02 Oct 2008
Factor X, ese blufff zzzz
Vale. Desisto. Sabías que soy un yonqui de la telerrealidad y que andaba como perro buscando un reality para entretenerme este otoño. Lo sabías. Pues a ver cómo me lo monto porque estoy más solo que la una. Primero quitan Circus, un programa cada vez más aburrido pero que tenía la tensión no de si los chicos se caían de la cuerda floja, sino de si en algún momento explotaría la vena del cuello de Josep Lobató (creo que esto ya lo he escrito, me repito más que Juan Cruz). Bueno, el invento ha durado dos semanas. Ahora lo ponen el sábado por la noche, horario circense donde los haya (no hay más que ver La Noria). Con lo cual quiere decir que desde ya estoy desenganchado de Circus. En fin.
Factor X. Desisto. Vi la gala de anoche y la verdad es que sentí vergüenza ajena. No seguí la primera edición así que pensé que la cosa sería algo distinta, pero no. Es un patio cutre donde salen unos tipos a desafinar canciones. Hay poquitos que acierten con la nota (y mira que hay notas en una canción como para acertar por lo menos una). Tremendo. Después de ver los castings, uno pensaba que los jueces serían algo más implacables, pero todo es un jiji jaja lamentable. En Operación Triunfo, por mucho menos, Risto ya les había puesto la esquela a estos concursantes. Se salvanVocal Tempo, Mario, el de la gorrita y alguno más por ahí. El resto, unos desafines tremendos, como la chica ésta del flequillo, el sucedáneo de Andy y Lucas, el otro grupo que tocó con una trompeta y un piano. En fin. La cosa es indescriptible. Después de ver el show que se marcan los de OT esto queda como gala de quiero y no puedo. Las canciones son recortadas hasta la mínima expresión (quizá para que los chavales, ya que no pueden desafinar menos, al menos que desafinen durante menos tiempo), la escenografía con esas chavalas con el cuerpo pintado dando vueltas por el escenario es tremenda y el ritmo del programa es para dormirse entre actuación y actuación y sólo despertarse cuando suena la fanfarria para ir a publicidad. Desisto. Ya veré, si me interesa, alguna actuación en youtube, pero paso de tragarme el programa entero.
Gran Hermano. Es la gran esperanza blanca, el reality de los reality. Lo veo poco. Quiero decir, que nada de resúmenes y la gala por la mitad (en casa, ya sabes, se ve Herederos, aunque cada vez sale menos Concha Velasco, por qué será, y la cosa no mola tanto). El caso es que, aun con sólo ver la mitad del programa, uno consigue engancharse. Yo, como que paso mucho de la casa cutre, a mí lo que me gusta es la otra, donde está el matrimonio ése que tiene que hacer como que no se conoce. La gran Rosa Belmonte ha escrito que esta circunstancia seguro que no les supone mucho problema porque es que, en verdad, parece que no se conocen de nada. Pero sí, amiguitos, dicen que están casados. Lo divertido empieza ahora, cuando empiezan a llenar de maromos la casa y el marido ve cómo todos se acercan a su churri sin que él pueda saltar. Se está comiendo los celos con patatas. Y la Milá disfrutando como una enana. Será lo que sea, pero lo de Gran Hermano debería estudiarse. Diez realities seguidos y consigue mantener el tipo de las audiencias. Bueno, como sabes que no puedo verlo a menudo, aquí me lo puedes comentar, ¿no? Espero comentarios, chicos.
18 Sep 2008
Yonqui de la telerrealidad busca reality

Para terminar de hundir mi ya de por sí depauperada reputación diré que sí, soy débil, suelo engancharme a los realities. Y además lo hago con una facilidad pasmosa. Soy incluso capaz de colgarme de la droga televisiva de más baja calidad. Es cierto que aunque revuelvo mucho en la basura, todavía selecciono muy bien (es un poner) lo que me llevo a casa. Quiero decir, que nunca vi más de media hora (o quizá sí, pero no lo recuerdo) de El Bus, de La casa de tu vida, de Gran hermano VIP, de La Granja, de Escuela de Actores (dios, ¿alguien lo vio?), Hotel Glam y tantos y tantos sucedáneos. Sin embargo, sí que me engancho con cierta facilidad a otros subproductos de la gama. Cierto es que hay varios grados. Están los que veo con una revista en la mano (tipo Gran Hermano, La selva de los famosos) y otros que además sigo, visitando páginas de Internet y tal (esto es tremendo, lo sé).
En esta segunda categoría, la del enganche más o menos total, está Operación Triunfo (of course). Soy fan de OT, desde el principio, qué pasa. Hasta me vi la tercera edición (que ya es el colmo de los fans). Espero que no me insultéis por esto ni nada por el estilo, pero no lo puedo evitar. Me gusta. David Cacho, compañero de profesión y pupitre, es otro friki de OT. Incluso ha llegado a retransmitir una gala en directo por Internet. Algún día, en la séptima edición o algo, habrá que intentarlo. Es cierto que este año ha sido un poco raro (mi favorito, Ros, fue al primero al que echaron) y Virginia, la ganadora, no me molaba mucho (ya empieza a sentir las pedradas fanáticas sobre mi tejado, debería habérmelo callado) pero aún así ahí he estado, todas las semanas delante de la tele. T
ambién me enganché a Fama (sí, lo sé, soy lo peor). Debo decir para defenderme que la culpa de todo la tiene una fiebre de principios de año. Me pillé la Nochevieja con un gripón de aúpa, el termómetro estaba asustado porque nunca había marcado tantas décimas, y el caso es que ahí estaba yo, solo, con el mando a distancia del Digital (todavía había digital en mi casa de aquellas), sin nada que ver y el canal 19 ahí, todito para mí. Así que me tragué los castings, y luego los primeros programas. Lo demás es historia. Creo que la fiebre se alió con el enorme grado de cutrerío del programa para terminar de engancharme. Lo de Fama era tremendo. Parecía programa de televisión local. De televisión local local, nada de televisión local de capital de provincia. Y que me perdonen las televisiones locales no de capital de provincia. La grafía era horrorosa, el plató parecía un gallinero de mi pueblo pero con ventilador y en la casa debía oler a chotilla preñada. Tan pequeña, tan cutre, con esos zumos del Lidl. En fin.
El caso es que los de la tele son listos y suelen planificar la cosa de tal manera que los frikis empalmemos un reality con otro sin solución de continuidad (qué gran frase, sin solución de continuidad). A la espera de Gran Hermano, la duda es si sigo Circus (un fama pero con más acrobacias y coreografías colgados del techo) o Factor X (un operación triunfo con tres ristos sin gafas del que no vi la primera edición por pavor a las copias).
Reconozco que estoy intentando lo de Circus, pero lo que más me engancha, lo que me tiene con el corazón en un puño, el más difícil todavía que espero ver, ese número que aguardas con tensión que suceda en algún momento es que al presentador, Josep Lobató, le exploten las venas del cuello (luego decimos de la Patiño, pero lo de este chaval es tremendo) y empiece a salir sangre a borbotones por la pista. Algún día sucederá. Y no sé si se estaré para verlo.
Necesito ayuda. Circus, Factor X o Gran Hermano. ¿Alguien me recomienda algo? Y que sepáis que de vuestra respuesta dependerán parte de los futuros post de este blog. Porque estaré aquí para contarlo. Aviso (o amenazo).
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