21 Mar 2014

Lo que al instante se convierte en pasado

Escrito por: mamoya2 el 21 Mar 2014 - URL Permanente

Llego de noche a Madrid. La oscuridad otorga a las cosas que me rodean un halo de misterio, como si no pudiera reconocerlas. Los taxistas de hace años me resultaban siempre vagamente familiares. Eran de Segovia, de Ávila, algunos me contaban su vida, muy resumida pero transmitida con ese punto sentimental que se suele dar entre personas que acaban de conocerse y que quizás no se volverán a ver nunca. El taxista de hoy es joven, aunque se dirige con desenvoltura hacia la mediana edad. Vive en Madrid, me dice, desde 1992, pero aún no conoce muchas calles de la capital. Le he de indicar dónde está la calle a la que voy, en realidad una plaza. La Avenida de la Ilustración es una inmensa avenida vacía, y me viene a la memoria de golpe una fotografía, cuando la asfaltaban, hace tiempo, y yo paseaba con mi hija recién nacida y no imaginaba los grandes arcos metálicos de ahora.Todo ha cambiado, todo cambia irremediablemente, quizás por necesidad, o por la corriente implacable de un movimiento incesante que promueven las personas y el mundo. De noche todo está sumido en una neblina que estremece, porque hay un silencio de fondo que nos hace percibir no sólo cada luz, cada sonido, sino también las formas veladas por la nostalgia. Cuántas circunstancias dependen de la mirada de cada uno de nosotros. Cuando me bajo del taxi y nos despedimos, veo cómo el coche se aleja y desaparece y entonces asisto a la sedimentación de esta mínima experiencia que no me ha comprometido a nada, salvo a una fugaz relación que, sin embargo, ahora ya me parece revestida de un aura de recuerdo.

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07 Mar 2014

Saber algo más de nosotros mismos

Escrito por: mamoya2 el 07 Mar 2014 - URL Permanente

Cuando anochece, en la ciudad la gente empieza a mirarse de otra forma, los unos y los otros se dispersan y huyen, como si cada uno se buscara en su interior, mendigo en el centro de su realidad más recóndita. Todo se torna visible desde un fondo de oscuridades iluminadas por débiles destellos de curiosidad, o de emoción. Junto a mí, en el bar, un hombre solo, sentado a una mesa, se lleva con delicadeza su copa de vino a los labios, y me sonríe, como si me preguntara con sus ojos, y con sus manos. Deberíamos saber más de nosotros mismos en estos momentos de iluminación súbita, pero cualquier revelación se desvanece, y queda casi desnuda la lucidez de una sonrisa sarcástica, una amarga sensación de dolor por lo que hemos dejado atrás, mezclada con unas gotas de algo nuevo que acabamos de aprender –en mi caso, de este hombre que se ha llevado la copa de vino a los labios, y me ha sonreído- para que al salir a la noche cerrada no nos sintamos más allá del mundo, sino en su periferia, limpiamente

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19 Feb 2014

Aprender de lo vivido

Escrito por: mamoya2 el 19 Feb 2014 - URL Permanente

Con el tiempo aguzamos el oído aunque el umbral de intensidad haya cambiado. Y también se perfilan nuestros hábitos y nuestros gustos, y parece que somos capaces de gozar de la vida con más intensidad. Los días se escurren, como si nos faltara tiempo para poder hacer todo lo que quisiéramos. De repente algo que era muy difícil se nos hace evidente. Nuestro entendimiento ha sido capaz de discernir entre la niebla y ahora emerge con gran sencillez una explicación coherente de una idea que flotaba dentro de nosotros y que no sabíamos que significaba exactamente eso. Releo un libro que al final tiene la siguiente anotación: he leído este libro el día 28 de mayo de 1980, entre las doce del mediodía y las cinco de la tarde, y me gusta tanto su contenido que me pregunto cuál fue mi primera impresión, hace 34 años. Yo no era el mismo, entonces, y no sabía casi nada de la vida, y el asunto de la novela me debía de parecer un tanto extraño, como venido de fuera, mientras que ahora lo puedo sopesar con lo vivido, mezclarlo, vivirlo más intensamente. Fui joven y ahora ya no lo soy, pero me siento a gusto con mi edad, y con lo que me ofrece, y lo celebro plenamente.

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16 Feb 2014

La precisión y la belleza

Escrito por: mamoya2 el 16 Feb 2014 - URL Permanente

B. me dice que ayer vio la salida de la luna, al atardecer, y que la dejó en vilo durante unos minutos, por su extraordinaria belleza. La belleza es el complemento de la ciencia, que busca leyes que nos expliquen el mundo. En las leyes de Newton y en las de Kepler hay precisión, pero también belleza. Saborear el espectáculo de la luna saliendo desde detrás de las montañas no es un obstáculo para comprender que su movimiento está regido por una ecuaciones casi perfectas. Lo más extraordinario se descubre en el momento más inesperado. Y los recursos de las personas humanas aumentan sin atisbar ningún muro limitador. Qué alivio no cansarse nunca de los conocimientos que adquirimos a lo largo d ela vida, y que derivan de lo que vemos a diario sin darnos cuenta.

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15 Feb 2014

Venus

Escrito por: mamoya2 el 15 Feb 2014 - URL Permanente

Camino por la ciudad después de levantarme. Al bajar por la calle que va hacia el mar veo el planeta Venus en el cielo limpio, como si colgara de él para ofrecerse. Todo es de una claridad que estremece. Tengo la sensación de que se puede tocar todo lo que veo, y que en este acto de imaginar que puedo tocarlo todo me he de sentir por fuerza invadido de una extraña plenitud. Me dura unos segundos tan sólo ese gozo, y quizás sea lo más conveniente, ya que la duración enturbia, mientras que la fugacidad tiene más relación con el mundo. Aún no ha amanecido del todo, así que la claridad no es aún completa, pero es suficiente para que me lo parezca. La intensidad es con frecuencia un resultado de la imaginación.

(15-2-2014)

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14 Feb 2014

Huir del centro, lentamente

Escrito por: mamoya2 el 14 Feb 2014 - URL Permanente

Lo que observo, quizás en el centro de mí mismo, pero alejándome poco a poco: no es conveniente mirarse el ombligo. Hay que huir con lentitud de nuestro interior para intentar entender lo que hay a nuestro alrededor. Figuras, imágenes, personas, cosas, animales, árboles: nada más hermoso que lo que nos rodea. Abrir la ventana y dejarse llevar por todo lo que observamos: luces que vienen de muy lejos alumbran aspectos casi desapercibidos hasta ahora.

Luces que vienen de muy lejos se hacen nuestras, se ofrecen como un regalo.

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13 Feb 2014

Viene alguien

Escrito por: mamoya2 el 13 Feb 2014 - URL Permanente

Viene alguien y te deja un aroma de amistad que se queda en la casa y que por fortuna no se disuelve en los días siguientes. Ahora que todo es tan difícil, y que la experiencia es difusa y discontinua, parece que me dejo llevar por lo que la vida pueda ofrecerme, sin haber hecho nada para merecerlo. Pongo música y se oye no sólo en la habitación sino en cada rincón de mi memoria. Gracias.

(13-2-2014)

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18 Ene 2014

Aquellas lápidas de Berlín

Escrito por: mamoya2 el 18 Ene 2014 - URL Permanente

Me siento de pronto conmovido por la Primera Guerra Mundial. Quizás tenga que ver con el centenario de su comienzo, que nos impulsa a rememorar aquel desastre en el que murieron millones de soldados y civiles. La única persona relacionada conmigo que en algún momento de su vida citó aquella guerra desde su experiencia personal fue mi abuelo materno. Por ser coetáneo de los combatientes, debía de prestar atención a las noticias algo confusas que llegaban a la remota Mallorca con un retraso de días, o de semanas. De ahí le venía, quizás, su afición a leer el periódico, que le duró toda la vida. El hecho es que siempre me hablaba de la Guerra Europea, no de la Primera Guerra Mundial. Y me hablaba de ella con una cierta frecuencia, sobre todo cuando yo empecé el bachillerato y me veía con el libro de historia entre las manos. Para mí, sin embargo, era un capítulo para estudiar con el fin de superar un examen, y aún así no me interesaba lo más mínimo, y leía su contenido de manera superficial, muy por encima, porque lo que leía no se diferenciaba en nada de las guerras de siglos pretéritos, sin ninguna ligazón con la actualidad. Cuánta indiferencia nos produce aquello que no hemos vivido. Ya de joven leí El Gran Meaulnes, y supe que su autor, Alain Fournier, había muerto en aquella guerra, y el gran poeta inglés Edward Thomas. Pero el momento en que tomé conciencia de su realidad fue cuando visité por casualidad en Berlín el cementerio de Schöneberg, en el que hay una zona llena de cruces de soldados que murieron en la guerra. Leí sus nombres con un profundo pesar, invadido por una tristeza súbita y una desolación que ahora recuerdo como si pudiera volver allí en un vuelo a la velocidad de la luz. Me veo caminando entre las tumbas, leyendo los nombres de las lápidas y las fechas entre paréntesis, las piedras humildes que han resistido el paso del tiempo para que podamos enterarnos de que aquellos jóvenes murieron entre los 18 ó 20 años. No había flor alguna sobre aquellas tumbas, porque la mayoría murieron sin dejar descendencia, y después de cien años no hay nadie cercano a su memoria que se detenga a recordarlos. Hoy he leído en el periódico algo que dijo Eric Maria Remarque: "Yo siempre pensé que todo el mundo es contrario a la guerra hasta que descubrí que hay quienes están a favor, sobre todo los que no tienen que luchar en ella"

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27 May 2013

Caminar por una ciudad desconocida

Escrito por: mamoya2 el 27 May 2013 - URL Permanente

Ayer por la tarde, en Ciutat, tuve la impresión de estar caminando por una ciudad desconocida. Quizás fue la primera tarde primaveral en que el buen tiempo se adueñó de la atmósfera, y todo se sometía a esa sensación de placidez que hay en estos días en que aún no hace calor pero se presagia, un leve paréntesis de suavidad ambiental que le empuja a uno a buscar en las calles el placer de olvidarse de casi todo lo que nos acecha durante la semana. Un grupo de gente esperaba delante del Ayuntamiento, sin duda los invitados a una boda, y unos minutos después vimos también a otro grupo de gente en actitud parecida en la escalera de la iglesia de Santa Eulalia. Así que ayer debió de ser el estallido de las bodas en Ciutat, como si el buen tiempo hubiera sido vaticinado por un meteorólogo eficiente y sabio. Mi hija y yo caminamos impulsados por la sensación de habernos convertido de golpe en exploradores, sintiéndonos extrañamente viajeros en nuestra propia ciudad, como si acabáramos de llegar de otro lugar, lo cual era cierto para ella, porque ha venido a pasar el fin de semana desde Madrid, pero no en mi caso, aunque yo lo sintiera, impulsado seguramente por el hecho de que fuera ella la que lo observara todo con mirada de descubridora. En Madrid parece que nos empujamos unos a otros para llegar cuanto antes a nuestro destino de todos los días, como si hubiera una confabulación firmada secretamente para poder cumplir unos ritos de rapidez que aquí, nada más llegar, me dice, parece que se han disipado. Al final de la tarde, cuando llegan los vencejos al cielo de Sa Costa de Sa Pols, acabamos sentados a una mesa de Babel, rodeados de libros, y contemplando a través del ventanal el paso de la gente que camina a pocos metros de iglesia de San Miguel, cuya fachada es un palimpsesto, porque parece que en ella se han depositado las huellas de todas las épocas pasadas. Después, al llegar a casa, una luna bellísima se había apoderado del cielo, y nos iluminaba ‘como una música nocturna perdida en la distancia’.

Nota.- ‘como una música nocturna perdida en la distancia’ (último verso del poema Voces, de Konstantino Kavafis)

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01 Dic 2012

Recuerdo muy bien que de joven...

Escrito por: mamoya2 el 01 Dic 2012 - URL Permanente

Recuerdo muy bien que de joven no sentía el futuro como tiempo. En el presente se agotaba todo, no porque no fuera previsor, o porque fuera un irresponsable. No; simplemente no percibía la dimensión temporal del futuro porque creía que lo que tenía por delante era el infinito. Cualquier cosa era posible, porque no había -¿por qué tendría que haberlo?- impedimento alguno. Sin embargo, llegó el día en que fui consciente de que algo ocurría en mi interior que me avisaba de mis límites: no todo se podía hacer; no todo lo que yo imaginaba era posible. Algunos proyectos eran imposibles por mi incapacidad para acometerlos; otros, porque eran tan absurdos que más valía desecharlos. La memoria, el entendimiento y la voluntad no se alían de forma coordinada en todas las situaciones. Y a medida que pasan los años hay otra influencia que nos limita: las condiciones iniciales. Lo que vamos a acometer depende del punto en el que estamos ahora mismo, y estas condiciones impuestas por el presente nos limitan la capacidad de acción. Pero esto no es un inconveniente paralizador, sino un estímulo para que la madurez emocional se ponga al frente de la situación. Entramos en el último tercio del otoño, cuando la realidad empieza a despojarse de la belleza que resiste: las hojas se caerán dentro de poco, y veremos de nuevo las ramas desnudas de los chopos y de las higueras. Algo parecido nos ocurre a las personas humanas: cada vez estamos más solos frente al tiempo, pero siempre cabe la posibilidad de realizar movimientos con más capacidad de búsqueda certera. Ah, el tiempo se agita con más fuerza, ya somos capaces de entender su miseria y su grandeza. No es un agente destructor, aunque la entropía aumente con él, sino una escuela de carácter. Con unas gotitas de melancolía, por supuesto.

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