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30
Oct
2008
La Estatua de la Libertad y un poema (III/III)
Estatua y placa se conjugaron a destiempo bajo maravillosos puentes de democracia y libertad. Dos de los campeones se destacaban en ambos campos de la acción y el pensamiento de la filosofía humana,: Francia y America. Estas naciones se hermanaron desde 1774 bajo el redoblar del Primer Congreso Continental de las 13 Colonias, como preludio de la Revolución Americana y la posterior Revolución Francesa.
El largo y agotador nombre de Marie Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Montier, mas conocido como el Marqués de Lafayette fue uno de los que tendieron los primeros cabos de enlace. Lafayette compró un barco y en unión de una tripulación de aventureros, contratados como mercenarios a paga futura, se sumergió dentro de la causa de los patriotas americanos, para luchar contra los britanicos. George Washington, no tardó en darle el rango de Mayor General, asignado a la jefatura del Comandante en Jefe.
Ambos derroteros se iniciaron, y ello ocurrió una noche veraniega de 1865 cerca de Versalles en el Departamento de Yvelines, a 10 millas al sudoeste de París. Entonces, una parte de la opinión pública francesa, en especial las altas esferas militares y gubernamentales, mantenía sus mohines contra EE.UU por su lasitud de estos frente a las pérdidas territoriales francesas (Alsacia-Lorena).
Estos territorios gobernados por Francia debieron ser entregados a Prusia tras la derrota francesa en Sedán, durante la guerra franco-prusiana (1870-1871). El vector de simpatía emanó de la nutrida comunidad alemana asentada en los EE.UU, lo cual no agradó a Francia. Sin embargo, un lustro después el panorama político había cambiado. Exactamente cuando floreció la idea de la estatua.
El fuero patriótico francés reverdeció iluminaciones al viejo estilo, al fijar su mirada sobre la república hermana allende el Atlántico. La cual por esos tiempos andaba enfrascada en los preparativos para celebrar sus mejores centenarios.
Tanto, que esa noche de 1865 en su casa de Glatygny, un republicano de la elite liberal parisina, Édouard René Lefèvre de Laboulaye, reunió a varios amigos también republicanos que como él mismo, eran opuestos a Napoleón III (Charles Louis Napoleón Bonaparte). Todos o en su mayoría, fervoroso antiesclavistas y admiradores de EE.UU, estaban adscritos a alguna de las fraternidades masónicas o francmasónicas.
Se trataba del mismo Napoleón que fue Presidente de la II República, y despues elevado al trono de Francia, como emperador. Estos cargos Napoleon II los mantuvo simultaneamente. Hasta entonces, se le habia considerado como un líder romántico, liberal, socialista utópico y nada tonto, a pesar de las estocadas que le lanzó Victor Hugo cuando lo apodó Napoleón "el Pequeño".
Entre el grupo de los reunidos se destacaba un joven escultor, Frédéric_Auguste Bartholdi. En una de las pausas de incertidumbres se escuchó la voz de Laboulaye, quien planteó la idea de hacer un regalo a la "hermana república de los Estados Unidos de Norteamérica".
El gesto seria en celebración de la alianza entre América y Francia durante la Revolución Americana (1775-1783) y también en ocasión del centenario de la independencia de los EE.UU. Napoleon III (conocido como "el principe-presidente"), dejó Francia como el último monarca francés tras la derrota de Verdún, dando paso a la III República.
La idea de la estatua ascendió hasta los líderes políticos de la III República, de manera que éstos últimos valoraran aprovechar el proyecto "como símbolo propagandístico para que los europeos notaran las virtudes de la democracia", en oposición a la casi inexistente en las inoperantes monarquías.
Los monárquicos estimaban que el gobierno de la III República era temporal y de mal gusto e impregnado de gente vulgar y chabacana, por lo que ansiaban el retorno a una monarquía constitucional tipo Napoleón I. Nada indicó que en el ánimo del grupo estuvieron evaluaciones de incluir en el proyecto ideológico otras áreas diferentes a las europeas. La idea culminó en diseñar y construir una estatua gigantesca para ser erigida en New York.
Bartholdi, en calidad de escultor y con merecida fama como creador de figuras monumentales, dio la impresión de sentirse fascinado nuevamente en elaborar una estatua tan descomunal que lo eternizara como creador. Para ello deberían obtener un billón de francos.
Todos los presentes eran sinceros admiradores de la épica de la Guerra Civil en EE.UU, la figura de Abraham Lincoln, sus esfuerzos en pro de la igualdad y libertad plena de los ciudadanos y en especial la abolición de la infame esclavitud. Pareció que la tierra en ambas riveras del Atlántico estaba fértil para el mutuo e imperecedero espaldarazo.
Se evidenció por estos razonamientos que la estatua nunca fue supuesta "Madre de los Exiliados", como quizás alguien imaginó palpar románticamente en Emma Lazarus, dado que sus objetivos políticos inmediatos de la obra eran otros: promover el republicanismo y la libertad en contraposición a los despotismo y tiranías europeos.
Para los historiadores resultó paradigmático constatar que 17 años antes (en 1869) de la erección de la Estatua de la Libertad in Bedlve’s Island, en octubre 28 de 1886, ya el estratégico Canal de Suez había entrado en operaciones, uniendo la navegación entre los mares de Europa y Asia.
Esta construcción era la obra magistral del vizconde e ingeniero francés, Ferdinand Marie de Lesseps. Para nuestros contemporáneos sorprendió que ya desde 1867, en una visita que Bartholdi realizó a Egipto, éste retornó a Europa deslumbrado con la magnitud de los monumentos de los faraones egipcios.
En aquel entonces, el escultor imaginó y así propuso al Khedive (virrey) de Egipto, Ismail Pasha, una estatua-faro colosal inspirada en la diosa romana Libertas. Esta estatua la nombrarían, para nuestro asombro, "Egipto, diseminando la Luz por el Asia" o "El Progreso".
Esta representaría a una mujer campesina (falaha) envuelta en togas, calzada con sandalias, vestida al estilo griego y portando antorchas. Así históricamente nos encontramos con que esta figura seria la misma a erigir a la entrada del Canal de Suez por el lado del mar mediterráneo, en ocasión de inaugurarse aquella maravilla de la ingeniería.
Los egipcios declinaron la oferta dado que estaban en bancarrotas al declararse insolventes para pagar sus deudas. Razón por la cual ya tenían en esos momentos intervenidas sus aduanas por funcionarios de otras potencias europeas, con el propósito de incautarse de los dividendos aduanales y así amortizar la deuda.
Una maqueta de la estatua, de unos 2.7 metros de alto y para estupor de los historiadores de hoy, parece que resultó ser la misma reciclada y cosmetizada después por Bartholdi —aunque éste siempre lo negó—. El Ing. Gustave Alexandre Eiffel, diseñador de la Torre Eiffel fue encargado de la ingeniería estructural, lo cual delegó en otro ingeniero famoso y diestro, Maurice Koechlin.
Centavo a centavo, los franceses reunieron los cientos de miles de francos requeridos para la fabricación de la estatua. En América, sucedió algo parecido en lo relacionado a la construcción del pedestal, aunque mediando fuertemente el comité de Pulitzer. Al final, Richard Morris Hunt concluyó el pedestal en 1886. Por su parte en Francia, la colecta para la construcción de la estatua comenzó en 1874 y la construcción de la obra finalizó en Julio de 1884.
Un punto de interés fue la identidad de la modelo. Algunos argumentaron que fue Isabella Eugenie Boyer, viuda del conocido industrial judío Isaac Singer. Otros asumen que fue Jeanne-Emile Baheux of Puysieux, desposada por Bartholdi. Los terceros sitúan a Charlotte Bartholdi, madre del escultor, una mujer caucasiana de mediana edad.
Tras una breve exhibición de algunos fragmentos en París, la obra —ya seccionada— fue llevada a New York en la anteriormente mencionada fragata "Isere", a donde arribó en junio de 1885.
Su llegada a los EE.UU resultó en un dolor de cabeza para los norteamericanos, puesto que no estaban preparados para el arribo de aquella mole de cobre y acero. Y tampoco para las incontrolables oleadas de inmigrantes que siguieron como los niños de Hamelin a esta exuberante dama, sólo que en lugar del río Weser lo harían por el Hudson.
Conociendo la lógica de la opinión pública norteamericana, no extrañó que algunos sectores de la ciudadanía protestaran, tanto de la estatua como de sus objetivos, por no entender las razones de todo aquel barrullo.
Sin embargo, de todas formas la pieza se tornó después símbolo de democracia y libertad, seduciendo a los benévolos y a aquellos que no. Una significativa parte de la opinión pública norteamericana, se preguntó acerca de "los motivos y el por qué los franceses, embrollados en sus trifulcas sobre la libertad, se abrogaban el derecho de implantar un faro de libertad en donde ésta ya existía, sólida".
Quizás la respuesta emanó del Bartholdi político, todavía en Paris y enfrascado en los quehaceres del embarque de la estatua, quien al caer en una encerrona de la prensa expresó: "Yo intentaré glorificar allí las ideas republicanas y de la libertad, con la esperanza de que algún día las volveré a encontrar aquí, en Francia".
De todo esto se desprende y observado en los hechos, que la estatua de Bartholdi y mas tarde el poema de Lazarus, fueron sobrepuestos y confundidos intencionadamente por promotores desconocidos —aunque en apariencias, con propósitos humanistas—, dando una idea diferente de la original.
En general, a partir de las actividades radiofónicas de propaganda iniciadas por de Adamovic y los grupos socialistas, y no de cuando su inauguración como erroneamente se ha entendido, es cuando el símbolo de la estatua comienza a acercarse a su imagen actual.
Sin embargo, valdría preguntarnos si la interpretación pero —sin destrucción del enigma y el mito—, aportaría algo a la causa de la democracia y los derechos humanos. Es posible que no tendría efecto alguno, considerando el inmenso prestigio de este símbolo.
Aunque nos parece claro que, los refugiados por motivos económicos o los ilegales indocumentados, no guardan una relación estrecha con los principios políticos y humanistas originales de la Estatua de la Libertad, poseedora de un diapazón bien organizado, valga que los brazos abierto
Por lo que cabria como colofón o síntesis de esta historia y a nuestro juicio, que verdaderamente hay brumosidades con relación a esta popularizada incógnita, hoy casi un mito. Pero Emma Lazarus, en la dulzura infinita de su poema "The New Colossus", siempre permanecerá contenta.
Hagamos un alto y detengamos el cernido de argumentos para aquilatar hasta el infinito, lo evidente. Porque quizás la mántica de Pitia, como oráculo délfico, aún conserve toda la verdad aprisionada entre los metales y mármoles de la "Lady of Liberty".
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Octubre 30, 2008
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
26
Oct
2008
La Estatua de la Libertad y un poema (II/III)
En los preludios de la puesta en escena de este drama sorprendente, por cierto que cocinado a fuego lento en el melting pot de la orilla norteamericana, todo se inició al revés, en medio de un clímax dramático de motivaciones inusuales, sin in crescendo. Más por la forma tierna del estilo poético que por el contenido, el cual algunos fisiócratas idiotizados con hortalizas tildaron de maniqueísta. Era un punto de vista demasiado hiriente e injusto. Analizar tal, no es el objetivo presente, sino los hechos. Emma, pensando en sus coetáneos y hermanos de fe, sintió la divina inspiración de escribir un poema hermoso. Así, la poetisa volvió al comité del "Portafolio" y les mostró un apacible soneto de catorce versos, "The New Colossus" (El Nuevo Coloso). Este poema, entre otros similares, fue recogido por ella en su libro "Son of a Semite" (Canción del semita) publicado en 1882. La saga continua. © Lionel Lejardi. Octubre, 2008
Transcurría el cálido verano de 1883 y como consecuencia natural del cosmopolitismo, la ciudad de New York era centro donde cruzaban sables innumerables corrientes políticas, teológicas, ideológicas y artísticas —entre otras— aquellas en franca emulación con sus iguales europeas.
Las personas intelectuales jóvenes como Emma Lazarus, casi siempre adoptaban una posición al respecto. En particular con una fuerte dosis de misericordia hacia los más desposeidos, sin importar los motivos de la tal disparidad social —por lo general cómodamente achacable a los gobiernos de turno— y sin entrar a sopesar la parte alicuota de culpa personal e idioteces de éstos necesitados.
En su acogedor pero estrecho boudoir de la calle 42, por donde hoy está el "Grand Central Oister Bar", la joven poetiza Emma meditaba sobre el infructuoso encuentro de esa mañana con el afamado periodista Putlizer y el abogado William Maxwell Evarts. Este último le había hecho la petición de que redactara un poema de donación para subastarlo a nombre del comité recaudador de fondos para el pedestal de la estatua, al cual él representaba.
Hubo sorpresas para ambos. Ella rehusó enviar el poema al "Portafolio of the Art Loan Collection" (en realidad la "Art Loan Found Exhibition in Aid of the Bartholdi Pedestal Found" ) albacea de los fondos de contribuciones, para erigir un pedestal a la escultura "La liberté eclairant le monde" (La libertad Iluminando al Mundo), que pronto arribaría desde Francia. Es curioso que hasta esos momentos, no se manejara el nombre final de "Statue of Liberty" (Estatua de la Libertad).
Emma, una joven encantadoramente solitaria —sin compromisos sentimentales a la vista, aunque hay indicios de suavidades epistolares con Ralph Waldo Emerson—, de profundas ideas humanistas y democráticas, y un tanto liberales en el mejor sentido manejable para una soltera de la época, albergaba sus razones para negarse en principio a la composición del poema.
A inicios de aquellos tiempos, ella disentía de Pulitzer en utilizar la poesía en la colecta de dineros para construir el pedestal de la estatua.
Emma, ya convertida en escritora y con cierto prestigio entre las capas intelectuales neoyorquinas, era renuente a utilizar la poesía como elemento de atracción hacia las responsabilidades propias del comité. El mismo que lo integraban personalidades de alta relevancia social y económica, algo reticentes a contribuir para una obra social responsada y vinculada con el gobierno federal.
Al parecer, Emma no distinguió exactamente las diferencias —no necesariamente antagónicas— entre las excitaciones de su sensibilidad personal que la impulsaban hacia un esteticismo límpido en la belleza de sus sentimientos; con su habitual facultad de conocer lo ignoto —según Immanuel Kant en su "Estética Trascendental"—, hasta el final de cualquier sutileza unívoca.
Sin embargo el lienzo daba pie para deslizar a la poetisa hasta un Alexander Gottlieb Baumgarten —creador del concepto "Estética"— en su "Reflexiones filosóficas acerca de la poesía". Por eso ella mostraba un ser interno diáfano, en nada de mezclar la euritmia poética con el dinero. Pero una amiga la escritora Constance Cary Harrison conocedora de su calibre, logró convencerla. Y Emma recapacitó, dando muestras de una dulzura inigualable de su cáracter.
Durante el transcurso de unos días se envolvió en un halo poético, azotada por evocaciones del acoso y genocidio antisemita imperantes en la Europa del Este contra los judíos, estimados complices en el asesinato del zar Alejandro II, en 1881. Toda la furia anti semita golpeó a Emma de una manera indeleble, incluyendo las despóticas "Leyes de Abril" emitidas en contra los judíos.
En el posterior complot para asesinar a su sucesor, Alejandro III, en 1887 participó y fue ahorcado por ello, Alejandro Ulyanov, nada menos que el hermano mayor de Vladimir Ilyich Ulyanov (alias, "Lenin"). De la ejecucion del hermano, se presume arrancó el odio visceral de Lenin contra la familia de los Romanoff (*).
Los franceses habían bautizado el proyecto inicial de la obra grandiosa como "La liberté eclairant le monde" (La libertad Iluminando al Mundo) y no con el polémico nombre por el que después fue conocido popularmente: "Statue of Liberty". Es que al asunto, le convoyaba otro génesis.
La muerte alevosa del Zar ruso, había desatado crueles pogromos, con el consecuente flujo de exiliados. Impresionada, Lazarus sintió conmiseración hacia las minorías judías ferozmente perseguidas por los despotismos ilustrados que inundaban Europa.
El trasfondo afloró cuando Emma tomó el símbolo republicano y libertario de la escultura como la parte esencial de su poema y posó su mirada inclusiva en sus ancestros europeos. Lógico, si el tono en América era de carácter republicano mientras que en los territorios coloniales de los europeos era rara —excepto en estratos culturales ínfimos— la susceptibilidad a generar exiliados.
Tampoco los exiliados fueron un subproducto especial emanado de las satrapías fundamentalistas arábicas, africanas, asiáticas y otras. La colonia de Cuba por aquella época fue un caso atípico en el mundo occidental, por ser generadora de genuinos exiliados políticos al estar sumida la Isla en sus guerras independentistas contra de la metrópolis española.
El soneto aludía a los símbolos de las culturas griega y romana, al Coloso de Rodas y otros, a los cuales las élites norteamericanas profesaban admiración. Durante la trama estatuaria, hasta y un tiempo después de su inauguración, el gobierno de los EE.UU no prestó relevancia ni se vinculó con el poema de Lazarus.
Tanto que el 28 de octubre de 1886 en ocasión de inaugurarse el monumento por el presidente Stephen Grover Cleveland, Emma Lazarus no fue considerada como uno de los más genuinos invitados a la trascendental ceremonia. Luego, la estatua nació con el nombre francés original y sin el poema.
Sin embargo al parecer —según cuentan crónicas de la época—, el resto de las personalidades invitadas fueron exactamente aquellas que no habían contribuido ni con un centavo para materializar la obra.
No muestra veracidad la idea de mala intención y sí, de cierta subetimación. Ella y su poema no existieron en el ánimo de las autoridades ni se manifestaron en el interés del comité gestor. Así, durante las siguientes dos décadas el soneto quedó ignorado al conocimiento público.
No fue hasta 1903, ya fallecida Lazarus en 1887 que una amiga entrañable la enjundiosa filántropa Georgiana Schuyler, descubrió el poema en una librería. Esta dama realizó gestiones privadas y logró colocar una placa de bronce (Mayo 8, 1903) en el interior del pedestal, con el poema grabado en alto relieve. La simbiosis del poema con la estatua disfrutó de infinidad de interpretaciones, todavía polemizadas en las tertulias contemporaneas.
Lo sorprendente es que la Schuyler desconocía la existencia, intenciones y significado real del soneto escrito 16 años antes. Es un enigma el cómo, quién y por qué se autorizó de manera oficial montar dicha placa en un recinto gubernamental.
No obstante y resalta por ser un argumento demoledor para los defensores del supuesto carácter inicial pro-inmigrante de la estatua, es que el poema de Emma Lazarus no recibió difusión pública hasta alrededor de 1934 y no desde 1886 como la generalidad de los ciudadanos piensa. Al igual que sucede con la placa.
Tal destape sucedió cuando el escritor esloveno-americano Louis Adamic (Aloijz Adami…) montó una campaña publicitaria por la radio en beneficio de diseminar el conocimiento del poema, considerando su origen de inmigrante y sus opiniones políticas socialistas. No es de extranar que dicha accion fuera planeada por el Comintern, ansioso de inundar los EE.UU con sus proselitistas y simpatizantes.
Adamic, prolífero escritor y periodista, en sus inicios respondia a un inmigrante típico de ideas antimonárquicas del entonces Reino de Yugoslavia. En 1954 este hombre apareció muerto de un disparo en la cabeza, bajo circunstancias extrañas. Un "suicidio" achacado por la policía a alguna facción balcánica.
De aquellos 14 versos, 70 años después de inaugurarse la estatua, a los idealistas, socialistas, etnólogos, multiculturalistas, etc. les dio por soltar críticas acerbas del sistema de vida norteamericano, la politica de los EE.UU y de su "intolerancia" en no mirar hacia otro en lo referente al desorden fronterizo de los ilegales. Un sistema intolerable, dicen, pero al cual no rehusan de disfrutar.
Del mismo modo, les convino promover la idea de que la poetiza imbricó la misericordia norteamericana con la version libre de incluir en su poema, a todos los inmigrantes o titulados perseguidos o no, sin importar sus antecedentes criminales; tal si ello fuera un mandato y voluntad del pueblo y gobierno de los EE.UU dado a la poetiza, tal sucede en los totalitarismos.
Los escépticos denunciaron el poema como un dolor de cabeza para los Servicios de Inmigración, estimando además que tal punto de vista representaba una invitación a violar las leyes norteamericanas para los inmigrantes e ilegales, como sucede de manera tan desmesurada hoy día.
Luego en consecuencia debemos admitir que la Schuyler, quien era una mujer de carácter fuerte, nunca consagró dicha placa al concepto de una inmigración irrestricta sino, como manifestó públicamente, "a la memoria de mi querida amiga Emma Lazarus".
Legacy Press
(*) En julio 16, 1918 la Casa Ipátiev de Ekaterinburg (Urales), era una mansión regia, rodeada por una extraña empalizada construída por los bolcheviques. La familia del Zar, sus servidores y médico personal vivían allí prisioneros desde que fueron apresados por los comunistas. Cerca se escuchaba el fuego de un destacamento checo del Ejército Blanco que se acercaba. El jefe de la CHEKA local Yakov Yurovsky disponía de una órden tajante emitida por el propio Lenin. Y en unión de un pelotón de sicarios —prisioneros de guerra húngaros, que no entendían ruso ni sabían a quiénes les ordenaban exterminar— balearon a sangre fría y asesinaron en el sótano de la casa, a toda la familia real de los Romanoff y sus servidores, incluyendo mujeres y niños. Sus cuerpos los disolvieron en ácido por órden expresa del líder comunista. Sólo 8 días después de la masacre, las tropas del Ejeército Blanco lograron tomar el lugar y con ello, todos se habrían salvado.
Lenin, es el mismo líder al cual el Dr. Fidel Castro (también el Dr. Ernesto Guevara en sus buenos tiempos) admira e idolatra con devoción religiosa.
Corriendo julio de 1977 un misericordioso Boris Yeltsin, entonces disciplinado líder local del Partido Comunista, ordenó la demolición "hasta los mismos cimientos" de la Casa Ipátiev.
En el mismo lugar del crimen, el propio gobierno ruso autorizó en septiembre 20, 1990 a que la Iglesia Ortodoxa Rusa construyera una iglesia (Catedral). El 16 de junio, 2003 fue consagrado e inaugurado el hermoso complejo de la "Iglesia sobre la Sangre", coincidiendo con el aniversario y canonización de la familia real asesinada.
Resalta que en las Memorias de Boris Yeltzin, éste conspicuo ex-comunista abriera su corazon y apuntara "...más tarde o temprano nos avergonzaremos de actos tan barbáricos."
engliolejardi
Lionel Lejardi es Ing. Electricista. Investigador, historiador y analista de política nacional (EE.UU) e internacional. Estudia el Asunto Cubano y su influencia a escala planetaria. Reflexiona sobre categorías idealistas tipo, tales como las reveladas en “La Ciudad del Sol” de Tommaso Campanella y “Utopia” de Thomas More, entre otras, en calidad de placebos eclécticos hacia sociedades más justas. Aquellas, cuyas antítesis más notables eclosionaron en furiosos fracasos durante el Terror Jacobino (siglo XVIII) y el Totalitarismo Comunista (siglo XX), hoy desplegado por los castristas con el máximo de dureza, sobre Cuba.
El autor individualiza esta praxis de "clásica dictadura del proletariado," ya en fase de extinción; como osmosis tropical del marxismo corriente –el mismo ya degradado a ideología de segunda mano, por su autismo precoz–, aunque destilandole el ruido de la componente leninista, por nonata y séptica.
Es sintetizar el optimismo alegre del castrismo depredador actual, como subespecie de antimateria social auto destructiva y su dogma político contractual. Dizque son vestigios reptados hacia mundos paralelos, ya singularizados como dimensiones cuánticas (Teorema de Lulo-Kubilo) con el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, preludios de la Teoría de Cuerdas. Claro que explicado también, con palabras cuerdas.
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