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14
Oct
2009
Quebrada del Yuro: desastre del león guevarista II/II
La esencia del drama se inició del año anterior, en una fría mañana de octubre, 1966. Fue cuando el león colmado de rabias y venganzas por la frustración de sus amadas pesadillas y derrotas africanas, siempre machucadas a manos del Gran Hermano; arribó hierático en medio de himnos y ruidos, decidido y lleno de ensueños mortecinos, al aeropuerto de La Paz, Bolivia. Iba disfrazado con personalidad y leyenda, falsos. Le siguieron por separado, utilizando otras vías y momentos, el resto de los complotados. Todos juramentados en destruir cada vestigio de democracia en el continente americano. A los rusos no convenían tales desmesuras públicas sino el juego de los Frente Populares y la Lucha de Clases, los “progres”.
Pero la trama castrista deslizó a sus cuadros por vías seguras, sólo utilizadas por bandoleros y narcotraficantes. Y también por ahí introdujeron al altiplano los equipos, pertrechos que la Manila fementida les proyectó como los básicos y en las cantidades adecuadas, junto con las municiones de guerra y de boca. Porque el vivaquear ligero en las selvas durante los primeros tiempos, con el Ejército pisándoles los talones, requeriría liviandad en las mochilas.
Guevara –ya experimentaba cierta desconfianza–, prestó cuidado fino en conocer las cotas de los escondrijos donde; supuestos zapadores enviados con antelación, habrían depositado el grueso de los equipos pesados, vituallas, médicos, comunicación y otros pertrechos. Buena parte de los “zapadores” devinieron fantasmagóricos y los más aviesos (comunistas locales) se complicaron en traiciones, y no por ser gente extraña a la guerrilla. Al león, no le convencían los pronósticos de sus mentores, acerca de una acción fulminante contra el gobierno boliviano y la consecuente derrota de este a manos del campesinado (la versiósn maoísta). Ni tampoco, que los suministros estuvieran listos en su totalidad, para iniciar la campaña. Voces internas, y externas provenientes de paisanos, le sugirieron no confiar en un plan donde su figura se destacaría en el punto central, y por ende, diana de sus perseguidores.
No eran los tiempos en que un puñado de mau-maus asustaron desde el lomerío a un gobierno reconocido, una sociedad sólida y repleta de confianza en su futuro, sin embargo con un pueblo idiotizado con que cualquier otra cosa era mejor que el gobierno republicano. Los complotados, no obstante, parecían convencidos de que en base de la experiencia cubana, la derrota del gobierno del Gral. Fulgencio Batista y Zaldívar; daría a las fuerzas bolivianas antiterroristas, estrategias pasantes del estado defensivo al de alerta ofensivo. En marzo 11, 1967 por dos desertores de la guerrilla, Bolivia y después EE.UU advirtieron la insurgencia sediciosa por la zona de Valle Grande y dispusieron fuerzas rangers entrenadas por asesores de la CIA, en la búsqueda y captura de los invasores.
Los complotados, desconocían los detalles secretos de la operación armada en La Habana e inferían dudas sobre posibles copias ciegas del guión original de la Sierra Maestra. Para algunos guerrilleros cubanos, fue sospechoso la lista tan nutrida de líderes desertores del bando comunista o peor, desaparecidos en circunstancias turbias. Los anales de la épica guerrillera, devendrían desastre natural con la extinción absoluta, en pocos meses y por estrategias exquisitas de los asesores cubanos, del síndrome terrorista inducido por la cuadrilla guevarista.
Ya desde finales de 1966, la banda de escopeteros se consideró apta para iniciar el juego mortal. Concluían la etapa preparatoria tendente a montar un enclave guerrillero en el altiplano andino. Según los planes, alcanzarían idéntica puntuación que los sediciosos cubanos, contra el gobierno de Batista. El objetivo de la parodia boliviana se perfiló dentro de un plan maestro de batir al gobierno, utilizando terroristas disfrazados de oposicionistas y después, anulándole al pueblo todo vestigio de esencia democrática, con la imposición de una dictadura (ahora, las apocalyptos) del más fino corte maoísta –en su temible versión genocida del Khemer Rouge–, por la cual Guevara se derretía y adoraba.
La guerrilla calculó, encenagada en sus paranoias, que sobrevendría la fase de expansión hacia los países periféricos. Asegurarían el petróleo venezolano, la jungla Matto Grosso y el Canal de Panamá. Una estrategia a ejecutar con la destrucción sistemática de la logística gubernamental y de la población, al generar un caos total en Bolivia. Seguiría la conquista desde su patio trasero, de la potencia que los comunistas plagiaban denominándola “pérfida Albión” (EE.UU) en el decir griego.
Ver que por los 60s Norteamérica era supuesta por sus enemigos “a punto de caramelo”. Suponían, una nación desestabilizada por los estupefacientes –Caballo de Troya de los comunistas e islamitas– y también, por las acciones antipatrióticas de los anarco-liberales, izquierdistas, fabianos y el desenfreno delictivo de los grupos terroristas y maras centroamericanas locales. La Habana, aprovechó la confusión por la guerra indochina, y devino gestora del parto boliviano.
A juicio del león, la diferencia consistiría en que ahora él y su Superego serían los reyes de la selva. No como en la Sierra Maestra, donde los castristas lo tenían como un cachorro extraño a la jauría. El león siempre se presentó envuelto en un halo de estoicismo y desgano por los deleites de la vida burguesa. Quizás, fue una refinada falsedad escénica, tal el Graco jacobino (François-Noël Babeuf, ver “La conspiration por l’égalité”). Iba y venía con expresión y atuendos ajenos al pecado original de apetitos hacia el savoir-vivre; hedonismo criticado a la burguesía –igual al que enchumbó ruindades la Die Neue Klass oder die Bezeichnung (Nueva Clase o Nomenclatura) de los comunistas cubanos–, como base de su discurso babuvistas.
Manila (La Habana) en la clave guerrillera y Poma en la de mi barrio), fungió como rampa de lanzamiento de los conjurados. La dacha moscovita, sorprendida, se adjudicó la primogenitura invasora, decían, por ser ellos los gurúes más aptos para alborotar el traspatio norteamericano.
La artillería liberal de los medios estadounidenses, descolimó sus blancos indochinos y se enfocó hacia esta nueva travesura prometedora de glorias y famas. Tal sucedió con el complot del corresponsal del “New York Times”, Herbert L. Matthews, un mitómano de cueros rojizos y maoístas hasta los tuetanos, irredimible; en su entrevista a Castro en la Sierra Maestra, al cual disfrazó con una épica falsa de “Robin Hood” moderno, eternizada después por la propaganda oficial castrista y las izquierdas.
El triunfalismo de la añagaza guerrillera, hizo que Castro se aventurara en ciénagas profundas como la boliviana; apartando sus fracasos al exportar la panacea totalitaria con los mercenarios cubanos que invadieron África, Asia y Medio Oriente. Pedestales trágicos donde fueron incinerados miles de jóvenes cubanos. En el caso de África, negros cubanos. El león, fascinado con sus boberías propias, ora tras errar descalabros por el Tanganica, persegido por mercenarios belgas y africanos, rugió desvaríos en la Tarpeya marxista y ensayó teorías económicas repletas de disparates, durante el tiempo que fungió de ministro.
Mediados los 60s el león cayó en trance hipnótico, imaginando ser el comandante idóneo para la aventura boliviana. Uno de sus dislates en Ñancahuazú, consistió en aceptar la encomienda de Manila; sin advertir que siendo él la estrella del affaire, no le mostraron el guión completo. Así, aquel felino cargado de odios y furias que aterrizó en La Paz una mañana fría; nunca pisó la selva real sino otra virtual. Ilusionado con glorias futuras, falló el escalón dando una voltereta mortal hacia el abismo, el mismo que sus promotores inundarían con fanfarrias y promos dolarizados. Aquello sobrevendría después de la difuminación de su efigie rumbo al Partenón del Olvido, donde yacen los iconos fabulosos molestos, pero ya inofensivos. Eso sí, aquellos que ya “ni pinchan ni cortan”.
La magistral neutralización del conato guerrillero a manos de los rangers bolivianos, no sorprendió a nadie en el barrio. El desastre fue anunciado al conocerse que esa grey aturdida era comandada por el arquetipo del tonto por excelencia del siglo XX: Ernesto Guevara de la Serna (aka "Che"). Lo ocurrido a este líder a la una y cuarto de la tarde, aquel 9 de octubre de 1967; en Quebrada del Yuro; no fue el fin de un adalid abandonado por sus cómplices, sino, el cataclismo de toda una ideología perversa saturada de ululares tiránicos, hoy en proceso de momificación.
Esa última noche, un ranger de los más jóvenes, se levantó de junto a la hoguera del vivac. Y recordando a “The Tokens”, brindó eufórico: "Silencio, que’l león duerme esta noche". Pero no tardó sin que les sorprendiera un rugido retumbante desde la selva, alertando que para las democracias, no habían finalizado los tiempos brutales.
Tal muestra hoy la simbiosis narcoguerrillera, islamita con el Eje Apocalypto. Nada de extrañar en ese mundillo donde pululan marxistas desdentados, plumas y guitarras envilecidas; y guerrilleros ensangrentados, todos embrujados en liturgias destructivas. El ocaso de Guevara, resultó ser otro ridículo melodrama daviniano de los montados por Castro, inmediato después del infausto enero 1 de 1959. Antesala de un horror devenido semejante, en septiembre 11 del 2001. ¿Alguien duda?.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2009
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
(Bienvenido a mi blog alterno: http://www.elasuntocubano.net
26
Oct
2008
La Estatua de la Libertad y un poema (II/III)
El Poema
(Poema inscrito en la base de la Estatua de la Libertad)
No como el mítico gigante griego de bronce
De miembros conquistadores a horcajadas de tierra a tierra;
Aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar se yerguerá
Una poderos mujer con una antorcha cuya llama
Es el relámpago aprisionado, y su nombre
Madre de los Desterrados. Desde el faro de su mano
Brilla la bienvenida para todo el mundo; sus templados ojos dominan
Las ciudades gemelas que enmarcan el puerto de aéreos puentes
“¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria!” grita ella.
“¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres
Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad
El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas
Enviadme a éstos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a
mí
Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!”
Transcurría el cálido verano de 1883 y como consecuencia del cosmopolitismo, la ciudad de New York era centro donde cruzaban sables innumerables corrientes políticas, teológicas, ideológicas y artísticas —entre otras— aquellas en franca emulación o en guerra, con sus iguales europeas.
Las personas intelectuales jóvenes, como Emma Lazarus, casi siempre adoptaban una posición al respecto. En particular con una fuerte dosis de misericordia hacia los más desposeidos, y el disfrutar de las cosas buenas que le ofrecía la vida, sin importar los motivos de la tal disparidad social —por lo general cómodamente achacable a los gobiernos de turno— y tampoco; sin entrar a sopesar la parte alicuota de culpa personal, vicios e idioteces intrinsecas en éstos necesitados.
En su acogedor pero estrecho boudoir de la calle 42, por donde hoy está el "Grand Central Oister Bar", la joven poetiza Emma meditaba sobre el infructuoso encuentro de esa mañana con el afamado periodista Joseph Putlizer y el abogado William Maxwell Evarts. Este último, le había hecho la petición de que redactara un poema de donación; el cual seria subastado a nombre del comité recaudador de fondos para el Pedestal de la Estatua, al cual él representaba.
Hubo sorpresas para ambos. Ella, desató fuerzas interiores que le aplastaban el alma desde su último viaje a Europa y rehusó enviar el poema al "Portafolio of the Art Loan Collection" (en realidad la "Art Loan Found Exhibition in Aid of the Bartholdi Pedestal Found") albacea de los fondos de contribuciones, para erigir un pedestal a la escultura "La liberté eclairant le monde" (La libertad Iluminando al Mundo), que pronto arribaría desde Francia. Es curioso que hasta esos momentos, y acentuamos la atención sobre el punto, no se manejara el nombre final de "Statue of Liberty".
Emma, una joven encantadoramente solitaria —sin compromisos sentimentales a vistas, aunque hay indicios de suavidades epistolares con Ralph Waldo Emerson—; de profundas ideas humanistas y democráticas; y un tanto liberales en el mejor sentido manejable para una soltera de la época, albergaba sus razones para negarse en principio a la composición del poema.
A inicios de aquellos tiempos, Lazarus disentía del periodista Pulitzer en utilizar la poesía en la colecta de dineros para construir el pedestal de la estatua. Cuestión de estética literaria, de la cual ella se consideraba guardiana fiel.
Emma, ya convertida en escritora y con cierto prestigio serio entre las capas intelectuales neoyorquinas; era renuente a utilizar la poesía como elemento de atracción hacia las responsabilidades propias del comité de notables, a los cuales no les avizoraba intenciones de mecenas. El mismo integrado por personalidades de alta relevancia social y económica, algo reticentes a contribuir para una obra social responsada y vinculada con el gobierno federal.
Al parecer, Emma no distinguió exactamente las diferencias —no necesariamente antagónicas— entre las excitaciones de su sensibilidad personal; que la impulsaban hacia un esteticismo límpido en la belleza de sus sentimientos; con su habitual facultad de conocer lo ignoto, según Immanuel Kant en su "Estética Trascendental", hasta el final de cualquier sutileza unívoca.
Sin embargo, el lienzo del balotaje popular de opiniones, daba pie para deslizarle impulsos a la poetisa hasta un Alexander Gottlieb Baumgarten —creador del concepto "Estética"— en su "Reflexiones filosóficas acerca de la poesía". Por eso ella mostraba un ser interno diáfano, en nada de mezclar la euritmia poética con el dinero. Pero una amiga la escritora Constance Cary Harrison conocedora de su calibre, logró susurarle al oido interno de su ternura y convencerla. Emma recapacitó, dando muestras de una dulzura inigualable en su cáracter humanista.
Durante el transcurso de unos días, ella se envolvió en un halo poético, azotada por evocaciones del acoso y genocidio antisemita contra los judíos Askenazis; imperantes en la Europa Oriental, estimados complices en el asesinato del zar Alejandro II, en 1881. Todos los ecos de la furia antisemita desatada en Rusia, golpeó a Emma de una manera indeleble; incluyendo las despóticas "Leyes de Abril", emitidas en indudables venganzas contra los judíos.
En el posterior complot para asesinar en 1887 a Alejandro III, sucesor de Alejandro II; participó y fue ahorcado por ello, Alejandro Ulyanov, nada menos que el hermano mayor de Vladimir Ilyich Ulyanov (alias, "Lenin"). De la ejecución del hermano de Lenin, se presume arrancó el odio visceral de éste ultimo contra los Romanoff. De tal saña devino el exterminio completo de la familia imperial rusa, por orden del líder comunista, cuando éstos se adueñaron del poder absoluto en la Rusia de 1918.
Emma, finalmente, pensando en sus coetáneos y hermanos de fe, humillados y perseguidos como fieras; sintió entonces la inspiración divina de escribir un poema hermoso. Lo mejor y más sincero que le saliera del alma,
Así, la poetisa volvió al comité del "Portafolio" y les mostró un apacible soneto de catorce versos, "The New Colossus" (El Nuevo Coloso). Este poema, entre otros similares, fue recogido por ella en su libro "Son of a Semite" (Canción del semita) publicado en 1882.
Los franceses, habían bautizado el proyecto inicial de la estatua grandiosa, como "La liberté eclairant le monde" (La libertad Iluminando al Mundo) y no con el polémico nombre por el que después fue conocido popularmente: "Statue of Liberty". Es que al asunto de la estatua, le convoyaba otro génesis. Más que de solidaridad, económico.
La muerte alevosa del Zar ruso, Alejandro III, había desatado pogromos con el consecuente flujo de exiliados; los cuales se desperdigaron por todos los rumbos, donde en su mayoría, fueron mal recibidos. Impresionada, Lazarus sintió conmiseración hacia las minorías judías perseguidas por los despotismos ilustrados que inundaban Europa. Cuyo climax devino filosofía genocida con el nazi-fascismo a mediados del siglo XX. Primo hermano totalitario del horror comunista implantado por los bolcheviques (comunistas), al apoderarse de la Rusia zarista.
El trasfondo afloró, cuando Emma tomó el símbolo republicano y libertario de la escultura como la parte esencial de su poema y posó su mirada inclusiva en sus ancestros europeos. Lógico, si el tono en América era de carácter republicano mientras que en los territorios coloniales europeos, era rara —excepto en estratos culturales ínfimos— la susceptibilidad a generar exiliados.
Tampoco los exiliados fueron un subproducto especial emanado de las satrapías arábicas fundamentalistas, fueran estas africanas, asiáticas y otras. La colonia española de Cuba, por aquella época; fue sin embargo un caso atípico en el mundo occidental; por ser generadora excepcional de exiliados políticos genuinos —siempre acogidos generosamente en los EE.UU, además de México, Venezuela y otros países indoamericanos—, al estar sumidos los patriotas de la Isla en sus guerras independentistas contra de la metrópolis española.
El soneto aludía a los símbolos de las culturas griega y romana, al Coloso de Rodas y otros, a los cuales las élites norteamericanas profesaban admiración. Durante la trama estatuaria, hasta y un tiempo después de su inauguración, el gobierno de los EE.UU no prestó relevancia ni se vinculó con el poema de Lazarus. Ella aludía a los puentes entre dos ciudades (evidente París y New York) y los desterrados europeos arribados por esas vías, no los inmigrantes irregulares (indocumentados simples) de cualquier otro lugar.
Tanto que el 28 de octubre de 1886 en ocasión de inaugurarse el monumento por el presidente Stephen Grover Cleveland, Emma Lazarus no fue considerada como uno de los más genuinos invitados a la trascendental ceremonia. Luego, la estatua nació con el nombre francés original y sin el poema.
Sin embargo y al parecer —según cuentan crónicas de la época—, el resto de las personalidades invitadas fueron exactamente aquellas que no habían contribuido ni con un centavo para materializar la obra.
No muestra veracidad la idea de mala intención y sí, de cierta subetimación. Ella y su poema no parecieron existir en el ánimo de las autoridades, ni se manifestaron con fuerza en el interés del comité gestor. Así, durante las siguientes dos décadas el soneto quedó ignorado al conocimiento público.
No fue hasta 1903, ya fallecida Lazarus en 1887 (de un linfoma) que su amiga entrañable; la enjundiosa filántropa Georgiana Schuyler, descubrió el poema en una librería. Esta dama realizó gestiones privadas y logró colocar una placa de bronce (Mayo 8, 1903) en el interior del pedestal, con el poema grabado en alto relieve. La simbiosis del poema con la estatua, hasta ese momento; disfrutó de infinidad de interpretaciones, pero ninguna coincidente en sus alumbramientos respectivos. Luego, nacieron juntos pero cada gemelo ignorante de la existencia del otro, fue puesto en solitaria por las circunstancias. Las cuales son todavía polemizadas en medio de las tertulias contemporáneas.
Lo sorprendente es que la Schuyler desconocía la existencia, intenciones y significado real del soneto escrito 16 años antes, por su amiga Emma. Es un enigma el cómo, por quién y por qué se autorizó de manera oficial, montar dicha placa en un recinto gubernamental.
No obstante y resalta como un argumento demoledor para los defensores del supuesto carácter inicial pro-inmigrante de la estatua, es que el poema de Emma Lazarus no recibió difusión pública hasta alrededor de 1934 y no desde 1886, como hicieron creer a la generalidad de los ciudadanos. De igual modo sucede con la placa.
Tal destape, aconteció cuando el escritor esloveno-americano Louis Adamic (Aloijz Adami…) montó una campaña publicitaria por la radio en beneficio de diseminar el conocimiento del poema. El escritor, consideraba el interes de su propio origen como inmigrante y sus opiniones políticas socialistas, embelesadas al parecer con la línea stalinista. No es sorprendente que dicha acción fuera planeada por el Comintern, ansioso de inundar y sembrar en los EE.UU a sus proselitistas y simpatizantes, con vistas al futuro.
Adamic, prolífero escritor y periodista, en sus inicios respondía a los intereses de un inmigrante típico de ideas antimonárquicas, contra el entonces Reino de Yugoslavia. En 1954 este hombre apareció muerto de un disparo en la cabeza, bajo circunstancias extrañas. Un "suicidio", achacado como homicidio por la policía a alguna facción balcánica iracunda con los opositores al líder yugoeslavo Josip Broz (aka, Tito). O simplemente, a un regalo macabro de los servicios de la KGB; furiosos con las desviaciones del político comunista montenegrino Milován Djilas (Milovan Đilas); un crítico de los errores crasos de la teoría marxista-leninista. Este líder —extraordinariamente serio— desató un tsunami político en las esferas kremlinianas, cuando publicó su libro denuncia: "The New Class: An Analysis of the Communista System", mejor conocido como "La Nueva Clase".
La vinculación de aquellos 14 versos, 70 años después de inaugurarse la estatua, a los idealistas, socialistas, etnólogos, multiculturalistas, populistas y rellenadores del melting pot; les dio por soltar críticas acerbas del sistema de vida norteamericano, la política de los EE.UU y de su "intolerancia" en no mirar hacia otro lado y hacerse de la vista gorda; en lo referente al desorden fronterizo desatado por los ilegales provenientes, en su mayoría, desde la frontera de México. Un sistema intolerable (el norteamericano), dicen, pero del cual no rehusan disfrutar y explotar al máximo.
Del mismo modo, les convino promover la idea de que la poetiza imbricó la misericordia norteamericana; con la versión libre de incluir en su poema, a todos los inmigrantes o titulados perseguidos o no. Ello, como es constatado en la actualidad, sin importar sus antecedentes criminales, tal si fuera un mandato y voluntad del pueblo y gobierno de los EE.UU, dado a la poetiza.
El asunto es de gravedad igual, como sucede hoy con las crápulas de maras de ex-comunistas; procedente de los totalitarismos antaño "Granjas de Animales" marxistas-leninistas de Europa Oriental. Y también, con las hordas de falsos exiliados enviados por el Comintern; por ejemplo; aquellos provenientes de Asia, África, Centro, Sud América y del Caribe (ver el Asunto Cubano).
Los escépticos denunciaron la tergiversación del poema, como un dolor de cabeza para los Servicios de Inmigración; estimando además que tal punto de vista representaba una invitación a violar las leyes norteamericanas de parte de los inmigrantes e ilegales, como sucede hoy día de manera tan desmesurada.
Luego en consecuencia debemos admitir que la Schuyler, quien era una mujer de carácter fuerte, nunca consagró dicha placa al concepto de una inmigración irrestricta, sino, como manifestó públicamente, "a la memoria de mi querida amiga Emma Lazarus".
La saga continua.
© Lionel Lejardi. Octubre, 2008
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
(Visita, y serás bienvenido a mi mi blog alterno: http://www.elasuntocubano.net)
engliolejardi
Lionel Lejardi es Ing. Electricista. Investigador, historiador y analista de política nacional (EE.UU) e internacional. Estudia el Asunto Cubano y su influencia a escala planetaria. Reflexiona sobre categorías idealistas tipo, tales como las reveladas en “La Ciudad del Sol” de Tommaso Campanella y “Utopia” de Thomas More, entre otras, en calidad de placebos eclécticos hacia sociedades más justas. Aquellas, cuyas antítesis más notables eclosionaron en furiosos fracasos durante el Terror Jacobino (siglo XVIII) y el Totalitarismo Comunista (siglo XX), hoy desplegado por los castristas con el máximo de dureza, sobre Cuba.
El autor individualiza esta praxis de "clásica dictadura del proletariado," ya en fase de extinción; como osmosis tropical del marxismo corriente –el mismo ya degradado a ideología de segunda mano, por su autismo precoz–, aunque destilandole el ruido de la componente leninista, por nonata y séptica.
Es sintetizar el optimismo alegre del castrismo depredador actual, como subespecie de antimateria social auto destructiva y su dogma político contractual. Dizque son vestigios reptados hacia mundos paralelos, ya singularizados como dimensiones cuánticas (Teorema de Lulo-Kubilo) con el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, preludios de la Teoría de Cuerdas. Claro que explicado también, con palabras cuerdas.
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