01 Dic 2008
Millás en el escaparate
Si hay un club de fans de Óscar López, que me apunten. Ya no sólo por la sección de libros que mantiene junto a Manu Berástegui en el A Vivir que son dos días. Sino también por Página 2, ese espacio que presenta en La 2.
En la tele, López lleva los libros a los lugares más insospechados. Desde iglesias a supermercados pasando por parques, cadenas de montaje o sex shops. El libro en todas partes. ¿Elitista? Ni de coña. No deja de tener su poesía.
El otro día, por ejemplo, para entrevistar a Juan José Millás, el programa se llevó al escritor a un escaparate. Lo metió dentro. Y allí, entre maniquíes, contestaba a las preguntas del entrevistador. Lo chulo era que había cámaras en la calle y se podía ver a Millás contando sus cositas de escritor mientras por delante del escaparate pasaba gente, con su paraguas. El escritor expuesto, como cuando se desnuda en la novela. Y los lectores, a su alrededor. Moló.
14 Oct 2008
La huella de los libros y Juan José Millás

Millás está hoy en los periódicos (en El País, es la casa, claro, por partida página doble) para celebrar que ha ganado el premio nacional de narrativa con 'El Mundo', novela que también obtuvo (cómo decirlo) el premio Planeta.
Me leí en su día el libro de Millás.
Hoy lo recuerdo gracias a lo que cuentan los periódicos.
Tengo un problema con la lectura. Y no sé si soy el único al que le pasa. Cuando leo, cuando estoy saboreando un libro, suelo meterme en él hasta las trancas (aunque, desgraciadamente, y no sé por qué, no siempre sucede así, cada vez menos). El caso es que mientras tanto, durante el acto de la lectura, mientras ese liro está en la mesilla de noche que no tengo, la trama, los personajes resultan tan vívidos que podría cruzármelos en el pasillo de casa y que me cedieran el turno para entrar en el cuarto de baño. Si me los encontrara por la calle hasta me contestaría a un buenos días. Eso mientras leo.
Cuando cierro el libro, se acabó, hasta aquí hemos llegado, the end, parece que el hilo narrativo se rompiera con el golpe de las tapas. Una vez cerrado, comienza a desdibujarse. Y a los tres días o lo cuatro días puede que sea incluso incapaz de recordar algún capítulo crucial en el desarrollo de la historia. No creo que sea un problema de concentración mientras leo (tampoco lo descarto) y supongo que tendrá que ver con el acto de recordar, con la selección de la memoria, que descarta tantas tramas ficticias para que no enreden demasiado con los cables de la realidad. No lo sé. El caso es qu hoy mismo sé que he leído libros de los que ni siquiera recuerdo un par de palabras. Es triste, pero cierto. En muchos casos sólo son muescas en mi pasado lector, acompañadas por un "me gustó" o "no fue para tanto" cuando alguien me pregunta aquello de si ¿has leído...? Quiero decir, que en la mayor parte de los casos no puedo recordar lo leído, pero sí la sensación del mientras leía. Si estuve agusto con el libro o no, si disfruté, lloré, lo pasé bien o mal o fue tan insignificante que ni frío ni calor. No sé si a ti te pasa.
El caso es que ahora, leyendo esas informaciones que los periódicos dedican hoy a Millás, me ha venido esta cosa a la cabeza. No recuerdo exactamente de qué va el libro, pero me veo sentado en el sillón de casa mientras lo leo. Y a la cabeza me vienen imágenes: el protagonista y su amigo mirando a ras de suelo desde una bodega, el protagonista metido en un autobús y viajando a un barrio distinto. No sé en qué momento de la trama sucede ni a cuento de qué, pero son las imágenes, que como fogonzados, me han quedado de esta novela.
Me ocurre a menudo con muchos otros libros. El prostíbulo de 'Una mujer difícil', un hombre que mira por la ventana mientras llueve en 'Te llamaré Viernes', un contestador automático de 'Ventanas de Manhattan' y un niño sentado en el sofá, de madrugada, en 'El viento de la luna', una pelea en el cuarto de baño en 'Tu rostro mañana'. Son imágenes. Migajas de lo leído. ¿Quieres compartir alguna conmigo?
19 Ago 2008
Juan José Millás es Carlos Cay
Bueno, ahora que con este titular he capatado tu atención, voy a desarrollar mi teoría. No tengo ni idea de quién se esconde detrás del seudónimo Carlos Cay (es evidente que es un sinónimo y más que evidente que quien lo escribe no es un adolescente, sino alguien que se esfuerza por parecerlo). Así las cosas, mi teoría detectivesca es que detrás de esa identidad se esconde Juan José Millás. No lo sé de fijo, seguro que me equivoco, pero si no es Millás, mmm, quizá debería pensarse en cobrar derechos de autor o preocuparse por el mimetismo que genera hasta dentro del propio periódico donde escribe.
Pruebas para la argumentación (o algo).
Día 11: "Para triunfar en la vida es preciso creer en algo, lo que a su vez implica estar profundamente equivocado".
Día 12_ "Trata de un tío mayor que hace caligrafía como otros hacen trabajos manuales, para quitarse malos rollos de la cabeza o retirarse de las drogas. Lo curioso es que, auqnue el tipo intenta escribir cosas sin significado,p porque de loq ue se trata es de hacer caligrafía y nada más que caligrafía, el sentido se cuela permamentemente en lo que escribe".
Día 14: "No se puede escribir una novela sin deseo, por ejemplo, dice mi padre".
Día 14: "Alguien propone que hablen de cosas que se pueden acometer sin enesidad de desarlas. Una paella, dice uno; salir de vacaciones, dice otro; ser director general, añade un tercero".
Día 15: "Vengo observando que cuando mis viejos desaparecen, me convierto en mi propio padre".
Día 19: "Los viejos dicen éxtasis líquido y se quedan en blanco unos segundos, como si el nombre les pirara").
02 Ago 2008
¿Quién es en realidad Carlos Cay?

Lo más interesante de las chorradinas que escribe Carlos Cay en El País no son los artículos, sino los comentarios que la cosa sugiere en Internet. Defensores (pocos, pero los hay) y críticos con un lenguaje que no conciben para un periódico, el suyo, como El País. Si el objetivo era "epatar", como dice uno de los comentarios, parece que lo está consiguiendo. La cosa hasta se comenta en la competencia (El Mundo, mayormente).
Pero, quién se esconde (realmente) detrás de la personalidad de Carlos Cay. No tengo ni idea, pero podrían ser firmas habituales de las páginas de agosto de El País (que, por cierto, este año, dejan bastante que desear). ¿Será Millás disfrazado de adolescente? (Millás siempre ha sido muy adolescente). ¿O Elvira Lindo (mola mazo, mola mazo me suena) con un Manolito Gafotas pajillero y con la selectividad suspendida? ¿Alguien tiene alguna idea de quién puede ser Carlos Cay?
Sea como fuere, la sección (un adolescente que escribe sobre sus padres sin saber exactamente qué quiere contar) deberá ofrecer más durante los próximos días (la segunda columna fue un paso atrás) y con más enjundia si quiere aguantar los 31 días de agosto y no echar el último aliento a mitad de mes.
Mientras tanto, os dejo algunos comentarios sacados de elpais.com.
Rafa: Sospecho que El País necesita incrementar sus ventas y ha optado por la estrategia de inundar de una soez basura el panorama periódístico nacional. Tele 5 ha conseguido ser la cadena más vista, pero su reputación no puede ser peor. Tantos años de duro trabajo para forjarse una reputación para terminar con esto. ¡Ay si Polanco levantara la cabeza! (acotación: mmm)
Ricardo: Francamente, por lo menos utiliza un lenguaje similar al que usamos los jóvenes de hoy en día (yo tengo 21 años) y aborda temas, como el hablar con los padres o el reconocimiento de los mismos con una figura de corte progre y tolerante (lo cual en efecto enerva un poco a cualquiera que se haya leido algo más que los tomos azules del barco de vapor). De momento le falta fondo para mi gusto , pero estoy de acuerdo en que hay que dejarlo rodar .El lenguaje , como la sociedad , cambia , y me parece atrevido y adecuado que un periodico de esta relevancia se moleste en mostrar a aquellos que ya tienen canas , como los padres del autor , las inquietudes de otra generación. (acotación: completamente de acuerdo. Le falta fondo, la forma ya la tiene)
Javier: Señores de EL PAÍS, creo que deberían acometer sin más dilación el un relevo generacional importante en su redacción si no quieren perder en unos años los nuevos lectores, hijos de sus actuales lectores en la era de Internet. muchas gracias un lector de 35 años. (acotación: eso del relevo generacional es fundamental no sólo en El País sino en todos los periódicos. Y no sólo en la redacción, sino sobre todo en los lectores).
Sara: Señores de El País, ¿porqué no proponéis a los padres del chico que escriban un "contra-blog"? Seguro que tienen cosas interesantes que decir. (acotación: esta idea me parece estupenda).
Bueno, venga, la quiniela. ¿Quién crees que es Carlos Cay?
02 Ago 2008
Por fin volvió Enric González

Sí, lo confieso, descubrí tarde a Enric González. El encuentro tuvo lugar hace año y medio, cuando la invitación a la boda de mi amigo Santi me llevó hasta Bilbao. Como no conocía la ciudad, decidí ir el día antes para hacer algo de turismo. Y como iba solo, de vez en cuando me enchufaba la radio para pasear por la ciudad mientras escuchaba, por ejemplo, La Ventana. Fue en ese programa donde Juan José Millás, compañero de González en El País recomendó el libro 'Historias de Nueva York'. Allí mismo, en Bilbao, y debido a la devoción con la que Millás hablaba de este libro, entré en una librería de la Gran Vía y lo compré. Las historias de González en Nueva York me acompañaron durante todo el viaje de vuelta en autobús. Y a partir de ese momento, no hice otra cosa sino buscar la firma de Enric González en las páginas de El País (o en las ondas matutinas de A vivir que son dos días). El caso es que desde entonces no he hecho sino reforzar mi hooliganismo por este tipo. También cayó la reedición de 'Historias de Londres' y las del Calcio sucumbirán de un día para otro.
González, otrora corresponsal, escribe ahora sobre televisión en las páginas de Pantallas de El País. Y es una delicia leerlo. Sobre todo cuando trasciende las 625 días (lo suele hacer a menudo) y se dedica a hablar de periodismo. Durante todo este mes se le ha echado mucho de menos, mucho (que me perdone Delclós, pero). Es, junto con Ferrán Monegal (El Periódico) y Rosa Belmonte (ABC), creo, de lo mejorcito a la hora de triturar la pasión catódica. Esparza se sitúa justo en el lado opuesto de la balanza. Bueno, pues eso, que Enric, tío, lo siento mucho, se te acabaron las vacaciones. Pero se te echaba tanto de menos.
Aquí os pego una columna suya que me chifla.
!-->!-->!-->Prosperidad (27 de junio de 2008)
Leo en mi periódico que la difusión de EL PAÍS ha aumentado un 5% en lo que va de año y que se amplía la distancia respecto a sus competidores. Leo en El Mundo que la difusión de El Mundo creció en mayo. Leo en Abc que Abc es el diario cuya difusión más aumentó en marzo, abril y mayo. Leo en La Vanguardia que La Vanguardia refuerza su liderazgo en Cataluña y amplía su ventaja frente a El Periódico. Leo en El Periódico que El Periódico amplía su ventaja como el diario más leído en Cataluña. Ya no sigo leyendo: supongo que a los otros medios escritos les va igual de bien.
Da gusto vivir en esta edad de oro de la prensa de papel. La ciudadanía quiere estar bien informada, hace cola ante los quioscos y, si es necesario, se pelea por el último ejemplar. Los periódicos se venden como pan caliente, eso parece indiscutible. No creo que se pueda dudar de lo que dice un periódico sobre sí mismo: cada uno conoce lo suyo, ¿no? Y todos aseguran que las ventas crecen.
Se comenta que el sector atraviesa una grave crisis publicitaria y que los diarios gratuitos serán las primeras víctimas, pero seguramente se trata de maledicencias: no es lógico que los anunciantes quieran apartarse de unos medios con una audiencia numerosa y creciente. También se oye que la competencia de la televisión es cada vez más dura, y que los jóvenes se enganchan a la información de Internet y prescinden de la prensa de papel. Nada de nada: lean los periódicos y comprobarán que no, que la realidad es la contraria. Incluso se escuchan rumores sobre caídas de beneficios, prejubilaciones y planes para reducir costes. ¿Cómo podría ser eso? ¿Por la crisis? Pero qué crisis: ¿no ha quedado claro que es sólo una desaceleración acelerada?
La conclusión es obvia: hay que buscar empleo en los periódicos. No, no en los anuncios por palabras: en el mismo diario, de lo que sea. El sector está en auge. Ahora mismo, en cuanto acabe esta columnita, voy a pedir un aumento de sueldo. La prosperidad está para compartirla.
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