08 May 2009
Asuntos propios

Cuando suenan las señales horarias de las cinco de la tarde suelo estar en el coche, con la radio encendida y camino del trabajo. Acabo de dejar Onda Cero, después de la rabiosa, en publicidad, y me paso a RNE. Para escuchar el boletín y, sobre todo, para no perderme la ración diaria de Emil Kusturica. Las piezas de su banda sonora 'La vida es un milagro' suelen ser la introducción del programa y mira, me gusta tanto que me alegra unos minutillos de la tarde. Eso, y los comentarios de Toni Garrido, que regala sensatez y buen humor a las 17.05, segundo arriba segundo abajo. Justo cuando empieza la conversación con Ana Pastor me tengo que bajar del coche, pero que me quiten lo bailao.
Asuntos propios es el nombre del programa de Toni Garrido y suelo escucharlo, no mucho, porque me gusta la música, el presentador y porque útlimamente me estoy tragando muchos minutos de radio en RNE. Pero sobre todo me gusta el título, Asuntos propios. Eso quizá me ha hecho también devorarme, ñam ñam, en menos de una tarde un libro con ese título 'Asuntos propios', de José Morella. Una maravilla sobre las relaciones de un padre ya anciano con su hija. Tan cotidiano, tan corriente, tan estupendo que resulta estremecedor, da medio. Una hija que secuestra a su padre porque cree que éste no puede valerse por sí mismo. Grande no, gigante.
04 May 2009
Nick Hornby ha vuelto, mmmm

Acaba de llegarme al correo la revista Qué Leer (la de este mes no está doblada, alabado sea por una vez el señor cartero) y lo primero que me encuentro, después de hojearla primero apresuradamente, es un anuncio de Anagrama, 40 años, que me dice que Nick Hornby acaba de sacar nuevo libro. Guau. Dice la crítica de David Sexton "encantadora, conmovedora, irónica y divertida, como todo lo que él hace". Espero que sí. Soy fan irredento de Hornby, me chifla todo lo que escribe. Cuando sea mayor yo quiero ser 50% Hornby 50% David Trueba, porcentaje arriba o abajo. Me gusta porque saben sacar de la realidad historias estupendas, con toques pop, sin olvidar la culturilla de base, las series que todos vemos, las canciones que hemos escuchado en alguna ocasión, los equipos de fútbol a los que jaleamos y pateamos. Exprimen literatura de la vida. Y eso me gusta.
La primera vez que descubrí a Hornby, creo que esto ya lo he contado, fue a través de Julia Otero y su gabinete (el de los buenos tiempos). Estudiaba un servidor periodismo y recuerdo perfectamente el día en el que Moncho Alpuente recomendó uno de los libros del escritor. "Alta fidelidad", se llamaba. Lo busqué por todas partes (no sólo en librerías de Valladolid, también en Madrid) pero estaba agotado. Lo publicó entonces Ediciones B y se conoce que no tenía mucha salida. Cuando menos me lo esperaba, me lo topé en el mostrador de una librería en Londres. Entré y lo compré, aunque fuera en inglés. Lo empecé a leer en el avión y tuve que echar mano del diccionario (descubrí así el tremendo significado de 'split up') y de Internet para descargarme las canciones a las que hacía referencia el libro (tengo un grandes éxitos High Fidelity, qué gran título, por ahí guardado).
El caso es que me entero de que Hornby tiene nuevo libro en las estanterías. Se llama "Todo por una chica".
Aquí va lo que dice la reseña que manda la editorial.
«El gran tema de Nick Hornby ha sido siempre la adolescencia perpetua que aflige a tantos hombres, o quizá a todos, como afirman algunas mujeres. Ahora ha escrito una novela sobre verdaderos adolescentes... y es encantadora, conmovedora, irónica y divertida, como todo lo que él hace» (David Sexton, Evening Standard).
Sam está a punto de cumplir los dieciséis años y su pasión es el skate. Vive en el norte de Londres con su madre, una joven divorciada que explica con más frecuencia de la que Sam quisiera que es sólo tres años mayor que David Beckam y cuatro que Jennifer Aniston. Pero por el momento, a Sam las cosas no le van del todo mal. Porque todavía no se ha acostado con nadie y no es muy fácil encontrar con quién hablar de ese asunto del sexo cuando tienes una madre de treinta y dos años que les gusta mucho a tus amigos. Pero, a pesar de tanta excitación, el chico no se siente muy optimista con lo que le espera en la vida. Es que, como él mismo dice, se supone que los hijos siempre hacen las cosas mejor que sus padres, pero sucede que en su familia siempre tropezaron con el primer peldaño y, a veces, ni siquiera encontraron la escalera. Y Sam, dentro de muy poco tiempo, se enterará de lo que todo el mundo sabe, que lo que más secretamente tememos siempre sucede. O sea, que tendrá que vérselas con una iniciación a la vida muy, muy movida y unos cuantos peldaños con los que tropezar...
«Hornby captura a la perfección las cadencias torpes de la adolescencia y al mismo tiempo, retiene su sabiduría de escritor ya adulto, su estilo y su técnica. Aunque esté dirigido a lectores jóvenes, Todo por una chica tiene encanto, ingenio
Yo ya tengo ganas de echármelo a los ojos, ya.
05 Abr 2009
La soledad de los números primos

El chaval que aparece en la fotografía de arriba, con sus vaqueros, su fular y su pulserita no es un actor de series adolescente, no es un cantante romanticón pasto de tuenti ni el concursante de un reallity acomplejado. Se llama Paolo Giordano y es el autor de 'La soledad de los números primos', el último bombazo editorial (que aquí también se ha apuntado Salamandra, vaya tino) y que acabo de terminar de leer. (Inciso, me chifla el diseño de Salamandra, tan manejable y con esa tapas satinadas y resbaladizas).
Y lo he leído del tirón. Creo que he tenido suerte con las dos últimas lecturas. Ésta y ¿Quién quiere ser millonario?, la novela que ha inspirado 'Slumdog Millonaire' (película que no he visto, claro). El caso es que los dos libros tienen algo en común, creo. No están particularmente bien escritos, hay pasajes donde el cartón piedra canta a la legua, donde las trampas de estructura se muestran sin ningún tipo de pudor, donde la escritura es lineal (casi un guión leído, sí), pero los dos respiran una atmósfera estupenda, de ésa que te atrapa casi desde la primera página y que te hace imposible que, aunque veas los fallos, las taras, dejes de leerlo.
Ocurre a veces, a mí me ocurre, que lees un libro y apenas rozas las superficie, vas dejando avanzar las páginas sin que a veces te salpique y lo terminas con la sensación de que no has conseguido involucrarte en la lectura todo lo que deberías. Hay libro sue te escupen, que impiden que te zambullas en sus páginas, pero en ocasiones, supongo que la mayoría, la culpa es del lector, que no ha sabido cogerle el punto a la lectura. También depende del día, supongo. El caso es que con estas dos lecturas creo que he tenido suerte y me he metido en ellas hasta el fondo. Estupendo.
¿Merece la pena 'La soledad de los números primos', más allá de su estupendo título, que diría Emilio JB? A mí sí, a mí me la ha merecido. Cuenta la historia de Mattia y Alice, dos chicos con vidas paralelas que rozan su existencia en determiandos momentos y que parecen condenados a no entenderse, ni encontrarse. He leído por ahí, no recuerdo dónde, que lo mejor de este libro es que todos, en unmomenot u otro de la lectura, podemos llegar a sentirnos identificados por alguna de las vivencias de los personajes. Puede ser, pero con independencia de esto, lo que está claro es que Giordano ha conseguido crear momentos estupendos, de esos que te hacen arrugar un ojo mientras estás leyendo. Com la fiesta de cumpleaños a la que acude Mattia solo, mientras su hermana espera en un banco del parque. El moento en el que Mattia regresa a ese parque quizá no esté bien escrito, no lo sé, pero a mí me pilló con una pinza en la piel. También me pellizcó el caramelo en el gimnasio que debe comerse Alice, la cara conocida a la entrada del hospital o esa escena final de Mattia en el espejo del baño...
¿Alguien más lo ha leído? ¿Y le ha gustado?
16 Mar 2009
Fin de semana Capote

De vez en cuando, si los astros laborales y los planes de fin de semana se conjugan, me gusta tener un par de días de sofá, libro y dvd. Sin hacer nada más. En plan marmota. Weekend temático y tal.
Hace unas cuantas semanas, El Mundo, en esa colección de DVD sobre pelis de periodismo que, snif, está a punto de terminar, regalaba "Historia de un crimen", una de las pelis en las que nos cuentan cómo Truman Capote parió "A Sangre fría".
Llevaba tiempo queriendo ver la peli porque en aquellos años en los que tenía el Canal Plus, ya había visto yo "Truman Capote", la otra peli parida casi al mismo tiempo y sobre el mismo tema. En realidad, esta segunda película se llama "Capote", a secas, pero aquí en España le pusieron Truman delante no fuera a ser que la gente se equivocara y la cogiera en el videoclub (siguen existiendo, ¿no?) pensando que era una nueva versión de Sangre o Arena, o un telefilme sobre la bronca entre Rivera Ordóñez y José Tomás por quítame tú esta medalla.
En fin. Que tenía las dos pelis a mano y también "A sangre fría", el libro. Tenía yo uno por casa de una colección cutre que hace años regaló El Mundo, pero el pasado verano, pedí por mi cumpleaños que me regalaran la nueva edición (y nueva traducción) editada por Anagrama.
Así que ahí me tenéis. Delante del DVD con las dos pelis, y en el sillón y junto a la lamparita leyendo "A sangre fría". Y con la biografía de Gerald Clarke y el libro de correspondencias de Capote "Un placer fugaz" en la mesilla, para echarle un ojo de vez en cuando.
Cómo molan estos fines de semana en los que te metes hasta las trancas en un único asunto, te olvidas del tiempo, de comer incluso, como si no existiera nada más. Los que se enganchan con cualquier cosa y se envician hasta la médula seguro que me comprenden.
¡Qué gozada es leer de nuevo "A sangre fría" con una guía, películas, biografías, en las que te cuentan los entresijos del libro, cómo se escribió, dónde se escribió, qué se encontró Capote en ese pueblo que, aunque no lo quisiera, se hizo famoso por los Clutter.
PS. Busco ideas para el próximo fin de semana temático... Se admiten sugerencias, pues.
10 Nov 2008
El arte de regalar libros

Empecemos con una frase de 'Dietario voluble', el goloso libro de Enrique Vila Matas. Si tienes el libro a mano, cógelo y vete a la página 72. Si no, lee.
"A veces tener que regalar algo nos pone al borde del abismo, nos complica la vida hasta extremos que jamás habíamos sospechado. Es peligroso regalar. (...) Cuando no es peligroso, el arte de regalar libros es complicado. Es complicado regalarlos cuando quien los recibe, como me sucedió en cierta ocasión, pregunta si merece la pena leerlos. (...) También es complicado regalar libros a gente muy exigente que los mira con extraña atención y acaba preguntándose si les acabas de regalar medio kilo de papel y tinta o bien una nueva vida" p. 72-74.
A mí me encanta que me regalen libros. Me gusta mucho, sobre todo si responden a alguna de las indirectas que voy lanzando por ahí para que futuros regaladores sepan con qué complacerme. "No he leído lo último de no sé quién y me encantaría" "Pues dicen que este libro está muy bien y yo todavía no lo he leído". En fin, esas frases tan sutiles que todos lanzamos (unos más que otros) de vez en cuando. También es verdad que a veces te llevas verdaderos chascos, libros tremendos que no habrías comprado ni en tus peores pesadillas y que, cuando empiezas a leerlo, descubres que, efectivamente, son tremendamente raros. Sólo sirven para hacer hueco en la estantería. En fin.
Pero, así omo me gusta mcuho que me regalen libros, yo hace bastante tiempo que no doy ninguno. Tengo que estar muy muy muy seguro de que va a gustar un libro para regalárselo a otra persona. Recomendar sí, pero regalar... Hubo un tiempo en el que síq ue regalaba libros. Muchos libros. Cada vez que leía algo que me entusiasmaba hasta límites insospechados (y que me empujaba a las librerías para comprar más sobre ese autor) no dudaba en regalárselos a alguien en su próximo cumpleaños. Lo llegué a hacer. Creo ahora que era un acto egoísta. Como si con el libro quisiera que la otra persona supiera lo mucho que disfruté yo con esa lectura. Seguro que en el fondo estaba la intención de que ese sentimiento de gozo también lo sintiera la otra persona. Seguro que sí, pero no me puedo quitar de la cabeza la idea de que a lo mejor eran regalos que hacía para mí mismo (pero a través de otra persona). Mmm. No sé si me explico.
Como dice Vila-Matas, regalar libros es complicado. ¿Tú sueles hacerlo?
29 Oct 2008

Dice Enrique Vila Matas en su último libro, Dietario Voluble, que le encanta leer las impresiones que otros escritores tienen sobre libros qué él ya ha leído. A mí me ocurre lo mismo. Por eso, me relamo de gusto cuando unas páginas más adelante me encuentro con los comentarios que hace de Dientes de leche, el libro que se asomaba a esta esquinica de la red ayer mismo.
Vila Matas mola. Sobre todo cuando habla de literatura, que es casi siempre. Ya sabes que no em gusta subrayar en los libros, peor sí que suelo poner unos trocitos de papel pequeños, casi invisibles, que marcan un hito, esa página que me sorprendió o que no dudaría en volver a leer pasado un tiempo.
Entre lo rescatado del blanco y negro, las miguitas de Pulgarcito me llevan a un par de pasajes en el que Vila Matas le rinde homenaje a la vida. Hace un par de años, el escritor lo pasó mal. Muy mal. Tanto que vio la sombra de cerca y casi le estrecha la mano. Por eso, hay frases de su libro que hay que leer como muestras de una experiencia sabia y masticada.
"Vivir es nuestra tarea. Estemos donde estemos, hemos de vivir como si nunca hubiésemos de morir. Aunque, por ejemplo, nos queden unos minutos de vida hay que seguir riendo con el último chiste, mirando por la ventana para ver si el tiempo sigue lluvioso, esperando con impaciencia las últimas noticias de prensa". p. 40
"No nos engañemos. Se enfriará este mundo, una estrella entre las estrellas y, por otra parte, una de las más pequeñas del universo, es decir, una gota brillante en el tercipelo azul. Se enfriará este mundo un día y se deslizará en la ciega tiniebla del infinito -ni como una bola de nieve, ni como una nube muerta-, como una nuez vacía. Creo que debemos tener en cuenta esto y amar el mundo en todo momento, amarlo tan conscientemente que podamos al final cada uno de nosotros decir: he vivido". p. 40-41
05 Oct 2008
El debate Paul Auster
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Si quieres seguir leyendo, antes tienes que prometerme una cosa: has leído el último libro de Paul Auster. Si no es así, allá tú. Propongo una cosa muy sencilla, un club de lectura sobre este libro. Y la idea es que cada uno de los internautas que de vez en cuando se pasean por esta esquina de la red escriba su opinión sobre 'Un hombre en la oscuridad'.
Para empezar sólo una pregunta. ¿Estás de acuerdo conmigo o con Emilio JB? Yo digo que me mola mucho más la primera parte del libro, la historia ficticia de EE. UU. en Guerra Civil. Emilio JB prefiere el intimismo de la segunda parte, con el protagonista abuelo en la cama y la prole alrededor.
¿Y tú? ¿Tú que piensas? ¿Te ha gustado lo último de Paul Auster?
25 Sep 2008
Saber perder, Trueba forever

Creo que Ariel Burano será un gran jugador de fútbol. Es una intuición. Que meteré un gol decisivo en una final de Champions. O provocará un penalti que evitará el descenso de su equipo. O romperá a llorar en el minuto 90 después de que su equipo caiga eliminado en la Copa del Rey y su gol (con dedicatoria incluida, esa mordida de pelo) no haya servido para nada. Llegará lejos Burano, el argentino. Y eso que todavía no lo he visto sobre el campo. Es lo que he leído por ahí lo que me da pistas. Y no en los titulares del As (sigo flipando cuando veo...) sino en un libro de David Trueba. Ariel Burano no existe, no tiene cromos ni ficha en la liga de fútbol profesional, pero es un personaje tan real, tan cojonudo e inusual, que se convierte (para mí) en el mejor de los personajes que componen 'Saber perder', el último libro del tipo a quien me quiero parecer de mayor (uno más). Acabo de terminar la última novela de David Trueba y, aunque estamos en mayo, puedo decir ya, sin temor a equivocarme, que es una de las mejores que voy a leer este año. Tan pulcramente escrita y tiene unos personajes tan potentes. Pero de todas las historias que nos cuenta el libro, me quedo con la de Ariel Burano, el futbolista que llega para jugar en la liga española, se enamora de una menor de edad y le sirve al autor para retratar las cloacas del fútbol y del periodismo deportivo con una verosimilitud que desde fuera (sin conocer los tejemanejes del mundillo) a uno le parecen un calco de la realidad. Ma fascina el modo en el que cuenta cómo Burano llega a jugar a España, qué hilos se movieron para su fichaje por un gran equipo y para que su nombre se revalorizara tanto como para disparar la venta de camisetas. Me chifla cómo cuenta el declive al que lo empujan los medios y directivos del club y cómo se buscan argucias y mentiras para poder echarlo del equipo sin que se enfade la parroquia. Es tan fantástico que cuando al día siguiente de terminar la novela leo que han pillado a Ronaldinho en un pub (lesionado y todo, dicen) no puedo dejar de escuchar el eco satisfactorio que han dejado las palabras de Trueba en mi memoria.
02 Sep 2008
No quiero madurar

Vale. Como bien sabrás estoy en plena semana "me gusta Ian McEwan". Antes hubo otras temporadas "soy fan de Truman Capote", "cómo mola Vila-Matas".Soy así, qué pasa. Cuando algo me da fuerte me tiro unos cuantos días dándole vueltas. Si es un escritor busco sus libros por todas partes, si es un grupo de música me descargo todas sus canciones, si una web de Internet, busco foros o sitios donde me recomienden páginas similares. Impulsivo como un niño, sí. Y estoy en la semana McEwan.
Después de Sábado (bien bien, decíamos ayer) me he puesto con "En las nubes". Debo reconocer que el libro al principio me ha dejado un poco frío. Las historias de Peter Fortune, un niño que se transforma en gato, bebé y defensor de mi casa en plan Macauly Culkin, no terminaban de engancharme. Era como un libro con los artificios de Millás, con una prosa sencillita y aires de novela para adolescentes. Sin embargo, merece la pena llegar hasta el final del libro. Son sólo 147 páginas, así que tampoco es que haya que esperar mucho para el desenlace. Lo mejor llega en el último capítulo cuento, cuando Peter crece, se hace mayor, adulto, madura y es entonces cuando comprendes todas las metamorfosis que anteriormente a sufrido y soñado, en ese estado permanente de estar "en las nubes".
Yo no quiero madurar. Ni crecer. Pero tampoco ser Peter Pan, a ver si me entiendes. Si me entiendes chachi, me escribes y me lo cuentas, porque yo no estoy muy seguro de lo que digo. El caso es que el último capítulo de "En las nubes" es bestial. Cuando Peter descubre que no siempre estará jugando en la playa y que habrá un día, no muy lejano, en el que ya no hará castillos en la arena y sus mañanas juntos al mar se compondrán de conversación en la playa, periódicos (un día conocerás el nombre de decenas de presidentes de Gobiernos) y siestecillas en la tumbona.
El libro tiene párrafos geniales. Como éste, subrayado a lápiz.
"Una noche, tras la cena, Peter se enzarzó en una discusión con otro de los niños que se llamaba Henry. La disputa empezó por una tablea de chocolate, pero la rencilla pronto degeneró en una sarta de insultos. Por alguna razón, todos los niños excepto, claro está, Kate se pusieron de parte de Henry. Peter tiró la tableta de choolate a la arena ys e marchó. Kae se dirigió a la casa para que le pusieran una tirita en un corte que se había hecho en el pe. El resto del grupo se fue por la playa. Peter se dio la vuelta y los vio alejarse. Oyó risas. A lo mejor hablaban de él. Mientras el grupo se reitraba en el atardecer, sus miembros se perdieron de vista y sólos e veía una mancha que se movía ys e estiraba hacia un lado y otro. Lo más probable era que se hubieran olvidado de él y que jugaran a un nuevo juego.
Peter permaneció de piede espladas al mar. Un repentino viento helado le hizo estremecerse. Miró las casas. Sólo pudo oír el grave murmullo de las conversaciones de los adultos, el ruido de un tapón descorchado, el musical sonido de la risa de una mujer, quizá su madre. De pie allí, aquel anochecer de agosto,e ntre los dos grupos, con el mar lamiendo sus pies descalzos. Peter se dio cuenta de pronto de algo muy obvio y terrible: un día dejaría el grupo que corría desordenadamente por la playa y se uniróa al grupo que estaba sentada y conversaba. Resultaba difícil de creer, pero sabía que era verdad. Se preocuparía por cosas diferentes, por el trabajo, por el dinero y los impuestos, los talonarios, las llaves y el café, y por hablar y estar sntado interminablemente sentado.
Esos pensamientos ocupaban su mente cuando esa noche se metió en la cama. Y no eran exactamente pensamientos felices. ¿Cómo podía ser feliz ante la perspectiva de una vida gastada en estar sentado y hablar? O haciendo recados y yendo a trabajar. Y sin jugar nunca, sin divertirse nunca de verdad. Und ía sería una persona completamente diferente. Ocurriría tan despacio que ni siquiera se daría cuenta, y cuando lo hiciera, su espléndido y juguetón yo de los once años estaría bastante lejos, sería tan peculiar y difícil de comprender como le parecían a él todos los adultos en ese momento. Y con estos tristes pensamientos se adentró en el sueño". (p. 137-138)
Sigue nadando
Crítica en El Cultural de El Mundo
Primer capítulo del libro
30 Ago 2008
Paul Auster, allá voy

Ñam, ñam. Rico rico. Me estoy chupando los deditos. ¿Lo ves verdad? Es sólo el aperitivo, el pan con mantequilla de los restaurantes portugueses, las olivitas de algunos de los de por aquí, las chorradinas con gambas y queso Philadelphia que ponen (ay) en algunas bodas. Son los entrantes, ya sabes. Pero se adivina un banquete estupendo. Babelia le dedica hoy una paginita (su libro de la semana, amigos) a 'Un hombre en la oscuridad', lo último de Paul Auster. Ñam ñam.
Javier Aparicio Maydeu recupera una frase que Auster escribió con 19 años: "El mundo está en mi cabeza. Mi cuerpo está en el mundo".
2 de septiembre. Auster, allá voy.
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