27 Dic 2010

Ummmm....

Escrito por: artemisa el 27 Dic 2010 - URL Permanente

-Ummm... Mía!- dijo en un erótico gemido lleno de intención…

4 Horas antes…

Mía era una chica que nunca hacía planes… Y aquel viernes no iba a ser diferente.

Mía era una de esas mujeres que es una eterna joven… una eterna adolescente que se veía como tal y la veían como tal… algo casi mas importante.
Pero era feliz, se sentía bien con su vida, lejos de ataduras, de compromisos, era libre como el viento en una noche de invierno y como tal, podía llegar a ser la mujer mas fría y desinteresada que nadie jamás había visto.

Pero la personalidad de Mía era normalmente la de una joven social, la de una persona que le gusta salir, que tiene amistades, que le gusta la gente.

Se arregló y se fue al Pub que frecuentaba. Normalmente Mía no solía quedar con nadie; lo normal era verse con la gente, con su gente, allí donde fuera. Y no era normal que se quedara con un grupo fijo, y había gente con la que coincidía casi siempre… la gente con la que congeniaba de una forma especial. Una de esas personas era Markus.

Aquel viernes fue al Sinova, un local de música popera, comercial, esa que suena en todos sitios. Un ambiente agradable donde pasaba muchas noches enteras.
Cuando llegó a eso de las dos, Buxie, su amiga ya había llegado. Según esta llevaba a penas unos veinte minutos. El grupo que esa noche acompañaba a Buxie era grande, unas diez personas. Pero muchas de ellas no eran conocidas para Mía. Por eso fue presentada.
Durante este habitual gesto, una persona le llamó la atención. Una preciosa chica, morena, de corte atrevido, alegre y desenfadado. La muchacha la miró con curiosidad, cuando los ojos de Mía brillaron maliciosamente. Una chispa, la que enciende el fósforo de la noche, encendió la mente y el cuerpo de la morena Mía, que se propuso pícaramente terminar con aquella joven entre sus brazos.

Rikie, era una chica sencilla. Del grupo con el que iba, no era la más llamativa, ni la que mas se arreglaba, ni siquiera iba a la moda. Sin embargo notó que la recién presentada se había fijado en ella más de lo que lo haría una mujer en una situación normal. Aquello le gustó, porque la joven Mía le había gustado desde que se había acercado a Buxie. El problema era sencillo… un interés no significaba que una persona estuviera dispuesta a que alguien del mismo sexo se le acercara sin mas para… en fin, pedirle algo mas.

Rikie no quería equivocarse. Y es que Mía era una chica que no sabía que tenía encanto, o ¿tal vez si? Dejaría que fuera pasando la noche para que Mía se acercara, si realmente estaba interesada.

Mía, por su parte, se hizo la loca. Solo cuando, sabida de que Rikie no la veía, se fijó en ella, mirándola de una forma que hubiese sido de lo mas descarado si el objeto de su curiosidad se hubiera dado cuenta.

La noche fue pasando. Apenas se había movido una hora la manecilla del reloj y Markus hacía entrada en el Sinova. Siempre tan espectacular, siempre tan mirado y cuchicheado, llevaba a su lado a su mujer Salo, y a sus amigos, Fran y Victoria.

A Mía no le gustaba aquella mujer delgada y especuladora, por muy sencilla que asegurara él, Markus, que fuera ella. Siempre miraba a los demás, sobre todo a las féminas, de una forma despreciativa, cuando alguien se acercaba a él. Era como si marcara el territorio alrededor de su macho dominante, dejando claro con quien estaba y a quien pertenecía. Sin embargo, aquella forma de marcar su espacio vital, con Mía, no funcionaba. Porque Mía reducía aquel circulo alrededor de su interesado o interesada hasta que su “victima” caía en sus redes.
Cierto es que nunca llevaba a su terreno a aquellas personas que físicamente se veían incapaces de moverse en su terreno, y mucho menos deseaba carga de conciencia por una “captación” con malas artes. Tan libre se consideraba ella, así de libre dejaba que fuera la elección de estar a su lado… Y Markus estaba encantado con ella, con haberse dejado llevar a su terreno, cuando lo había echo, cuando ella lo dejaba entrar… porque muy a pesar de Markus, las veces que ella le abría las puertas de su territorio eran pocas.

A veces incluso había sentido celos cuando, la muy astuta, se había acercado a ronear cerca de Fran. Aun sabiendo que ella no estaba interesada en aquel hombre, amigo y confidente, ella sabía de su juego, de su poder sobre él, porque simplemente él, Markus, se lo había dicho. Ella era su tipo, era un jugoso pastel con el que Fran deseaba jugar, y le encantaba que ella, con su mezcla de timidez, sencillez, malicia infantil y seducción, jugara a ser una niña mala.

A Markus le ponía mucho la delicada Mía, porque con él era así, tímida, delicada, sensible y a la vez fogosa y atrevida en los momentos mas íntimos. Pero le mosqueaba que ella se acercara para hablar con Fran y no con él.
Más no podía demostrarlo. Estaba atado de manos. Salo estaba su lado, en la mayoría de ocasiones en las que Mía se comportaba de aquella manera. Y sabía de sobra porqué lo hacía así.

Mía saludó desde lejos al grupo de cuatro. Se fijó en que Markus sonreía discretamente. Fran de forma abierta. ¡Por todos los dioses! ¡Que guapo estaba esa noche! Siempre con vaqueros, llevaba camisa negra y una chaqueta del mismo color. Estaba imponente. ¡Estaba buenísimo! Con esas espaldas, y esos ojos rasgados, esa boca carnosa…

Siempre le había gustado Markus, era alguien que le había ganado, podría hacer todo lo que él quisiera, pues sabía que sus “nos” con él, eran meramente protocolarios. Siempre se dejaba hacer con él, se desinhibía, dejando de ser la que llevaba la voz cantante a ser la guiada por las sendas ocultas del placer que aquel hombre le ofrecía.

Pero aquella noche, como las últimas en las que había coincidido con él, si había tenido alguna intención de tener algo esa noche con aquel muchacho, se había cambiado de película muy pronto. Tan pronto como Salo aparecía a su lado.

Aquel viernes no llevaba planes. Ni con él, ni con nadie, Mas aquella chica, Rikie, se había convertido en su objetivo.

Hay que decir que, aunque pueda parecer lo contrario, Mía no era una chica fácil. Ni fácil, ni promiscua. No era de las que hoy se enrolla con uno y mañana con otro. No. Sin embargo no tenía problemas para conseguir compañía si así lo quería. Y hay que puntualizar que no era siempre. Ni a menudo. Ni siquiera de forma frecuente. Ella disfrutaba cautivando con su aura, su carisma, su singular personalidad cuando los intereses que iba a tener eran lo suficientemente calibrados, y merecían la pena el desgaste y el empeño.

Tras el breve y distante saludo, tanto Markus como Mía se estuvieron observando toda la noche. Uno, porque sabía muy bien que algo tramaba. No se había acercado a él. Eso era porque ella estaba extendiendo sus redes por algún motivo especial. Eran íntimos desde hacía mucho tiempo. Y de un poco a esta parte, mas intimidad habían tenido entre ellos. Se conocían. Él sabía que quería que fuera partícipe en su juego, porque le hacía miradas confidentes. La veía venir, intuía que iba a hacer, que tramaba, y solo de pensarlo, se ponía malo. Era muy morboso, y ella le ponía a cien a distancia.

Ella, a su vez, le miraba, mostrándole, paso a paso, cual era el juego que tenía. Quería hacerle pasar un rato un poco masoca, sabiendo que él daría lo que fuera por estar en lugar de su “objetivo”. Y Mía se ponía mala solo de pensar que Rikie se acercaba a ella como quería, de la manera que quería. Le ponía mucho montárselo con una mujer, siempre le pasaba. Era un subidón de adrenalina. Y sabiendo que cualquier cosa que hiciera, estaría bajo el escrutinio de él, mas se excitaba.

Rikie se aproximaba tímidamente a Mía, esperando que ella, de una manera u otra le diera a entender que no, que no era de esas. Pero cuanto mas se acercaba, mas notaba su mirada en ella, mas notaba que Mía estaba interesada, que si, que quería algo… que sería suya.

La música sonaba. El alcohol en una copa en la mano de la discreta Rikie y cada vez mas cerca de ella. Mía se veía frágil, pero estaba segura de que era todo apariencia, que ella era experimentada. Así sería mas fácil, mas claro y directo. Aquel cabello suelto, oscuro como la noche, aquella piel clara. Y como bailaba. Y como la sonreía.
Se acercaba despacio, según bailaba. Y cuando se quiso dar cuenta, la tenía junto a la pared. Se acercó y le dijo al oído que no recordaba su nombre. Mentía. Se quedó con él en cuanto Buxie se lo dijo. Mía. Y eso se repetía. Quería que fuera suya.

La joven se rió y le repitió su nombre al oído. Estaba tan cerca que podía olerla. No parecía nerviosa. Incluso parecía que no sabía de sus intenciones. Otra vez se acercó a su oreja. Su voz apenas audible. Pero cuando pensaba que no la iba a oír con la música tan alta, la lengua de Mía lamió sutilmente su oreja. Rikie no se lo creía. La acercó a la pared, a apenas unos centímetros, y la acorraló entre sus brazos.
Los labios de Mía se cerraron en su lóbulo y notó los dientes en un pequeño mordisco.

Mía, después de dejarla claro que era lo que quería, que aquella noche aquella joven sería su compañía, miró allí donde estaba Markus, quien la miraba con fuego en los ojos, con una clara expresión de envidia y morbo. Se deslizó por el cuello de Rikie, besando allí donde su pulso se aceleraba. Coló su mano por debajo del chaleco de pelo y comenzó a deslizarla por la cintura.
Rikie se dejaba hacer, ansiando su contacto.

Mía miró a su alrededor. Buxie no estaba por allí, aunque en el fondo tampoco le importaba, pero quería ser discreta. Y Los acompañantes de Markus no se fijaban en las sombras del rincón del fondo del Pub. Pero los ojos de aquel hombre la miraban como ella le miraba a él. Le encantaba aquello.
Lamió la escotadura de su amante, dejando que ella echara su cabeza hacia atrás.
En un susurro lleno de intención, Rikie pronunció su nombre.

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2 comentarios Escribe tu comentario

Anonimo

Anonimo dijo

Entonces Markus decidio que o miraba hacia otro lado o desaparecia de alli... Si ya era dificil...porque le gustaba hacerle sufrir? Levanto su copa y mientras bebia su ultimo trago se fijo en los hielos. Al cabo de pocos minutos, cuando ella giro su cabeza para buscarlo...ya no estaba alli. Se esfumo como el humo de un cigarro. En ningun momento penso que lo hiciese a mal pues sabia que ella era impulsiva, pero no podia mantener mas esa imagen en su cabeza, a el le dolia...

artemisa dijo

Mía no pensó que a Markus le doliera... pensó que el juego es algo en lo que ambos esban de acuerdo, así que porqué salió huyendo? Ciertamente si uno tiene pareja y se ariesga a jugar con alguien como Mia, sabe que puede ver cosas que no desearía si el sentimiento que tiene es tan fuerte como para herile.... hay que asumirlo....

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