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23
May
2009
Barack Obama vs la izquierda liberal
Se trata de una maniobra que promueve la supuesta "vuelta" norteamericana a los principios democráticos y a la vez, mejorar la imagen pública de Estados Unidos. En síntesis, es cuerpo central de lo argüido por los defensores de la promesa electoral del presidente Obama, de cerrar la prisión para terroristas en la Base Naval de EE.UU en Guantánamo, Cuba. Estos llantos de cocodrilo por un simple hato de terroristas irredimibles, perfora nuestro dolo patrio –aunque sea postizo– al constatar la desvalorización del americanismo por la izquierda liberal.
Sus oponentes –conservadores–, tildan la acción de estos grupos como maniobras publicitarias para mantener las simpatías a escala mundial disfrutada por el presidente Obama. En conjunción, los liberales tratan de confundirlo todo con una supuesta aversión a los EE.UU, por la mayoría de los países –por cierto, furibundos hipócritas embelesados con el american way of life– incluyendo el abigarrado bloque de naciones europeas mecidas en indiferencias. Los liberales sueñan conque estas naciones no vuelvan a apoyar a Washington en su cruzada anti terrorista.
Sucede que los defensores –exógenos– del presidente Obama, obvian factores indispensables para hacer creíbles sus respectivos puntos de vista. La izquierda morona de nuestro patio y la dispersa por otros países, no cesa en deambular desbandada en su adicción inherente a virar el rostro en cuanto deben enfrentar y proyectarse sobre algún reto político, ético o moral. Obama debe defenderse de estos políticos intolerables, siempre aptos a claudicar ante el enemigo.
Ellos infieren que el actual gobierno demócrata es su aliado natural, lo cual les posibilitará navegar con las parcas como tripulantes por el mar apacible de los desplantes liberaloides, repleto de prerrogativas, para clavar sus puntos de vista sobre todo que les huela a conservador. Son secuelas naturales típicas de los anti patriotas hollywoodenses, ansiosos de restriegues con el lúmpen proletario.
En el lenguaje popular significa "coger los mangos bajitos", es decir, accionar sus planes diversionistas y anti norteamericanos; bajo garantías de los frutos a mano y empujar al presidente hacia el descredito y el abismo político, sin mayores obstáculos. El error de los liberales es desolador, a pesar del reciente affaire de las sanciones al régimen del Dr. Fidel Castro, hoy burlón y repatingado en su poltrina.
Aunque lo parezca, un gobierno republicano no implica ablandamiento de la seguridad nacional. Tampoco el impulso a actitudes pro liberales, o sea, aquellas benéficas a los proyecto político-sociales de éstos, tendentes a cambiar la imagen y textura social de Norteamérica, a la medida de sus guarachas temblorosas de morosidades olvidando, las huellas imperecederas de nuestros moccasins.
Es indispensable recordar estos delirium ideológicos, que ellos confunden con los post partes; porque no se ha dado a luz aportes al bien común y sí, el disfrute de democracias y libertades, autóctonas. Ambas, asentadas firmes y no por la gracia divina de la "Gran Dama" (Estatua de la Libertad), expectante en Bedloe Island.
Se trata de algo bien serio: la seguridad nacional, la cual está siendo "refrescada" –indispensablemente– en Irak y Afganistán. Creanlo o no, estos neo munichistas extemporáneos sin filiación oficial legítima. Cierto que de rebote, se anotaron un tanto con el reciente levantamiento parcial de sanciones sobre las dudosas "visitas familiares", otorgando sumision y lealtad absoluta al régimen del Dr. Fidel Castro.
Los liberales, como ciertos adivinadores del "gordo" (por supuesto, después del sorteo) venden la idea al pueblo norteamericano, de que los presidentes Bush utilizaron las guerras del Medio Oriente para borrar el hechizo traumático de Vietnam. Los norteamericanos puede que hayan bordeado el síndrome, pero no lo absorbieron. Vietnam y los países del Golfo Pérsico mancomunan la guerra como tal, no sus motivos y fines. Es el juego de los terroristas, hoy batidos por los cruzados.
En Vietnam, se colaboró con un gobierno autoritario, siempre desde un punto de vista ideológico –democracia versus comunismo–; no como enclave de pretensiones expansionistas, tal insinuaron las medias. La primera guerra del golfo neutralizó el desplome de fuentes petroleras vitales para las economías occidentales y rescató a aliados fieles de los EE.UU. La segunda, es la historia por la que hoy navegamos.
El presidente Barack Obama, no debe abandonar la campaña a muerte contra el terrorismo. Muy caro le costó a las democracias suponer en München, buena voluntad en los nazis y sus aliados del Eje (hoy la bronca es con los comunistas) al hacerles concesiones a cambio de nada. Tal, empaña nuestro prestigio y honor.
Apartando errores: la prioridad es la seguridad nacional –interior y exterior– de EE.UU, tal demostraron las administraciones Bush. Lo contrario, son residuos de la resaca pueril shakesperiana de "Sueños de una noche de verano".
© Lionel Lejardi. Mayo, 2009
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
engliolejardi
Lionel Lejardi es Ing. Electricista. Investigador, historiador y analista de política nacional (EE.UU) e internacional. Estudia el Asunto Cubano y su influencia a escala planetaria. Reflexiona sobre categorías idealistas tipo, tales como las reveladas en “La Ciudad del Sol” de Tommaso Campanella y “Utopia” de Thomas More, entre otras, en calidad de placebos eclécticos hacia sociedades más justas. Aquellas, cuyas antítesis más notables eclosionaron en furiosos fracasos durante el Terror Jacobino (siglo XVIII) y el Totalitarismo Comunista (siglo XX), hoy desplegado por los castristas con el máximo de dureza, sobre Cuba.
El autor individualiza esta praxis de "clásica dictadura del proletariado," ya en fase de extinción; como osmosis tropical del marxismo corriente –el mismo ya degradado a ideología de segunda mano, por su autismo precoz–, aunque destilandole el ruido de la componente leninista, por nonata y séptica.
Es sintetizar el optimismo alegre del castrismo depredador actual, como subespecie de antimateria social auto destructiva y su dogma político contractual. Dizque son vestigios reptados hacia mundos paralelos, ya singularizados como dimensiones cuánticas (Teorema de Lulo-Kubilo) con el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, preludios de la Teoría de Cuerdas. Claro que explicado también, con palabras cuerdas.
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