03 Ago 2009
Sigue la porra
Hace siglos que no entraba en este blog, al que por desgracia tengo tan abandonado. Digamos que he estado disfrutando de unas inmerecidas vacaciones. Y ahora, pues que vuelvo al curro y tal y todas estas cosas. Lamento no haber podido escribir sobre el finiquito (snif snif, huele a publicidad de su nuevo programa) de Risto Mejide, de la pelea de PipiJimmy, de lo tremendona que es la caída de ojos de Belén Esteban en plena siestorra o de (porque hay vida más allá de Telecinco) de lo fan que sigo siendo de Mónica-chica-del-tiempo-de-la-primera (o la Uno, como le mandan decir a María Escario, grande, aunque todavía ella no lo tenga muy claro).
El caso es que he vuelto. Lo que me ha despertao del letargo es el impresionante volumen de comentarios (tres, cuatro, pero para un blog como éste la cifra ya es impresionante) sobre una cosita que escribí aquí hace un año sobre un tal Carlos Cay en El País. El misterio sigue atrayendo a muchos lectores todavía hoy, que dudan de si es Elvira Lindo, Juan José Millás (es mi apuesta) o Ray Loriga (la apuesta de muchos).
Sea como sea y sea quien sea, que se mantenga el misterio. Mientras, yo me dedico a leer a Enric González, que me gusta mucho más y cuando lo sustituye Juan Cruz lo echo muchísimo de menos. Enric González es, hoy, para mí, el mejor columnista. Con diferencia. Como muestra, lo de hoy.
04 May 2009
El País quita la mordaza a Enric González

Hoy, por fin, ha vuelto. Y lo hace con ganas, con una de esas columnas redondas y tremendas que casi todos los días se saca de la manga. Enric González es, hoy, el columnista por el que pierdo los dedos pasando páginas, casi el único que leo con veneración a diario. Por eso, su ausencia de los últimos días (y las razones) se me han hecho particularmente difíciles. Tenía mono. Así que para quitármelo no he dudado en zambullirme de nuevo en 'Historias de Londres', su maravilloso libro sobre la ciudad inglesa a la que viajaré en breve. Mmm. Delicioso.
Leí en Escolar.net que El País censuró a González una columna por una frase que seguramente habría pasado desapercibida para el común de los lectores pero que los jerifaltes, claro, entendieron como ataque personal. Ay de la susceptibilidad. Lo más estúpido de todo, y en El País deberían saberlo, es que la mordaza hoy no sirve para nada. Habiendo Internet, censurar un artículo de prensa no deja de ser sino un altavoz para que lo que se quería censurar se escuche todavía más alto. Ahí está el artículo de Javier Marías. Así que, por la red ha circulado durante toda esta semana el siguiente artículo que nunca leímos en El País.
!-->!-->!-->Rodeados
ENRIC GONZÁLEZ
No he visto aún el arranque de Operación Triunfo, en Telecinco. En realidad, a la hora de escribir estas líneas (19.30 del miércoles), el cuerpo me pide que me abstenga. Pero cuando el hipotético lector tenga este periódico en las manos, o en la pantalla, las cosas habrán empeorado. Y yo, con toda probabilidad, me habré autolesionado con un electrodoméstico, con un televisor, concretamente. O sea, habré visto OT. Y habré asistido a la presentación de Ramoncín, paladín de la propiedad intelectual y de los derechos de autor, como miembro del ilustre jurado. Es de suponer que para entonces, mi mañana y su hoy, andaré aún peor de ánimo. Quién iba a decirle a uno que acabaría añorando a Risto Mejide.
Lo que puede ir mal, va mal. Eso ya lo sabíamos. Aun así, resulta difícil no apenarse ante el presunto fichaje de Francisco Rivera, también conocido como Kiko o como Paquirrín, por parte de Sé lo que hicisteis (La Sexta). La gracia de ese programa solía consistir en la aparente distancia con que se abordaban las monstruosidades televisivas: emitían trocitos de basura, pero era basura ajena, fenómenos frikis de otros espacios, de otras cadenas, y envolvían el producto con una ironía sarcástica. La incorporación del señor Rivera, como monologuista, aprendiz de monologuista o lo que sea, constituye un cambio cualitativo: Sé lo que hicisteis incorpora su propio monstruito. Si Ana Rosa Quintana tiene a Belén Esteban, ellos tienen al señor Rivera. Francamente, no creo que puedan reírse los unos de los otros. Si acaso, podrán comparar la magnitud de sus respectivas tragedias.Todo esto induce al pesimismo.
Uno lo ve todo negro. No quiero ponerme en lo peor, pero cualquier día, en cualquier empresa, van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños. Ya sé que exagero, que esas cosas no pasan. Pero antes tampoco pasaban cosas como la de Ramoncín y Paquirrín, y ya ven. Como decía Manolo Vázquez Montalbán, estamos rodeados.
Vale. Enric González vuelve hoy a lo grande (después de recibir mimos este fin de semana de Boyero, por ejemplo). Su columna de hoy dice:
DERECHOS
Visto lo que ha dado de sí en los últimos 10.000 años, el humano debería tener una opinión bastante matizada sobre sí mismo: somos capaces de lo mejor y de lo peor. En general, hacemos lo peor y soñamos lo mejor. La Constitución Española, por ejemplo, establece el derecho a la salud, la educación, el empleo o la vivienda. Luego la realidad es la que ustedes conocen. Otro ejemplo de nuestra intensa vida onírica es el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión". Ya ven.
Justamente ayer, el hoy en el que escribo, se celebró (es un decir) el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Se publicaron informes y comentarios, en general de tono apesadumbrado. Dicen que la crisis, la general y la de los medios, limita la libertad de prensa. Ignacio Sotelo considera que "cuando escasean los puestos de trabajo, las voces independientes bajan mucho de tono". Es posible.
Cuando se está en precario conviene establecer prioridades. Y, francamente, las opiniones no son ahora mismo un bien escaso. Lo que está en peligro, lo que debemos defender, es la información. Es decir, los cimientos de la prensa. Los periódicos nacieron para difundir noticias portuarias, comerciales y sociales, no para la batalla ideológica: eso llegó después. Necesitamos saber lo que hace el Gobierno, y eso nunca lo dirá ningún Gobierno; necesitamos disponer de datos fehacientes sobre la banca, las empresas, la justicia, el sistema sanitario, sobre los delincuentes que nunca pagarán su crimen y sobre los otros delincuentes, los que sólo pueden usar la violencia. Necesitamos datos. Necesitamos periodismo.
No se preocupen si un día echan en falta una opinión: tienen de sobra por ahí y, sobre todo, ya tienen ustedes la suya. Preocúpense por lo otro, por lo que nos hace realmente falta. Como decía Manuel Vázquez Montalbán, estamos rodeados. Falta por ver si este asedio acabará como Numancia o como Stalingrado.
05 Abr 2009
La lectura vertical

Odio la lectura vertical, en serio. Me gusta más la inclinada. O la horizontal, si es para leer un periódico. Me gusta extender el papel prensa en la mesa e ir pasando las páginas una por una, si es desde el final al principio, mejor. Empezando por televisión y terminando por donde empiece, según el periódico. Para los libros, me gusta la ligeramente inclinada, normalmente con un cojín entre las piernas y el libro encima, para acercármelo un poco más a la mirada. La lectura vertical es la que llevo aquí, delante de la pantalla del ordenador, y no me gusta. Es mucho más incómoda. Y no me gusta.
Hoy por ejemplo, estoy leyendo (en realidad, delante de la pantalla nunca se lee, sino que se pasea la mirada) El País. Y veo que en EPS publican un artículo que tiene que ver más o menos sobre esto. "El futuro del libro ya está aquí". Me cuenta Javier Celaya, el autor, que los nuevos dispositivos de lectura electrónica no son igual que una pantalla de ordenador, menos mal. "Las pantallas de los libros electrónicos permiten leer los textos digitales con luz incidente, es decir, su lectura es igual de amable y cómoda que cuando leemos un libro o un periódico. Estos nuevos soportes cuentan con una tecnología, conocida como tinta electrónica, que permite disfrutar la lectura de forma muy similar a como se disfruta cuando se lee una novela en papel".
Me sigue contando excelencias, como la posibilidad de descargar libros y meterlos todos en el mismo soporte, de leer periódicos, de ampliar letras, subrayar sin manchar... y no puedo por menos de pensar que molaría tener uno de esos en las manos, probarlo aunque sea, acabar con als reticencias y ver si, de verdad, es posible una lectura electrónica que no sea vertical. Me gustaría probarlo y ver si ése futuro del libro de verdad merece la pena. Porque mientras la alternativa sea esto, leer en vertical, conmigo que no cuenten. Lo digo porque no he podido terminar el artículo de Celaya, aunque me interesaba, o porque me ha agotado la lectura de Enric González al segundo párrafo. Sé que aquí me lo dan gratis... pero mira, me acerco al periódico a gastar 2,20 porque creo que en papel voy a disfrutar mucho más la lectura.
10 Sep 2008
Iñigo Domínguez, corresponsal en Roma
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El gran Enric González recomienda hoy en su columna de El País un par de blogs. Uno de ellos es el de Santiago González, en elmundo.es, que recomiendo no haber leído en mi vida pero que, a fuerza de la publicidad, leeré en algún momento. El otro es el que escribe Íñigo Domínguez para los diarios de Vocento, de los que es corresponsal en Roma. A éste sí que lo conozco. Lo veía en las páginas de INternacioanl del diaroi (también en Vida y Ocio a menudo, en las últimas) pero rara vez lo había hecho caso hasta que Jorge, compañero de curro, me manifestó su devoción por este tío. "Es buenísimo todo lo que escribe", me decía. Añadía que en todos sus textos hay hallazgos interesantes, una retranca entre líneas que hace que merezca la pena interesarse por la sociedad italiana (que, además, parece, sobre todo la política, tan dada a eso de la retranca). El caso es que desde hace unt iempo me he enganchado a las crónicas italianas de Domínguez y verdaderamente no defraudan. Su blog lo sigo menos, pero de vez en cuando me pongo al día leyendo los post acumulados. Además, este verano se ha hecho una serie muy chula para El Correo en el que recorría el Meditérraneo a bordo de un descapotable, desde Cataluña a Andalucía, con capítulos muy conseguidos en Benidorm y, sobre todo, Marina D'Or. Sólo había una cosa que no me gustaba mucho de la serie y era el recurso utilizado para la narración. Ante el temor de la primera persona, Íñigo Domínguez se refería a sí mismo como "el viajero". "El viajero llega a Torrevieja", por ejemplo. Es una elección, pero me pareció un pelín forzado. En ese caso quizá no habría pasado nada por utilizar la priemra persona, porque la idea del "viajero" parece que distanciaba un poco al lector. Es lo que ocurre, por ejemplo, con 'Las rosas de piedra', el libro que Julio Llamazares ha escrito sobre las catedrales del norte de España (habrá segunda tanda con las del sur). Llamazares también se apunta a lo del viajero y creo que con idénticos resultados, el lector (digamos que yo, en este caso) se ha sentido, me he sentido un poco expulsado, como si al utilizar ese recurso se desnudara mucho más el artificio. Lo del uso de la primera persona en las crónicas/reportajes siempre ha sido muy discutido, pero si el periodista no se convierte en protagonista no sé si es más cercano. Tengo dudas.
02 Ago 2008
Por fin volvió Enric González

Sí, lo confieso, descubrí tarde a Enric González. El encuentro tuvo lugar hace año y medio, cuando la invitación a la boda de mi amigo Santi me llevó hasta Bilbao. Como no conocía la ciudad, decidí ir el día antes para hacer algo de turismo. Y como iba solo, de vez en cuando me enchufaba la radio para pasear por la ciudad mientras escuchaba, por ejemplo, La Ventana. Fue en ese programa donde Juan José Millás, compañero de González en El País recomendó el libro 'Historias de Nueva York'. Allí mismo, en Bilbao, y debido a la devoción con la que Millás hablaba de este libro, entré en una librería de la Gran Vía y lo compré. Las historias de González en Nueva York me acompañaron durante todo el viaje de vuelta en autobús. Y a partir de ese momento, no hice otra cosa sino buscar la firma de Enric González en las páginas de El País (o en las ondas matutinas de A vivir que son dos días). El caso es que desde entonces no he hecho sino reforzar mi hooliganismo por este tipo. También cayó la reedición de 'Historias de Londres' y las del Calcio sucumbirán de un día para otro.
González, otrora corresponsal, escribe ahora sobre televisión en las páginas de Pantallas de El País. Y es una delicia leerlo. Sobre todo cuando trasciende las 625 días (lo suele hacer a menudo) y se dedica a hablar de periodismo. Durante todo este mes se le ha echado mucho de menos, mucho (que me perdone Delclós, pero). Es, junto con Ferrán Monegal (El Periódico) y Rosa Belmonte (ABC), creo, de lo mejorcito a la hora de triturar la pasión catódica. Esparza se sitúa justo en el lado opuesto de la balanza. Bueno, pues eso, que Enric, tío, lo siento mucho, se te acabaron las vacaciones. Pero se te echaba tanto de menos.
Aquí os pego una columna suya que me chifla.
!-->!-->!-->Prosperidad (27 de junio de 2008)
Leo en mi periódico que la difusión de EL PAÍS ha aumentado un 5% en lo que va de año y que se amplía la distancia respecto a sus competidores. Leo en El Mundo que la difusión de El Mundo creció en mayo. Leo en Abc que Abc es el diario cuya difusión más aumentó en marzo, abril y mayo. Leo en La Vanguardia que La Vanguardia refuerza su liderazgo en Cataluña y amplía su ventaja frente a El Periódico. Leo en El Periódico que El Periódico amplía su ventaja como el diario más leído en Cataluña. Ya no sigo leyendo: supongo que a los otros medios escritos les va igual de bien.
Da gusto vivir en esta edad de oro de la prensa de papel. La ciudadanía quiere estar bien informada, hace cola ante los quioscos y, si es necesario, se pelea por el último ejemplar. Los periódicos se venden como pan caliente, eso parece indiscutible. No creo que se pueda dudar de lo que dice un periódico sobre sí mismo: cada uno conoce lo suyo, ¿no? Y todos aseguran que las ventas crecen.
Se comenta que el sector atraviesa una grave crisis publicitaria y que los diarios gratuitos serán las primeras víctimas, pero seguramente se trata de maledicencias: no es lógico que los anunciantes quieran apartarse de unos medios con una audiencia numerosa y creciente. También se oye que la competencia de la televisión es cada vez más dura, y que los jóvenes se enganchan a la información de Internet y prescinden de la prensa de papel. Nada de nada: lean los periódicos y comprobarán que no, que la realidad es la contraria. Incluso se escuchan rumores sobre caídas de beneficios, prejubilaciones y planes para reducir costes. ¿Cómo podría ser eso? ¿Por la crisis? Pero qué crisis: ¿no ha quedado claro que es sólo una desaceleración acelerada?
La conclusión es obvia: hay que buscar empleo en los periódicos. No, no en los anuncios por palabras: en el mismo diario, de lo que sea. El sector está en auge. Ahora mismo, en cuanto acabe esta columnita, voy a pedir un aumento de sueldo. La prosperidad está para compartirla.
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