14 Ene 2008
De putos y mariconadas
Tras mi regreso a Venezuela desde España me encontré con que muchas cosas habían cambiado desde mi partida, pero que muchas otras permanecían iguales, como si hubieran estado metidas en la caja fuerte de un naufragio. Hacer una lista llevaría mucho tiempo, pero de todos los temas hay uno que me hace especial gracia: la homofobia del maracucho.
A mi amigo Pepe una vez le hice una broma muy vieja y muy venezolana: le pregunté si en México eran todos machos machotes, y cuando me dijo que sí con orgullo, le respondí lleno de malicia que en Venezuela éramos machos y hembras y que la pasábamos muy bien. "Ah, chinga a tu madre, puñales todos", fue lo que me respondió con un chasquido y dándome la espalda, pero después volvimos a lo nuestro y como si nada.
Digo todo esto porque una de las primeras cosas que hice al llegar fue repartir besos por todos lados, como Dios manda, y ningún miembro de mi familia se salvó. Empezando por mis padres y hermana hasta los vecinos, iba besando a todos. De verdad me sentía contento de verlos, y hasta ese momento no me había percatado de lo intrusivo que puede ser para algunos, especialmente para los hombres, que alguien les muestre cariño, aunque esos hombres sean de la misma familia...
Todo fue culpa de Martín y de sus mariconas costumbres de besar a sus amigos (en la mejilla, claro) cuando estaba borracho. Creo que ninguno de los que vivíamos en Madrid se salvó: primero daba un beso (signo inequívoco de borrachera en proceso) y pasaba a la "exaltación del YO amistoso": "¿Pero tú me quieres o no?" Había que contestar siempre que sí, aunque lo siguiente era siempre lo mismo: la frase "claro que me quieres, hombre, y yo te quiero un montón, te quiero en el fondo, pero en el fondo del mar..." acompañado de un fortísimo bofetón cariñoso que lo menos que lograba era que uno se replanteara en ese momento la pertinencia de ciertas amistades... Cómo puso a prueba ese muchacho el cariño de sus amigos, joder... Cómo nos puso a parir...
Como decía, a mi llegada a Venezuela ya estaba curado en ese aspecto, así que a los más cercanos los besé sin pudor en público cuando me reencontré con ellos, lleno de cariño sincero y fraternal... La primera de las reacciones fue de un pana, Ángel, que tras el beso lo primero que hizo fue respirar profundo, mirar al cielo como quien dice "ay verga, Señor, perdónalo que no sabe lo que hace", y abrazarme mientras les decía a los otros: "coño, ya este se devolvió con las mariconadas de los europeos... Y uno pensando que al menos se iba a culiar a alguna española".
Esa misma noche, bebiendo cervezas con esos mismos panas, alguien se acercó a pedir fuego, o un yesquero (mechero, pa los españoles), yo tenía uno, se lo ofrecí, el carajo encendió su cigarro y se fue pal carajo. Cuando volví a mi cerveza, alguien me dijo, palabra más, palabra menos: "delante de mí no le enciendes el cigarro a más nadie... Le das el yesquero y que se lo prenda él"
Me hizo gracia la escena, sobre todo porque el asunto no había pasado de ahí. Desde entonces me he encontrado con varias personas, todas ellas respetables, pero la mayoría extranjeros que no tienen mayor problemas con los besos. De hecho, ellos mismos los promueven no sólo en la familia sino con los más cercanos. Y tras leer un libro que me regaló Lulú, escrito por un argentino, me di cuenta de que quizás las cosas serían distintas en esta ciudad si los machos no anduvieran tan pendientes de estar marcando territorio permanentemente.
Es una presión continua: si eres hombre TIENES que estar en contra del matrimonio gay, TIENEN que gustarte las camionetas, entre más grandes mejor, puedes saber del buen vestir, pero JAMÁS opinar en público sobre ello, la palabra "metrosexual" debe quedar DESTERRADA de tu repertorio a menos que vayas a referirte a alguien que si no es pato, al menos parece que le está dando vueltas a la laguna; TIENES que mostrarte entusiasta en las profundas conversaciones durante horas acerca de las prestaciones de un teléfono móvil y, sobre todo, y más aún a cierta edad, SÓLO pueden gustarte los deportes si eres espectador; tu actividad física se reduce a jugar softbol o dominó los domingos por la tarde con una cerveza en la mano.
Alguno que no me conozca creerá que me he vuelto maricón perdido, pero la verdad es que echo de menos las pocas oportunidades en las que mi padre me ha dado besos, y admito que se me doblan las piernas cuando Nicolás se me acerca, me abraza, me besa y me dice que me quiere mucho y después sigue con sus juegos. Ojalá y no deje de hacerlo nunca.
De resto, mis amigos más cercanos ya están resignados: "lo perdimos en Europa". Pero ya no me miran con asco y la mayoría incluso lo ven como algo normal entre círculos estrictísimamente limitados... Será que les traiga a Martín por un tiempo, para que les enseñe que hay un deporte que se llama tenis que se puede puede jugar y después morbosearte a Maria Sharapova por la tele mientras se bebe un vaso de vino... Y el móvil, sea del modelo que sea, queda pa saludar a la familia o cuadrar la marcha del fin de semana con los panas.
17 Dic 2007
Abya-Yala
Sofía se despertó, sobresaltada e intranquila, en la oscuridad absoluta de su cuarto. Creyó por un momento que había sonado el despertador, pero se tranquilizó al escuchar el tictac impasible del aparato sobre su mesa de noche. "Mierda", pensó enojada consigo misma: por una vez que lograba conciliar un sueño placentero y divertido en varias semanas, el temor a llegar tarde a la oficina vino a cortarle el descanso conseguido.
"A ver si lo cojo otra vez" se dijo, e intentó volver a los brazos del guapo desconocido que planeaba poseerla en el parque, a la vista de curiosos mirones, a plena luz del día y sin un ápice de pudor, con una lascivia en la mirada que dejaba más que claras unas intenciones a las que ella no iba a interponerles el más mínimo obstáculo, rendida y deseosa como estaba sobre la grama, esperando el embate que le llenaría el vacío acumulado desde varios meses.
Quizás hubiera podido retomar el sueño donde lo había dejado, si en ese momento el escándalo del despertador no se lo hubiese impedido, espabilándola con brusquedad. A las seis de la madrugada casi media ciudad iniciaba sus labores rutinarias, pero Sofía ènvidiaba a la otra parte, la que se quedaba en la cama cuando menos una hora y media más.
Con gran esfuerzo estiró el brazo a tientas hasta dar con el botón que apagó el infernal aparato. Se quedó un rato más en la cama con los ojos abiertos, mirando la negrura de su habitación, tratando de encajar en su rutina unos diez minutos de sueño que al menos le permitieran acabar el que ya había empezado. Pero en sólo un instante, cuando volvió a mirar el reloj, ya había pasado tiempo suficiente: ya n las seis y cuarto.
Con rapidez se sentó al borde de la cama para evitar volver a dormirse de aquella manera inconsciente. A pesar de ser mujer, Sofía no terminaba de entender por qué las de su género se tomaban al menos dos horas para prepararse para su trabajo diario. Si ella entraba a atrabajar a las ocho y media, ¿cómo es que apenas le daba tiempo para llegar justo a la hora del trabajo? Que ella recordara, no había llegado jamás antes de lo previsto. Siempre acudía estrictamente puntual o con un par de minutos de retraso. Era algo que estaba fuera de su comprensión.
Con los ojos aún entrecerrados por el sueño, Sofía descorrió la cortina para que entrara un poco de luz que le ayudara a desperezarse. Una corriente de aire matinal le llenó los pulmones de energía al abrir la ventana, pero ni aun eso la despertó del todo. Arrastró los pies hasta el aire acondicionado para apagarlo, y en el camino pisó un objeto de goma que lanzó un quejido y casi la hace caer, por el susto y la sorpresa. "¡Coñ...!" dijo con la voz espesa del recién levantado. "Conque acá estabas", y lo cogió del suelo para tirarlo sobre la cama.
Ya más lúcida, se fue hasta el cuarto contiguo al suyo, como llevaba trece meses haciendo. Además de un deber, era un deseo irrefrenable, unas ganas incontenibles de estar allí y pasar las horas metidas en aquel espacio, uno de los pocos en los que estaba realmente a sus anchas. Entró sigilosa, y un vistazo bastó para confirmar la normalidad de la escena. La débil luz proveniente de un pequeño bombillo enchufado en una de las paredes la orientó hacia la ventana de la izquierda: el bebé dormía plácidamente en su cuna, sin enterarse de todo el ruido que su madre había hecho aquella mañana. Ellla se quedó un rato mirándolo complacida, y con un suave movimiento de la mano le acarició la mejilla. El pequeño no se inmutó. "¿Por qué yo no puedo dormir así?" se preguntó al tiempo que se daba media vuelta para comenzar el día que esperaba con más ganas: el viernes. Con un poco de suerte, esa noche quizás hasta podría salir a tomarse unas copas con los compañeros del trabajo.
El resto de los preparativos fue rutinario: poner la cafetera, meterse en la ducha con agua templada, encender la televisión y escuchar las primeras noticias del día, cambiar al canañ esotérico para escuchar al vidente que leía el horóscopo (pero si ella no creía en eso por qué diablos lo seguía escuchando, ya está, el mismo de la semana antepasada, que un par de meses antes le había tocado a Leoy ahora a Géminis, que creen que la gente es estúpida, ajá, habrá un movimiento de papeles importantes, ajá, que me cuide la cabeza, me contarán un secreto, conoceré a alguien interesante que me propondrá un negocio, que me cuide de una persona nacida en diciembre, luz, luz luz, ve mcuha luz en mi vida, ajá), volver a las noticias y fingir escucharlas mientras se toma el café mirando por la ventana (¿Cuánto tiempo he pasado ahí?), le quita la ropa de dormir al bebé, le cambia el pañal y le pone la ropa de salir, el nene no despierta, qué envidia vivir así, subirle un poco de volumen al televisor, que llegaron las noticias internacionales, quedarse alelada frente al armario pensando en qué va a vestir ese día, probarse tres combinaciones diferentes, escoger la menos mala, el bebé despierta, se acabó el descanso, meter la papilla en el microondas, cuidando de que no esté demasiado caliente, mecer al bebé, hablarle con cariño (coño, son las siete y media), darle de comer, sentarlo en el coche, terminar de maquillarse, ponerse los primeros zapatos que encuentre, siempre los negros, nunca se atravesan otros; apagar la tele, recoger la muda del bebé en la cesta, ¿pelo en moño o suelto? en moño, como siempre; ya son las ocho y diez (¿Cómo pasa el tiempo tan rápido?), apagar todo, cerrar la puerta con llave, esperar el ascensor, viene lleno, esperar el segundo viaje, montarse en el carro, salir a casa de mamá por el camino más largo pero con menos atascos, dejarle al bebé, darle las últimas recomendaciones, ajá, ajá, dice ella, como si yo no te hubiera parido a ti, beso al nene, beso a mamá, gracias, gracias, qué me haría yo sin ustedes, y correr al trabajo para al final llegar cuatro minutos tarde... Coño.
La obsesión por la puntualidad le vino a Sofía desde su embarazo. En una ciudad como en la que ella vivía no era posible permanecer encinta sin que un cardumen de tiburones quisiera quitarle el trabajo. Daba igual que hubiese tenido una carrera brillante y que hubiera llegado a donde estaba por recomendaciones y méritos propios: siempre habrá alguien que quiera obtener el cargo de su superior a cualquier precio menos el del esfuerzo individual. Ya a ese tipo de acosos estaba acostumbrada, pero Sofía no quería darle a nadie motivos para que pudieran señalarla.
Al menos era el último día de la semana. El sábado podría descansar un poco. No dormirá hasta tarde porque el bebé no la dejará, pero no tendrá que correr como siempre. Podrá ducharse con calma, vestirse deportiva y salir a dar un paseo, que hacái tiempo que no se daba un gusto de ese tipo. A veces se quejaba de la rutina y pensaba si había tomado las decisiones correctas. ¿Esto era la vida? ¿Correr sin descanso de un lado al otro y ver cómo pasa el tiempo en los demás y en sí misma? ¿Notar cómo le cambian el cuerpo, los gustos o la visión del mundo? La respuesta a muchas de esas preguntas las encontraba en Mariano, su principal reposo, pero también su más grande motivo de agitación. Todos sus logros, que en un principio los había dedicado a ella misma, ahora le pertenecían a él: la totalidad de lo que hacía era para darle la oportunidad de vivir en una ciudad tranquila, tolerante, lleba de sitios agradables donde aprendería sobre la convivencia en paz.
La jornada en el trabajo comenzaba con contundencia. Eran las nueve menos cuarto y ya en toda la oficina la gente iba de un lado al otro trayendo papeles, tecleando en los ordenadores o llamando por teléfono. Sobre su escritorio descansaban cuatro memorandos que ella misma había ido posponiendo durante la semana para atenderlos ese viernes: el despido de uno de los empleados más antiguos del ministerio, la renegociación de la deuda con una contratista, revisar un presupuesto que ya había sido modificado en ocho oportunidades y empezar las conversaciones con los trabajadores para perfilar el próximo contrato colectivo.
"Menos mal que es viernes" se dijo, y echó de menos al guapo desconocido con el que nunca pudo consumar la entrega. Miró su reloj: eran las nueve en punto.
20 Ago 2007
El mochilero perdido
Llevaba varios días preparándolo todo para que no le faltara nada. Poniendo sus cosas en orden, reconciliándose con su conciencia y los atrevidos fantasmas con olor a limón rancio de las colinas que se avistaban desde su casa.
Pero justo antes de comenzar el Gran Viaje, en el momento preciso de echarse a andar, tuvo la sensación familiar de que algo importante se le olvidaba.
Y eso le cambió toda la historia.
26 Jun 2007
Si yo fuera presidente...
Claro está, no es que pretenda serlo ni mucho menos. Si nunca me he ganado ni un miserable bingo vecinal pro fondos para arreglar el parque infantil del edificio, mucho menos iba yo a meterme en una carrera para ganar la presidencia de un país en el que, como mínimo, cada quien tira pa'l lado que más le conviene. Esto, por supuesto, no incluye el puesto de alcalde, que al menos requiere de un esfuerzo mínimo si se le compara con el otro, y de paso viene a ser un cargo que, cuando menos, no deja de ser interesante si quieres empezar por alguna parte ;-).
Pero es que creo que en el blog anterior no sólo descargué mi rabia e impotencia, sino que desperté la de unos cuantos amigos que, desde lejos o desde cerca, sienten que tienen algo que decir, aportar, o cuando menos, opinar. Y en estos días de Copa América, de inauguraciones de viaductos, de marchas estudiantiles hasta por el derecho a adquirir cervezas gratis y de compras de nuevos submarinos a Rusia, pensé: "¿Y qué es, de verdad, lo que haría yo si fuera Presidente?" En líneas generales, claro. ¿En qué me enfocaría, cómo trabajaría, qué es lo que haría primero? En un país como Venezuela y para una persona como yo, estas son demasiadas preguntas. Y lo que es peor: no creo que haya una respuesta concreta. Pero de cara al futuro, sin ánimos de hacer política partidista, sino de saber qué es lo que piensan ustedes, me atreví a hacer una lista de 10 cosas que ayudarían a construir las bases de un país del que, en un plazo de 15 años, nadie quiera irse.
He acá mi pequeño decálogo:
1. Invertiría una gran parte del presupuesto en la construcción o el arreglo de carreteras urbanas y extraurbanas.
2. Un buen sistema de transporte, con metros y trenes incluidos, pa que la gente vaya a donde le dé la real gana sin muchos problemas.
3. Una ordenanza que obligue a todo el mundo a usar una misma señalización (internacional, preferiblemente), sobre todo pa evitar que las señales de tránsito se conviertan en portarretratos de los alcaldes y gobernadores, tan guapos ellos.
4. Mando a la CAN y al Mercosur a la mierda, porque, total, ellos nomás que están pendientes de hacer pactos bilaterales con USA y la UE, así que me monto yo en un pacto cojonudo que nos satisfaga a todos, sobre todo a los de mi casa, y le dé acceso libre de mis productos a los mercados realmente importantes.
5. Le pido a Dayra Lambis que sea mi Canciller (¡Eeeehhh! Que los colombianos tenían a María Consuelo Araujo y media Asamblea Nacional venezolana babeaba por ella y por meterse en su cama... Y una vez casi nos cuesta medio Golfo.) A Annarella no le pido nada, por haberse casado con un GN, la barriobajera esa.
6. Le digo a Nokia y a Motorola que se vengan al país a montar sus filiales de fabricación de aparatos móviles y accesorios para Latinoamérica, pero con mano de obra venezolana y les dejo 5 años de gracia pa que no paguen impuestos.
7. Le pido ayuda a los españoles pa que me digan cómo se han convertido en el país con más banderas azules en el mundo, a ver si puedo salvar uno que otro lago que se me está quedando seco y solo.
8. Antes de querer quedarme con todos los hospitales del país, procuraría que al menos los del Seguro Social funcionen. Al menos los de un estado... ¡Bueno, al menos uno, de donde sea!
9. El seguro social financiaría las operaciones de implantes de senos (¡¡¡Pa' las que quieran, claro!!!)
10. Politico al que se le compruebe UN bolívar desviado pa donde no es, político que queda condenado a verse, una tras otra, todas las cadenas de Chávez, al menos aquellas donde mencione alguna de las siguientes palabras: Capitalismo, Neoliberalismo, Bush, Imperialismo, guerra asimétrica, unidad latinoamericana, Cristo, Bolívar, Oligarquía, Golpe, Magnicidio y Escuálido.
¿Me faltó algo por agregar?
12 Jun 2007
Mi testamento
Yo, antiguo miembro de la extinta clase media venezolana, y uno de esos hombres que soñaron alguna vez con que se podía construir un porvenir dentro de las fronteras nacionales o latinoamericanas, en uso de mis (pocas) facultades y capacidad de raciocinio, y con plena conciencia del momento histórico y revolucionario que me ha tocado sufrir, dejo mi total y eterno agradecimiento a todas las fuerzas vivas, muy vivas, vivitas, vivarachas, que me gobernaron con total falta de respeto, idoneidad profesional y escasez de criterio.
A esos sectores revolucionarios de medio pelo, les dejo un manual de historia venezolana para que, en los ratos libres que les quedan después de hacer chanchullos con el Tesoro nacional, lo relean a ver dónde carajo dice que en una república democrática alguien puede creerse que es superior a los demás por cuestiones partidistas o de poder, sobre todo siendo ellos unos hijos de vecino como cualquiera del resto de los mortales, sólo que ahora les tocó, por Gracia divina, disfrutar de las comodidades que antes tenían otros ineptos.
A los distinguidos miembros de la oposición, tanto los “light” como a los radicales, les dejo una brújula para que, si alguna vez llegan a saber cómo usarla, se enteren de dónde está el sur y dónde está el norte, al que perdieron hace raaaaaaaaaaato, y sepan también definirse entre la izquierda socialdemócrata, la derecha democristiana o el centro comovayaviniendovamosviendo, en vez de ser alternativamente demócratas de facto, venezolanos acomodaticios o enchufados sin ideología.
A mis amigos-camaradas de la izquierda venezolana les dejo el libro "¿Qué es la clase obrera?", con modelo para armar incluido, a ver si así pueden explicarse por qué durante décadas no pudieron conseguir ni un puto voto del venezolano medio, quien, ante la confusión de mensajillos que iban desde la superioridad intelectual hasta la deificación de las guerrillas, prefirió siempre votar antes a la derecha o apoyar gobiernitos populistas.
A los amigos estudiantes les lego un manual de la contradicción perpetua y fanática, donde se explica cómo un movimiento espontáneo que nació para protestar a favor de la libertad de expresión terminó callándose la boca voluntariamente, en público y sin pudor alguno, en la primera oportunidad que tuvo para demostrarle al país que sí tenía algo que decir; y que estaba constituido por interlocutores válidos, no por peones del “imperialismo” ni “borregos al servicio de la oligarquía”. A ellos también les dejo el último CD de Daddy Yankee, con mucho perreo y sandungueo, pa que arreglen el mundo mientras leen Cosmopolitan y sus "50 maneras para hacer una felación perfecta".
Y a las generaciones venideras, les dejo mis deseos de que sepan que hubo una vez un país rico, grande y lleno de gente buena, al que unos pocos pícaros vivitos hundieron sin remedio.
07 Jun 2007
Por lo que venga... ¡Salud!
No es la primera vez que intento hacer un blog. Ya lo había hecho, en dos oportunidades, sin demasiado éxito. No tanto porque no tuviera las herramientas, sino porque me daba pereza escribir, basándome en la supuesta monotonía que estaba viviendo. Pero desde hace algún tiempo el cuerpo (al que siempre hay que darle lo que pida) ha vuelto a exigirme que escriba, y se ha manifestado a través de la picazón en mis dedos, que ha ido creciendo ante lo que ocurre a mi alrededor y que ya no puedo callar.
Esperemos que este intento sea más fructífero, y pueda encontrar tiempo para actualizarlo, tal y como hacen algunos de mis mejores amigos: Lulú, que tiene una pluma maravillosa; Martín, cuya visión de su entorno lo convierte en uno de los periodistas más respetables que conozco, y El Negro, cuyo romanticismo y habilidad para ver lo que los demás no ven lo convierte en una persona especial para todos los suyos.
Estoy acá para sacar todas las ideas que llevo en la cabeza, desde mis sueños absurdos hasta la manera para salvar a los bagres del Lago de Maracaibo, pasando por cómo ganarme mi primer millón en la Bolsa de Valores o la fórmula para encontrar el tiempo (y el dinero) para ir a ver a mis amigos de otras latitudes. No tengo recetas mágicas, ni pretendo ser el escritor más divertido del país. Sólo que aquellos que tengan algo que decir y que se sientan identificados con lo que pueda quedar en este espacio, se sientan con la comodidad suficiente para hacérmelo (y hacérnoslo) saber.
Muchas son las ideas que me rondan en la cabeza, ya lo he dicho. Al respecto, creo que fue el gran Gabo quien dijo, en su libro "Cómo se cuenta un cuento", una frase que se me quedó grabada para siempre. Tanto, que aún hoy no puedo olvidarla. Palabra más, palabra menos, dice lo siguiente: "Lo que más importa en el mundo, es el proceso de la creación. ¿Qué clase de misterio es ese que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada?"
Bueno, yo no conozco la respuesta al misterio, pero espero que lo que escriba sí pueda servir para algo.
Sobre este blog
Maracaibo Blogger
lesliechaparroBueno, acá estoy, entrando en la ola de los bloggers. Durante mucho tiempo pensé que no tenía nada que decir, hasta que me di cuenta de que mi silencio era parte de una revolución que llevaba por dentro. Y en un intento de volver a mis orígenes, a las cosas que siempre me han gustado (el cine, la buena comida, el vino, la literatura o los suelos recién limpiados), opté por seguir la ruta de mis amigos que ya se lanzaron al agua, escribiendo sobre lo que creí que no me pasaba, pero que me sucede siempre y por eso no lo reconocía como extraordinario.
Soy Leslie cuando estoy con la mayoría de mis amigos. Lino, cuando está mi familia cerca; Leslie Lino cuando mis padres quieren pelearme por algo (a mis 32 años), Chaparro cuando hablo con mi jefe, o Chaparro Ramírez cuando reivindico el apellido materno. En cualquier caso, todos esos nombres los lleva un hombre tranquilo, que se siente mejor que nunca y que espera, de esta manera, conectarse con todos aquellos que significan algo en su vida.
Bienvenidos, todos, a mi otra casa.
Últimos Comentarios
- De putos y mariconadas 4 comentarios julie karina soto Lulú Martin (aka Analista de Cuarta)
- Abya-Yala 1 comentario Lulu
- Por lo que venga... ¡Salud! 14 comentarios Karin Marian BOBO Nohe/Bloomby Yarima
- Si yo fuera presidente... 7 comentarios Karin Cayi lesliechaparro L ismael
- El mochilero perdido 3 comentarios L* Maryale Maryale
Tags
Amigos
Fans
Ídolos
Buscar
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

