25 Jun 2008

El Dinero Había Perdido Su Valor

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 25 Jun 2008 - URL Permanente

La persona entrevistada se llama Dolores, nació en Belalcázar, provincia de Córdoba, en el año 1917 y allí se encontraba cuando se originó la Guerra Civil.

Su padre era zapatero y utilizaba un cuarto de la casa como taller de arreglos. Su madre hacía las tareas domésticas y ayudaba en el taller familiar. Dolores tenía ocho hermanos, de los cuales siete eran hembras y uno varón. También ayudaba a su padre en la zapatería y a su madre en las tareas de la casa, como cualquier muchacha de la época. Sus hermanas prácticamente hacían lo mismo y la hermana mayor asumía de vez en cuando el papel de madre. Sus hermanos [sic] no realizaban los mismos trabajos, ya que eran varones y tenían otros deberes. De algún modo tenían más privilegios por el simple hecho de ser hombres. Ellos solían trabajar en el campo en labores que requerían más fuerza física que las de las mujeres. En esta época a la mujer no se la tenía en cuenta y apenas podía decidir sobre las cosas.

La casa en que vivía estaba situada enfrente de la plaza, donde solían jugar y pasear niños y mayores. Aquí se realizaban pequeños bailes cuando había fiestas, que era una de las pocas diversiones de la población.

Existían escuelas para ricos y escuelas para pobres

En este pueblo la educación era escasa. Debemos destacar que había grandes diferencias en la educación que recibían ricos y pobres, además de niños y niñas. Dolores asistía a una de las dos escuelas de niñas que había en el pueblo.

Para los niños las escuelas eran muy grandes y estaban divididas en aulas por edades.

En las escuelas no sólo se hacía distinción por sexo, sino que también se diferenciaban por grupos sociales, es decir, existían escuelas para ricos y escuelas para pobres.

Los niños y niñas iban a la iglesia con sus padres y familiares los domingos a las once de la mañana. Las niñas tenían que llevar un velo que les cubriera la cara y manga larga, ya que no estaba bien visto llevar manga corta. Llevan también cuello de tirilla que les tapaba parte del pescuezo.

Las mujeres ayudaban en el campo

El pueblo vivía básicamente de la agricultura, ganadería y servicios. Dentro de los servicios destacamos los talleres artesanos: zapatería, espartería, fraguas, cerámicas...

Apenas había industria, tan sólo existía una fábrica para moler el trigo, de la cual se obtenía harina, y tenía gran importancia en el pueblo. La entrevistada ayudaba en la zapatería de su padre limpiando los zapatos, pero sólo trabajaba los sábados y días que tenían mucho trabajo.

Su padre, junto con otros zapateros, formaron una cooperativa.

La mayoría de las mujeres ayudaban en el campo y se hacían la ropa a mano.

Las personas que trabajaban en el campo lo hacían todos los días del año, domingos incluidos, excepto los días de las fiestas importantes. Los que trabajaban dentro del pueblo tenían un único día libre, los domingos, sin contar con las fiestas populares.

Andar es sano

El mercado se instalaba en la plaza al aire libre, aunque tenían lonas para resguardarse en invierno, y estaba formado por pequeños puestos que se ponían y quitaban todos los días.

La leche podía distribuirse de dos maneras: Había personas que venían de un pueblo cercano, Hinojosa del Duque, con cántaros cargados en burras y un jarro de medio litro con el que medían la leche. También había en el pueblo gente que tenía vacas en “cerquillas”, adonde acudían los vecinos a comprar la leche.

Los burros eran el medio de transporte habitual, pero el que no los tenía debía caminar.

Confeccionaban los colchones a escondidas

Los domingos no se disfrutaba de la misma forma entre hombres y mujeres. Los hombres y mujeres daban un paseo por la plaza, pero tan sólo los hombres eran los que iban a beber vino en las tabernas en grupos. Además solían jugar a las cartas.

Las jóvenes iban a pasear a la plaza y tenían que recogerse antes de que el sol se ocultase. A las mujeres no se les permitía la entrada a las tabernas, estaba muy mal visto.

Los chicos y chicas se conocían en la plaza y por comentarios de vecinos.

Las mujeres mayores tan solo salían en caso de misa, rosario o entierro.

Las mujeres realizaban los colchones a máquina y lo hacían a escondidas, porque el colchón representaba la unión sexual entre el hombre y la mujer, y no estaba bien visto. El colchón era de lana y debajo había otro de paja.

Ánima a ronda

Cuando un chico y una chica comenzaban una relación de pareja, ninguno de los dos podía entrar a la casa del otro. Después, cuando llevaban cierto tiempo, la muchacha pide a su padre la entrada de su novio a casa. El tenía que dar su consentimiento y así podían estar un ratito en su casa, textualmente: de “ánima a ronda”. Algunos decían que no querían novios mañaneros porque la muchacha tenía que ayudar en las tareas de la casa cuando eran muchos hermanos. Por la tarde daban un paseíto y pronto se iban a casa.

Cuando nacía un niño o niña, se regalaba a la madre chocolate. Al niño por el contrario no se le hacia ningún regalo. La familia mas allegada solía regalar a la madre una gallina, una docena de huevos o lo que tuviese en el campo.

Las madres parían en sus casas, ayudadas por la comadrona.

No había sanidad pública

La medicina estaba poco avanzada y sólo había tres o cuatro médicos en todo el pueblo. Para que te atendiesen tenías que estar asociado a un médico y pagar un dinero al mes. Si los abonados caían enfermos, llamaban al médico y éste iba a sus casas. Los que no pagaban al mes tenían que abonar la visita; si no estaban muy malos, iban a casa del médico, pero, si estaban graves, el médico acudía a casa del enfermo.

La gallinita ciega

Los niños tenían diversos juegos. Uno de ellos consistía coger un cántaro de barro, romperle la base y pasarle una cuerda por el interior, cuyos extremos se ataban a dos ventanas enfrentadas de un lado o otro de la calle. Quedaba así el cántaro en medio de la calle. Luego se pasaba otra cuerda por una de las asas del cántaro para moverlo horizontalmente. Uno de los participantes se tapaba los ojos y tenía que romper el cántaro, mientras otro tiraba de la cuerda atada al asa para moverlo e intentar que no pudiese romper el cántaro. Este juego se llamaba la gallinita ciega.

En las fiestas se jugaba a la cucaña, que consistía en poner un jamón o pollo en lo alto de un palo impregnado de grasa. El participante tenía que subir a lo alto y coger el jamón o pollo.

Tiraron las cruces para acusar a los de izquierda

La situación en el pueblo estaba un poco revuelta, porque en ese momento gobernaban los de izquierda.

A las afueras del pueblo había tres cruces que los de derechas tiraron para culpar a los de izquierda. Estas cruces estaban en muchos pueblos y se utilizaban como paradas de los entierros y procesiones. El ayuntamiento estaba gobernado por los de derechas, y el alcalde y su camarilla mandaron tirar las cruces para que los del pueblo pensaran que había sido un acto de los de izquierda. Sólo después de la guerra se aclaró esto.

Cuando estalló la guerra, hubo jóvenes que se alistaron voluntarios mientras que otros iban por su quinta. Mucha gente se juntaba con toda la familia y se escondía. La gente estaba muy asustada.

Un día, al año de empezar la guerra, dieron un pregón para que se abandonara el pueblo, porque iban a bombardearlo.

La gente marchaba a los cortijos o fincas abandonadas de las afueras del pueblo.

Fue voluntario a defender la República

El novio de Dolores se refugió con sus padres y una hermana en una finca abandonada por los propietarios al estallar la guerra. Con ellos se fue otra familia y juntos permanecieron allí hasta el final.

Cada uno ayudaba en lo que podía. El padre de Dolores limpiaba los zapatos, otros se encargaban de hacer la comida, etc.

El novio de la entrevistada se fue voluntario a la guerra, a defender la República, que en ese momento era lo que había querido el pueblo. Estuvo en la batalla de Teruel, donde fue hecho prisionero, y permaneció encarcelado, como muchos otros, sin haber cometido ningún delito. Pero, para que los franquistas tuvieran pruebas para meter en la cárcel a los de izquierdas, hicieron firmar a la fuerza a los detenidos su participación en varios asesinatos contra militares de Franco.

Un día se acercaron al cortijo un grupo de personas gritando que había finalizado la guerra.

La posguerra fue peor que la guerra

Una vez finalizada la guerra, Dolores volvió a la casa del pueblo con sus familiares y la hallaron destrozada, porque la habían utilizado otras personas. Con lo cual no pudieron habitarla y tuvieron que alojarse en casa de una tía, una hermana de su madre. Cuando quisieron arreglarla, los albañiles no querían dinero, sino comida. El dinero había perdido su valor y, aunque lo había, no había siembra, ni animales, ni cosa que comer. Entonces la gente que tenía guardada alguna cosecha, luego la sacaban y la vendían, de donde ganaban bastante dinero. Entonces fue cuando el dinero volvió a tener valor de nuevo.

Hubo mucha gente que murió, otros quedaron mal heridos, sin brazos, sin piernas.

Muchos quedaron encarcelados, aunque no habían sido juzgados ni eran culpables. Algunos fueron desterrados de su pueblo de origen y otros fueron asesinados por ser de ideas contrarias. Después de la guerra se pasó peor que durante la guerra.

E. C. M., curso 2002-03

23 Jun 2008

Les Ordenaron Disparar A La Cabeza Y Al Corazón

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 23 Jun 2008 - URL Permanente

Mi abuelo Bonifacio nació en Narrillos del Rebollar, un pequeño pueblo de Ávila. Su familia, como casi todas las del lugar, se dedicaba a la agricultura y cría de ganado, por lo que pronto abandonó la escuela para dedicarse a estas labores.

Cuando comenzó la Guerra Civil tenía casi diecisiete años y se enteró al volver al pueblo, después de encerrar unas ovejas, cuando la gente le comentó que habían leído en el periódico que había estallado el “movimiento”.

Como el pueblo era muy pequeño, no había Guardia Civil, ni en el pueblo ni en los alrededores, y el cuartel más cercano se encontraba en Mirueña, a unos treinta kilómetros. Pero pronto supieron que la Guardia Civil se había puesto de parte del general Franco.

La Acusaron De “Roja" Y La Llevaron A La Cárcel

Mi abuelo dice que el pueblo estaba más o menos dividido, aunque poco a poco fue ganando fuerza la opción nacionalista, ya que los campesinos aceptaban cualquier gobierno y apenas participaban en la vida política, al menos los de las cercanías a Narrillos.

Mi abuelo tenía dos hermanos en el frente del lado “nacional”, los cuales murieron en combate. En el entierro del primero de ellos, la Guardia Civil detuvo, por orden de un juez o del alcalde, a una prima de mi abuelo que fue a dar el pésame a la familia. La acusaron de “roja" y la llevaron a la cárcel, donde estuvo casi tres años.

En su pueblo apenas se notó la guerra, pero cierto día comenzó "la ración". Consistía en que no se podía adquirir comida libremente. En el estanco de un pueblo cercano se distribuían los paquetes de comida, que el ayuntamiento traía y repartía luego entre la población. En lo demás no se notó que hubiera una guerra civil.

Un Privilegio Dudoso

Mi abuelo no se acercó a ninguna opción política, pero fue movilizado a finales de 1938 por los franquistas. Fue una opción obligada.

Como ya he comentado antes, mi abuelo tuvo que realizar la mili. La hizo un poco tarde debido a la muerte de sus dos hermanos, pero aun así pasó bastante tiempo en los cuarteles.

Su primer destino fue Valladolid, donde hizo la instrucción, aprendió a utilizar las armas y algunas técnicas de combate. Un mes más tarde fue destinado a un batallón de retaguardia, el 147 de Aragón, que la muerte de sus dos hermanos lo libró de ir al frente y fue un "privilegiado". Aunque en una ocasión, estando con sus compañeros en una casetucha jugando a las cartas, de pronto entró la metralla de un mortero. Todos se asustaron, en especial un muchacho canario que se metió debajo de una mesa.

Lo Celebraron Con Una Chuletada

Viajó por varias provincias, como Madrid o Toledo, donde, cuando a finales de Abril de 1939, se dirigían a Ocaña, supo que la guerra había finalizado.

Los oficiales les comunicaron que la guerra había terminado y al llegar al pueblo prepararon una fiesta para celebrarlo. Encontraron unos chotos, que, según mi abuelo, habían abandonado los "rojos", e hicieron una chuletada. Al día siguiente partieron hacia Alcalá de Henares, donde estuvo algún tiempo en un cuartel sin hacer nada, salvo apagar un fuego en una iglesia provocado por los "rojos". Más tarde se desplazó a Toledo y tres meses después a Zamora, donde pasó medio año.

Si Alguno Ha Luchado Por España Más Que Yo...

En Zamora, una madrugada de enero de 1940, un cabo lo despertó a él y a su escuadra y les comunicó que debían fusilar a dos condenados a pena de muerte.

Los llevaron a un descampado y los pusieron a unos veinticinco metros [sic] de distancia. Les mandaron disparar a la cabeza y al corazón todo el cargador, y les advirtieron que, si alguno no lo hacía, correría la misma suerte. Antes de morir uno de los presos dijo lo siguiente: «Si alguno de los presentes ha luchado por España más que yo, que lo diga». Nadie dijo nada y no tuvieron más remedio que cumplir la orden.

Tampoco nadie comentó luego nada, que todos tenían miedo a sus superiores y no querían tener problemas.

Largos Años De Servicio

En marzo del mismo año fue trasladado a Melilla, aunque, como no era un destino agradable, los capitanes les dijeron que iban a Sevilla.

En Melilla pasó veintiséis meses, hizo varios desfiles con el general Francisco Franco y después mi abuelo acabó el servicio, aunque un mes más tarde fue llamado de nuevo a filas y estuvo diecisiete largos meses en la capital. Luego de esto, volvió al pueblo, donde continuó las labores que había dejado.

No Hay Malos Ni Buenos

Según él, no hubo bando bueno, ya que en la guerra no hay malos ni buenos, en todos muere gente y todos quieren el poder para beneficio propio. Me comenta que la guerra es mala y que estas generaciones tienen suerte de no vivir ninguna, que es algo muy triste, donde mucha gente pierde la vida. Cree que la Guerra Civil debe servir como ejemplo y ser algo que no vuelva a repetir.

F. J. D., curso 2002-2003

20 Jun 2008

Los Poderosos Siempre Han Sometido A Los Trabajadores

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 20 Jun 2008 - URL Permanente

El presente trabajo se basa en una entrevista a una anciana ama de casa que vivió la Guerra Civil: Daniela G. B., nacida en Plasencia en 1914.

1.- LA SITUACIÓN DE PREGUERRA EN PLASENCIA

Antes del alzamiento Plasencia era el gran centro económico de la zona norte de Extremadura y su influencia abarcaba desde el oeste (frontera de Portugal) hasta el norte-nordeste (provincias de Salamanca, Ávila y Toledo). El mercado semanal, conocido popularmente como el "Martes", aparecía como una de las mayores citas económicas y sociales, atrayendo a numerosos vecinos de localidades más o menos cercanas. Desde el punto de vista económico, porque se producían gran cantidad de transacciones comerciales, y socialmente porque ese día adquiría tintes de auténtica fiesta para muchos forasteros. Además, sus conocidas ferias de ganado eran famosas en toda la provincia cacereña, sin nada que envidiar a las de Zafra o Trujillo. La buena marcha económica se reflejaba en que la población no había dejado de crecer a lo largo de las últimas décadas, hasta el punto de que en julio de 1936 Plasencia contaba con 12.000 personas.

La ciudad aparecía como un núcleo tranquilo, cuya población se dividía en dos clases sociales bien definidas. Por una parte estaba la burguesía y algunos nobles, ambos defensores de la política de derechas, pues les proporcionaba riquezas y contribuía a mantener su privilegiada posición. Luego estaba el grupo social mayoritario, caracterizado por tener lo justo para vivir, es decir, los obreros y los jornaleros. Aunque en este grupo social existía una cierta conciencia de izquierda, la realidad es que la abundancia de campesinos que cultivaban sus propias tierras, inclinaba su voto hacia opciones políticas más conservadoras. Esto explica la falta de dinámicas revolucionarias en este segmento de la sociedad placentina.

Cuenta la señora Daniela que antes de la guerra la vida en la ciudad se desarrollaba sin problemas. Ella y su marido vivían en la calle de Bailén, precisamente dónde tenían su sede los falangistas, y los recuerdos que ella guarda de los meses anteriores al conflicto son agradables. Los vecinos tenían una relación pacífica, adecuándose a las labores del campo o del comercio y viviendo las fiestas tradicionales. Su marido era simpatizante de izquierdas, pero nunca tuvo roce con ningún vecino, ni con militantes de otros partidos de derechas.

2.- EL DESARROLLO DE LA CONTIENDA EN LA CIUDAD

El alzamiento se inició cuando el Teniente Coronel don José Puente Ruiz, Comandante del Batallón de Ametralladoras número 2, en contacto ya con los militares sublevados de Cáceres capital, apenas recibió la orden declaró el estado de guerra sin encontrar resistencia alguna. En este sentido, cabe decir que la ciudad, junto con Cáceres, fue la encargada de abastecer de tropas a las unidades que se dedicaron a neutralizar las poblaciones que en la provincia permanecían fieles a la República. Una vez que se produjo el triunfo nacionalista, apareció la violencia desde los primeros instantes.

Las Tropas Ocuparon Las Calles Principales

Pero hay que distinguir en ella diferentes enfoques. Puede hablarse de una violencia incontrolada en los primeros momentos y otra dirigida posteriormente. La anciana contó que, cuando se produjo el alzamiento del ejército, ella estaba comiendo, pues los militares se lanzaron a la calle en ese momento. Otros vecinos suyos asistían a un partido de fútbol y todos, al oír los disparos procedentes de la Plaza Mayor, dejaron sus respectivas actividades y se encaminaron al centro de la ciudad, donde descubrieron a las tropas que ocupaban las principales calles y cruces más importantes.

Acallados A Golpes

El alcalde leyó un bando en el balcón del Ayuntamiento, afirmando que la población debía estar tranquila, porque no había motivo de alarma. Ese mismo bando se leyó en, al menos, otro barrio de la ciudad, el del "Rosal de Ayala", que era el más alejado del centro en aquellos años. La señora Daniela constata que, tras el suceso de los disparos en la Plaza, el ejército impidió a numerosas personas desplazarse al trabajo, pasear por calles y plazas y, en general, reunirse en grupos. Durante la lectura del bando numerosos vecinos protestaron ante la postura de los militares, pero fueron acallados con golpes.

Presos En La Plaza De Toros

En la confluencia de las calles Hernán Cortés (popularmente conocida como de los "Quesos") con la de Zapatería, se estableció un control donde se cacheaba a las personas, solicitando su documentación. Los golpistas hicieron numerosos prisioneros: comunistas, anarquistas, socialistas y personas con las que tenían contenciosos particulares. Y habilitaron varios edificios para su custodia: el palacio del Marqués de Mirabel (en la actual Sala-Museo de Caza); el Caserón de la antigua sede de "Acción Católica" (en la calle de Coria, frente a las escalinatas de la iglesia-convento de Santo Domingo); en la Plaza de Toros, al igual que sucediera en otras localidades extremeñas (como en la tristemente conocida de Badajoz). Este destino impidió precisamente que, durante los años de guerra, se pudieran celebrar corridas de toros.

Los Falangistas Eran Los Ejecutores

La entrevistada manifiesta que los vecinos de su barrio se encontraban confusos y temerosos ante la incertidumbre de lo que podría pasar, y sin noticias fiables de lo que ocurría en el resto de la provincia y de España. En su caso concreto tenían una gran angustia y ansiedad, debido a la militancia política de izquierdas de su marido. De hecho, nada más producirse el alzamiento, su cónyuge huyó a la montaña, donde pasó una temporada por miedo a las posibles represalias de la derecha. Daniela afirma que hizo bien, porque algunos de sus amigos, también republicanos, fueron ejecutados durante los primeros días de la contienda. El propio alcalde, Modesto Durán, militante del partido socialista, fue fusilado en la carretera de Malpartida de Plasencia, cerca del cementerio, cebándose de manera cruel con su cuerpo antes de morir. Los cadáveres aparecían en las cunetas de la carretera del Valle del Jerte, en la de Salamanca, en la tapia del cementerio, en el depósito de agua (en la parte superior del Parque de "Los Pinos") y en la carretera de Montehermoso.

Afirma Daniela que los principales ejecutores durante los dos primeros meses de la guerra no fueron los militares, sino los falangistas, a los cuales conocían los vecinos con nombres y apellidos. Solían buscar a sus víctimas al anochecer y, tras subirlos a un camión, se dirigían a fusilarlos. Pero antes paraban en un bar que había a la salida del puente de Trujillo (al lado de un estanco que hasta hace poco tiempo ha seguido funcionando) y allí tomaban bebidas alcohólicas antes de proseguir hacia su macabro destino.

Asqueado Del Morbo de Los Mirones

Este tipo de represión incontrolada cesó cuando tomó el ejército las riendas de la situación y comenzaron a desarrollarse juicios “normales” (Consejos de Guerra). De esta forma las ejecuciones se llevaban a cabo en el antiguo campo de tiro del Batallón de Ametralladoras (en la carretera de Malpartida de Plasencia). La Señora Daniela contaba (y esto lo he oído narrar a otros placentinos), que a algunos vecinos les gustaba ir a ver los fusilamientos, pues eran públicos; hasta que un oficial, asqueado del morbo que el espectáculo provocaba en los mirones y para hacer desaparecer la insana costumbre, obligó a los curiosos a recoger, trasladar e introducir los cadáveres en sus ataúdes. Desde entonces nadie volvió a presenciar las ejecuciones.

El Carcelero Se Cobraba Una Garrafa De Aceite

El marido de Daniela regresó unos meses más tarde a su casa, cuando el ejército sustituyó las actividades de los falangistas, y pasó escondido en su domicilio los tres años que duró la guerra. No fue el único, porque hubo otros placentinos que hicieron lo propio. De hecho, se ha escrito un libro donde se establecen los nombres de estos "topos".

Al terminar la guerra se entregó a las autoridades, que lo condenaron a un año y medio de cárcel. En este sentido la mujer se sintió engañada, porque antes de entregarse el marido, ella había negociado para que la condena que recibiera la cumpliera en Plasencia. Pero no fue así, porque a la semana de ingresar en prisión fue trasladado a Navalmoral de la Mata, a 60 kilómetros, donde ella no podía verlo, ni ayudarlo con comida, ropas, calzado o combustible para combatir el frío. Cada vez que iba a visitarlo, tenía que llevar una garrafa de aceite para que el carcelero le permitiera pasar.

Tuvo Que Dedicarse Al “Estraperlo”

Al quedarse sin marido, no tuvo más remedio que dedicarse al “estraperlo”, pues no tenía otra forma de ganarse la vida. Y ella no era la única, ya que en Plasencia este modo de vida era practicado por numerosos vecinos, para luchar contra el hambre y la miseria. Ella cuenta que todavía recuerda cómo debía viajar en tren a Salamanca, donde adquiría harina y aceite. Cuando estos comerciantes ilegales regresaban a Plasencia tenían dos formas de eludir los controles: unos arrojaban por las ventanillas de los vagones los fardos con las mercancías, que recogían familiares y amigos que habían esperado a lo largo de la vía, unos kilómetros antes de la estación ferroviaria. Otros, fundamentalmente mujeres, como el caso de Daniela, preferían ocultar bajo los vestidos los sacos, botellas y paquetes.

El abundante tráfico ferroviario de Plasencia, debido a la afluencia de militares, guarnición, campos de prisioneros y hospitales de sangre, facilitaba la reventa de los productos traídos de otras provincias. Además, aprovechaba el viaje en el tren para colocar la mercancía a los militares que viajaban en él.

Una tarde, subió a un vagón requerida por unos soldados para venderles dulces. Pero éstos no querían pagarle y el tren se puso en marcha hacia la estación de Palazuelo-Empalme, distante quince kilómetros. Cuando consiguió cobrar, bajó en la citada estación, pero ya no tenía posibilidad de volver hasta la noche. Entonces subió a un tren de mercancías con destino a Plasencia, pero fue descubierta por un empleado, quien le sugirió que fuera a la máquina donde había más calor. Ella dudaba de las intenciones morales de esta propuesta, pero al final se trató de un hombre honrado que tan sólo perseguía su comodidad. Era invierno y Daniela había subido a una plataforma con evidente peligro de caer del tren en marcha.

Todavía se recuerda de que el cántaro de aceite le costaba ocho duros en Salamanca y lo vendía en Plasencia a trece o catorce. El tabaco, por el contrario, lo adquiría en la ciudad del Jerte y lo colocaba Salamanca. Sin embargo, un día la cogieron vendiendo café en Ciudad Rodrigo, se lo requisaron y tuvo que estar en la cárcel unos días, porque no tenía dinero para pagar la multa. Desde entonces cambió el café por el jabón.

3.- LAS CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO EN LA ZONA

Desde el punto de vista económico y dentro del sector primario, la agricultura fue una de las parcelas más perjudicados. Numerosos pequeños agricultores debieron abandonar sus tierras para servir en el ejército, quedando sus cosechas pendientes de recoger. Esta situación, unida a la escasez reinante, provocó la publicación de una amplia normativa para asegurar el abastecimiento de alimentos. Como consecuencia, todos los productores de cereales fueron obligados a declarar la cantidad de cosecha recogida. Posteriormente estas medidas se ampliaron al aceite y el vino, con lo que se intentaba evitar el acaparamiento por parte de los vendedores y el aumento de los precios. Pero esto no impidió que, con el paso del tiempo, la falta de alimentos básicos fuera cada vez más palpable, hasta el punto de que en 1940 faltaban muchos de primera necesidad.

También la producción ganadera quedó estrictamente controlada, pues el número de animales y su reproducción quedaron regulados por otra normativa. El conocimiento de estos datos permitió la racionalización de su crianza, dejando un porcentaje muy reducido para el consumo humano en el caso del ganado cabrío, lanar y vacuno. Para empeorar más la situación, se declaró en la comarca una epidemia de aftas y peste porcina que hizo desaparecer prácticamente el consumo de este animal.

Dentro del sector secundario la crisis también se dejó sentir y descendió el número de fábricas dedicadas a material de construcción, elaboración de chocolate y pan.

En definitiva, la situación económica placentina tras la guerra fue semejante a la de los demás núcleos de población nacionales. El hambre y la pobreza aparecieron como una constante que amenazaba a la ciudad.

Los Poderosos Nunca Respetan La Dignidad Humana

La señora Daniela opina que durante la posguerra se pasó más hambre que en los tres años que duró la guerra. El motivo fue que, al cesar la contienda, el tráfico ferroviario se vio muy disminuido y, como ese ir y venir de trenes era la base del estraperlo, dejó en la indigencia a muchas personas que no tenían otro medio de sobrevivir. De hecho, si ella no hubiera tenido este recurso económico, no habría sacado adelante a su marido durante su prisión. Todavía recuerda que algunos de sus vecinos y amistades acabaron muriendo de hambre y no pocos fallecieron por consumir algunos vegetales nocivos.

Opina que la guerra fue la ocasión para vengarse de algunas personas que eran “malas por naturaleza". En aquellos años se culminaron muchas venganzas y odios que venían de otros tiempos, que los poderosos siempre han sometido a la gente trabajadora, sin respetar la dignidad de los seres humanos. No cree, además que actualmente hayan cambiado demasiadas cosas (aunque ella no tiene una gran formación cultural), y espera que no vuelva a repetirse un desastre como aquel.

4.- OPINIÓN PERSONAL

En mi opinión, la guerra es algo destructivo, cruel y absurdo. Pienso que nuestra generación no sabe lo fatal y nocivo que puede llegar a ser este tipo de conflictos. Incluso habiendo visto y escuchado los testimonios de supervivientes, creo que no estamos en situación de poder comprender lo terrible que puede resultar esta experiencia. Las vivencias de la señora Daniela fueron únicas. Debe ser algo horrible vivir personalmente lo que en muchas ocasiones se lee o se ve por televisión, algo que está pasando a muchos kilómetros de distancia. No nos damos cuenta de lo serio que es este problema, ya que hoy en día se habla de muertes y asesinatos como si fuera algo normal, y es que este tipo de noticias, realmente, se está convirtiendo en algo cotidiano.

Únicamente espero que la guerra que se está preparando contra Irak no comience nunca, porque la contienda española fue catastrófica en aquella época: muchas personas murieron, las destrucciones fueron numerosas y las secuelas y recuerdos aún duran. Pero la guerra que G. Bush y su gobierno ansían tanto es algo mucho más grave, ya que en ella se van a ver involucrados muchos países; y las armas que pueden utilizarse no serán ni mucho menos parecidas a las que había en el primer tercio del XX.

Leticia Sánchez Leonato, curso 2002-03

18 Jun 2008

El Cielo Se Puso Rojo Como La Sangre

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 18 Jun 2008 - URL Permanente

Ángela nació en 1930, en Catera y Chozas (Toledo), tomado luego por las tropas franquistas que subían desde Andalucía.

Hubo en él violencias por ambos bandos, pero cree que el odio de las izquierdas comenzó cuando las derechas mataron a una chica de quince años que conducía una segadora comprada por los pequeños agricultores en régimen de cooperativa.

«Esto hizo que los de izquierdas se hartasen de las injusticias, ya que los de derechas eran hombres ricos que les importaba muy poco la situación de los demás».

Durante la guerra tenía que ir al colegio vestida de falangista y la hacían cantar el “Cara al Sol”.

Una vez pasó mucho miedo cuando «el cielo se puso de color rojo como la sangre por las explosiones de los obuses».

A las mujeres de izquierdas les cortaban el pelo al cero y les ponían un lazo rojo, las mandaban fregar las calderas de los soldados y las paseaban por la plaza del pueblo para rechifla de todos.

Le Abrieron El Vientre

Su madre le contó un caso que aún hoy le da miedo recordarlo. A una muchacha de unos veinte años, militante de izquierdas o sindicalista, le cortaron el pelo y la obligaron a trabajar como a otras, pero luego le dieron una paliza brutal y, cuando agonizaba, le abrieron el vientre, le sacaron las tripas y las colgaron de la puerta de su casa para que las viera su madre.

También parece que mataron a muchas mujeres embarazadas.

En la posguerra notó cierta escasez, aunque ellos nunca pasaron hambre. Sus tíos panaderos tuvieron que amasar con maíz, cebada o centeno.

A. C. M., curso 2002-03

16 Jun 2008

Después De Tanto Odio

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 16 Jun 2008 - URL Permanente

Su primer recuerdo, cuando tenía seis años, es la evacuación a Valdelaguna en 1936, ya comenzada la guerra. Fue la única vez que salió del pueblo durante aquellos años. En Valdelaguna estuvieron hasta que terminó un bombardeo que asoló los alrededores de su pueblo, Morata de Tajuña (Madrid), ya que el frente estaba muy cerca, entre los montes llamados “El Pingarrón” y “La Jara”. Las demás veces que tuvieron que salir de Morata, se refugiaban en cuevas que allí había, donde tenían colchones en que “descansar” y algo de alimento que se conservaba bien dentro de la cueva.

Esto ocurría cuando les daba tiempo a alejarse, pero otras veces no les daba tiempo y no tenían donde refugiarse, así que se tiraban al suelo y a aguantar. Se metían un palo atravesado en la boca para que el estampido y la honda expansiva de las bombas no les produjese daños internos.

Se Vivió Una Época De Represión Y Miedo

En general cuando estalló la guerra el pueblo se dividió en dos, los “nacionales” y los republicanos. En un principio mi abuela no era de ningún bando, porque no tenía edad para distinguir esas cosas, sólo adoptó una postura “nacional” cuando vio como muchos de sus familiares morían a manos de los republicanos. Es cierto que la familia se inclinaba hacía la derecha, pero no era extremista.

En el pueblo era mayor el número de republicanos que de “nacionales”, por lo cual pudieron dominar el pueblo y se vivió una época de gran represión y miedo, que las autoridades locales no evitaron o acaso promovieron.

No se podía hablar, ya que no existía libertad de expresión y muchos de los que hablaban, por no decir todos, morían asesinados por los republicanos, incluso entre hermanos se mataban por defender su ideología.

Le Cortaron Sus Partes En Vida

La familia de mi abuela tenía unas tierras de cultivo que fueron quemadas y destruidas por los republicanos, igual que la iglesia del pueblo. Tanto la familia de mi abuela como la de mi abuelo eran muy creyentes, por lo que también estaban en el punto de mira de los republicanos y varios de sus familiares murieron por ello.

Un primo hermano de mi abuela pasaba por la plaza del pueblo donde varios republicanos lo pararon y le obligaron a decir “salud”, a lo que respondió con un “a Dios”, fórmula “nacional” con que respondió a la republicana, por eso lo apresaron y allí mismo le cortaron sus partes en vida y se las pusieron de corbata.

A otro lo quemaron vivo por llevar bajo la ropa una medalla de la Virgen. Tenían que tener mucho cuidado con lo que decían y a quien se lo decían ya que corrían gran riesgo de ser apresados por los republicanos y éstos tomar serias represalias.

Y Le Pegaron Dos Tiros

Tenían una pequeña taberna donde se reunían de vez en cuando personas de los dos bandos. Muchas veces los republicanos iban buscando lío e iban allí en busca de algún “voluntario forzoso”. Una vez elegido se acercaban a él o ella y le decían que le iban a dar “el paseo” del que no volverían.

A un primo hermano de mi abuela le dieron el mencionado paseo. Lo metieron en un coche, con unos imperdibles le unieron sus partes a la tapicería del asiento y lo llevaron por una carretera en muy mal estado, lo que le provocó dolores espantosos, hasta que se cansaron y le pegaron dos tiros.

Le Colgaron Un Crucifijo

Había una señora mayor que se encargaba de llevar algunas bebidas con su burra a la taberna. Un día la oyeron cantar una canción religiosa, que al parecer no les gustó, así que la mandaron bajar de la burra, buscaron un crucifijo de los que se colgaban encima de la cama y, con un trozo de hilo y un imperdible, se lo colgaron de sus partes, y le ordenaron que bailase una jota. Así muchas otras barbaries que no mencionaré porque mi abuela no las presenció.

Sacaban Cadáveres Del Olivar

Pasaron mucha hambre durante la guerra, ya que la gente no salía al campo por miedo a que los apresasen o simplemente por la cercanía al frente, y sobre todo porque la mayoría de los campos estaban destruidos.

Mis abuelos tenían y tienen un pequeño terreno donde crecen algunos olivos, que ahora poco dinero dan, pero que en esa época podía sacarles de un apuro. Lo malo era que estaba muy cerca del frente y era muy arriesgado ir, por lo cual no cosechaban y no sacaban dinero.

Cuando acabó la guerra y pudieron ir a la aceituna, al arar el terreno y removerlo en ocasiones sacaban cadáveres, abundantes casquillos de bala e incluso minas sin desactivar. El padre de mi abuelo perdió una mano a causa de una de estas minas. Mucha gente quedó mutilada o murió intentando desactivar estas minas, que llamaban obuses, no por el hecho de desactivarlas, sino porque buscaban el plomo de la espoleta para venderlo.

También buscaban balas, alambradas, fusiles y todo lo que fuese de metal para venderlo. Los más atrevidos se acercaban al frente en su busca, que lo demás estaba muy buscado ya, pero eso conllevaba un gran riesgo.

El Aceite Iba Calle Abajo

No se sabía apenas nada de lo que pasaba en el exterior, ya que no había periódicos ni radio alguna.

En el pueblo había un par de familias ricas para la época. Una era la familia de Tomás Casano, que era de derechas y tenía una fabrica de aceite. Los republicanos estaban al tanto de cuando salía el aceite, rompían así las tinajas y derramaban todo el aceite, que iba calles abajo.

Una Mula Que Tenía Más Hambre Que Ellos

Había mucha hambre. Se comía lo que se cogía del campo, pero era muy escaso, por lo que muchas veces tenían que comer las cáscaras de las patatas e incluso una vez mi abuela encontró una mata de guisantes donde con muy mala suerte alguien había hecho sus necesidades, las apartó como pudo y a comer guisantes.

Esto siguió también después de la guerra ya que, una vez finalizada, no recibieron gran ayuda. La única ayuda que recibieron fue una mula que tenía más hambre que ellos mismos. Antes de la guerra tenían una mula y un carro que les arrebataron al comenzar la guerra.

Los campos estaban destruidos y muchas casas también, entonces llegó el momento de levantar lo caído y tras mucho trabajo se logró hacia el año 1942.

La Legión A Caballo

Para ellos la guerra terminó el día 28 de marzo de 1939. Lo supieron porque la Legión entró en el pueblo a caballo y con banderas blancas gritando “¡Victoria!”, hecho que quedó reflejado en una pequeña canción:

“El 28 de Marzo

las mozas del pueblo

no sabían que hacer,

si irse con los nacionales

o con la 110”.

Quería saber si, tras la guerra y el triunfo “nacional”, hubo alguna venganza contra los republicanos que permanecieron allí, después del odio existente y las barbaridades cometidas: la respuesta fue un no rotundo que me pareció muy raro. Siguieron odiándose, pero no se vengaron. Incluso hoy sigue habiendo tiranteces entre las familias afectadas. La única venganza, por llamarlo de algún modo, fue que a las mujeres que habían robado gallinas les afeitaron la cabeza, les dejaron una cresta y cantaban:

“Por robar un gallo

y llamarlo fascista,

te han cortado el pelo

y te han puesto en la lista”.

¡NO A LA GUERRA!

La valoración personal de mi abuela se resume fundamentalmente en una idea: ¡NO A LA GUERRA!

Fue un suceso que no desea a nadie en el mundo, ni a los de un bando ni a de otro, y que ella sufrió en sus propias carnes.

Personalmente la mayor impresión que me llevo es que, después de tanto odio, los dos bandos coinciden en el total rechazo a cualquier guerra.

Y. P. S., curso 2002-2003

13 Jun 2008

Aprendimos A Sobrevivir. 2

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 13 Jun 2008 - URL Permanente

La Guerra En La Retaguardia

Nosotras éramos muy pequeñas al comienzo de la guerra, sin embargo hay cosas que no nos pasaron desapercibidas y hay bastantes hechos que vimos con nuestros propios ojos o bien hemos escuchado contar.

Fueron años difíciles de continua lucha por la supervivencia; a la gente le daba miedo expresar su opinión, si es que la tenían. El pueblo se dejaba llevar por las condiciones precarias en las que vivía y creemos que en realidad le daba igual el bando que ganara, aunque esto la gente se lo callaba para sus adentros por lo que pudiera pasar. Lo que querían era la paz y una mejora de la vida.

Éramos cinco hermanas y para nuestros padres no era una tarea fácil sacarnos adelante cada día. Todas las mañanas íbamos a la escuela y allí nos esperaba Don Adrián, al cual se le tenía mucho respeto, aunque sólo fuera por la autoridad que imponía la vara que tenía encima de la mesa. Aunque éramos de diferente edad los que íbamos, estábamos todos en la misma clase, ya que sólo teníamos un maestro hasta los catorce años.

Nos Ponía Un Castigo Por Preguntar Lo Que No Debíamos

La religión estuvo muy presente en nuestra juventud. Todos los domingos íbamos a la misa oficiada por un cura que venía del pueblo de al lado y una vez por semana, al rosario. Cada día a la entrada de la escuela, antes de empezar las lecciones, rezábamos un Padre Nuestro y un Ave María, todos juntos arrodillados, con las manos unidas sobre los labios y adorando el Crucifijo colgado al lado del maestro, en la cabecera de la clase.

El maestro nos enseñaba a leer, escribir... pero lo que más nos inculcó fue disciplina y buenos modales, que lo aprendimos a base de palos. Nuestras mentes inquietas se preguntaban el por qué de un montón de cosas, pero el maestro, la mayoría de las veces, nos dejaba con la duda y encima nos ponía un castigo por preguntar cosas que no debíamos. Si alguien te oía decir una blasfemia, iba corriendo al maestro para contárselo. Estas dos cosas y la desobediencia fueron los tres motivos por los que en más de una ocasión nos vimos castigadas. Unas veces tuvimos que aguantar de rodillas, con chinos en el suelo, mientras sujetábamos, con los brazos en cruz, unos libros sobre las manos; otras debíamos mantener el equilibrio con una pierna levantada y libros sobre las manos y la cabeza; otras soportar el duro golpe que te propinaba el maestro con la regla sobre las uñas.

El Secretario Pertenecía Al Bando De Los “Rojos”

Ya desde pequeñas, como nuestro pueblo pertenecía a la zona “nacional”, nos metieron en la cabeza que Franco era la mejor persona que podía dirigir España. Así todos los días, a la salida de la escuela, el maestro nos formaba en la plaza del pueblo, como si de soldados se tratase, y, mientras uno de nosotros cogía la bandera bicolor, cantábamos con el brazo derecho levantado el himno de la Falange Española. Todavía nos recordamos la letra de la que fue la canción de nuestra niñez y juventud.

El ir a la escuela era el trabajo menos duro; pero después teníamos que ir al campo a coger tomillo, estiércol o lo que nos mandara nuestro padre.

Antes de la Guerra por el pueblo nunca se había visto a la Guardia Civil; sin embargo durante la guerra fueron muchos los que se acercaron para controlar la situación. El primer muerto fue el Secretario, al que fusilaron nada más comenzar la guerra. Pertenecía al bando de los “rojos” y no quiso cambiar de postura, la defendió hasta la muerte. Más tarde, durante la guerra, llegarían las noticias de los ocho jóvenes que lucharon en el frente.

Todo El Pueblo Con Palos Y Horcas

Siempre se ha escuchado contar, aunque nosotras no los vimos, que pasó un coche de “rojos” por el pueblo, los cogieron los falangistas y los llevaron al "Prado Contadores" para fusilarlos. Nadie denunció nada, pero el pueblo tenía miedo a que vinieran los “rojos” a tomar venganza. De ahí que, cuando cualquier persona notaba la presencia de un forastero, todos creían que era malo y salía todo el pueblo con palos y horcas a capturarlo. Era tal el miedo que se tenía, que los hombres se turnaban por las noches para vigilar.

Todavía recordamos el ruido de los aviones pasar por encima de nuestras cabezas. Cada vez que pasaba uno, nos tapábamos los oídos, cerrábamos los ojos y gritábamos: «¡Viva Franco! ¡Muera Largo Caballero! ¡Muera La Pasionaria!»

También Comíamos Las Plantas Salvajes Del Campo

Teníamos un traje para todos los días. No había dinero para permitirse lujos de ningún tipo y la comida también escaseaba. Todos los meses teníamos que pagar un impuesto que llamábamos el "plato único", era una peseta cuyo valor era entonces muy elevado.

Sembrábamos judías y patatas, y engordábamos cerdos para hacer la matanza. Después de recoger las judías del campo, las escardábamos, las buenas las vendíamos y las pochas eran las que cocinaba nuestra madre para comer. De la matanza que realizábamos sobre el mes de diciembre, vendíamos la mitad y con el dinero comprábamos tocino para todo el año. Nuestra dieta era pobre. La carne y la leche apenas la probamos en aquellos años. El único pescado que llegamos a saborear fue el que cogíamos del río Tormes, cuando había tiempo y nuestro padre iba a pescar, mientras nosotras nos entreteníamos cogiendo ranas para cocinar las ancas. También comíamos las plantas salvajes del campo; cogíamos los “repóntigos”, unos como nabos pequeños, y las “truchas de espinos”, que era como llamábamos a la parte tierna del tallo de espino. Muchas veces nuestro único plato fue patatas y cebollas asadas.

Durante los años de la guerra venían camiones, que requisaban sacos de judías destinados a Madrid [sic] u otras ciudades donde la gente no sembraba y no había nada que comer. Alguna vez se llevaban los sacos de judías y los intercambiaban por sacos de arroz, pero la mayoría de las veces se los llevaban a cambio de nada.

Comer Pan Blanco Era Pecado

El pan que nos llevábamos a la boca era el llamado pan de salvado, pan negro que traían vendedores ambulantes de los pueblos vecinos que amasaban en sus casas. De vez en cuando comprábamos pan blanco, pero sólo se podía comer dentro de casa, ya que el simple hecho de comerlo era pecado. Había que ser solidario con los demás y que la gente te viera comer pan blanco, era aceptar que estabas cometiendo un pecado, y en un pueblo donde la religión era muy importante, cometer un pecado era una gran falta y una deshonra para la familia. El pan era algo muy preciado y cuando se caía al suelo se debía coger, besarlo y comerlo. No se podía desperdiciar nada en los tiempos tan difíciles que corrían.

Nuestra pobreza era extrema, pero peor vivían los mendigos que iban de pueblo en pueblo, de casa en casa, buscando algo que llevarse a la boca. Cuando veíamos aparecer uno por el pueblo, íbamos corriendo a buscar una patata a la despensa y se la dábamos. Siempre había algo que darle.

El Cambio No Fue Tan Grande Como Se Esperaba

En el año 1939 se terminó la Guerra. Nos enteramos por los vecinos del pueblo de al lado que vinieron a darnos la buena noticia, pero el maestro fue a El Barco para corroborarla. Ese mismo día salimos todos los niños de la escuela por el pueblo con la “bandera de España”, cantando el himno de la Falange y repitiendo «¡Viva Franco! ¡Manda Franco que da pan blanco!»

Al vivir en un pueblo, no fuimos muy participes de las injusticias y muertes que se produjeron en ciudades importantes como Madrid y la Guerra no repercutió tanto como en otras zonas. Al terminar la Guerra y comenzar la Dictadura con el General Franco, las cosas cambiaron un poco, sobre todo en la comida, que ya no escaseaba tanto, pero el cambio no fue tan grande como se esperaba en un principio. Cuando llegaron los supervivientes que habían combatido en la Guerra, a nosotras y a todos los niños de la escuela nos encantaba escuchar las historias y anécdotas que tenían en sus cabezas, unas buenas y otras malas, pero todas igual de interesantes y entretenidas para unas niñas que no habían salido nunca del pueblo.

Eugenia: Un Disparate Indigno

En aquel entonces yo era muy pequeña, pero al ir haciéndome mayor he ido labrando mis propias ideas acerca del tema. La Guerra fue un disparate indigno por ambos lados donde se cometieron muchos desastres. Creo que no hubiera sido necesaria esta lucha, si las autoridades se hubieran puesto de acuerdo de forma pacífica. La Guerra no sirvió más que para ocasionar muertos y destrozar el país. Si todo lo que sufrimos en aquellos años, hubiera servido de mal ejemplo para la resolución de problemas, estaría contenta; sin embargo, hoy en día todavía hay gente que sigue viendo en la guerra la solución de conflictos que se podrían resolver hablando.

Salustiana: Conocíamos mejor la naturaleza

Nunca hay motivos suficientes para hacer una guerra, para provocar una gran cantidad de muertos inocentes. Las autoridades deberían haber pensado mejor donde se estaban metiendo. Fue una Guerra que duró tres largos años y que causó grandes destrozos. Antes de llegar a las armas, que no se debería llegar nunca, hay que dialogar que es como se encuentra la verdadera solución a los problemas por muy difíciles que sean.

Nosotros vivíamos con pocas cosas y logramos salir adelante disfrutando de nuestra niñez y juventud, aunque los jóvenes de ahora piensen que aquello no era vivir. Nos enseñaron a ser educados y trabajadores. Conocíamos mejor la naturaleza, todos los secretos que no están escritos en ningún libro y que se aprenden acercándote al campo. Seguramente los jóvenes de hoy sepan más matemáticas y más lengua; pero nosotros aprendimos a sobrevivir.

La llamada Guerra Civil es un tema muy difícil de tratar. Fue consecuencia de la inestabilidad política que estaba sufriendo el país y del querer tomar las riendas de España por parte de los dos bandos. Por un lado la zona republicana, que pretendía un gobierno como hasta el año 1936, y por otra parte la zona “nacional”, que quería un cambio radical en la política.

Primaron Los Intereses Económicos Sobre Las Vidas

Lo que se creyó que iba a ser una guerra corta, duró tres años, debido a la falta de acuerdo entre ambos bandos y a la "ayuda" recibida de otros países encargados de proporcionar armas necesarias para continuar. No entiendo como los intereses económicos de los países extranjeros pudieron primar ante la vida de miles de personas que estaban muriendo.

Creo que no merece la pena sumir en la miseria a toda la población para obtener unos resultados que se consiguen igual con el diálogo. Los dos bandos pretendían una mejora del país; pero, ¿cómo iban a conseguir una mejora cuando lo estaban destrozando con bombas?

Después de estos años de guerra, vinieron los años de reconstrucción del país desolado por la barbarie. Tenían que levantar la economía, incrementar la población que se había visto disminuida por la gran cantidad de muertos. Comenzaba una tarea que no iba a ser fácil.

Una España Abierta A Nuevos Horizontes

La gente de aquella época tenía la mente muy cerrada y sólo quiso ver las cosas malas que hacía el bando contrario, considerando el suyo como bueno y salvador. Los que viven todavía se han encontrado con una España totalmente cambiada abierta a nuevos horizontes, pero, por desgracia, sigue habiendo gente muy cerrada que no sabe ver más allá.

La Nieta: Recuerdan Romances Enteros

Este trabajo me ha ayudado a acercarme un poco más a los tiempos pasados, a la época que vivieron mis abuelos... Las cosas que aprendían, aunque fueran pocas, las aprendieron muy bien y aún hoy recuerdan romances enteros que el maestro les obligó a aprender o que ellos mismos aprendían por iniciativa propia en los pocos libros que tenían. La dieta que llevaban era pobre, pero al conocer la naturaleza, sabían buscar remedio a la carencia de alimentos en las plantas salvajes. La religión estaba por encima de todo y se rendía mucho culto a Dios.

E. G. M., curso 2001-2002

11 Jun 2008

Aprendimos A Sobrevivir. 1

Escrito por: Aurelio Mena Hornero el 11 Jun 2008 - URL Permanente

La Guerra En El Frente

Este trabajo se debe a la colaboración de tres personas que vivieron aquellos días:

Víctor: Nacido en El Losar (Ávila), en 1916. Antes de la guerra era agricultor y ganadero. Lo llamaron a filas en 1937 y combatió con los “nacionales”.

Salustiana: Cuñada de Víctor desde 1944, había nacido en El Losar en 1926, en el seno de una familia humilde de cinco hermanas.

Eugenia: Hermana de Salustiana y cuñada de Víctor. Nació en 1928.

Víctor, Salustiana y Eugenia hablan del modo de vida en El Losar antes de la Guerra.

Víctor nos cuenta su experiencia como combatiente en el bando de los falangistas [sic].

No Tenían Reparo En Hacer Lo Que Fuese

El Losar, a ochenta kilómetros de Ávila, era hacia 1935 un pequeño pueblo que albergaba ochocientos habitantes, sin contar otros cien censados en el Ayuntamiento, que vivían en las tres pedanías anejas, distantes entre sí unos cuatro kilómetros.

La mayor parte de la población combinaba varias actividades y aceptaban cualquier trabajo, por duro que fuera, con tal de llevar dinero a casa. Una gran parte se dedicaba a la agricultura y la ganadería. No se podían arriesgar a sembrar una sola tierra y correr el riesgo de que se estropease la cosecha por el mal tiempo. Como tampoco se podían arriesgar a tener sólo animales que luego no encontrasen comprador. Podía suceder que un año se perdiera la cosecha y el ganado no se vendiese, era entonces cuando cortaban leña para venderla, participaban en la siega de otros... no tenían reparo en hacer lo que fuese.

De la agricultura destacaba el sembrado de patatas y judías en la ribera bañada por el río Tormes. Respecto a la ganadería, criaban cabras y vacas con las que comerciaban una vez cada tres meses en El Barco de Ávila, a unos cinco kilómetros, el pueblo principal de la comarca donde se reunían todos los comerciantes de la zona. El trabajo de agricultor y ganadero era duro y necesitaba muchas horas de atención, ni el domingo descansaban al completo la gente del pueblo.

La Mayoría De Los Habitantes Eran Analfabetos

Tenían pocas diversiones. Había cinco tabernas que la gente sólo frecuentaba los domingos. Por la mañana iban a misa y cuando salían, en la plaza, las mujeres tocaban con tapaderas y el almirez, y todos bailaban. Por la tarde se acercaban a la taberna para echar la partida y beber un vinillo, pero no sin antes echar un vistazo al ganado y a la tierra para cerciorarse de que todo estaba bien.

La información de lo que sucedía en el país llegaba al pueblo a través del maestro o del médico, que gozaban de mejor condición social y poseían radios en sus casas. Ellos daban la información, por lo que podía estar manipulada y podían hacer llegar a la población una idea equivocad