13 Jun 2008
Aprendimos A Sobrevivir. 2
La Guerra En La Retaguardia
Nosotras éramos muy pequeñas al comienzo de la guerra, sin embargo hay cosas que no nos pasaron desapercibidas y hay bastantes hechos que vimos con nuestros propios ojos o bien hemos escuchado contar.
Fueron años difíciles de continua lucha por la supervivencia; a la gente le daba miedo expresar su opinión, si es que la tenían. El pueblo se dejaba llevar por las condiciones precarias en las que vivía y creemos que en realidad le daba igual el bando que ganara, aunque esto la gente se lo callaba para sus adentros por lo que pudiera pasar. Lo que querían era la paz y una mejora de la vida.
Éramos cinco hermanas y para nuestros padres no era una tarea fácil sacarnos adelante cada día. Todas las mañanas íbamos a la escuela y allí nos esperaba Don Adrián, al cual se le tenía mucho respeto, aunque sólo fuera por la autoridad que imponía la vara que tenía encima de la mesa. Aunque éramos de diferente edad los que íbamos, estábamos todos en la misma clase, ya que sólo teníamos un maestro hasta los catorce años.
Nos Ponía Un Castigo Por Preguntar Lo Que No Debíamos
La religión estuvo muy presente en nuestra juventud. Todos los domingos íbamos a la misa oficiada por un cura que venía del pueblo de al lado y una vez por semana, al rosario. Cada día a la entrada de la escuela, antes de empezar las lecciones, rezábamos un Padre Nuestro y un Ave María, todos juntos arrodillados, con las manos unidas sobre los labios y adorando el Crucifijo colgado al lado del maestro, en la cabecera de la clase.
El maestro nos enseñaba a leer, escribir... pero lo que más nos inculcó fue disciplina y buenos modales, que lo aprendimos a base de palos. Nuestras mentes inquietas se preguntaban el por qué de un montón de cosas, pero el maestro, la mayoría de las veces, nos dejaba con la duda y encima nos ponía un castigo por preguntar cosas que no debíamos. Si alguien te oía decir una blasfemia, iba corriendo al maestro para contárselo. Estas dos cosas y la desobediencia fueron los tres motivos por los que en más de una ocasión nos vimos castigadas. Unas veces tuvimos que aguantar de rodillas, con chinos en el suelo, mientras sujetábamos, con los brazos en cruz, unos libros sobre las manos; otras debíamos mantener el equilibrio con una pierna levantada y libros sobre las manos y la cabeza; otras soportar el duro golpe que te propinaba el maestro con la regla sobre las uñas.
El Secretario Pertenecía Al Bando De Los “Rojos”
Ya desde pequeñas, como nuestro pueblo pertenecía a la zona “nacional”, nos metieron en la cabeza que Franco era la mejor persona que podía dirigir España. Así todos los días, a la salida de la escuela, el maestro nos formaba en la plaza del pueblo, como si de soldados se tratase, y, mientras uno de nosotros cogía la bandera bicolor, cantábamos con el brazo derecho levantado el himno de la Falange Española. Todavía nos recordamos la letra de la que fue la canción de nuestra niñez y juventud.
El ir a la escuela era el trabajo menos duro; pero después teníamos que ir al campo a coger tomillo, estiércol o lo que nos mandara nuestro padre.
Antes de la Guerra por el pueblo nunca se había visto a la Guardia Civil; sin embargo durante la guerra fueron muchos los que se acercaron para controlar la situación. El primer muerto fue el Secretario, al que fusilaron nada más comenzar la guerra. Pertenecía al bando de los “rojos” y no quiso cambiar de postura, la defendió hasta la muerte. Más tarde, durante la guerra, llegarían las noticias de los ocho jóvenes que lucharon en el frente.
Todo El Pueblo Con Palos Y Horcas
Siempre se ha escuchado contar, aunque nosotras no los vimos, que pasó un coche de “rojos” por el pueblo, los cogieron los falangistas y los llevaron al "Prado Contadores" para fusilarlos. Nadie denunció nada, pero el pueblo tenía miedo a que vinieran los “rojos” a tomar venganza. De ahí que, cuando cualquier persona notaba la presencia de un forastero, todos creían que era malo y salía todo el pueblo con palos y horcas a capturarlo. Era tal el miedo que se tenía, que los hombres se turnaban por las noches para vigilar.
Todavía recordamos el ruido de los aviones pasar por encima de nuestras cabezas. Cada vez que pasaba uno, nos tapábamos los oídos, cerrábamos los ojos y gritábamos: «¡Viva Franco! ¡Muera Largo Caballero! ¡Muera La Pasionaria!»
También Comíamos Las Plantas Salvajes Del Campo
Teníamos un traje para todos los días. No había dinero para permitirse lujos de ningún tipo y la comida también escaseaba. Todos los meses teníamos que pagar un impuesto que llamábamos el "plato único", era una peseta cuyo valor era entonces muy elevado.
Sembrábamos judías y patatas, y engordábamos cerdos para hacer la matanza. Después de recoger las judías del campo, las escardábamos, las buenas las vendíamos y las pochas eran las que cocinaba nuestra madre para comer. De la matanza que realizábamos sobre el mes de diciembre, vendíamos la mitad y con el dinero comprábamos tocino para todo el año. Nuestra dieta era pobre. La carne y la leche apenas la probamos en aquellos años. El único pescado que llegamos a saborear fue el que cogíamos del río Tormes, cuando había tiempo y nuestro padre iba a pescar, mientras nosotras nos entreteníamos cogiendo ranas para cocinar las ancas. También comíamos las plantas salvajes del campo; cogíamos los “repóntigos”, unos como nabos pequeños, y las “truchas de espinos”, que era como llamábamos a la parte tierna del tallo de espino. Muchas veces nuestro único plato fue patatas y cebollas asadas.
Durante los años de la guerra venían camiones, que requisaban sacos de judías destinados a Madrid [sic] u otras ciudades donde la gente no sembraba y no había nada que comer. Alguna vez se llevaban los sacos de judías y los intercambiaban por sacos de arroz, pero la mayoría de las veces se los llevaban a cambio de nada.
Comer Pan Blanco Era Pecado
El pan que nos llevábamos a la boca era el llamado pan de salvado, pan negro que traían vendedores ambulantes de los pueblos vecinos que amasaban en sus casas. De vez en cuando comprábamos pan blanco, pero sólo se podía comer dentro de casa, ya que el simple hecho de comerlo era pecado. Había que ser solidario con los demás y que la gente te viera comer pan blanco, era aceptar que estabas cometiendo un pecado, y en un pueblo donde la religión era muy importante, cometer un pecado era una gran falta y una deshonra para la familia. El pan era algo muy preciado y cuando se caía al suelo se debía coger, besarlo y comerlo. No se podía desperdiciar nada en los tiempos tan difíciles que corrían.
Nuestra pobreza era extrema, pero peor vivían los mendigos que iban de pueblo en pueblo, de casa en casa, buscando algo que llevarse a la boca. Cuando veíamos aparecer uno por el pueblo, íbamos corriendo a buscar una patata a la despensa y se la dábamos. Siempre había algo que darle.
El Cambio No Fue Tan Grande Como Se Esperaba
En el año 1939 se terminó la Guerra. Nos enteramos por los vecinos del pueblo de al lado que vinieron a darnos la buena noticia, pero el maestro fue a El Barco para corroborarla. Ese mismo día salimos todos los niños de la escuela por el pueblo con la “bandera de España”, cantando el himno de la Falange y repitiendo «¡Viva Franco! ¡Manda Franco que da pan blanco!»
Al vivir en un pueblo, no fuimos muy participes de las injusticias y muertes que se produjeron en ciudades importantes como Madrid y la Guerra no repercutió tanto como en otras zonas. Al terminar la Guerra y comenzar la Dictadura con el General Franco, las cosas cambiaron un poco, sobre todo en la comida, que ya no escaseaba tanto, pero el cambio no fue tan grande como se esperaba en un principio. Cuando llegaron los supervivientes que habían combatido en la Guerra, a nosotras y a todos los niños de la escuela nos encantaba escuchar las historias y anécdotas que tenían en sus cabezas, unas buenas y otras malas, pero todas igual de interesantes y entretenidas para unas niñas que no habían salido nunca del pueblo.
Eugenia: Un Disparate Indigno
En aquel entonces yo era muy pequeña, pero al ir haciéndome mayor he ido labrando mis propias ideas acerca del tema. La Guerra fue un disparate indigno por ambos lados donde se cometieron muchos desastres. Creo que no hubiera sido necesaria esta lucha, si las autoridades se hubieran puesto de acuerdo de forma pacífica. La Guerra no sirvió más que para ocasionar muertos y destrozar el país. Si todo lo que sufrimos en aquellos años, hubiera servido de mal ejemplo para la resolución de problemas, estaría contenta; sin embargo, hoy en día todavía hay gente que sigue viendo en la guerra la solución de conflictos que se podrían resolver hablando.
Salustiana: Conocíamos mejor la naturaleza
Nunca hay motivos suficientes para hacer una guerra, para provocar una gran cantidad de muertos inocentes. Las autoridades deberían haber pensado mejor donde se estaban metiendo. Fue una Guerra que duró tres largos años y que causó grandes destrozos. Antes de llegar a las armas, que no se debería llegar nunca, hay que dialogar que es como se encuentra la verdadera solución a los problemas por muy difíciles que sean.
Nosotros vivíamos con pocas cosas y logramos salir adelante disfrutando de nuestra niñez y juventud, aunque los jóvenes de ahora piensen que aquello no era vivir. Nos enseñaron a ser educados y trabajadores. Conocíamos mejor la naturaleza, todos los secretos que no están escritos en ningún libro y que se aprenden acercándote al campo. Seguramente los jóvenes de hoy sepan más matemáticas y más lengua; pero nosotros aprendimos a sobrevivir.
La llamada Guerra Civil es un tema muy difícil de tratar. Fue consecuencia de la inestabilidad política que estaba sufriendo el país y del querer tomar las riendas de España por parte de los dos bandos. Por un lado la zona republicana, que pretendía un gobierno como hasta el año 1936, y por otra parte la zona “nacional”, que quería un cambio radical en la política.
Primaron Los Intereses Económicos Sobre Las Vidas
Lo que se creyó que iba a ser una guerra corta, duró tres años, debido a la falta de acuerdo entre ambos bandos y a la "ayuda" recibida de otros países encargados de proporcionar armas necesarias para continuar. No entiendo como los intereses económicos de los países extranjeros pudieron primar ante la vida de miles de personas que estaban muriendo.
Creo que no merece la pena sumir en la miseria a toda la población para obtener unos resultados que se consiguen igual con el diálogo. Los dos bandos pretendían una mejora del país; pero, ¿cómo iban a conseguir una mejora cuando lo estaban destrozando con bombas?
Después de estos años de guerra, vinieron los años de reconstrucción del país desolado por la barbarie. Tenían que levantar la economía, incrementar la población que se había visto disminuida por la gran cantidad de muertos. Comenzaba una tarea que no iba a ser fácil.
Una España Abierta A Nuevos Horizontes
La gente de aquella época tenía la mente muy cerrada y sólo quiso ver las cosas malas que hacía el bando contrario, considerando el suyo como bueno y salvador. Los que viven todavía se han encontrado con una España totalmente cambiada abierta a nuevos horizontes, pero, por desgracia, sigue habiendo gente muy cerrada que no sabe ver más allá.
La Nieta: Recuerdan Romances Enteros
Este trabajo me ha ayudado a acercarme un poco más a los tiempos pasados, a la época que vivieron mis abuelos... Las cosas que aprendían, aunque fueran pocas, las aprendieron muy bien y aún hoy recuerdan romances enteros que el maestro les obligó a aprender o que ellos mismos aprendían por iniciativa propia en los pocos libros que tenían. La dieta que llevaban era pobre, pero al conocer la naturaleza, sabían buscar remedio a la carencia de alimentos en las plantas salvajes. La religión estaba por encima de todo y se rendía mucho culto a Dios.
E. G. M., curso 2001-2002
Sobre este blog
Memorias de un Tiempo de Horror y Muerte
Aurelio Mena HorneroSoy profesor de historia jubilado. He trabajado en el I.E.S. “Mariano José de Larra” con alumnos de 3º de BUP primero y de 2º de Bachillerato LOGSE después. Al comienzo de los años noventa, para que entendieran la continuidad del tiempo histórico con el tiempo de la vida, para que valoraran su presente en relación al pasado, les propuse un cuestionario y les pedí que entrevistasen a sus abuelos. El resultado son dos informes que genéricamente titulo “La Guerra de Nuestros Abuelos”: El primero se puede ver en el enlace abajo indicado, el segundo se inicia en este “blog”.
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