Los taxistas de hace años me resultaban siempre vagamente familiares. Eran de Segovia, de Ávila, algunos me contaban su vida, muy resumida pero transmitida con ese punto sentimental que se suele dar entre personas que acaban de conocerse y que quizás no se volverán a ver nunca. El taxista de hoy es joven, aunque se dirige con desenvoltura hacia la mediana edad. Vive en Madrid, me dice, desde 1992, pero aún no conoce muchas calles de la capital. Le he de indicar dónde está la calle a la que voy, en realidad una plaza. La Avenida de la Ilustración es una inmensa avenida vacía, y me viene a la memoria de golpe una fotografía, cuando la asfaltaban, hace tiempo, y yo paseaba con mi hija recién nacida y no imaginaba los grandes arcos metálicos de ahora.Todo ha cambiado, todo cambia irremediablemente, quizás por necesidad, o por la corriente implacable de un movimiento incesante que promueven las personas y el mundo. De noche todo está sumido en una neblina que estremece, porque hay un silencio de fondo que nos hace percibir no sólo cada luz, cada sonido, sino también las formas veladas por la nostalgia. Cuántas circunstancias dependen de la mirada de cada uno de nosotros. Cuando me bajo del taxi y nos despedimos, veo cómo el coche se aleja y desaparece y entonces asisto a la sedimentación de esta mínima experiencia que no me ha comprometido a nada, salvo a una fugaz relación que, sin embargo, ahora ya me parece revestida de un aura de recuerdo.

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07 Mar 2014

Saber algo más de nosotros mismos

Escrito por: mamoya2 el 07 Mar 2014 - URL Permanente

Cuando anochece, en la ciudad la gente empieza a mirarse de otra forma, los unos y los otros se dispersan y huyen, como si cada uno se buscara en su interior, mendigo en el centro de su realidad más recóndita. Todo se torna visible desde un fondo de oscuridades iluminadas por débiles destellos de curiosidad, o de emoción. Junto a mí, en el bar, un hombre solo, sentado a una mesa, se lleva con delicadeza su copa de vino a los labios, y me sonríe, como si me preguntara con sus ojos, y con sus manos. Deberíamos saber más de nosotros mismos en estos momentos de iluminación súbita, pero cualquier revelación se desvanece, y queda casi desnuda la lucidez de una sonrisa sarcástica, una amarga sensación de dolor por lo que hemos dejado atrás, mezclada con unas gotas de algo nuevo que acabamos de aprender –en mi caso, de este hombre que se ha llevado la copa de vino a los labios, y me ha sonreído- para que al salir a la noche cerrada no nos sintamos más allá del mundo, sino en su periferia, limpiamente

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19 Feb 2014

Aprender de lo vivido

Escrito por: mamoya2 el 19 Feb 2014 - URL Permanente

Con el tiempo aguzamos el oído aunque el umbral de intensidad haya cambiado. Y también se perfilan nuestros hábitos y nuestros gustos, y parece que somos capaces de gozar de la vida con más intensidad. Los días se escurren, como si nos faltara tiempo para poder hacer todo lo que quisiéramos. De repente algo que era muy difícil se nos hace evidente. Nuestro entendimiento ha sido capaz de discernir entre la niebla y ahora emerge con gran sencillez una explicación coherente de una idea que flotaba dentro de nosotros y que no sabíamos que significaba exactamente eso. Releo un libro que al final tiene la siguiente anotación: he leído este libro el día 28 de mayo de 1980, entre las doce del mediodía y las cinco de la tarde, y me gusta tanto su contenido que me pregunto cuál fue mi primera impresión, hace 34 años. Yo no era el mismo, entonces, y no sabía casi nada de la vida, y el asunto de la novela me debía de parecer un tanto extraño, como venido de fuera, mientras que ahora lo puedo sopesar con lo vivido, mezclarlo, vivirlo más intensamente. Fui joven y ahora ya no lo soy, pero me siento a gusto con mi edad, y con lo que me ofrece, y lo celebro plenamente.

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