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07
Jun
2009
Las antorchas mochas de "The New York Times"
Estructurando una frase simple, el editorialista pre supone y está convencido, de que hoy vivimos en un futuro raro y extra galáctico, según candilejas de un Charlot-Morlock inmerso en su extemporaneidad supina. Nuestro hombre –como "El hombre del Traje Blanco" de Alec Guinness– juega con dos planos asépticos diferentes y en tiempos distintos. Tal sucede cuando rompe lanzas al aplicar en EE.UU parámetros ya contemplados y de hecho protegidos por la Primera Enmienda. Es llover sobre lo mojado. Es hablar acerca de la necesidad de libertad, donde esta ya existe.
Un resultado así es impensable en inteligencias experimentadas, pero tales baches suelen suceder también. No son los cubanos en general sino la diáspora representativa exiliada en particular, la que clama justicia y no porque hubo injusticia deliberada, sino por accidentes conceptuales. Consideremos que la homogeneidad inicial de las fuerzas patrióticas cubanas, ha sido contaminada por actividades de los servicios de inteligencia castristas. No es ningún éxito de los comunistas, dado que se trata de telas con corte y ribeteo al estilo bayou, pero no exactamente a los quartiers elegres de New Orleans.
Protestar con honestidad absoluta por la presencia del libro "Vamos a Cuba" en nuestras bibliotecas infantiles, a causa de su influencia deletérea sobre los niños, es tan válido –y nunca los justos dejarán de comparar el simil, dada su universalidad– como las de los judíos si agentes pro fascistas introdujeran en el Sistema Escolar Israelita (SEI) un libro enaltecedor de los años "Der Führer des Dritten Reich".
De alguna forma, la exclamación del periódico es gemir por lo que ya existe. Tal es exactamente igual el sentido –no el contenido– de la pregunta que se hizo en algunos círculos elitistas de la sociedad norteamericana en el último quinto del siglo XIX. Entonces, este sector inquirió sobre cuál era la razón por la que se pretendía exaltar la libertad, republicanismo y democracia en EE.UU, precisamente donde estas ya existían con solidez casi absoluta..
Los cubanos cuerdos, porque los discuerdos existen en todas las sociedades y etnias, no se abrogan derechos que vulneren la Constitución de EE.UU, sino los que la defienden. Se queja el periódico de la forma de oponerse a Castro, olvidando que éstos no se las ven con una dictadura convencional sino, otra extraordinariamente cruenta, en manos de experimentados represores. Otra cosa, bien repudiable, es secuestrar ejemplares del libro de las propias bibliotecas.
Luego, los editorialistas deben recordar que no vivimos en medio de perfecciones tales como "Jauja", "La Ciudad del Sol" o "Utopia". Si no a 90 millas de una "Animal Farm" –explotada cruelmente en Cuba por los comunistas–, tal las describió en su fabulario, George Orwell. Una realidad a domeñar por ellos, con el empleo de las mejores armas democráticas.
La dictadura dispone de institutos de Psicometría Epistemológica Social Aplicada –es la psiquiatría en función de los totalitarismos, luego, no es importante el nombre– dedicados al estudio y análisis del comportamiento del exilio cubano y sus integrantes moleculares, en cada país. Tal ellos tratan como supuetos conejillos de Indias, a los atribulados cubanos que subsisten en el hoyo del intramuro isleño.
De ahí los planes y diseño de estrategias sociópatas como "A Visit to Cuba" para perturbar el Sistema Escolar de los Estados Unidos. (SEEU). Tanto el periódico como la ACLU, se comportan como embebidos en las dulzuras de una liaison –virtual– como entre los antaño kamikazes (vientos divinos) y los Quijote inversos, al ignorar la protección de las víctimas. Es entonces en que evocan eufemismos tales como los mencionados "derechos" de los victimarios.
Se evidencia que tales libros bajo cuestión, a todas luces, no escapan a la incertidumbre de un presunto diseño habanero. Estos intrumentos son lo más parecido estructuralmente a lo que seria el antípoda de la "Divina Commedia", en describir al revés l’linferno di Dante Alighieri.
En consonancia, lo cual es absolutamente ingenuo por parte del "The New York Times"; es que en su balance pedagógico del libro, arriba a la conclusión de que a lo sumo, la obra no hace más que "ofrecer un retrato extremadamente positivo de la vida bajo el régimen de Castro". De hecho, el periodico entiende que "la vida es positiva" –un eufemismo, puesto que el signo es negativo– cuando la isla está convertida en un basurero inmenso. Es el trabalenguas de hablar al revés e implícito desliza una cierta duda sobre la origen de los mismos, sin que ello sea tácito.
Esta reflexión, dentro del contexto de un análisis serio –dada la extrema influencia del periódico–, es para alquilar balcones. De ello se desprende que tanto el periódico como la ACLU, requieren de cuadrifocales de doble aro. Es cambiar el telescopio por el microscopio.
Casi todos los sistemas, gobiernos, religiones, etc.; están involucrados en algún tipo de restricción, índex, censura o como se le llame, por lo general enlazada a aspectos de seguridad, sanidad o buenas costumbres, no a la libertad en sí. Sin embargo las democracias legítimas como las de EE.UU, Reino Unido, Francia, Suiza, etc. están exentas per se de tales aberraciones. Las antorchas patrióticas cubanas difieren de las del "The New York Times" porque estas últimas; en lo de iluminar caminos y verdades, en este caso se quedan mochas.
Calibremos que como las mentiras, hay rechazos negros y blancos, nada de grises. Lo sucedido con "A Visit to Cuba" no es más que la acción de un filtro moral de la ciudadanía decente y democratica, no de un particular. Es el buen ejercicio de la Primera Enmienda, accionado contra agentes patógenos diseñados para tergiversar la realidad cubana de intramuros.
Así piensan también los cubanos por otros niños expuestos a esos disparates. Habría que ver el futuro cuento y fanfarrias que urdirán las plumas viles –siempre prestas a embellecer la infamia–, puestas al servicio de las pandillas castristas de Centro y Suramérica cuando narren sus respectivas epopeyas cruentas.
Después de 50 años de dictadura comunista, los pensantes de la ACLU niegan con mansedumbre de corderos, que lo del Dr. Fidel Castro sea una dictadura y menos, férrea. También los hay por ahí que niegan que Treblinka, Dachau y Mauthausen existieron. Los malvados saben el poder que destila la propagación irrestricta y consuetudinaria de mendacidades.
Los cubanos, rechazan que tanto sus niños como los de otras nacionalidades sean imbricados e inmersos en falsedades bajo estas sutilezas. Se oponen a esos libros, no por diferir con las opiniones emitidas por los autores, los megáfonos de aquí en nuestro patio o los de la boca habanera. Es a causa de algo mucho más simple: por mentirosos.
© Lionel Lejardi. Junio, 2009
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
24
Abr
2009
"The New York Times", una ingeniería política en desplome
"Llaman a levantar ya el embargo a Cuba". El domingo 19 de abril, 2009 The New York Times ponchó este editorial. El mismo coincidió con el aniversario de la derrota de los expedicionarios cubanos (exiliados) en la acción de Bahía de Cochinos (Bay of Pigs). Por las más elementales consideraciones ética, desechamos que existiera dolo por parte del periódico de parangonar el revés de Playa Girón; con las decisiones tomadas por el presidente Barack Hussein Obama, respecto a modificar el embargo al régimen de La Habana. La eliminación de ciertos addemdums al embargo original, se tradujo en un repliegue hasta las líneas operativas vigentes en el 2006, modificadas después por decreto del presidente George W. Bush. O sea, las que el presidente Obama anuló ahora en abril de 2009: limite en los viajes, tiempo de estancia y cantidades de dinero a llevar y enviar a familiares. Lo grueso de la Ley (U.S. Embargo) original sigue incólume, tal ha sucedido por décadas. Por estas razones, el Dr. Fidel Castro Rúz continua inmerso en las rabietas propias de su avanzada edad y dirigiendo el país desde una entelequia de "Gobierno a la Sombra" –con un gabinete clandestino y otras farsas– similar a como acostumbran los ingleses. Claro que si Castro se sentara junto con su "gabinete", según el dicharacho, todos cabrían en un sofá. Tal estrategia es otra supercheria calibrada para impresionar a la opinión pública de los ingenuos, con idea de que supongan antagonismos entre el dueto de hermanos Corso. De paso mostrarían a los tontos algunos balbuceos iniciales de una democracia en la cúpula, factible de permear lentamente hacia la base, en "unas pocas generaciones". Es la melodía macabra de estos flautistas de Hamelin, sólo que les faltarán las ratas, porque para entonces todos los niños ya habrán votado con los pies, al marcharse de la Animal Farm parasidíaca. La cuarentena impuesta a inicios de 1962 al régimen del entonces joven y carismático líder –y con esto iniciamos el contra enfoque del tal editorial– no es ni fue inútil y sí, exitosa. Castro se hundió en su propio pantano, desde cuya profundidad lanza alaridos sistemáticos en sus denominadas "reflexiones" –nadie a adivinado con certeza sobre qué discurre– sin haber intentado nunca salir del hueco. Este lider de infortunios, mostró al mundo su ineptitud dado que ni con todos los recursos de la satelitería de la URSS, China y sus orbitales, materializó sus fantasías. El actual tranque de la democracia en Cuba por la implantación de un totalitarismo feroz, es prueba del acorralamiento castrista y del éxito rotundo de la política del embargo. Los comunistas atravesaron toda clase de pesadillas para continuar respirando a un cuarto de máquina dado que su caldera es inepta para elevar la presión, bajo ninguna ayuda que no sea la norteamericana. Con la cabeza baja, la nariz tupida con belfos y las alimañas habituales; dicen de la ayuda que el líder clama –maldiciendo la democracia en público y suplicandole en privado–, mientras extiende temblores y manos a los Estados Unidos. Y no les faltarán otras humillaciones, a pesar de los recados sollozantes que envía a Washington con sus amigos y mensajeros. Todos los cuales le advierten dónde está la mayor, más sincera y exitosa fuerza democrática para salvar Cuba, la cual detesta en su paranoia envidiosa. El Castro, que advierte la cercanía del fin, se aterra pensando hacia dónde la venganza popular lanzará sus huesos. El periódico especula sobre un terreno perfectamente desconocido por el editorialista, cuando opina acerca de cambios democráticos en Cuba que nunca se realizarán. Diserta tal si se tratara de un país normal que ha emergido de un desastre natural, pero donde todas sus instituciones democráticas continúan vivas, sólo que detenidas por el meteoro. En lo que queda de Cuba, todas las instituciones fantasmas que arman los comunistas (y ver las copycats del chavismo), las controla Castro. El periódico teje una especie de leyenda para cosmetizar su propia Ingeniería Política, ya en desplome, respecto a Cuba. Algo similar sucedió en pleno 1957, cuando otro prestigioso editorialista de The New York Times, Herbert Lionel Matthews, ganó celebridad con la entrevista que hizo a Castro en la Sierra Maestra, en el oriente de la isla. La pantalla de reflexión de la situación cubana, resultó igualmente distorsionada por el periódico. Para Matthews, dicen, Mao Tse-Tung –un asesino despiadado– era un "sincero reformador social"; mientras que a Castro lo asemejó y vendió como un romántico Robin Hood cabalgando por los bosques de Sherwood en Nottinghamshire. Lo que fascina a la canalla: robar a los ricos para regalar a los pobres. Entre otros que se deleitaron con parangonar el David bíblico en una lucha apologética contra Goliat. El primero fue Batista, después Estados Unidos, mañana quizás Mr. Hyde u otro de los fantasmones del pródigo closet comunista. De ahí, el Golem omnisciente actual, absolutamente impío, letalmente programado. Resalta que el periódico pre supone que en Cuba los cubanos "ya sienten atracción por las marcas estadounidenses", algo que recordarle es que ya que los criollos lo advirtieron desde los inicios de la república, no ahora. De ello, infiere, que los cubanos ejercerán una mayor presión en las bases del pueblo, disminuirá el control del estado, aumentaran su acceso a la información y en consecuencia, habrá un giro hacia el pluralismo político. Tal parrafada parece copiada de algún libro de texto de la Facultad de Ciencias Políticas de Harvard. Porque sucede que todo es exactamente al revés, como cuando asegura que la dirigencia cubana está lista para aceptar una apertura hacia los EE.UU. Los Castro, tratan de mantener fuera de visión a los oposicionistas de dentro y de fuera. Luego, allí, nada se abrirá si no es con un buen mandarriazo. En este pudin de inexactitudes rocambolescas, el editorialista acepta que Castro valide sus expresiones lunáticas e insiste obsesivamente en que se trata de una forma única de escenas repetitivas hasta el amodorramiento. Y también que el Asunto Cubano se reduce a alcanzar migajas de una libertad maniatada y amordazada, con corte de pelo al estilo chino o vietnamita. Este pensar de políticas estilistas es un error táctico y estratégico, de posible extracción del vademécum de Ingeniería Política por la cual se ha estado dirigiendo el periódico neoyorquino. Se trata de pensar grande en la América que mantendremos inhiesta a todo fuego, no en parodiar el ulular de la claque zurda. El régimen cubano, sus líderes y voceros, insisten lastimosamente en reducir la pelea trascendental de los Estados Unidos contra los totalitarismos y terrorismos, a una confrontación ficticia entre grupos de cubanos, el pueblo de intra y el de extramuros (isleños y exiliados), lo cual no existe. No es por ahí por donde van los tiros, sino que la disputa ciudadana se materializa en la lucha eterna entre el bien y el mal, la democracia contra el totalitarismo, los patriotas exiliados, el pueblo llano de la isla, junto con los demócratas de todo el planeta, contra el totalitarismo castrista. El Dr. Fidel Castro podrá intentar confundir como desee el génesis del Asunto Cubano, eligiendo la naturaleza y etiquetas de los adversarios. Saber que sus fines propenden a desviar la atención sobre él y sus asociados –los grandes culpables–, hacia una trifulca baladí virtual entre vecinos del mismo barrio. La realidad es todo lo contrario y se traduce a una lucha entre el pueblo de intra y extramuros exactamente contra un objetivo único: Él y su régimen. En verdad, el periódico debe considerar el rediseño de su Ingeniería Política, porque como media fue y es grande entre las fuentes de virtudes norteamericanas. Salve que estas líneas tan dolorosamente impronunciables, nunca podrán ser lecciones de patriotismo extemporáneo.
lejardil@bellsouth.net
Legacy Press
engliolejardi
Lionel Lejardi es Ing. Electricista. Investigador, historiador y analista de política nacional (EE.UU) e internacional. Estudia el Asunto Cubano y su influencia a escala planetaria. Reflexiona sobre categorías idealistas tipo, tales como las reveladas en “La Ciudad del Sol” de Tommaso Campanella y “Utopia” de Thomas More, entre otras, en calidad de placebos eclécticos hacia sociedades más justas. Aquellas, cuyas antítesis más notables eclosionaron en furiosos fracasos durante el Terror Jacobino (siglo XVIII) y el Totalitarismo Comunista (siglo XX), hoy desplegado por los castristas con el máximo de dureza, sobre Cuba.
El autor individualiza esta praxis de "clásica dictadura del proletariado," ya en fase de extinción; como osmosis tropical del marxismo corriente –el mismo ya degradado a ideología de segunda mano, por su autismo precoz–, aunque destilandole el ruido de la componente leninista, por nonata y séptica.
Es sintetizar el optimismo alegre del castrismo depredador actual, como subespecie de antimateria social auto destructiva y su dogma político contractual. Dizque son vestigios reptados hacia mundos paralelos, ya singularizados como dimensiones cuánticas (Teorema de Lulo-Kubilo) con el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, preludios de la Teoría de Cuerdas. Claro que explicado también, con palabras cuerdas.
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