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01
Dic
2008
¿Racismo indigenista? I/II
Nada para molestarse, no más que el quehacer torvo de los anfitriones; esos payasos penta continentales de la ONU –porque los tri continentales siguen en la noria ropavejera de criticar a los países exitosos y prósperos–; empecinados en disfrazar a nuestro presidente, huésped ilustre en cualesquiera de las tierras allendes a los EE.UU desde ha, con sus folclorismos enajenantes e insultadas máscaras reiterativas. Mantas, zarapes, ponchos, gorros, pieles de felinos y culebras, quijadas de ranas, capuchas, arcos, flechas, lanzas, boleras y cuanto dislate y el resto de las boberías y sonajeros empeñados en montarles a nuestros presidentes. De esos empleados por los brujos locales que se les ocurra clavar y camuflar a nuestros mandatarios, tal si estos fueran Barbies encapuchadas de "Las cuatro estaciones" de Vivaldi o de la misma oreja rellena de Van Gogh. ¿Qué se han creído estos murciélagos apocalyptos de malamuerte, ridiculizando a nuestros presidentes, tan pacientes y benévolos, pero hartos ya de tales payasadas e irreverencias?.
Porque cuando hurgamos en la "Animal Farm: A Fairy Story" de George Orwell, nuestro profeta (sólo en la entonces "ficción político anticipativa" del totalitarismo comunista), resalta la nueva fila ya reciclada n-veces de ex tirapiedras sesenteros; hoy cargados de trenzas, tatuajes, pierces; y colas de caballo, al más genuino y escandaloso orgullo gay. Son aquellos que alborotaban desde la Plaza de Mayo, en Buenos Aires; hasta la de TlaTelolco, en Ciudad Mexico. Eran los celosos de matizar la atragantadura de sus dislates programáticos con el discurso guevarista, no el de la selva –intervencionista y totalitario, sí, pero al menos sudando su idiotez a tiro limpio y con los timbales de una charanga típica cubana– sino, el de los salones apacible del ancien régime empinando cañas con tapas de queso "Manchego" y jamón del "Jabalí Negro". Ellos, como siempre ya en el poder, en las timbas burlescas, inmersos en el disfrute abominable del jugoso socialismo apocalypto del siglo XXI.
En términos de la Indoamérica multicultural y democrática, aferrada al conuco de las China Poblana; la de los grandes intervalos, es sentarse a temblequear saturnismos pulqueros. Porque, para el disfrute morón, la banda amenaza tornarse en una Indoamérica monocroma, incolora e insípida, de entes fenoménicos y satrapía totalitarias. Es que esta leva izquierdista de narcotraficantes, obnubilada e inmersa en pesebres marxistas; insiste en homologarnos científicamente –colmando su atrevimiento dilettante; recurriendo al darwinismo y a la sincronización; nazi– con especímenes de la ralea roja propia de lo que no es América, un pesebre adamado.
Todo ello suena rarezas por obra y gracia de agitadores etnocentristas, empeñados en retrotraernos al mundo Apocalypto de canibalismos, torturas y genocidios intertribales, que tanto sudor costo a los conquistadores domeñar y civilizar. Ahora que se auxilian de un supuesto socialismo (ninguno sabe de qué trata el vocablo) tomando especias de la marmita castrista, cuajada de errores y horrores. Porque a los ojos de los conquistadores, repletos de faltas e imperfecciones humanas sí, echaron a un lado la balanza dorada al coincidir con Doña Isabel I de Castilla, en que aquel Nuevo Mundo no podía quedarse desnudo y envilecido por la antropofagia. Huele a racismo corriente, un juego de palabras cómodo, que éstos elusivos aplican a su profesión habitual, salvo que operando a la inversa. Y en eso, el cristianismo tañó sus campanas alegres, para barrer aquel desastre
En esencia, se trata de fascismo cotidiano en taparrabos, omnisciente y vengativo al estilo Quezalcoatl, la serpiente emplumada nahua; hacedora de políticas, ciencias, artes además de sus placeres culinarios homofílicos, sui generis. Es la veleidosa gama de dioses y demonios tan aburridos como los de la mitología griega, sumeria o indú; tediosos hasta el espanto, pero paridoras de culturas largas; alejadas de la Indoamérica selvática e irracional. Casi salvadas por los mayas, incas y aztecas. Porque ninguno de los chamanes, cumplieron juramentos en cambiar la vagancia con pretextos de la vida silvestre, en laboriosidad institucionalizada como la europea o la asiática. Un continente que estos demonios de la tierra ofendida, por muy poca rajaduras de siembra y mucha recolección y cazas y chupaderas de alcoholes.
Bien que se les andan lejos los sueños americanos, absortos en alabar sus propias imágenes de cumparsitas de barrio. Es hacerle las gracias al Eje Apocalypto.
Trasciende de una metamorfosis en caída libre, planeada anterior al inicio de la Guerra Fría, todavía prevaleciente bajo los látigos de los últimos Cuatro Jinetes del Apocalipsis indigenista. Ello conduce a la transmudación de águilas, cóndores y halcones; en zopilotes, lechuzas y querequetés apichonados. No tratamos con alquimistas del plomo en oro, sino a la inversa. Acensúan como propios el volvernos a las tinieblas del oscurantismo precolombino, en interés de estos profetas titulares del "nuevo socialismo del siglo XXI", tal promueven como la dirección de un bayou louisiano, explotadas por los que ayer y hoy sazonan revanchismos de sus anti culturas fantasmas. Es la átona secuela heredada por obra y gracia de la avidez de riquezas, impuesta por las clases vivas y la burocracia –lease la burguesía del capitalismo ilustrado–; y les atañen también la imparable corrupción y latrocinio de los sectores políticos, enquistados como termitas de clase privilegiada, rectora del quehacer bananero.
La burguesía ilustrada no se enteró que desde hace más de un siglo, los pichones del querequeté ganguero (socialistas, anarquistas y fascistas), devinieron fanáticos del peor comunismo utópico (como lo fue la intrepidez de Karl Marx vs Louis Blanc, tras la hecatombe comunera) hoy ensayados por la gavilla leninista en resaca de langostas, la de doble costura y pensamiento único. Desde entonces, la Indoamérica desesperante fue pasto de los zurdos que la convirtieron en su podio de tiro privado, con vistas a sojuzgar el patio americano. No importa a dónde apunta el tiratacos indigenista, sino, su semblante en plena catarsis, al dispararle al mono capitalista, en calidad de demandante sin agravios.
Es la ambrosia de la gente de cabezas chatas, piramidales o lunáticas, atipadas a las Gordas consensuales de Botero. Valga que la iluminación colombina y sus reflejos acerados del imperio celta de Iberia, detuvieron a las sombras indoamericanas y las rehicieron orladas de luces renacentistas y de Ilustración.
Sucedió que, al concluir la II Guerra Mundial y con el triunfo de las democracias, exceptuando la oveja negra stalinista, se insuflaron ánimos frescos a la Humanidad excelente; la judeocristiana; y se consolidó nuestra cultura occidental, como fuerza hegemónica, única e incomparable, al buen volar civilizado. Devino irrebatible, la catalización y despegue de las fuerzas productivas intra nacionales, hacia la singularidad de mejor bonanza experimentada por la Humanidad, como nunca antes. Algo hiriente para los ineptos disfrutadores de los estilos de Occidente, lo cual es intolerable para las naciones envidiosas. Secuela sintomática de anocheceres, engalanados por líderes de las etnias indoamericanas concertadas al desorden de "PH plus" de la horda
Y establecieron estrategias alucinantes hacia una etnarquía cocalera y viciosa de hidrocarburos pesados, por antonomasia, de ideas exóticas adoradoras del taita; bolchevique y su plaga de morones lúbricos; esos que nada entienden de libertades y sí de la estolidez clásica del marxismo sobaquero. Apunta invitación a la retórica de plagios a las democracias y su sentido de la libertad. Esta fuerza vincula lo prestado al ente individual, para encerrarlo en la panacea del cepo zarapeño. Es la colectora de manos y pies obnubilados hacia el seudo marxismo de quincallas y kandongas como las de Tantor, allá entre Kabinda y el Kunene angoleños, burdas copias del nacional-socialismo fascistoide del "bello Adolfo".
Es que en la palanquera de cada Animal Farm, hay barrullos. Al menos, en destellos del equinoxio de querellas por los portaombligos de sus líderes, no por sambos o güeros –ellos se declaran así–; mucho antes de cada fiesta saltimbanqui, en que acorralan a nuestro Presidente para el disfraz ofensor. Nos enerva que nos los camufleen con mantos y gorros ofensivos. Es que los hilos del drama selvático nos enreversan lenguas e incendian nuestros avatares.
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Noviembre 2008
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
engliolejardi
Lionel Lejardi es Ing. Electricista. Investigador, historiador y analista de política nacional (EE.UU) e internacional. Estudia el Asunto Cubano y su influencia a escala planetaria. Reflexiona sobre categorías idealistas tipo, tales como las reveladas en “La Ciudad del Sol” de Tommaso Campanella y “Utopia” de Thomas More, entre otras, en calidad de placebos eclécticos hacia sociedades más justas. Aquellas, cuyas antítesis más notables eclosionaron en furiosos fracasos durante el Terror Jacobino (siglo XVIII) y el Totalitarismo Comunista (siglo XX), hoy desplegado por los castristas con el máximo de dureza, sobre Cuba.
El autor individualiza esta praxis de "clásica dictadura del proletariado," ya en fase de extinción; como osmosis tropical del marxismo corriente –el mismo ya degradado a ideología de segunda mano, por su autismo precoz–, aunque destilandole el ruido de la componente leninista, por nonata y séptica.
Es sintetizar el optimismo alegre del castrismo depredador actual, como subespecie de antimateria social auto destructiva y su dogma político contractual. Dizque son vestigios reptados hacia mundos paralelos, ya singularizados como dimensiones cuánticas (Teorema de Lulo-Kubilo) con el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, preludios de la Teoría de Cuerdas. Claro que explicado también, con palabras cuerdas.
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