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10
May
2009
Ecos de Nüremberg a los cubanos "sincronizados" II/III
Por la misma, se prohibió en los territorios ocupados por los Aliados: el Partido Nazi (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei o NSDAP), el Cuerpo de sus Líderes (Reichsleiter), la Policía Secreta del Estado (Geheime Staats Polizei o GESTAPO, las camisas negras), el Servicio de Seguridad SD (Sicherheitsdienst, las camisas pardas), Tribunal Popular (Volkstümlich Gerichtshof) y el resto de sus mecanismos de represión, gobierno, influencia política o económica. Se incluyó la simbología y atributos nazis, como son los estandartes, logotipos sellos, marcas y timbres con la cruz gamada (Swastika), entre otros. También el himno del partido nazi "La canción de Horst Vessel" (Horst Wessel Lied). Algo similar requerirá "El Asunto Cubano" La saga continua. © Lionel Lejardi. Mayo, 2009
Tal sucedió el 1ro de enero de 1959, cuando en la Cuba floreciente de entonces; el Dr. Fidel Castro Rúz y sus asociados implantaron un régimen según ellos "de génesis desconocido", negando vínculos totalitarios e ideológicas marxistas. Este movimiento en ralenti de desfase tardío o sea, de baja velocidad inicial y máxima aceleración al enfilar el despeñadero, se incrustó en la noria satelital de peregrinantes alrededor de la Oprichnina –ver, Iván, el Terrible (1565-1572)– kremliniana.
El password del Dr. Castro y sus asociados, para el acceso irrestricto al sésamo del Kremlin: anteponer su ambición a la dignidad del pueblo cubano y ofrendar la isla como rampa de lanzamientos de cuanto complot o lugar subversivo se le antojase a los rusos. Tales resultaron consecuencias del derrumbe económico, moral e institucional cubano; y el envilecimiento y degradación de la población actual.
Luego, los Aliados debieron emprender el Proceso de Nüremberg, contra los presuntos culpables de todo lo criminal hecho en Europa a partir del 1 de septiembre, 1939. Por ello, debieron auxiliarse de la "Carta o Estatuto de Londres del Tribunal Militar Internacional (agosto 8,1945)" que juzgaria a los acusados. Los "Principios de Nuremberg" determinaron qué era un crimen de guerra. Y del análisis emanaron los 7 principios que los definen, legal y jurídicamente
El General Dwight D. Eisenhower, en calidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas, ya a cargo de la gobernación militar del área ocupada, emitió un documento trascendental dirigido al pueblo alemán:
Esa maffia de totalitaristas nazis, profesionales, comenzó a hacer de las suyas en enero 30 de 1933, cuando Hitler fue nombrado Canciller a instancias del presidente Paul von Hindenburg. Ahí arrancó un pandemónium que perduró hasta la derrota nazi en mayo de 1945. Los árboles del paseo Unter den Linden berlinés y las tardías flores invernales en las laderas del Devin bratislavense, retoñaron al descanso tras la batalla. Los judíos, los más afectados por los desmanes nazis, vislumbraron su Patria Nueva en la entonces Palestina británica, cumpliendo así con el llamado del rey Saúl.
Al principal promotor de esa conspiración de lesa humanidad, Adolph Hitler (el apellido es una corrupción de otras voces germánicas, cuyo padre modificó), le adornaban cualidades extremas de entre las malas artes del carácter inhumano. Tal sucede hoy con algunas antiguallas precolombinas que nos gastamos por acá, en América. Hitler surgió de entre los deshechos de la IGM, como un espejismo camuflado con corrimiento hacia el rojo einsteniano, el cual en manos de sus seguidores fue convertido al espectro roji-pardo, tanto por su talaje tramposo como lobuno.
El Führer, Máximo Líder de los nazis –de igual connotación al de los comunistas cubanos con respecto a su adoración al líder Dr. Castro–, es auto denominación del canciller alemán. Recordemos que en los totalitarismos ni los nombretes, aunque non sanctus, corren en voz baja o alta sin la anuencia del líder. Es factible que Hitler reajustara el manual represivo de alta eficacia de la CHEKA rusa, cosmetizándolo a la realidad teutona.
Destaca que el escritor José María Vargas Vila, finalizada la IGM tuvo un presentimiento imaginativo cuando enuncio profético: "...dentro de veinte años, volverán los teutones". Y así fue en septiembre 1 de 1939. Lo que no advirtió fue la vitalidad agresiva e inexorable de los comunistas agazapados.
El Dr. Fidel Castro, como buen pícaro y algo peor, inteligente; embadurnó su paranoia (una especie de manía parapsicótica) con los aciertos represivos de los peores totalitarismos fascistas, comunistas y religiosos. Atenidos a casi todo lo contemporáneo, el juego republicano entre los movimientos populares radicales, emergidos al finalizar la IGM, –el fenómeno völkisch alemán, de ultra nacionalistas– necesitaron vectores político-militares a merced de un partido único totalitario con un líder implacable, omnisciente e infalible, con algo de tenebroso enquistado en la subcortical.
Son los aspectos ideológicos, sensibles a la gomigrafía histórica; entre los líderes nazis y los comunistas cubanos y también los seudo socialistas de medio pelo –Venezuela, Paraguay, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y otros de la fila morona–, que acusan un denominador común: estar bautizados en la pila sátrapa, hipnotizados y bendecidos con el guión de la "sincronización" (Gleichschaltung).
La "sincronizacion" –expresión muy en boga el la pre guerra por su relación con los generadores eléctricos grandes, operando en tándem– era un tropo político-social articulado por los nazis. Emergió como partícula definitoria del conjunto de dogmas represivos, síquicos y corporales; de un proceso absolutista del líder, y totalitario por la masa, quizás kafkiano y tan absurdo como el teatro de Ionesco.
Tiende a monopolizar y dominar la vida interna y externa de los individuos y por ende, de la sociedad en su conjunto. Es el génesis de los torbellinos totalitarios fracasados, como el castrista. El mismo se trasluce en una osmosis ineluctable y coercitiva, de los burócratas torquemadas del partido único quienes sellan at ætérnum el algoritmo del terror (al-jwarizmi) sobre todos y cada uno de los ciudadanos.
La "sincronizacion, como tal, deviene tesis de control absoluto sobre la voluntad del individuo aislado en su alter ego, yacente en sopor dentro de un submundo plano de techo bajo, el cual lo mantiene con la cerviz agachada, sumiso. Para los reeducados, implica aceptar la transparencia umbilical clásica del bolo político parasitario de retroalimentación, que va y viene por la tripa del fascismo–comunismo.
En esencia, y quizás escurrido a traves de la filosofía mayéutica, no se trata más que de un vulgar palíndromo bipolar de ideologías malvadas, atrapadas la una frente a la otra, como coágulos embólicos.
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
engliolejardi
Lionel Lejardi es Ing. Electricista. Investigador, historiador y analista de política nacional (EE.UU) e internacional. Estudia el Asunto Cubano y su influencia a escala planetaria. Reflexiona sobre categorías idealistas tipo, tales como las reveladas en “La Ciudad del Sol” de Tommaso Campanella y “Utopia” de Thomas More, entre otras, en calidad de placebos eclécticos hacia sociedades más justas. Aquellas, cuyas antítesis más notables eclosionaron en furiosos fracasos durante el Terror Jacobino (siglo XVIII) y el Totalitarismo Comunista (siglo XX), hoy desplegado por los castristas con el máximo de dureza, sobre Cuba.
El autor individualiza esta praxis de "clásica dictadura del proletariado," ya en fase de extinción; como osmosis tropical del marxismo corriente –el mismo ya degradado a ideología de segunda mano, por su autismo precoz–, aunque destilandole el ruido de la componente leninista, por nonata y séptica.
Es sintetizar el optimismo alegre del castrismo depredador actual, como subespecie de antimateria social auto destructiva y su dogma político contractual. Dizque son vestigios reptados hacia mundos paralelos, ya singularizados como dimensiones cuánticas (Teorema de Lulo-Kubilo) con el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, preludios de la Teoría de Cuerdas. Claro que explicado también, con palabras cuerdas.
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