15 Oct 2010

32) Rapsodia de Sísifo

Escrito por: maracuya-lofredo el 15 Oct 2010 - URL Permanente

Pulp Fiction (1994)  Quentin Tarantino
Pulp Fiction (1994) Quentin Tarantino

El Rhapsodos era un trovador errante que iba de pueblo en pueblo cantando y recitando poemas épicos, a veces acompañado de músicos, a veces solo, y otras, con las familias que le ayudaban en el espectáculo.

Dicen que los poemas solían ser trozos de las epopeyas homéricas. Lo más probable es que en sus repertorios el Rhapsodos mezclara un poco de todo, de lo sublime a lo pedestre. Recientes disputas y malentendidos en los Olimpos, sucesos análogos en ciudades y países del vecindario, refranes, advertencias y sin duda algo de humor.

La insoportable Levedad del Bronce G. Lofredo (2009)
La insoportable Levedad del Bronce G. Lofredo (2009)

La pasión de Sísifo era las redes de desagüe y tenía valiosos conocimientos que aportar, conocía un centenar de maneras de copar con la infinita capacidad del ser humano de orinar, defecar y hacer brotar basura y deshechos como flores en primavera, a cada instante, todos los días, sin descanso. Sísifo empezó en una de esas profesiones que lo marcan de por vida y no lo sueltan. Como las de enterrador, proxeneta, policía o cura. Son todos oficios injustamente despreciados. Pocos saben y a casi nadie le importa que los cloaqueros hayan hecho más por la salud de la humanidad y su calidad de vida que todos los venerados médicos, poetas, analistas, filántropos y perfumistas que nos atienden. Es que la gente tiene dificultades con quienes se ganan la vida entre mierda, pecados, sexo y muertos ajenos.

Atlas tuvo una hija con un cuerpo que hacía ver a los ciegos y levantaba al más muerto. La chica se casó con Sísifo, empresario de la construcción que con el Ilustre Municipio de Corinto en la nómina de asalariados no perdía un contrato de vialidad, basura, agua o alcantarillado. Aficionado al deporte, Sísifo se armó de todos los clubes de la zona y copó las apuestas. No perdonaba deudas de juego. Para manejar el mercado, se adueñó de los caminos. Se ocupaba personalmente de todo viajero o transportista que no se le sometiera sin condiciones. Les reventaba el cráneo con una roca de mármol.

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