20 Jun 2008
Los Poderosos Siempre Han Sometido A Los Trabajadores
El presente trabajo se basa en una entrevista a una anciana ama de casa que vivió la Guerra Civil: Daniela G. B., nacida en Plasencia en 1914.
1.- LA SITUACIÓN DE PREGUERRA EN PLASENCIA
Antes del alzamiento Plasencia era el gran centro económico de la zona norte de Extremadura y su influencia abarcaba desde el oeste (frontera de Portugal) hasta el norte-nordeste (provincias de Salamanca, Ávila y Toledo). El mercado semanal, conocido popularmente como el "Martes", aparecía como una de las mayores citas económicas y sociales, atrayendo a numerosos vecinos de localidades más o menos cercanas. Desde el punto de vista económico, porque se producían gran cantidad de transacciones comerciales, y socialmente porque ese día adquiría tintes de auténtica fiesta para muchos forasteros. Además, sus conocidas ferias de ganado eran famosas en toda la provincia cacereña, sin nada que envidiar a las de Zafra o Trujillo. La buena marcha económica se reflejaba en que la población no había dejado de crecer a lo largo de las últimas décadas, hasta el punto de que en julio de 1936 Plasencia contaba con 12.000 personas.
La ciudad aparecía como un núcleo tranquilo, cuya población se dividía en dos clases sociales bien definidas. Por una parte estaba la burguesía y algunos nobles, ambos defensores de la política de derechas, pues les proporcionaba riquezas y contribuía a mantener su privilegiada posición. Luego estaba el grupo social mayoritario, caracterizado por tener lo justo para vivir, es decir, los obreros y los jornaleros. Aunque en este grupo social existía una cierta conciencia de izquierda, la realidad es que la abundancia de campesinos que cultivaban sus propias tierras, inclinaba su voto hacia opciones políticas más conservadoras. Esto explica la falta de dinámicas revolucionarias en este segmento de la sociedad placentina.
Cuenta la señora Daniela que antes de la guerra la vida en la ciudad se desarrollaba sin problemas. Ella y su marido vivían en la calle de Bailén, precisamente dónde tenían su sede los falangistas, y los recuerdos que ella guarda de los meses anteriores al conflicto son agradables. Los vecinos tenían una relación pacífica, adecuándose a las labores del campo o del comercio y viviendo las fiestas tradicionales. Su marido era simpatizante de izquierdas, pero nunca tuvo roce con ningún vecino, ni con militantes de otros partidos de derechas.
2.- EL DESARROLLO DE LA CONTIENDA EN LA CIUDAD
El alzamiento se inició cuando el Teniente Coronel don José Puente Ruiz, Comandante del Batallón de Ametralladoras número 2, en contacto ya con los militares sublevados de Cáceres capital, apenas recibió la orden declaró el estado de guerra sin encontrar resistencia alguna. En este sentido, cabe decir que la ciudad, junto con Cáceres, fue la encargada de abastecer de tropas a las unidades que se dedicaron a neutralizar las poblaciones que en la provincia permanecían fieles a la República. Una vez que se produjo el triunfo nacionalista, apareció la violencia desde los primeros instantes.
Las Tropas Ocuparon Las Calles Principales
Pero hay que distinguir en ella diferentes enfoques. Puede hablarse de una violencia incontrolada en los primeros momentos y otra dirigida posteriormente. La anciana contó que, cuando se produjo el alzamiento del ejército, ella estaba comiendo, pues los militares se lanzaron a la calle en ese momento. Otros vecinos suyos asistían a un partido de fútbol y todos, al oír los disparos procedentes de la Plaza Mayor, dejaron sus respectivas actividades y se encaminaron al centro de la ciudad, donde descubrieron a las tropas que ocupaban las principales calles y cruces más importantes.
Acallados A Golpes
El alcalde leyó un bando en el balcón del Ayuntamiento, afirmando que la población debía estar tranquila, porque no había motivo de alarma. Ese mismo bando se leyó en, al menos, otro barrio de la ciudad, el del "Rosal de Ayala", que era el más alejado del centro en aquellos años. La señora Daniela constata que, tras el suceso de los disparos en la Plaza, el ejército impidió a numerosas personas desplazarse al trabajo, pasear por calles y plazas y, en general, reunirse en grupos. Durante la lectura del bando numerosos vecinos protestaron ante la postura de los militares, pero fueron acallados con golpes.
Presos En La Plaza De Toros
En la confluencia de las calles Hernán Cortés (popularmente conocida como de los "Quesos") con la de Zapatería, se estableció un control donde se cacheaba a las personas, solicitando su documentación. Los golpistas hicieron numerosos prisioneros: comunistas, anarquistas, socialistas y personas con las que tenían contenciosos particulares. Y habilitaron varios edificios para su custodia: el palacio del Marqués de Mirabel (en la actual Sala-Museo de Caza); el Caserón de la antigua sede de "Acción Católica" (en la calle de Coria, frente a las escalinatas de la iglesia-convento de Santo Domingo); en la Plaza de Toros, al igual que sucediera en otras localidades extremeñas (como en la tristemente conocida de Badajoz). Este destino impidió precisamente que, durante los años de guerra, se pudieran celebrar corridas de toros.
Los Falangistas Eran Los Ejecutores
La entrevistada manifiesta que los vecinos de su barrio se encontraban confusos y temerosos ante la incertidumbre de lo que podría pasar, y sin noticias fiables de lo que ocurría en el resto de la provincia y de España. En su caso concreto tenían una gran angustia y ansiedad, debido a la militancia política de izquierdas de su marido. De hecho, nada más producirse el alzamiento, su cónyuge huyó a la montaña, donde pasó una temporada por miedo a las posibles represalias de la derecha. Daniela afirma que hizo bien, porque algunos de sus amigos, también republicanos, fueron ejecutados durante los primeros días de la contienda. El propio alcalde, Modesto Durán, militante del partido socialista, fue fusilado en la carretera de Malpartida de Plasencia, cerca del cementerio, cebándose de manera cruel con su cuerpo antes de morir. Los cadáveres aparecían en las cunetas de la carretera del Valle del Jerte, en la de Salamanca, en la tapia del cementerio, en el depósito de agua (en la parte superior del Parque de "Los Pinos") y en la carretera de Montehermoso.
Afirma Daniela que los principales ejecutores durante los dos primeros meses de la guerra no fueron los militares, sino los falangistas, a los cuales conocían los vecinos con nombres y apellidos. Solían buscar a sus víctimas al anochecer y, tras subirlos a un camión, se dirigían a fusilarlos. Pero antes paraban en un bar que había a la salida del puente de Trujillo (al lado de un estanco que hasta hace poco tiempo ha seguido funcionando) y allí tomaban bebidas alcohólicas antes de proseguir hacia su macabro destino.
Asqueado Del Morbo de Los Mirones
Este tipo de represión incontrolada cesó cuando tomó el ejército las riendas de la situación y comenzaron a desarrollarse juicios “normales” (Consejos de Guerra). De esta forma las ejecuciones se llevaban a cabo en el antiguo campo de tiro del Batallón de Ametralladoras (en la carretera de Malpartida de Plasencia). La Señora Daniela contaba (y esto lo he oído narrar a otros placentinos), que a algunos vecinos les gustaba ir a ver los fusilamientos, pues eran públicos; hasta que un oficial, asqueado del morbo que el espectáculo provocaba en los mirones y para hacer desaparecer la insana costumbre, obligó a los curiosos a recoger, trasladar e introducir los cadáveres en sus ataúdes. Desde entonces nadie volvió a presenciar las ejecuciones.
El Carcelero Se Cobraba Una Garrafa De Aceite
El marido de Daniela regresó unos meses más tarde a su casa, cuando el ejército sustituyó las actividades de los falangistas, y pasó escondido en su domicilio los tres años que duró la guerra. No fue el único, porque hubo otros placentinos que hicieron lo propio. De hecho, se ha escrito un libro donde se establecen los nombres de estos "topos".
Al terminar la guerra se entregó a las autoridades, que lo condenaron a un año y medio de cárcel. En este sentido la mujer se sintió engañada, porque antes de entregarse el marido, ella había negociado para que la condena que recibiera la cumpliera en Plasencia. Pero no fue así, porque a la semana de ingresar en prisión fue trasladado a Navalmoral de la Mata, a 60 kilómetros, donde ella no podía verlo, ni ayudarlo con comida, ropas, calzado o combustible para combatir el frío. Cada vez que iba a visitarlo, tenía que llevar una garrafa de aceite para que el carcelero le permitiera pasar.
Tuvo Que Dedicarse Al “Estraperlo”
Al quedarse sin marido, no tuvo más remedio que dedicarse al “estraperlo”, pues no tenía otra forma de ganarse la vida. Y ella no era la única, ya que en Plasencia este modo de vida era practicado por numerosos vecinos, para luchar contra el hambre y la miseria. Ella cuenta que todavía recuerda cómo debía viajar en tren a Salamanca, donde adquiría harina y aceite. Cuando estos comerciantes ilegales regresaban a Plasencia tenían dos formas de eludir los controles: unos arrojaban por las ventanillas de los vagones los fardos con las mercancías, que recogían familiares y amigos que habían esperado a lo largo de la vía, unos kilómetros antes de la estación ferroviaria. Otros, fundamentalmente mujeres, como el caso de Daniela, preferían ocultar bajo los vestidos los sacos, botellas y paquetes.
El abundante tráfico ferroviario de Plasencia, debido a la afluencia de militares, guarnición, campos de prisioneros y hospitales de sangre, facilitaba la reventa de los productos traídos de otras provincias. Además, aprovechaba el viaje en el tren para colocar la mercancía a los militares que viajaban en él.
Una tarde, subió a un vagón requerida por unos soldados para venderles dulces. Pero éstos no querían pagarle y el tren se puso en marcha hacia la estación de Palazuelo-Empalme, distante quince kilómetros. Cuando consiguió cobrar, bajó en la citada estación, pero ya no tenía posibilidad de volver hasta la noche. Entonces subió a un tren de mercancías con destino a Plasencia, pero fue descubierta por un empleado, quien le sugirió que fuera a la máquina donde había más calor. Ella dudaba de las intenciones morales de esta propuesta, pero al final se trató de un hombre honrado que tan sólo perseguía su comodidad. Era invierno y Daniela había subido a una plataforma con evidente peligro de caer del tren en marcha.
Todavía se recuerda de que el cántaro de aceite le costaba ocho duros en Salamanca y lo vendía en Plasencia a trece o catorce. El tabaco, por el contrario, lo adquiría en la ciudad del Jerte y lo colocaba Salamanca. Sin embargo, un día la cogieron vendiendo café en Ciudad Rodrigo, se lo requisaron y tuvo que estar en la cárcel unos días, porque no tenía dinero para pagar la multa. Desde entonces cambió el café por el jabón.
3.- LAS CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO EN LA ZONA
Desde el punto de vista económico y dentro del sector primario, la agricultura fue una de las parcelas más perjudicados. Numerosos pequeños agricultores debieron abandonar sus tierras para servir en el ejército, quedando sus cosechas pendientes de recoger. Esta situación, unida a la escasez reinante, provocó la publicación de una amplia normativa para asegurar el abastecimiento de alimentos. Como consecuencia, todos los productores de cereales fueron obligados a declarar la cantidad de cosecha recogida. Posteriormente estas medidas se ampliaron al aceite y el vino, con lo que se intentaba evitar el acaparamiento por parte de los vendedores y el aumento de los precios. Pero esto no impidió que, con el paso del tiempo, la falta de alimentos básicos fuera cada vez más palpable, hasta el punto de que en 1940 faltaban muchos de primera necesidad.
También la producción ganadera quedó estrictamente controlada, pues el número de animales y su reproducción quedaron regulados por otra normativa. El conocimiento de estos datos permitió la racionalización de su crianza, dejando un porcentaje muy reducido para el consumo humano en el caso del ganado cabrío, lanar y vacuno. Para empeorar más la situación, se declaró en la comarca una epidemia de aftas y peste porcina que hizo desaparecer prácticamente el consumo de este animal.
Dentro del sector secundario la crisis también se dejó sentir y descendió el número de fábricas dedicadas a material de construcción, elaboración de chocolate y pan.
En definitiva, la situación económica placentina tras la guerra fue semejante a la de los demás núcleos de población nacionales. El hambre y la pobreza aparecieron como una constante que amenazaba a la ciudad.
Los Poderosos Nunca Respetan La Dignidad Humana
La señora Daniela opina que durante la posguerra se pasó más hambre que en los tres años que duró la guerra. El motivo fue que, al cesar la contienda, el tráfico ferroviario se vio muy disminuido y, como ese ir y venir de trenes era la base del estraperlo, dejó en la indigencia a muchas personas que no tenían otro medio de sobrevivir. De hecho, si ella no hubiera tenido este recurso económico, no habría sacado adelante a su marido durante su prisión. Todavía recuerda que algunos de sus vecinos y amistades acabaron muriendo de hambre y no pocos fallecieron por consumir algunos vegetales nocivos.
Opina que la guerra fue la ocasión para vengarse de algunas personas que eran “malas por naturaleza". En aquellos años se culminaron muchas venganzas y odios que venían de otros tiempos, que los poderosos siempre han sometido a la gente trabajadora, sin respetar la dignidad de los seres humanos. No cree, además que actualmente hayan cambiado demasiadas cosas (aunque ella no tiene una gran formación cultural), y espera que no vuelva a repetirse un desastre como aquel.
4.- OPINIÓN PERSONAL
En mi opinión, la guerra es algo destructivo, cruel y absurdo. Pienso que nuestra generación no sabe lo fatal y nocivo que puede llegar a ser este tipo de conflictos. Incluso habiendo visto y escuchado los testimonios de supervivientes, creo que no estamos en situación de poder comprender lo terrible que puede resultar esta experiencia. Las vivencias de la señora Daniela fueron únicas. Debe ser algo horrible vivir personalmente lo que en muchas ocasiones se lee o se ve por televisión, algo que está pasando a muchos kilómetros de distancia. No nos damos cuenta de lo serio que es este problema, ya que hoy en día se habla de muertes y asesinatos como si fuera algo normal, y es que este tipo de noticias, realmente, se está convirtiendo en algo cotidiano.
Únicamente espero que la guerra que se está preparando contra Irak no comience nunca, porque la contienda española fue catastrófica en aquella época: muchas personas murieron, las destrucciones fueron numerosas y las secuelas y recuerdos aún duran. Pero la guerra que G. Bush y su gobierno ansían tanto es algo mucho más grave, ya que en ella se van a ver involucrados muchos países; y las armas que pueden utilizarse no serán ni mucho menos parecidas a las que había en el primer tercio del XX.
Leticia Sánchez Leonato, curso 2002-03
Sobre este blog
Memorias de un Tiempo de Horror y Muerte
Aurelio Mena HorneroSoy profesor de historia jubilado. He trabajado en el I.E.S. “Mariano José de Larra” con alumnos de 3º de BUP primero y de 2º de Bachillerato LOGSE después. Al comienzo de los años noventa, para que entendieran la continuidad del tiempo histórico con el tiempo de la vida, para que valoraran su presente en relación al pasado, les propuse un cuestionario y les pedí que entrevistasen a sus abuelos. El resultado son dos informes que genéricamente titulo “La Guerra de Nuestros Abuelos”: El primero se puede ver en el enlace abajo indicado, el segundo se inicia en este “blog”.
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