20 Sep 2007
ME PREGUNTO SI ALGUIEN LA AYUDÓ A BIEN MORIR
“Soy como un avión que ha salido a la pista y no ha despegado, prefiero volver a la terminal o volar de una vez”.
Son palabras de Elisabeth Kubler-Ross, poco antes de morir. Era médico psiquiatra y autora del reconocido libro “Sobre la muerte y los moribundos”, con el que comenzó a ganar un reconocido prestigio en este tema. Dedicó la mayor parte de su vida trabajando con los enfermos terminales y sus familias, especialmente niños.
“Mi meta era romper con la barrera de negación profesional que prohibía a los pacientes expresar sus más íntimas preocupaciones”, decía.
En 1995, una serie de apoplejías la dejó paralizada de su lado izquierdo y enfrentando la muerte de cerca. A pesar de que su salud se estabilizó, no llegó a recuperarse completamente y en 2004 murió.
Su último libro, “Life Lessons” (Lecciones de vida) habla de los misterios de la vida y los vivos. Ella dijo “Quise, finalmente, escribir acerca de la vida y el vivir.”
¿Y cómo murió quien, a lo largo de su vida, acompañó a tantos moribundos en el último trance?
Ella se fue alejando progresivamente de los caminos académicos y científicos para adentrarse en las propias teorías y suposiciones acerca de lo que hay “más allá de la muerte”, propugnando que la conciencia y el “alma” sobreviven, y que están conectadas al cuerpo con un “cordón” que al morir se rompe (como cuentan las leyendas de los viajes astrales). Es más, llegó a vaticinar que dicho cordón sería fotografiado en años venideros gracias a la “cámara Kirlian” (una cámara de la que se dice que fotografía el aura de las personas, lo cual ha resultado un fraude de tantos).
Sus ideas eran anhelos personales y nacían del deseo de trascendencia del ser humano, y también por la piedad y empatía que sentía hacia “sus enfermos”.
Su imaginación y humanidad son loables, y tal vez fueran también la causa de su caída junto a charlatanes y timadores que la arrastraron al descrédito en sus últimos años. Unos cuantos médiums que la rodearon y acapararon, aprovechándose de ella. Estuvo implicada en un sonado escándalo con un médium que, con la excusa de “conectar” a viudas con sus maridos, era el “medio” para que ellas tuvieran relaciones sexuales con los difuntos (a través de él, claro). Previo pago, claro.
Elisabeth reunió dos cualidades - sensibilidad e inteligencia - que abren la puerta de la genialidad o de la irracionalidad. Ella eligió lo segundo.
Quizás de esta manera esperó la muerte con la serenidad que merecía… aunque nadie más que ella recogió el testimonio de lo que vio después (si es que vio algo…)
19 Sep 2007
Uno de reflejos
Lo que son los reflejos. Pueden llegar a crear situaciones ridículas y de chiste, como ésta.
Le ocurrió a Antonio, un hombre de mediana edad, muy activo y nervioso. Volvía a casa en coche, loco por llegar, aparcar y descansar en casita. Como ya estaba cerca, dejó el mando a distancia de la puerta del garaje en el salpicadero.
Antonio llegó a un semáforo en el momento en que éste se puso rojo, e instantáneamente, le enfocó el mando del garaje y arrancó.
Unos metros adelante le pararon los guardias, y entonces Antonio cayó en la cuenta de lo que había hecho; de nada sirvió que se lo explicara a los agentes; éstos, carcajeándose, le endosaron la multa.
Éste es un ejemplo de cómo se automatizan los hábitos, hasta el punto de que no nos damos cuenta muchas veces de que los hacemos ni de cómo los hacemos; y es ejemplo también de cómo se adquiere un “reflejo condicionado”, o sea, un reflejo no natural sino provocado por una situación condicionada. El cerebro de Antonio asoció la situación de tener que frenar con el mando del garaje, que tenía ante sus ojos, y fue como si pensara (inconscientemente): Me detengo un momento para abrir la puerta y entro.
Antonio llegó a casa más cabreado que una mona. No sólo por el multazo, sino por el ridículo ante los guardias, que seguramente le habrían tomado por un chiflado o por un caradura.
11 Ago 2007
LA TRISTE PERO VERÍDICA HISTORIA DE LA CRUZ FANTASMA
Analía era joven, imaginativa, activa y de "mente abierta" (como solía decir). Estudiaba tercero de periodismo y aspiraba a convertirse en periodista del misterio, tal como se dice hoy día...
Analía creía en el alma, en la reencarnación, en Jesucristo, en un "Dios" personal a modo de energía cósmica; de ahí pasó a creer y a practicar la oui-ja, el tarot, la escritura automática y, no contenta con el fascinante mundo que se desplegaba ante sus ojos, se relacionó con grupos "esotéricos" que vieron en ella un filón de cualidades, por su credulidad y sus aparentes capacidades parapsicológicas.
Pues, como decía, estaba Analía estudiando un examen en su cuarto cuando, en el instante de un parpadeo, descubrió entre los apuntes una pequeña cruz. Una cruz extraña se acababa de materializar ante ella, de la forma más tonta. Una cruz latina de plata, recorrida por unos curiosos relieves en forma de rombos.
Sumamente extrañada, interrogó a todos los miembros de su familia, por si era de alguien, y ninguno la había visto en su vida. Tampoco ningún amigo, habiéndola visitado, se la había dejado olvidada.
De modo que Analía se compró una cadena de plata y se colgó la cruz del cuello, y la tuvo por evidente signo de que ella había sido "elegida". Todas sus creencias y expectativas proféticas quedaron refrendadas. Y cuando se topaba con algún escéptico, lo desafiaba altaneramente a que diera una explicación no paranormal del hecho... lo cual era, visto lo visto, imposible.
Y así transcurrieron muchos años, media vida de aferrarse a la esperanza de que llegaba el momento de anunciar al mundo los designios divinos de los que ella era portadora. Media vida de complicaciones con gente y grupos sectarios, aprovechados, manipuladores y hasta estafadores. Casi toda una vida embarullada en planes de proclamas, visiones y asunción de personalidades reencarnadas.
El recuerdo de la materialización de la cruz se afianzaba de año en año, y Analía lo utilizaba como escudo contra la incredulidad y el desfallecimiento de los propios anhelos. Continuamente hacía "escrituras automáticas", dictadas por ángeles y entidades del cortejo divino, en las que se vertían adivinaciones y augurios futuros cuyo cumplimiento, cada vez más alejado e improbable, aguardaba pacientemente.
Cuando llegó a mi consulta era una mujer desesperanzada por motivos de la vida corriente , aunque su optimismo natural resurgía al hablar de los temas paranormales: el eje de su existencia. Tenía un trabajo normal (diferente al que soñó en su día) y ya no estaba tan relacionada con grupos esotéricos, pero sus creencias persistían.
De modo que, con su permiso, hablé con su familia. Y ésta fue la versión que me contaron: a Analía se la cayeron algunas hojas de apuntes al suelo, algunas de las cuales fueran a parar debajo del cubrerradiador de su habitación. Al sacarlas de alli, enganchó sin darse cuenta la cruz de marras, que apareció, mezclada con los folios, cuando depositó éstos en la mesa. Los nervios del examen, el cansancio y sus creencias hicieron lo demás: en su cerebro se creó una falsa memoria.
¿Cómo lo sabían ellos? Porque, en su día, así lo comentaron con ella -quien incluso criticó, un poco en broma, la suciedad encontrada debajo del radiador-. Las pelusas habían manchado los folios y la cruz. Cruz que podía ser de cualquier amistad de los padres o de los antiguos dueños de la vivienda, y que Analía lavó cuidadosamente.
La verificación externa es la única forma de determinar la veracidad de las memorias falsas. Éstas pueden formarse espontáneamente o bien pueden ser inducidas.
La psicóloga Elizabeth Loftus lo ha demostrado en numerosas investigaciones experimentales. Ha logrado alterar (con metodología científica) la memoria de sus sujetos por medio de preguntas capciosas, información equivocada y sugestiones. La psicóloga Susan Clancy ha desmostrado la calidad de memorias falsas de las "abducciones por extraterrestres". El psicólogo Daniel Schacter lo ha demostrado a través de las "tomografías o imágenes PET del cerebro".
La memoria en estado puro no existe. Cada vez que recordamos algo, se desencadena un proceso de reconstrucción influido por diversos factores. El suceso real o histórico puede no coincidir con el recuerdo presente o el suceso narrado.
Analía se tuvo que enfrentar a su recuerdo real, lo que le costó no sólo un gran esfuerzo cognitivo, sino un disgusto relativo a sus creencias. Al destapar la realidad que ella disfrazó, primero por imaginación y diversión, luego por contaminación de sus ideas y deseos, todo en lo que había creído se vino abajo.
Por cierto, hubo un hecho que tal vez ayudó al despertar de Analía: su antiguo novio, compañero de disparates de aquella época, y que se había autoproclamado Jesucristo reencarnado, se había suicidado años después en medio de uno de sus frecuentes delirium tremens causados por sus descomunales cogorzas.
Hay quien ve la evidencia pero no la acepta. Analía la aceptó y recuperó su "cordura", abandonó el pensamiento mágico y las creencias supersticiosas, y además me regaló la cruz. ¿Alguien la quiere?
Sobre este blog
CUARTO MILENIO Y MÁS
Ione M. Christensen
Contra la "iluminación" de religiones, supersticiones y supercherías, utilicemos el pensamiento crítico y el escepticismo.
Soy amante de las ciencias y las artes y defensora de la capacidad constructiva del pensamiento humano, a pesar de la destrucción que en el raciocinio están causando la desinformación, la incultura, las creencias mágicas y la religión.
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