26 Ene 2009
Jonás y el tongo en Fama
Uy, creo que todavía no había escrito de Fama ¡A bailar!, ese reality al que me enganché el año pasado por su cuidadísima estética cutre y que en este curso no me está cautivando. Sin Vicky no es lo mismo, ya sabes.
El caso es que quizá debería haber escrito antes de la cosa, pero un día por otro lo iba dejando. Siempre me digo que tengo que escribir un diario de los reality que más o menos, sin mucha asiduidad, sigo. Con un poco de suerte un día Mercedes Milá me haría publicidad en su GH (que si la Carla, el gato, el bolo y el capitán tan) pero no tengo paciencia ni ganas, la verdad.
Pero hoy sí que me apetecía oye. Después de la espantada de tranquila Mirenshu el otro día del debate, hasta supongo que de que Merceditas (Monegal dixit) vomitara sobre ella (todos los golpes pa la rubia), el que se ha pirado ahora es Jonás, concursante bailarín, que esta tarde les ha dicho a Paula Vázquez y profesores hasta luego majetes, ahí os quedáis.
Desde el programa lo han querido vender como un ataque de ansiedad del chaval. No puede más, es mucha presión, es que en esta escuela se viene a currar, les exigimos mucho y no todos pueden seguir el ritmo. Eso es lo que nos han intentado vender a quienes vemos el programa. Pero basta con rascar un poquito por Internet para conocer la verdad. Es un poco tontería por parte del programa tratar de vender la moto con lo del estrés cuando basta con darse una vuelta por youtube para conocer la verdad.
Jonás estaba harto, más que harto de los favoritismos que este año hay en el programa. No vale tanto bailar como vender vales y superpop. No es un programa de bailarines, sino de ídolos preadolescentes. Es lo que hay. Y por lo que parece no les va mal, porque están batiendo su récord de share día tras día. Pero Jonás se ha cansado después de que el viernes nominaran a su pareja. "Una gran mentira", dijo a sus compañeros. Salvan a Erik (el de los tatuajes), a Omar (el de los encamamientos) o Cisco (el sensiblín) o Ginés (el yo soy la juani versión camiseta de hombrillo) para cargarse, uno por uno, a los bailarines que no cumplen con el canon superpop. No hace falta que bailes bien, basta con que pongas calientes a un par de niñas de instituto durante la sobremesa. El año pasado no era así, pero este año más que bailarines buscan fotitos para el poster.
Así que Jonás ha dicho, paso de vosotros. Yo me piro, me voy, a la mierda con el circo.
23 Sep 2008
Gran Hermano 10, al día.
Tengo un problema, ¿vale? Como algunos de vosotros sabréis soy un yonqui de la telerrealidad, quiero decir, que me gusta tener una dosis de reality para dar continuidad a la rutina televisiva, o algo, y como dice Francisco en los comentarios sentarme delante de una tele no para utilizarlo como analgésico, sino para reírme y criticar. Soy así de mala persona. El problema que tengo es que, de los tres que ahora hay dispobibles, pues apenas me he enganchado a ninguno de ellos. Y dudo mucho que lo haga. ¿Por qué? Vayamos por partes.
Parte número 1. Gran Hermano. Empezó el viernes. Aquí dejé un post que se ha convertido, glups, en el más visto de todo el blog. Tremendo. El caos es que decía que empezaba GH, tal y pascual. Y esa noche pude ver un poco del programa. Tampoco mucho porque salí tarde de trabajar y bla bla bla. De lo poco que pude ver, como que no me ha convencido mucho. Lo más gracioso de todo fue ver a Mercedes Milá cebando la entrada de un Ismael Beiro irreconocible. "Va a entrar Ismael, el primer ganador del concurso, caracterizado como un concursante más. Se va a llamar Paco y no lo van a conocer. A ver cómo reaccionan los concursantes de este año". Y a los cinco minutos, ya queda menos para que entre Ismale, irreconocible, ya veréis, ya veréis. Cinco minutos. "Atención todos que entra Ismael. Vamos a ver su caracterización para que no lo conozcan". Lentillas azules, bigote, pelo teñido y sin afeitar. Tremenda caracterización. Lo mejor es que pone un pie en la casa y ya salta la primera. "Ey, que es el pisha". Jajaja, la gran apuesta de la noche, lo más importante del arranque del GH 10 por los suelos en apenas cinco segundos. Tremendo.
Hay una putada gorda y es que los resúmenes son a las cinco de la tarde, con lo que no podré seguirlos, con lo que no podré engancharme, con lo que no tendré mi dosis de GH. Tampoco creo que pase nada porque este año, visto lo visto, la verdad es que tampoco pinte muy prometedor. Es chulo eso de meter a un matrimonio y que finja que no se conozcan (algo así hicieron con las gemelas el año pasado), pero no sé yo si eso tendrá recorrido o se quedará en un bluf a lo Ismael Beiro. Y del resto de concursantes, pues mira hay una tipa que salió en el vídeo levantando la pata, que tiene 37 años, que no sé cómo se llama, pero parece un poco cansina, la verdad. Como el que es presentador de televisión llama y gana. En fin, que no me llama, no me llama. Esto no quiere decir que me enganche a mitad del concurso (cosas más raras se han visto), pero de momento... Y encima las galas los martes, con la serie de la Concha Velasco.
Parte número 2. Circus o el Fama a bailar con aros y colchonetas. En fin. Lo veo algo más por el horario, pero a este no creo que me dé tiempo a engancharme porque la audiencia va de mal en peor (a lo más difícil todavía). Es una pena ver a estos chavales haciendo cabriolas y pensar que no hay nadie al otro lado para verlo. Tanto esfuerzo pa ná es tontería. En este programa destaca un chaval que se llama Cristian y que se ha convertido en el rey del confesionario, a lo Jorge Berrocal, pero con menos edad y más flexibilidad. "Gracias España, gracias España por salvarme y tal". También mola un profesor que no hace más que pegarles gritos. Por lo demás, la cosa se hace tan repetitiva (volteretas, mortales y tal) que si no lo quitan en dos semanas a lo mejor el que se ha ido soy yo. Además, es curioso porque aquí se mezcla mi vena enganche a reality con mi vena odio el circo (que la tengo, y desde pequeño, cuando obligué a la familia a salirnos de la carpa porque me aburría sobremanera). A ver en qué termian todo esto.
Parte número 3. En los dos casos anteriores pesa además una cosa importante. Que no tengo Digital +, con lo que el efecto pique de los canales 24 horas es nulo.
Parte número 4. Factor X. A mí me gusta Operación Triunfo, ¿vale? Entonces, cuando veo Factor X no puedo dejar de pensar en el aire cutre que desprende. OT es un programa bien hecho, bien pensado y esto de Factor X como que tira más a espectáculo de quiero y no puedo. Esas bailarinas con escobas en la cabeza, esa escenografía tan cutre, sin apenas bailarines, esas canciones recortadas (como en OT) y esos jueces que un día se levantan pastelones (como ayer) o tremendamente críticos (como durante los castings, riéndose en la jeta de los aspirantes). En fin. Ayer no lo vi entero, pero me gustan los Vocal Tempo (ya he contado aquí mi fascinación por los grupos a cappella) y un chaval que se llama Mario que es como la Virginia, pero en versión masculinizada. El Mario es una mezcla entre Ray Quinn, concursante de la versión inglesa, y Martin, el cantante elfo de Finlandia. Supongo que veré las galas, así que si alguno quiere, por aquí podemos comentarlas.
Martin, el cantante elfo de Finlandia, con el Somebody to love de Queen
Ray Quinn, el crooner adolescente del Factor X inglés canta Waterloo, Crazy Little Thing Called Love
Y Mario, el de aquí, canta por los Jackson Five
18 Sep 2008
Yonqui de la telerrealidad busca reality

Para terminar de hundir mi ya de por sí depauperada reputación diré que sí, soy débil, suelo engancharme a los realities. Y además lo hago con una facilidad pasmosa. Soy incluso capaz de colgarme de la droga televisiva de más baja calidad. Es cierto que aunque revuelvo mucho en la basura, todavía selecciono muy bien (es un poner) lo que me llevo a casa. Quiero decir, que nunca vi más de media hora (o quizá sí, pero no lo recuerdo) de El Bus, de La casa de tu vida, de Gran hermano VIP, de La Granja, de Escuela de Actores (dios, ¿alguien lo vio?), Hotel Glam y tantos y tantos sucedáneos. Sin embargo, sí que me engancho con cierta facilidad a otros subproductos de la gama. Cierto es que hay varios grados. Están los que veo con una revista en la mano (tipo Gran Hermano, La selva de los famosos) y otros que además sigo, visitando páginas de Internet y tal (esto es tremendo, lo sé).
En esta segunda categoría, la del enganche más o menos total, está Operación Triunfo (of course). Soy fan de OT, desde el principio, qué pasa. Hasta me vi la tercera edición (que ya es el colmo de los fans). Espero que no me insultéis por esto ni nada por el estilo, pero no lo puedo evitar. Me gusta. David Cacho, compañero de profesión y pupitre, es otro friki de OT. Incluso ha llegado a retransmitir una gala en directo por Internet. Algún día, en la séptima edición o algo, habrá que intentarlo. Es cierto que este año ha sido un poco raro (mi favorito, Ros, fue al primero al que echaron) y Virginia, la ganadora, no me molaba mucho (ya empieza a sentir las pedradas fanáticas sobre mi tejado, debería habérmelo callado) pero aún así ahí he estado, todas las semanas delante de la tele. T
ambién me enganché a Fama (sí, lo sé, soy lo peor). Debo decir para defenderme que la culpa de todo la tiene una fiebre de principios de año. Me pillé la Nochevieja con un gripón de aúpa, el termómetro estaba asustado porque nunca había marcado tantas décimas, y el caso es que ahí estaba yo, solo, con el mando a distancia del Digital (todavía había digital en mi casa de aquellas), sin nada que ver y el canal 19 ahí, todito para mí. Así que me tragué los castings, y luego los primeros programas. Lo demás es historia. Creo que la fiebre se alió con el enorme grado de cutrerío del programa para terminar de engancharme. Lo de Fama era tremendo. Parecía programa de televisión local. De televisión local local, nada de televisión local de capital de provincia. Y que me perdonen las televisiones locales no de capital de provincia. La grafía era horrorosa, el plató parecía un gallinero de mi pueblo pero con ventilador y en la casa debía oler a chotilla preñada. Tan pequeña, tan cutre, con esos zumos del Lidl. En fin.
El caso es que los de la tele son listos y suelen planificar la cosa de tal manera que los frikis empalmemos un reality con otro sin solución de continuidad (qué gran frase, sin solución de continuidad). A la espera de Gran Hermano, la duda es si sigo Circus (un fama pero con más acrobacias y coreografías colgados del techo) o Factor X (un operación triunfo con tres ristos sin gafas del que no vi la primera edición por pavor a las copias).
Reconozco que estoy intentando lo de Circus, pero lo que más me engancha, lo que me tiene con el corazón en un puño, el más difícil todavía que espero ver, ese número que aguardas con tensión que suceda en algún momento es que al presentador, Josep Lobató, le exploten las venas del cuello (luego decimos de la Patiño, pero lo de este chaval es tremendo) y empiece a salir sangre a borbotones por la pista. Algún día sucederá. Y no sé si se estaré para verlo.
Necesito ayuda. Circus, Factor X o Gran Hermano. ¿Alguien me recomienda algo? Y que sepáis que de vuestra respuesta dependerán parte de los futuros post de este blog. Porque estaré aquí para contarlo. Aviso (o amenazo).
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