28 Abr 2008
AÑORANZAS DEL PASADO: "PALOMA, LA CABRA"
RELATO BREVE
En la exigua y humilde cocina, aún en semipenumbra, presidida por la campana de la chimenea, reinaba un penetrante olor a humo. Sentado en un tocón de fresno, que a la vez servía de tajo para partir la carne, el abuelo, hombre corpulento y curtido, encendía la lumbre de la chimenea. Sus fuertes y agrietadas manos alimentaban las llamas con escobas secas y fina leña de encina, cuyas hojas leñosas y puntiagudas, al entrar en contacto con el fuego, crepitaban despidiendo minúsculas ascuas incandescentes, que a la débil luz del candil se asemejaban a luciérnagas saltarinas. La abuela, mujer enjuta, pero enérgica, sentada en la escañeta, picaba unas rebanadas de pan duro para ensopar la leche de los niños. Prematuramente envejecida por las penas pasadas, vestía de luto riguroso: camisa negra, saya negra, medias negras, toquilla de punto negra y pañuelo azabache cubriendo los blancos cabellos de nieve, que todas las mañanas rociaba con esencia de azahar. La hija, azarada, se afanaba sacando los platos de barro para el almuerzo de la alacena empotrada en la pared amarillenta, cuyas desvencijadas puertas de celosía apenas protegían la loza del polvo.
La abuela, una vez colmado el cuenco de pan picado, se dirigió a la cuadra con un renegrido caldero de la mano. Paloma, la cabra, aún rebañaba con su sonrosada y puntiaguda lengua los últimos granos de cebada de la pesebrera cuando la abuela abrió la puerta. Al verla, se quedó mirándola un instante con aquellos ojos redondos y pequeños, igual que dos aceitunas azabaches maduras. Pero, al punto, siguió engullendo la cebada con la glotonería habitual.
- Tranquila Paloma, soy yo – le hablaba la abuela, mientras le pasaba la mano por el lomo-. Calma, bonita,... calma...
Era el primer día que la ordeñaba después de parida. Sus generosas ubres estaban a rebosar, los cabritos aún no habían mamado. La abuela, remangándose la saya, se sentó en la tajuela y le lavó los pezones con agua caliente para eliminar podredumbres y estimular la bajada de la leche. Colocó la colodra bajo las tetas y comenzó a ordeñar a
- Así, así, Paloma. Venga, venga, así... tranquila...
A
Cuando el calderín tuvo la suficiente leche para el almuerzo de los niños, la abuela dejó de ordeñar; ocasión que los cabritos aprovecharon para aferrarse, veloces como galgos, a los pezones, sorbiendo el blanco y cremoso fluido con verdadera fruición y glotonería.
De vuelta en la cocina, la abuela preparó el almuerzo para los rapaces, que impacientes esperaban sentados a la mesa, y sin entretenerse en remilgos lo engulleron de sopetón.
El abuelo, sentado en el tocón de fresno, continuó azuzando la lumbre con los fuelles. Una vez que los añosos troncos de encina se transformaron en incandescentes ascuas, las sacó con la badila colocándolas en el herrumbroso brasero sobre una solera de negro cisco, que acto seguido tapó con unas paletadas de ceniza para que se consumieran lentamente. Antes de colocar el brasero bajo la mesa, esperó unos instantes; tenía que comprobar si había algún tufo. Y efectivamente, al cabo de unos segundos un humazo oscuro comenzó a abrirse paso entre la volátil ceniza. Con las tenazas escarbó siguiendo el rastro que dejaba la fumata hasta descubrir la brasa que provocaba la bocanada de humo; sin remover en exceso, sacó la llameante ascua y la arrojó de nuevo a la lumbre. Después, levantando con tiento los arropijos que cubrían la mesa para evitar que el calor se escapara, acomodó el brasero sobre la caja de madera que servía de receptáculo y lo tapó con la alambrera. Aunque por esa época del año los rayos de sol ya incidían con fuerza atemperando desde muy temprano los hogares, la abuela se quejaba que con el relente de la madrugada se le engarañaban las manos y, por miedo a que le brotaran de nuevo los sabañones, se sentaba al brasero mientras los gatos ronroneaban a su alrededor. Ella siempre lo decía: “hasta el cuarenta de mayo no hay que quitarse el sayo, ni descuidar el brasero por si acaso”.
(Fragmento extraído de la novela “EL CABALLERO DE
Por: MANUEL JOSÉ ESTÉVEZ SÁNCHEZ
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1 comentario Escribe tu comentario
guendy dijo
gracias por elegirme entre tus amigos pasaré con tiempo por tu casa para visitarte como se merece.
Salud amigo