07 Ago 2014

TU CUENTA BANCARIA ONLINE ESTÁ EN PELIGRO: PROTÉGETE

Escrito por: Manuel Mora Morales el 07 Ago 2014 - URL Permanente

Diseño de manuel mora morales

LOS ÚLTIMOS PELIGROS: 1.200 MILLONES DE CUENTAS ROBADAS:

Piratas informáticos rusos han robado, en estos días, mil doscientos millones de cuentas de Internet. No es difícil que nosotros nos encontremos entre las víctimas y que, mañana o pasado, descubramos que nuestras cuentas bancarias han sido desvalijadas por personas ajenas al propio banco, aunque eso se salga de lo habitual en España.

Por otra parte, en febrero, se detectó un virus llamado "Operación Enmental" y, hace pocas semanas, se evidenció el peligroso troyano Kronos que permite desvalijar una cuenta de manera sencilla y eficiente. Dicen que los piratas informáticos lo están comprando en Rusia por poco más de cinco mil euros: un delito muy rentable.

VOY A EXPLICARTE qué son estas amenazas, por qué te afectan directamente y cómo puedes defenderte de ellas, dentro de lo posible.

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01 Ago 2014

Los móviles tendrán 1 terabyte de memoria super rápida

Escrito por: Manuel Mora Morales el 01 Ago 2014 - URL Permanente

manuelmoramorales.com

El investigador Gunuk Wang, a la izquierda, y el químico James Tour.

El uso de óxido de silicio

La Universidad Rice, de Huston (Texas), trabaja en un nuevo tipo de memoria, llamado RRAM (las actuales se denominan RAM), que convertirá los ordenadores de próxima generación en aparatos mucho más veloces que los actuales. La diferencia con otras investigaciones está en la utilización del óxido de silicio que implantará hasta 1 Terabyte de memoria en un espacio no mayor que un sello de correos. Se estima que los primeros celulares móviles con esta técnica estarán disponibles entes de cinco años, aunque los automóviles ya la utilizarán durante los próximos doce meses.

¿Qué es la memoria RRAM?

La RRAM está en [...]

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31 Jul 2014

La mujer que saltó las Cataratas del Niágara: Annie Edson Taylor dentro de un barril

Escrito por: Manuel Mora Morales el 31 Jul 2014 - URL Permanente

Las gestas deportivas y las superaciones de cualquier tipo de marca popular responden a un afán de protagonismo, más que a deseos de perfeccionamiento personal, a ambiciones económicas o a revanchas de cualquier tipo, aunque éstas también influyan como incentivos. Las llamativas historias que aquí se cuentan, relacionadas con los arrolladores torrentes de las Cataratas de Niágara, así parecen demostrarlo, como la más que interesante historia de Annie Edson Taylor, ...


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El virus del Ebola duplica el número de muertes: ¿existen razones para no frenar la epidemia?

Escrito por: Manuel Mora Morales el 31 Jul 2014 - URL Permanente

Infografía de Manuel Mora Morales

A PUNTO DE SALTAR LAS ALARMAS CON EL ÉBOLA

El Ébola está llamando a las puertas del Primer Mundo. La muerte de Patrick Sawyer y el avance del virus hacia el norte del planeta activará todas las alarmas. ¿Cuáles son las razones para que no se haya tomado aún medidas de emergencia de manera global?

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21 Abr 2013

Cuatro botellas y media: un apunte histórico sobre el vino de Tenerife en San Agustín (Florida, Estados Unidos)

Escrito por: Manuel Mora Morales el 21 Abr 2013 - URL Permanente

James Grant, un amante del vino de Tenerife.

James Grant fue el primer gobernador británico en Florida, península de América del Norte que había sido una colonia del reino de España hasta su transferencia a los ingleses, en 1763. La cita que ofrezco pertenece a un Diario de Grant, escrito en 1767, que no fue descubierto hasta el año 2002 y todavía está siendo estudiado por los investigadores. Esas páginas, halladas en Escocia, ya se pueden encontrar reproducidas en 27 microfilms, puestos a disposición de los investigadores en el Archivo Nacional de Edimburgo y en la sección de archivos de la Biblioteca del Congreso en Washington. Su interés es indiscutible.

Hace poco, durante una visita a la ciudad de San Agustín, en el norte de Florida, conseguí una copia impresa del Diario de gobernador James Grant. Sus apuntes, con un estilo muy británico, revelan numerosos e interesantes datos de la vida diaria alrededor de la Fortaleza de San Marcos, el descomunal presidio levantado por España a la orilla del mar.

Siendo mi origen canario, es natural que lo referido a mi archipiélago me interese. Máxime, teniendo conocimiento de la presencia canaria en San Agustín, donde todavía quedan vestigios. Por esto, me llamó la atención que en los apuntes, pertenecientes a los primeros días del mes de enero de 1767, James Grant comenzara a mencionar el vino de Tenerife. El día 3 de enero, lo nombra por primera vez, en la siguiente cita:

Castillo de San Marcos, en San Agustín, Florida.

“3d. January, a.m. 59, p.m. 56

Wind northerly thick showery weather wetter than yesterday. Dung ordered to prepare a Bed to transplant some red cabbage. The Seed brought from England by Doctor Tumbull, a bed prepared for lettuce seed, some spinach to be transplanted from a bed when it is too thick. Locks and Hinges sent out for the stable at the Farm, the houses at the Farm not ready for shingling. Doctor Tumbuls artificers to be detained to finish that work, till Tuesday the 6th current. Drunk at Table four Bottles of Madeira & half a Bottle Tenerife.”

(Día 3 de enero, a.m. 59, p.m. 56

Fuerte viento del norte con un tiempo lluvioso más húmedo que el de ayer. Dung ordenó preparar un huerto para trasplantar algo de col lombarda. La semilla fue traída desde Inglaterra por el doctor Turnbull, la sementera está preparada para las semillas de lechuga, algunas espinacas deben ser trasplantadas desde la sementera cuando estén frondosas. Cerraduras y bisagras han sido enviadas para el establo de la granja, las casas de la granja aún no están listas para techarlas. Los artesanos del doctor Tumbul deben esperar hasta el martes, día 6 de los corrientes, para terminar ese trabajo. Bebida para la mesa: cuatro botellas de Madeira y media botella de Tenerife.)

Residencia del Gobernador de la Florida, en San Agustín.

No es extraño que los británicos bebieran vino de Tenerife en sus colonias americanas, puesto que el vino canario era el preferido en Gran Bretaña y raro era el barco inglés que pasara cerca del archipiélago y no hiciera escala para llevarse una buena provisión de su adorado Canary Wine. El tráfico vinícola entre Canarias y las colonias inglesas en América era importante, a pesar de que la competencia de Madeira había supuesto un duro golpe a este comercio. Navíos ingleses y algunos de armadores canarios eran los encargados de este tráfico que continuaría después de la independencia de las Trece Colonias, con puerto de arribada como Baltimore, Filadelfia, Nueva York,…

Llama la atención, observando los siguientes datos extractados del Diario de Grant, el moderado consumo de vino tinerfeño:

Sábado, 3 de enero: 4 botella de Madeira y 1/2 botella de vino de Tenerife.

Domingo, 4 de enero: 4 botella de Madeira y 1 botella de ron.

Lunes, 5 de enero: 3 botellas de clarete y 1/2 botella de Tenerife.

Martes, 6 de enero: 2 botellas de Madeira y 1 botella de Tenerife.

Miércoles, 7 de enero: 10 botellas de Madeira y 1 de clarete.

Jueves, 8 de enero: 3 botellas de Madeira, 2 de clarete y 1 de Tenerife.

Martes, 13 de enero: 3 botella de Madeira y 1/2 de Tenerife.

Sábado, 17 de enero: 2 de Madeira, 2 de clarete y 1 de Tenerife.

A partir de esta fecha, no se sirve más vino de Tenerife.

Esta serie de apuntes sobre el vino consumido parece indicar, por alguna razón no mencionada en el Diario de Grant, que en San Agustín eran escasas las reservas de vino de Tenerife. Probablemente, las cuatro botellas y media que se contabilizan fueron consumidas paulatinamente, después de las comidas principales, en el caso de que se tratara del vino Malvasía, que tanto gustaba paladear a los ingleses. Grande debió ser la tristeza de los comensales habituales en la mesa del gobernador Grant cuando el sábado, 17 de enero de 1767, desapareció la última gota de aquel agradable néctar que habían tratado de estirar todo lo humanamente posible.

En ese mismo momento, en la Corte española, mientras saboreaba una copa de Malvasía canario al que era tan aficionado, el rey Carlos III estudiaba, junto a Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda y presidente del Consejo, la manera de expulsar fuera de los territorios de la corona española a los miembros de la Compañía de Jesús. Y lo hizo.

Mapa de San Agustín. La Fortaleza de San Marcos está situada en la parte inferior, a la derecha.

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01 Abr 2013

Ruiz de Padrón y "El Conductor Eléctrico". Una referencia al México del siglo XIX

Escrito por: Manuel Mora Morales el 01 Abr 2013 - URL Permanente

MEXICO-VIVA-LA-UNION

El Conductor Eléctrico fue un periódico mexicano, cuyo primer número se publicó en 1820,[1] coincidiendo con el juramento que prestó –nunca mejor dicho, porque pronto incumplió su palabra– el rey Fernando de Borbón a la Constitución Española. La ingenuidad del pueblo, de los intelectuales y de los políticos progresistas se puso de manifiesto, cuando creyeron, nuevamente, en la palabra real española.

Así que, otra vez, se convocaron elecciones, se publicó una prensa con cierta libertad, se editaron libros liberales, se expresaron los pensamientos en voz alta y los inquisidores volvieron a su cueva, sin que nadie tomara medidas por si a don Borbón se le ocurría cometer una nueva traición.

Naturalmente, tres años más tarde, el rey atacó a sangre y fuego, con tropas extranjeras, a los demócratas y terminó con todo lo que había jurado defender. La marca Borbón se estaba consolidando.

Pero, en el mes de mayo de 1820, como no era adivino sino ingenuo, el director de El Conductor Eléctrico no podía saber lo que iba a suceder, ni aun en el cercano devenir de México. Escribió:

He puesto al presente periódico el altisonante título de Conductor eléctrico, porque así como este instrumento sirve para recibir el fluido ígneo y conducirlo adonde se requiere; así yo deseo que este periódico sea un conductor por donde se comuniquen muchas verdades importantes al Gobierno y al Pueblo con la misma violencia, si es posible, que el fluido eléctrico, y he aquí el motivo porque le he puesto un título tan análogo á su objeto y á la sinceridad de mis deseos.

Procuraremos que las materias que contenga sean interesantes, útiles y por lo menos, divertidas. Todo lo que pertenezca al orden público y al beneficio de la sociedad será digno objeto de nuestra atención y nuestra pluma.

A consecuencia de esta obligación que reputamos por sagrada, instruiremos á los lectores en algunos elementos de derecho público, cuya ciencia se hizo inaccesible en estos reinos, en tiempos de los gobiernos desgraciados, en los que se prohibieron las cátedras establecidas en muchas partes, para enseñarlo, y las mejores obras de los célebres publicistas, sin advertir que es una herejía política el persuadirse a que puede florecer un reino, mantenerse sujeta una colonia, ni progresar ninguna monarquía á favor de la ignorancia y la miseria.

[...] Acordaos finalmente, que sois deudores de vuestros talentos á los sabios y á los ignorantes, y que como decía Cicerón, no hemos nacido para nosotros, sino para servir á la república. Non nobis, sed respublicae nati sumus.

El director era J. J. F. L., es decir, José Joaquín Fernández de Lizardi (México 1776-1827) [2], que utilizaba el seudónimo de El Pensador Mexicano, título que también llevaba su periódico entre 1812 y 1814, siguiendo el ejemplo del lanzaroteño José de Clavijo que en la década de 1760 había publicado con mucho éxito El Pensador, en Madrid.

Este entusiasta seguidor de Cicerón había colocado en la primera página la máxima "El principal objeto de la ley debe ser el bien público" y, debajo: "Méjico: año de 1820. Primero de la restauración de la Constitución, y por lo mismo el más feliz para la Monarquía española".

En el primer número, este director exculpaba al Rey Traidor por cerrar las Cortes en 1814 y por todos los crímenes cometidos desde entonces. Achacaba estas desgracias a las malas informaciones suministradas por sus consejeros, en el sentido de que el pueblo lo que pedía no era libertad sino cadenas.

El Conductor Eléctrico publicó, también en 1820, en su número 4 el discurso íntegro de Antonio Ruiz de Padrón contra la Inquisición española en las Cortes de Cádiz, el día 18 de enero de 1813, "Con algunas notas añadidas por el Pensador Mexicano", como reza en su cubierta. Todas estas notas son de lo más jugoso y denotan el entusiasmo liberal de su autor.

En el número 16 del periódico (julio, 1820) que nos viene ocupando, apareció un interesante artículo que también menciona a Antonio Ruiz de Padrón, reconocido artífice de la derogación de la Inquisición [...]

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05 Feb 2013

Una visión histórica en el 200 aniversario de la abolición de la Inquisición española

Escrito por: Manuel Mora Morales el 05 Feb 2013 - URL Permanente

Placa ubicada en el Monumento a las Cortes, la Constitución y el Sitio de Cádiz. Ciudad de Cádiz.

Todo aquel embrollado asunto sobre el tribunal del Santo Oficio o de la Inquisición había entrado en las Cortes de Cádiz de la mano de un diputado, llamado Francisco Riesco, que en el mes de abril de 1812, pronunció un discurso exaltando el temido tribunal eclesiástico.

Unos frailes, que habían sido invitados a las Cortes para escucharle, prorrumpieron en aplausos y vítores, tal como habían planeado de antemano. Sin embargo, sucedió lo contrario de lo que Riesco esperaba, porque muchos diputados protestaron de viva voz y esta protesta se trasladó a todo Cádiz y, después, a diversos puntos de España.

La controversia continuó creciendo durante meses.

Por este motivo, en el mes de junio, la Comisión de Constitución tomó la decisión de declarar incompatible la Inquisición con la Constitución. Para ello, se trabajó en un Dictamen sobre el Santo Oficio que se presentó a los diputados el 8 de diciembre de 1812. Ese mismo día comenzaron los debates.

La pompa y parafernalia desplegada por el Tribunal de la Inquisición indica tanto la riqueza acumulada por la institución como su deseo de sembrar el terror a ser cogido en falta de pensamiento, palabra u obra. Un arma eficaz para evitar cualquier pensamiento libre o creativo de los ciudadanos.

LOS DEBATES ANTERIORES A LAS CORTES DE CÁDIZ

Desde hacía años, los partidarios de la abolición de la Inquisición habían publicado abundantes razonamientos en que solicitaban su derogación, mientras que los conservadores trataban de que la Santa continuara vigente y vigilante de las obras, las palabras y los pensamientos de los ciudadanos para castigarlos cuando los inquisidores lo tuvieran a bien. Las presiones conservadoras iban dirigidas, fundamentalmente, a los diputados de las Cortes para que no cayeran en la tentación de eliminar el Santo Oficio. He aquí un párrafo de un libro publicado en Cádiz, en el año 1811:

El clero español, las órdenes religiosas, la Inquisición y la Grandeza aman de corazón a la Patria y a Fernando VII, obedecerán ciegamente las órdenes del Congreso, y jamás convidarán al público como los editores del Semanario Patriótico en el número 44 a que resuelvan si la determinación de las Cortes es ilegal y antipolítica. Si el pueblo llega a conocer que la religión no es abiertamente protegida, no habrá soldados que salgan a campaña: en esta guerra terrible en que son tan frecuentes las batallas sangrientas y las desgracias, solo la religión puede hacer que la Nación no desfallezca: del pueblo salen los soldados, pues esos filósofo novadores que proclaman las ideas liberales no quieren arriesgar sus vidas en defensa de la patria, sino envolverla en la aflicción, y con las novedades de sus doctrinas dividir las opinión en perjuicio del orden y tranquilidad pública.

(Gómez de Requena: Apología de la Inquisición: Respuesta a las reflexiones que hacen contra ella el Semanario Patriótico numero 61, y el Periódico titulado el Español numero 13, y breve aviso a los Señores Arzobispos, Obispos y Diputados en Cortes, Cádiz, 1811)

De manera que se daban las condiciones óptimas para que la atención ciudadana estuviese centrada en aquel debate político-religioso que había comenzado en las Cortes el 8 de diciembre de 1812 y debía concluir debía concluir el 20 de aquel mes de enero, cuyo segundo centenario se cumple hoy. Enfrentarse a la opacidad con que actuaban los partidarios de la Inquisición no era tarea fácil, porque sus defensores trataban de fundir en un solo bloque los conceptos de Inquisición, religión, rey y patria. Su propósito resultaba muy claro: dejar constancia de que quien fuese partidario de abolir la Inquisición también lo sería de vender la patria a Napoleón, de renegar del catolicismo y de tratar de instituir el republicanismo que tantos perjuicios había causado a Francia... ¡Había que tener agallas para hacerles frente!

Diputado Antonio José Ruiz de Padrón (Canarias, 1757 - Galicia, 1823)

UN ENCARGO A RUIZ DE PADRÓN

El gomero Antonio Ruiz de Padrón tuvo esa necesaria valentía. Y no solamente coraje, sino profundos conocimientos jurídicos que le permitieron desmontar, de forma admirable, la razón de ser de una institución dedicada a lograr la sumisión del pensamiento por medio de la tortura física y sicológica. Ruiz de Padrón había recibido el encargo de escribir un Dictamen, es decir, de aportar una opinión experta, sobre la Inquisición española. Nadie esperaba que realizase su trabajo de una manera tan brillante y poderosa.

Redactar aquel Dictamen no fue tarea fácil, porque la salud de Ruiz de Padrón se encontraba resquebrajada. Una enfermedad pectoral le mantenía gran parte del tiempo en cama y, probablemente, el húmedo clima gaditano no colaboraba a su restablecimiento. Aun así, logró finalizar a tiempo el encargo, aunque no pudo asistir a la sesión del día 18 de enero, en la que tuvo que leerla Florencio Castillo, secretario de las Cortes.

No era el primer dictamen sobre la Inquisición. En el mes de diciembre, ya se había leído uno de la comisión de Constitución, otro del diputado Pérez y dos más de los diputados Bárcena y Cañedo.

Cortes de Cádiz (1810-1814).

SE ABRE EL DEBATE PARLAMENTARIO SOBRE LA INQUISICIÓN

El Dictamen de la Comisión de la Constitución, con la que fue abierto el período de debates, adujo que la Inquisición “no es compatible ni con la soberanía ni con la independencia de la nación. En los juicios de la Inquisición no tiene influjo alguna la autoridad civil; pues se arresta a los españoles; se les atormenta, se le condena civilmente, sin que pueda conocer ni intervenir en modo alguno la potestad secular …”, que “la Inquisición es opuesta a la libertad individual” y se recuerda cómo varios soberanos europeos expidieron decretos para eliminar la Inquisición de sus estados. Entre otros, nombra al rey de Sicilia, Fernando IV (hijo de Carlos III), un acontecimiento que he investigado y detallado en mi novela "Canarias". Ciertamente, en la década de 1780, este rey envió a Sicilia a Domenico Caracciolo con el encargo de desmantelar la inquisición en aquella isla. El célebre Caracciolo no tardó tres meses en borrar cualquier vestigio inquisitorial y en ser recibido triunfalmente por los ilustrados franceses e ingleses. Finaliza este Dictamen proponiendo “que en primer lugar se discutan las dos proposiciones siguientes: primera, la religión católica, apostólica y romana será protegida por las leyes conformes a la Constitución; segunda: el tribunal de la Inquisición es incompatible con la Constitución.”

Asimismo, se presentó un proyecto de Decreto sobre los Tribunales protectores de la religión. En cuanto al corto dictamen de Antonio Joaquín Pérez, diputado americano, cuya lectura nos informa de que estaba a favor y en contra de la Inquisición, todo al mismo tiempo, poco hay que decir.

Una imagen de la Inquisición española, debida al pintor Francisco de Goya.

LOS “SERVILES” INTENTAN PARALIZAR EL DEBATE

A finales de diciembre, se alzan las voces de tres diputados pidiendo al Presidente de las Cortes, Miguel de Zumalacárregui, “Que se suspensa la discusión del proyecto, hasta que sobre él se oiga el juicio de los obispos y cabildos de las iglesias catedrales de España e islas adyacentes”. No se admitió a discusión. Sin embargo, el 4 de enero, doce diputados catalanes solicitan lo mismo. Agustín de Argüelles Álvarez González, llamado El Divino por su oratoria espléndida, les reprende con cierta dureza el modo de enfrentar la discusión y les anima a entrar con sus ideas en la discusión del Dictamen de la comisión.

A partir de ese momento, sesión tras sesión, la discusión entre “serviles” y “liberales” sube de tono y llega a producir enfrentamientos verdaderamente agrios, convirtiendo estas sesiones en las más apasionadas del período parlamentario gaditano.

No faltan los discursos eruditos, las exageraciones, los dislates o el intento de atemorizar al oponente. Mientras unos diputados tachan al Santo Oficio de policía eclesiástica, otros afirman que va contra la propia iglesia o que sin la Inquisición llegaría el caos y la condenación eterna.

Hubo quien se atrevió afirmar que debatir sobre la Inquisición era entrar en una controversia entre Cristo y Napoleón o que, según San Policarpo o San Justino, “la iglesia, señor, se acomoda y prospera lo mismo en una república que en una monarquía”.

Muchas de las intervenciones resultarían sumamente extrañas en la actualidad, puesto que más parecen sermones pronunciados desde un púlpito que discursos políticos en una sede parlamentaria. Lo cual no debe extrañar, puesto que un tercio de las Cortes lo formaban eclesiásticos de diversos rangos, señalando bien a las claras el poder de la Iglesia sobre la sociedad civil.

Un párrafo del discurso pronunciado porel sanroqueño Vicente Terrero el 13 de enero, proporciona una idea cabal del argumentación que mantuvieron los denominados “ultramontanos” a lo largo de las sesiones parlamentarias:

Señor, cuando llego a estas reflexiones me admiro al considerar el pertinaz empeño de extinguir un tribunal establecido por la cabeza visible de la iglesia, confirmado, aprobado y consentido por la iglesia universal en los concilios generales de Viena, de Letrán y Tridentino, y por la iglesia nacional de las Españas.

¿Qué es esto? ¿De dónde dimana el tesón con que se pretende su ruina? ¿Qué ha hecho y hace el tribunal del Santo Oficio que merezca su exterminio? ¿Cuál es su objeto? ¿En qué se ocupa? ¿En qué incumbe?

El se versa solo en cooperar a la redención del hombre, reduciendo al extraviado a su primitiva senda de salud, separando y cortando al que, podrido por su obstinación ciega, puede infectar, incendiar y perder la mies sana y rebaño del Crucificado. Atiende a celar con sagrado ardor la incomunicación de los fieles con los que dogmatizan: para evitar la propagación de sus máximas erróneas que puedan obstruir los caminos del cielo en cerrar todos los portillos para que el hombre amigo no sobresiembre su mal grano, ni sus rapaces aves del cielo, esto es, los demonios usurpen el buen grano que pudo haber caído en tierra pedregosa y de mal fruto: en reparar el vallado con que el divino Mediador circunvaló su iglesia, y con voz de terror ahuyenta las fieras que solicitan su destrozo.

¡Ah! ¡España! ¡Qué hubiera sido de ti a no haber sido por este firmísimo baluarte de tu fe! Hablad vosotros, siglos y tiempos, reinos y países. Holanda, Rusia, Suecia, Dinamarca., Helvecia, decid vuestros estragos. ¡Qué de lastimosos vaivenes experimentó la nave de San Pedro por los borrascosos oleajes de la contumacia y rebeldía! Llora aún inconsolable la santa iglesia las dilaceraciones que partieron su preciosa é inconsútil túnica.

Lutero, Calvino, Zuinglio, y larga progenie de estos, ramificada en mil diferentes maneras, abolieron el triunfo de la verdad y santificación. ¡Qué dolor! ¡Qué fatalidad! Ya se ve: no existía tribunal de Inquisición que amputase la cabeza a esas hidras en el momento de erigirlas, quien les sofocase el ponzoñoso aliento.

¿Y España? ¿España? Asentada con tranquilo descanso en sus persuasiones religiosas, reposa alegremente sin contraste, que el tribunal santo le dirime con sus vigilias y sudores.

Diputados doceañistas de las Cortes de Cádiz. A ellos se debe el decreto que derogó la Inquisición en España y sus colonias.

DISECCIÓN DEL SANTO OFICIO

Las prácticas inquisitoriales van saliendo a relucir. Estos párrafos de un discurso del diputado Villanueva van poniendo las cartas sobre la mesa.

Esta misma reflexión debe aplicarse a los tormentos espantosos autorizados y presenciados por los inquisidores y por el ordinario: cosa que llena de horror a cualquiera que tenga ideas de la mansedumbre eclesiástica. Díjose ayer por única respuesta que hace muchos años estaba ya abolido el tormento en la Inquisición. Supongamos que fuese así, que luego hablaré de esto. Pero ¿se dio tormento en la Inquisición, y autorizaban esta cruel escena los sacerdotes?

En el orden de procesar del Santo Oficio, que yo poseo, hay una nota original de un secretario de la Inquisición, a quien conocí y traté, que hablando del tormento, dice:

“hasta que se hallen presentes dos inquisidores con el ordinario.”

Aquí tenemos no solo a los inquisidores, sino al obispo obligado por las leyes de la Inquisición a asistir al tormento. ¿Y cuál era este? Oiga V. M. la fórmula de la sentencia:

“Christi nomine invócalo fallamos atentos los autos que le debemos condenar y condenamos a que sea puesto a cuestión de tormento.” Aquí hay una nota que dice: “algunos declaran si es de garrucha, o de agua y cordeles etc.” y prosigue: “en la cual (cuestión de tormento) mandamos esté y persevere por tanto tiempo cuanto a nos bien visto fuere, para que en él diga la verdad de lo que esta testificado y acusado, con protestación que le hacemos, que si en el dicho tormento muriese o fuese lisiado, o se siguiese efusión de sangre o mutilación de miembro, sea a su culpa y cargo, y no a la nuestra, por no haber querido decir la verdad.”

Y prosigue:

“Y por tanto fue mandado llevar a la cámara del tormento donde fueron los dichos señores inquisidores y ordinario.”

Y en otra impresa se dice:

“Si es de garrucha, se ha de asentar como se pusieron los grillos, y la pesa o pesas, y como fue levantado y cuantas veces, y el tiempo que en cada una lo estuvo. Si es de potro, se dirá como se le puso la toca, y cuantos jarros de agua echaron, y lo que cabía cada uno.”

Y en otra nota dice que se escriba:

“cómo le mandaron desnudar y ligar los brazos y las vueltas de cordel que se le dan...., y como se mandaron poner, y pusieron los garrotes, y como se apretaron, declarando si fue pierna, muslo o espinilla, o brazos etc., y lo que se le dijo a cada cosa de estas.”

Se previene también que esto tiene lugar con los testigos si no declaran pronto.

Antonio José Ruiz de Padrón, principal artífice de la aprobación del Decreto que abolió la Inquisición española.

LECTURA DEL DICTAMEN DE RUIZ DE PADRÓN

El día que se expuso el Dictamen de Antonio Ruiz de Padrón, pocas esperanzas había de que el Santo Oficio desapareciera. Pero su lectura cambió de manera radical las posibilidades de sacar adelante la abolición de "la Santa", como la llamaba el diputado gomero. Sus palabras:

No trataré de hacer aquí un extracto del tremendo código inquisitorial por no ser demasiado molesto: lo reservo para hacer después el paralelo; pero este código es tan tenebroso y obscuro como los mismos calabozos del tribunal: código confuso y complicado que abunda de artificios, cavilaciones y tretas vergonzosas muy ajenas de la majestad y santidad de las leyes.

Código en fin que presenta un perfecto sistema de la misma ilegalidad, más propio para buscar reos que no para averiguar los delitos, donde la inocencia corre peligro a par del crimen y que prescribe los castigos más atroces, y que es el espanto y terror de la humanidad.

Esta es puntualmente una rápida idea del código inquisitorial que ha dominado por tantos siglos a los sufridos y pacientes españoles, con vergüenza y oprobio de la religión, lo que tendrán mucha dificultad en creer las generaciones venideras.

LA CULTURA

La relación entre la presencia de la Inquisición y la escasa cultura de los españoles no escapa a la perspicacia de Ruiz de Padrón.

“Los pueblos, dijo un señor diputado, no están dotados aún de la ilustración competente para tratar de quitarles la Inquisición: es necesaria aguardar a que se ilustren”.

¡Grandemente! ¿Y quién es la causa de que el pueblo español no se halle debidamente ilustrado, y conozca sus verdaderos intereses, sino la misma Inquisición?

Mientras subsista este sombrío y cauteloso tribunal, la España estará condenada a una perpetua ignorancia y estupidez.

Es menester publicarlo a la faz de toda la Europa: que para que un español pudiera leer a un Mably, a Condillac, Filangieri, y lo que es mas asombroso, para leer a Pascal, Duguet, Arnaldo, Racine, Nicoley a otros sabios y piadosos autores proscritos por este fanático y estúpido tribunal, era necesario ocultarse en la obscuridad de una buhardilla, o velar en el profundo silencio de las noches para no ser sorprendido por una espía de la Inquisición.

DEFENSA DE LOS OBISPOS

Su ataque a la Inquisición se apoyó también en la defensa de los obispos, siguiendo las tesis de Antonio Tavira, prelado de Canarias, que tuvo más de un enfrentamiento con el Santo Oficio.

“Los obispos quedaron privados de calificar la doctrina de la fe, cuyo depósito les fue encomendado, y pasó esta facultad a los nuevos jueces con asombro de toda la Europa.

Yo no admiro tanto la osadía y arrogancia del tribunal, cuanto la serenidad de algunos obispos españoles. ¿Qué mucho, pues, que en las obras del inquisidor Páramo, del inquisidor Eymerich, y de otros autores inquisitoriales que componen el código del Santo Oficio, se hagan seriamente las siguientes preguntas que va a oír V. M.?

Un inquisidor es mas que un obispo? Y responden: Sí. ¡Qué impía y detestable doctrina!

Preguntan asimismo: ¿Los obispos pueden leer los libros prohibidos? Y responden: que no; pero sí los inquisidores... la indignación no me permite proseguir. Si esto es contrario o no al espíritu del evangelio, júzguelo cualquiera.

El buen humor de que hacía gala con frecuencia Ruiz de Padrón no podía dejar de rozar la ironía en sus críticas a los discursos ultramontanos:

Otro señor diputado nos trajo la bizarra especie de que la Inquisición comenzó con el nacimiento de la iglesia. Yo digo que se ha quedado muy corto.

El inquisidor Luis de Páramo le da mucha más edad, pues la hace nacer en el centro del paraíso, y por consiguiente debe ser coetánea de nuestro padre Adán. Luego nos presenta al mismo Dios por primer inquisidor, y sigue después con una prodigiosa serie de inquisidores, que no hay más que desear en cuanto al origen, antigüedad, gloria y honor de esta Santa. Entre sus prosélitos coloca nada mecos que a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y a otros personajes de la mas alta jerarquía...

HAY QUE TIRAR LA SANTA A TIERRA

En cuanto a “la Santa”, no reprimió sus opiniones el Abad de Valdeorras, nacido en La Gomera.

“Pero le han dado por antonomasia el renombre de Santa.... ¡O capricho bizarro de los hombres! ¡Se lo habrán dado por ironía!

¿Dónde están las virtudes políticas y morales de esta Santa; cuántos milagros ha hecho? Que me señalen las conversiones que ha obrado, los frutos saludables que ha producido a la religión y al estado.

Los que la defienden y canonizan por Santa, que nos exhiban los testimonios de virtud y santidad que la adornan. ¡Terrible porfía de los hombres, empeñarse en querer buscar el resplandor de la luz en medio de la oscuridad y las tinieblas, la libertad en los calabozos, y la verdad en el error y fanatismo!

No ignoro que se me culpará de haber sido el primero que tuvo la osadía en presencia de V. M. de presentar a toda la nación el misterioso sistema de gobierno de la Inquisición, esto es, la vida y milagros de esta Santa: el primero que rasgó el velo tenebroso que cubría a este ídolo diciendo:

¡Españoles, aquí tenéis a la Santa: esta, esta es la que entorpecía con capa de religión vuestros progresos en las ciencias y en las artes; esta es la que os hizo creer que había Aquelarres (cuyo nombre no se ha explicado aun bastantemente), la que abusando de vuestra piedad os metió en la cabeza la ridícula farsa de la aparición de demonios súcubos é íncubos, con otras ficciones detestables que podéis leer en el gracioso y extravagante auto dé fe de Logroño, mandado imprimir por orden de la misma Santa para ilustrar los pueblos; pero me engaño, para mantenerlos en la superstición y en la más crasa ignorancia y estupidez!

Pero, Señor, ¿a qué soy venido aquí? ¿A qué me ha congregado V. M. sino para dar leyes justas y sabias a una nación magnánima y generosa, como lo ha hecho con la sólida y religiosa constitución que ha sancionado?

Si por desgracia dejara V. M. subsistir la Inquisición, ella sabría dentro de poco tiempo darse maña para destruir con sus acostumbrados misterios todo lo bueno que ha edificado el Congreso en medio de tantas fatigas y trabajos. Pronto vendrá a tierra este suntuoso y magnífico edificio, y la nación volvería cuanto antes a arrastrar las cadenas, y quedar sepultada por muchos siglos en el mismo envilecimiento y degradación que hasta aquí. La Santa sabría obrar fácilmente este milagro y otros muchos.

Estatua de Benjamín Franklin, expuesta en el National Constitution Center. Filadelfia

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EL AMIGO DE GEORGE WASHINGTON Y BENJAMÍN FRANKLIN

En su Dictamen, Antonio Ruiz de Padrón relata a los diputados su estancia en la capital de los Estados Unidos y su relación con los padres de la patria americana, durante los años que se redactaba la constitución de los Estados Unidos.

Más de veinte ministros de las iglesias protestantes concurrían con frecuencia a la tertulia de aquel ilustre filósofo, y yo era conocido de todos por el Papista, con cuyo nombre me gloriaba. La conversación giró casi siempre sobre asuntos de religión, que se discutían amigablemente y con bastante método, pero con calor y energía.

[...] Pero confieso a V. M. que cuando todos reunidos me arguyeron con el establecimiento de la Inquisición, no supe al principio qué responderles, ya porque siempre me pareció extraño de enjuiciar, ya porque me cogió de sorpresa este ataque a que yo no estaba prevenido.

"Vuestra iglesia romana, me decían, no puede ser la verdadera iglesia de Jesucristo, porque abriga en su seno el espantoso tribunal de la Inquisición: tribunal despótico, sanguinario, cruel, y por tacto contrario a las máximas del evangelio. Su divino autor, que es el Dios de paz y de caridad, detesta las violentas coacciones y horribles castigos que emplea la Inquisición con los disidentes. Todas las páginas del nuevo Testamento nos pintan la religión de Jesucristo compasiva, atractiva, amable, cual salió del seno del Padre celestial, y la Inquisición la hace insufrible y odiosa, y en lugar de atraer los protestantes, los desvía mas y mas del gremio de esa iglesia, particularmente en vuestra España...”

[...] Tampoco se trataba de convencer a un vulgo ignorante, sino a hombres doctísimos, versados profundamente en el conocimiento de las sagradas escrituras que aprenden desde su niñez. No ignoro yo que si me hubiera servido de la doctrina y de las armas de nuestros folletistas los hubiera confundido, llamándolos a gritos herejes, luteranos, calvinistas, arminianos, presbiterianos, sacramentarios, anabaptistas.... y hubiera quedado muy ufano y satisfecho de mi victoria. ¿Mas es este el medio de defender las sacrosantas verdades del evangelio? ¿Son estas las razones a propósito para convencer a los refractarios? ¡V. M. lo juzgará imparcialmente con su piedad y sabiduría!

Entonces me vi forzado a confesar que la Inquisición era un tribunal de establecimiento puramente humano, en que no solo tuvo parte la curia de Roma, sino la política de los reyes; confesé sus enormes abusos, su dominio despótico, contrario al espíritu del evangelio: dije en fin que eran defectos de hombres que no podían perjudicar a la pureza de doctrina, a la santidad y primacía de la iglesia romana, madre y maestra de todas las iglesias; y dije otras verdades que no necesito ahora reproducir.

Estas mismas conversaciones se repitieron en casa de Jorge Washington, que apareció por aquellos días en Filadelfia.

UN DISCURSO ENCENDIDO Y PERSUASIVO

La dramáticas palabras finales de Ruiz de Padrón debieron tener un efecto demoledor sobre los diputados doceañistas.

Yo entro en los magníficos palacios de la Inquisición, me acerco a las puertas de bronce de sus horribles y hediondos calabozos, tiro los pesados y ásperos cerrojos, desciendo y me paro a media escalera. Un aire fétido y corrompido entorpece mis sentidos, pensamientos lúgubres afligen mi espíritu, tristes y lamentables gritos despedazan mi corazón... Allí veo a un sacerdote del Señor padeciendo por una atroz calumnia en la mansión del crimen; aquí a un pobre anciano, ciudadano honrado y virtuoso, por una intriga domestica; acullá a una infeliz joven, que acaso no tendría más delito que su hermosura y su pudor...

Aquí enmudezco, porque un nudo en la garganta no me permite articular; por que la debilidad de mi pecho no me deja proseguir. Las generaciones futuras se llenarán de espanto y admiración. La historia confirmará algún día lo que he dicho, descubrirá lo que oculto, publicará lo que callo. Qué tarda, pues, V. M. en libertar a la nación de un establecimiento tan monstruoso. Basta.

Terminada la lectura del Dictamen, la mayoría de la cámara lo aclamó calurosamente. De pronto, todo había cambiado: quienes no tenían claro el sentido de su votación se decantaron hacia la abolición del Santo Oficio, convencidos por la exposición del diputado canario.

Los “ultramontanos” salieron de las Cortes convencidos de que estaban perdiendo la partida y se dispusieron a sacar todas las armas a su alcance. Una de estas armas era un periódico llamado “El Procurador General de la Nación y el Rey” que al día siguiente dedicó nada menos que tres páginas al discurso de Ruiz de Padrón, atacándole ferozmente en un escrito lleno de ironía. El artículo terminaba narrando el final de la sesión:

Al Sr. Mexía lo agradó tanto este discurso, que propuso se imprimiese prontamente para ilustrar a la Nación: el Sr. González dijo: apoyo, que sea prontamente, pues hasta ahora no he sabido lo que era la Inquisición: ¿esta es la Santa? pues desde ahora maldita sea la Santa que iba a seguir: el Sr. Aparici Santin dijo que ya esto era un escándalo, que no se podía sufrir en un Congreso Católico: el Sr. González dijo que él sería mal Cristiano, pero que era tan Católico como el Pontífice: los Sres. Ostolaza y Cañedo pidieron la palabra, y el primero pidió al Sr. Presidente se observase el Reglamento en cuanto a la proposición del Sr. Mexía, sin embargo el Sr. Presidente señaló el día de hoy para discutirla; opúsose a ella el Sr. Dueñas, diciendo que a su costa nadie le ha privado que lo haga; y sin determinar nada, se levantó la sesión.

Es expresiva la declaración de García Herreros, cuando inicia la sesión del día siguiente, con las estas palabras:

Señor, parece temeridad tomar la palabra en este asunto después de leído el voto del Sr. Ruiz Padrón, en que con tanta sabiduría y elocuencia ha sostenido el dictamen de la comisión. Su discurso es suficiente para fijar la opinión del Congreso.

El Dictamen de Ruiz de Padrón no solamente convenció y puso en claro muchas cosas, sino que animó a otros diputados a emitir sus opiniones de manera clara. El día 20 de enero, el canónigo extremeño Antonio Oliveros realizó una intervención durísima en la que exponía los resultados de la Inquisición en el progreso de los españoles. Los siguientes párrafos no tienen desperdicio.

Parecía regular que los católicos, a fin de lidiar con los herejes, se hubiesen dedicado a las lenguas, al estudio de la antigüedad, a la crítica, cronología, geografía, a las ciencias naturales, y a la sólida metafísica. Así se vieron precisados a ejecutarlo en los países en que no dominaba la Inquisición, aunque no con aquella actividad y progresos que deseaba el sabio Melchor Cano.

Pero en España la Inquisición adoptó otro método diametralmente opuesto: se reputaron como inficionados de herejía los literatos, eruditos y hombres científicos de cualquiera profesión; para que no se abusase de las santas escrituras, se quitaron de las manos de los fieles, y se prohibió verterlas en lengua vulgar: se dedicaron, en las escuelas a la teología, puramente escolástica solo porque los herejes la despreciaban; cualquier proposición contra Aristóteles y su Dialéctica, y contra la demasía del escolasticismo olía a herejía: la erudición en las lenguas orientales sabía a judaísmo, cisma y luteranismo; y a magia las matemáticas y sus signos; por esto fueron perseguidos en los países de Inquisición las obras de Pico de la Mirándula, Galileo, Pedro de Ramos y Arias Montano, y sobre todo las de Erasmo.

Encendiose tanto la persecución en España contra los sabios, que Luis Vives, paisano del Sr. Borrull, y perseguido también, escribía a Erasmo:

“Tiempos calamitosos en que ni se puede hablar, ni callar sin peligro; han sido presos Juan Vergara, canónigo de Toledo, su hermano Tovar (Bernardiño), y otros hombres bien doctos.”

Entre ellos fueron Carranza, arzobispo de Toledo; Fr. Luis de León, del orden de San Agustín; el P. Sigüenza, monje Gerónimo; el venerable Ávila, apóstol de las Andalucías, y otros muchos; y amenazados de igual suerte como Santa Teresa de Jesús y Fr. Luis da Granada.

Y huyeron de España infinitos, particularmente en tiempo del inquisidor Valdés, y entre ellos abandonaron la religión católica los sabios Feliciano de Reyna y Cipriano Valera, insignes ambos por su literatura, por la traducción de la Biblia en lengua vulgar.

Fue tan cruda la persecución, que los amigos de Luis Vives le escribían llenas de amargura:, “es un dolor no poder socorrer a los afligidos, porque a los que se atreven, les amenaza un gran peligro.”

¡Y habrá quien diga a vista de estos hechos que la Inquisición produjo la ilustración, cuando no hubo acaso un sabio que no hubiese sido encarcelado, u obligado a enmudecer, si quería salvarse en la horrible y tenebrosa tempestad que se había levantado. Que me diga el Sr. Borrull ¿qué discípulos han dejado aquellos célebres maestros? ¿Cuáles los sabios que florecieron a últimos del siglo XVI y siguientes?

Diputado doceañista Pedro Gordillo.

EL ERROR DEL DIPUTADO GORDILLO

Cuando se pasó el Decreto a votación, los diputados, como era costumbre, fueron valorando cada artículo. Llegados al especialmente delicado artículo VII –Las apelaciones seguirán los mismos trámites, y se harán para ante los jueces que correspondan, lo mismo que en todas las demás causas criminales eclesiásticas–, el diputado canario Pedro Gordillo se mostró disconforme. Es de suponer el disgusto que debieron causar a Ruiz de Padrón las palabras del diputado grancanario, a quien se suponía liberal. He aquí las desafortunadas palabras de Gordillo:

Yo convengo con el Sr. Gordoa en que la presente discusión se difiera hasta la sesión de mañana, con el objeto de que los señores diputados puedan meditarla con todo el detenimiento que pide su naturaleza; pero no convendré jamás en aprobar el artículo en los precisos términos en que está concebido, ni tampoco con la adición que acaba de proponer el Sr. Castillo; pues a mas de no deshacer los inconvenientes que se han alegado, adolece de obscuridad, da margen a miles embrollos, ocasionará ruidosas competencias entre los reverendos obispos, tribunales civiles, y con la especiosidad de que se admitan las apelaciones con arreglo a los cánones, tal vez acarreará el tamaño mal de que quede sin protección la religión e impunes los delitos cometidos contra la fe, buenas costumbres, en atención, a que dudándose con fundada razón si hay leyes eclesiásticas que autoricen la apelación de los ordinarios en la clase de los juicios que examinamos, esta misma duda influirá en el ánimo de los respectivos jueces, y al paso que se comprometería el decoro del Congreso dando una resolución que estribase en apoyos, de cuya existencia nada le constase, se facilitaría a los irreligiosos e impíos un salvoconducto para continuar en sus horrendos crímenes, dejándoles abierta la puerta para intentar recursos intempestivos, que no podrían tener otro objeto que entorpecer las mas rectas, prudentes y justas providencias.

Finalizadas las discusiones con la aprobación del último artículo del Decreto el día 5 de febrero de 1813, unos días más tarde fue publicado el siguiente

DECRETO

Sobre la abolición de la Inquisición y establecimiento de los tribunales protectores de la fe.

Las Cortes generales y extraordinarias, queriendo que lo prevenido en el artículo 12 de la constitución tenga el mas cumplido efecto, y se asegure en lo sucesivo la. fiel observancia de tan sabia disposición, declaran y decretan:

CAPÍTULO I

Art. I. La religión católica, apostólica, romana será protegida por leyes conformes a la constitución.

II. El tribunal de la Inquisición es incompatible con la constitución.

III. En su consecuencia se restablece en su primitivo vigor la ley ir, título XXVI, partida VII, en cuanto deja expeditas las facultades de los obispos y sus vicarios para conocer en las causas de fe, con arreglo a los sagrados cánones y derecho común, y las de los jueces seculares para declarar imponer a los herejes las penas que señalan las leyes, o que en adelante señalaren. Los jueces eclesiásticos y seculares procederán en sus respectivos casos conforme a la constitución y a las leyes.

IV. Todo español tiene acción para acusar del delito de herejía ante el tribunal eclesiástico: en defecto de acusador, y aun cuando lo haya, el fiscal eclesiástico hará de acusador.

V. Instruido el sumario, si resultare de él causa suficiente pida reconvenir al acusado, el juez eclesiástico le hará comparecer, y le amonestará en los términos que previene la citada ley de Partida.

VI. Si la acusación fuere sobre delito que deba ser castigado por la ley con pena corporal, y el acusado fuere lego, el juez eclesiástico pasará testimonio del sumario al Juez respectivo para su arresto; y este le tendrá a disposición del juez eclesiástico para las demás diligencias, hasta la conclusión de la causa. Los militares no gozarán de fuero en esta clase de delitos; por lo cual, fenecida la causa, se pasará el reo al juez civil para la declaración é imposición de la pena. Si el acusado fuere eclesiástica secular o regular, procederá por sí al arresto el juez eclesiástico.

VII. Las apelaciones seguirán los mismos trámites, y se liarán para ante los jueces que correspondan, lo mismo que en todas las demás causas criminales eclesiásticas.

VIII. Habrá lugar a los recursos de fuerza del mismo modo que en todos los demás juicios eclesiásticos.

IX. Fenecido el juicio eclesiástico, se pasará testimonio de la causa al juez secular; quedando desde entonces el reo a su disposición para que proceda a imponerle la pena a que haya lugar por las leyes.

CAPITULO II

Art. I. El rey tomará todas las medidas convenientes para que no se introduzcan en el reino por las aduanas marítimas y fronterizas libros ni escritos prohibidos, o que sean contrarios a la religión; sujetándose los que circulen a las disposiciones siguientes, y a las de la ley de la libertad de imprenta.

II. El reverendo obispo o su vicario, previa la censura correspondiente de que habla la ley de la libertad de imprenta, dará o negará la licencia de imprimir los escritos de religión, y prohibirá los que sean contrarios í ella, oyendo antes a los interesados, y nombrando un defensor cuando no haya parte que los sostenga. Los jueces seculares, bajo la mas estrecha responsabilidad, recogerán aquellos escritos que de este modo prohíba el ordinario, como también los que se hayan impreso sin su licencia.

III. - Los autores que se sientan agraviados de los ordinarios eclesiásticos, o por la negación de la licencia de imprimir, o por la prohibición de los impresos, podrán apelar al juez eclesiástico que corresponda en la forma ordinaria.

IV. Los jueces eclesiásticos remitirán a la secretaría respectiva de Gobernación la lista de los escritos que hubieren prohibido, la que se pasará al consejo de Estado, para que exponga su dictamen después de haber oído el parecer de una junta de personas ilustradas, que designará todos los años de entre las que residan en la corte; pudiendo asimismo consultar a las demás que juzgue convenir.

V. El rey, después del dictamen del consejo de Estado, extenderá la lista de los escritos denunciados que deban prohibirse, y con la aprobación de las Cortes la mandará publicar; y será guardada en toda la monarquía como ley, bajo las penas que se establezcan. Lo tendrá entendida la Regencia del reino, y dispondrá lo necesario a su cumplimiento, haciéndolo imprimir, publicar y circular. = Miguel Antonio de Zumalacárregui, Presidente. = Florencio Castillo, diputado secretario. = Juan María Herrera, diputado secretario. = Dado en Cádiz a 12, de febrero de 1813.= A la Regencia del reino.

Entrada a las Cortes de Cádiz. Foto de 2010, antes de su restauración.

LOS ESTERTORES DEL MONSTRUO

No quedó el Decreto al completo gusto de Ruiz de Padrón ni de quienes defendían la libertad de pensamiento. Nuestro diputado sabía de antemano que esto no podía resultar de otra manera y que para llegar a las libertades civiles y religiosas había que avanzar despacio. Sin embargo, la abolición de la Inquisición había constituido un paso de gigante que se creyó oportuno minimizar ante la opinión pública para lograr su aceptación. Por esta razón, el presidente de las Cortes afirmaba, al final del Manifiesto que explica los motivos del Decreto, publicado el 22 de febrero de 1813 :

No penséis ni imaginéis en modo alguno que podrán quedar impunes los derechos de herejía. ¿Por ventura lo fueron hasta el siglo XV? Los Recaredos, Alfonsos y Fernandos ¿no castigaron a los herejes y los exterminaron en España? Pues lo mismo que entonces se ejecutó por la potestad secular, se ejecutará en adelante, hallando los obispos en los jueces seculares todo el respeto y protección que prescriben las leyes.

[…] Y por último esperan las Cortes, que guardándose los cánones y las leyes por los respectivos jueces propios de estas causas, florecerá la religión en la monarquía, y acaso esta providencia contribuirá a que algún día se realice la fraternidad religiosa de todas las naciones.

El mismo día 22 de febrero que salió publicado el Decreto sobre la Inquisición, las Cortes expidieron un decreto prohibiendo la introducción de libros contrarios a la religión. Así, quedaba fuera de toda duda el interés de las Cortes por mantener la pureza de la fe católica.

La noticia fue acogida en muchos lugares con grandes muestras de alegría. En San Sebastián de La Gomera, la celebró el párroco José Ruiz, hermano de Ruiz de Padrón, y en Las Palmas de Gran Canaria hubo muchas muestras de júbilo ante la derogación de la monstruosa corporación que mantuvo aterrorizados a millones de seres humanos, durante siglos.

Sin embargo, nada sirvieron esas medidas contemporizadoras de las Cortes de Cádiz, porque la respuesta de los serviles fue furibunda y, al regreso del rey Fernando VII, quienes votaron contra la Inquisición fueron perseguidos y, a veces, ejecutados.

Antonio Ruiz de Padrón pasó varios años en la prisión inquisitorial de Cabeza de Alba, lo cual agravó su enfermedad pulmonar y le condujo a la tumba, en 1823.

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"La isla transparente" y "Canarias" son las dos novelas que narran la extraordinaria y aventurera existencia de Antonio Ruiz de Padrón. Están disponibles en librerías y tiendas on-line.

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18 Ene 2013

Abolición de la Inquisición: hoy se cumplen 200 años del Dictamen de Ruiz de Padrón

Escrito por: Manuel Mora Morales el 18 Ene 2013 - URL Permanente

Este artículo es un homenaje a mi paisano Antonio Ruiz de Padrón, diputado canario en las Cortes de Cádiz, cuando hoy se cumplen 200 años de la lectura de su discurso contra la Inquisición, tenebroso estamento que fue abolido gracias a su sabia y valerosa intervención.
Desde tu futuro glorioso, desde la libertad de mi presente, ¡mil gracias, querido Antonio!

Cortes de Cádiz, lunes, 18 de enero de 1813.
Esta mañana van ya cuarenta días de apasionados debates sobre la Inquisición. Los liberales luchan por su abolición; los serviles, por su continuidad. Todo indica que cuando se vote el Decreto la balanza se inclinará a favor del Santo Oficio. Nada resultaría más lógico: un tercio de los diputados son eclesiásticos.
Hoy la sesión no parece que vaya a ser diferente a las anteriores. Se va a leer un discurso escrito por el diputado canario Antonio Ruiz de Padrón, el cual no podrá comparecer porque desde ayer se encuentra enfermo. El secretario Florencio del Castillo comienza la lectura con buena entonación.

Voy a sentar tres proposiciones, que sin prevenir la respetable decisión de las Cortes, que espera con ansia la nación entera, explicarán todo el fondo de mi opinión en una materia tan ruidosa.
Primera El tribunal de la Inquisición es enteramente inútil en la iglesia de Dios.
Segunda. Este tribunal es diametralmente opuesto a la sabia y religiosa Constitución que V. M. ha sancionado, y que han jurado los pueblos.
Tercera. El tribunal de la Inquisición es, no solamente perjudicial a la prosperidad del estado, sino contrario al espíritu del evangelio, que intenta defender.
¿Y serán estas verdades inconcusas o atrevidas paradojas?
¡Voy a demostrar que son verdades!

El aire de la sede parlamentaria parece haber aumentado su densidad hasta pesar como el plomo y ahogar cualquier sonido que no sea la voz del secretario Castillo. Los serviles se hacen cruces y los liberales no salen de su estupor. ¿Qué está diciendo este cura? ¿Qué atrevimiento es éste en uno de los representantes de la Iglesia? ¡Con seguridad, los ultramontanos le harán pagar cara su osadía!

Párrafo tras párrafo, de forma demoledora, el discurso va desarrollando las tres proposiciones iniciales sobre la Santa Inquisición.

Pero le han dado por antonomasia el renombre de Santa.... ¡Oh capricho bizarro de los hombres! Si se lo habrán dado por ironía. ¿Dónde están las virtudes políticas y morales de esta Santa; cuántos milagros ha hecho?
Que me señalen las conversiones que ha obrado, los frutos saludables que ha producido a la religión y al estado. Los que la defienden y canonizan por Santa, que nos exhiban los testimonios de virtud y santidad que la adornan.
¡Terrible porfía de los hombres, empeñarse en querer buscar el resplandor de la luz en medio de la oscuridad y las tinieblas, la libertad en los calabozos, y la verdad en el error y fanatismo!
No ignoro que se me culpará de haber sido el primero que tuvo la osadía en presencia de V. M. de presentar a toda la nación el misterioso sistema de gobierno de la Inquisición, esto es, la vida y milagros de esta Santa: el primero que rasgó el velo tenebroso que cubría a este ídolo diciendo:
–Españoles, aquí tenéis a la Santa: esta, esta es la que entorpecía con capa de religión vuestros progresos en las ciencias y en las artes; esta es la que os hizo creer que había Aquelarres (cuyo nombre no se ha explicado aún bastantemente), la que abusando de vuestra piedad os metió en la cabeza la ridícula farsa de la aparición de demonios súcubos e íncubos, con otras ficciones detestables que podéis leer en el gracioso y extravagante auto de fe de Logroño, mandado imprimir por orden de la misma Santa para ilustrar los pueblos.
Pero me engaño, para mantenerlos en la superstición y en la más crasa ignorancia y estupidez.

Pero, Señor, ¿a qué soy venido aquí? ¿A qué me ha congregado V. M. sino para dar leyes justas y sabias a una nación magnánima y generosa, como lo ha hecho con la sólida y religiosa Constitución que ha sancionado?
Si por desgracia dejara V. M. subsistir la Inquisición, ella sabría dentro de poco tiempo darse maña para destruir con sus acostumbrados misterios todo lo bueno que ha edificado el Congreso en medio de tantas fatigas y trabajos. Pronto vendrá a tierra este suntuoso y magnífico edificio, y la nación volvería cuanto antes a arrastrar las cadenas, y quedar sepultada por muchos siglos en el mismo envilecimiento y degradación que hasta aquí.
La Santa sabría obrar fácilmente este milagro y otros muchos.


En los ojos de los diputados Riesgo y Borrull saltan chispas. Las bancadas están paralizadas ante el desparpajo que despliega el autor del dictamen. Todas sus señorías se inclinan en dirección a la tribuna para no perder una sola sílaba.

Otro señor diputado nos trajo la bizarra especie de que la Inquisición comenzó con el nacimiento de la iglesia. Yo digo que se ha quedado muy corto. El inquisidor Luis de Páramo le da mucha mas edad, pues la hace nacer en el centro del paraíso, y por consiguiente debe ser coetánea de nuestro padre Adán.
Luego nos presenta al mismo Dios por primer inquisidor, y sigue después con una prodigiosa serie de inquisidores, que no hay más que desear enguanto al origen, antigüedad, gloria y honor de esta Santa. Entre sus prosélitos coloca nada menos que a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y a otros personajes de la mas alta jerarquía...

La fina ironía de Ruiz de Padrón cala mejor en la mente de los diputados indecisos que los fieros y amenazantes discursos de los ultramontanos. Cuando el canario nombra la costumbre de quemar las estatuas de los acusados fallecidos, se escuchan las carcajadas de quienes van entregándole su simpatía, a medida que avanza la lectura.
Puesto a derribar mitos, supersticiones y privilegios, nuestro diputado defiende a los obispos frente a los inquisidores y, con una valentía fuera de lo común, es capaz de colocar al mismo Sumo Pontífice de Roma en su justo lugar.

Esta pintura representa a Santo Domingo de Guzmán presidiendo un acto de la Inquisición.

El obispo de Roma es sin disputa el legítimo sucesor de San Pedro; pero no es el sucesor de Constantino ni de Teodosio: es el primer vicario de Jesucristo; pero no es absoluto, sino que debe gobernar arreglado a la constitución de la iglesia, compuesta de los sagrados cánones.

Tiene jurisdicción de Primado en toda la iglesia; pero no jurisdicción episcopal. Cada obispo en su diócesis tiene la misma que el Pontífice ejerce en su obispado de Roma. No es un monarca, sino el padre común de los fieles. No es un déspota, sino que debe consultar los puntos primordiales de doctrina con los obispos, que son sus hermanos según el lenguaje del evangelio, y no sus vicarios, como han sentado los autores ultramontanos.

La visión que exhibe Ruiz de Padrón es divertida, pero diamantina. Hace brotar sonrisas en los diputados bienintencionados; pero destruye dura y metódicamente la demagogia parlamentaria. Las siguientes palabras ponen este hecho de manifiesto.

Algunos señores diputados de Cataluña han ponderado a V. M. que la voz uniforme de su provincia estaba en favor de la Inquisición, y que debían consultarla antes de votar.
Mas yo con todo el respeto que merecen sus señorías, les pregunto lo primero, si antes de votar sobre este grave asunto, necesitaran de consultar a su provincia, ¿a dónde iría entonces a parar la representación nacional? ¡Qué! ¿No trajeron poderes amplios e ilimitados, como sus otros compañeros?
Lo segundo, si se concediera esto a esos señores, podríamos alegar lo mismo todos los diputados, no solo en cuanto a la Inquisición, sino en todos los demás asuntos; y en este caso, ¿qué sería de las Cortes? ¿Cuándo acabarían los de ultramar, particularmente el señor diputado de Filipinas, de averiguar el gusto de sus respectivas provincias?
Lo tercero, ¿cómo sabrán los señores diputados catalanes la voluntad general de su provincia, hallándose ocupadas todas las capitales por los enemigos?

Portada de una de las numerosas reproducciones del Dictamen, de Ruiz de Padrón, que se publicaron en diversos países.

El largo tiempo que lleva leyendo el secretario Castillo no logra apagar la atención de los diputados ni la de los periodistas que siguen pasmados el discurso espléndido que está dando un vuelco a todas las expectativas sobre la aprobación del Decreto. Mucho y de mucha enjundia se escucha esta mañana en estas Cortes de Cádiz.

Yo entro en los magníficos palacios de la Inquisición, me acerco a las puertas de bronce de sus horribles y hediondos calabozos, tiro los pesados y ásperos cerrojos, desciendo y me paro a media escalera. Un aire fétido y corrompido entorpece mis sentidos, pensamientos lúgubres afligen mi espíritu, tristes y lamentables gritos despedazan mi corazón...
Allí veo a un sacerdote del Señor padeciendo por una atroz calumnia en la mansión del crimen; aquí a un pobre anciano, ciudadano honrado y virtuoso, por una intriga doméstica; acullá a una infeliz joven, que acaso no tendría más delito que su hermosura y su pudor...

Aquí enmudezco, porque un nudo en la garganta no me permite articular; por que la debilidad de mi pecho no me deja proseguir. Las generaciones futuras se llenarán de espanto y admiración. La historia confirmará algún día lo que he dicho, descubrirá lo que oculto, publicará lo que callo. Qué tarda, pues, V. M. en libertar a la nación de un establecimiento tan monstruoso. Basta.

Finaliza Castillo la lectura. Tras unos segundos de silencio, se produce un cerrado aplauso y se escucha la voz del diputado Mexía, solicitando que el Dictamen sea impreso de inmediato. El diputado González dice en voz alta, desde su escaño:
–Apoyo que se imprima prontamente, pues hasta ahora no he sabido lo que realmente era la Inquisición. ¿Esta es la Santa? ¡Pues maldita la Santa que voy a seguir en adelante!
–¡Esto ya es un escándalo! –grita el diputado Aparici Santín desde su sitio–­ No estoy dispuesto a sufrir esto en un Congreso católico.
–Yo seré mal cristiano –le responde González–, pero soy tan católico como el Sumo Pontífice.
Varios diputados solicitan la palabra, pero el Presidente decide cerrar la sesión hasta el día siguiente. Como diría García Herrero el martes, el discurso de Antonio Ruiz de Padrón fue suficiente para fijar la opinión del Congreso.
En efecto, así fue. Dos días más tarde, el Santo Oficio resultó liquidado con los votos de la mayoría. El día 22, salió publicado el Decreto sobre la abolición de la Inquisición.
Doscientos años más tarde, sabemos que una gran parte de nuestras libertades se la debemos a esos congresistas y, principalmente, al gran Antonio Ruiz de Padrón, cuya capacidad de persuasión logró lo que todos daban por imposible: arrinconar a la "Santa".

(Copyright para este artículo: Manuel Mora Morales, 2013)

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"La isla transparente" y "Canarias" son las dos novelas que narran la extraordinaria y aventurera existencia de Antonio Ruiz de Padrón. Están disponibles en librerías y tiendas on-line.

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24 Dic 2012

"CANARIAS", una nueva novela

Escrito por: Manuel Mora Morales el 24 Dic 2012 - URL Permanente

La novela Canarias acaba de salir de la imprenta y, cuando escribo estas líneas, ya se encuentra expuesta en librerías de varios países, tanto en el formato clásico de papel como en el de e-book y e-pub. Mucho trabajo de investigación, miles de horas dedicadas a recorrer archivos, a visitar ciudades en Europa y en América, a buscar referencias, a desenterrar historias tristes, historias cómicas e historias increíbles..., todo pasa ante mí como una película acelerada, ahora que el libro ha tomado forma física y, finalmente, descansa en mi mesa de trabajo: quinientas veinte páginas que contienen una narración histórica cuyo protagonista es el personaje que más he admirado en mi vida. A su alrededor, he tratado de dibujar un puzle literario que contiene los principales elementos históricos que actualmente definen la identidad de mi tierra.

SINOPSIS

Aunque Canarias se puede leer como una novela independiente –puesto que se trata de una narración autónoma–, también es el segundo tomo de la saga Nuestro Ruiz de Padrón, la cual relata la vida del que fue principal artífice de la desaparición de la Inquisición española.
Antonio José Ruiz de Padrón nació en San Sebastián de La Gomera (Islas Canarias), en 1757, y murió en Villamartín de Valdeorras (Orense), en 1823. Su vida se convirtió en un apasionante viaje por diversos países, ideas y movimientos religiosos, políticos y sociales de los siglos dieciocho y diecinueve. Esta figura puede considerarse, junto a la del escritor Benito Pérez Galdós, como la más relevante de su archipiélago natal.
Ningún otro personaje canario ha sido tan conocido y reconocido fuera de las islas. Fundamentalmente, su fama se debe a su labor como Diputado, en las Cortes de Cádiz, para lograr la derogación del Voto de Santiago y la abolición de la Inquisición Española. Aun siendo sacerdote, logró ambos objetivos. El resto de su vida transcurrió de manera novelesca.
El primer tomo de la obra lleva por título La isla transparente. Narra la infancia de Ruiz de Padrón en La Gomera y las circunstancias religiosas, políticas y sociales que atravesaba su isla natal en esos años. Naturalente, no podría entenderse nada de lo anterior sin relacionarlo con el resto del mundo. A ello me he aplicado, tratando de presentar un ambicioso mapa histórico en el que abundan personajes y situaciones tan pintorescas como poco conocidas.
Este segundo tomo, con el título de Canarias, se inicia con la llegada a Tenerife del joven Antonio José Ruiz y Armas –no adoptaría los apellidos Ruiz de Padrón hasta varios años más tarde–. A los quince años entró en la Orden de San Francisco e inició los estudios sacerdotales en la ciudad de La Laguna, capital de Canarias.
Su relación con los ilustrados tinerfeños y su entrada como socio destacado en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife determinaron un rumbo vital que le llevó a ser testigo presencial y, a veces, protagonista de los más relevantes movimientos históricos de su tiempo, en un increíble periplo por los Estados Unidos, Cuba y buena parte de Europa.

Los personajes que desfilan por la novela son de todo tipo y condición. Algunos juegan papeles muy secundarios, pero otros se agigantan y son parte esencial del relato histórico, por su cercanía a Ruiz de Padrón o por la trascendencia de su intervención en los procesos sociales, políticos e, incluso, artísticos que tuvieron lugar a finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve, o en los dos o tres siglos anteriores.

En resumen, “CANARIAS” es una novela histórica escrita con la intención de que fuera intensa, amena y, sobre todo, divertida. Junto a la historia principal, he recuperado decenas de semblanzas y anécdotas que espero cautiven al lector tanto como me cautivaron a mí cuando las conocí.
“CANARIAS” contiene una parte importante de nuestra Historia. Una parte imprescindible que nadie debería desconocer, y no solamente los canarios, sino los españoles y latinoamericanos, cuyas sociedades se conformaron, en buena parte, a partir de las importantes acciones llevadas a cabo por el protagonista de esta obra.
Por otra parte, las Islas Canarias constituyen un enorme puchero que lleva siglos cocinándose en siete ollas sobre el mismo fuego. Lenguas, folklores, filosofías, oficios, libertades, represiones, razas, creencias, comportamientos sociales y culturales de todo tipo son algunos de los ingredientes. En consecuencia, de vez en cuando, parece saludable levantar las tapas de los calderos, mirar, probar cómo va el guiso, averiguar qué se ha estado cociendo...
Precisamente, esta es la propuesta de la novela “CANARIAS”, conducida por un personaje singular: Antonio Ruiz de Padrón. Su fantástica vida puede servirnos de crisol para entender no sólo zonas desconocidas de la historia, sino los mecanismos que la mueven.
Mirar a Canarias, a España y al mundo, metiéndonos en los zapatos de Ruiz de Padrón, propicia un examen de la realidad desde posiciones racionales, al tiempo que posibilita un análisis sereno sobre cuándo, por qué, cómo, desde dónde y hasta dónde ha evolucionado cada uno de los elementos que conforman nuestro contexto social. Me gustaría compartir este punto de vista con ustedes: esta es la razón principal de haber escrito Canarias.

DATOS TÉCNICOS DE LA NOVELA "CANARIAS"
Primera edición: 12 de diciembre de 2012
Título: Canarias
Autor: Manuel Mora Morales
Colección: Nuestro Ruiz de Padrón
Editor: Editorial Malvasía
Interior: 520 páginas en papel ahuesado
Cubierta: todo color
ISBN en papel: 978-84-938983-8-0
ISBN e-book: 978-84-938983-9-7
Encuadernado: tapa dura
P.v.p.: 24,90 € en formato clásico de papel 9,90 € en formato e-book.

ALGUNOS PERSONAJES DE LA OBRA

• Antonio Ruiz de Padrón, diputado doceañista, artífice de la derogación de la Inquisición.
• José de Viera y Clavijo, autor de la Historia de Canarias.
• José Clavijo, autor de El Pensador, traductor, etc.
• José Clavijo, autor de El Pensador, traductor, etc.
• Johann Wolfgang von Goethe, autor que escribió la obra "Clavijo" sobre José Clavijo.
• Domingo García Abreu, artífice del nombramiento como diputado de Ruiz de Padrón.
• Ignacio Llarena, clérigo, tío del Fernando Llarena y amigo de Domingo García.
• Fernando Llarena, diputado doceañista canario.
• Amaro "Pargo" Rodríguez Felipe, pirata canario.
• Alonso Fernández Benítez de Lugo, conquistador de Tenerife.
• Lope Antonio de la Guerra, autor de unas famosas Memorias.
• Fernando de la Guerra, ilustrado que fue presidente de la RSEAPT.
• Benjamín Franklin, padre de la patria norteamericana y científico.
• Tomás de Nava y Grimón, fundador de la Real Sociedad Económica de Tenerife.
• José Blas Ruiz y Armas, hermano de Antonio Ruiz de Padrón.
• Fernando de Molina y Quesada, ilustrado canario.
• Cristóbal del Hoyo, el aventurero marqués de San Andrés.
• Juana del Hoyo, famosa por sus tertulias.
• Agustín de Bethencourt, ingeniero canario.
• Marquesa de Pompadour, famosa madama parisién.
• Domenico Caracciolo, abolió Inquisición en Sicilia.
• Juan Martín El Empecinado, guerrillero español contra Napoleón Bonaparte.
• Javier de Miranda, hermano de Francisco Miranda.
• Francisco de Miranda, precursor y libertador de Venezuela.
• Juan Rodríguez de la Oliva, pintor canario, famoso retratista de vivos y de cadáveres.
• Varios obispos de Canarias que tuvieron destacadas intervenciones.
• Juan de Iriarte, gramático procedente del Puerto de la Cruz con altos cargos en la Corte.
• Tomás de Iriarte, fabulista, sobrino de Juan de Iriarte.
• Pascual de Sossa, marino canario que indirectamente produjo una guerra con Marruecos.
• James Cook, famoso marino inglés que hizo escala en Tenerife.
• William Bligh, capitán que sufrió el motín del Bounty y llegó a Canarias junto a Cook.
• Jacinto Mora, tío de Ruiz de Padrón que se destacó en La Habana.
• Baltasar Ruiz, padre de Ruiz de Padrón, nacido en El Hierro y casado en La Gomera.
• Miguel Álvarez de Abreu, obispo canario de Oaxaca.
• Obispo Servera, famoso obispo con sede en Las Palmas.
• Carlos III, rey de España que intentó renovar las estructuras económicas.
• Fernando VII, nieto de Carlos III que traicionó a su país.
• Manuel García Herreros, diputado desterrado a La Gomera, amigo de Ruiz de Padrón.
• Juan Duns Escoto, teólogo irlandés conocido como Doctor Sutil.
• Matías Rodríguez Carta, tratante de tabaco con gran poder económico.
• Capitán General de Canarias Juan Mur.
• Capitán General de Canarias Miguel Fernández de Heredia.
• Capitán General de Canarias Eugenio Fernández, marqués de Tabalosos.
• José Antonio Abreu Bertodano, canario, académico de la Lengua.
• Matías de Gálvez, Gobernador de Nueva España que pasó muchos años en Tenerife.
• Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, criado en Tenerife.
• Tomás de Saviñón, ilustrado canario, regidor del Cabildo de Tenerife.
• Manuel Pimienta y O., impulsor de la Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.
• Jean-Charles de la Borda, francés encargado de experimentos científicos en Canarias.
• La Capitana, famosa prostituta canaria del siglo XVIII.
• Antonio Domínguez Alfonso, famoso curandero canario en Madrid, protegido por el rey.
• Diego Hernández Remiendos, padre del Médico de Monagas.
• Andrés Médico de Monagas, curandero antepasado del marqués del Buen Suceso.
• Andrés Amat, encargado por Galvez de la recluta de colonos canarios para Luisiana.
• Pedro de Mesa Benítez de Lugo, autor una disparatada biografía sobre Santo Domingo.
• Álvaro Pérez, autor que propone enseñar español a los indios con sólo doce hombres.
• Pedro Álvarez, visitador del rey enviado a Canarias para controlar el pago de impuestos.
• Bernardo de Iriarte, alto diplomático canario en la guerra contra Inglaterra en 1779.

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18 May 2012

Desde "El viejo y el mar", de Ernest Hemingway, hasta "Gringo viejo" de Carlos Fuentes

Escrito por: Manuel Mora Morales el 18 May 2012 - URL Permanente

–El gringo viejo vino a México a morirse.
El coronel Frutos García ordenó que rodearan el montícu­lo de linternas y se pusieran a escarbar recio. Los soldados de torso desnudo y nucas sudorosas agarraron las palas y las clavaron en el mezquital.
Gringo viejo: así le dijeron al hombre aquel que el coro­nel recordaba ahora mientras el niño Pedro miraba intensamente a los hombres trabajando en la noche del desierto: el niño vio de nuevo una pistola cruzándose en el aire con un peso de plata.
-Por puro accidente nos encontramos aquella mañana en Chihuahua y aunque él no lo dijo, todos entendimos que estaba aquí para que lo matáramos nosotros, los mexicanos. A eso vino. Por eso cruzó la frontera, en aquellas épocas en que muy pocos nos apartábamos del lugar de nuestro naci­miento.
Las paletadas de tierra eran nubes rojas extraviadas de la altura: demasiado cerca del suelo y la luz de las linternas. -Ellos, los gringos, sí -dijo el coronel Frutos García-, se pasaron la vida cruzando fronteras, las suyas y las ajenas -y ahora el viejo la había cruzado hacia el sur porque ya no te­nía fronteras que cruzar en su propio país.
-Cuidadito.
("¿Y la frontera de aquí adentro?", había dicho la gringa tocándose la cabeza. "¿Y la frontera de acá adentro?", había dicho el general Arroyo tocándose el corazón. "Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche -ha­bía dicho el gringo viejo-: la frontera de nuestras diferen­cias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos.")
-El gringo viejo se murió en México. Nomás porque cruzó la frontera. ¿No era ésa razón de sobra? -dijo el coro­nel Frutos García.
-¿Recuerdan cómo se ponía si se cortaba la cara al rasu­rarse? -dijo Inocencio Mansalvo con sus angostos ojos verdes.
-O el miedo que le tenía a los perros rabiosos -añadió el coronel.
-No, no es cierto, era valiente -dijo el niño Pedro.
-Pues para mí que era un santo -se rió la Garduña.
-No, simplemente quería ser recordado siempre como fue -dijo Harriet Winslow.
-Cuidadito, cuidadito.

(Carlos Fuentes: Gringo viejo)

Carlos Fuentes
Carlos Fuentes

Fuentes falleció hace unas horas y Hemingway lleva medio siglo muerto. A ambos debo agradecerles muchos ratos de buena lectura y de reflexión. También de apoyo moral en su obra para la toma de algunas decisiones de mi vida, y no las menos importantes. Como le habrá sucedido a mucha gente, las novelas suyas que más me hicieron disfrutar fueron Gringo Viejo,[1] de Carlos Fuentes, y El viejo y el mar,[2] de Ernest Hemingway.

Las dos obras hablan de lo mismo –echarle un pulso a la vida desde la madurez, es decir, echarle un pulso a la muerte desde el romanticismo– y los sentimientos literarios, estéticos y vitales que despiertan en el lector son parecidos, si es que no son iguales. También, ambos escritores se apoyaron en personas reales para construir sus protagonistas: Hemingway, en el conejero Gregorio Fuentes (1897-2003), y Fuentes, en el gringo Ambrose Bierce (1842-191_?). Los conejeros son de la isla de Lanzarote y los gringos, de Estados Unidos. Los Fuentes, a la vista está, nacen tanto en México como Canarias.

Dijo Fuentes, el escritor:

En 1913, el escritor norteamericano Ambrose Bierce, misántropo, periodista de la cadena Hearst y autor de hermosos cuentos sobre la Guerra de Secesión, se despidió de sus amigos con algunas cartas en las que, desmintiendo su reconocido vigor, se declaraba viejo y cansado.
Sin embargo, en todas ellas se reservaba el derecho de escoger su manera de morir. La enfermedad y el accidente –por ejemplo, caerse por una escalera– le parecían indignas de él. En cambio, ser ajusticiado ante un paredón mexicano... "Ah –escribió en su última carta–, ser un gringo en México; eso es eutanasia."
Entró a México en noviembre y no se volvió a saber de él. El resto es ficción.

Los Fuentes, Carlos y Gregorio, murieron en la cama. Hemingway y el Gringo Viejo, de un tiro, con las botas puestas. Un sorprendente cruce de esas casualidades que tanto encantan al escritor Paul Auster.

A Bierce no lo conocí, evidentemente; pero a Gregorio Fuentes, sí. Estuve con él un par de veces en su casa de Cojímar (población cercana a La Habana y a la antigua casa de Hemingway), en la que nos fumamos algunos puros juntos. Con más de cien años de edad, durante sus últimos tiempos, se parecía más al Santiago de Hemingway que al Gregorio de Lanzarote, por imperativos del penoso negocio que había montado uno de sus nietos con los turistas.

Ernest Hemingway y Gregorio Fuentes
Ernest Hemingway y Gregorio Fuentes

La última vez que le vi me encargó que desmintiera en prensa una noticia que había publicado El País sobre su presunto deseo de recuperar la nacionalidad española. ¿Cómo iba Gregorio a desear abandonar su nacionalidad cubana después de todo lo que había hecho el gobierno revolucionario por él? ¿Pues no le había permutado, incluso, el yate que Hemingway le había regalado por un televisor en color de 25 pulgadas? ¡A quién se le ocurre renunciar a semejante chollo, me aseguraba su nieto!

Gregorio Fuentes
Gregorio Fuentes

Una vez leí un relato referido a un hombre que malvivía en el pequeño cuarto que sostenía una estatua con su propia imagen. Estatua que, en tiempos mejores, le habían dedicado las autoridades de su ciudad. A Gregorio Fuentes le pasó lo mismo. Sobre él, o tal vez dentro de él, remaba el Santiago de Hemingway y era a Santiago a quien veían sus visitantes desde que el escritor desapareció de este mundo. Desapareció y con él se llevó el alma de Gregorio, quizás para que sus fantasmas pudieran salir juntos del restaurante Floridita, los domingos por la tarde, como antes: abrazados los hombros por la amistad y abrasados los estómagos por los mojitos. Así, durante cuarenta y tres años, en la casita de Cojímar, permaneció vivo el cuerpo de Gregorio, con un libro inmortal por alma.

En cuanto a Bierce, es conocido que nació en una pobre cabaña de Ohio y pasó su niñez en Indiana, junto a sus doce hermanos con los que tenía en común, al menos, dos cosas: el hambre y la primera letra de sus nombres: la obra literaria de su padre fue poner a sus hijos nombres que empezaran por la letra A.

Recibió heridas en la Guerra de Secesión y en su matrimonio con Molly Day. De las primeras se recuperó, pero las segundas le condujeron al divorcio en 1904. Ambrose vivió un tiempo en Londres, luego fue periodista en San Francisco y terminó trabajando en periódicos de Washington, propiedad de William Hearst (la película Ciudadano Kane se inspiró en este pirata de las finanzas periodísticas, el cual, por cierto, estaba posicionado contra Pancho Villa y su revolución). Escribió excelentes narraciones cortas, inspirado en su compatriota E. A. Poe.

Ambrose Bierce, "Gringo Viejo"
Ambrose Bierce, "Gringo Viejo

"

Pero, en 1913, con 71 años, Bierce se desmelenó. Después de visitar algunos viejos campos de batalla, se encaminó a la ciudad de El Paso, cruzó la frontera mexicana y se unió al ejército de Pancho Villa, en Ciudad Juárez. Su última pista se encuentra en Chihuahua.

¿Cuándo murió Ambrose Bierce? No se sabe a ciencia cierta, pero hay quien dice que lo fusilaron en 1914. Tampoco sé si viviría lo suficiente para que mi abuelo paterno, Antonio Mora Ascanio, lo conociera. Sin embargo, me gusta imaginar ese encuentro imposible con el Gringo Viejo, cuando el joven Antonio llegó por aquellas latitudes revolucionadas por Villa y mantuvo un intenso amor con una escritora mexicana. Gracias al fruto de ese amor, yo tengo ahora una prima en Veracruz. De manera que todo termina por saberse...

Inocencio Mansalvo arrancó un tablón medio podrido de la caja y apareció la cara del gringo viejo, devorada por la noche más que por la muerte: devorada, pensó el coronel Frutos García, por la naturaleza. Esto le daba al rostro curtido, verdoso, extrañamente sonriente porque el rictus de la boca había dejado al descubierto las encías y los dientes largos, dientes de caballo y de gringo, un aire de burla permanente.

Todos se quedaron mirando un minuto lo que las luces de la noche dejaban ver, que eran las luces gemelas de los ojos hundidos pero abiertos del cadáver. Al niño lo que más le llamó la atención fue que el gringo apareciera peinado en la muerte, el pelo blanco aplacado como si allá abajo anduviera un diablito peinador encargado de humedecerles el pelo a los muertos para que se vieran bien al encontrarse con la pelona.

–La pelona –exclamó a carcajadas la Garduña.

–Apúrenle, apúrenle –dio la orden Frutos García–, sáquenlo de prisa que mañana mismo debe estar en Camargo el cabrón viejo este –dijo con la voz medio atorada el coronel–, apúrense que ya va camino del polvo y si viniera un viento, se nos va para siempre el gringo viejo...

(Carlos Fuentes: Gringo viejo)

Ambas novelas son tan redondas como un cuento infantil. Ambas tienen final feliz, sus protagonistas han logrado sus objetivos: el enorme pez atrapado por el viejo pescador de Ernest Hemingway equivale a la romántica muerte del Gringo Viejo de Carlos Fuentes. Ambos, el canario y el gringo, al atrapar sus presas, logran lo que desean: el respeto de los otros y, sobre todo, el respeto hacia sí mismos. Un auténtico tesoro, teniendo en cuenta que los pobres y los muertos difícilmente pueden darse el lujo de abrigar un sentimiento cuyo precio cotiza en Bolsa. desde los tiempos del Faraón

______________________________________

NOTAS

[10]Gringo viejo refleja la tensión con que viven los mexicanos la relación entre su país y los EEUU. Pero, por sobre todas las cosas, el autor ha querido demostrar que los destinos no pueden analizarse solamente desde una perspectiva política. Plantea contrapuntos: amor-violencia, vida-muerte, el traspaso de los límites de nuestras propias fronteras internas, de lo individual a lo colectivo, de lo político a lo afectivo, de la realidad a la ficción. La temática central gira alrededor de los avatares de la Revolución mexicana con sus diferentes manifestaciones de terror y su profundo sentir popular hasta llegar a la degeneración del compromiso final con el capitalismo rapaz, el dominio y la corrupción. La figura central de la novela está basada en el conocido periodista y escritor Ambrose Bierce, que trabajó para el magnate de la prensa americana William Randolph Hearst, al que sirvió fielmente, contribuyendo, con su servicio, al engrandecimiento de su imperio. Sin embargo, lo despreciaba visceralmente. El Gringo Viejo fue a morirse a México. "Los gringos se pasan la vida cruzando fronteras, las suyas y las ajenas", dijo el coronel Frutos García. Pero, este gringo había cruzado el río Grande porque ya no tenía fronteras que cruzar en su propio país. "Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos", había dicho el gringo viejo. Alto, flaco, de pelo blanco, ojos azules, tez rosada y unas arrugas como surcos de maizal, allí estaba el hombre que venía a morir violentamente a manos de otros, porque lo prefería así, antes que morir de decrepitud o por sus propios medios, como lo habían hecho sus hijos. Quería ser un cadáver bien parecido, y la tropa revolucionaria lo recordará oliendo a colonia, piel rasurada: su última vanidad o el ansia de cumplir el último sueño americano. Con su Colt 44 demostró que aún quedaban restos del que fue general en el noveno regimiento de voluntarios en la Guerra Civil Norteamericana, y el general Arroyo no tuvo más remedio que aceptarlo en su tropa. En el vagón privado del general Arroyo, el gringo superó con la paciencia de sus antepasados protestantes su arrogancia, al tiempo que frenaba un sentimiento: el afecto paternal que le inspiraba". (Wikipedia)

[2] La obra trata sobre un pescador, ya anciano, que se encuentra en una época en la que recuerda su vida pasada con amargura ya que se encuentra falto de suerte y con las fuerzas muy reducidas para seguir con su labor. El joven que ha estado trabajando con él, hasta que sus padres se lo han retirado por su mala racha, sigue siempre dispuesto a ayudar, cuidar y aprender de la experiencia del viejo, a pesar de que con su nuevo patrón suele obtener abundante pesca.

Cuando los personajes están establecidos, nos adentramos en la aventura del viejo, que, tras 84 días sin lograr pescar nada, se adentra solo en el mar y finalmente encuentra un pez enorme, que solucionaría todos sus problemas, y que le devolvería la gloria de sus tiempos pasados. Tras mucho luchar y sufrir, consigue hacerse con el pez, que es incluso mayor que la propia barca. Durante toda su lucha, vemos como recuerda y echa de menos al joven que le ayudaba, y también recuerda sus épocas de joven.

Durante el camino de regreso a casa, el viejo se encuentra con multitud de tiburones, quienes poco a poco van devorando al pez, y lo van dejando sin carne.

Cuando el viejo regresa, el pez está totalmente irreconocible, los tiburones se han comido todas sus entrañas y ya no queda nada. A pesar del aparente fracaso, el viejo, gracias a su hazaña, recupera el respeto de sus compañeros y refuerza la admiración del joven que decide volver a pescar con él. (Wikipedia)

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