24 Jul 2008

Jefaturas del Estado. Monarquías y Repúblicas

Escrito por: Eduardo Montagut Contreras el 24 Jul 2008 - URL Permanente

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El jefe del Estado es la figura que se sitúa por encima de las divisiones partidistas, y asumiría la representación de dicho Estado, a través del desempeño del más alto cargo político. Asume funciones simbólicas, como son las relacionadas con la unidad política del Estado, tanto en relación con el exterior, como en relación con el interior. Sobre los recursos políticos de los que dispone hay una gran variedad y siempre en función del régimen político del que estemos hablando, de lo que disponga cada constitución.

En principio habría dos tipos de jefes de estado: los monarcas en las Monarquías y los presidentes de República. La diferencia fundamental entre unos y otros reside en la forma de acceso a la jefatura: por herencia en el primer caso (hay distintas fórmulas, en relación con el acceso de la mujer al trono), o por elección, en el caso de los segundos. La elección de un presidente puede ser de varias formas:

1. Autodesignación, en sistemas no democráticos.
2. La investidura por un número limitado de mandatarios, como una junta militar, por ejemplo. También es propio de sistemas no democráticos.
3. Elección democrática o popular. Pero hay varias fórmulas en este punto. Se puede elegir al presidente a través de cuerpos representativos, ya sea de parlamentarios o de compromisarios (es el caso norteamericano), o directamente, por sufragio universal, como en Francia.

Las Monarquías Parlamentarias limitan mucho el poder del rey y convierten al mismo en un mediador y símbolo del Estado sin poder ejecutivo real. Los reyes se terminan pareciendo mucho a los presidentes de las Repúblicas Parlalmentarias, ya que estos presidentes tienen las mismas funciones que los primeros. En cambio, los presidentes de Repúblicas Presidencialistas tienen muchísimo más poder que pueden compartir con un primer ministro y un gobierno, como es el caso francés. En Estados Unidos no hay primer ministro, siendo el jefe del ejecutivo el propio presidente. Este modelo, con variantes, suele ser el adoptado en toda América, aunque algunos países tienen la figura del primer ministro.

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No conozco a fondo el caso francés, pero en Portugal, por ejemplo, el Presidente de la República puede interferir en las leyes adoptadas por el primer ministro, si este no es de su partido. Eso conlleva muchas veces un despropósito total a la hora de gobernar, pues el primer ministro no puede tomar las medidas que considere oportunas, con la legitimidad que le dan las urnas. Por eso no me gustan las Repúblicas Presidencialistas, porque vivo de cerca el ejemplo y es una situación lamentable. Prefiero un sistema en el que el presidente solo tenga funciones representativas, como el Rey en las monarquías parlamentarias.

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El caso que más se conoce es el francés. Este tipo de Repúblicas presidencialistas, al surgir los dos poderes ejecutivos de procesos electorales distintos, y con duración diferente en el mandato, de pueden llevar a conflictos de cohabitación. De Gaulle no pensó que fuera posible que hubiera un presidente y un gobierno de colores distintos pero luego, tanto con Mitterrand como con Chirac esto ha ocurrido.

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Es un caso bastante parecido al portugués, por lo tanto. Este tipo de gobiernos, como he expresado antes, no me parecen adecuados, precisamente por el hecho que citas, porque si el Presidente y el Primer Ministro son del mismo partido, funciona, pero si son de diferentes partidos, vuelve el país ingobernable, y le conduce de hecho a la parálisis legislativa.

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La propia Historia de USA en un gran ejemplo entre las luchas de poder democráticas. Concrétamente entre el presidencialismo, que triunfó a principios del siglo XX, y el poder del Congreso, que fue el que controlaba hasta entonces.
Una de las razones que llevan a los sistemas presidencialistas en la Democracia, y a eso ha llegado la V República Francesa, es la importancia de los AA.EE. Ha medida que la implicación exterior de un pais es más importante, tanto la facet armada, la económica, la cultural o incluso la religiosa, el poder ejecutivo necesita fortalecerse y obtener medios de control y reacción, sobretodo militares, más directos y autónomos.
Las Jefaturas de Estado en las viejas democrácias, que además son repúblicas, se parecen bastante al Cesarismo.

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El cesarismo es una práctica política que nace en la Roma antigua, a partir, de Julio César; de ahí su nombre. Se trata de la defensa de un poder autoritario sobre los intereses particulares o de grupo para favorecer una política que, supuestamente, beneficiaría a toda la colectividad. Se ha definido como una situación en la que la organización política va perdiendo lazos de union intermediarios entre el Estado y el individuo. Esos lazos intermediarios serían los parlamentos, fundamentalmente. El jefe del estado adquiere un gran poder y lo basa en el apoyo popular directo. Esto se vió con Napoleón: el bonapartismo tiene mucho de cesarismo. Lo llevan al último extremo algunas dictaduras, y no cabe duda, como bien señala en su mensaje, que los presidentes de Repúblicas Presidencialistas, sin llegar a los extremos establecidos, tienden al cesarismo. Por eso es importante que las Constituciones refuercen mucho el papel de los poderes intermedios, de los Parlamentos.

El bonapartismo

Aludía al bonapartismo en un mensaje anterior. El bonapartismo es un sistema político o un conjunto de ideas que, aunque se basa en la forma de gobernar de Napoleón, es con su sobrino Napoleón III cuando se cristaliza. Se trata de una especie de sistema de dictadura popular. No es una monarquía absoluta, sino una especie de monarquía o pseudomonarquía donde se reconoce la soberanía del pueblo, aunque no se trate de una monarquía constitucional. Se invoca, constantemente, al pueblo, a la voluntad popular, a través de los plebiscitos, fácilmente manipulables.

Monarquía Constitucional o Monarquía Parlamentaria

Conviene precisar bien los conceptos en ciencia política. En ocasiones se usan, indistintamente, para designar lo mismo estas dos formas de Monarquía. Pues bien, no son iguales, ni mucho menos.

La Monarquía Constitucional y la Monarquía Parlamentaria se parecen porque se dan con sistemas constitucionales pero son distintas. La primera es propia de la Revolución Liberal. La soberanía se comparte entre la nación y la Monarquía, y ésta conserva el poder ejecutivo con un gobierno. Para entendernos, la Monarquía de la Restauración era Constitucional (Alfonso XII, Regente María Cristina y Alfonso XIII). En la Monarquía Parlamentaria, como la nuestra actual, el rey se limita a ejercer un poder moderador y simbólico: no es cabeza del ejecutivo, ni es poseedora de ningún tipo de soberanía histórica. En nuestro sistema sólo hay una soberanía: la popular.

El concepto político de la monarquía ha variado en la Historia. En este mensaje hemos hablado de la diferencia entre monarquía Constitucional y monarquía parlamentaria, después de la profunda transformación que sufrieron las monarquías con la revolución liberal. Conviene, pues, que hagamos un recorrido sobre las monarquías, anteriormente.

El término procede del griego: uno, y poder, poder de uno, forma de gobierno en la que el poder se concentra en una persona. Como vemos, en puridad, las monarquías parlamentarias, y las constitucionales, no serían monarquías si se las aplica el concepto primigenio. El poder está en otro lugar, la soberanía ha cambiado (interesante sería que dedicáramos un hilo a este capital concepto en ciencia política).

La monarquía se diferenciaría de la tiranía y del despotismo, porque en estas dos formas el poder sí está en manos de una persona pero lo ha adquirido de forma ilegal y lo practica de manera arbitraria. Se diferencia, a su vez, de la república, en que hay una estrecha relación entre el poder personal del rey y el ejercicio del poder publico. En las repúblicas, en cambio, no hay un poder inherente a las personas. En la república las personas desempeñan determinadas funciones públicas durante un tiempo determinado. En una monarquía hay un elemento de clara sacralidad personal del rey. De hecho, los delitos de lesa majestad eran gravísimos y se pagaban con la muerte. Vuelvo a insistir en que las Monarquías Parlamentarias han trastocado mucho el concepto de monarquía.

Se pueden distinguir hasta seis tipos de fundamentación del poder real, aunque no son excluyentes entre sí:

1. Un rey puede recibir su poder de su predecesor que es el que le designa como sucesor legítimo. El sistema imperial romano vendría a ser un ejemplo, en algunos momentos, como en la monarquía de los antoninos, o en la tetrarquía de Diocleciano.

2. Existe la monarquía electiva, en la que el rey es elegido en una asamblea de notables. Sería un "primun inter pares". El ejemplo más cercano es el visigodo, a pesar de los intentos de hacerse hereditaria y evitar conflictos.

3. Monarquía hereditaria. El poder real permanece en un linaje, en una dinastía. De ahí la famosa frase: "Ha muerto el rey, viva el rey". El poder real no se pierde, se mantiene en esa familia. Los ejemplos son abundantes: Tudor, Valois, Habsburgo, Borbón, etc..

4. Este no sería un tipo puro. Se trata de las monarquías que se refuerzan con el derecho divino. Conocemos el caso de las monarquías absolutas hereditarias pero puede darse en el tipo primero, también, ya que, recordemos el carácter sagrado de los emperadores romanos.

5. Las Monarquías Constitucionales. Se trata de monarquías hereditarias, generalmente, pero cuyo poder está limitado por una Constitución, y por el parlamento, y con una soberanía compartida con la nación, aunque, en ocasiones, se denomine sólamente nacional. Serían la mayor parte de las monarquías existentes en la época liberal del siglo XIX y parte del XX. Algunas no pudieron mantenerse hereditarias porque fueron derribadas por nuevas revoluciones, como la Monarquía de Luis Felipe de Orleáns, nacida en la Revolución de 1830 y fenecida en la de 1848. En España sería la Monarquía de Isabel II y la de la Restauración Borbónica. En la primera aparece en las Constituciones la soberanía nacional, y en la segunda la mezcla de soberanía nacional con soberanía histórica: la primera, como su nombre indica, procede de la nación, y la segunda de la herencia histórica de la dinastía Borbón.

6. Las Monarquías Parlamentarias. Los monarcas ya no tienen ningún tipo de soberanía. La soberanía se hace popular; el rey es un poder moderador y el máximo representante del estado. Son monarquías hereditarias pero el poder no procede de ellos ni por inspiración divina, sino del pueblo, en su conjunto.

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La memoria histórica como proyecto social y cultural

Este blog pretende, en su modestia, contribuir al debate sobre la memoria histórica de nuestro país, con alusiones a la cuestión en otros lugares. Concibo la memoria histórica como un proyecto con dos facetas complementarias:

1ª Como proyecto cultural. La Historia es un saber que no necesita justificación utilitaria de ningún tipo. Forma parte de nuestra cultura y conocer nos enriquece. Es el saber por el saber, sin grandes justificaciones.

2ª Como proyecto social. Pero la Historia también es un saber con un fin útil. La memoria histórica forma parte de los cimientos o pilares de una sociedad. No se puede construir, ni reformar, ni ampliar una democracia tapando su pasado, cerrándolo en falso, y mirando hacia otro lado. Nuestro país tiene un deber moral, un sentido de la justicia y un sentido ético que debe sustentarse en el conocimiento reposado pero intenso del pasado siglo. No se trata de abrir heridas, sino de cerrarlas de forma definitiva y de aprender de las experiencias pasadas. Vivir el presente y encarar el futuro no se puede hacer obviando el pasado o seguir permitiendo que se cierre en falso.

El autor de este hilo es Doctor en Filosofía y Letras (Geografía e Historia. Sección Historia Moderna y Contemporánea) y Premio Extraordinario de Carrera por la UAM. Ejerce como profesor de E. Secundaria y dirige una Sección de E. Secundaria de la Comunidad de Madrid. Sus intereses historiográficos actuales se relacionan con la Ilustración, la tardo-Ilustración, el papel de las Sociedades Económicas, y la historia de la educación en el período de la crisis del Antiguo Régimen en España.

edmontagut@hotmail.com

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