10 Feb 2010

Lo que no conoces de mi.

Escrito por: manuel-alba-prieto el 10 Feb 2010 - URL Permanente

Paco el otro día, con motivo del cumpleaños de mi nieto Iker, (11) me vino a la memoria el día que te “conocí”. Quiero decir que recordé el día, que fui a verte al hospital de Málaga, donde habías nacido. Un año más que mi nieto, tenía yo cuando tú naciste; ¿Doce años cumplidos, de los de antes? Donde ya hacía tiempo que trabajaba, y ya había podido darme cuenta, de la diferencia que había, entre el mundo que yo había vivido, y el que estaba conociendo.

Poco tiempo después de que nacieras, (dos años o así) nos mudamos por fin, a una casa donde habrías un grifo y salía agua, y te podías duchar, y podías hacer tus necesidades. Para mí fue un gran cambio, en realidad fue un gran cambio para todos los miembros de nuestra familia, pero yo tengo que personalizar, si quiero hacerte entender, el tiempo en el que se vive al lado de alguien, pero como un espectador, que se fabrica su propio personaje.

Los años posteriores a la mudanza, el tiempo que viví en el mismo techo que tú, se desarrollo de la forma siguiente: Pero para enlazar mi historial laboral de aquella época, tengo que empezar con los primeros trabajos.

Fue de “Lazarillo” de un ciego, vecino del Barrio, al que llevaba por la mañana a la delegación, para retirar los cupones que tenía que vender, antes de poder dejarlo en su casa. Con mis doce años me di cuenta, que si terminaba pronto en vender los cupones, me hacia volver para sacar más, a la delegación, y así tenía que seguir tirando del ciego, también por la tarde; no es que fuera gratis, pues si, por la venta obligada del juego de la mañana, (así le llamaban) me pagaban quince pesetas, por la venta de los de la tarde, me pagaban diez pesetas; pero a mí me parecía bastante el trabajo y el salario de la mañana, así que iba calculando el tiempo, y procuraba vender los últimos cupones, cuando estaba cerca la hora de la comida; en ese tiempo mi “Jefe”, había tenido tiempo de emborracharse, y tirar de él, por aquella calle Dos Aceras, se hacía bastante penoso, además de ser cuesta arriba todo el trayecto, y de tener que tirar de un tipo realmente malo, que además estaba borracho y no había más remedio que tirar de él, también se agregaba mi corta edad y peso; que comparado con la mole que era mi “Patrón” parecíamos el gordo y el flaco. Estuve pocos meses tirando del ciego, pues conocí a un hombre, de los tantos que tenía que abordar para ofrecerle los cupones, que me ofreció trabajar con él, en un puesto que tenía en la calle Compañía, donde vendía carteras de piel, correas para el reloj, cadenas metálicas de las de antes, y multitud de artículos de regalo en piel. El puesto consistía en una tabla colgada de la pared, a la entrada de unos almacenes que se llamaban Paimesa. En ese trabajo me tire hasta los catorce años; edad que era necesaria para poder trabajar legalmente; y me coloque de aprendiz en una sastrería.

No me gustaría que pensaras, que esto que te estoy contando, contiene algún atisbo de reproche; pues yo no era distinto de otros de mi condición económico-social, y mama estaba obsesionada, con que aprendiera un oficio, pero la realidad de las penurias económicas, hicieron que los que podíamos ayudarla, tuviéramos que asumir que así era la vida, nuestra vida. A mí se me partía el alma, cada vez que le miraba las manos y veía como las tenia; Lavar en una pila a mano, cinco o seis oras diarias, le tenían las manos llenas de sabañones, que no podía curarse, porque el día siguiente la faena tenía que continuar, para poder “comer todos los días”. De ese primer trabajo me quedo entre las gentes que me conocían, en el barrio de la Palma, el apelativo del “Sastre”. Pero no tarde ni dos meses, en plantearme, lo insuficiente que me parecía el salario, 375 pesetas al mes; y les dije a los dueños, que o me subían el sueldo y me pagaban como ayudante o me marchaba; se rieron de mi; con sorna, que hasta un macaco como era yo en aquellos momentos, podía percibir, me preguntaron ¿Cuánto quieres ganar? Y yo sin pensarlo dije, ¡como un Ayudante, porque desarrollo el mismo trabajo! La contestación, delante de todo el personal que trabajaba, fue la siguiente: Mira niño, yo estuve cuatro años picando solapas y cortando entretelas y forros, para poder ser Ayudante, y de Ayudante me tire cinco, hasta que me ascendieron a oficial de tablero, en fin para que decirte. Salí pitando de aquel taller, sabiendo que nadie te enseña, si no es para sacar algún tipo de provecho. Hoy día están haciendo lo mismo con los “Becarios”.

Tu tía y mía, mujer de nuestro tío Ramón, fue la que me facilito la entrada en el mundo de la confección industrial, y con ese trabajo pude aprender el manejo de las maquinas de corte que se usaban en la industria. Mi trayectoria profesional desde ese primer trabajo “legal” pues acababa de cumplir los catorce años que marcaba la ley, ya está al alcance de tus recuerdos, así que seguro que te abras formado una opinión. Que puede que sea acertada, o puede que no lo sea; pero llegado a este punto, lo que sí puedo hacer es aclararte cualquier duda, si es que la tienes.

Puede que te preguntes que súbito interés me ha sobrevenido, para que te cuente la parte de mi vida que no es contemporánea a la tuya. Y te lo voy a decir, por si te hace ver un ángulo de mi vida que desconoces, o peor aún, no lo conoces por el que lo vivió en primera persona. No hay otro interés; a estas alturas de mi vida, lo único que me interesa verdaderamente, es que no se tenga una imagen de mí que no sea la verdadera. Besos.

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Con este Blog pretendo desde la subjetividad, que me concede el tiempo en el que he vivido, mirar como si tuviera una lupa que transciende el tiempo, repasar momentos que viven en mi recuerdo, y que nunca pude expresar en publico.Tambien quiero adentrarme en el laberinto de la realidad cotidiana, con el mismo principio de subjetividad que se le supone al humano.
Me gustaria que, si alguien lo lee, pueda compartir o expresar otra opinion distinta a la que yo tenga sobre cualquie tema.

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